Un poquito más! ¡Espero que os guste ver la interacción de este Cap.!
UN TORNEO MUY SINGULAR
Por si fuese poco, a la presión de la masa estudiantil y la clara hostilidad de Fleur – celos según Draco, al verse destronada como el foco de atención de dichos estudiantes- se sumó una nueva fuente de preocupación. La selección de Inglaterra estaba organizando un torneo "amistoso" con fines exclusivamente promocionales… en los terrenos de la escuela. A cambio, el estadio escolar iba a ser renovado y mejorado hasta estándares profesionales, lo cual suponía un contingente de trabajadores acampando en las proximidades de la cabaña de Hagrid. Trabajadores que encontraban muy interesante a Sylvain y a Draco, reduciendo al mínimo sus oportunidades de escaparse juntos al bosque o de entrenar. Era muy tenso y estresante para ambos.
Y cuando las obras estuvieron casi acabadas, llegaron los equipos: Italia, Francia y Bulgaria. Repletos de gallos de pelea rebosantes de testosterona…con alguna que otra jugadora igualmente competitiva. En otra época, Draco hubiese abrazado la oportunidad de una "concentración informal" como esa para fornicar y pelear hasta perderse a si mismo y volver a empezar de nuevo, en una marea sin nombres de cuerpos. Ahora se encontraba reprimiéndose a sí mismo, porque no estaba seguro de poder parar si empezaba batallar. Y Sylvain estaba primero…aunque no entrase en la duras cabezotas de sus engreídos compañeros y rivales, el moreno no era un mera conquista más, un premio, un trofeo que arrebatarse unos a otros.
Así que los ánimos estaban bastante crispados. La mayoría de jugadores dejaba claro que estaban interesados en probar lo que tenía a Draco tan enganchado, y las discusiones y disputas eran comunes, así como el acoso a que sometían a Sylvain. El moreno era más que capaz de defenderse, pero su paciencia se estaba agotando. Sylvain estaba frustrado. No podía evitar desprender feromonas más que intentar dejar de respirar, pero era irritante e inútil. El quería a Draco, y sus malditos instintos no le dejaban aceptar de una jodida vez. Además, para mantener un mínimo de intimidad entre ambos y no ser asaltados por un horda de mirones pervertidos, tenían que restringir su preciado tiempo a solas fuera del castillo…lo cual solo les dejaba las noches, y pasarlas juntos siempre planteaba otro problema. Necesitaba dejar salir sus alas, bien como Emerald o adoptando su verdadero ser… Y no podía hacer ninguna de ambas cosas delante de Draco. Sylvain estaba más que harto y dar el esquinazo regularmente a Draco era mala idea. Pero sus necesidades de cierto tiempo a solas fueron aceptadas sin reproche ni preguntas, y cuando el dolor en su espalda se hacía demasiado, Draco se retiraba a pasar la noche en sus propias habitaciones sin protestar demasiado.
Finalmente llegó la semana de los partidos. Según el orden del sorteo comenzaron los partidos preliminares. El viernes por la tarde se enfrentaron Italia y Francia. Con la flagrante derrota de los italianos. El sábado, la habilidad Francia fue derrotada por la potencia de Bulgaria. Y el domingo la gran final entre la anfitriona Inglaterra y la victoriosa Bulgaria.
Sylvain estaba sentado en las gradas, muy cerca de la parte más alta de estas, habiendo rehusado sentarse en ninguno de los dos palcos reservados a los profesores y comentaristas…y que en esos momentos estaban repletos con los jugadores de Italia y Francia. Sus nervios estaban a flor de piel. El partido estaba siendo muy duro, casi rozando en lo violento para ser una mera competición amistosa, poco más que una glorificada exhibición y una escusa para vender carísimas entradas fuera de los partidos de temporada. Draco, a lomos de su Tifón 3000 volaba en amplios círculos sobre el estadio, en incansable búsqueda de la elusiva snitch. Las iniciales jugadas duras habían escalado y muchas faltas habían sido pitadas y penalizada, aunque el marcador se mantenía equilibrado…el buscador que encontrase la alada pelota ganaría el partido para su equipo. Con su pelo plateado recogido en una cola ondeando detrás de él, Draco realizó un brusco amago, atrayendo la atención de Krum hacia él y distrayéndolo de su propia exploración. Tras la efectiva maniobra distractora, y con un irónico saludo estilo militar, Draco retomó su búsqueda, ignorando el ceño fruncido de su rival...y el mascullado insulto hacia la legitimidad de su concepción.
Tras más tantos por ambas partes y una breve pausa solicitada por el capitán de Inglaterra y aprovechada para un rápido paso por los baños y un bocado, el juego reanudó su marcha pese a que llevaban jugando toda la mañana. Las faltas y jugadas agresivas se multiplicaron. Los espectadores comenzaban a estar cansados, y los vendedores autorizados para el evento estaban haciendo su agosto con toda clase de parafernalia en recordatorios, refrigerios y bebidas. Continuando su búsqueda, Draco captó un leve destello. Su aguda vista le confirmó que efectivamente, la esquiva y pequeña pelota alada estaba localizada. Sin perder de vista su objetivo, y prolongando su circuito, el rubio semiveela desplazó imperceptiblemente su trayectoria, y súbitamente, aceleró hacia su premio. Krum se lanzó tras él segundos después, mientras los bateadores de Bulgaria lanzaban las bludgers hacia su senda. Esquivando jugadores y con la vista fija en la snitch, Draco se deslizó zigzagueando expertamente entre sus oponentes, el viento silbando en sus oídos, la excitación de la caza acelerando su pulso. Por el rabillo del ojo Draco percibió la roja forma de una bludger y se alzó maldiciendo en casi vertical ascensión, para cruzar su senda con su oponente…y lanzar la pesada bola de hierro tras Krum. Recobrando su curso y de nuevo en busca de la snitch, el rubio aceleró, oteando la última posición y sus cercanías para ser embestido por la otra bludger.
El impacto en las costillas y el brazo derecho fue fuerte y probablemente, solo la posición y las recientemente reforzadas protecciones de la vestimenta de Draco evitaron unos cuantos huesos rotos. Pero de las magulladuras no se libraba. Un latigazo de dolor le hizo apretar la mandíbula. Quizás una fisura…Casi sin aliento por el golpe y completamente desviado de su ruta, en precario equilibrio sobre una escoba semiincontrolada, el rubio se esforzó en recobrar un curso de vuelo normal y afianzarse sobre su montura, mientras Sylvain dejaba marcas en la madera de su asiento, de tanto apretarla. Contemplando con ojos desorbitados la meleé, el caos que en ese momento se había formado en el aire, Sylvain gritó con el resto de público cuando Krum embistió deliberadamente contra la cola de la escoba de Draco, forzándola a una violenta espiral…Como a cámara lenta, Draco que aun no estaba por completo refirmado, saltó sobre el mango de su escoba, describiendo un arco hacia la izquierda y arriba. Por un instante pareció que sus dedos iban a agarrar el pulido mango…y después, muy muy lánguidamente… comenzó a caer.
El mundo se detuvo súbita y bruscamente para Sylvain. ¡Draco no podía caer, no podía estrellarse en el suelo!. La mera idea…era insoportable. El campo disponía de salvaguardas y medidas de seguridad, pero la caída desde esa altura…sería muy dura. Mientras el público saltaba hacia adelante, Sylvain se desilusionó a sí mismo y retrocedió hasta el final de la grada, sin perder de vista a Draco…y saltó al vacío. Con un rugido ensordecedor, Emerald emergió de la nada y pasó en vuelo rasante sobre las cabezas de los espectadores, sus grandes ojos fijos en la figura de Draco. Desconcertados y sorprendidos, algunos jugadores lanzaron hechizos a su paso, provocando una serie de rápidas acrobacias aéreas para esquivar tanto a personas como nocivos destellos de magia.
Draco mantenía la calma, y trataba de estabilizar su caída, adoptando una postura que frenase su descenso. Uno de los otros jugadores podía intentar atraparle, o detenerle con un encantamiento…estaba a mucha altura, demasiada para sobrevivir ileso. Estaba tratando de usar la mano izquierda para alcanzar su varita – su brazo derecho estaba entre dolorido e insensible- mientras localizaba a algún otro jugador que pudiera alcanzarle, para notar con sorpresa que la mayoría de ellos comenzaban a alejarse hacia los lados, cuando escuchó el rugido. Incrédulo, Draco miró por encima de su hombro y vio a Emerald, esquivando magos y rayos…en clara trayectoria de intercepción hacia él, pese a los pequeños desvíos. Sus ojos conectaron y con un asentimiento imperceptible, el rubio giró en el viento, orientándose hacia el furioso dragón verde. Con un nuevo rugido de dolor y una sacudida, Emerald aceleró, maniobrando frenético entre los magos, determinado a ignorar el punzante mordisco de la Cruciatus que había rozado su cadera. Alterando un poco su trayectoria, Emerald ajustó velocidad y rumbo una vez más…y de repente, el impacto del peso de Draco en su cuello le hizo estirar las alas y tratar de mantener el curso más estable posible, mientras Draco peleaba para situarse apropiadamente sobre él. Para ellos fueron largos minutos, pero en realidad no fueron más que unos pocos segundos y el rubio se encontró firmemente instalado en sus hombros. Ignorando el dolor de sus costillas y la sensación de entumecimiento de su brazo, Draco dejó ir la cabeza en una carcajada un tanto desencajada. ¡Estaba volando en un dragón! La adrenalina del juego y la caída no eran nada comparadas con la sensación que estaba experimentando en ese momento.
Un nuevo rayo fue esquivado y Emerald resopló con indignación, dejando ir una nubecilla de humo y ascendiendo, Draco apretando las rodillas instintivamente e inclinándose sobre él. "¿Eran idiotas o qué? ¿Acaso pretendían derribarle mientras llevaba a Draco en su lomo?" Los jugadores y árbitros, los entrenadores y medimagos, corrían frenéticos en el suelo o volaban de un lado a otro, como pollos sin cabeza, sin hacer nada realmente practico. Draco, bien afianzado con las piernas en segura presa en torno al musculoso cuello, recuperó su varita de entre los pliegues de su uniforme y conjuró un escudo defensivo en torno a ellos, solventando en gran parte el problema de los descabellados ataques. De momento, y con su vida fuera de peligro inminente, el rubio se dejó lleva; confiando por sus anteriores experiencias con el inusual dragón, determinado a disfrutar de tan exclusiva e inesperada situación. Emerald aceleró, su vuelo cambiando sutilmente, un profundo gruñido reverberando en su pecho. Draco siguió con ojos entrenados el rumbo de su actual vuelo y se sorprendió de descubrir un destello dorado. Con un nuevo gruñido y una nueva nube de humo, Emerald se inclinó sobre un costado, esquivando un bloqueo de varios jugadores. Un zumbido a la izquierda, un nuevo giro y sordo golpe contra la base de la cola…y una bludger se estrelló contra un poste de gol con un chasquido. Segundos después, con un chirrido metálico, el poste se dobló en un ángulo de casi 45º, la roja bola de hierro incrustada en la zona de impacto. Con una carcajada clara y fácil brotando de entre los labios, Draco se inclinó sobre el cuello escamoso y palmeó suavemente a Emerald, animándole. Con una sutil guía con las rodillas, como si fuese un caballo, Draco trató de llevarle a la dirección deseada. Con un rugido lleno de alegría, el dragón intensificó su velocidad, siempre en férrea persecución y con un exhilarado rubio sobre él; y tras una caza fantástica, en medio del desorden y caos reinante, cerró las mandíbulas con un chasquido sobre la snitch y ascendió en picado para alejarse de los cada vez más frenéticos magos.
Sobrevolando el campo en amplios círculos, Emerald giró el cuello y miró directamente a Draco, sus ojos verdes risueños, la bocaza entreabierta en ese extraño gesto que el rubio había llegado a asociar con una sonrisa. Revoloteando entre las dos afiladas hileras de dientes, la snitch batía furiosamente sus alas. Emerald aproximó más su cabeza a Draco, y como si fuese la cosa más normal del mundo, este estiró la mano izquierda con cuidado, deslizando los enguantados dedos entre las puntas de los dientes, para cerrarlos en torno a la pequeña bola. Emerald abrió las fauces, se enderezó y soltó un rugido de pura alegría, realizando varias piruetas mientras Draco reía como un loco sobre él. Tras un planeo de descenso, Emerald aterrizó aleteando sobre el techo de uno de los palcos, haciendo crujir la estructura y Draco desmontó con cuidado. Emerald le olisqueó cuidadosamente, resoplando en su pecho mientras Draco le acariciaba la escamosa mejilla y con una última mirada, se lanzó hacia el aire, para perderse en dosel verde del bosque.
Mientras la multitud gritaba entre asustada y enfebrecida, los jugadores revoloteaban indecisos sobre el estatus del partido y los jueces se miraban boquiabiertos entre sí, Sylvain aterrizó con una brusca frenada en el tejado, atrayendo con el sonido de sus botas arañando en la pizarra la atención del aun alucinado rubio. Draco, con la snitch agitando sus alas trémulamente entre sus dedos y sonriendo de oreja a oreja, recibió entre sus brazos al agitado y enfebrecido Sylvain que comiéndosele con los ojos murmuró vehemente:
-Nunca, me has oído, nunca vuelvas a hacer eso…
Para besarle por primera vez en público apasionada y espectacularmente, con la total cooperación de Draco, arrancando silbidos y aplausos del público más cercano…y entre flashes de camaras.
Respecto al accidentado partido, y tras una ardua deliberación y reiteradas consulta de las normas, se aplicó una falta de Blatching a Krum, por estrellarse deliberadamente contra Draco. Como no había sido posible aplicar el penalti correspondiente de inmediato y la snitch había sido posteriormente capturada…los árbitros concedieron un tanto más a Inglaterra. Sobre la validez de la captura de la snitch, se llegó al consenso de que Draco no había abandonado los límites del recinto ni empleado magia alguna para convocar al dragón, y ya que la prueba de tacto demostró que el primero en tocar la snitch había sido en realidad Draco, se dio por finalizado el encuentro, con la captura a favor de Inglaterra y con esta la victoria final.
HP&DM
Entre tantas noticias y bullicio en la escuela con los preparativos del mini torneo, a nadie le preocupó que Hermione Weasley, profesora asistente de Encantamientos, no se hubiese reincorporado de nuevo a su puesto de trabajo, tras una supuesta ausencia por enfermedad. Y por supuesto, pasó totalmente desapercibido el despido formal y la denuncia de Minerva McGonagal de la joven ante el Wizengamot dada la extremadamente delicada naturaleza del tema. Tras una cuidadosa vigilancia, los Brujos Golpeadores eligieron presentarse en la Madriguera con la orden de arresto a media mañana del viernes anterior al de la celebración del mini torneo. Momento en que Hermione se encontraba casi sola en la casa, con todos los demás trabajando y Molly realizando labores domésticas. Y la citación para el prácticamente inmediato juicio a puerta cerrada entregada a la boquiabierta – y recién recuperada de un hechizo Aturdidor- matriarca pelirroja.
Con apenas unas horas por delante, todo lo que Molly pudo hacer fue localizar a Ron y a su esposo Arthur e informarles del paradero de la joven. Cuando los aun desconcertados esposo y suegro llegaron a la sala 10 del tribunal, fueron finalmente informados de las acusaciones contra Hermione: subversión de los valores y principios morales fundamentales del Mundo Mágico, sedición e insurrección en contra del orden legal establecido, y alta traición a la Magia. Silenciada y atada por las cadenas a la silla del acusado, Hermione escuchó gritando inproperios sin voz la exposición en que el escribano enumeraba los fundamentos morales y principios legales quebrantados por la joven. Y a continuación se visionó públicamente una copia de la memoria de la Directora sobre la discusión con la joven. Las imágenes fantasmales y semitransparentes emergiendo de la vasija del pensadero. A continuación, un alguacil le administró Veritaserum y fue interrogada sobre los mismos términos: opiniones sobre las variadas opciones de pareja, las diversas identidades de género reconocidas normalmente entre los magos e incluso las de las principales criaturas mágicas que podían hibridar naturalmente con ellos – las veelas de pura raza son todas mujeres, al menos en apariencia – y finalmente sus creencias religiosas.
Las respuestas de Hermione – forzadamente sinceras – fueron su condena. El tribunal sentenció que no podía permitírsele difundir semejantes ideas homófobas y procristianas y que no era apta para ser un miembro reconocido de la sociedad mágica. Su expediente académico, invalidado. Su matrimonio quedaba oficialmente disuelto y su destino final, decidido en breve y murmurado conciábulo por el portavoz, su ex esposo y su ex suegro. Cuando le colocaron un collar de restricción de magia y comportamiento, requisaron su varita y le informaron que quedaba reducida al papel de mera concubina de cría, sin posibilidad de optar nunca a un empleo público, Hermione miró horrorizada a Ron y exclamó:
-¿Por qué?¿Cómo has podido consentirlo?
Mirándola seriamente Ron murmuró:
-¿Hubieras preferido que te desmemorizaran y te devolvieran a tu casa, sin idea alguna de lo que ha sucedido desde que cumpliste 11 años? ¿Tienes idea de lo que eso hubiera hecho con tu mente? Era la única alternativa legal, Mione. Al menos así, aun puedes vivir conmigo. Dentro de unos años podemos apelar y solicitar una revisión de la sentencia.
Arthur cabeceó apesadumbrado, y empujó suavemente la espalda de la estupefacta y llorosa muchacha, una brillante y prometedora bruja, que ya nunca vería cumplido sus dorados sueños. Y aun no le habían dicho que para poder apelar tenía que asistir obligatoriamente a clases de reeducación moral…
