Fairy Tail es propiedad de Hiro Mashima
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Sin saberlo, muy lejos de ahí, también se celebraba una fiesta, donde los festejados también eran novios. Era su fiesta de compromiso, sin embargo, el ambiente en ésta era totalmente opuesto. La cena y la música eran muy elegantes, como debía de ser en una familia acomodada. La futura novia era una joven de gran belleza, su cuerpo estaba cubierto por un hermoso vestido de seda color azul.
-Te ves muy hermosa esta noche, Lucy –la elogió el apuesto joven.
-Gracias, Loke –respondió con un muy leve sonrojo, bajando la vista.
El hombre que su padre le había escogido como esposo era realmente guapo y encantador también. Siempre estaba lleno de halagos hacia ella, sin embargo, como tristemente se había dado cuenta después, también estaba lleno de halagos hacia otras.
No pasó mucho tiempo antes de que Lucy perdiera de vista a su novio. Y tampoco se extrañó por esto. Todas las veces que habían salido, siempre sucedía lo mismo, él se ausentaba sin que ella se diera cuenta, a veces regresaba, a veces no. Y cuando esto último sucedía, al volver a verla le llevaba un fastuoso ramo de rosas. Lucy ya había perdido la cuenta de cuantas veces arrojó hermosas rosas multicolores a la basura, hastiada. No obstante, cuando su padre le informó de que tendría que casarse con su novio, puesto que la compañía familiar había entrado en un estado crítico del cual en muy poco tiempo llegaría a ser insostenible; no tuvo más remedio que asentir con la cabeza. No quería hacerlo, ella no estaba enamorada, jamás podría estar enamorada de un patán como el que le ponían en frente.
Los rumores sobre su galantería hacia otras damas la asfixiaban. No le importaba realmente lo que Loke hiciera en su tiempo libre, le interesaba demasiado poco como para llegar a celarlo; pero era la insistencia de las demás mujeres sobre el tema lo que la molestaba.
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-Así que por fin alguien logro domar al león –le decía con malicia una de las invitadas-. Te deseo mucha suerte, Lucy. Y paciencia…
Lucy mantuvo la mirada apartada, buscando a su padre, cuando al fin lo localizó, dejó a la mujer con la palabra en la boca que al parecer todavía tenía cuerda para más.
-Padre –dijo apartándolo de un par de hombres mayores-. ¿Podría hablar contigo en privado?
-Pero, ¿Qué dices, Lucy? No puedes abandonar a tus invitados, todos han venido a celebrar tu compromiso.
La joven suspiró resignada. Ni siquiera conocía a la mayoría de las personas que estaban presentes, y a las que sí, le expresaban la suficiente antipatía como para mantenerse al margen de ellas.
-Solo será un momento, por favor.
Le encaminó escaleras arriba, cruzando el gran salón soberbiamente adornado; hasta su despacho, en el segundo piso. Era una habitación amplia, cuyas paredes estaban cubiertas con libreros que llegaban hasta el techo, todos los libros estaban clasificados en orden, dependiendo de su materia. Al fondo, una gran ventana cubría casi la pared entera. Enfrente de ésta un escritorio grande, con dos más pequeños a los lados. Había un servicio de bar, y frente a este, una sala en color carmín.
-Padre –comenzó-. No quiero casarme con Loke.
Jude Heartfilia aspiró profundo, cerrando la mano en un puño.
-Hija –trató de hablar con suavidad, sin lograrlo-. Cuando te anuncié de tu compromiso, no recuerdo haberte pedido autorización. Esta boda no es algo que quieras o no. Es algo que se realiza y ya.
-Pero yo no lo amo –no pudo contener más las lágrimas-. Él no es lo que yo deseo en un esposo.
-¿Sabes cuantas señoritas envidian tu posición en estos momentos, Lucy? El hijo de Regulus es uno de los mejores partidos que hay, es atractivo y está muy bien educado.
-¡Pero es un mujeriego! No me respeta.
-Bueno, hija. Es algo que deberás aprender a sobrellevar. Esta unión nos salvará de la ruina y lo sabes. Has crecido entre lujos, Lucy. No podrías soportar un mundo sin ellos. Todo esto lo hago por nuestro bien.
Dio la vuelta dispuesto a marcharse.
-Mamá jamás me habría permitido casarme sin amor –lo dijo casi en un susurro.
-Tu madre ya no está aquí.
Salió del despacho sin voltear atrás. Su hija entraría en razón, pensaba, a fin de cuentas, era por el bien del apellido Heartfilia.
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Lucy no fue capaz de regresar a la fiesta, en lugar de eso, se encaminó a su habitación. Cerró la puerta con fuerza y se tiró sobre la cama, abrazó uno de sus osos de peluche y rompió en llanto. Apenas había cumplido 22 años, no podía cargar con las responsabilidades que le imponía su padre. Recordó a su mamá, en ese entonces ella era feliz realmente, al igual que su padre. Después de su muerte, todo cambió. Jude se dedicó de lleno a la empresa. No recordaba la última vez que se había sentado a charlar con su padre. Cuando él tenía que comunicarle algo, simplemente la llamaba a su despacho, sin saludarla, sin preguntarle cómo estaba. Solo le decía lo que tenía que decir y le pedía que se retirara.
Esto la lastimaba profundamente, pensó que aceptando el matrimonio podría hacerlo feliz. Pero parecía que eso ya no era posible. Solo se interesaba por su empresa, a pesar de que él mismo había sido el único responsable de casi llevarla a la quiebra, debido a sus malas decisiones y a unas inversiones sin frutos.
Y ahora, tenía que ser ella la que evitara que todo se derrumbara. Era consciente de que su matrimonio les beneficiaria más a ellos que a la otra parte. Pero aun así no quería hacerlo. No podía pasar el resto de su vida junto a un hombre que pasaba el resto de la suya con muchas otras. Simplemente le enfermaba la idea. Loke podía ser guapo y encantador, pero no era un hombre de verdad. Tenía una muy mala reputación y tal vez lo único que podía interesarle de Lucy, era que ésta en diversas ocasiones había rechazado sus indecorosas propuestas. Lo que le hacía que él la deseara más, debido a que ella era diferente. No se entregaría a cualquiera. Y Loke, pensaba que tal vez, después de ser su esposa, no podría negarse a nada. No contaba con que su novia tenía otros planes en mente.
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Y entonces, ella lo decidió. Levantándose de la cama, se desvistió; buscó unos jeans y una blusa cómoda. Se puso unas botas y tomando una maleta, empezó a empacar unas pocas cosas, solo las suficientes, las necesarias. Se hizo una pequeña coleta en el cabello, de lado. Tomó su bolso y la maleta, y se dispuso a salir. Sería duro, lo sabía, nunca había trabajado, pero era inteligente y talentosa. Había terminado ya su carrera. Encontraría un lugar en el mundo para ella, y más importante aún: encontraría sentimientos sinceros en los demás.
Nadie habría puesto atención a la joven en jeans que bajaba con rapidez las escaleras, de no haber sido porque la fuerte voz de un hombre la detuvo mientras cruzaba la estancia a paso decidido.
-Lucy –le gritó-. ¿A dónde crees que vas?
-Siendo sincera, padre. Ni yo misma lo sé. Pero te diré lo que sí sé. Porque no habré de repetírtelo de nuevo –miró a su alrededor con aire retador-. Espero que también escuchen ustedes con claridad. Así tendrán de qué hablar por un tiempo –volvió a mirar a su padre con gravedad-. No voy a casarme con Loke, ni con ningún otro hombre que tú elijas. He decidido que es mi vida la que estás apostando. Y como mía, las decisiones las tomaré yo. No pienso vivir más bajo tu techo, padre. Bajo esta tiranía que ejerces sobre mí.
Sabiendo que no sería capaz de contener las lágrimas por más tiempo, retrocedió, dirigiéndose a la entrada.
-¿Cómo piensas vivir, Lucy? –la detuvo del brazo con fuerza.
-No te preocupes por eso –se soltó violentamente-. No pienso pedirte nada. No me llevo nada que no sea mío. Y no me llevo nada que sea tuyo. Adiós, padre.
Salió con rapidez, ante la mirada expectante y escudriñadora de los presentes. Los susurros y murmullos no se hicieron esperar. Jude hervía de ira y vergüenza. Tratando de no encontrarse con la mirada de nadie, subió las escaleras, encerrándose en su oficina.
Pasaría mucho tiempo antes de que Lucy volviera a saber de su padre.
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No tenía idea de adonde se dirigía, jamás había tomado el transporte urbano, así que se decidió por un taxi. No era mucho el dinero que llevaba, pero debía ser suficiente para poder vivir hasta encontrar un trabajo.
El taxista la llevó hasta una modesta posada, recomendación de él mismo.
-Aquí solo viven mujeres –le dijo al detenerse frente a un edificio de tres pisos, con una fachada muy bien cuidada y ventanales adornados con jarrones y flores-. Y es una zona bastante segura, a tan solo tres cuadras se encuentra la estación de policía más importante de la ciudad. Así que estarás bien aquí.
Lucy sonrió amablemente, el hombre era muy educado y se dirigía a ella con mucho respeto.
-La mujer que renta es mi tía –continuó-. Por eso sé que estarás bien. Ella cuida muy bien de sus inquilinas. Te acompañaré para que no tengas ningún problema.
La ayudó a salir del vehículo y se dirigieron hacia la entrada, que estaba cerrada desde dentro y solo se podía entrar con autorización. El joven presionó un nombre en el intercomunicador y poco después escucharon una voz molesta y gruñona a través del receptor.
-Son más de las diez de la noche. No se permiten visitas.
-Tía, soy Dan. ¿Podrías abrir?
-¿Dan? Hijo –respondió cambiando el tono por uno más amable, aunque no por mucho-. No vendrás de nuevo a tratar de seducir a una de mis niñas ¿verdad?
El joven se sonrojó gravemente y miró a Lucy, mientras negaba insistentemente con la cabeza. Ésta solo se limitó a sonreír cortésmente desviando la mirada.
-N-no sé de qué hablas, tía Ooba. Por favor, ya abre –suspiró resignado.
Frente a ellos, ahora estaba una mujer de avanzada edad, no muy alta de estatura y con su pelo blanco recogido sobre la cabeza. Tenía un aspecto solemne. Dan inmediatamente se inclinó y besó a la mujer en la mejilla.
-¿Ella es tu novia? –preguntó hojeando a Lucy detenidamente.
El muchacho se sonrojó nuevamente y sonrió.
-No, no. Es una clienta, me ha preguntado si conocía de un lugar decente donde pudiera hospedarse. Y no hay mejor lugar que en tu posada, tía.
-Bueno, eso es muy cierto –sonrió, examinando a Lucy con la mirada-. Dime, jovencita ¿Estás sola en la ciudad?
Lucy asintió mientras la anciana se despedía de Dan, quien no muy convencido se subía al auto viéndolas entrar al edificio.
Ooba guió a Lucy hacia una de las pocas habitaciones que tenía desocupadas, en el segundo piso. Era amplia y estaba totalmente amueblada, contaba con un largo sillón justo pegado a la pared de enfrente, cuya ventana daba a un amplio balcón. Tenía una pequeña cocineta con barra desayunadora y un cómodo y modesto comedor de cuatro sillas, a la izquierda estaba la recamara, que era más pequeña, pero cómoda y justo en frente de ésta, el sanitario.
-¿Y estás en la ciudad por estudios..?
-No –respondió Lucy a la pregunta-. Ya terminé mis estudios. Ahora planeo trabajar.
-¿Ah, sí? –dijo sin mucho interés-. Siéntete libre de decorarla a tu gusto. Aquí están las llaves; la grande es la que vas a necesitar para la entrada de abajo. Procura no perderla, y no está permitido que se la des a alguien más. El edificio después de todo es mío, y no dejo entrar a cualquiera. Las visitas después de las diez de noche tampoco me parecen bien.
La muchacha sonrió, accediendo a todas sus condiciones. Que eran bastantes lógicas y aceptables.
Firmó el contrato de arrendamiento, deslizando una gota de sudor en su frente al ver que tenía que pagar tres meses por adelantado más el depósito de un mes. Pero el lugar estaba tan limpio y bien ubicado que no puso reparo en el precio de alquiler, el cual la había dejado ya sin la mitad de todo su capital; obviamente el departamento era más de lo que podía permitirse, pero le encantó. Estaría segura y le reconfortaba el saber que era una residencia de solo mujeres. La hacía sentirse más confiada.
Lo primero que hizo al quedarse sola, fue darse un baño y observar durante varios minutos la ciudad que tenía ante sus ojos desde el balcón. Su rostro se entristeció al recordar el modo que salió de casa. Ahora estaba completamente sola; se repitió que mañana mismo buscaría un trabajo. Su sueño era ser una escritora, le encantaba el romance y la aventura, y era de esto de lo que trataban las historias que escribía. Había leído casi todos los libros que su padre mantenía en su despacho, la gran mayoría era herencia de su madre; quien siempre le contaba relatos al arroparla para dormir. Y gracias a esto fue que Lucy decidió estudiar lengua y literatura a pesar de las objeciones de su padre. Amaba leer, casi tanto como amaba escribir. Sin embargo, nunca había dejado que nadie leyera sus historias. Se sentí insegura respecto a ellas, desde que, al escribir la primera y tratar de que su padre la leyera, éste simplemente la había ignorado, diciéndole que solo perdía el tiempo.
" –Nadie jamás se ha hecho rico a base de escribir cuentos, Lucy –espetó ante la insistencia de ella-. Yo me preocupo por cuidar tu futuro y tú solo pierdes el tiempo en pasatiempos ridículos. Ahora déjame que estoy muy ocupado.
-Pero es mi primer historia –sollozó cuando su padre le cerró la puerta en la cara-, sobre ti y mamá. "
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No se dio cuenta en que momento el llanto comenzó, pero se limpió las lágrimas inmediatamente, saliendo de sus recuerdos al escuchar como un grupo de jóvenes armaba escándalo frente al edificio. Recargó el cuerpo sobre el barandal, para tener una mejor visión de la escena. No escuchaba claramente lo que decían, pero pudo percatarse de que se encontraban en un estado inconveniente.
-Maldición –gritó la joven de cabello azul-. Natsu se quedó con mi bolso y allí tenia mis llaves.
-¿Por qué no llamas a la dueña? –preguntaba un joven.
-Me mataría si la despierto a estas horas –trataba con dificultad de mantenerse en pie. Alzó la vista y se encontró con la mirada de la chica rubia que los observaba divertida-. ¡Oye! ¿Podrías abrir? Soy Levi, vivo aquí… pero olvidé mis llaves –bajó la vista mientras se rascaba la cabeza, pensando en su casera-. Si Ooba-sama despierta, es nuestro fin.
Lucy asintió con la cabeza, por alguna razón comprendió la reacción de la joven. Su casera inspiraba algo de miedo. Debido a que no habilitarían su intercomunicador hasta la mañana y no podía hacer uso del portero eléctrico; bajó con cuidado las escaleras y les permitió la entrada. Eran seis en total, tres mujeres y tres hombres. A Lucy le llamó la atención que las tres chicas llevaran el mismo vestido rosa, largo y elegante; dos de los hombres en traje, con el saco al hombro; no obstante al ver al tercero no pudo evitar ruborizarse: de pelo negro y despeinado, sólo llevaba los pantalones puestos, con el torso completamente desnudo.
-Oh, gracias –pronunció Levy con alegría en cuanto estuvo frente a Lucy-. Nos has salvado.
-Ahora, ¿nos permitirías pasar a tu habitación? –preguntó la mujer de cabello rojo.
Lucy se sorprendió de lo directa que fue la pregunta. Definitivamente todos ellos estaban demasiado bebidos.
-¿A mi habitación? –repitió.
-Bueno, verás –se acercó la joven de pelo oscuro, la menos mareada de todos-. Nuestra amiga Levy olvidó sus llaves. Así que nos permitirías quedarnos en la tuya.
-¿Quedarse? –recalcó Lucy aún más confundida. "Son demasiado confianzudos".
-Verás, la vieja es muy histérica, si escucha un poco de ruido en los pasillos a estas horas –se acercó mas a Lucy, tratando de crear una atmosfera de gravedad-. Podría correrlas del edificio.
Lucy tragó saliva, no podía permitir que la echaran a la calle tan pronto. Así que con resignación los dejó pasar.
-Oh, mira –dijo Levy cuando entraron finalmente a la habitación-. Vives justo al lado mío, somos vecinas.
-Es bastante acogedora –Erza se había sentado en el sillón.
-Vaya que si –coincidió Gray, que ya se había desecho de sus pantalones.
-¿Por qué te quitas la ropa? –profirió Lucy con horror, mientras agachaba la cabeza.
-Por cierto, yo soy Cana –se presentó -. El pervertido es Gray…
-¡No me llames así! –exclamó éste inmediatamente, poniéndose de pie.
-Soy Erza, eres muy dulce por tu hospitalidad.
-Yo soy Jet, y él es Droy. Es muy amable de tu parte atendernos.
-Sí, no hay problema –contestó Lucy encogiéndose de hombros.
-Pero si no hay nada aquí –exclamó Cana mirando el refrigerador.
"Demasiado confianzudos", pensó nuevamente Lucy.
-Acabo de cambiarme esta misma noche, realmente no tenía planeado tener visitas. Así que no tengo mucho que ofrecerles. Una pregunta –se decidió finalmente-. ¿Por qué están vestidos igual?
-Oh, esto –respondió Erza mirándose-. Venimos de la boda de nuestro mejor amigo, Natsu.
Lucy abrió los ojos, comprendiendo.
-Aunque de hecho no se casó –intervino Cana-. Así que, no tengo idea de por qué seguimos vestidos así.
-Para mí no es problema estar así –comentó Gray.
-Eso es porque te deshiciste de tu traje hace mucho –respondieron Jet y Droy al mismo tiempo.
A Lucy le causó curiosidad el comentario de Cana, pero no quería parecer entrometida, por lo que no siguió preguntando.
-¿Acabas de mudarte a la ciudad? –le preguntó Levy.
-Emm, podría decirse eso –sonrió tímidamente, en realidad no quería hablar de ella.
-Erza, ¿por qué no vamos a tu habitación? Al menos ahí podríamos comer. Muero de hambre.
-Eso es porque no comiste nada en el banquete, Cana –la regañó Gray-. Apenas y si te separaste de la barra.
-Yo también tengo hambre –apoyó Erza-. Vayamos a mi habitación. ¿Vienes, Lucy?
La invitación la tomó por sorpresa, más aun cuando supo que Erza vivía en el mismo edificio sólo que en el tercer piso.
-Y aún así me hicieron bajar a abrirles y dejarles entrar a mi habitación –dijo casi en un susurro agotado.
La habitación de Erza era casi el triple de grande que la de la Lucy. Contaba con dos recamaras, y la cocina era más amplia. A Lucy le asombró la cantidad de fotografías que adornaban la estancia. Una captó su atención.
-¿Conocen al Magistrado? –preguntó sorprendida, al contemplar una imagen del solemne anciano rodeado de un numeroso grupo de jóvenes.
-Es casi como un abuelo para nosotros –respondió Gray-. Nuestras familias eran muy cercanas gracias a él.
-Así que se conocen desde niños –suspiró emotivamente. Habían muchas fotos, varias de ellas mostraban al grupo de amigos sonriendo divertidos y a unos cuantos más. Curiosamente también había varias noticias periodísticas que llamaron su atención. Continuó recorriendo con la mirada los portarretratos, deteniéndose en uno en especial, éste mostraba sólo a Erza al lado de un chico. Se enterneció al observarlos, era uno foto de medio cuerpo, que la mostraba con el cabello suelto, sonriendo con alegría junto a un joven de cabello azul; le llamó la atención el tatuaje que éste tenía en el rostro, que, fuera de afectarle, le daba un aspecto incluso más atractivo.
-Él es Jellal –le dijo Levy al acercarse-. Es… era el novio de Erza. Es precioso lo bien que se ven juntos ¿verdad?
Lucy sonrió, mirando ahora a Erza, no parecía que sonriera mucho, al menos no como en esa foto.
-Este es Natsu –continuó mientras le enseñaba una de las fotos al extremo.
En ella se distinguía también a Erza, en medio de Gray y del otro joven. Lucy lo observó con interés. Aparentemente era más bajo que Gray y un poco más alto que Erza; tenía el cabello rosa, algo alborotado, con una bufanda blanca rodeándole el cuello. Su rostro estaba cubierto por una grande y blanca sonrisa, resaltando sus algo puntiagudos colmillos. Se veía muy feliz, a diferencia de Gray, quien sólo esbozaba una sonrisa, con los brazos cruzados.
Lucy sonrío involuntariamente, vaya que incluso desde una foto, la risa del muchacho era contagiosa. Su mente aún estaba curiosa respecto a lo que había pasado en torno a esa boda sin consumar. Natsu le había parecido muy lindo desde esa imagen. ¿Habría sido él quien a último momento se arrepintió de casarse?
-Mañana te llevaré para que lo conozcas –expresó Levy al ver el atención que tenía la joven en la foto.
-Oh, no es necesario.
-No te preocupes –sonrió-. Igual tengo que recoger mi bolso y mis llaves.
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Hola! Gracias por sus lindos reviews... procuraré actualizar los lunes, ya que los fines de semana es cuando mas tiempo tengo de escribir. Saludos :)
