Esta es la tercera versión de esta escena… y aun no sé si está a mi gusto!

La balanza de la relación entre ambos se estabiliza…

Si tenéis ideas constructivas… aun puedo revisarla por cuarta vez! Y dadle al botón de RW!

UNA SAETA DE FUEGO…Y UNA DUCHA FRÍA

Los días restantes del año transcurrieron rápidamente, y la noche de Fin de Año, ambos jóvenes pasaron juntos la festiva velada, Sylvain permitiendo incluso un casto beso en la mejilla para celebrar el Año Nuevo. Enero continuó de forma similar, con sonrisas y pequeñas muestras de afecto por parte de Draco, que continuaba sometido a su castigo de buen talente, aunque con algún que otro desliz involuntario. Sylvain se había autoimpuesto a sí mismo la misma restricción, y aunque su control era mayor, algunos días tenía que someterse a los rigores de una ducha fría. En general, ambos estaban ajustándose bien a la nueva relación, y a los no siempre correctos o educados comentarios que despertaban entre alumnos, profesores y al clamor del público en general.

Estaban entrenando de nuevo - Sylvain había sacado a relucir más habilidades de Draco que ninguno de los entrenadores profesionales - y el Slytherin enfiló sobre las gradas en un vuelo rasante, para salir de ellas con un brusco ascenso hacia los postes plantados en el césped. Se enzarzaron en una escalada de maniobras cada vez más complejas, y por último, y encontrándose ya a gran altura, Sylvain simplemente picó verticalmente hacia el campo, a toda velocidad.

El césped se acercaba vertiginosamente y el moreno aceleró, forzando los nervios de Draco al máximo. Era una maniobra arriesgada de por si, pero el joven la estaba llevando al límite extremo. Estaban ya a escasos tres metros del suelo y Draco remontó en una cerrada curva, confiando en su destreza para evitar la colisión, pero el moreno aun descendió un poco mas, y en una maniobra casi increíble, totalmente tendido sobre la escoba, planeó un trecho a ras del césped, casi rozando las hierbas con las rodillas, deteniéndose en un súbito picado vertical que frenó su movimiento e hizo saltar la escoba de entre sus piernas a su mano.

El rubio aterrizo a su lado, mirándole con incredulidad, y sujetando la escoba con la mano, se acercó a él, boquiabierto y furiosamente enojado.

-¿Estás loco? ¡No llevas una escoba fácil de manejar ni dócil precisamente!

Con una sonrisa en el rostro arrebolado, el joven vampiro denegó en silencio y musitó:

-No creo Draco. Lo he hecho muchas veces y sé cuales son mis límites.

-¡Ha sido una estupidez! ¡Es un maldito entrenamiento!

Gritó el rubio cada vez mas indignado, la escoba caída de cualquier manera en el césped, los ojos llenos de brillo y las mejillas rojas resaltando en su tez pálida.

-¡Y no me repliques! ¡Podías haberte matado Sylvain.!

El joven se acercó aun más, hasta rozar pecho contra pecho y sus alientos se mezclaron, mientras la tensión entre ellos cambiaba sutilmente. Los ojos gises de Draco relucían, intensos y llenos de emociones. El rubio estaba preocupado, sinceramente, emanaba miedo y estupor, y de repente, le atrapó entre sus brazos y le besó impulsivamente. Tras el shock inicial, Sylvain respondió con un casi imperceptible gemido a su beso y sus manos se enlazaron a la cintura del Slytherin.

Sin embargo, cuando Draco trató de instarle a entreabrir los labios, lamiéndolos suavemente, Sylvain le apartó de si, sujetándole con firmeza, impidiéndole volver a hacerlo. El rubio, sonrojado y con los ojos brillantes ahora de deseo, le miró con aire ligeramente sorprendido, mientras trataba denodadamente de volver a besarle, desconcertado ante el súbito cambio de actitud. La presa del semivampiro se recrudeció y el joven frunció el ceño, observando como el otro entreabría los labios, dejando ver sus blancos colmillos, siseando de dolor entre dientes mientras los caninos se alargaban aun más y sus ojos cambiaban de color, tornándose azulverdosos.

Draco vaciló un instante, dudando – después de todo, Sylvain aun no le había dado permiso expreso para besarle – finalmente una chispa de angustia penetrando entre el tórrido y subito deseo que le había llevado a asaltar al joven y dejó de debatirse contra él. Sus manos no llegaron a abandonarle, aunque ya no tiraba de él, convencido de la inutilidad de su gesto. El vampiro era mucho más fuerte físicamente que él, y el joven vio su lucha consigo mismo, reflejada en sus ojos cristalinos, que oscilaban furiosamente de color, volviéndose cada vez más y mas oscuros, hasta ser casi azul noche. Los mechones coloreados de su pelo también cambiaron y el joven arrojó la cabeza hacia atrás, gimiendo y cerrando los párpados fuertemente, mientras sus dedos dejaban marcas en la piel del Slytherin.

- -¿Sylvain?

Los colmillos superiores se habían alargado hasta sobresalir de los labios y el joven parecía sufrir una gran tensión, aunque Draco no sabía el porque de la súbita sed. Sin embargo, y aunque podría haber luchado por liberarse, usando su magia, Draco solo sintió viva inquietud por su compañero, olvidándose de sí mismo. Tenía absoluta confianza en Sylvain. Sus ojos relucieron y su voz se hizo mas grave, su preocupación evidente en ella, y una levísima arruga se instaló entre sus cejas.

-¿Estás bien Sylvain?...¿Henry?

Su nombre sonó tan similar en los labios de Draco al antiguo Harry, que el moreno recobró su dominio sobre si mismo en cuestión de segundos. Sus ojos se abrieron y refulgieron con su habitual verde esmeralda por un breve segundo, aunque un leve reflejo azulado perduró en ellos y los colmillos no se retrajeron. La respiración del joven aun estaba alterada y su pulso acelerado, tiñendo sus mejillas de un rubor delator. Las manos del joven aflojaron su presa y murmuró avergonzado de si mismo, girándose para no ver la expresión de Draco, al que imaginaba asustado o enojado.

-Ya te lo advertí. Lo siento mucho.

Sus hombros se hundieron y se apartó un par de pasos, aterrado ante la posibilidad de ver el rechazo o el miedo en los ojos de Draco. Sin embargo el Slytherin se acercó a él y le puso la mano en el hombro, arrancándole un estremecimiento. La sensación de hacer temblar a una criatura tan poderosa y fuerte como Sylvain llenó su sangre, haciéndole sentirse totalmente seguro junto a él.

Sylvain podía ser letal, sus entrenamientos y combates lo demostraban claramente. Pero también era su más fiero defensor y protector. Como un vampiro o una veela. Aunque Sylvain no era claramente y por completo ninguna de ellas, Draco se basaba en ese conocimiento y verdad universal, ninguna criatura mágica dañaría a un compañero.

Draco sonrió e hizo girarse a Sylvain mientras murmuraba con dulzura:

-Soy yo el que debe disculparse, Sylvain. No era mi intención molestarte… ni propasarme de los límites que me has impuesto. Tan solo dime porque te has alterado tanto Sylvain.

El moreno se giró, dócil a la sutil presión de sus manos y con timidez exploró sus facciones. Draco parecía preocupado, con cierta curiosidad mezclada, pero no asustado. Suspirando de alivio el semivampiro musitó mortificado, impulsado por sus instintos a confesar lo ocurrido:

-No estaba preparado, solo eso. No me imaginaba esto…

Vaciló y desvió los ojos al suelo, sonrojándose hasta la raíz del pelo antes de volver a mirar a Draco que aguardaba paciente, la mano aun en su brazo.

-Nadie me había besado desde... bueno, desde que alcance la madurez y recibí mi herencia.

El Slytherin enarcó una ceja, su boca abriéndose en un gesto de sorpresa. Sin duda no era posible...Sylvain no podía estar insinuando lo que el creía...

-¿Y antes, cuando eras un muchacho?

Sylvain enrojeció aun más y le miró a los ojos. Draco tenía derecho a saber. Asintió y murmuró tímido e inseguro.

-Bueno, me atrajeron fugazmente un par de personas, pero con ninguna salió bien ni llegó a haber una verdadera relación. Un par de besos todo lo más. Y ahora que lo pienso, no creo que hubieran aceptado lo que soy, dado el caso.

Las manos de Draco acunaron su rostro, acariciándolo con los pulgares y los ojos de profundo mar solidificado se derritieron con el gesto de afecto. Jugueteando con el cabello del nervioso joven e inhalando profundamente, el Slyhterin preguntó en un murmullo, mientras sus ojos relucían con una extraña luz interior.

-¿Me estás diciendo... que esta es…tu primera relación seria?

Sylvain asintió y añadió, adivinando que sus palabras tenían otro sentido escondido. No era nada de qué avergonzarse, aunque a su edad fuese un poco inusual…

-Mi...naturaleza no me permite…entregarme alegremente. Solo a alguien muy especial. A alguien como tú, Draco.

Las manos del moreno acariciaron el cabello de plata de Draco y añadió, con la voz cargada de afecto, los ojos levemente teñidos de azul:

-El deseo y la sed se unen cuando pienso en ti, y tu beso... Bueno, es la primera vez que siento la urgente necesidad de morder a alguien.

Draco parpadeó asombrado. Esto sí que era algo muy muy inusual. Aunque solo lo fuera parcialmente, los vampiros son criaturas sensuales y el sexo es una parte importante de sus vidas, incluso antes de encontrar a su pareja. Pero Sylvain había insinuado claramente que nunca antes…El joven rubio no estaba por completo seguro, sus sentidos no eran tan agudos como los de una veela pura, pero tal vez…lo que hacía tan irresistiblemente atractivo a Sylvain era…su inocencia. Su madre seguramente podría decirle más, pero desgraciadamente…no se encontraba entre los muros de la escuela. Saliendo de su sorpresa y estupor, sonriendo, el rubio murmuró avanzando de nuevo en el espacio personal del otro, sus ojos fijos en las verdeazuladas esferas que le contemplaban. El moreno aun no había accedido a levantar la "veda" sobre sus actividades sexuales unilaterales, pero en esos momentos, tampoco estaba precisamente protestando por sus avances…

-Dime Sylvain…¿Te ha gustado mi beso?

Sylvain asintió, sonriendo tímidamente de nuevo, y susurró roncamente:

-Mucho Draco…

Ladeando la cabeza ligeramente, contemplándole meditativamente durante unos instantes, el rubio murmuró, arriesgándose:

-Quiero besarte de nuevo…¿Es eso posible? No quiero ocasionarte disconfort o ponerte en una situación incómoda…

El moreno tragó saliva audiblemente y asintió con lentitud, sus ojos adquiriendo una transparencia mayor que los hizo relucir como gemas. Draco le acarició el cabello, enredando las manos en los sedosos y espesos mechones, haciéndole entrecerrar los ojos bajo los suaves roces. Su otra mano se deslizó a su cintura, acariciando su costado y espalda, y las manos del moreno se instalaron casi con voluntad propia en las esbeltas caderas de su compañero. Era muy erótico notar como Sylvain se sometía a él, cediendo a las insinuaciones de sus manos, amoldándose a sus deseos, y Draco besó lentamente la piel de su garganta, arrancándole un gemido sorprendentemente ronco. Con lentitud, el rubio mordisqueó un parche de suave piel, enrojeciéndola, y notando como unos leves tremores recorrían al otro. Sonrió sin dejar de morderle, succionando ahora hasta dejar una roja marca en su cuello, entre nuevos jadeos y gemidos ahogados. Sylvain se deshacía entre sus brazos, derritiéndose y Draco escaló a pequeños mordisquitos hasta sus labios. Cuando finalmente los besó…bien…fue auténticamente delicioso, como volar hasta el cielo. Esta vez el moreno entreabrió los labios con timidez bajo su suave presión y con un poco de gentil coerción, sus lenguas se encontraron, enredándose y explorando nuevos terrenos.

Así que cuando aquellas manos firmes empujaron levemente, Draco deshizo el beso, sonriente y excitado, notando claramente que Sylvain había reaccionando de igual manera a sus caricias. Con la cara totalmente transfigurada, el moreno le miraba con sus ojos ahora de un transparente color añil, los labios hinchados y la expresión de su rostro una mezcla de deleite, deseo y asombro. Su aroma era…indescriptiblemente apetitoso…no la pungente lujuria que rezumaban sus vanas conquistas. Era una compleja mezcla, dulce y envolvente, excitante, pero no hasta el punto de hacerle perder el control. Sylvain complacía y reforzaba sus mejores emociones y al mismo tiempo aplacaba suavemente sus sentidos. Draco le acarició levemente la mejilla y el joven parpadeó lentamente, como saliendo de un trance, y sus ojos se aclararon un par de tonos.

-Eres un estudiante muy aplicado, Sylvain…

Susurró malicioso Draco, removiendo sus caderas contra las del otro, provocándole un aun mayor sonrojo y haciéndole morderse los labios. El moreno se separó lentamente de él y murmuró retrocediendo, claramente embarazado de sí mismo y sus evidentes reacciones:

-Necesito…ss..¡Ahg!…tengo que irme, Draco…

El puño de Draco se cerró en torno a su antebrazo y este exclamó suavemente:

-¡Espera! ¡Por favor Sylvain!

Los ojos de la quimera oscilaron de nuevo de color y entre dientes, el moreno murmuró:

-Necesito beber, Draco…ahora…ahora mismo o perderé el control…

Sin dejar de mirarle a los ojos, el rubio asintió y susurró:

-Lo sé. Y quiero…quiero ser tu donante, Sylvain…por favor, Henry…

El moreno vaciló, el sonido de su nombre en los labios de Draco haciendole cerrar los ojos, temblando de pies a cabeza y Draco añadió:

-Por favor Henry, déjame hacer esto por ti…déjame hacerlo por favor…

Sylvain suspiró muy levemente, abrió de nuevo los ojos y enfrentó la mirada de Draco. No vio dudas o miedo, tan solo sinceridad en el ofrecimiento y tras una duda más, asintió y tendió la mano hacia Draco.

-Volemos de regreso, no pienso hacer esto por primera vez en medio del campo de Quidittch.

Sin poner objeciones, los dos volaron hacia el castillo, aunque Draco se sorprendió de ver que el joven enfilaba hacia una de las alas laterales en vez de a las puertas principales. Y su cara de asombro cuando el moreno apuntó a la fachada y una de las ventanas se abrió de par en par para ellos fue impagable. Evidentemente, Sylvain tenía prisa…mucha prisa y el pensamiento le hizo sonreír de oreja a oreja, mirando de reojo a su determinado compañero. Así que voló raudo detrás del otro y aterrizó en medio de la ya conocida salita de estar de las habitaciones de Sylvain.

El moreno desapareció unos instantes en su despacho y regresó, tendiéndole un sencillo cáliz, y tras dejarlo en sus manos, se sentó nerviosamente en uno de los sillones, mirando fijamente al suelo en un terco silencio. Draco le miró un par de veces, no era lo que esperaba, realmente; pero tras un suspiro resignado y sin palabras, se sentó en el diván, descubrió su brazo y abrió una vena con su varita, sin dejar de contemplarle por un instante. Las aletas de la nariz de Sylvain temblaron cuando brotó el rojo líquido, y el joven aferró con mayor fuerza los reposabrazos de su sillón. La tapicería crujió y finalmente estalló bajo la presión. Sus ojos giraron, atraídos como la aguja de una brújula por un imán, hacia el rojo flujo de líquido. Pero eso fue todo. Se mantuvo quieto y mayormente callado, aunque algo tenso, hasta que la sangre de Draco llenó el recipiente. El joven aristócrata cerró la herida con un gesto y murmuró su nombre con suavidad, ofreciéndole la copa. Con suma lentitud, el moreno se deslizó de su asiento, sinuoso, y avanzó en silencio hasta sus pies, para arrodillarse en el suelo ante él, sin perder nunca el contacto visual. El rubio sonrió suavemente y Sylvain cubrió su mano con las suyas, envolviendo el cáliz, bebiendo lentamente el preciado y dulce regalo, mirándole a los ojos con intensa devoción.

Draco jadeó, el rubor subiendo a sus mejillas, como si fuese un colegial enamorado. Semejante despliegue de voluntaria sumisión se le estaba subiendo a la cabeza…Aquellos ojos eran tan intensos y profundos, que uno podía perderse fácilmente en ellos…casi sin querer, y aun más, queriendo. Las reacciones del otro ante su sangre eran visibles también: el sonrojo, el color de los ojos y las pupilas completamente dilatadas, el pulso acelerado, su olor… Finalizada la copa, el moreno se lamió intensamente los labios y sonrió, los colmillos más visibles que nunca, y Draco se inclinó a besarle de nuevo. Con suavidad, el rubio tiró de él, y pronto tenia al otro bajo su cuerpo, retorciéndose contra él, tumbado en el diván con total abandono. Era demasiado, y al mismo tiempo demasiado poco, y Draco gimió, notando la excitación del otro reflejando la suya, a través de la ropa que le separaba. Con un jadeo entrecortado, deshizo los acalorados besos y buscó aquellos ojos, temiendo sobrepasar algún límite no mencionado hasta el momento…pero Sylvain parecía totalmente entregado, y buscó sus labios de nuevo. El rubio gruñó y apretó mas las caderas, refregándose en él y fue correspondido de igual manera. Incluso alentado a juzgar por el modo en que el moreno gimió su nombre contra su cuello. Así que los dos dejaron a un lado las precauciones y por un rato tan solo existió la pasión, hasta que ambos estallaron.

Draco se colapsó sobre el pecho del moreno, jadeando, incapaz de moverse, y bajo él, un igualmente agotado Sylvain susurró su nombre una y otra vez, entrecortadamente, acariciándole entre sus brazos. Tardaron largos minutos en recobrarse, tras un breve y ligero duermevela, del que despertó Sylvain primero. Draco estaba entre sus brazos, y sonrió recordando lo sucedido. Era avanzar un poco…vale, demasiado rápido para su gusto, pero ¡Que demonios! Lo había disfrutado. Todo, cada instante, cada gesto y caricia, cada beso, cada gota de sangre…Esperaba que esto no fuese un capricho pasajero, una aventura mas, que Draco entendiese que era realmente muy, muy especial para él. Por su parte, el rubio despertó de su breve ensoñación húmedo y pegajoso, pero increíblemente saciado y relajado. Si así es como se sentía tras unas pocas caricias apresuradas ¿Cómo sería realmente hacer el amor con él? Una sonrisa depredadora se instaló en sus labios, los ojos aun cerrados, y el rubio se juró a si mismo que Sylvain iba a ser su amante, a menos que el otro se alejase de él. Hacía años que no sentía una sensación igual, que nadie atraía su interés y despertaba su pasión de esa manera. Y no era solo el sexo…¡Aunque había sido fantástico! ¡El mejor de su vida! Sylvain era realmente un compañero culto y educado, y desde luego no estaba interesado en su riqueza, su nombre o su fama…y parecía poder aceptarle con todos sus pros… y todos sus contras…

Cuando ambos abrieron los ojos, dos sonrisas casi gemelas se encontraron, y Sylvain besó casta y tímidamente al rubio. La respuesta suave y cariñosa de Draco le calmó dándole cierta confianza y Sylvain se incorporó con lentitud, nuevamente sonrojado. El rubio le abrazó y murmuró cálidas palabras de ánimo y aliento en su oído. Draco iba a sacar su varita para limpiarse, cuando Sylvain le detuvo y murmuró:

-No es necesario…Puedes ducharte aquí si quieres, Draco. Daisy traerá una muda de ropa limpia para ti…

El rubio le contempló y preguntó, con una media sonrisa traviesa, esperanzado y curioso:

-¿Piensas unirte a mi?

Con un rubor profundo, los ojos verdes bajaron al suelo y el joven vaciló. Parecía absurdo, pero ese era un límite que aun no podía rebasar y denegó en silencio, temiendo alzar la vista y encontrar el rechazo o el desdén en los bellos ojos de mercurio que tanto amaba. Era ridículo, pero sus instintos le decían que no era buena idea…sin que tuviera exactamente una respuesta al porque. Pero Draco le rozó la mejilla, haciéndole alzar la mirada, y tan solo susurró suavemente:

-Hey… está bien. Ya me has regalado más de lo que esperaba. Y entiendo que te he presionado mucho…

Sylvain sonrió suavemente y murmuró las gracias besando ligeramente sus labios. Ladeando levemente el rostro susurró con picardía:

-Pero puedes venir y mirarme si quieres…¿Quieres mirar, Draco?

Y se desligó de entre sus brazos para deslizarse con un contoneo apenas insinuado, deshaciéndose de sus ropas sobre la marcha con un negligente gesto de varita. Boquiabierto, Draco le vio traspasar la puerta del baño, enseñando aquel maravilloso trasero al final de la musculada espalda y sus pies le llevaron con voluntad propia en pos del moreno mientras el rubio pensaba notando la vehemente reacción de su cuerpo: "¡Fría! Mi ducha va a tener que ser muuy fría!"