Un poquito de romance, un baile…
CORAZON DE DRAGON
Sylvain leyó una y otra vez las cartas de Draco. La primera, formal y bellamente escrita, y las otras, llenas de impulsos, palabras inconexas y lágrimas derramadas entre las letras. Todo le llevaba a perdonar a Draco. Había sido toda una sorpresa saber lo que Narcisa había hecho por el amor de Lucius. Los Black eran testarudos, temperamentales y pasionales, ya sea en el amor o en sus opiniones. Pero si por casualidad algo les llevaba a recapacitar una decisión previa, su tenacidad en la nueva senda era aun más feroz, como si de esa manera compensaran el error anterior…
Le dolía enormemente la pública traición, pero Draco era sincero en su arrepentimiento y al parecer tenía una "causa objetiva" para su descocado comportamiento, aunque no la había mencionado como escusa ni una sola vez. Tan solo le había revelado y expuesto ese aspecto de su naturaleza y el influjo calmante y controlador que su presencia y compañía tenían sobre él, rogándole que le aceptara como era, tal como él deseaba hacerlo con él, fuese cual fuese su secreto. Así que tras meditarlo mucho, envió un ramillete con una breve nota al rubio, citándole en sus habitaciones. Un iris azul, acompañado de alhelíes, rosas azules y romero ( NA: un mensaje, devuelves mi afecto, amor a primera vista, conseguir lo imposible, misterio, recuerdos) Draco llegó más que puntual, bien vestido, pero con las ojeras aun visibles. Y los nudillos todavía hinchados y amoratados. Se sentó nerviosamente y aceptó el te herbal de Sylvain sin más que breves palabras. Sylvain le observó durante un rato, y dejó su taza a medio beber con un suspiro.
-Draco…puedo…puedo perdonarte por lo que has hecho –si el Slytherin deseaba su perdón es porque que realmente sentía que entre ellos había algo más que una mera amistad o relación de compañeros, como había confesado en sus cartas – pero lo que no puedo hacer es olvidarlo...al menos no de momento ni a corto plazo.
Draco asintió levemente y murmuró contrito, apretando los puños sobre su regazo:
-Puedo…puedo vivir con ello, Sylvain. Entiendo que va a llevarme…tiempo recobrar tu confianza…
Comiéndose con los ojos la humilde contrición del orgulloso Slytherin, Sylvain ladeó la cabeza con curiosidad olfateando levemente y murmuró con tono conspiratorio, los ojos centelleantes como lagos al sol:
-¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar para recobrarla Draco?
Sin vacilaciones, el rubio jadeó, inclinándose hacia adelante, emanando una súbita oleada de renovada confianza, el verde aroma de los primeros brotes de la esperanza mezclándose a todo lo demás:
-A donde tú quieras Sylvain…
Alzando una negra ceja y bajando el tono de voz a un susurró apenas audible, el moreno preguntó con el tono de velado desafío perceptible en su voz:
-¿Cometerías un delito… uno…pequeñito, por mí?
-Sí. –Murmuró sin duda alguna Draco. El rubio trago saliva levemente y añadió con un leve brillo animando sus hermosos ojos de plata- ¿He de cumplir condena por ello también?
Sylvain rió suavemente y denegó, enviando oleadas de emociones a través de su risa y sus ojos casi verdes al otro.
-No, eso no será necesario en absoluto, Draco. ¿Qué gracia tendría saltarse la ley si te cogen?
El rubio jadeó de sorpresa y su sonrisa se ensanchó poco a poco, mientras los párpados orlados de pestañas negras abanicaban aquellos ojos que le miraban llenos de sana picardía. Era una idea completamente Slytherin…si, realmente apropiada. Cuando el otro le explicó su idea de "pequeño delito" Draco alzó las doradas cejas. Realmente impresionante.
Sylvain dijo que aquel momento era tan bueno como cualquier otro, en realidad, perfecto y desapareció para vestirse adecuadamente, quedando con Draco frente a la entrada a la Sala de los Menesteres. Para cuando el rubio llegó, vestido como le había sido requerido, la puerta estaba ya abierta y Sylvain aguardaba impaciente su llegada. Sin darle tiempo ni a darle una buena ojeada, con un gesto de varita cerró la puerta, los desilusionó a ambos, deslizó por el cuello de los dos un giratiempo y lo accionó. Una vez que aparecieron de nuevo en el pasillo, Sylvain llamó a su elfina, le entregó una breve nota, guardó en su pecho el giratiempo, abrió de nuevo la sala y cogió brevemente las manos de Draco entre las suyas, besando suavemente los nudillos maltrechos, haciendo jadear al otro ante la súbita sensación…mientras la magia terminaba de curar sus manos. Sylvain le miró a los ojos una vez más, antes de arrojar polvos a la chimenea murmurando la dirección del lujoso hotel donde se estaba celebrando en esos momentos el baile de la selección de quidittch. Saliendo de la magnífica chimenea, con aire seguro y mostrando su invitación al encargado del guardarropa que recogió su capa, entregándole una ficha, mientras Sylvain arrojaba una mirada arrogante sobre el lugar, repleto de gente. Podía oler a Draco detrás de él, moviéndose en silencio.
Orientándose entre la multitud, confiando en ser seguido por Draco, el impresionante joven se deslizó por entre parejas y corros de gente, los ojos buscando incansables una distintiva cabellera. Un encantamiento NoMeNotes le hizo pasar casi desapercibido entre la gente. Al fondo, sentado en la barra, un tenso Draco apuraba otra copa y dejaba que un muchacho le hablase con murmullos cada vez más atrevidos, rozando con dedos licenciosos lo que era suyo. Sylvain aceleró el paso y carraspeó sonoramente, deteniéndose detrás del rubio, que se volvió con una mordaz contestación dispuesta en los labios, contestación que murió sin ser pronunciada. La lujuria y el desdén que brillaban en sus ojos se vieron empañados por otra emoción y con voz sorprendida Draco susurró sin dejar de mirarle, encantado pero con aire levemente incrédulo:
-Has venido…al final has venido…
Con una sonrisa, Sylvain murmuró, ignorando por completo al otro joven que le miró con enojo, evaluando a la competencia:
-Eres demasiado impaciente Draco… y veo que dudaste de mis palabras ¿Podríamos charlar a solas, tal vez en otro sitio?
Draco asintió, dejando plantado al otro mozalbete, que se había quedado boquiabierto, y condujo a Sylvain a un saloncito privado, lejos del bullicio, y se sentó a su lado. Sylvain había olido el cambio de las feromonas del otro, la permutación de mera lujuria a deseo controlado y contenido, y sacó de su pecho un fleje de papeles y pergaminos.
-Draco, lo que voy a decirte puede parecerte una locura, pero ¿Me harías el favor de leer estos titulares y dar un vistazo rápido a las cartas? ¿Con una mente abierta?
Draco palideció al ver los titulares, su incipiente borrachera desapareciendo a ojos vistas, rápidamente y leyó por encima la primera carta. Husmeó discretamente. Sí, él había escrito aquellas cartas…su olor estaba tan fuertemente impregnado en ellas que no era posible otra explicación… Con ojos suspicaces, miró a Sylvain y susurró:
-Me parece excesivo para una broma, así que admitiendo que esto sea cierto…¿Cómo?
Sylvain sacó de su pecho la cadenita dorada y dejó que Draco contemplase el giratiempo. Con ojos dilatados, y rezumando vergüenza, el rubio murmuró:
-Soy un cabrón malnacido…pero aun no entiendo porque me cuentas esto o que haces aquí… a no ser…
Sylvain asintió y murmuró:
-Cálmate, Draco… recuerda que todo va bien…
Y usó su varita para hacer reaparecer al otro Draco, deshaciendo el hechizo desilusionador. Con una semisonrisa ladeada, el rubio miró a su otro yo, que le miraba con ojos dilatados, levemente achispado, y murmuró en tono admonitorio:
-No la pifies. No sabes lo que me ha costado que me hablara de nuevo. Madre era mucho más tolerante y permisiva con Lucius, pero él es un hueso realmente duro de roer.
Mirando a uno y otro, el Draco del pasado entrecerró los ojos y preguntó:
-¿Cómo se llamaba mi primera mascota?
-Kitty, y era una gata de angora.
Parpadeando una vez más, el Draco del pasado murmuró algo desconcertado:
-Ok. Si esto no es una alucinación producto del licor, entonces es cierto. ¿Qué vais a hacer?
-Cambiar levemente el pasado… es decir, este presente, solo eso, Draco. Vete a Malfoy Manor y no salgas de tu cuarto hasta mañana por la mañana. ¿Podrás hacerlo?
Mirándoles de nuevo a ambos el rubio susurró:
-¿Y vosotros os quedareis aquí? ¿Juntos?
Draco asintió sonriendo y el Draco pasado gruñó mirando de nuevo a uno y otro, era evidente que habían alcanzado una especie de acuerdo, por la cooperación con que se comportaban…además, estaban cometiendo una pequeña fechoría juntos no?
-Más vale que me acuerde de esta noche y de todo luego…
Y tras guiñarse un ojo a sí mismo, desapareció en un remolino de capa y ropas.
Los cotilleos se extendían por el salón. Draco estaba bailando con alguien, un joven desconocido, no era ningún joven heredero ni otro deportista, ni siquiera un nuevo rico, enlazándole por la cintura y mirándole con ojos acaramelados. Aunque la homosexualidad no era nada raro en la sociedad mágica, los magos tendían pese a todo a tener una esposa oficialmente, y elegir discretamente un amante del sexo preferido. Incluso era posible que una persona estuviese legalmente casada con alguien y al mismo tiempo vinculada y comprometida con otra. Todo dependía del tipo de rito matrimonial que se eligiera.
Los dos jóvenes fueron inseparables durante casi un par de horas, manteniéndose a la vista de todos, sin hablar con nadie más, ignorando las miradas y cuchicheos, conversando entre ellos calladamente. Sylvain notó el deseo crecer y crecer en su pareja de baile, vio la intención de besarle claramente escrita en su rostro y murmuró:
-Has sido muy sincero estos días, Draco, y muy galante esta noche, pero aun no he olvidado lo que hiciste antes. Así que no se te ocurra intentar lo que estas pensando. No me importa convertir los cotilleos sobre un nuevo romance entre nosotros en la ávida discusión sobre los motivos de una pelea de enamorados…
Draco le miró y murmuró con cierto matiz de desafío acercando su rostro un poco más:
-No te atreverás…
Alzando una ceja y sin dejar de girar entre sus brazos, Sylvain murmuró sonriendo ligeramente, con aire de completa inocencia:
-No me provoques Draco…no pienso besarte mientras aun estoy enfadado contigo…
El rubio ladeó un poco la cabeza, leyendo entre líneas que esos besos que deseaba no estaban realmente prohibidos en un futuro próximo, y que tan solo tenía que tener…un poco de paciencia… y sonrió asintiendo levemente. Sylvain le correspondió y murmuró muy calladamente:
-Y quiero pedirte algo más…quiero que te abstengas del sexo, por completo.
Draco parpadeó sorprendido, alzó una ceja y murmuró:
-No puedo dejar de hacer algo que aun no he hecho, Sylvain…¿O acaso has usado ese giratiempo mas veces?
El moreno soltó la mano de su pareja de baile, ignorando la pregunta por completo, sin perder un paso y deslizó su mano por la mejilla del otro en una caricia delicada y suave, haciéndole estremecerse y sumergiéndose en sus ojos de plata susurró casi inaudiblemente:
-¿Estás seguro Draco? Puedo olerlo en ti, todos los días…
El rubio parpadeó y comprendió a que se refería Sylvain, enrojeciendo. Ya era bastante malo tener que hacerlo, y aun más, hablar de ello…pero ¿en medio de un baile?. Los ojos grises encontraron los verdeazulados y con un suspiro desgarrado, el rubio asintió murmurando:
-Eres cruel Sylvain, muy cruel. Sabes que es algo que forma parte de mi naturaleza…
Con un murmullo grave, mirándole a los ojos, Sylvain sonrió levemente y denegó con firmeza, en apenas un breve gesto:
-Te equivocas Draco. Si, el sexo es algo muy importante para ti, pero debes aprender a controlarte, a ser el dueño de ti mismo, a no dejar que tus impulsos te dominen…
Draco asintió con un suspiro resignado, recordando las palabras de su madre, y continúo bailando hasta que deteniendo sus giros, el moreno besó levemente la mejilla de su acompañante a la vista de todos, al terminar el último vals. Recogidas las capas, salieron por las puertas hacia el jardín, e ignorando a reporteros e invitados, los jóvenes desaparecieron en las rosaledas y laberintos, sin que nadie les volviera a ver durante el resto de la fiesta.
&&&&&&&&&&&&&&Draco y Sylvain&&&&&&&&&&&
Draco se tambaleó al regresar de nuevo a su propio tiempo, mareado y confuso. No había probado una sola gota de alcohol, tan solo había tomado ponche de frutas…y bailado con Sylvain. Cerró los ojos para domeñar la nausea. Recordaba…recordaba lo que había sucedido en primer lugar, la primera línea temporal, pero más como una pesadilla horrorosa. Porque la habían alterado…habían cambiado el pasado…
Era un extraño giratiempo el que Sylvain había usado, ciertamente nada corriente. En vez de tener que volver a vivir todo el periodo transcurrido desde su regreso, tan solo habían pasado unas pocas horas en el pasado, lo justo para alterar un evento…y provocar una reacción en cadena, escindiendo la secuencia temporal desde ese instante en un nuevo camino. Abrió los ojos lentamente, olfateando levemente y reconoció el lugar: la sala del Requerimiento, el lugar que esta había creado para su partida. Al abrir los ojos vio al semivampiro, respirando lentamente por la boca con las manos aferradas al marco de la chimenea y la cabeza baja. Sin darse cuenta, deslizó una mano por su espalda y murmuró con tono preocupado:
-¿Te encuentras bien?
El otro asintió en silencio, suspirando y alzando finalmente la cabeza para mirarle con una sonrisa que pugnaba por abrirse paso en su boca, luchando con el gesto serio que en esos instantes lo cubría. Perdiendo la batalla contra sí mismo, Sylvain sonrió, enseñando los agudos colmillos y murmuró:
-¡Vaya! No has perdido el tiempo, Draco…
El joven había llenado los titulares, pero esta vez con especulaciones sobre su misterioso acompañante, hasta que algún reportero conectó la elegante figura morena con el tímido acompañante de Hogsmeade. Draco no se había contenido más y públicamente había abrumado con pequeños ramos declarando su afecto a su compañero de trabajo, haciendo suspirar a los que eran comprensivos y torcer el gesto a los intransigentes.
Un ramillete de Lilas azules, Flor de Luna y Campanillas azules había sido entregado a Sylvain a primera hora, la mañana después del baile, con una perfecta nota romántica. ( NA: primeras emociones del amor, Sueños de amor, pienso en ti) El joven se había sorprendido, pero había aceptado el ramo sin reticencias, y una sonrisa se había dibujado en sus rojos labios a la vista de los que estaban en ese momento en el comeedor. A la mañana siguiente, recibió un ramo de trébol blanco, claveles rojos y rosas (NA: te prometo, mi corazón sufre por ti, nunca te olvidare, estas siempre en mi mente) y Sylvain había respondido enviando flor de manzano y ambrosía (NA: Amor correspondido, preferencia) y le habían contestado con orquídeas, plantas de orquídeas con flores blancas, rojas, amarillas, moteadas, violetas… un jardín de orquídeas…(NA: refinada belleza) La quimera meneó la cabeza y suspiró de nuevo. Habían jugado al gato y al ratón, Sylvain dándose a querer en la distancia, pero con buenas emociones entre ambos.
Cambiar el tiempo de esta forma era peligroso. Ya lo había hecho antes, pero nunca nada que le afectara personalmente de esta manera. Era cuando menos confuso reencontrarse con la línea temporal tras las alteraciones, ya que los recuerdos eran contradictorios y conflictivos. Pero precisamente por eso lo había hecho, porque se había sentido demasiado herido, demasiado dolido. Draco había demostrado que podía ser una pareja cariñosa y atenta, detallista y afectuosa para con él. Y eso era todo lo que Sylvain pedía. El moreno olfateó, torciendo el gesto y murmuró:
-Draco…¿Qué has hecho?
El rubio se sonrojó, recordando los nuevos eventos, el estado lamentable y pegajoso en que había amanecido esa mañana, y masculló mortificado:
-¡Ha sido completamente involuntario! Tienes que creerme, Sylvain…
El moreno rió suavemente y murmuró:
-Puedo percibir la diferencia Draco, no voy a enojarme por una reacción fisiológica de tu cuerpo ante la ausencia de sexo…La próxima vez, no intentes ocultarlo…
Bajando un poco el nivel de ansiedad ante la respuesta del otro, Draco se atrevió a preguntar:
-¿Cuánto tiempo más?
Sylvain se acercó a él, le acarició la mejilla y susurró:
-El que sea necesario Draco, ya te lo dije… Y creo que tenemos una cita para la cena de Nochebuena y Navidad, no?
