La tercera forma de Sylvain…su verdadera forma
FRENTE AL ESPEJO
Satisfecho, y tras finalizar el día Navidad con una intensa sesión de entrenamiento que les dejó a ambos casi agotados, se despidieron y Sylvain llegó pensativo y meditabundo a sus habitaciones, aunque en general los comentarios de Draco sobre su apariencia habían puesto mariposas en su estomago. Tanto como sus ardientes y vehementes miradas y sus tímidas caricias. Se desnudó y se contempló en el espejo, recobrando los rasgos naturales de su rostro, la forma y el color natural de los ojos, el apenas visible rastro fantasmal de su vieja cicatriz. Nunca su imagen humana le había parecido más falsa, pese a que era una de sus tres formas.
-¿Tendré valor? Ni siquiera yo mismo sé como soy realmente.
Su imagen oscilo en el espejo, pero el joven revirtió el cambio apenas iniciado, lleno de terror. Recordaba demasiado bien su imagen de bebé, una criatura de rasgos mezclados y se apoyó sobre el lavabo, temblando. Respiró hondo y dejó que su cuerpo cambiase, manteniendo los ojos fuertemente cerrados, la cabeza baja como si estuviese mirando fijamente a la porcelana. Casi con el corazón desbocado, abrió lentamente los ojos y contempló sus manos: vio aliviado, que eran totalmente humanas. Sus manos y sus ojos eran muy importantes para él, lo único en lo que su forma de dragón le desagradaba era que aunque mantenía un gran destreza manual, sus zarpas de afiladas garras no eran aptas para acariciar a alguien, aunque podía ser muy delicado con ellas. Alzó los ojos milímetro a milímetro y se contempló por primera vez en el espejo. Su figura era…humana en rasgos generales, aunque con los mismos cuernos que adornaban al dragón surgiendo de su cabeza, de entre la masa de rizos negros y verdes, en una versión miniaturizada, en el mismo lugar donde los verdes mechones adornaban su cabello en su forma humana.
De sus omoplatos, surgían dos enormes alas escamosas, y su espalda estaba rematada por una larga cola casi serpentina. Las escamas se prolongaban, casi transparentes y de un delicado color esmeralda por su cuerpo, en el lugar del vello corporal, trazando un extraño e intrincado diseño en torno a sus pectorales y rodeando su ombligo para descender hacia su pubis y rodear la base de sus genitales, plenamente masculinos, para su alivio. Desde las alas, la columna se cubría de una franja de escamas más gruesas que se prolongaba en la cola, cuyo extremo, sin embargo, estaba desnudo en sus últimos cms.
Ascendiendo por sus antebrazos, un fino diseño de escamas casi transparentes de color esmeralda se unía a las del pecho y la espalda, completando el trazado. Fijándose mejor, Harry notó que las uñas de sus manos eran levemente doradas y deslizó una tentativamente por el espejo y este se rayó bajo la misma.
Su rostro era casi el mismo de Sylvain, con sus largos colmillos, pero con sus antiguos ojos, y el rastro de la vieja cicatriz en su frente cubierto de diminutas escamas doradas. Tal vez un poco más anguloso, más marcado, pero apenas perceptible. Las alas eran algo que ya esperaba, después de ver los recuerdos de su madre, quizás no tan funcionales ciertamente, pero la cola le desconcertó totalmente. Para Emerald, la dragona, la cola era un importante reclamo sexual, pero a Harry le mortificó horrores su presencia. La agito tentativamente, y el largo apéndice onduló suavemente detrás de él, y el extremo rozó el suelo, provocándole un escalofrío de sensaciones.
Sumamente flexible, el apéndice se curvó hasta que su extremo se deslizó por el lateral de su muslo, y se sonrojó. Entendía por qué la dragona estaba tan orgullosa de su cola. El extremo era tremendamente sensible, y ahora pudo visualizar claramente que serviría para acariciar a la pareja, mmh… en los preliminares, ya que carecía de manos.
Su cuerpo real era extraño, exótico y diferente, pero por alguna razón, Sylvain dejó finalmente de estar asustado de si mismo. Aquél era su verdadero yo, su naturaleza verdadera, aunque secreta, y pudo incluso esbozar una tímida sonrisa que se reflejó en el pulido cristal. Sin embargo, se heló al pensar que podría pensar Draco de él si le viese y sus ojos se llenaron de repentinas lágrimas. Se arrinconó, sintiéndose muy desgraciado, en el suelo de la ducha, bajo el agua fría, y comenzó a sollozar suavemente. ¿A quien quería engañar? Draco le abandonaría en cuanto viese que no era más que un monstruo…
Así lo encontró, horas más tarde, Daisy, la elfina, preocupada porque su amo no había pedido su copa habitual de sangre. Helado y aterido por el agua, estaba tiritando, insensible al mundo exterior. Daisy tuvo que usar su magia para meterle en la bañera, ahora llena de agua caliente y apenas dejó de temblar, le acercó a los labios una copa de sangre de vaca que el joven apuró lentamente.
-Gracias Daisy.
Se relajó un rato en el agua, estirando las alas, y viendo como las escamas perdían su transparencia al contacto con el agua, haciéndose más visibles. Su cola era tan sensible, que Sylvain empezó a pensar que tendría que colocarla fuera del agua, cuando para su asombro, el extremo desnudo comenzó a menguar y se replegó, protegido ahora por la piel escamosa.
Exploró mejor el nuevo apéndice, descubriendo que la punta era, bueno…retráctil y eréctil en cierto grado, y que respondía a los mismos estímulos que su otro, eh… rabo. No es que fuera a correrse tocándosela, pero indudablemente, era una zona erógena importante.
Una nueva copa de sangre le devolvió los ánimos, y se tumbó en la cama, desnudo y más calmado. Exploró el juego de sus alas, y descubrió que eran casi una replica de sus alas de dragón, con las que estaba bien compenetrado, con la salvedad de que las afiladas espinas que las remataban eran mucho menos evidentes. Era difícil acomodarse con ellas en la cama y acabó bocabajo, abrazando su almohada y dejando las alas semiplegadas a su espalda.
Tras una noche de sueños extraños, llenos de fuego y nubes de humo, despertó cuando Daisy le zarandeo intensamente.
-Amo Sylvain, el joven Draco esta llamando a la puerta, amo!
Saltando de la cama, el moreno casi se pisó la cola, y sus alas se desplegaron por un acto reflejo, ocasionando un sonido raspante. Adoptó su disfraz de Sylvain, y envolviéndose en las sabanas, abrió presuroso la puerta.
Con una sonrisa maliciosa extendiéndose rapidamente por su cara, el rubio murmuró contemplando apreciativamente las partes expuestas a la vista:
-Vaya, parece que voy a tener que despertarte a horas intempestivas mas a menudo Sylvain.
Los ojos de plata le exploraron sin recato y Sylvain se irguió. Su pareja admiraba su cuerpo, y el instinto le llevaba a exhibirse para él. Aun recién levantado y con el pelo revuelto, el joven moreno era atractivo y el rubio apreció la musculatura firme y definida, así como la piel, libre de vello corporal. Con deliberación, el moreno aflojó las sábanas, y casi todo su abdomen quedó expuesto, haciendo dilatarse las pupilas de Draco.
-¿Qué se te ofrece Draco?
-Oh, no se! Tal vez podrías invitarme a desayunar contigo, a solas…
El desafío era patente en los ojos grises y el tono flirteante, y Sylvain recogió el reto sonriente. Abrió totalmente la puerta e invitando a pasar al rubio, cerró detrás de él. Avanzó y abrió la puerta que conducía a su dormitorio y mientras Draco curioseaba con los ojos su cama, revuelta y desordenada, el joven musitó con inocencia:
-¿Te importa que me dé una ducha rápida antes? Puedes ir pidiéndole a Daisy lo que quieras…
Sin aguardar respuesta, Sylvain dejó caer las sábanas y caminó el par de pasos que le separaban del baño, notando la mirada del Slytherin fija en su firme trasero y su espalda. Este, ignorando a la elfina que aguardaba instrucciones pacientemente a sus pies, musitó entre dientes al ver cerrarse la puerta:
-Por todos…! ¡Ojalá me invitaras a ducharme también!
Recobrando el sentido al oír correr el agua, suspiró y ordenó un desayuno variado y se sentó en una silla, aguardando impaciente al joven. La elástica figura del moreno se deslizó, envuelta tan solo en una breve toalla en torno a la cintura, saliendo del baño y sentándose junto a él. Sylvain estaba torturándole, tentándole, pero era una tortura deliciosa, sin duda y el rubio semiveela estaba más que dispuesto a pasar por ella. Draco literalmente babeó, devorándole con los ojos, hipnotizado por las gotas de agua que aun se deslizaban por su piel, deseando profundamente poder secarlas a lengüetazos.
La sonrisa del moreno atrajo sus ojos, y este repitió de nuevo con suavidad:
-¿Té?
Draco asintió y recobró algo la compostura perdida, removiéndose algo incómodo dentro de sus pantalones. Rieron mientras comían, y pronto la tensión desapareció poco a poco. Ambos estaban cada vez más cómodos, y el rubio, aunque dejaba vagar sus ojos por la anatomía de su compañero de mesa, no estaba simplemente cegado por el deseo. Sylvain sonrió ante el tentador aroma que emitía el joven, complacido y consciente de que probablemente, Draco tendría un "accidente" esa noche, su propia mente llenándose de ideas al respecto. Tal vez…tal vez él también podía arriesgarse a soñar…tal vez podían tener un futuro…
