Al fin después de tanto tiempo… años… perdón… les traigo una nueva parte. No me odien por favor….
La mañana llegó perfecta y cálida. Para el Coronel, aquella noche había sido una pesadilla, la peor de todas las pesadillas inimaginables.
Cenar con la familia de Agatha era imposible, una familia ricachona y ostentosa de cosas que parecían más un absurdo que una realidad tangible.
Entendía porque Agatha era así: era el fiel reflejo de su madre y su padre. Al ser la menor de las 3 hijas del magnate era, obviamente, la más malcriada.
Conversar en aquella mesa fue tedioso, aburrido, toda la familia era así, superficial y vana. Sólo quería escapar, de vez en cuando se imaginaba estar en otro lugar, y la absurda voz chillona de su futura suegra lo devolvía a la velocidad de un rayo a la realidad.
El momento en que pidió la mano de la rubia fue el momento más forzado que le tocó vivir, y si que había hecho cosas que no quería hacer en el pasado.
El padre estaba encantadisimo, tener en la familia a un militar de renombre como Mustang, era todo un haber. La madre por otro lado, cuchicheaba con las hijas de lo atractivo que se veía con y sin el uniforme militar.
Cuando ya no pudo dilatar más la cuestión, el pelinegro decidió decir que debía madrugar para ir a trabajar. Se despidió de toda la familia, y agradeció por la comida, como era de esperarse. Se subió a su carro, y fue rumbo a su casa. Tomó el camino más largo, a pesar que eran casi las 2 AM, casualmente el camino pasaba justo por frente del departamento de la teniente.
Vio todas las luces apagadas y se preocupó. Ni siquiera se oían los pequeños pasos de Hayate. Algo estaba mal. Miro por las ventanas y todo parecía vacío.
-¿Y si está con él?- se preguntó abatido - No es tu problema, Mustang… ella… ella ya no está a tu alcance… -
Se subió al automóvil y condujo hasta su apartamento, entró desganado y se tiró a la cama, preguntándose cómo pudo pasar todo eso.
Cómo pudo permitir que Riza se le escapara entre los dedos.
-Quizás ahora esté en la cama con Havoc.. o quizás él la esté besando…. ¡AHHHHH MUSTANG! ¡CONTRÓLATE!... - Estaba tan enfadado que golpeó la lámpara que estaba en la mesita de noche y se rompió en mil pedazos.
No durmió, no pudo pegar ni siquiera un ojo. El tic tac del reloj le recordaba que cada día era un día que terminaba, y lo acercaba a su fin, su boda con Agatha.
