NAVIDAD AL FIN
La cena de Nochebuena y el día de Navidad fueron sumamente diferentes a nada de lo que Draco hubiera experimentado antes. Oh si, tuvieron el habitual banquete en el Gran Comedor para la cena de Nochebuena, pero lo realmente interesante, aparte de ver las caras de envidia de algunos de los alumnos mayores y de la ausencia de cabezas pelirrojas en la mesa, fue el paseo posterior.
Sylvain le había prometido una "velada especial" y tras retirarse temprano, tempranísimo de la cena, sin ni siquiera esperar a los postres, se encaminaron hacia las habitaciones del moreno. Con curiosidad y anticipación, aunque Draco no creía que fuese a ser tan afortunado como para que Sylvain levantase la restricción y pasase directamente a meterse en la cama con él, el rubio semiveela mantuvo sus pasos ligeros y su corazón palpitante, apresurándose e ignorando las miraditas de Minerva y de otros profesores.
Una vez que entraron, Sylvain se apresuró a coger una caja de unos 60 cm por 40 por 30, que estaba sobre su escritorio, envuelta en papel de seda gris plateado con un lazo color esmeralda. Girándose y poniendo la caja en manos de Draco sonrió suavemente y murmuró:
-Una parte de mi regalo de Navidad. Va a hacerte falta esta noche.
Draco boqueó y miró a la caja y a Sylvain. Tras un par de segundos murmuró las gracias y se sentó en un sofá abriendo cuidadosamente el envoltorio. Cuando levantó la tapa y apartó el papel de seda blanco que protegía el contenido, mantuvo la mirada fija en el interior durante un rato, completamente incrédulo. Tras una última vacilación, extrajo cuidadosamente de la caja un par de relucientes botas altas y negras de piel acharolada de dragón y miró a Sylvain.
Además del calzado, la caja contenía unos pantalones aptos para volar o montar a caballo de igual piel, y una prenda entre casaca y guerrera de corte militar, con doble botonadura de plata, además de una capa corta y ligera, todo en piel satinada de dragón negra. El valor de aquellas prendas era…incalculable. Estaban realizadas con piezas completas de piel, a diferencia de los retazos de piel cuidadosamente cosida que era usual y la textura y calidad de las escamas era singularmente uniforme. Las botas tenían una fila de gruesas escamas procedentes del dorso, los pantalones eran parte del cuello, la casaca de los costados, la capa del suave vientre…
Ni siquiera él tenía en su guardarropa un conjunto completo de dragón como aquel…Desde luego tenía algún par de botas, guantes y cinturones; incluso una chaqueta corta y un chaleco…pero nada como aquello. Acarició delicadamente la piel, apreciando la belleza de las escamas y frunció levemente el ceño.
-La piel…es de origen legal, verdad?
Sylvain asintió suavemente.
-Por supuesto, Draco. Ese conjunto es… parte de la piel de muda de un macho adulto Longhorn rumano, te aseguro que no fue necesario más que recogerla.
Mientras Draco aun contemplaba las ropas Sylvain insistió suavemente:
-Me gustaría que te pusieras esa ropa para el resto de la velada, Draco…
El rubio asintió y Sylvain se retiró al baño, donde tenía preparadas sus propias ropas para la ocasión, un conjunto similar, pero realizado con su propia piel y teñido en un verde muy oscuro, casi negruzco, con la excepción de las botas, que si que eran negras. Era extraño, pero desde Drumstang, vestirse así le hacía sentir…liberado. Preguntando si ya estaba listo y recibiendo el conforme del rubio, Sylvain entró de nuevo en su sala y examinó a Draco. Vestido de pies a cabeza en piel de dragón negra, el rubio platino de su cabello y la palidez de su piel destacaba aun más, dándole un aire…peligroso además de sexy. Draco devolvió la mirada, evidentemente interesado. Los pantalones se ceñían como una segunda piel a las piernas del moreno y a…realmente, dejaban poco a la imaginación. Sobre la piel ligeramente dorada del moreno, una camiseta ceñida de color negro y una chaqueta de doble botonadura de montar a caballo. Ladeando levemente la cabeza y sin dejar de admirar el aspecto de Sylvain, Draco preguntó:
-¿Vamos a montar a caballo?
Riendo suavemente, el moreno denegó y tendió la mano. Pronto se hizo evidente a donde se dirigían…al bosque prohibido. No es que a Draco le asustase la perspectiva, pero estaba nevado y hacia mucho frio. Sin embargo las ropas eran cálidas y confortables, y Draco empezó a sospechar que tenían un hechizo termorregulador, además de los usuales de adaptación. Al menos, estaban solos y eso ya era algo, aunque habían caminado en silencio desde el castillo. Cundo estaban a punto de entrar en el bosque, Sylvain murmuró, girándose hacia Draco:
-Hasta ahora, solo has visto la faceta… más humana de mi vida…a excepción de mi habitual copa de sangre, mi dieta no es discordante ni llamativa. Sin embargo, ese comportamiento, requiere un control, y saber cuándo necesito…algo más.
Dejó que Draco asimilase sus palabras y continuó:
-Esta noche, quiero cazar y eres bienvenido a acompañarme. Quiero que sepas que entenderé perfectamente que no lo hagas o que desistas de tu interés después de ver cómo me alimento.
Draco meditó un segundo, y estiró su chaqueta, murmurando:
-¿Alguna precaución que deba adoptar?
Sylvain denegó, complacido internamente por lo acertado de la pregunta y murmuró:
-No, ninguna salvo no alejarte y seguir mis instrucciones si es necesario…recuerda que no soy el único depredador de este bosque…
Draco asintió y avanzaron por los senderos, deslizándose entre la cada vez más densa arboleda, sin divisar rastro de ser vivo alguno. Con la nevada que había caído, aunque bajo los árboles no se había acumulado tanta, Draco dudaba de que encontraran alguno. Todo animal se había guarecido de la tormenta y era probable que permanecieran en sus refugios por toda la noche. Sylvain olfateaba de rato en rato, se detenía y observaba a su alrededor, moviéndose en silencio, y siguió internándose entre los árboles, eligiendo en cada cruce de sendas una dirección hasta que Draco se desoriento por completo. Agradeciendo interiormente que no hiciese más que una muy tenue brisa, porque con aquel frio, el viento cortaría como un cuchillo, Draco continuó caminando en silencio, pensando que el único modo de regresar iba a ser seguir el rastro de las pisadas en la nieve.
Sylvain se había detenido unos pasos más adelante, tras aventurarse a cruzar un claro iluminado por la luz de la luna al que habían llegado, pero pronto un sonido sordo se aproximó, alarmando a Draco, que hizo ademán de retroceder. La mano férrea de Sylvain le sujetó y el joven denegó en silencio, obligándole a permanecer sentado a sus pies. Los cascos se hicieron inconfundibles y pronto la horda de centauros les rodeó, armados de arcos, ballestas y lanzas. Bane, el gran centauro de pelaje negro se destacó y saludó, observando curioso a Draco por un instante con sus ojos negros.
-Saludos…Henry Sylvain. ¿Te unes a nuestra partida?
-Estoy de caza esta noche Bane. Firenze dijo que era apropiada…
Musitó el moreno, su mano reposando sobre el hombro de Draco, que no osaba mirar más que brevemente a los centauros, sin establecer contacto visual. No quería provocar inadvertidamente a las agresivas y territoriales criaturas, que toleraran a Sylvain en sus campos de caza no quería decir que hicieran lo mismo con él. Ignorándole, como si no estuviese allí, el centauro pregunto frunciendo el ceño:
-¿Es él tu presa?
-No Bane, Draco es… mi amigo.
Sus ojos relucieron en un destello verdeazulado súbito, y el centauro asintió, relajando el gesto, mientras el resto de la manada pateaba y se removía a su alrededor.
-Prueba en el riachuelo, hay jabalíes por esa zona esta noche, Henry.
Así lo hare, Bane.
Y dile a Firenze…que su arco y sus flechas serán bienvenidos si desea unirse a una partida…
Sylvain inclinó la cabeza con gesto grave y cuando los centauros se alejaron al trote, el moreno ayudo a Draco a levantarse del suelo, mientras este pensaba. Mantener buenas relaciones con los orgullosos centauros era muy difícil, sobre todo porque su cultura y costumbres eran diferentes. Su presencia apenas había sido reconocida por varios motivos: era un mago adulto, pero no tenía estatus dentro de la manada. En un futuro encuentro, sería tratado como Draco, amigo de Henry. Sylvain debía tener cierto peso entre ellos para que el centauro hablase con el tan libremente. El moreno le guió en silencio por las veredas, y el joven se desorientó totalmente de nuevo. Alcanzaron una zona de matorral y Sylvain ayudó al rubio a trepar a un árbol nudoso.
-Quédate aquí un rato, en silencio, por favor.
Draco le vio alejarse, sentado en la helada horquilla del árbol, y pronto escucho las pisadas apresuradas de un grupo de animales. Surgiendo de la negra espesura, la piara de jabalíes atravesó el regato de agua y uno de ellos cayó derribado por un rayo aturdidor. Sylvain surgió de los arbustos e hizo levitar el cuerpo hasta la base del árbol. Una vez allí, se inclinó sobre el gran jabalí y hundió los colmillos en su yugular, gruñendo, los ojos de color verde negruzco. Bebió hasta saciarse, y con un rugido, se levantó, la boca aun llena de sangre. Sus ojos se cruzaron con los de Draco, y este se estremeció. Pero los iris se aclararon y el joven se limpió la boca con el dorso de la mano, girándose de espaldas y murmurando cansadamente:
-Soy un monstruo Draco, ya te lo dije.
El rubio saltó del árbol y se acercó lentamente. Contempló la figura del jabalí y vio que respiraba pausadamente, aun dormido, pero indudablemente vivo. Con un gesto, despertó al animal que se levantó aturdido y le gruño amenazador. Pero Sylvain se interpuso delante de él y el jabalí volvió grupas, chillando aterrorizado y alejándose a toda velocidad. Draco le limpio con los dedos unas gotas de sangre de la barbilla y murmuró:
-No eres un monstruo. Solo…diferente.
Los ojos verdes vacilaron y en un murmullo, el joven aristócrata añadió:
-Los monstruos no dejan vivas a sus presas Sylvain.
-No siempre es así Draco. Algunas de estas bestias acaban en mi plato.
La risa de Draco vibró por el bosque, y el moreno le contempló asombrado.
-Sylvain, ¿acaso por comer vaca y cordero soy un monstruo? Es cierto que no los mato personalmente, pero igualmente son mi comida y no me avergüenzo de ello. Necesitas dejar de decir eso de ti mismo, porque me niego a aceptarlo en modo alguno.
Después de la cacería, habían regresado al castillo y Sylvain le había besado suavemente la mejilla, dándole las buenas noches. Draco se duchó, después de desvestirse y encargar a un elfo que se ocupara de limpiar y colocar en su vestidor el extraordinario regalo. Se preguntó internamente si su propio regalo sería adecuado. Desde luego, Sylvain se había gastado una pequeña fortuna en aquel conjunto…aunque al parecer, el dinero no era problema para el joven. ¿Dónde había logrado pieles de semejante calidad? No conocía ningún establecimiento que vendiese piezas como aquellas…
Sylvain se despertó temprano, se deslizó al baño para ocuparse de sus rutinas de aseo y se vistió confortablemente con un suave suéter de lana color hueso y unos pantalones de denim elástico y color negro desgastado que se ceñían apropiadamente a su trasero sin ser demasiado restrictivos ni apretados. Ni siquiera había encargado el desayuno cuando Daisy anunció la presencia de Draco y el moreno se apresuró a su sala de estar. Draco estaba vestido informalmente para un Malfoy, había prescindido de su túnica y tan solo lucía chaqueta y pantalones negros, sobre camisa gris marengo, sin corbata, y una gran sonrisa. Una sonrisa sincera y plena, que hacia relucir sus ojos como si fuesen gemas. Sylvain le rozó la mejilla con los labios, disfrutando del aroma del otro y le invitó a sentarse, mientras Daisy disponía la mesa para el desayuno. Compartieron te y algunas pastas, y Draco sacó de su bolsillo un pequeño estuche que tendió sin palabras al otro.
Sylvain rompió el papel de charol plateado y abrió la pequeña cajita. Dentro, un alfiler de corbata, con dos violetas entrelazadas, una blanca y otra en su color habitual, realizadas en platino, esmalte verde, amatista y cristal de roca. Símbolos de modestia, lealtad, y expresión de "corramos el riesgo y seamos felices" y de "siempre seré sincero". Mirando con ojos graves la pequeña joya, Sylvain sintió un gran nudo en la garganta y a su pesar, notó la quemazón de las lágrimas amenazando brotar de sus ojos. Draco le había pedido sinceridad…y ahora la estaba ofreciendo a su vez. Cada vez estaba más cerca el momento en que la verdad apartaría para siempre a Draco de su vida, porque era imposible que le aceptase…Sylvain no se hacía ilusiones, no quería abrirse a la esperanza y ver luego sus sentimientos pisoteados…su corazón se rompería en pedazos …y esta vez, no estaba seguro de poder recomponer las piezas.
Draco vio la tensión aflorar en el rostro y los hombros del moreno, y notó su ansiedad, su tristeza. Pese a todo, el enigmático joven esbozó una sonrisa, tal vez algo nerviosa y murmuró roncamente las gracias, deslizando las yemas de los dedos por el pequeño broche, antes de prenderlo sobre su pecho. Con ojos algo turbios le ofreció un pequeño paquete y murmuró:
-Parece que hemos tenido ideas similares…
Con cuidado, Draco abrió la caja y encontró una joya ciertamente extraña. Parecía una cadena para sujetar la capa, o un extraño toisón representando una rama de espino florido, en torno al cual se enroscaba un dragón de fantasía y aspecto casi serpentino, parecido a un bola de fuego chino, pero aun más esbelto y de color blanco nacarado. Cada escama era un pequeño ópalo, con reflejos y matices únicos y todo el conjunto era parcialmente flexible, gracias a la multitud de engarces entre las diversas piezas. Era una joya…hermosa. Y digna de ser lucida con orgullo. El joven de ojos grises la sacó de su estuche y la deslizó por su cuello, acariciando las frías piedras y el metal de tan delicada obra de orfebrería.
-Es…perfecta Sylvain…
El espino era la madera de su varita, pero su flor también representaba la esperanza. Aunque sin flores también era símbolo de penitencia. Y el dragón, además de representar su nombre... era símbolo de honor familiar, y de atención y cuidados especialmente exquisitos. Algo que podía lucir como una mera ostentación vanidosa, pero con un sentido mucho más profundo…
Draco deslizó de nuevo las puntas de los dedos sobre la cadena y alzó la mano hacia la mejilla de Sylvain, para depositarla ahí suavemente. Ese simple gesto dulcificó la mirada un tanto tensa del otro, devolviendo brillo a sus ojos, como un rayo de sol iluminando un mar tormentoso. Tentativamente, Sylvain colocó su mano sobre la de Draco y suspiró casi imperceptiblemente. Era increíblemente bueno estar así, simplemente juntos, relajados…Sonrió suavemente y recogió los pies descalzos bajo las piernas, apoyándose levemente en el rubio. Tal vez…tal vez podía soñar despierto un poco más…solo un poco más…
