Mhh…Draco se va a dar de bruces con el suelo, pero ya lo veíamos venir no? Lo advierto, hay lemmon, pero no con Sylvain, lo siento. Es un chico malo, malo.
A MAS ALTO EL PEDESTAL, MAS GRANDE LA CAIDA
Draco retornó a sus clases con vigor renovado. Y a la incansable persecución de Sylvain también. Pero el moreno era tozudo y obstinado, y sin desairarle por completo, se mantenía en cuidadoso equilibrio, evitando mayores avances. Las Navidades se acercaban y con ellas, el habitual partido benéfico, el sábado 17, antes de Navidad. Este año jugaban en casa, y si bien eso suponía que no tenía que desplazarse al extranjero, implicaba que su asistencia al posterior baile de gala, era obligatoria. Sin excusas posibles.
Frustrado y tenso, Draco sacó partido a sus nuevas destrezas de vuelo para acabar el partido cuanto antes. Y eso le granjeó unas cuantas palabras tensas en el vestuario de sus compañeros…aquel era un juego al que acudían todas las familias de los jugadores, y la mayoría deseaba exhibirse en él. Aun mas irritado, y llevando del brazo a su madre, Draco entró en el salón de baile, donde el público de la alta sociedad podía mezclarse con sus ídolos, por el exorbitante precio que costaban las entradas al evento. Todo para fines benéficos, por supuesto. Tras un par de bailes de cortesía con su madre, y dejándola convenientemente instalada entre otras damas, Draco se aplicó a la tarea de probar todas las bebidas de la barra. No era allí donde quería estar, y su mal humor era evidente.
No tardó en estar "alegre", aunque no borracho, y perdió la noción del tiempo. Cuando uno de aquellos jóvenes purasangres, necios malcriados y caprichosos como había sido un día él, murmuró unas palabras picantes en su oído, acercándole una nueva copa, Draco perdió el control. Hacía meses que no tenía sexo, al menos no sexo con otra persona, estaba harto de masturbarse y aquel mozalbete parecía prometedor… Se escabulló con él hacia los baños más cercanos, y tras reducir al otro a una incoherente, temblosa y necesitada masa de carne recalentada, por el expeditivo método de hacerle la mamada de su vida, el rubio le volteó sobre los fríos lavabos y abriéndose la bragueta, comenzó a follárselo. Rápido y eficiente. Los gemidos incoherentes del joven llenaron los oídos de Draco, que gruñó con ansia. El rubio estaba casi a punto, cuando la puerta del baño se abrió y un par de chicos algo bebidos entraron riendo tontamente, manoseándose. El rubio miró de reojo a los intrusos y redobló sus embestidas, arrancando jadeos casi agónicos a su pareja, que comenzó a derramarse en un nuevo orgasmo. Casi hipnotizados, los mozalbetes miraron boquiabiertos el desahogo de la ardiente pareja, olvidados de su propia calentura. Cuando acabó, Draco retiró su chorreante miembro del abusado orificio y se encaró con los dos jóvenes, los ojos convertidos en oscuras esferas de plomo.
-¿Queréis probar?
Los chicos se miraron el uno al otro, y dejaron ir una risita tonta, pero asintieron al unísono. ¡Era un sueño hecho realidad! Con aire predatorio, e ignorando al ahora agotado joven; que se había sentado jadeante en el suelo, los pantalones por los tobillos; Draco avanzó hacia ellos, mirándoles y puso sus manos en las ingles de ambos, apretando. Si, dos duros bultos se escondían tras aquellas ropas y los gemidos apreciativos de los chicos le hicieron encenderse de nuevo. Empujando a uno sobre sus rodillas, incitándole a lamer su creciente y renovada erección, Draco se deshizo de los pantalones y ropa interior del otro, y manoseó su miembro, doblándole sobre el lavabo. Un par de útiles hechizos preliminares, una mínima preparación, y un poco de lubricante conjurado…y el rubio ya estaba empujándose dentro de aquel nuevo extraño, aferrándolo por las caderas. El chico apenas aguantó unas pocas embestidas, y gritó, las piernas temblando a causa del placer. Draco necesitaba mucho más que eso para saciarse, y volvió los ojos hacia el otro mozalbete, que le miraba completamente excitado. Con un simple hechizo preparatorio, algo que era capaz de hacer sin varita ni palabras, Draco le empujo sobre su anterior partener, y se impulsó dentro de él, para joderle hasta la campanilla.
Después de eso, la noche se convirtió en un borroso recuerdo de bebida, cuerpos sin rostro, de gemidos y jadeos masculinos y femeninos, hasta que Draco despertó, en una cama extraña, acomodado entre una rubia de busto generoso y un joven de pelo castaño oscuro, casi negro. Le dolía la cabeza, y tenía la lengua pegada al paladar, y su piel olía a la de innumerables extraños…apestaba a semen de otros, a fluidos vaginales, a alcohol…Llamando a su varita a su mano, Draco se desenredó de sus insensibles acompañantes y miró a su alrededor. Una habitación de hotel… botellas vacías…ropas por todos lados…Recuperando sus ropas, y sin molestarse más que en cubrirse con su capa, el aristócrata desapareció en un remolino.
En Malfoy Manor, un elfo acudió a su lado inmediatamente, apenas se materializó en el recibidor, y Draco preguntó en un murmullo por su madre. El elfo le indicó que estaba desayunando con su padre y el joven asintió, tendiendo la mano:
-Mi baño, lo más caliente posible y de inmediato. Y una dosis de poción para la resaca con un vaso de agua fresca.
Sin aguardar mas ordenes, el elfo tomo la mano de su amo y le apareció de inmediato en su cuarto. Draco se despojó de la capa, y dejó caer el resto de la sopa al suelo, colocando su varita en una repisa. Sin mirar a la criatura y entrando en la ducha, mientras la enorme bañera se llenaba velozmente, murmuró:
-Quema esas ropas de inmediato. Todas ellas.
El elfo se inclinó y recogió el hato, trotando a pasito rápido hacia la chimenea del dormitorio, cuyas llamas pronto se alzaron y devoraron rápidamente todo el conjunto, zapatos incluidos. Tras la ducha, Draco se sumergió en el agua espumosa, aguantando la respiración hasta que sus pulmones dolieron y emergió, jadeando. En silencio, frunciendo el ceño, se frotó la piel con las esponjas, hasta deshacerse del olor ofensivo en ella. O al menos de la mayor parte. En aquel momento, se sentía fatal. Se sentía…miserable. No solo vacío por dentro, eso ya era usual, sino con remordimientos. Era algo parecido a una indigestión persistente, que atenazaba sus tripas, recodándole que había hecho algo sin sentido, por el mero placer fugaz e inmediato de su cuerpo, pero revolviendo sus ideas y sentimientos. La poción contra la resaca no había eliminado el malestar, porque no era físico, era emocional.
Correctamente vestido, pero con ojos llenos de hielo, Draco entró en el saloncito donde sus padres descansaban y se sentó, tras un breve saludo. Lucius volvió a su periódico económico, y Narcisa contempló curiosa a su hijo mientras este picoteaba algo de fruta y una taza de té. Draco parecía…torturado y eso era algo nuevo. Desde luego, la mujer sabía en que se había metido su hijo la noche anterior. Había tenido que regresar sola de la fiesta, tras verle marcharse, bebido y rodeado de un sequito de fans, en medio de los flashes de la prensa. El Profeta y Corazón de Bruja tenían reportajes sobre sus andanzas nocturnas, aderezadas por fotos.
Draco apartó a un lado su té frio y Narcisa le estudió. La tensión era palpable en su rostro, para el ojo entrenado de una madre. Mirando con aire ausente por los ventanales hacia el jardín, el rubio suspiró casi inaudiblemente y se levantó de la mesa murmurando una disculpa. Mirando a su esposo, que pese a la condena de arresto domiciliario y la pérdida de su varita, vivía ahora la etapa más feliz de su vida, la dama se levantó, besó la mejilla de Lucius, que le sonrió suavemente y se deslizó en pos de su hijo.
Draco paseaba sin rumbo por los corredores de la mansión, contemplando con aire pensativo y ausente los retratos de sus antepasados. Narcisa le alcanzó cuando se asomaba desde la balconada del salón de música, contemplando de nuevo el jardín. La nieve cubría los bosques, pero la rosaleda y los setos en torno a la mansión, estaban igual de perfectos que siempre, protegidos por un pequeño hechizo de heladas y ventiscas. Narcisa conocía bien a su hijo, y esa mirada melancólica…solo podía significar una cosa. O al menos eso esperaba la mujer. Esa era su esperanza… Deslizando una mano en el hombro de Draco, Narcisa susurró:
-¿Quieres hablar, hijo mío?
Draco no dijo nada, pero se sentó en el amplio alfeizar de la ventana abalconada, que formaba un banco de mármol a ambos lados de esta y continuó mirando el jardín, impasible. Narcisa se sentó a su lado y cogió su mano entre las suyas, apretándola suavemente. Tras un largo rato, y dejando ir un pequeño suspiro, Draco volvió sus ojos de mercurio hacia su madre y murmuro:
-Madre…¿Amas a mi padre? ¿Realmente?
Alzando una ceja, Narcisa asintió y murmuró:
-Ya sabes que sí, Draco. Puedo ser fría en apariencia, pero sabes que os amo profundamente a los dos, Draco.
-¿Cómo supiste que le amabas, madre?
Narcisa, sorprendida por la curiosa pregunta, no perdió de vista la expresión más mínima del rostro de su pequeño, pero contestó con presteza:
-Él era el único que hacía que mi corazón se detuviese y se acelerase al mismo tiempo, el único al que podía imaginar envejeciendo a mi lado…
Draco asintió levemente, sus ojos explorando la rosaleda encantada, y murmuró de nuevo, esta vez girando los ojos a su madre:
-¿Y cómo soportabas…sus…?
La mujer se sentó mas erguida en el duro asiento y sonrió suavemente.
-¿Sus infidelidades?¿Sus devaneos?
Draco afirmó y por un instante, sus ojos parecieron salvajes y llenos de añoranza, de esperanza. Narcisa apretó su mano y mirándole murmuró:
-¿No te has preguntado nunca porque no hay fotos o retratos míos anteriores a mi boda? ¿Por qué soy la única hermana rubia en una familia donde todos los miembros tienen el cabello negro o muy oscuro?...Como ya he dicho, amaba a Lucius, desde chiquilla, ya en Hogwarts. Le confesé mis sentimientos, y él me respondió que no podría aceptarme como esposa, aunque me estimaba como persona. Su padre Abraxas le había prometido casi desde la cuna a una joven francesa, medio bruja y medio veela squib, como era la tradición, para mantener la pureza de la sangre y la fuerza de la magia de la familia.
Narcisa suspiró, dejando volar los recuerdos y añadió:
-Entonces supe que haría cualquier cosa para lograr ser su esposa, y hablé con mis padres. No es imposible cambiar la especie de una persona, difícil si, arriesgado también, pero no imposible con la ayuda de la magia. Encontramos una veela, cuya pareja había muerto antes de vincularse, y la convencimos de hacer una adopción de sangre. Era una posible esperanza para su supervivencia y sus padres aceptaron. Me convertí…en lo que soy, 1/3 veela purasangre. Por él. Había una pequeña posibilidad de que me sintiera atraída por otro…pero todo funcionó bien. Seguía teniendo tan solo emociones básicamente humanas, y ninguna compulsión especial, excepto hacia tu padre. En esas condiciones, la boda era aun más ventajosa para los Malfoy, al unirse a una casa antigua y de renombre.
-Durante nuestro compromiso, le vi tontear con unos y otras, sin decir nada. Sabía que las necesidades y urgencias sexuales eran muy fuertes en él. Nos convertimos en marido y mujer y…simplemente, trate de darle todo lo que necesitaba… para que no buscara nada fuera de casa…Tu padre aprendió poco a poco, que ningún amante podía satisfacerle como lo hacía yo…Después de todo, ser parte veela también tiene sus ventajas…La amistad y la camaradería, unidas al deseo, dieron paso lentamente al verdadero amor por su parte, Draco. Y dejé descansar el pasado, olvidando; para poder vivir el presente y tener una esperanza para el futuro…
Draco meditó las palabras de su madre y murmuró, sus ojos grises llenos de interrogantes:
-Nunca oí hablar de una adopción que cambiase la especie…
Narcisa sonrió y musitó suavemente:
-Draco, cielo mío, lo que hice no es exactamente…legal ni muy conocido. Ella me dio su sangre, hasta sustituir por completo la mía…y fusionaron el resultante. Durante un tiempo, unos años, ese vínculo la mantuvo con vida y sus padres aun me consideran la nieta que nunca tuvieron…
Draco miró de nuevo al jardín y sus ojos se perdieron en la lejanía. Con un hilo de voz murmuró:
-Me he portado como un autentico…bastardo, madre. Tal vez hay arruinado la pequeña y remota posibilidad que tenia con…con Sylvain…Yo no querría saber nada de alguien que se comporta como yo lo he hecho…
Narcisa se sentó junto a su hijo y acarició su largo cabello, con delicadeza. Con ternura, la dama murmuró:
-Draco…no puedes ignorar ni evitar tus impulsos…son parte de ti, propios de tu naturaleza. Pero si puedes y debes aprender a controlarlos…a saber cuándo parar y evitar ponerte en situaciones que después te hacen arrepentirte. No lograras nada ignorando tu deseo sexual, Draco, solo descontrolarte cuando menos lo esperes.
Draco miró con aire entre confuso e indignado a su madre, sus labios abriéndose para formular una protesta, pero cerró la boca y aguardó. No era cómodo recibir una charla sobre sexo de la madre de uno a su edad, pero…después de todo, ella había logrado "domesticar" a Lucius. Narcisa dejó que su hijo recobrase un poco las ideas y prosiguió:
-Habla con él, explícale sinceramente lo que te sucede, y qué necesitas para no perder el control. Siempre podéis llegar a un acuerdo que os satisfaga a ambos. Si está interesado en ti, lo entenderá, y o bien te dejara entrar en su cama o te perdonará por buscar lo que no puede darte en brazos de otros…
