Otra vez aquí! Este cap me ha hecho reir …pero también llorar. Y mucho. Las emociones eran demasiado fuertes.
Solo espero que os guste y que merezca RWs!
LA ODISEA DE EMERALD.
Los días restantes pasaron entre vuelos, cacerías, y tardes de juegos con Teddy. El pequeño cachorrillo de lobo fascinado por la posibilidad de pasar la luna llena explorando con Emerald y Ópalo. Andrómeda fue informada de la "verdadera naturaleza" –Drachen- de Sylvain, ya que este pasaba la mayor parte del día en su verdadera forma o como Emerald, su tiempo bajo forma humana limitado a las comidas en familia. Junto con Teddy, estaba bajo un riguroso encantamiento de confidencialidad para preservar la intimidad y el secreto de las formas de la pareja.
Pese a que estaba previamente programado, Sylvain se sintió cada vez más reluctante a viajar hasta los Cárpatos por tan solo unos pocos días. Por mucho que ver de nuevo a sus padres adoptivos le tentase, la idea de abandonar su nido era…revulsiva, pero finalmente claudicó. Draco se había esforzado mucho para organizar la pequeña escapada. Seguramente era solo aprensión. La tarde antes de su partida, Sylvain descendió con su eterno baúl a su nido, para prepararlo todo. Los trofeos de las primeras presas que le obsequiara Draco adornaban la pared sobre la puerta de obsidiana. Las cuernas de las cabras bezoar estaban a cada lado del arco que marcaba la entrada al nido propiamente dicho. Sus pieles tapizando uno de los pesebres, ahora convertido en banco por una tapa de madera. Y otras reliquias –cuernas, colmillos y cueros- sobre el abrevadero. Dejando a un lado su especial baúl, Sylvain cambió a Emerald y limpió un poco todo el lugar. Después, se deslizó en la cama de lana de roca, mulléndola delicadamente con las garras. Tras unas pocas llamaradas, se acostó en ella, y cerró los ojos con un bostezo. Antes de darse cuenta…estaba dormida, enroscada en torno a su huevo.
Draco estaba impaciente. ¡La cena estaba a punto de empezar y Sylvain ni siquiera se había cambiado! Mirando una vez más el reloj, llamó a Daisy y le preguntó por su amo. Cuando la elfina le indicó donde estaba, Draco suspiró y tendió la mano. Daisy les apareció a ambos en los viejos túneles y Draco empujó la puerta de obsidiana. El baúl especial estaba junto a la pared, y tras una corta inspección, su extraviado compañero resultó estar durmiendo. Roncando. Draco le llamó, y Emerald abrió un ojo. Cuando el rubio le informó de lo tarde que era, bostezó y se estiró, y a regañadientes cogió suavemente en las fauces su huevo. Iba a salir del nido, pero se detuvo, ladeando la cabeza y parpadeando con clara confusión. Sacudiendo la punta de la cola y ante la incrédula mirada de su rubio compañero, volvió grupas para dejar cuidadosamente el viejo cascarón en su sitio. Algo no iba bien…Olfateó cuidadosamente el nido a su alrededor, tratando de captar algo que justificase la punzada de alarma que bullía en el fondo de su mente. Saltó a la antecámara y procedió a estirarse parsimoniosamente, venteando e ignorando completamente a Draco que preguntaba irritado qué demonios estaba haciendo. Sacudió la cabeza y gruñó desconcertado:
-Me siento…raro…
Draco olfateó un poco, su irritación dejando paso a una clara preocupación y murmuró:
-No hueles a enfermo…pero en esta forma me es más difícil decirlo…
Emerald bufó, incapaz de poner nombre a la sensación de desazón que le recorría, dejando ir nubecillas de humo y cambió de forma. Mejor dicho, intentó cambiar de forma. Se estremeció, de morro a cola, pero siguió siendo una dragona. Mirando a Draco con ojos dilatados jadeó entre silbidos:
-¡No puedo cambiar!
Los ojos de plata del joven veela se entrecerraron y murmuró, notando erizarse con un escalofrío de incipiente pánico su piel:
-Eso es imposible…
Pateando el suelo de frustración y dando latigazos de inquietud con la cola, soltando surtidores de humo y chispas por las narinas, Emerald bramó claramente angustiada:
-¡Draco!¡Me duele al intentarlo!
Respirando con dificultad, las manos temblando ligeramente y los ojos un tanto desorbitados, Draco murmuró tartamudeando sutilmente:
-Ss..Sylvain…ppor favor…dd dime que es una broma…
Dejando ir una llamarada que bañó de pies a cabeza al rubio, Emerald rugió con una nota de histeria en su voz:
-¿Te parece que me estoy riendo?!
Draco, - tras agradecer mentalmente que las veelas y sus parejas fuesen virtualmente incapaces de dañarse entre si- y en pleno ataque de pánico ahora, pasó en un borrón a su forma de grifo, para comenzar a olisquearle apresuradamente por todas partes, como un gran gato –león en este caso- alborotado y bufando entre aspiraciones:
-Ok, ok…calmémonos…Seguramente te has lastimado sin darte cuenta...¿Dónde te duele?¿Que notas?
Resoplando y aun muy alterada, pero algo menos trastornada, Emerald siseó entre dientes:
-Tengo…sueño. O al menos deseos de seguir aquí, acurrucado. Estoy…letárgico, no quiero moverme de mi nido, Draco. Pero tampoco me siento cansado…es una sensación…confusa.
Sin parar su frenética exploración, Ópalo ronroneó, intentando ser tranquilizador, aunque el nerviosismo brotaba de él perceptiblemente:
-Quizás si que estés incubando algo…Si estás enfermo o te has lesionado…ese podría ser un motivo para prevenir el cambio…
Lo que el rubio no mencionó, aunque ambos lo sabían, era que la enfermedad o la lesión debía de ser de importancia para que algo así ocurriese. Preguntando por un detallado recuento de sus actividades desde que le dejara, tratando de distraer y al tiempo averiguar si algo estaba afectando a su pareja, Ópalo siguió su exploración. Sus sentidos del oído y del olfato eran mucho más agudos en esta forma y estaba determinado a usar la más mínima ventaja. Con mucha coacción por parte de Ópalo, Emerald accedió a intentarlo de nuevo, sin lograr más que hacerse daño nuevamente. Cuando Emerald admitió que el malestar al iniciar el cambio se centraba en su estómago y que sentía la tripa como hinchada…Ópalo le instó con fuerza tumbarse para poder hociquearle a su gusto. Tras un rato de cálidos lengüetazos y sin nada que pareciera fuera de lugar, salvo una ligerísima elevación de la temperatura corporal, Ópalo volvió a preguntar pero Emerald fue tajante. Aun le parecía tener un balón de gas en la panza. Y de ninguna manera estaba lista para dejar la seguridad de su cueva.
Desesperado, y sin saber que más hacer, Draco volvió a su forma humana y deslizó la mano por las suaves escamas de la barriga de Emerald, notando como los verdes ojos se entrecerraban con las caricias. Lo único que se le ocurría era una fuerte indigestión – un toro como aperitivo de media tarde era mucho incluso para un dragón de su tamaño – pero no se atrevía a darle nada para ello… Con un gemido quejumbroso, Emerald susurró claramente abatida, mientras sus entrañas protestaban sonoramente:
- Draco, se está haciendo peor…
Alterado, preocupado y nervioso, Draco murmuró:
-Sylvain…no sé mucho de enfermedades de dragones…quizás deberíamos llamar a Charley…
Agitando la cabeza y claramente disgustada, Emerald gruñó:
-¡No! ¡No quiero a nadie en mi nido!... Quiero a mi mamá…
Mordiéndose los labios con nerviosismo, y acariciándola de nuevo, Draco murmuró:
-Puedo usar el traslador para llegar hasta allá…pero no creo que sea posible que regrese con ella, y no me parece prudente dejarte solo…¿No hay nadie más que pueda hacerte compañía?
-Viridis…
-Si, claro. Daisy puede ira a buscarla de inmediato.
Draco salió al túnel subterráneo y dió instrucciones a la elfina de traer de inmediato a la joven dragona. Fossy fue convocado y el joven le instruyó para alertar a su padre, y pedirle que llamara a Janja y Alberich. Sentándose junto a Emerald, acariciándole las escamas de la panza, Draco contó los segundos con angustia mal contenida.
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Poco más de un cuarto de hora después, un rugido reverberó desde el túnel de salida y Emerald, alzó la cabeza con presteza. Si antes estaba letárgica, de repente, la dragona se alzó sobre las cuatro patas y salió echando chispas -literalmente- hacia la superficie. Cambiando a Ópalo, Draco la siguió galopando detrás de ella, hasta emerger en la pequeña hondonada. Viridis estaba ahí, aleteando y recién aterrizada pero lejos de darle la bienvenida, Emerald estaba furiosa. Alzándose sobre las patas traseras, las alas desplegadas para parecer más grande, Emerald meneó con fiereza la cabeza y lanzó un bramido de advertencia, seguido de una corta pero intensa llamarada. Plantada frente a la entrada de su nido, Emerald no parecía dispuesta a tolerar a Viridis cerca de él y Ópalo maldijo interiormente. De todos los momentos para ponerse territorial…tenía que ser este. Viridis parecía desconcertada, pero tras unos momentos de inmovilidad, se encogió, plegando las alas y haciéndose una bola, y gimió suavemente. Alargando la cabeza, olfateando recelosa, Emerald mantuvo su postura y su vigilancia. Viridis continuó enroscada y finalmente, Emerald dejó caer las patas delanteras y plegó las alas, venteando indecisa. Tras un rato más y nuevos gemidos lastimeros, Emerald se acerco, aun recelosa y olfateó desde mucho mas cerca. Ronroneó y lamió suavemente a Viridis y tras un rato, la otra dragona se desenrolló muy lentamente. Ópalo observó que Viridis se mantenía mucho mas encogida que de costumbre, su cabeza más baja y que Emerald por el contrario parecía mantenerse más erguida. Sus relaciones jerárquicas habían cambiado. Pese a que eran "hermanas", Emerald era por completo adulta y estaba en el territorio de su macho.
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Tras el inesperado brote de agresividad, Viridis susurró:
-No pareces encontrarte tan mal hermanita…
Emerald gruñó irritada, dándole un fuerte golpe con la cadera y fue a recostarse lo más cerca posible de la entrada a su nido, resoplando y colocando su dolorida panza al sol. Draco explicó brevemente la situación y Viridis escuchó atentamente. Olfateó a su hermana, aunque esta le dio un latigazo de advertencia con la cola cuando se puso demasiado pesada. Volviendo a Draco, meneó la cabeza y gruñó:
-No huelo sangre o herida alguna…No sé que puede pesarle. Hey, mi experiencia no es mucha, solo tengo 4 estaciones. Mi madre podría decirnos más…
-Iré a buscarla…
Draco intentó convencer a Sylvain –Emerald- de permitir a Viridis el acceso a la gruta, pero la mirada de dolorida incredulidad fue suficiente para hacerle desistir. Con la promesa de llamar a Daysi si notaba cualquier otro malestar, Emerald se retiró renqueante de nuevo a su nido, dejando a Viridis de guardia en la superficie.
Un traslador internacional y una veloz carrera aérea campo través después, y Ópalo estaba en el borde del territorio que alojaba la guarida de los dragones, rugiendo una llamada a toda la potencia de sus pulmones, ignorando toda norma de cortesía. Jade y Turquesa se alarmaron mucho, y tras escuchar las noticias, Turquesa frotó la cabeza con la de su macho y gruñó, arrojando una columna de humo por las narinas:
-¡Claro que voy a ir! ¡Mi pequeñina me necesita!
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Finalmente, largas, interminables horas después y con la ayuda de casi la totalidad de la plantilla de elfos de Malfoy Manor para auxiliarle, Draco logró regresar con su invitada en unos cuantos saltos de aparición asistida por sus elfos hasta las puertas de la mansión. Con un bramido, Turquesa llamó y dos rugidos le contestaron. Ignorando a Draco, la gran dragona sobrevoló la finca, en línea recta hasta el lugar desde donde aun resonaban los rugidos de Viridis. Aterrizando con gracia para ser tan grande, Turquesa recibió el alegre saludo de su hija pequeña, sus ojos inspeccionando el lugar e ignorando la presencia cercana de otros magos y criaturas, en el viejo molino sobre la quebrada. Draco aleteó y aterrizó cerca de la grieta en la roca, plegando las alas y Turquesa husmeó con curiosidad.
-Muchas presas recientes…carne fresca, variada y de buena calidad. Mmh…Tal vez no tienes escamas, pero evidentemente estás proveyendo adecuadamente a mi pequeña.
Se acercó a la entrada y asomó la cabeza al túnel y preguntó con cierta incredulidad:
-¿Este es el lugar que ha elegido? ¿Labrado por los hombres? Pfhh…
Irritado ante el tono algo despectivo hacia la obra de su pareja, Ópalo gruñó con altivez:
-En Hogwarts tenía una cueva en un viejo cauce seco. Este terreno no ofrece las mismas posibilidades. Pero ha excavado por completo una cámara nueva, dentro de los antiguos túneles subterráneos.
Ignorando a Ópalo, ronroneó como hablando en voz alta:
-Demasiado pequeño para mí…
-¡Babe! ¡No puedo entrar! ¡Tendrás que salir!
Rugió Turquesa en la boca de entrada. Tras un rato de espera, Emerald apareció, cautelosa y mucho más comedida. Evidentemente, Emerald no se sentía tan segura de ser capaz de entrar en disputas territoriales con su propia madre. No obstante, se situó bien estirada y alzada sobre sus cuartos traseros y con las alas totalmente desplegadas bloqueando el acceso a su guarida elegida, las narinas humeando suave pero ostensiblemente. Turquesa parpadeó, dejó ir un gruñido agudo que sonó a risa e inclinó la cabeza con un ronroneo de salutación. Emerald se relajó, inclinó grácilmente el cuello en salutación y trotó seguidamente hacia su madre adoptiva. Y la otra dragona la llevó hacia un lado de la barranquera, olisqueándola y hociqueándola, lamiéndola y empujándola suavemente con el hocico entre gruñíditos y arrullos. Mientras, Draco se moria de nervios y aprensión, contemplando la extraña escena a pocas decenas de metros de ellos, a la vista, pero lo suficientemente lejos como para no oirlas. Tras una exhaustiva exploración e intercambio de ronroneos, siseos y bufidos por largo rato, ambas parecieron comenzar a discutir acaloradamente durante un tiempo. Turquesa se rió, y Emerald, tras una mirada mortificada, se escurrió sin palabras de nuevo a la paz de su nido, entre las carcajadas de su madre, que se estremecía de cola a hocico. Draco, aun bajo la forma de Ópalo, se acerco y murmuró, aun nervioso pero menos procupado que antes. Si Turquesa se estaba riendo de esa manera no podía ser nada muy serio:
-Nada grave espero…¿una indigestión como pensaba?
Turquesa le empujo hacia el túnel y gruñó, desternillándose entre más risas:
-El proceso es incómodo si, grave no…
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Ópalo refunfuñó, pero se adentró en los túneles, deseoso de oir de boca de su amado cual era la aflicción que padecía. Emerald estaba acurrucada en su nido, hecha una bola, y aunque la lana de roca no era su material favorito, Ópalo saltó a la cámara del nido y ronroneó suavemente desde el borde:
-¿Estas mejor? Tu madre no me ha explicado nada, solo que era algo incómodo, pero no grave.
Emerald alzó lentamente la cabeza y resopló, mirándole con aprensión y cautela. Ópalo podía oler la enorme confusión, el miedo y la inseguridad que azotaban a su pareja, mezcladas con una pizca de ilusionada esperanza. Emerald parpadeó meneando la cabeza y siseó muy suavemente sin apartar la vista de los ojos de Ópalo:
-No tenía ni idea Draco…¡Te juro que no sabía que esto podía pasar!…
El tono era alterado y acongojado, lleno de emociones conflictivas, al igual que su aroma. Draco cambió de forma y murmuró, agitado, ansioso e impaciente:
-Y yo te creo Sylvain. Lo único que quiero es saber que puedo hacer para ayudarte a ponerte bien…Turquesa no ha sido muy elocuente que digamos.
-No creo que puedas hacer nada…más…
Masculló muy bajito entre irritable y estremecida. Con un pequeño resoplido de frustración, Emerald susurró con un deje de histeria y miedo en su voz:
-No te enfades conmigo…¡Prométemelo!
Sentándose en el borde del nido y tendiendo una mano hacia el tembloroso hocico de Emerald, Draco murmuró cariñoso contemplando el brillo húmedo de los grandes ojos de esmeralda licuada, la voz, el gesto y los ojos repletos de afecto y preocupación:
-¿Cómo voy a enfadarme por algo que está fuera de tu control? Enfermar no es culpa tuya…Aunque quizás deberías haber controlado mejor tu apetito…
Mientras Draco acariciaba con suavidad sus escamas, Emerald murmuró muy bajito, sin apartar los líquidos ojos de él:
-No es un empacho… yo emh…estoy…¡arhg no, no es eso!…voy…voy a poner huevos, Draco.
Draco detuvo su mano, mirando con ojos dilatados a su pareja y parpadeó. Unas cuantas veces. Abrió la boca y la cerró de nuevo con un chasquido de dientes, para volverla a abrir y murmurar ahogadamente, tartamudeando como si no pudiese respirar, cubierto de una palidez inusual:
-¿Hu…hue…huevos?
Emerald asintió muy levemente y Draco, muy dignamente, con toda la majestuosidad y elegancia posibles, perdió el conocimiento. Rezongando y cogiendo a su desmadejada pareja por la trasera de sus ropas, Emerald le introdujo en el nido y le colocó contra su costado, la cabeza sobre una de sus ancas traseras y se acurrucó con él, resguardándole bajo el dosel semidesplegado de su ala y lamiéndole suavemente la mejilla con insistencia. Draco abrió pocos instantes después los ojos y parpadeó con clara confusión, mientras Emerald le miraba con ojos llenos de desvelo. Draco se percató de donde estaba y puso cara rara - indudablemente, no recordaba con claridad como había llegado allí - y finalmente, tras un par de momentos, su cerebro asimiló la información recibida, cosa que se hizo evidente por como se dilataron las pupilas de sus grises ojos y se abrió su boca en un mudo gesto de asombro.
-Si. Huevos. Tuyos y míos.
Susurró Emerald ante la silenciosa pregunta de los ojos plateados. Y Draco le abrazó el cuello riendo como un loco.
DM&HP
Tras un tiempo a solas de la pareja en la intimidad, simplemente disfrutando de la mutua compañía y asimilando la realidad de la noticia, se impuso un baño de multitudes. Ninguno sabía como habían llegado a esto, así que necesitaban acudir en busca de información a los demás. Las explicaciones a semejante milagro fueron largas. Cuando Draco logró persuadir a su reacia pareja de volver a abandonar su nido momentáneamente, todos - dragones, magos, veelas y elfos- se reunieron delante del molino y el viejo lagar de sidra. Ante una audiencia muy atenta, Draco explicó para beneficio de sus padres y demás invitados que Sylvain estaba preparándose para hacer su primera puesta de huevos, mientras Viridis resoplaba nubecillas de humo con cierta petulancia, sentada junto a la imponente figura de 4 toneladas de Turquesa. Janja, frunciendo el ceño, hizo una serie de comprobaciones y murmuró:
-¡Morgana y Merlín! Sus órganos sexuales femeninos eran…virtualmente inexistentes y sin actividad…Creimos que era por completo esteril. ¡Nunca había visto nada igual!
Turquesa refunfuñó, mirando con aire displicente y jactancioso a las minúsculas criaturas bípedas que eran la familia humanoide de su pequeñina y masculló, sus gruñidos y siseos entendibles gracias a un amuleto traslador:
-Eso es porque aun no había comenzado su primer ciclo fértil. Asi que es normal que todo estuviese…dormido y en rudimentos. Nuestra especie, a diferencia de los humanos, no puede permitirse el tremendo derroche energético que supone para nosotros la reproducción en balde. Una dragona debe tener al menos 6 años, además de un peso y tamaño mínimo en relación a su tamaño corporal final de adulto, para que su cuerpo considere siquiera la posibilidad de emparejarse. Y eso tampoco significa huevos de inmediato. Antes necesitas asentarte en tu propio territorio y construir un nido adecuado. Su macho debe mantenerla contenta y segura, y bien alimentada con constancia, para que inicie el proceso de acumular las reservas necesarias para afrontar una posible puesta. Con buena salud, suficiente peso corporal, adecuado suministro de alimentos, seguridad y estabilidad, se produce el despertar de los ovarios. Por supuesto, su macho debe montarla regularmente para desencadenar la ovulación. Incluso en una dragona adulta como yo, los órganos sexuales están la mayor parte del tiempo durmientes hasta que llega el momento. A diferencia de un mamífero, no disponemos de toda la gestación para ir asimilando y cediendo nutrientes a un feto, todo el proceso de formación del huevo se reduce a unos pocos días. Y la puesta en si, un par de días, tres o cuatro a lo sumo desde que se pone el primer huevo.
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Narcissa, un poco más compuesta que Lucius que aun parecía estar recuperándose de la impresión múltiple murmuró, mirando de reojo la figura de Emerald y a Draco que había enrojecido como un tomate:
-¿Quiere decir…que ese peso de más que acumuló en las vacaciones…era el primer indicio de embarazo?
-No está embrazado. –Rezongó irritada Turquesa– ¡Va a poner huevos! Y el primer indicio es este. Evidentemente, su otra forma no es capaz de asumir el cambio fisiológico que está experimentando. Los ovulos o embriones, las yemas ya están casi formadas y en breve pasaran a acumular la albumina de reserva y más tarde la cáscara. Todos los huevos han de estar completamente formados antes de que se inicie la puesta. Entre una semana y quince días, según el nº que se produzcan.
Gruñendo suavemente, enseñando los dientes en una mueca, Turquesa añadió:
-Mi otra hija Viridis, aun debe crecer hasta pesar unas 2 tm antes de pensar siquiera en busacar macho y emparejarse. ¡Ha sido toda una sopresa que mi Babe sea capaz de poner huevos! ¡Es tan pequeña todavía!
Recobrando el habla, Lucius susurró palido y sudoroso:
-Draco…no es que quiera dudar de esto, pero…¿Y el hechizo de control de natalidad? ¿No estabas usando uno?
Dada su previa vida de sexo indiscriminado y para protegerse de reclamaciones de paternidad indeseadas, Draco había tomado todas las precauciones para hacer imposible un embarazo indeseado. El rubio asintió y murmuró:
-Cada seis meses, desde que tenía 13 años. Cada 1 de febrero y julio. Lo apliqué por última vez el pasado febrero…después de eso… Creíamos que…no parecía necesario usarlos, padre.
Alberich musitó pensativo:
-Tu fisiología parece ser más compleja de lo que habíamos creído, Sylvain. Quizás no debimos apresurarnos con nuestras conclusiones sobre tu fertilidad. ¿Cuántos huevos podría poner?
Viridis, muy jovial, apuntó con una vocecilla rimbombante y pomposa:
-La puesta media para una nidada de machos es de 6 a 10 huevos, y para hembras de 2 a 5, pero también influye el tamaño de la dragona. ¡Apuesto por las cifras más bajas!
Turquesa resopló y ronroneó:
-Me inclinaría a pensar en una nidada muy, muy pequeña…2, 3 huevos como máximo…¿Tienes idea de cuantos kilos has ganado?
Emerald susurró a regañadientes:
-Unos cuatro kilos mas o menos en mi forma humana…
Turquesa acercó el morro a su cola y palpó una vez más, usando la nariz y la lengua y ronroneó:
-Un huevo medio pesa casi tres kilos y medio, y mide de 30 a 35 cm. Pueden alcanzar de cuatro a cinco kg y hasta 40 cm si estas intentando obtener una puesta de hembras, lo cual sería casi imposible. No hay tanta grasa. La primeras puestas siempre son mas reducidas y de machos. Sigo opinando lo mismo…no más de 4 huevos.
Narcissa exclamó con ojos dilatados:
-¡Cuatro?!
Mientras Lucius palidecía y parecía a punto de sufrir un ataque de pánico, Draco no mucho más colorido, pero si mas calmado murmuró:
-Padre, aun no estamos seguros, y además, podría haber algún huevo no fecundado…
Alberich preguntó:
-¿La incubación será la típica de un dragón? ¿Poco más de dos meses?
-Podría ser mucho mayor o menor…estamos ante un caso único…
Murmuró Janja. Con una mirada especulativa Alberich añadió:
-No estaría tan seguro…la información sobre los Drachen que hemos recabado sugiere que la preñez múltiple y con una duración significativamente menor como para ser considerados partos prematuros según las pautas humanas eran la norma habitual en sus descendientes. Sin embargo…no hemos encontrado ningún dato similar sobre los primeros individuos, los Sönhe des Drachen originales. Solo que tuvieron hijos a lo largo de su vida.
Emerald rezongó y frotó la cabeza contra el costado de Draco, en busca de caricias reconfortantes, que fueron prestamente administradas. Incubar durante dos meses ya era bastante duro. Hacerlo durante más tiempo, ¡titánico! El joven semiveela murmuró:
-Ahora mismo me preocupa más saber que puedo hacer hacer para ayudar a Sylvain. De momento, y por lo menos hasta que finalice la incubación, es imposible que se aleje de su nido sin causarle un gran estrés.
HP&DM
Emerald regresó a su nido, y Ópalo le hizo compañía durante gran parte del resto del día, hasta que no pusiese sus huevos no volvería a comer. Mientras, Turquesa instalaba un campamento provisional en una alejada grieta del terreno, ensanchando con sus afiladas garras un hoquedad preexistente en la casi blanca roca caliza. Solo necesitaba un refugio temporal, nada complicado ni elaborado, poco más que un techo para resguardarse. Viridis exploraba alegremente las posibilidades de la fauna local, y regresó con un grueso carnero entre los dientes, sumamente sonriente. Vivir en un asentamiento de magos ciertamente tenía sus ventajas…
Lucius y Narcissa debatían acaloradamente con Janja y Alberich, tratando de prever todas las posibles ocurrencias. ¿Cómo justificar la repentina aparición de uno o varios niños? ¿Y que iba a pasar con el trabajo de los dos jóvenes en Hogwarts? Sylvain claramente podía aducir un embarazo, nadie iba a pedirle justificantes médicos, pero iba a ser complicado cuadrar las fechas… necesitaban establecer cuanto antes una línea temporal aceptable y dentro de parámetos aproximadamente humanos/veela/vampiricos. Draco reapareció para cenar apresuradamente, y tras una corta ducha y un cambio de ropa, volvió a regresar al nido, para dormir con Emerald. Narcissa suspiró y murmuró:
-No puedo dejar de pensar que esto es…como un parto…un parto muy largo. Me gustaría poder estar con ellos ¿Y si algo sale mal?
Lucius apretó la mano de su esposa, y Janja agregó:
-Esperemos que todo marche con normalidad…y que Sylvain pida ayuda si es necesario.
DM&HP
Jade sobrevoló en calculado descenso y giró un par de veces, gruñó y rugió, lanzando una enorme llamarada al cielo y finalmente aterrizó en estado de moderada alerta en las puertas de acceso de Malfoy Manor, tras recibir la respuesta de su hembra. Cualquier dragón de las cercanías –centenares de km a la redonda- se dio por enterado de que el Longhorn rumano acababa de llegar. (9 tm de músculo y fuego, soportadas por alas de mas de 25 mts de envergadura y una longitud total de cuerpo a hocico de casi 14 mts) Emerald bramó, secundada por el rugido de Ópalo y Jade alzó el vuelo con poderosos aletazos para dejar caer de nuevo sus 9 toneladas en la entrada de la garganta que llevaba al nido de su pequeña. Los chillidos de Viridis y los ronroneos de Turquesa le recibieron, mientras el gran macho sacudía la cabeza y estiraba el cuello y las alas de mas de 25 metros de envergadura para replegarlas cuidadoso, rascándose el lomo con los largos cuernos dorados, cansado del largo vuelo de 2000kms y más de 24 hrs casi ininterrumpidas. El majestuoso dragón largo bostezó enseñando la formidable dentadura y frotó el morro cariñosamente con su pareja y con su hija.
A diferencia de las dos hembras, Jade exhibía numerosas cicatrices, testimonio de su lucha por la supervivencia…y de los combates para ganar a Turquesa. Las novedades le asombraron profundamente y resopló, arrojando humo y chispas, rascando el suelo con las garras y a poderosa cola. Pero si su Quesa decía que Babe iba a poner huevos ¡Es que iba a ponerlos! ¿Y el pequeño varon humano cubierto de pelo era el padre? ¡Inconcebible! Examinando con ojo critico el lugar elegido para el nido, Jade rezongó y gruñó impaciente. Podía oler a su pequeñina, y al extraño que la había conquistado…la sangre de sus presas y rastros cercanos de otras criaturas. En el fondo de su nido, Emerald estaba aun más nerviosa que antes, y resoplaba con apresuración suaves llamas frias en la densa mata de pelo de Ópalo, para ponerlo presentable, electrizando la pelambre del resignado grifo. Tras darse unas rapidas llamaradas de acicalamiento mientras Ópalo se atusaba un poco la erizada melena, domeñándola de nuevo, Emerald se dispuso a subir por el inclinado pozo, dando susurrados consejos a su compañero.
Ópalo emergió primero, altanero y erguido, las emplumadas alas desplegándose majestuosas a sus costados y rugió larga y sonoramente, azotando el aire con su peluda cola. Determinado y seguro, agresivo pero no abiertamente desafiante. Un delicado equilibrio. Después de todo…si lo deseara, Jade podía comérsele fácilmente. Detrás de él, Emerald ejecutó su propia demostración de afirmación de posesión sobre su territorio, estirándose y desplegando las alas, y dejando humear ostensiblemente sus narinas, pero guardó silencio. Desde su altura, Jade bajó la vista para contemplar asombrado a la minúscula bola de pelo que al parecer, declaraba que aquel era su territorio…Jade dejó ir una risotada, un bramido sonoro y rasposo que resonó gravemente y soltando una nube de humo, exclamó:
-¡Tienes razón Quesa! ¡Es temerario como un diablo! ¡Me gusta!
Ópalo se indignó -¿le estaba llamando Griffindor?- y gruñó entre dientes antes de poder contenerse. El dragón se rió de nuevo, inclinó la cabezota y rezongó ironicó:
-Mis saludos, ¡Oh gran luchador!…
-¡Papá! ¡No te burles de él!
Interrumpió Emerald con tono de reproche, avanzando con las alas recogidas hacia su pareja. Alzando el cuello y con gesto desafiante, la dragona añadió tras una miradita apreciativa al grifo real:
-Para ser un humano, su forma y su tamaño son impresionantes. Estoy muy orgullosa de él, papá.
Tumbados cómodamente al sol, y mientras Emerald exponía su barriga al calor y las caricias de su compañero, la familia adoptiva recibió un breve resumen de sus aventuras. Turquesa gruñó apreciativamente cuando su Babe le contó la serie de incidentes del torneo amistoso de quidditch, Viridis gimoteo de emoción y Jade miró con nuevos ojos a su yerno. Quedaba demostrada su valía para deshacerse de los rivales, mantener alimentada y por supuesto…satisfecha a su nena. Retirándose una vez más a su nido, después de que su madre asegurara que todo iba bien, Emerald se acurrucó en su mullida y calentita cama de lana de roca para una siesta. Eso si, después de limpiarse escrupulosamente y dejar la piel de un más que resignado Ópalo completamente libre de pelos sueltos a base de llamas acicalantes. ¡Tenía hasta los bigotes electrizados!
Cuando a la mañana siguiente Draco no se presentó a desayunar, Narcissa se inquietó pese a las calmadas afirmaciones de Lucius de que seguramente su hijo simplemente se había quedado dormido. Ninguno de los adultos se atrevía a molestarles, pero se trasladaron al viejo lagar, al menos para sentirse mas cerca. Asomándose a la quebrada, vieron a los tres dragones tumbados apiñados a la sombra de la otra pared, y a su hijo, en su forma de grifo real, paseando nerviosamente delante de la boca de entrada, deteniéndose a cada instante, escuchando atentamente los sonidos procedentes del interior. Janja sacó un cuadernito y consultó algo, para murmurar:
-La puesta debe de haber comenzado o estar a punto de comenzar. Las dragonas expulsan al macho del nido hasta que todos los huevos han sido puestos. Ni siquiera los cuidadores más avezados pueden acercarse…
Narcissa llamó a Draco y este alzó la cabeza, pero no hizo ademán alguno de revertir a su forma humana o de acercarse. Alberich les instó a acomodarse, la espera podía ser larga y se sentaron en uno de los pisos altos del molino, con vistas a la quebrada, desde donde podían divisar las idas y venidas del agitado joven. A media mañana, aunque Draco estaba con la cabeza metida en la boca del túnel, tumbado sobre su panza y moviendo incansablemente la cola, los sordos bufidos de incomodidad que brotaban ocasionalmente de la tierra les tenían a todos intranquilos, pero la calma aparente de los dragones les daba cierta confianza. Cuando un gruñido más agudo e intenso reverberó por la roca, Ópalo salió a escape hacia el interior, y Turquesa se levantó de su lugar de descanso.
En la penumbra del nido, un agitadísimo Ópalo arañó la roca con sus garras para frenarse en seco después de patinar literalmente túnel abajo. Arqueada y con la cola parcialmente levantada, las patas traseras separadas, Emerald se estremecía en la antecamara, los flancos palpitantes. Con un susurro dolorido, jadeó:
-¡No quiero hacer esto solo!…
Sacudiendose y acercándose con cautela, tratando de calmar su agitado corazón, Opalo susurró:
-¿Prefieres que cambie? Tal vez te sería más útil…
Asintiendo y pateando la piedra con agitación, Emerald lanzó sus llamas hacia Draco, envolviéndole y lavándole con ellas. La sensación no era desagradable en si, pero su pelo…¡En fin! Emerald se movió con pasos comedidos hacía Draco y dejó que este le acariciara el morro y el cuello. Estaba sumamente incomodo…rozando el punto de dolorido y gruñó con apreciación cuando las suaves y delicadas manos de su compañero acariciaron su mas que tensa barriga. No podía sentarse, ni tumbarse…solo pasear arriba y abajo y soportar los estúpidos calambres.
-No me importa que se suponga que debes esperar fuera…
Draco continuó con el masaje, y murmuró:
-Y yo estoy más que contento de estar contigo Sylvain. No me cambiaría por nadie en el mundo.
Y arriba, en la superficie, tres dragones apiñados entre si con cuatro humanos escucharon las suaves palabras de Draco, retransmitidas por un encantamiento. Jade, parpadeando, miró a Lucius con un enorme ojo y gruñó secamente:
-Tienes un cachorro muy valiente. Yo no quisiera estar al alcance de las llamas de Turquesa en esos momentos.
HP&DM
Cuatro y días y medio después de que Sylvain se quedase atascado, Draco, despeinado, llevando la misma ropa un tanto chamuscada y con aire agotado, salió del túnel. En la superficie bullía la actividad. Narcissa se retorciá las manos, Janja consultaba manuales y libros, sentada en una piedra, Lucius paseaba de un lado a otro y Alberich platicaba con Turquesa, mientras Viridis revolteaba por encima de ellos. Jade no estaba a la vista. El hechizo de sonido había dejado de funcionar poco después de que Emerald comenzase a quejarse en serio, cuando una llamarada surgió de la boca del túnel como una erupción. Jade, tras un apresurado cuchicheo con Turquesa, emprendió el vuelo y aun no había retornado. La aparición del agotado semiveela provocó un gritito emocionado de su madre, la aproximación de su padre y en general, que todos le acosasen con preguntas y demandas.
-¡Silencio! ¡Y dejadme respirar!
Sentándose en una piedra mas o menos plana, y chascando los dedos para llamar a un elfo, Draco se bebió casi sin respirar dos vasos seguidos de zumo de calabaza y naranja. Con un suspiro de satisfacción, y dando un murmurado agradecimiento al elfo, Draco encaró a la expectante multitud.
-Son preciosos, con una dura cáscara satinada de un verde irisado, más oscuro hacia el fondo y más pálido hacia la punta. Dos de ellos… 29 cm cada uno y casi 4 kg.
El orgullo era visible en los ojos plateados de Draco, que se nublaron de tristeza al añadir mucho menos jovialmente:
-Desgraciadamente, el tercero... es claramente inviable, es demasiado pequeño, no llega a dos kg y la forma... Pero Sylvain no consiente en desprenderse de él. Esta visiblemente afectado.
Narcissa se llevó una mano al pecho. Había una posibilidad…¡Dos!, de que fuera a ser abuela! Lucius comenzó a planear como tendrían que reforzar y ajustar las protecciones de la casa para albergar a sus futuros nietos. ¡Ni una mosca iba a entrar en sus tierras sin que lo supieran! "Mhh…necesito revisar los joyeros familiares… seguro que encontramos toda clase de dijes, colgantes y broches imbuidos de protecciones. ¿Donde habían puesto los que solía usar Draco de bebe?". Janja anotaba cada detalle y preguntó si podría tomar una foto y Draco denegó:
-Aun esta muy cansado y la verdad, primero me gustaría que comiese y se calmase un poco.
Turquesa se asomó al túnel y bramó:
-¡Babe! ¡Trae tu maldita cola aquí ahora mismo!
La dragona rezongó entre dientes, arrojando una columna de humo negro y chispas:
-¡Ninguna hija mía va a lloriquear tontamente sobre un huevo fallido!.Tiene otros dos perfectamente sanos de los que preocuparse.
Cuando Sylvain apareció, en su verdadera forma, los ojos enrojecidos, Turquesa le miró unos instantes y le lamió afectuosa pero estricta la cara.
-Babe…la vida es asi. ¿Cuántas veces te lo he dicho? ¿Lloro yo cuando mis hijos varones dejan el nido? Les cuidas durante dos años y después… La mayoría no sobrevivirá para cumplir los tres años…Solo los más fuertes y determinados lo hacen, Babe. Uno de cada 20. Tienes mucha suerte, mi chiquitina. Los pequeños humanos no tienen que enfrentarse a algo como eso… Draco ha dicho que has puesto dos preciosos huevos…Ahora solo tienes que incubarlos y hacerlos nacer…
Sylvain tragó saliva –sus padres podían contar los hijos varones que habían sobrevivido hasta emparejarse con una mano…y aun les sobraría la mitad- forzándose a reprimir las lágrimas y murmuró casi sin voz, sintiéndose horriblemente:
-Preciosos madre…son preciosos. Me gustaría…me gustaría que pudieras verlos…
-Eres un mago, criatura. Seguro que se te ocurre algo…
Un hechizo reductor después y las expectantes y futuras abuelas acompañaron a los orgullosos futuros padres a la primera visita. Lucius comprendió que Sylvain estaba comprometiendo su tolerancia al límite y no insistió en absoluto. Era preferible que Sylvain estuviese tranquilo…La excavación sorprendió a Narcissa y Turquesa la examinó con ojos críticos. En el centro de una masa de lana de roca reposaban dos increíbles bellezas. Dos huevos de color verde con un delicado matizado y suaves irisaciones. Sylvain no consintió que merodeasen, un rápido vistazo desde la distancia, apenas desde pocos pasos más alla del túnel y su inquietud y desasosiego se hizo patente. Olisqueándole el pecho y lamiéndole la cara, Turquesa susurró:
-Estoy muy orgullosa de ti.
Cuando Narcissa y Turquesa desaparecieron, Sylvain se sentó encima de una tarima cubierta con piel de venado y cogió con manos temblorosas de su viejo baul el huevo más pequeño. Su cascarón era igual de etéreamente hermoso que el de sus hermanos, pero era…diminuto y casi perfectamente esférico…Inviable. Ni siquiera sabrían nunca si el huevo estaba realmente fertilizado. Depositándolo tiernamente sobre su regazo, los ojos nuevamente húmedos, miró a Draco y murmuró suplicando una respuesta, la que fuese, un consuelo para el puñal que le partía el alma en dos:
-¿Por qué?
El rubio le abrazó, deslizando un brazo por sus hombros y colocando la otra mano sobre la delicada cáscara y murmuró, tratando de contener su propia pena:
-Nadie lo sabe. Nadie, Sylvain. Mi madre perdió espontáneamente dos niñas antes de que yo naciera… y un niño después. Es natural sentirse triste por algo así. Si quieres…había pensado que… podemos ponerlo a descansar junto a mis hermanos…
Mirando con ojos húmedos a Draco, notando la nostalgia y el sentimiento de pérdida que emanaba de él, Sylvain susurró:
-Eso sería…un detalle muy bonito. Creo que estaría…bien.
HP&DM
La joven pareja se tomó su tiempo para lamentar privadamente la pérdida –el hijo que nunca llegaría ni siquiera a tener la oportunidad de nacer- y finalmente, depositaron el huevo en las criptas de la familia, en un pequeño mausoleo de mármol blanco, custodiado por las airosas y serenas estatuas de dos potrillos de unicornio y alumbrado por dos enormes velas de llama eterna. Dentro, en un ambiente de serena paz; tres pequeñas placas empotradas en la pared, con las fechas, dos adornadas por unas muñecas vestidas de rosa, la tercera por un un osito con un lazo azul y una escoba. Apuntando a un espacio vacío junto a los restos de su hermano nonato, Draco creó un pequeño nicho. Con ojos llorosos, Sylvain besó el huevo y lo colocó sobre un mullido cojín de terciopelo, transfigurado a partir de una de sus escamas, enredada a un mechón de pelo suyo y de Draco, mojadas en las lágrimas de ambos. Necesitaba dejar algo, una parte de si mismo y de Draco, velando por su pequeño, la idea de dejarle solo era terrible y le ponía un nudo imposible de tragar en la garganta. El joven semiveela, tras rozar reverentemente la delicada superficie del huevo en una ultima caricia de despedida, cerró el hueco con una placa lisa de mármol. Y Sylvain, colocando la mano sobre la piedra, llorando en silencio, cerró los ojos y apretó contra ella la palma de la mano. Un diminuto dragón plata dormido sobre un almohadón verde en bajorelieve se grabó en el mármol y Draco añadió los detalles de la fecha, sus nombres y un pequeño epitafio, peleando y conteniendo su propia pena. Necesitaba ser fuerte por Sylvain. Y Sylvain lloró y lloró, entre los brazos de su igualmente acongojado compañero, lloró hasta que Draco se unió silenciosamente a su llanto. Nunca olvidarían. Los dos se quedaron sin lágrimas, y solo los temblores y los sollozos desgarrados de Sylvain persistieron.
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Pero no podían quedarse ahí, clamando. Y entonces, cuando Draco recobró el uso de su voz, se lo llevó suavemente de allí, murmurando muy bajito que tenía que descansar y preparase para incubar a sus dos hijos, hablándole cariñosamente de que debían empezar a pensar en nombres…y entre los restos resecos de lágrimas, Sylvain esbozó una vacilante y tenue semisonrisa agridulce. Apretó la mano de Draco y el joven semiveela devolvió el gesto, sonriendo suavemente aunque sus ojos estaban hinchados y rojos y su rostro pálido. Si, sus hijos iban a tener todo lo que a él se le había negado: una infancia feliz, unos padres cariñosos y una familia…El sol brillaba entre las últimas gotas de lluvia de la tempestad creando un centelleante arcoíris…un prometedor futuro le aguardaba…
