Avanzamos un poquito más! Después de que mi Pc volviera a cargarse ¡otra vez! El archivo. Así no hay manera…
Lucius Malfoy y Narcissa a la carga!
Veo por los RW que la Noche de Walpurgis os gustó. Rebusque como loca rituales para Beltane y Walpurgis…y ahí está el resultado.
Firence y Thor…Me encantan los centauros. De hecho os recomiendo un fic, en el que Severus y Harry son centauros los dos. Colt, de KungFuu. (en ingles)
Los elfos proceden del monte Broquen, macizo de Hart en Alemania, donde según la tradición se celebraba el aquelarre de la noche de Walpurgias. Goethe recoge esta tradición en su poema veelas, vampiros, y hombres lobos, se suman a las festividades. Los aquelarres de Walpurgis eran supuestamente fiestas y celebraciones carnales. Y la manada de centauros extranjeros…si no lo habéis deducido, proceden de algún lugar de Escandinavia… todos menos Thor. Thor es un huérfano, recogido por la manada…y procede de Norteamerica como la raza (Apaloosa) que su parte equina asemeja.
Dejadme RW!
Post data. Tracy Cullen Malfoy me ha planteado un reto:
Una historia de Harry Potter totalmente slash
Totalmente SNARRY
Harry desde su primer año a Slitheryn es decir q el sombrero no hubiera aceptado su negativa
Me rondaba la cabeza algo similar, inicialmente Severitus, pero podría intentarlo. Tengo alguna idea y podría madurarlo.
Ya me diréis que os parece la sugerencia de Tracy.
RITOS DE BELTANE EN MALFOY MANOR
A las 4:05, con margen para llegar antes del amanecer a las 5:30, Daisy, la leal elfina, cumpliendo con sus órdenes, despertó a su amo y a su compañero. Ignorando la desnudez de ambos o el intenso y penetrante olor a sexo y sudor de la habitación. Los elfos de Hogwarts también habían honrado discretamente la mágica fiesta, y muchos elfitos habían sido concebidos esa noche. Al igual que con gran probabilidad en el caso de otros participantes…incluso algunos jóvenes alumnos y alumnas. En esos días se habían identificado y aceptado varias parejas, y nadie podía interferir con ello. Las antiguas leyes sobre rituales de cortejo y peticiones de pareja entre seres mágicos aseguraban la inmunidad a los implicados.
Sylvain besó cariñosamente a Draco, sonrió con delicia ante las tartamudeadas preguntas por su bienestar y posibles lesiones y se sometió de buen grado –por el bien de la paz de espíritu del atribulado semiveela- a una inspección visual, olfativa y manual en el transcurso de un cuidadoso y escrupuloso baño…aunque cuando el rubio estuvo convencido de que su integridad física era perfecta, Sylvain tuvo que mantenerle a raya con la amenaza de llegar tarde a la cita con sus padres. Al menos eso mantuvo la libido de Draco más o menos reprimida, o al menos, contentada con besarle y manosearle sin sentido. Draco estaba de un buen humor casi contagioso, relucía de orgullo por todos los poros, y aunque habían ciertamente tenido una noche agotadora, estaba más que radiantemente hermoso. Finalmente vestidos, tomaron junto con Daisy y su equipaje para el resto de la semana, el traslador personal que les dejaría directamente en las verjas de Malfoy Manor. Hasta que Sylvain no fuese formalmente añadido a las antiguas protecciones familiares, no podían traspasarlas directamente.
Draco tendió una mano sosteniendo la de Sylvain en él hacia las rejas de hierro forjado y con un chirrido, estas se abrieron sumisas ante ellos. A un gesto de su amo, Daisy les apareció a los tres en la escalinata de entrada de la mansión y desapareció de nuevo con un plop, a ocuparse del equipaje. Narcisa, sonriente y vestida en una sencilla túnica de algodón egipcio -similar a las que ellos llevaban- abrió las puertas y abrazó efusivamente a su hijo y tendió con medida cordialidad la mano a Sylvain tras una escueta presentación. El moreno besó cortésmente la mano y retomó su lugar junto a Draco. La voz de Lucius, serena y calmada se dejó oír por el oscuro corredor:
-Narcissa…¿Ha llegado ya Draco? No quisiera que se perdiera la ceremonia, después de tantos preparativos…
La pregunta era innecesaria, Aunque legamente no ostentase el titulo de Lord de la familia, Lucius era el patriarca de esta y las protecciones de la finca le informarían de la presencia de su hijo en ella. Con ojos cautelosos, investigando la apariencia del desconocido que irrumpía en sus vidas, Lucius murmuró, sus pasos arrancando ecos en la callada mansión:
-Veo que por fin llegaste, Draco.
-Como prometí, padre. Este es Ritter Von Sylvain Egmont Henry Fremont, aunque prefiere que le llamen Sylvain.
Los dos hombres intercambiaron un silencioso apretón de manos, evaluando y siendo evaluados y con un carraspeo Narcissa murmuró:
-El amanecer no espera…
En el exterior, dos piras paralelas de leña aguardaban en un lugar despejado, cerca de los huertos y plantaciones de frutales. Todas las chimeneas, hornos, y luces de la casa se habían apagado al amanecer. Volverían a encenderse al ponerse el sol con brasas procedentes de las hogueras rituales. Se situaron bajo un arco enramado y florido, mirando al Este. Como patriarca, Lucius sacó una varita, no la suya, sino una perteneciente a una de sus bisabuelas y que tenía suficiente afinidad como para trabajar con él. Con un potente y silencioso Inflamare, inició el fuego de Beltane con los primeros rayos del sol. Los ganados y animales caseros de Malfoy Manor, mascotas mágicas, conducidos hábilmente por los elfos domésticos, desfilaron por entre las llamas. Incluso los raros pavos reales albinos. Los mejores caballos sementales y los verracos lucían collares de genista, los toros destinados a la cría o los carneros padres, llevaban los cuernos enramados. Y los elfos - completamente desnudos- llevaban flores prendidas detrás de las orejas. Un par de terneros, unos corderos y dos potrillos recién nacidos fueron separados tras el paso del fuego con sus madres. Y finalmente, pasaron los humanos, primero Lucius, dando la mano a su esposa, y de igual modo, Draco y Sylvain. Los elfos se arremolinaron en ordenadas filas ante sus amos, y cada uno recibió una toalla, un paño de cocina o un mantelito para hacer su nuevo uniforme. Daisy se deshizo en reverencias cuando su amo le entregó una toalla de lavabo de hilo, bordada con sus iniciales y con festón de ganchillo y se apresuró a enrollársela.
Tras el reparto de uniformes, los animales nacidos ese día, fueron cuidadosamente examinados, marcados y adornados con cintas doradas. Todos tenían un año de gracia. Si al llegar el próximo Beltane demostraban tener potencial, serian destinados permanentemente a la cría. Un par de orgullosas mamá elfinas presentaron a sus pequeños recién nacidos, y les fueron dados nombres: Rosebud y Thyme.
Después de eso, los elfos prepararon sobre el fuego recién encendido en grandes calderos de hierro unas muy liquidas gachas de avena, leche, mantequilla y huevo, casi un ponche, con un chorrito de vino dulce añejo, y las presentaron a sus amos, mientras otros terminaban unas sencillas tortas de avena. Con un cucharon, Lucius vertió parte de la caliente papilla en el suelo, hacia los cuatro puntos cardinales y haciendo invocaciones rituales para proteger sus ganados y cosechas. Con la ayuda de su esposa, su hijo y su invitado, repartieron manualmente gran parte de la mezcla entre los comederos dispuestos para los animales. Sirviéndoles en pequeños y sencillos tazones de madera, los elfos recibieron también cada uno una ración, y finalmente, Lucius entregó personalmente a cada persona un tazón. Todos tomaron de la bandeja a su ofrecimiento una de las tortitas de avena, sencillamente salpicadas de canela, y los elfos se sirvieron igualmente, las orejas trémulas de emoción. Compartieron la sencilla comida y la reconfortante bebida fortificada, mientras los animales despachaban su parte, mezclada con sus raciones habituales.
Tras el ligero desayuno, la familia prosiguió con los rituales, dejando a los elfos encargados de atender a los animales y devolverlos a sus corrales y establos. Y preparar las restantes comidas del día en las hogueras, ya que todos los fuegos estaban apagados. Se encaminaron hacia una noria de agua, y accionándola usando sus propios brazos, sacaron agua. Parte del agua fue usada para hacer abluciones rituales, otra fue embotellada. Dejaron como ofrendas tortas de avena y cintas doradas prendidas en los arbustos y árboles cercanos a la noria, y se encaminaron hacia el perímetro de la finca. Podían simplemente haber aparecido en los cuatro puntos cardinales, pero eso les hubiera privado de un precioso tiempo para observar al desconocido.
Lucius tenía más que curiosidad. Recelaba de la súbita relación, de cómo un total extraño había irrumpido en la vida de su hijo, y se había instalado tan confortablemente en ella. Draco no era un santo, y Lucius lo sabía, pero sus escandalosos devaneos rara vez duraban más de un par de noches…y jamás, jamás había traído antes a un…amante a casa. Era algo que no había esperado. Las cartas intercambiadas con su madre mostraban veladamente que la relación era algo diferente, más intensa. Y había dejado atrás por completo sus reiteradas conquistas. No es que le disgustase que su hijo madurase y se centrase…pero Draco actuaba de manera… atípica; y Lucius observó calladamente, tratando de entender, muy preocupado y evaluando la necesidad de convencer a Draco de someterse a una discreta revisión…en busca de hechizos o pociones que pudieran estar afectando a su comportamiento.
La escasa conversación, sostenida sobre todo por Narcissa, se mantuvo ligera y amigable, pero con cierto fundamento, y Lucius se sorprendió de escuchar algunas de las opiniones sobre política o educación del joven. Ciertamente, no parecía ser el arquetípico purasangre, pero tampoco promuggle o antimagia tradicional. El relato de los dos sobre las festividades previas a Beltane y la celebración de la primera noche de Walpurgis en siglos dentro del recinto de Hogwarts hizo brotar alguna que otra sonrisa involuntaria en los dos adultos…¡Ah, que tiempos!. Pero aun así, la espinita de la duda seguía clavada en el costado del patriarca, insidiosa y supurando, removiendose en su herida…Sylvain había aparecido literalmente de la nada. Sobre el papel, sus credenciales académicas eran impecables. Excelentes notas de graduación en Beauxbatons, doble cualificación en Drumstang, estudios independientes adicionales…Y por lo que se deducía de las cartas de Draco y de retazos de sus conversaciones, realmente el joven sabía lo que se hacía con una varita en las manos.
Pero el resto de su vida era un enigma. Y un enigma que había resistido todo intento de desenredarlo. Las discretas averiguaciones de Lucius solo habían encontrado callejones ciegos, y apenas unas migajas de información. Huérfano casi con toda seguridad, de padres desconocidos. Parte vampiro, pero de extraña apariencia. Nombre muggle adjudicado por las monjas. Renombrado por su tutora y fallecida benefactora vampiresa. Ni siquiera sabía a ciencia cierta que poder económico tenía. Los regalos que Draco había recibido…bien, ¡Las prendas de piel de dragón eran de un valor casi incalculable! Pero aun así…su nombre no figuraba en ningún círculo de grandes fortunas, ni como accionista de negocios o empresas de renombre. Nadie había oído hablar de él. Y sus indagaciones en Gringotts tampoco habían dado resultado. Los duendes habían rehusado informarle en absoluto sobre las inversiones, negocios o bóvedas de dinero a su nombre. Lucius no sabía que pensar. Tal vez, después de todo, era un cazafortunas.
Draco relucía de contento, y sus ojos tenían una vivacidad que no recordaba ver en ellos desde que era un niño, pero si todo era falso…No habría manera de recomponer jamás los pedazos de su corazón. No otra vez. Los acerados ojos siguieron el gesto del moreno al recogerse descuidadamente los largos tirabuzones de cabello negro con un trozo de cinta y su ceño se frunció. Eso que veía en su cuello…¡No podía ser!… Acercándose con rapidez y tirando con brusquedad de la túnica Lucius dilató los ojos y entreabrió la boca, dividido entre la ira y el terror. Ante la duda, se impuso la primera y mientras un muy desconcertado Sylvain trataba de deshacerse de la presa de Lucius en sus ropas, este se giró lívido hacia su hijo y gritó, los puños apretados y tirando de él:
-¡Que has hecho!¿Le has marcado?! ¡Idiota! ¡Te has puesto tu mismo la soga en el cuello!
El moreno se liberó finalmente, dejando entre los blancos dedos de Lucius un jirón de su ropa. Narcissa ojeó sin tapujos ni remilgos los arañazos, diversos morados y huellas de mordiscos ahora más visibles que adornaban el cuello de Sylvain, y sus ojos parpadearon al descubrir que una de ellas tenía un indiscutible color plateado. ¿Cómo era eso posible? Draco se irguió, sus ojos color plata entrecerrándose y se desplazó para situarse sutilmente entre su padre y Sylvain. El moreno se tensó, su olor y aura cambiaron sutilmente en torno a él, volviéndose defensiva, pero aunque listo para un ataque, permaneció calmado de momento. Lucius arremetió sin pensarlo contra su hijo, y plantándose frente a él masculló furibundo:
-¿Y ahora que Draco?¿Acaso piensas casarte con él?
Con un leve rubor subiendo a sus mejillas pálidas, y desviando por una centésima de segundo la mirada hacia Sylvain, Draco murmuró:
-Había pensado en un compromiso antes, pero…si. Casarnos, esa es la idea, padre.
-¡Draco! ¿Eres estúpido o qué?! ¡No ves que esa era su intención!
Bramó el frustrado y furioso hombre a su hijo. Sylvain se había mantenido en discreto y callado segundo plano, pero las palabras de Lucius estaban hiriendo profundamente, mucho más profundamente de lo que dejaba ver a Draco. Y eso no podía consentirlo. Con un sordo bufido de advertencia, el ceño fruncido, Sylvain gruñó sordamente:
-¡Basta! ¡Basta ya!
Sus alas emergieron lentamente – las últimas lecciones con veelas y elfos revelaron una nueva y útil capacidad: dejar aparecer solo sus alas – desgarrando al estirarse el algodón de su túnica con una serie de ominosos chasquidos, hasta desplegarse amenazadoramente en un verde abanico recubierto de deslumbrantes escamas detrás de él.
-Le está haciendo daño, Sr. Malfoy…Y eso no pienso consentírselo ni a Ud. ni a nadie.
Con los ojos casi desorbitados, Lucius retrocedió instintivamente un paso; Narcissa mirando a unos y otros, dividida entre la automática defensa de su pareja…y la de su hijo. Pero al parecer…de defender a Draco ya se estaba ocupando alguien…y una semisonrisa flotó en los labios de la dama, que finalmente y tras dar un último vistazo a su hijo y la peligrosa pero hermosa criatura que le respaldaba, se relajó casi completamente. Sus instintos veela no podían encontrar nada extraño entre ambos…aunque no tuviese ide de qué era. Draco parecía calmado, y recobrando la momentáneamente perdida compostura e ignorando de momento la nada sutil amenaza en forma de continuo pero casi inaudible gruñido, Lucius insistió:
-Draco, no ves que todo esto es…sospechosamente precipitado? Apenas le conoces desde hace unos meses…
Con un pequeño suspiro e intercambiado una mirada con Sylvain, que asintió casi imperceptiblemente, Draco miró con determinación a su madre y después a su padre y murmuró:
-Te aseguro padre, que nada más lejos de la verdad. Sylvain se opuso con uñas y dientes a dejarme entrar en su vida, y solo mi tenaz insistencia…
-…no olvides tus amenazas de chantaje, Draco…
Murmuró en voz muy baja el moreno, que se ganó una mirada fulminante del rubio, que se convirtió en una torcida sonrisa ante la ceja levemente alzada de este.
-…como iba diciendo, solo mi natural tenacidad…
-…pura y dura testarudez…
Susurró Sylvain, ganándose un leve codazo. Frunciendo el ceño levemente, Draco miró de reojo al moreno y masculló en un susurró entre irritado y divertido:
-¿Quieres dejar de interrumpirme de una vez?
Con una sonrisa y conseguido el objetivo de distraer y mejorar el humor de Draco, Sylvain cruzó los brazos ante el poderoso pecho e inclinó levemente la cabeza. Narcisa estaba boquiabierta ante toda la irreal situación, y Lucius…descolocado por completo ante la interacción. Con un refunfuño, Draco dedicó una última mirada a Sylvain y prosiguió:
-Como iba diciendo antes de la ruda interrupción, me valí de todos los medios a mi alcance para llamar su atención y conseguir un hueco en su vida. Sylvain siempre me ha dado todas las oportunidades para elegir ignorarle, dejarle o incluso, hacer de él un mero amante. Un compañero de cama sin más. Pero eso no era suficiente para mí. Te parecerá extraño, pero hasta hace unas horas…Sylvain era virgen. Y elegí no solo tomarle, sino marcarle como mío, deliberada y conscientemente, porque eso es lo que deseo. No necesito a nadie más, porque le quiero solamente a él, padre.
Draco se reclinó contra un a ojos vistas sonrojado Sylvain y los brazos de este se ajustaron automáticamente para reposar en su cintura, las alas curvándose y cerrándose ligeramente, como una capa protectora en torno a ambos. Pese a que la inesperada confesión de Draco le colocaba en una muy incómoda situación ante unos padres ciertamente hostiles, también decía mucho de su propia naturaleza y carácter. Haber esperado a su verdadera pareja era una cosa de que enorgullecerse. Pese al rubor, el moreno no apartó la vigilante mirada de Lucius, notando que Narcisa estaba más asombrada que otra cosa. Con una sonrisa y murmurando suavemente, Draco añadió:
-Había planeado hacerlo de otro modo más romántico, en la cena de esta noche, y sin discusiones de por medio, pero supongo que tendré que conformarme con esto.
Y sacando un pequeño estuche de su bolsillo, se giró y añadió poniéndolo en la mano del otro:
- ¿Quieres casarte conmigo, Sylvain?
Sin palabras, e ignorando las miradas de airada incredulidad de Lucius y las de regocijo de Narcissa, el moreno murmuró suavemente:
-No tienes porque hacerlo Draco…No necesito nada de esto…
-Pero es mi deseo Sylvain. Quiero que todo el mundo sepa que eres mío, para siempre.
Esas eran las únicas palabras que Sylvain necesitaba, y esbozando una sonrisa, el moreno abrió el estuche y contempló largamente el anillo antes de susurrar enronquecido:
-¿No piensas ponérmelo?
Sacando del estuche el intrincadamente labrado sello de platino con una espléndida piedra de ágata verde tallada en forma de dragón heráldico rampante, con una pequeña esmeralda incrustada a modo de ojo, Draco murmuró:
-Tomaré eso como un sí, prometido mío.
Y deslizó el anillo en el anular de la mano derecha de Sylvain y le atrajo a un suave beso.
Draco se giró a su sonriente madre y murmuró:
-Me hacía mucha ilusión comprometernos en Beltane, y me gustaría celebrar la boda el próximo año, madre. Si es posible, claro…
Asintiendo, y con un susurro pensativo, Narcisa murmuró, mirando con franca curiosidad al moreno:
-Pareces tremendamente protector hacia Draco…
-Lo soy.
Admitió este sin tapujos. No le importaba lo más mínimo y podía oler que Narcissa era mucho más receptiva hacia él que su esposo. Dedicando una última y dura mirada de advertencia a este, Sylvain replegó detrás de él sus alas, y enredó confortablemente su mano en la de Draco, en un gesto a la vez posesivo y de callado apoyo. Lucius apretó la mandíbula, entrecerrando levemente los acerados ojos y murmuró aun contemplando las plegadas alas:
-Y Ud…¿Exactamente qué es?
-¡Lucius! –Exclamó sorprendida Narcisa- Esa es una pregunta tremendamente indiscreta, además de maleducada.
Con una sonrisa conciliadora, la dama murmuró:
-Disculpe a mi esposo, Sylvain. Todo esto ha sido un shock para él…y nunca le han gustado las sorpresas.
Mirando con ojos cautelosos a su padre, que continuaba murmurando entre dientes que tenía todo el derecho a saber, Draco añadió:
-Yo soy el único con derecho a hacer esa pregunta, padre. Y antes de que preguntes, sí, lo sé. No hay secretos entre Sylvain y yo. Pero no pienso contártelo.
Con un suspiro, el moreno murmuró conciliador:
-Eventualmente tendrán que saberlo, Draco. Sería muy incomodo para mí en caso contrario.
Apretando la mano de Sylvain en la suya y acariciando suavemente su mejilla, el rubio semiveela le miró y susurró, ignorando a sus padres:
-Lo sé. Pero no hasta que se hayan ganado el derecho a saberlo, Sylvain. Ni un segundo antes.
Asintiendo y volviendo la mirada hacia los desconcertados padres, Sylvain musitó gravemente:
-Se que ha estado haciendo averiguaciones sobre mi patrimonio y fortuna, Lucius.
El hombre tan solo apretó levemente los labios, sin decir nada y aguantó la verde y penetrante mirada del joven. -¡Pues claro que las había hecho! ¡Era su obligación!- Con voz calmada y apretando la mano de Draco, conteniendo la respuesta de este, el moreno murmuró:
-¿Sería suficiente para calmar sus ansiedades saber que soy el nuevo proveedor de alta seguridad de Gringotts? ¿A nivel mundial?
Los ojos de Lucius se dilataron y su boca se entreabrió de asombro. Los duendes habían reformado y reforzado la seguridad de todas sus sucursales después de la guerra, y ofertado poco a poco un nuevo servicio de bóvedas de seguridad especial para sus clientes más selectos. Lucius había consultado las condiciones y tasas, y solicitado el implemento de nuevas medidas de seguridad para las cámaras familiares. El Ministerio no iba a poner su codiciosa mano en un solo knut. Draco tan solo esbozó un gesto con la comisura izquierda, apenas perceptible, pero que fue suficiente para que Lucius supiera que su hijo estaba al tanto de ello. Pero aun recelando, Lucius masculló tensamente:
-¿Y cómo puedo saber que eso es cierto? Los duendes no van a darme el nombre…
Con un suspiro de resignación, Sylvain murmuró:
-Supongo que podríamos hacer una pequeña visita a Gringotts…Creo que las condiciones de su sentencia le permiten personarse en el Ministerio o el banco, previa citación y con una escolta de aurores…
Lucius alzó una ceja – las condiciones de su prisión domiciliaria no eran de dominio público, tampoco estrictamente secretas, pero acceder a ellas requería…un esfuerzo deliberado – y murmuró, asintiendo:
-Sería posible…¿Entiendo que se encargará de hacer que me citen?
Sylvain asintió de nuevo y Lucius añadió:
-Espero que deduzca que solo trato de proteger a mi único hijo…
Sylvain aceptó que era lo más cercano a una disculpa que iba a recibir del altivo hombre y finalmente, tras una breve y casi imperceptible inclinación de cabeza; hizo desaparecer sus alas y reparó los desgarros de su túnica. El resto del recorrido no planteó más incidentes, y de regreso a los fuegos rituales de Beltane, los elfos les agasajaron con tortas de pan caliente, huevos duros, ensalada de espinacas con piñones y tiras de bacón, miel, mostaza, salsas y especias, y una selección de vinos y cervezas de elaboración propia, además de agua fresca. Consumido el refrigerio, los Malfoy continuaron examinando el intrigante espécimen que era Sylvain, mientras su joven invitado escribía una breve carta, que dejó en manos de su elfina personal. Y continuaron el paseo, mostrándole los jardines, establos y huertos.
Poco antes de la hora de la cena, una lechuza les entregó una carta oficialmente sellada de Gringotts, requiriendo la presencia de Lucius para verificar su derecho a un legado e informando que su preceptiva escolta de Aurores le aguardaría directamente en el banco y que la carta actuaría como traslador, activándose a la hora prefijada. Si Lucius no hubiese sabido de qué se trataba realmente…la carta era exactamente el tipo de asunto que requería forzosamente su presencia. Tras cenar un delicioso cerdo asado a fuego lento durante todo el día en un espetón sobre la hoguera, relleno de batatas, especias y bañado en zumo de naranja, vino y sus propios jugos, acompañado de calabaza asada y varias clases de pan, contemplaron tomando una copa de licor - cerveza de mantequilla para Sylvain – la puesta de sol. Con brasas y ascuas sacadas con tenazas de la hoguera y depositadas en una caldera de hierro, Lucius fue recorriendo la mansión y reencendiendo de nuevo todos los fuegos, ayudado por Narcissa. Y se retiraron a descansar. Había sido un largo y ajetreado día…
