Regreso de nuevo! Espero que os gusten mis planes de verano.
Aclaración: frases cursiva Parseltonge. Frases cursiva subrayado rugidos.
Draco y Sylvain se entienden el uno al otro siempre, gracias a que son pareja en cuerpo y alma. Verdadera pareja.
Advertencia. Escena de sexo entre dos animagos. Si no os gusta, no la leáis.
VERANO AZUL.
El último, ajetreado y apresurado trimestre se había acabado finalmente. Gracias a la buena planificación que Sylvain había realizado antes del inicio del curso y sus detalladas fichas –Draco aun estaba agradeciéndole profusamente el trabajo- reajustar la programación para el año siguiente fue sumamente fácil. En un par de tardes ambos jóvenes tuvieron listos los nuevos programas para el curso. Sylvain propuso usar un nuevo libro de texto para Cultura Comparada, Manières Pointilleux pour Sorcières Modernes, de Melifua Esquis o mejor dicho, la traducción del original al inglés: Modales Melindrosos para el Mago Moderno, un texto que él había encontrado de gran ayuda en Beauxbatons. Y Draco recomendó para los cursos superiores de defensa el poco conocido tratado de su tataratío Cignus Black, Varita y Espada. Un buen recopilatorio de maldiciones, contra maldiciones, y técnicas de combate tanto mágicas como de esgrima y lucha cuerpo a cuerpo.
Así que cuando los alumnos dejaron la escuela el 30 de junio, los jóvenes tenían listas las maletas y resueltos los temas académicos hasta que tuvieran que volver a incorporarse en la última semana de agosto. Las vacaciones llegaban como una bocanada de aire fresco, y pese a que gran parte de ellas las pasarían en Malfoy Manor para no dejar solos a Lucius y Narcissa, Draco ya había previsto y organizado una escapada de 9 días para ellos solos en la costa de Grecia para finales de julio y una excursión de poco más de fin de semana a Drumstrang para finales de agosto. Eso sin contar con que Narcisa ya había mandado las invitaciones para su fiesta formal de compromiso y celebración de Lugnasad, el 1 de agosto.
Los bosques que rodeaban la mansión no eran tan densos ni sus árboles tan viejos como los del Bosque Prohibido. Y bajo sus frondas no se encontraba una caza tan variada o abundante. Pero los corzos, ciervos y gamos eran suficientes para satisfacer el instinto de Sylvain, y Lucius prometió reintroducir para su disfrute una piara de jabalís, pero solo después de proteger escrupulosamente jardines, y sembrados con nuevas defensas. Los cérvidos tenían libre acceso a pastar en las huertas de frutales, e inclusive se les permitía aprovechar la fruta caída, pero Lucius no estaba dispuesto a tolerar jabalís hozando alegremente bajo sus árboles.
Sylvain se esforzó por adaptarse con rapidez a la nueva ubicación. Por un lado, podía disfrutar de los terrenos libremente con Draco en cualquiera de sus formas, pero por otro…Una molesta inquietud le rondaba la mente, una y otra vez. Su huevo estaba seguro desde unos días antes de su partida en un baúl especialmente acondicionado para ello –expandido interiormente para acomodar aunque apretadamente el tamaño de cualquiera de sus formas y con un pequeño nido de su lana de roca favorita- pero esa angustia insidiosa le hacía chequear una y otra vez, a veces despertándole en mitad de la noche con la ineludible necesidad de comprobar que todo estaba bien. Tras despertarse por tercera vez en la misma madrugada, la urgencia de hacer "ALGO" firmemente plantada en su subconsciente, Sylvain se rindió. Evidentemente, necesitaba disponer de un nido permanente en Malfoy Manor o sus instintos no le iban a dejar ni siquiera dormir. Desenredándose de los restos de la ropa de cama – la ausencia de horarios estrictos era muy buena para la libido al parecer – Sylvain se cubrió descuidadamente con unos vaqueros y una camiseta y se escurrió fuera de su habitación.
Sus pies descalzos le llevaron hacia las cocinas y después de recibir las alborozadas salutaciones de un pequeño ejército de elfos –acompañadas de leche y galletas- Sylvain se internó en la parte subterránea de la mansión. Los cuarteles de los elfos, la lavandería, las diversas despensas y silenciosas bodegas excavadas en roca y reforzadas con enormes pilares entre los cimientos de la mansión fueron inspeccionados con ojos críticos. Pero ninguno de aquellos lugares terminaba de encajar del todo. Suspirando, el moreno cerró los ojos y descendió aun más, hacia las mazmorras, forradas de granito o burdas losas de pizarra. Los túneles de volvieron oscuros y limosos, las piedras rezumando gotitas de humedad. Hileras de celdas, amplias cámaras de uso dudoso y simples grutas excavadas en la tierra se desplegaron ante él. Incluso un enorme depósito subterráneo de agua. Indudablemente, aquel lugar estaba más que protegido y escondido y solo su sentido de la orientación y su olfato le sacarían de aquel laberinto. Pero tampoco encontró lo que buscaba.
Continuó caminado por la aparentemente interminable red de túneles, hasta que su olfato captó un tenue olor…un soplo de aire más fresco. Siguiendo su nariz, Sylvain se encontró pronto ascendiendo de nuevo, por una serie de túneles de aspecto mucho más viejo, e imbuidos de poderosas protecciones. Finalmente, a lo lejos, divisó un diminuto rayo de luz. Estaba ante lo que parecía un corredor ciego, y sin embargo, la luz, y lo que era más importante, el aire, se filtraban desde algún sitio tras un enorme bloque de vidrio volcánico. Muy sutilmente, y probablemente nadie lo hubiese notado, atribuyendo cualquier luminosidad al reflejo de la luz sobre la perfectamente bruñida piedra negra. Apoyando las manos en el, Sylvain trató de sentir las protecciones y como respondiendo a su deseo, la pulida losa de obsidiana se dividió en dos gigantescos espejos negros parcialmente traslucidos que giraron silenciosamente sobre invisibles goznes. Asomándose con precaución, la quimera entró en un espacio mucho más amplio. Una especie de…cuadra subterránea, labrada en la suave y casi blanca roca caliza que era propia de la zona, sin ningún tipo de recubrimiento. En una pared se podían ver oxidadas talanqueras, pesebres y abrevaderos rústicamente tallados en la piedra. El agua fluía gota a gota de un tubo de bronce y rebosaba casi sin ruido para perderse entre los poros del suelo. En la otra, huecos de lo que podía haber sido alguna clase de camastro. Alacenas con vasijas, platos y copas de madera… y unas cuantas armaduras, escudos, espadas, arcos y ballestas y otras armas de aspecto amenazante. Un pozo ascendía en inclinado ángulo desde el extremo más alejado de la cueva, un pozo capaz de permitir el paso de un caballo con su jinete, o el de Emerald. Un ingenioso sistema de espejos de la misma piedra de obsidiana reflejaba la luz exterior hasta el fondo. Muchos escalones después, Sylvain se encontró saliendo a un pequeño desfiladero, una grieta del terreno capaz de ocultar de la vista el movimiento en la boca del pozo. El túnel pasaba bajo lo que parecía una bodega y un lagar de sidra abandonado, con su viejo y añoso molino. Un ramal de escaleras agónicamente estrecho y sinuoso, embebido dentro de los gruesos muros de piedra, ascendía hasta la cima de este, proporcionando una excelente vista de los terrenos circundantes. Una atalaya muy bien situada y disimulada. Un potente hechizo ocultaba la entrada al lugar y otros se encargaban de mantener alejados a bestias y roedores, incluso había una barrera especifica repeledora de muggles. Sylvain supo donde se encontraba. Una vía de escape, una ruta segura de huida en caso de asalto a los habitantes de la mansión. Indudablemente, muy antigua. Sonriendo, el moreno pensó que era casi perfecta.
Sylvain se deshizo de todas las armas y armaduras, enviándolas con un limpio hechizo a uno de los cuartos de almacenamiento que había visitando antes, y transformándose en Emerald, emprendió una nueva y definitiva inspección. Los túneles estaban bien, decidió tras un par de llamaradas para erradicar residuos de olores no deseados, así que se centró en la cueva. Y tras un par de vueltas y cuidadosos estiramientos de alas y cola en múltiples posiciones, comenzó a excavar. Garras arañando la roca, cola y patas apartando los escombros con férrea determinación.
Daisy se retorció las manos y cuchicheó urgentemente con Fossy, el elfo personal de Lucius, que insistía en avisar a su amo de la incursión de Sylvain en los antiguos túneles subterráneos. A regañadientes, Fossy fue persuadido de aguardar –era de madrugada- y los dos siguieron invisibles y silenciosos la exploración del moreno. Pero cuando Sylvain comenzó a excavar, los ojos saltones de Fossy casi se salen de sus órbitas, y muy agitado, el elfo desapareció en busca de su amo. Lucius se sentó de repente en la cama, contemplando el motivo de haberse despertado, y aun estaba dilucidando lo que las antiguas barreras de sangre trataban de decirle cuando Fossy se materializó a su lado, saltando sobre sus pies y retorciéndose las orejas. Deslizándose fuera de la cama y llamando a él una túnica para cubrirse, Lucius caminó hacia la antesala de su dormitorio y cerró con cuidado para no despertar a Narcissa. Las apresuradas explicaciones del elfo aclararon la sensación de inquietud que las protecciones hacían resonar en el fondo de su cabeza, y con un suspiro Lucius se vistió para ir en busca de su hijo y su yerno.
Draco despertó -solo y atontado en una cama fría- y con un gruñido, miró hacia el baúl, sin ver a Sylvain. Los golpes en su puerta se volvieron más insistentes, así que Draco - ignorando de momento la ausencia de su pareja- cogió sus varitas y tirando de un pedazo de sábana, abrió malhumorado. Su padre, ojeroso, despeinado pero vestido murmuró:
-Sylvain está en los subterráneos, y las barreras me están dando dolor de cabeza. ¿Sabes qué demonios está haciendo ahí a estas horas de la noche? ¡Excavando!
La somnolencia abandonó al rubio en un instante y con un gesto y un agitar de varita, estuvo por completo vestido. Lucius alzó una ceja y añadió:
-Parece que no te sorprende mucho…tal vez tú si le ves algún sentido a esto…
Draco asintió y murmuró:
-Sylvain ha estado muy inquieto desde que iniciamos los preparativos para trasladarnos…en Hogwarts tiene una cueva…un lugar que sus instintos encuentran confortante y seguro…
Lucius rezongó pero no dijo nada –Narcissa le había hecho construir una laguna artificial en un terreno por naturaleza muy poroso para poder "relajarse" en su forma de cisne- y tendió la mano a Fossy. Con un suave plop, el elfo les llevo a ambos al corredor de acceso a la vieja ruta de escape. El elfo les dejó en medio de un oscuro y lóbrego pasadizo, y Draco alzó una mano llena de llamas para iluminarse. Era mucho mejor que un Lumus. Daisy se retorcía las orejas nerviosamente y señaló el casi oculto quiebro que daba acceso a un nuevo ramal del túnel. Lucius notó las sutiles y nuevas adicciones a las protecciones embebidas por siglos en las viejas piedras, haciendo aun más difícil percatarse de la existencia del aparentemente secundario ramal… Y Draco comprobó que solo él podría avanzar ahora por ese corredor…
-Padre, Sylvain ha limitado el acceso a partir de este punto…puedo intentar convencerle de volver a restablecerlo pero…
Lucius se encogió de hombros y murmuró:
-Inténtalo, pero no le presiones. Esta no es la única salida de escape. Podemos permitirnos prescindir de ella si es necesario. Ve a verle mientras bloqueo temporalmente las alarmas en esta zona…las pociones para el dolor de cabeza no pueden remediar esto.
Draco asintió y se adentró en el pasadizo, notando de inmediato el residuo de olor a humo…Emerald había estado… limpiando. Y cuando traspasó la puerta de obsidiana, el sonido de desagradables chirridos –garras contra piedra- y una nubecilla de polvo le recibieron. Emerald estaba atacando con fervorosa saña el piso de la vieja zona de refugio, sus garras delanteras rascando esquirlas de caliza que volaban en todas direcciones. Las patas y la cola trabajando para removerlas y alejarlas de la zona. Alzando la mirada un momento, y con un suave rugido-siseo de bienvenida, Emerald se concentró de nuevo en su tarea excavatoria. La longitud de la zona, más larga que ancha, era apropiada para permitirle moverse sin sentirse apresada. Pero la anchura era un poco justa, y el techo demasiado bajo para poder batir las alas con comodidad o alzarse sobre las patas sin chocar con él. Como trabajar en la bóveda arqueada era mucho más difícil y complicado, el suelo estaba recibiendo la fuerza de sus ataques…y ya mostraba una oquedad de forma más o menos elíptica de unos 30 cm de profundidad.
Draco contempló el proceso unos momentos antes de avanzar un par de pasos y preguntar suavemente:
-¿No sería más rápido y fácil usar la magia?
Emerald alzó la cabeza y le miró sin dejar de trabajar, soltando una nubecilla de humo en muestra de irritación.
-No. Ha de hacerse como ha de hacerse.
Emerald continuó excavando ante la mirada desconcertada de Draco y murmuró:
-Ya sé que esto es…un tanto absurdo…pero no puedo evitarlo. Es parte de lo que soy…este es ahora mi territorio también…y necesito esto Draco, necesito tener mi nido…
-No necesitas justificarte, Sylvain. Solo dime si puedo ayudar en algo.
Emerald alzó la cabeza con una amplia hilera de dientes a la vista, los ojos iluminados y siseó:
-¡Eres muy amable Draco! ¿Podrías encargarte de pedir urgentemente media tonelada de lana de roca de Hawai? Dighorn debe de tener la referencia del proveedor muggle que me la facilitó…
Draco asintió y tras una breve observación más, visto que hasta que la remodelación no estuviese completada probablemente Sylvain no estaría tranquilo, se encaminó a los túneles para abandonar el futuro nido. Estaba alcanzando la losa de obsidiana cuando el siseo de Emerald añadió por encima de los chirridos de la roca:
-Y ya que no hay jabalís… un venado fresco para desayunar no estaría mal tampoco…
DH&HP
Ya que la forzada privación de jabalís pesaba tan fuertemente en la conciencia de Draco – eran la presa favorita de Sylvain en Hogwarts, o mejor dicho de Emerald –el rubio semiveela decidió que más valía no tentar a la suerte. Después de mandar a un elfo con una carta urgente a Gringotts solicitando la dichosa lana de roca; bajo la forma de Ópalo, había salido y cazado un gamo. Que no era un venado. Así que sobrevolando silencioso los bosques, se aprestó a buscar el requerido menú de desayuno. Antes de encontrar lo que buscaba, Ópalo abatió un pequeño corzo, y finalmente el esquivo venado. Transportando en sus fauces las dos presas más pequeñas y regresando finalmente por el bastante más pesado macho de ciervo, Ópalo aterrizó en el desfiladero que ocultaba la salida y rugió audiblemente. Un suave bramido después, unos minutos de espera y Emerald surgió de la oquedad escondida, olfateando y mirando a todos lados, recelosa. Confirmado que el lugar era seguro, la dragona avanzó sacudiendo la cabeza y las alas, sus escamas cubiertas de fino polvo. Ópalo tenía las tres presas tendidas entre sus zarpas delanteras y Emerald inclinó el largo cuello olfateando desde cierta distancia con interés mientras el grifo sacudía arrogantemente la espesa melena color marfil:
-¿Todo es para mí?
Ópalo asintió suavemente, rezongando ante el tono de incredulidad y admiración de su pareja, hinchando el pecho con orgullo y empujó un poco con el morro las piezas aun tibias. Emerald se agachó y avanzó lentamente, casi pegada al suelo, en un gesto destinado a calmar a un macho agresivo y reafirmar la posición de la dragona como su pareja, no un potencial competidor, relajando los ánimos en torno a la comida. Cuando estuvo cerca, le dio un suave topetazo en la mandíbula, un toque cariñoso con el morro y resopló, impregnándose de los olores que emanaban de su pareja. Ninguna herida, ni olores extraños…la dragona se acuclilló muy cerca de las zarpas del impresionante grifo y este desplegó parcialmente las alas. Emerald le olisqueó por todos lados un poco más, y gruñó suavemente, un sordo ronroneo de complacencia cuando el grifo deslizó su lengua rasposa por su nuca un par de veces y se retiró un poco de la comida.
- ¡Mmhh! Que magnífico desayuno variado… Me mimas demasiado. (N.A. 200kg de venado, 80 de gamo y 20 de corzo) Uhm...desde Beauxbatons no había vuelto a comer corzo…aunque son un sabroso y buen aperitivo. Creo que lo dejaré para luego.
Seccionando las cabezas con sus garras y apartándolas a un lado de un mordisco, Emerald lamió la sangre tibia por un rato y finalmente, lanzó sus llamas. Churruscando la piel hasta deshacerse de todo el pelo y hasta alcanzar el punto preciso de cocción. Muy muy sangrante, pero ligeramente cocinado. Con un gran mordisco, y haciendo palanca con sus garras, Emerald arrancó una pata del venado y la ofreció gentilmente a su atento compañero:
-Muchísimas gracias. ¿Desayunas conmigo? Has traído demasiado…
Ópalo tomó la comida y mordisqueó suavemente. Todavía no estaba acostumbrado a comer en su forma animal, pero ciertamente, el punto semicocinado era más apetecible que la carne totalmente cruda…Emerald hundió las fauces en la carcasa y comenzó a comer, arrancando trozos del tamaño adecuados, que se tragaba enteros vorazmente. No eran precisamente los mejores modales… Pese a que aparentemente y según sus protestas era demasiada comida…el ciervo y el gamo desaparecieron poco a poco y casi por entero en el estómago de Emerald, con solo una pata de venado y una paletilla de gamo para Ópalo. Ronroneando satisfecha y con la panza bien llena, Emerald frotó su cabeza con la peluda mejilla de Ópalo y se estiró perezosamente a su lado mientras el grifo se lamía una y otra vez las zarpas. Tras un ratito de indulgencia al suave sol de la mañana, Emerald se puso en pie con reluctancia y siseó, cogiendo el corzo:
-Tengo que seguir… ¿podrías encargarte de limpiar las astas y volvérmelas a traer?
Ópalo parpadeó y miró desconcertado los tres cráneos tirados en el fondo de la quebrada rocosa, entre vísceras y otros desechos. Rugió suavemente:
-¿Para qué?
-Son las primeras piezas que cazas para mí. Tienen…un gran valor sentimental.
Murmuró Emerald, las hileras de dientes descubiertas en el extraño gesto que equivalía a una radiante sonrisa. Con un estremecimiento, Draco apareció y recogió las tres cabezas con gesto sereno, pese a la sangre que manchaba ahora sus ropas. Sonrió y murmuró.
-Por supuesto Sylvain. Sera todo un placer ocuparme de ello.
Durante casi tres días, Emerald excavó, excavó…y excavó. Con breves y minúsculas pausas para atiborrarse de más carne de la que parecía posible pudiera consumir y descansar apenas unos minutos. Y eso solo porque Draco se ocupaba de cazar y poner en la puerta de la guarida sus presas, llamando con sus rugidos hasta que la testaruda quimera dejaba por un ratito de trabajar. Muy preocupado, Draco llegó inclusive a aparecerse en Hogsmeade, para cazar un maldito jabalí. Viridis se acercó a investigar y rezongó, pero aprobó sin reservas y murmuró:
-Necesitamos la grasa…la carne es nutritiva, pero la grasa es lo que aporta más energía…por eso los carneros son una de nuestras comidas favoritas…
Draco se sintió aun peor y decidió volver a hablar con su padre sobre los jabalís. ¡Su pareja no iba a pasar hambre! Con el verraco más gordo que pudo encontrar entre las fauces- y un par de otras piezas, Ópalo rugió su llamada. Emerald salivó literalmente ante el olor del delicioso jabalí, y sus demostraciones y gestos de aplacamiento se acentuaron ante lo que percibía como una presa singularmente apetecible. Ópalo se retiró una vez cumplimentados los saludos de rigor, y Emerald murmuró tímidamente, relamiéndose audiblemente:
-¿Puedo…puedo tomar un poco de jabalí, por favor?
Ópalo cogió el dichoso bicho entero y Emerald bajo levemente la mirada desalentada – por supuesto su macho tenía derecho a reservarse la mejor pieza, estaba trabajando muy duro para cazar por los dos- así que cuando el jabalí rebotó entre sus garras, sacudió la cabeza y miró con incredulidad a los ojos plateados de Ópalo.
-¿Para mí?
-Por supuesto que sí.
Emerald apenas flambeó el delicioso jabalí, y comenzó a comer con ansia mientras volutas de humo aun brotaban del achicharrado pellejo. Sus gemidos de placer eran todo un espectáculo, y los ojos de Ópalo relucieron con deseo…si alguna vez tenía que poner de "buen humor" a su pareja, ya sabía que el jabalí funcionaba mejor que las ostras…
El atardecer del tercer día, cuando Ópalo llegó para entregar la cena – dos gamos y un carnero doméstico que se había quedado cojo – Emerald ya no estaba cubierta de polvo de roca y tras comer y alabar el carnero como una "golosina" le invitó a visitar su nido. La vieja cuadra-refugio tenía un metro más de altura…y le faltaba una casi toda una pared. La pared de los abrevaderos no fue tocada – una fuente de agua era una ventaja estratégica indiscutible- pero la de enfrente había desaparecido bajo el ataque de las garras. La curva de la bóveda original, descendía hasta un arco transversal que era todo lo que quedaba en el lugar que ocupara la pared, y daba paso a una cámara completamente nueva, excavada a partir de ese punto. Draco contempló asombrado el hueco casi semiesférico de unos 15 mt de diámetro, densamente acolchado y cuyo piso estaba quizás un par de metros por debajo del de la otra estancia. Era difícil decirlo, porque estaba casi totalmente cubierto por la lana de roca verdeazulada, artísticamente dispuesta en forma de nido. Todo, paredes y suelo, mostraban las huellas de las llamas, y los surcos dejados por las uñas que los habían excavado. Con un suave rugido, Emerald, con su preciado huevo entre las fauces, se deslizó hasta el centro de la masa de lana rocosa y depositó la moteada cascara con extrema delicadeza. Lanzando muy gentiles llamaradas, y suaves gruñiditos, hociqueando hasta que estuvo a su gusto, se acomodó junto a este, rozándolo suavemente una y otra vez. Finalmente satisfecha, y enroscada como una manta protectora, Emerald murmuró, cerrando lentamente los ojos:
-¡Estoy tan cansado!…creo que dormiré aquí mismo un rato si no te importa, Draco.
HP&DM
Sylvain regresó a la mansión al día siguiente, tras casi 18 horas de sueño ininterrumpido. Muy abochornado por haberse perdido de semejante forma en sus instintos, pero sonriente, aunque con los hombros, nudillos y las manos en urgente necesidad de una buena loción para aliviar el disconfort. Ni Lucius ni Narcissa comentaron nada, aparte de desearle educadamente que estuviera disfrutando de su estancia en Malfoy Manor, y recordarle que cualquier cosa que necesitase, solo tenía que pedirla. Que la mansión era ahora su hogar tanto como el de Draco. A regañadientes, Lucius murmuró que había comprado una pequeña piara de jabalís para soltarlos en el extremo más alejado el bosque. Lejos, lo más lejos posible de la mansión y restringidos a una zona concreta.
Los días pasaron, con numerosas cacerías compartidas y vuelos por toda la finca. La cama y el colchón de Draco comenzaron a resentirse de sus vehementes actividades nocturnas, y los elfos ya no se molestaban con las sábanas. Simplemente las tiraban cada mañana…ni los más potentes hechizos reparadores podían hacer nada por ellas. El apetito de Sylvain – en todos los sentidos- era…excelente, y tanto ejercicio y aire libre parecía estimularlo.
Lucius Malfoy estaba mirando boquiabierto por la ventana del salón de té, las manos aferradas con los nudillos blanquecinos a las cortinas, cuando Narcissa entró preguntando:
-¿Qué es todo ese ruido? Draco no ha llegado…
Con ojos muy abiertos, Lucius carraspeó y cerró las cortinas bruscamente.
-Eh…No creo que vengan…a tomar el té, querida…Deberíamos…eh…tomar nosotros solos el té…
Un nuevo rugido y un bramido resonaron al otro lado del los cristales y Narcissa entrecerró los ojos. Eso había sonado… ¿en su rosaleda favorita?
-¿Quizás en la sala de música?
Añadió rápidamente Lucius, intentando conducir a su esposa hacia la puerta.
-¿Los chicos están cazando en el jardín?!
Preguntó algo irritada y tratando de abrir las cortinas, mientras Lucius murmuraba tonterías sin sentido y se interponía en su paso. Dando un encrespado manotazo admonitorio a su esposo y abriendo finalmente las dichosas cortinas, Narcissa encontró en su rosaleda…una inesperada visión. Tras unos segundos de absoluta perplejidad obnubilada y finalmente comprensión de lo que sucedía delante de sus ojos, mientras sonaban un par de nuevos rugidos, sus manos cerraron con fuerza las cortinas y murmuró sonrojada y con aire ciertamente descompuesto:
-La…la sala de música me parece bien Lucius…
(NA. El final de esto es lo que ven Lucius y Narcisa desde la ventana ( Escena de sexo entre animagos. Si no es lo vuestro…)
Estaban volando, compitiendo amistosamente, jugando…cuando sucedió. La atmosfera cambió de un instante a otro, y los movimientos de Emerald se volvieron…sensualmente deliberados. Su olor hablaba de una excitación que había ido creciendo, hasta ser irresistible y la dragona gruñó suavemente, golpeándole una y otra vez con la punta de la cola. Tras un segundo de duda, Ópalo rugió aceptando el desafío, y aceleró en pos de ella, iniciando una nueva y muy diferente caza. Emerald era muy rápida y maniobraba delante de él, siempre eludiéndole, pero a la vista, tentándole y moviendo la cola. Esto era algo nuevo, nunca lo habían intentado, pero Ópalo no tuvo duda de que era posible. Pese a sus diferentes anatomías, el diseño básico era el mismo. Inserte pieza A en orificio B. Y el provocador olor de Emerald era estímulo más que suficiente para hacerle responder a aquello.
Entre rugidos, gruñidos y acrobáticas maniobras, la persecución se dilató durante largo rato, ascendiendo y girando, picando y volviendo a subir…Frustrado por su incapacidad de alcanzar de una vez a la veloz dragona y al tiempo excitado por la carrera, con un súbito acelerón en picado, Ópalo mordió la tentadora cola de Emerald, y aprovechando su sorpresa, usó sus garras para aferrarse a las duras escamas y alcanzar su lomo. Con el repentino peso añadido, el vuelo de la dragona se desestabilizó unos instantes y mientras aleteaba bramando y luchaba para recuperar el rumbo, el grifo mordió su cuello y apretó sus zarpas delanteras en torno a sus hombros. Usando sus propias alas solo para mantener el equilibrio, tratando de encontrar una postura en aquella extraña danza aérea, el grifo se enganchó con fuerza con todas sus garras y movió la pelvis…Emerald le había provocado…y ahora no iba a rendirse. Mientras la dragona gruñía, se agitaba y movía la cola a un lado, volando con el cuello en un extraño ángulo, el grifo hizo diana… y Draco agradeció que todo el asunto durase apenas unos instantes en aquella forma felina.
Aferrándose con fuerza, ante el cada vez más errático vuelo de Emerald, Ópalo batió las alas con urgencia, en un intento de dirigir su vuelo conjunto y acabaron aterrizando un tanto bruscamente en medio de la rosaleda. La dragona resoplaba, moviendo la punta de la larga cola contra su costado, y tras un segundo de duda, Ópalo volvió rugiendo a la carga y sujetó de nuevo su cuello entre sus fauces. Costó un par de intentos y tentativas, la dragona pretendiendo despegar de nuevo y el grifo tirando de su cuello hacia el suelo…pero en cuanto Emerald comprendió que Ópalo necesitaba que se tumbase…todo fue mucho mejor. Tal vez no fuese el mejor sexo para ninguno de los dos, pero era desde luego una experiencia nueva y diferente… Y ninguno de los dos se acordó de que habían quedado a tomar el té.
HP&DM (N.A. Fin Escena de sexo entre animagos.)
Las cortas vacaciones en una remota isla del mar Egeo, fueron magníficas. Con su huevo de nuevo seguro en su baúl - bajo la custodia permanente de Daisy, relevada de cualquier otra tarea- Sylvain logró disfrutar de la estancia. Era un enclave privilegiado, una isla cubierta de bosques y rodeada de aguas cristalinas…en un entorno completamente mágico. Probaron la cocina local, se tostaron bajo el sol, nadaron en el mar e hicieron el amor en las arenas de la playa. También hicieron excursiones a las ruinas de Atenas, al Monte Olimpo y otros sitios interesantes. Había sido difícil, pero Draco tenía los papeles necesarios y Sylvain cazó un par de cabras bezoares ( N.A. ¡Existen realmente! Y viven en las montañas de Yugoslavia) y entregó gustoso a Draco como obsequio las frescas piedras contenidas en sus estómagos. Su fino olfato Como su propio suvenir, Sylvain decidió que quería llevarse las pieles y cornamentas, así que las desolló con un práctico hechizo antes de comérselas y declarar que eran de carne prieta pero muy dulces.
En una pequeña excursión en barco, avistaron un grupo de focas, y Sylvain murmuró que olían deliciosas, sin apartar la vista de ellas, casi hipnotizado. Dos noches después, pese al generoso almuerzo de cordero asado al estilo Klefitko y la abundante cena de saciante atún rojo fresco…y al postre en la cama con sangre de Draco, Sylvain se despertó a medianoche con una extraña sensación de…hambre. Pese a que había comido muy bien, no se le iba de la cabeza el olor de las focas, una mezcla salina y dulce a la vez, que hacía que su boca se llenase de saliva y sus colmillos doliesen. Tras un largo rato tendido en la cama, dando vueltas e intentando ignorar a su estómago, Sylvain se levantó muy despacio y se deslizó hacia la balconada…para desaparecer en un remolino instantes después. Poco más de una hora después, Draco despertó con una extraña sensación. Sylvain no estaba en la cama y rezongando, miró hacia el baúl. Parpadeó. Daisy estaba durmiendo en el sofá al lado de este…y Sylvain no estaba a la vista. Se incorporó bruscamente al oír un sonido en el balcón y su olfato captó el olor de la sangre, haciéndole saltar sobre sus pies y coger su varita. Pese a que la suite tenía las mejores protecciones, en un par de segundos, estaba en la veranda, listo para fulminar al intruso… y bajó la varita que ya relucía con chispas con un resignado suspiro, ante el parpadeo de Emerald, que daba buena cuenta…de lo que quedaba de su última foca.
-¿Te das cuenta de que casi te fulmino?¿Sabes lo protegidas que están? Los muggles casi han acabado con ellas, Sylvain…
Emerald tragó lentamente el último bocado y se relamió las fauces, y un contrito y ensangrentado Sylvain con un ligero rubor ocupó su lugar.
-Lo siento Draco, lo siento mucho…pero tenía tanta hambre…y olían tan bien…
Murmuró con los ojos brillantes, visiblemente al borde de las lágrimas el moreno. Suspirando de nuevo y notando las tres pieles tiradas a un lado, Draco murmuró avanzando y cogiéndole entre sus brazos:
-No vale la pena llorar sobre la poción derramada, Sylvain. Ya nada se puede hacer. ¿También quieres las pieles?
Asintiendo, el moreno susurró recostándose entre los brazos de Draco:
-Nunca había visto pieles tan suaves ni tan densas Draco. Era una pena quemarlas. Ya sabes que normalmente en Hogwarts desuello casi todas las piezas y les regalo las pieles a los centauros. Pensé… que podíamos hacer una alfombra o algo con ellas…
Draco le dio un beso y una cariñosa azotaina y le mandó al baño, mientras limpiaba el pequeño desastre del balcón y se ocupaba de limpiar y curtir las pieles con un practico hechizo, antes de colocarlas enrolladas en el fondo de su equipaje. Menos mal que solo había matado machos. Ningún cachorro huérfano sobre sus conciencias. Después de todo, era de esperar…el metabolismo de Sylvain era muy elevado y a más tiempo en su verdadera forma o como Emerald, mayores sus necesidades energéticas. El podía comer cuantos dulces quisiera, que era lo que prefería su sangre veela para obtener energía extra de forma rápida. Una tarta de chocolate y fresa era más discreta, pero a cada cual lo suyo. El rubio llegó al baño a tiempo de ver como un recién duchado Sylvain entraba en la bañera llena de cremosa espuma y preguntó:
-¿Estaban buenas?
El moreno le dedicó una radiante sonrisa y murmuró:
-Deliciosas. La cantidad de grasa que tienen es increíble…y el sabor muy intenso… es carne, con un sorprendente parecido al sabor del salmón, pero con una textura diferente. Mucho más compacta y fuerte.
Draco se introdujo en el agua con él y murmuró pensativo:
-No suena mal…quizás yo también debiera haberlas probado.
Sylvain rió suavemente tirándole una esponja a la cabeza y señaló con un gesto hacia fuera de la habitación:
-Por eso hay dos lomos en la nevera, Draco. No podía privarte de un bocado tan exquisito.
Y Draco se abalanzó hacia él, esponja en mano, gruñendo juguetonamente.
HP&DM
Pero todo tiene un fin y su escapada romántica se acababa el jueves 27 de julio, con tiempo suficiente para regresar a Inglaterra y evitar las aglomeraciones del último fin de semana del mes, descansar unos días y prepararse para su fiesta de compromiso formal. Narcissa se había ocupado de organizarlo todo por ellos, y el único detalle del que habían tenido que ocuparse era elegir sus ropas de gala para la ocasión. Envidiablemente dorados por el sol, y con amplias sonrisas de oreja a oreja, los jóvenes saludaron a los adultos y a un muy exuberante Teddy. El y su abuela estaban pasando parte de las vacaciones con su hermana. Mientras Draco charlaba de otras cuestiones con sus padres, Sylvain se apresuró a inspeccionar su nido, verificando que nada ni nadie se había aventurado por sus proximidades, para recolocar su precioso tesoro en él después de unas cuantas llamaradas para hacer limpieza.
Al día siguiente, Narcissa tenía organizada la última prueba de sus ropas y después del desayuno, su sastre particular se presentó con las túnicas, pantalones, camisas y corbatas encargadas. Para desconcierto del hombre, los pantalones de Sylvain resultaron… un poco justos de cintura y el hombre volvió a tomar sus medidas de nuevo. Con un carraspeo, el hombre murmuró muy diplomáticamente:
-Mis anotaciones deben estar mal, hay un error de casi dos cm en las medidas… Si me indican un lugar para trabajar, en una hora puedo tenerlo resuelto… O puedo volver mañana…
Narcissa indicó a uno de los elfos que acompañara al sastre y pidió un servicio de té. Sylvain se negó a tomar ni una pasta, y sus preocupados ojos verdes interrogaron a Draco. Rodando los ojos, el rubio murmuró:
-Estas fantástico. Es normal que hayas ganado algún peso en las vacaciones, pero no te sobra ni un gramo Sylvain. Es puro músculo.
Narcissa dedicó una mirada a su esposo y este se encogió levemente de hombros. Por lo que había podido ver su hijo tenía razón. Ambos tenían una excelente forma física, y Draco había definido y desarrollado aun más su masa muscular sobre todo en los hombros y espalda por todo el ejercicio en su forma alada. Incluso en Sylvain se notaba el efecto de todo el tiempo que pasaban volando. Nada que un pequeño hechizo adaptador no pudiera asumir…mejor asegurarse de que toda su ropa dispusiera de
Los días volaron y llegó finalmente el 1 de agosto, fecha escogida para su compromiso y día de la celebración de Lugnasad. Lugnasad (o también Lughnasadh, día de las bodas del dios Lug) marca el comienzo de la época de la cosecha, la maduración de las primeras frutas, tradicionalmente un tiempo de reunión de la comunidad, familiares y amistades distantes, ferias, carreras de caballos. También tiempo favorito para "handfastings", compromisos y bodas. Los Malfoy habían invitado a todo aquel que era alguien en la sociedad – y que no tenía relación directa con los mortífagos según las condiciones de la sentencia de Lucius-: las familias Olivander, Fortescue, Longbottom, Fawley, Macmillan, Shackelbolt y Shafiq. Rufus Scrimgeour, Ministro de Magia y a todos los jefes de departamento. Helen Herbert, directora de San Mungo. Minerva McGonagal, Directora de Hogwarts y a todos los demás profesores, incluido Firence. A Olimpia Maxim e Iván Feodorvsky, Directores de Beauxbatons y Drumstrang. Al entrenador y a todos los jugadores de la selección de Inglaterra. Como amigos personales de Draco a Pansy Parkinson y su hermano y a Teo Nott. Como amigos de Sylvain a Neville y Luna Longbottom. Ignatus Prewet, Andrómeda Tonks y su nieto representaban a la familia Black. Unos lejanos primos de la rama francesa a los Malfoy. Y eso sin contar las parejas acompañantes de cada invitado. Y además tenían por parte de Sylvain a Magorian, Ronan y Bane. A Janja y el grupo de veelas, a Alberich y Morgen. A Dighorn y los otros duendes responsables de sus finanzas, y al Sharpfang, duende jefe de la rama inglesa del banco.
Por supuesto, después de la embarazosa incidencia con Astoria, invitar a los Greengrass como familia en conjunto estaba descartado y tras mucha deliberación, Lucius y Narcissa acordaron enviar una invitación personal y nominal al cabeza de familia –de esa manera, la familia no quedaba excluida- pero se evitaba la indeseada presencia de Astoria. Quedaba a discreción de este declinar o no la invitación –como habían hecho algunos otros invitados- y decidir si acudía con su esposa o con su hija Daphne. Además, un numeroso grupo de aurores fue destacado a vigilar el evento, en parte para garantizar que nadie no autorizado accediese a la mansión, y en parte para cubrir la seguridad del Ministro. La prensa y cualquier tipo de fotografía estaban estrictamente prohibidas. El Quisquilloso de Xenophilus Lovegold tenía la exclusiva para publicar la esperada reseña de prensa y su fotógrafo era el responsable de las fotos oficiales del evento.
Las respectivas "familias" llegaron la noche anterior. Y todos los demás invitados llegaron temprano en carruajes tirados por caballos. Las berlinas, charres y faetones, landós y calesas desfilaron lentamente por el amplio camino desde las verjas a las puertas de la Mansión. Con las damas luciendo sus mejores galas, protegidas por delicadas sombrillas y sus acompañantes en ropas igualmente elegantes. Uno a uno fueron recibidos por Lucius y Narcissa, flanqueados por Draco y Sylvain, presentados e introducidos formalmente. Inicialmente, se sirvieron ligeros refrigerios y bebidas refrescantes en los jardines por completo en flor, y las charlas y cotilleos se generalizaron. Las jovencitas abanicaban sus pestañas ante posibles candidatos a marido, mientras los padres de los implicados discutían veladamente la viabilidad de un posible acuerdo matrimonial. Se concertaban negocios y se iniciaban alianzas paseando entre las rosaledas, todo ello envuelto en el delicado aroma de las flores y las frutas. Draco y Sylvain tuvieron un momento de charla con todos y cada uno de sus invitados, siempre acompañados por Lucius y Narcissa. Socialmente era importante ya que Sylvain era un virtual desconocido…y era lo esperado de ambos.
Al atardecer, se encendieron pequeñas hogueras en lugares estratégicos de los campos para combatir la creciente oscuridad, junto con antorchas de jardín. Bajo la verde y fragante copa de un gigantesco y añoso limonero cargado de blancas flores y dorados frutos, Lucius Malfoy, con su esposa del brazo, se dispuso a entregar a su hijo públicamente ante la sociedad. Junto a ellos Draco, radiante en su ligera túnica corta hasta las rodillas, de seda color casi esmeralda profusamente bordada en plata y forrada de gris plata, sobre pantalones gris ceniza-plata y camisa de tono algo más claro, miraba con ojos brillantes a Sylvain, igualmente imponente en su conjunto de color entre plata y ceniza profusamente bordada en esmeralda y forrada de ese color, sobre pantalones y camisa idénticos a los de Draco. No estaban vestidos muy formalmente para la ocasión –en realidad eran los únicos en un atuendo cuyo corte era casi informal a no ser por los materiales- pero esa había sido su decisión. Neville había presentado a Sylvain, actuando como su padrino. Como testigos, Jasper- la pareja de Janja- Luna, Alberich, Morgen, Hugh, Firence y Thor. Janja, la matriarca veela oficiaba la sencilla ceremonia, y conjurando un cordón de seda, ató lentamente las manos de ambos jóvenes, que acaban de intercambiar sus propios votos de amor, lealtad y fidelidad, para colocarse los anillos y prometerse en matrimonio.
-El cuerpo, la vida y la magia de cada uno pertenecen al otro, porque ya no sois dos, sino uno. Una sola alma, unida para siempre.
Con un destello, la cinta de seda desapareció, transformada en un diseño rúnico plateado en torno a las muñecas de ambos y Janja alzó las manos:
-¡Unidos ante los dioses y bendecidos por ellos! Esposos ante los ojos de los hombres desde el día de hoy.
Draco besó los labios de Sylvain – más entusiásticamente de lo que la ceremonia demandaba – y muchas jovencitas casaderas suspiraron tontamente. Estaban técnicamente prometidos, pero su estatus era legalmente el de casados, cortesía de la antigua ceremonia. Legalmente y todo. Solo restaba registrar su matrimonio formalmente en el Ministerio. Y no existía un plazo para ello. Socialmente no era muy aceptable casarse sin un periodo de compromiso, y de esta forma, se cumplimentaban ambos aspectos. Como veelas, el simple hecho de que intercambiar el mordisco ritual era vinculante. Lo demás…mero papeleo para satisfacer a la sociedad.
Tras brindar con champan a la salud de los recién desposados, los invitados disfrutaron de un exquisito bufete servido en un lateral de la gran terraza junto a la Mansión. Las amplias cristaleras del gran salón de baile, totalmente abiertas, permitían que los invitados que lo deseasen se instalasen en coquetas mesitas en él. Aunque la gran mayoría permaneció en los jardines iluminados por centenares de teas. Draco y Sylvain abrieron el baile de rigor, danzando al son del tradicional vals, girando lentamente el uno en brazos del otro, deslizándose grácilmente por el suelo de la terraza, mientras la brisa veraniega mecía sus ropas y hacía flotar las notas de la música por encima de los jardines. Lucius y Narcisa se sumaron a la danza, casi al final de esta, seguidos de Luna y Neville. Cuando la siguiente pieza comenzó, los bailarines se multiplicaron, y la gente dejó de mirar boquiabierta la forma en que los dos novios bailaban.
Draco bailó con su madre cuando esta solicitó un cambio de parejas. Sylvain, impasible, puso su mano en la de Lucius y aguardó. Tras una minúscula vacilación, Lucius le enlazó la cintura y bailó brevemente con su yerno, para ser rescatado por su cuñada Andrómeda, que continuó bailando el resto de la pieza con Sylvain. Después de eso, el moreno también bailó con Luna y con Janja, Augusta, Morgen, Alberich, Neville… Draco también danzó con las damas, e incluso con Jasper, el veela compañero de Janja. A diferencia de su padre, se sentía perfectamente comodo bailando públicamente con otro hombre. Pansy solicitó un baile con Draco y ambos conversaron calladamente durante este. Y tras un rato, la joven pareja de recién casados solicitó un cambio de parejas con Garric Parkinson y John Royce (NA: veela). Y después con Calix Waldorf y Bella Wilson (NA: chicalobo), Donovan O'Connors (NA: veela) y Carey Madison. Incluso se atrevieron mas tarde a un baile de figuras con Luna, Neville y las jóvenes parejas recién formadas en Beltane, incluyendo a Firenze y Thor. Pero rehusaron muy educadamente bailar con cualquier otro, refugiándose en la imposibilidad de atender por igual a todas las demandas. Charley solicitó muy gentilmente un baile a Sylvain y este, tras mirarle a los ojos murmuró:
-Puedo tomar un ponche y dar un breve paseo contigo…
Charley asintió y se encaminaron en un tenso silencio hacia el bufete de bebidas. El pelirrojo iba a ofrecerle una copa de champan, pero Sylvain denegó y murmuró:
-Ponche de frutas por favor…
Con las copas en la mano, los dos jóvenes pasearon uno al lado del otro por los bien cuidados y concurridos senderos y Charley susurró:
-Quiero darte la enhorabuena. Está claro que Draco…te hace feliz…
Sylvain asintió y tomó un sorbo de su copa. Con un suspiro resignado el pelirrojo continuó:
-Siento haberte incomodado en el pasado…y espero que podamos ser…amigos?
Alzando dubitativamente una ceja, la quimera murmuró:
-Sería deseable, ya que trabajamos en el mismo lugar. Pero no quiero malentendidos, Weasley. Soy hombre de un único amor. Inclusive si Draco no fuese veela y no estuviésemos vinculados, no está en mi naturaleza ser desleal.
Charley esbozó una sonrisa y asintió murmurando:
-Eso está bien…Ahora me doy cuenta de que mi sugestión por ti era…solo eso, mera atracción. Además, creo que Hugh es más bien del tipo posesivo…¡Por lo menos persistente lo es!
Sylvain rió y los dos jóvenes caminaron un rato más antes de retornar a la principal zona de baile, mientras Charley hablaba de lo atento y cortés que era siempre el vampiro. En un susurro admitió:
-Se qué hasta ahora le he dado calabazas una y otra vez, pero la verdad es que… a veces me gustaría que dejase a un lado toda esa cortesía y me besase de una vez…al menos para salir de dudas sobre todo este tema…
Surgiendo de entre las sombras, su largo pelo castaño ondeando detrás de él como una llama canela, el vampiro de intensos ojos azules levemente ribeteados de rojo murmuró:
-Como desees…
Y procedió a besar suavemente al pelirrojo, tras tomarle entre sus brazos. Tras el shock inicial, Charley gimió suavemente y le echó los brazos al cuello, momento en que Sylvain emprendió una rauda retirada estratégica, ignorada totalmente por ambos.
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En otro lugar muy lejano, en Hogwarts, en el dormitorio de su pequeña, Bill Weasley, desaliñado y ojeroso, lloraba silenciosamente viendo dormir a Victoire. La chimenea de sus habitaciones rugió, pero Bill estaba demasiado ensimismado como para oírla, así que cuando la puerta se abrió se sobresaltó levemente, tirando de su varita. La esbelta elfa de largo pelo negro y ojos azul añil, vestida en una vaporosa túnica de lino y seda color hueso le miró y murmuró:
-No deberías estar aquí.
Bill se levantó, cansado, agotado y arrastró los pies hasta dejarse caer en el sillón de su salita de estar. Iba a servirse un nuevo vaso de brandy, pero Morgen cogió la botella y la apartó lejos de su alcance, al otro lado de la habitación. Bill le tiró el vaso gruñendo de frustración, desahogando con ella su rabia, y Morgen dejó que este impactase en un centelleante escudo, y se deshiciese en afilados añicos.
-Vas a despertarla.
Susurró calladamente la joven. Bill la miró de nuevo, contemplándola largo rato y murmuró roncamente:
-¿Por qué?
Miles de preguntas se escondían detrás de los apagados y enrojecidos ojos. Los ojos azules de Morgen centellearon y la joven respondió calladamente, avanzando un pequeño paso a cada frase:
-Porque a través de ti, Victoire es mía también. Porque no quiero verte así nunca más. Porque no voy a permitir que sigas haciéndote esto. Porque no voy a rendirme. Porque te quiero.
La elfa se arrodilló despacito delante de Bill y susurró roncamente:
-Y sobre todo…porque yo no soy ella.
Y deslizó su mano para posarla en la mejilla cortada por cicatrices y sin afeitar del pelirrojo. Bill la abrazó y continuo llorando suavemente, mientras Morgen acariciaba su descuidado cabello, cantando una vieja canción de cuna en alemán antiguo.
