Un poquito mas del pasado de Sylvain…lo siento, nada de "acción"

PADRES ADOPTIVOS

En las primeras clases de cultura comparada del curso, habían explicado la relevancia y la diferencia entre el Samhain celta y el Halloween cristiano. Muchas familias de magos aun practicaban las antiguas tradiciones celtas y druídicas. Era el inicio del año celta, y momento de renovación y comunión con los espíritus y antepasados. Un ritual de renovación, fiesta de la cosecha recogida, y de reunión de la familia para honrar a los difuntos. En esos días, se encenderían velas en recuerdo de los antepasados y otros difuntos, y se les ofrecerían libaciones y ofrendas.

Yule, la época del solsticio de invierno, frente a la Navidad Cristiana, era una fiesta de la familia y amigos, también momento de recordar a los ausentes, de grandes mesas y de ofrecer hospitalidad a los extraños. Imbolc, el 1 de febrero, inicio de la primavera, era el festival de la fertilidad y momento de realizar promesas para el año, momento de iniciaciones, de transición de la niñez a la edad adulta y de otros rituales. Beltane, el 1 de mayo, el comienzo del verano, con hogueras al aire libre. El solsticio de verano, el 21 de julio con sus hogueras purificadoras y la invocación de la magia. Lugnasad, el1 de agosto, marca el inicio de la cosecha, tiempo de feria y reuniones. El momento ideal para compromisos y matrimonios de prueba. El antiguo calendario celta era solar y lunar, y el inicio de los meses, coincidente con el primer día de luna llena. Habían explicado como posteriores culturas habían asimilado y modificado las tradiciones originarias, adaptándolas primero a las deidades y ritos romanos, después al monoteísmo cristiano. Y como las fechas habían sido fijadas con el calendario juliano actual, en las festividades más comúnmente aceptadas; Navidad, Pascua, las fiestas de agosto, las hogueras de San Juan.

Según el ciclo lunar, el inicio del año celta, Samhain, comenzaría el 15 de Noviembre, y las fiestas del Samahin se prolongarían hasta el 17. Habían acordado celebrar las antiguas tradiciones en la escuela, y Sylvain se retrajo durante Halloween, retirándose a sus habitaciones e ignorando la animada fiesta organizada para los alumnos. El 31 de octubre era un día de malos recuerdos para él, pero no podía escudarse en eso…así que simplemente, el viernes tras la última clase desapareció. El sábado antes de amanecer, se internó en los bosques, y no reapareció hasta las primeras horas de clase del martes día 2 de noviembre. Había advertido que salía de caza, y pasó entre los centauros el tiempo.

Firenze y la manada de centauros residentes le habían aceptado sin grandes dificultades, una vez que se aseguraron de el joven Sylvain no era un riesgo para ellos. Por supuesto, sabían quién y qué era, pero como los duendes, se involucraban lo menos posible en los asuntos de los humanos y los magos. Según ellos, su regreso había sido predicho por las estrellas, eran ellos los que no habían leído bien los signos y eso había puesto fin a la discusión. En Octubre, durante el eclipse parcial de luna, Sylvain había ganado formalmente el status de cazador, de adulto entre los centauros, y fue admitido en su refugio. Con ellos de nuevo, había pasado Sylvain la noche del aniversario de la muerte de sus padres, escuchando historias y relatos, sentado entre los jóvenes solteros como uno más. Y rememorando sus primeras lecciones de caza y vuelo.

En Drumstrang, como parte de las medidas de seguridad de la escuela, tenían criaturas mágicas guardando su perímetro. Grifos especialmente entrenados patrullan por sus terrenos, y también tienen en su recinto una pareja de dragones. Dragones, si. Es un secreto celosamente guardado, pero tenían dragones protegiendo el recinto de la escuela. Concretamente, una pareja de Longhorn rumanos. Habitualmente, nadie, salvo los profesores de la escuela ven jamás a los dragones, que solo hacen notoria su presencia en caso de que algún intruso burle las demás defensas de la escuela, un caso altamente improbable. Cuando Sylvain se matriculó en la escuela francesa de Beauxbatons, sus correrías por los bosques adyacentes eran frecuentes. En esas fechas, Sylvain tan solo bebía sangre, y contentaba el resto de sus instintos con sus correrías por el bosque, siempre en su forma humana. Pero la llamada de la caza, y la necesidad de explorar su nuevo ser, le llevaron a los primeros cambios, y a descubrir el gozo, la simple y pura expresión de libertad que volar por si mismo le proporcionaba. Y a reconocer que cazar era una parte de sus necesidades, tal vez mas fuerte que la de beber sangre.

Así, que en Drumstrang, con mucho tiempo libre, ya que solo tomaba unas pocas asignaturas, explorar los fríos bosques Cárpatos, llenos de osos, se convirtió en la válvula de escape a su necesidad de actividad. Los rastros de la pareja de dragones residentes le atraían intensamente, y pese a los riesgos, Sylvain buscó activamente su cueva.

El macho había permitido su acercamiento, tal vez mas de lo debido, hasta la misma boca de su refugio de piedra. Por mucho que había buscado, no logró verles a ninguno de los dos en vuelo y ahora podía olerles, tan cerca, tan intenso…

Con un crujido de escama contra escama, el imponente dragón desperezó las garras y gruñó enojado, mirando ceñudo a la pequeña criatura de color verde que se escondía cerca de él, en medio de una leve ventisca:

-¿Vas a pasar o qué?

Sylvain se inmovilizó contra la roca que le ocultaba y no dio crédito a sus oídos. ¿Aquel dragón…¿Hablaba en parsel? Rascando el suelo con impaciencia, la enorme criatura desplegó el poderoso cuello y dio un par de rápidas zancadas hacia él, inclinando el hocico para resoplar una nubecilla de humo justo encima de él, irritadamente:

-¡Muévete de una vez, nadie va a hacerte daño!

Era más fácil decirlo que hacerlo, por supuesto. Por un lado, la sorpresa de descubrir que los dragones o al menos, este dragón en particular, era capaz de hablar parsel, le había impresionado…por no decir nada de las 4 o 5 toneladas de puro músculo que en ese momento se cernían sobre él amenazadoramente. El instinto le gritaba que se mantuviese quieto, muy quieto…y se hiciese lo más pequeño y poco visible posible. Apretó las alas contra su cuerpo – no llegaba a pesar una tonelada, apenas rebasaba los 800kg – enroscó la cola contra las patas y dobló el cuello de igual modo, metiendo la cabeza bajo la barriga y cubriendo el cuello cuanto pudo con la cola, haciéndose un ovillo defensivo. El hocico del gran macho rozó contra su lomo, olfateando, y una lengua suave y sorprendentemente cálida se deslizó por él, una y otra vez, mientras el otro ronroneaba suavemente.

Instintivamente, Sylvain respondió, con un sonido quejumbroso y sordo, y el dragón volvió a lamerle, susurrando suavemente:

-Sssh…todo va bien, Babe, todo va bien…

Con pequeños empujones de ánimo, el macho convenció Sylvain de desenroscarse y le condujo al interior de la gruta, siempre manteniendo su morro a escasa distancia de él, ronroneando y conduciéndole en la dirección deseada, sus enormes patas delimitando le camino. En las profundidades de la tierra, en una cámara escavada con enormes y duras garras y pulida con fuego, se encontraba el nido de los dragones. Copos de fibras de mineral de amianto, altamente resistente al fuego, formaban una confortable cama ignífuga, en la que descansaba una dragona de tamaño considerablemente menor - pero aun así mucho más grande que él - respirando fuego suavemente sobre un puñado de huevos. Alzando la verde cabeza rematada de cuernos dorados, menos impresionantes que los de su pareja, pero igualmente afilados, los inteligentes ojos de la criatura se posaron en el pequeño dragón verde tornasolado que caminaba junto a su amado macho. Los ojos del dragoncito se movían a uno y otro lado, explorando, asombrados y caminaba cautelosamente, acobardado.

-Ven aquí, preciosidad…déjame verte mejor…

Susurró la dragona estirando el cuello, para olfatear delicadamente sus narinas, y murmuró agitando un tanto la cabeza:

-¡Que extraño! Tus escamas están demasiado separadas…te falta poco para mudar la piel…Tienes plenamente activo el fuego… ¿Tus padres no podían alimentarte bien, Babe? eres muy pequeña…

Sylvain estiró un poco la cola y el cuello, y susurró sintiéndose un tanto ofendido:

-No soy tan pequeño…y soy huérfano. Soy un hombre…aunque también un dragón.

El gran macho le empujó con el hocico, haciéndole caer de costado, y la dragona olfateó…bueno…los reptiles no tienen órganos genitales externos, así que pegó su hocico en su cloaca, y resopló. Con una risa, la dragona replicó, rozando su morro contra su barriga, como si pretendiera…hacerle cosquillas:

-Tal vez seas un macho humano…¡pero eres una DRAGONA, pequeña cabezota!

El dragón rió con su compañera, una risa grave y resonante y exclamó:

-Sin duda alguna es huérfana…si no tiene ni idea de lo que es!

Sylvain trató de explicarles como pudo la situación. No tenía ni idea de cómo explicar lo que realmente era a los dragones, pero supuso que entenderían el concepto. Pero para los dos dragones, él seguía siendo…una dragoncita, y por supuesto, se quedaron con él. Para una dragona es mucho más difícil obtener una cría hembra que macho…se necesitan los mejores huevos y mucho más calor para sacar adelante un huevo hembra y por eso, la mayoría de nidadas primerizas son de machos. Solo una hembra experimentada, muy bien alimentada y con un compañero muy colaborador intenta sacar adelante una pequeña nidada de hembras. Así que para ellos, Sylvain era un tesoro…una cría robada a su especie y que ahora retornaba a ellos… Jade y Turquesa se auto nombraron sus padres dragones adoptivos, y le enseñaron a ser…toda una dragona. A respirar cortas llamaradas de fuego poco intenso sobre su piel para mantenerla limpia y brillante, además de libre de parásitos; a rascarse contra las rocas de arenisca del fondo de un lago para desprender la piel muerta cuando comenzaba la muda, como remover cuidadosamente los huevos de una nidada y a sentir cuanto fuego debía aplicar para mantenerlos calientes. A cuidar de las inquietas crías de los dos y alimentarlas. A defenderlas y protegerlas. A cazar y disfrutar de la caza. A luchar y defenderse ferozmente de otro dragón…para cuando llegase el momento de elegir compañero.