Sylvain CONFIESA! AL MENOS GRAN PARTE! Gracias y dejadme RW!

UN CABALLO VERDE PARA DOS

Regresar al castillo fue sencillo, entrar sin ser vistos…eso ya era harina de otro costal. Aunque se habían adecentado con varios hechizos, Draco no quería dar de que hablar. La prensa ya era suficientemente persistente con él cada vez que aparecía en público, y comenzó a impacientarse, oculto entre la primera línea de árboles. No es que le importase ser visto con Sylvain, es que valoraba su intimidad. Era fin de semana de Hogsmeade, y los alumnos abarrotaban la entrada y la escalinata. El rubio besó al otro con rapidez y susurró desilusionándose:

-Nos vemos en las escaleras en una hora.

Y se alejó, apenas un tremor del aire frio de la mañana. Sylvain chasqueó los dedos y Daisy se materializó a su lado. Sin una palabra, el moreno tendió la mano y apareció llevado por la elfina en su cuarto. Se aseó cuidadosamente, desplegando su cuerpo real, estirando las alas recubiertas de finas escamas con abandono. Se había habituado con rapidez a dormir en su forma real y notaba tensión en los músculos si no las ejercitaba regularmente. Con una copa de sangre y el desayuno en el estómago, Sylvain descendió las escaleras navegando entre la bulliciosa multitud de alumnos que se desplegaba por ellas. Una capa y unos guantes le protegían del frío, y sus pies estaban calzados con altas botas. El camino aun no estaba cubierto de nieve, pero casi seguro que estaría embarrado y el joven había elegido un atuendo propio para caminar, pantalones y una capa corta hasta las rodillas. Divisó la distintiva cabellera de Draco y esbozó una leve sonrisa apresurándose hacia él. Los dos habían bajado mucho antes de lo esperado, y caminando hombro con hombro, empezaron a recorrer el sendero que llevaba a las verjas de entrada. Draco, vestido en el atuendo de paseo de la selección, avanzaba a su lado en un confortable silencio cuando una voz masculina llamó:

-¿Sylvain?

El moreno se volvió, ligeramente sorprendido, y contempló a Charley Weasley apresurándose al trote sobre un caballo castaño, llevando de la brida a otro ejemplar, un zaino claro. Draco contempló con cuidada indiferencia la aproximación del otro mago y estudió atentamente su presencia. El joven pelirrojo no era especialmente atractivo a primera vista, aunque para un Malfoy, el color de su cabello era simplemente detestable. Pero tenía un físico musculoso, un rostro no feo del todo, sus ojos azules relucían y evidentemente, había realizado un esfuerzo con su ropa. Con un ligero sonrojo en las mejillas, el pelirrojo murmuró desde su montura:

-No te he visto en el comedor esta mañana, Sylvain…

El moreno alzó ligeramente una ceja, pero se dignó contestar:

-Porque decidí desayunar en mis aposentos, Weasley.

-Charley, ya te lo he dicho…me parece que estas llamando a mi padre si me llamas así.

Draco reprimió la necesidad de fruncir el ceño y se preguntó cuándo se habían encontrado los dos, porque de una u otra manera, él y Sylvain pasaban mucho tiempo juntos y no recordaba esa conversación. Sus hombros se tensaron casi imperceptiblemente, y sus ojos chispearon bajo la sombra de sus pestañas doradas. Reconoció la sensación. Celos, barriéndole con su amargo regusto. Hacía mucho, mucho tiempo que nadie inspiraba esos sentimientos en él…Pero se relajó cuando Sylvain dejó caer su peso sobre la pierna cercana a su costado, acercándose levemente a él, y miró en silencio al pelirrojo. Con aire ciertamente nervioso el joven mago pelirrojo añadió:

-Había ensillado a Shine para ti…pensé que podíamos cabalgar hasta el pueblo juntos…

Los ojos azules se giraron hacia Draco, con aire confuso, como si no supiese muy bien cual era el motivo de la presencia del rubio junto a Sylvain y este se mantuvo callado y sereno. Sylvain podía oler las emociones de ambos, los celos, los dulces y picantes celos de Draco, la indecisión de Charley, la tensión silenciosa entre ambos hombres, disputando por su atención y compañía. Por un instante, nadie dijo nada y entonces Sylvain murmuró suavemente, girándose hacia el rubio:

-Draco…¿Te gustaría montar un rato? Tal como está el camino puede ser lo mejor…

Con una sonrisa encantadora, el joven respondió muy educadamente, ignorando al boquiabierto pelirrojo:

-Sería un placer, pero solo hay dos caballos…

-Eso tiene fácil solución…

Sylvain se giró hacia el lago y silbó agudamente, una llamada larga e intensa. Un borboteo de agua se formó en la orilla, y algunos alumnos miraron sorprendidos hacia el extraño fenómeno. En cuestión de segundos, las aguas se abrieron y de ellas emergió una extraña criatura, una enorme serpiente de agua, desatando gritos de alarma y carreras entre los jóvenes mas próximos al lago. La criatura onduló por la superficie del lago y apenas tocó la orilla se transformó en un enorme caballo de pelaje negro con reflejos verdoso, con una poblada crin y cola de juncos verdes. El kelpie, pues de eso se trataba, avanzó al trote hacia el pequeño grupo, enseñando una afilada dentadura a los incautos que aun estaban cerca de su camino. Draco reprimió el estremecimiento de placer mientras Weasley luchaba para mantener controlados a los caballos. El animal sin jinete, una yegua usualmente mansa se encabritó finalmente, y arrancó la brida de entre las manos del mago de un brusco tirón, huyendo hacia la seguridad de su cuadra. El otro caballo piafaba nervioso, los ojos mostrando el blanco, agitando las orejas y removiéndose, obligando a su jinete a esforzarse para mantenerle en su lugar.

El moreno se adelantó unos metros, y el kelpie empujó con el hocico el pecho de Sylvain y este le palmeó el cuello, murmurando palabras que Draco no logró entender y el rubio avanzó confiado hacia la pareja. Los ojos negros sin pupilas de la criatura le miraron y sus orejas, algo más grandes que las de un caballo normal, pero gráciles y elegantes como las de un ciervo, apuntaron en su dirección. Sylvain le sonrió y murmuró con orgullo:

-¿A que es precioso? Draco, te presento a Nessie.

El rubio rió suavemente, solo a Sylvain podía ocurrírsele llamar así a un kelpie, cuando los muggles usaban precisamente ese nombre para uno de los de su especie que causaba innumerables problemas para mantener su presencia en Loch Ness oculta; y deslizó una mano enguantada por la crin de junco. Sylvain puso en su palma un pedazo de carne seca y le instó a ofrecerlo al animal, que lo tomó con cuidado, sin hacerle daño, pese a los afilados colmillos y dientes, propios de un autentico predador. Olfateándole, Nessie le empujó con el morro y Draco volvió a reír. Bajo control, un kelpie es una criatura poderosa, pero mansa; solo son peligrosos porque son carnívoros y necesitan cazar para comer. Y si no encuentran peces u otras presas para comer, a veces, si están suficientemente desesperados, intentan cazar a seres humanos. Una finísima cabezada de plata adornaba a la criatura y el moreno retrocedió con su inusual montura empujándole juguetonamente en el hombro. En un susurro murmuró:

-Parece que de nuevo nos falta un caballo…Nessie puede de sobra con los dos, ¿Te importa montar conmigo, Draco?

El rubio denegó y Sylvain le ayudó a subir, murmurando algo y ofreciéndole sus manos cruzadas a modo de estribo, colocándole sobre el alto lomo desnudo del animal. Draco deslizó las manos por el musculoso cuello, palmeando suavemente el inusual pelaje. La textura era suave, pero no era pelo, sino algo parecido a una especie de diminutas escamas, densamente entrelazadas. En un ágil salto, Sylvain ocupó su lugar detrás de él, y unas bridas aparecieron en sus manos, surgiendo desde la cabezada de Nessie. El extraño grupo emprendió la marcha, con Charley muy desconcertado y frustrado por el resultado de su tentativa de cabalgada a solas. No era así como había planeado la excursión desde luego, pero el joven suspiró, esforzándose en calmar a su nerviosísimo caballo, que seguía intentando alejarse del potencial depredador.

Draco reprimió una sonrisa de suficiencia, seguro en su posición más ventajosa en la sutil disputa sobre el moreno. Estaba en el cielo. Sylvain le rodeaba abiertamente con sus brazos y estaba literalmente pegado a él. Pública y claramente, y sin que nadie pudiera objetar nada al respecto. Los movimientos del animal bajo sus cuerpos provocaban además una rítmica fricción entre ambos, que estaba haciendo estragos en ambos. No pasó mucho tiempo sin que el rubio notase en su trasero un duro bulto delator, y se mordió levemente el labio conteniendo un gemido. Sylvain podía oler su creciente excitación y suspiró calladamente detrás de él, arrojando una bocanada de aire caliente en su cuello. Draco respondió moviendo las caderas contra él y el moreno respingó levemente. Charley intentó entablar conversación, y Sylvain se limitó a escuchar educadamente o a responder con escasas palabras, y el rubio le imitó. Su mente estaba…distraída…en otros asuntos más placenteros, la verdad. Y la íntima satisfacción de saber que estaba literalmente, montándoselo con Sylvain delante del pelirrojo, añadía morbo y picante a su exquisito goce y disfrute personal.

Cuando llegaron a las primeras casas, descabalgaron y ataron a sus monturas a una talanquera en lugar seguro. Draco estaba muy incomodo dentro de sus pantalones y suspiró pesadamente para sus adentros. Sin embargo, Charley se pegó a ellos, determinado al parecer a imponerles su compañía y recorrieron las calles, en un extraño grupo, con Sylvain en el centro, flanqueado estrechamente por ambos. Pero tras invitarles a ambos a tomar algo en Las Tres Escobas, Sylvain expresó su interés en hacer algunas compras de ropa y efectos personales, esperando hacer que el pelirrojo se batiera en retirada. Pero al parecer, la tozudez era un rasgo Weasley bien desarrollado, y el extraño grupo entró en varias tiendas. Con un par de compras totalmente innecesarias bajo el brazo, el moreno decidió poner fin a la situación y murmuró que iba a regresar al castillo. Draco era consciente de que Sylvain estaba molesto, pero Charley pareció ver en ello la oportunidad de tenerle a solas y le acompañó. Los ojos verdes buscaron los de Draco, disculpándose mudamente y este sonrió: se verían luego, en el castillo, donde nadie pudiese molestarles. El rubio se dejó ver durante un rato más por el pueblo, esquivando fans y periodistas, que ahora que su guardaespaldas voluntario había desaparecido, se atrevían acercarse más a él, y apareció en las verjas de entrada. El camino estaba desierto, aun era muy temprano y la mayoría de alumnos pasaría todo el día en el pueblo.

Ya en sus habitaciones, se desnudó y se dio un baño, no sin avisar antes a Daisy, para que alertara a su amo de que deseaba verle. La respuesta llegó casi de inmediato, de boca de la elfina y esta murmuró que su amo le aguardaba para tomar el té en sus habitaciones. El joven preguntó si podía usar la red Flu interna y la elfina contestó de inmediato que la chimenea del despacho estaba abierta. Draco se vistió con parsimonia, unos simples vaqueros y un suéter, y entró en su chimenea. Sylvain abrió la puerta de inmediato y le besó con pasión, casi con desesperación, y Draco murmuró algo desconcertado:

-¿Ocurre algo?

El moreno denegó y susurró suavemente:

-Nada, tan solo…que me alegro de verte, Draco.

Sylvain estaba vestido como él, cómodo e informalmente, aunque descalzo, y le condujo al dormitorio en silencio. Tras removerse nervioso durante un rato, el moreno bajo los ojos y murmuró:

-Después de lo que me has dicho…necesito… contarte algo, Draco.

Draco se sentó en los pies de la cama, sin perder de vista a su amante y aguardó, tenso y preocupado, pero también curioso y expectante. Sylvain se sentó en el diván y se retorció las manos angustiado, para comenzar a hablar en voz muy baja:

-Draco, a lo largo de mi vida, he aprendido a soportar y tolerar muchas cosas…la necesidad de beber sangre, los impulsos e instintos, la soledad…pero no creo que pueda encajar el rechazo…

Sylvain bajó aun más la voz y susurró inaudiblemente para un oído normal, aunque no para el de Draco, mientras sus ojos se hundían hacia el suelo, contemplando los dedos de sus pies, que se retorcían con inquietud una y otra vez.

-…no otra vez…

Tras un silencio opresivo y tenso, lleno de los latidos desbocados del corazón del moreno, este alzó apenas los ojos y murmuró con voz triste y apagada:

-Yo…yo no soy lo que tú crees que soy…soy parte vampiro, veela, mago y…y algo más.

Los ojos verdes se habían alzado ahora por completo, llenos de temor, brillantes de lágrimas retenidas, en busca de los de Draco y Sylvain añadió en un susurro desgarrado:

-Yo…yo nací humano, un bebé humano, simplemente un mago. Pero sucedió… algo, y mi madre y… otra persona, hicieron esto conmigo. Creyeron que era necesario para protegerme. Por lo que sé…me fusionaron con…con otro ser, con una criatura mágica, añadiendo también veela y vampiro a la mezcla. Y sobreviví. Me convertí…en otra cosa…en lo que soy ahora….

Los ojos de Draco relucieron de furia y rabia, de enojo y el joven apretó los labios y los puños, lívido. Quería matar a alguien, con sus propias manos, para que fuese más lento y doloroso. Sylvain bajó de nuevo los ojos, tratando de retener las lágrimas, olfateando las reacciones del otro, su ira, notando resquebrajarse las débiles esperanzas que había forjado sobre Draco. Respirando lentamente hasta recobrar el dominio de sus cuerdas vocales, el rubio masculló, aun indignado, pero tratando de entender:

-¿Una Quimera?

Sylvain asintió en silencio y Draco rumió un poco más su furia, recorriendo nerviosamente una y otra vez un camino a los pies de la cama. ¡Si ponía las manos en quien había hecho aquello! Cuatro seres diferentes… Draco había estudiado las teorías detrás de semejantes creaciones, eran parte del magia arcana que apenas se practicaba ahora, y después de la confesión de su madre, había revisado de nuevo algunos de sus antiguos libros…Demasiadas mezclas hacían del proceso algo muy peligroso y de impredecibles consecuencias, pero ya estaba hecho…y Sylvain no parecía haber sufrido grandes cambios…no importaba, seguía siendo Sylvain, no importaba que no hubiese nacido así, el ritual había fusionado su ser original con las criaturas elegidas, irreversiblemente. Exhalando el aire retenido, Draco susurró roncamente:

-Me da igual Sylvain, eso no importa…

Los brillantes ojos verdes de Sylvain le miraron con renovada esperanza y el moreno susurró:

-¿De veras? ¿Aunque dentro de mí habite un alma que no es…totalmente humana? ¿El resultado de la fusión de dos almas?

Draco parpadeó y murmuró con renovado asombro:

-¿Una quimera completa? ¿Cuerpo y alma? ¡Merlín bendito! ¿En que estaban pensando?

El rubio se alejó de la cama y se sentó en silencio en el diván junto a Sylvain y deslizó sus dedos bajo su barbilla hundida, forzándole a levantar la vista hacia él. Cuando tuvo toda su atención, los ojos de ambos fijos en una interminable mirada, murmuró cariñosamente y lleno de emoción:

-No conozco a nadie más humano que tú, Sylvain, tan lleno de emociones, de sentimientos, de sensibilidad…No olvides nunca esto, porque es la pura verdad. Y me siento honrado de ser merecedor de tu afecto.

Sylvain comenzó a llorar, y se abrazó a Draco, muchos de sus miedos dejados atrás y dejó que el otro le acunara y calmara durante largo rato, relajándose en la seguridad de sus brazos, aceptado por vez primera en su vida por alguien, que conocía la verdad. O casi toda la verdad. Una duda una última duda rondaba su cabeza y Sylvain susurró, aun refugiado entre las ropas del pecho de Draco:

-No te he dicho que criatura era…

Draco le abrazó más fuerte y susurró besando su pelo con afecto:

-Ya me lo dirás cuando estés listo para ello, amor mío. Ya me lo dirás…

Porque a Draco realmente ya no le importaba qué era Sylvain, sino quién, y eso, lo sabía perfectamente. Y cuando Sylvain alzó el rostro para mirarle, se fundieron en un beso apasionado que borró el sabor amargo del llanto de la quimera, dejando paso a un completo nuevo mundo de sueños de amor y esperanza.