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El Amor de un Ángel Inmortal
Por Ladygon
Capítulo 7: La ira del silencio.
La pelea con el niño pelirrojo llegó a los oídos de la mamá de Dean, quien partió al colegio a ver qué pasaba con su hijo. Hace bastante tiempo que no tenía preocupaciones al respecto con su bebé y esto podía ser tomado como un evento aislado. Lo único que la preocupó, fue el comentario del director, al decirle que tenía una "pequeña obsesión" con el enfermero del colegio.
—¿A qué se refiere con "pequeña obsesión"? —preguntó la mujer.
—Bueno, desde el año pasado, Dean pasa bastante tiempo en la enfermería del colegio. No pasa nada, porque tenemos cámaras ahí y su hijo va a estudiar. Lo hemos vigilado bastante para saber eso —explicó el director.
—¿Solo lo ve en la enfermería?
—Sí, no se juntan en ningún otro lugar. Salvo en los juegos de fútbol y en las prácticas, pero ahí no se contactan. Castiel va a ver los juegos como cualquier profesor lo hace.
—¿No se hablan ahí?
—No, solo se hablan en la enfermería, pero muy poco. La verdad es que Castiel no le da mucha atención. Permite que vaya a verlo para estudiar y para que evite las peleas. Su hijo estaba metido en muchos problemas antes de pasar tiempo en la enfermería.
—Comprendo. Estoy al tanto de lo que pasó el año pasado —dijo la mujer.
El director le mostró las cámaras de seguridad de la enfermería. Ahí ella vio a Castiel solo en la habitación, sentado en su escritorio, leyendo. La mujer se despidió del director muy agradecida por la información, pero en vez de irse para su casa, sus pies se movieron en dirección opuesta.
Preguntó por la enfermería y llegó donde Castiel, a quien encontró en la misma posición que se veía en la cámara de seguridad.
—Buenos días —dijo la mujer en la puerta de la enfermería— ¿Puedo pasar?
Castiel levantó la vista y no pudo ocultar su expresión de sorpresa, al ver a la madre de Dean en la entrada. Trató de calmarse y guardar compostura, ¿le habría pasado algo malo a Dean?
—Buenos días —dijo Castiel, levantándose—. Pase, por favor.
—Gracias, quería hablar unas palabras con usted. Soy Verónica, la madre de Dean. —Le ofrece su mano.
—Mucho gusto, mi nombre es Castiel Novak, soy el enfermero —Estrechó la mano de la mujer.
—Lo sé, quisiera hablar sobre Dean.
—¿Le sucedió algo? —preguntó Castiel preocupado.
—No, nada, ¿puedo sentarme?
—Por supuesto, disculpe.
Tomaron asiento. Castiel detrás del escritorio y la mujer donde solía sentarse su hijo.
—Supe por el director, que mi hijo pasa mucho tiempo con usted —dijo la madre.
—Es correcto, Dean viene en su descanso a estudiar, pero ya no viene tan seguido como antes. Tiene ensayo de fútbol.
—¿Las prácticas?
—Sí, desea ganar una beca deportiva para ir a la universidad —explicó Castiel.
La madre abrió los ojos por la sorpresa.
—No sabía que quería ir a la universidad con una beca. Nosotros hemos juntado un dinero para sus estudios.
—Son sus planes. Desea ir a una universidad importante. Al parecer, el dinero que han juntado alcanza para una universidad estatal.
—Sí, bueno, no es mucho, pero alcanza para estudiar una pedagogía o algo así.
—Quiere ser ingeniero mecánico —especifica Castiel.
—¡Oh!
Silencio por parte de ambos.
—¿Usted cree que lo logre? —preguntó la madre.
—¿Lo ha visto jugar? Es muy bueno. Dean puede lograr cualquier cosa que se proponga.
—Le tiene mucha fe.
—Es un chico excepcional.
La señora lo quedó mirando con suspicacia.
—¿Qué relación hay entre mi hijo y usted? —preguntó la madre.
—Somos amigos. Él viene a verme de vez en cuando y estudia aquí.
—Según el director mi hijo está obsesionado con usted.
—¿Obsesionado? No lo creo.
—¿No lo ve en ninguna otra instancia?
—En el equipo de fútbol.
—¿Conversan ahí?
—No, no se puede, porque yo estoy en las gradas y Dean en la cancha. Me gusta el fútbol.
—¿Tienen comunicación por celular o por internet?
—No, no uso el celular en la palma. Me molesta.
—Ya veo… —dice la madre, haciendo una pausa—… No lo quiero cerca de mi hijo.
—Entiendo, pero yo no lo busco. Este es mi lugar de trabajo y él se aparece.
—Pues, ¡échelo!
Castiel la miró a los ojos y la vio decidida.
—Lo echaré desde ahora, pero tendrá usted que lidiar con las consecuencias. Su hijo es muy decidido cuando tiene algo en mente. Aquí no hace nada malo, si gusta, puede revisar las cámaras y si él quiere estar aquí, no sé cómo alguien podría detenerlo.
Castiel la miró preocupado.
—Usted solo échelo, yo me las veré con él —insistió la madre.
—Por supuesto, tampoco iré a las prácticas, solo a los juegos, porque es mi obligación como parte del plantel.
—Me parece bien. —La mujer se levantó del asiento.
—Adiós —dijo Castiel.
La madre de Dean lo quedó mirando con curiosidad y en alguna medida, sorprendida con aquella palabra tan terminante. Generalmente, le decían "hasta luego o hasta pronto", pero no un "adiós" como si esta sería la última vez que la vería en su vida.
—Eh, sí, hasta luego —dijo la mujer al retirarse de la oficina, un poco descolocada.
Castiel juntó sus manos a la altura de su rostro y quedó mirando, fijamente hacia la pared. Dean se enojaría mucho con él, pero quien terminaría peor, sería la madre. Esa señora no conocía para nada a su hijo y las cosas capaces de hacer. Faltaban dos años y medio para que Dean cumpliera la mayoría de edad, cuando eso pasara, nada ni nadie podría detenerlo. Lo sentía mucho por la madre o por su padre, pero serían devastados por la fuerza imparable llamada Dean.
Castiel aguantó el aliento hasta el descanso. Había probabilidades, que Dean se presentara. No sabía lo que le iba a decir, pero mentirle no estaba en los planes, porque Dean lo pillaba casi al instante en la mentira. Una de las cosas que aprendió durante el tiempo de conocerlo.
Para fortuna de Castiel, Dean no se apareció ese día. Ni al día siguiente. Respirando un tanto tranquilo, Dean se apareció cuando menos lo esperaba. Castiel quedó parado como una estatua al medio de la enfermería sin saber cómo reaccionar.
—¿Qué pasa Cas? ¿Parece que has visto un fantasma? —le dijo Dean.
—Esteee, sí, no te esperaba —respondió nervioso el ángel.
—Tuve un tiempo libre y me pareció venir a verte un ratito.
—¡Ah!... Dean, ven siéntate. Tengo algo importante que decirte.
—¿Qué pasa Cas? Me estás asustando.
Dean ya lo intuía. Ese chico se trajo todos sus instintos de cazador de la otra vida. Al mal paso darle prisa o mensaje de shock, según la filosofía del cazador.
—Tu madre no quiere que nos veamos o tengamos algún contacto —lanzó Castiel.
—¡Qué!
—Tu madre estuvo aquí y no quiere que vengas más a la enfermería. Debo echarte. No debes culparla, es algo natural que se preocupe.
—No me digas lo que es natural o no. Ella no tiene idea de qué nos une.
—Si lo pones de esa forma, nadie sabe, ni deben saberlo. Te internarían en un hospital mental.
—¡Dios! Ya era difícil con tu actitud, pero ahora mi madre metida en el cuento. No dejaré que controle mi vida. Podría emanciparme de mis padres.
—¿Emanciparte?
—Sí, ir a la corte y declarar que son malos padres. Podría alegar que me golpean.
—¡Pero eso es mentira! ¿No te importa lastimarlos?
—Me importan, pero más me importas tú —dijo muy honesto el chico.
—Eres menor de edad, Dean, ellos podrían cambiarte de colegio y eso no es bueno. Con la beca en camino, sería un retroceso para tu futuro.
Apareció en la puerta una alumna que venía por un dolor de cabeza. Castiel dejó a Dean meditabundo, mientras él ponía sus dedos en la frente de la pequeña y después le daba un analgésico. La chica se fue muy contenta. Dean volvió a la carga con sus argumentos.
—No quiero que me separen de ti. Ya bastante difícil es vivir así, sin poder verte seguido —explicó el chico.
—Pero si me ves seguido. No dejaré de ir a los partidos, pero sí, a las prácticas —dijo Castiel.
—Eso es demasiado.
—Vamos, Dean, sé que es mucho pedir, pero si construimos un buen futuro, nadie podrá destruirlo. Son solo dos años y medio, pasarán volando.
—Para ti, para mí ha sido un martirio —dijo con voz hastiada el chico.
—Dean…
El chico se levantó cansado del asiento.
—Nos vemos en los partidos. Dedicaré cada uno de ellos a ti —concluyó.
—Dean, lo siento. Prometo que te lo compensaré —gimió Castiel—. Estaré a tu lado, invisible, pero estaré.
Dean se dio media vuelta con una sonrisa.
—Eso me confortará —dijo con ternura.
Castiel le sonrió con dulzura y con esa imagen, Dean salió de la enfermería para no volver nunca más.
Como supuso Castiel, la madre recibió toda la ira de Dean, de una forma poco violenta, pero igual de despiadada. Dean le aplicó la ley del hielo y no volvió a dirigirle la palabra. La madre desesperada quiso culpar al enfermero, pero en el colegio se enteró que Dean ya no iba a la enfermería, que no hablaba más con el enfermero y que este último, solo iba a los partidos oficiales como todo profesor. Castiel había cumplido con su pedido y ella tenía que sufrir las consecuencias, tal como le habían dicho. Fue entonces, cuando se dio cuenta de que en realidad, no conocía a su hijo y en vez de abrirse a ella o a su padre, se encerró en sí mismo.
Dean pasaba casi todo su tiempo en el colegio entre los estudios y las prácticas de fútbol americano. Llegaba a su casa y se encerraba en su habitación a estudiar o salía con amigos. Cuando su mamá se ponía odiosa, se encerraba en su habitación a estudiar y escuchar música.
Castiel cumplió su palabra. Invisible permanecía a su lado, Dean podía sentirlo con tranquilidad. Al principio le costó, pero luego de concentrarse un rato, podía sentir su presencia. Eso lo tranquilizaba y lo hacía feliz. Generalmente, sentado en su escritorio, dentro de su habitación, sentía a Castiel al otro lado del escritorio, como si estuviera en la consulta de la enfermería. Así estudiaba y podía concentrarse, también en los estudios con facilidad.
La madre a veces le negaba salir con los amigos, solo para llamar la atención y obligarlo a pelear con ella. Sin embargo, Dean no se hacía problemas y en vez de dirigirle la palabra, como deseaba la madre, él solo se encerraba en su cuarto a sentir la presencia de Castiel. Su madre no sabía qué hacer para hacerlo reaccionar.
El padre trató de razonar con él varias veces, pero Dean fue terminante en su explicación: su mamá le quitó a un amigo muy querido, quien le ayudó en los momentos más difíciles de su vida, lo guio por el buen camino y ahora no podía verlo por culpa de ella. Eso jamás se lo perdonaría. Él obedecería en todo, conseguiría una beca deportiva y se largaría de la casa. Su padre lo acusó de mal hijo y de mal agradecido. Dean dijo que un hijo obediente no era mal hijo, ni mal agradecido. Luego fue a su cuarto como siempre hacía.
Al niño lo llevaron, incluso, a terapia de familia para hacerle ver que su mamá actúo en bien de él, que no le convenía estar en una relación con un hombre mucho mayor que él.
"Si supieran que tan mayor es" —pensaba Dean.
Sin embargo, Dean no le habló a su mamá y solo consiguieron que hablara con su papá o con la terapista de cosas del colegio. Cuando le preguntaban de su futuro, él decía siempre lo mismo sobre la beca, la universidad y la carrera. A parte de esto, él no comentaba nada de sus planes de casarse con Castiel y dejar el pueblo para siempre.
Fin capítulo 7
Hola a todos, aquí un nuevo capítulo de este fic. Gracias por leer y por los comentarios. Está difícil el camino para estos dos, como siempre U.U
