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El Amor de un Ángel Inmortal
Por Ladygon
Capítulo 13: Celebrando junto a la familia.
Continuaron caminando por el pueblo y las diversas manifestaciones al verlos juntos fueron parecidas a las de Archie. Castiel seguía confundido por tanta felicidad en la gente por solo verlos. Siempre supo que no era muy conocido en el pueblo, después de todo, su trabajo era en la enfermería del colegio y no conocía a muchas personas. Ni siquiera tenía amigos. Debía ser por Dean, ya que él era muy conocido y una estrella de fútbol.
Cuando estuvieron solo a unos pasos de su destino, Castiel cayó en la cuenta de que estaban en la casa paterna de Dean.
—Dijiste que íbamos a tu casa, no a la de tus padres.
—Vengo a recoger mis maletas. Nos iremos de inmediato al aeropuerto —explicó Dean.
—No es necesario el aeropuerto. Sé que no te gusta volar, puedo transportarnos a tu departamento.
—¿En serio? —dijo fascinado.
—En serio.
—Ok, pero igual necesito mis maletas.
—Te espero.
—¿No entrarás?
—No creo que sea prudente.
—Has estado ahí muchas veces antes.
—Invisible siempre —explicó Castiel.
—Está bien, espérame aquí, salgo enseguida.
Castiel se quedó parado en la vereda, mientras Dean cruzaba la cerca blanca de su casa y entraba en ella. Entonces, no pasaron dos minutos cuando salió la mamá de Dean a recibirlo.
—Señor Castiel, me alegro mucho verlo bien, pase por favor —dijo la señora.
Lo tomó del brazo, que no tenía ocupado con las flores y lo arrastró hasta dentro de su casa donde también, estaba el padre de Dean. Castiel se sintió cohibido, por primera vez, se sentía un extraño en esa casa, pese a permanecer años en ella como si fuera un fantasma. Tanto el señor y la señora, lo trataron muy bien e incluso, le ofrecieron asiento.
—Disculpe, me es cara conocida ¿Nos conocemos de antes? —preguntó el padre del chico.
Castiel recordó la vez que se vieron en el hospital cuando nació Dean. Imposible que él recordara su rostro después de tantos años.
—Puede ser, quizás nos vimos en la graduación de Dean —dijo Castiel.
No era mentira que se vieron en la graduación a la distancia.
—Tiene razón, no hemos sido presentados, formalmente. Soy Víctor Carter —dijo el hombre, ofreciendo su mano.
—Mucho gusto, Castiel Novak.
—De verdad, estamos muy felices de que se encuentre mejor —interrumpió la señora—. Dean me dice que se irán a Nueva Jersey juntos y vivirán en su departamento.
—Este, solo será por un tiempo mientras encuentre otro lugar —explica con cuidado Castiel, no quiere hacer problemas para Dean.
—No se preocupe por eso, lo entendemos —dijo Verónica con una sonrisa que el marido secundó—. Solo llamen de vez en cuando para saber de ustedes, por favor ¿Hará que Dean nos llame? —Su tono fue de súplica.
—Por supuesto.
La mujer quedó muy feliz y lo invitó a cenar con ellos antes de irse. Castiel no pudo negarse y Dean sonreía con la situación, ya que jamás esperó ver a su familia tan amable con el ángel. Sin embargo, Dean no estaba tan sorprendido, pues Castiel siempre se hacía querer.
—Ayer fue el cumpleaños de Dean, cumplió dieciocho años. Mi niño ya es un adulto —informó su madre toda orgullosa.
—Sí, supe.
Estaban todos reunidos en la mesa para comenzar la cena.
—No pudimos celebrarlo ayer, por… bueno, usted sabe… su condición. Pero ahora que está bien podemos hacerlo.
Luego se dirigió a su marido:
—Ve y apaga las luces cuando te diga.
—¡Ay, mamá, ya estoy grande para esto! —reclamó Dean.
—Jamás se está grande para cantar el cumpleaños feliz con un pastel encendido.
Dicho esto, salió volando hasta la cocina. Momentos después, gritó a su marido para que apagara las luces y ella apareció con un hermoso pastel con velitas encendidas. Cantaron el cumpleaños feliz a coro, Dean apagó las velas después de pedir sus deseos.
—Aquí están los regalos de parte de tu padre y mío.
—Gracias mamá.
—Yo te debo el mío —anunció el ángel.
—Lo sé, me lo darás después —dijo con insinuación maliciosa, que Castiel no captó, pero que sus padres sí.
—Buscaré algo en la tienda de la esquina, antes de irnos. Venden cosas lindas —dijo Castiel con simpleza verdadera.
Los padres tuvieron en ese momento una revelación importante al descubrir, en la interacción de esos dos, lo que realmente pasaba con ellos. La madre tuvo la seguridad, de que no había pasado nada impropio entre esos dos, pero no gracias a Dean, sino a Castiel, quien mantenía la impulsividad de su hijo bajo control gracias a su… ¿inocencia?, no, eso era imposible, debía de ser por lo distraído que era. Había gente así, que vivía en otro plano existencial, aunque debía aceptar que no conocía a nadie, salvo a Castiel.
La señora sintió vergüenza del comportamiento de su hijo. Quizás metió en problemas a Castiel en más de una ocasión a causa de su terquedad.
—Castiel, ¿le puedo decir así? —dijo la madre del chico.
—Por supuesto.
—Quiero pedir perdón por mi hijo… por todo.
Castiel la quedó mirando con extrañeza y Dean sorprendido.
—No hay necesidad de eso. Es mi deber.
—¿A qué se refiere con eso? ¿Cuál deber?
Castiel iba a responder, pero Dean interrumpió rápido por lo peligroso de la situación.
—Su deber con los alumnos, mamá. Él tiene una gran vocación al respecto.
Los padres quedaron, mirándose el uno al otro.
—No tiene por qué, ya no eres un alumno —dijo su padre.
Dean abría sus regalos, descubriendo un reloj antiguo de pulsera. Ahora ya nadie los usaba, pero era demasiado hermoso y lo quedó mirando en su caja cuando explicó con obviedad:
—No, pero Cas es responsable.
—¿Cas? —. Su padre abrió los ojos.
—¿Cas? —murmuró su madre.
Dean recién se dio cuenta de la metida de pata que dejó ahí, puesto que sus padres sabían de la existencia de su amigo imaginario llamado "Cas". Olvidó el reloj y volvió a tapar la caja.
—Cas… Castiel —dijo su madre— ¿Qué significa todo esto? —preguntó asustada.
—Nada mamá solo una coincidencia con mi amigo imaginario —explicó Dean con todos sus sentidos alertas—. Cuando supe que se llamaba Castiel, lo quise llamar como mi amigo imaginario "Cas" por lo parecido de su nombre.
—Es demasiado parecido —dijo su padre, pensando.
—Sí, casi asusta —pensó en voz alta su madre.
Castiel no sabía qué hacer. Por un lado, podría explicar eso con mucho cuidado, pues en verdad él era el amigo imaginario de Dean, pero por otro lado, no podía contarlo, sin que esa pobre gente se asustara. El miedo es algo muy poderoso y podía hacer estragos en esa familia de humanos.
—Podría decir que soy el reemplazo de ese amigo imaginario —explicó Castiel decidido.
Mejor de esa forma. Sus padres podrían asustarse.
—No parece tan mal —dijo el padre del chico.
Dean suspiró imperceptiblemente, tantos años cuidando de no nombrar a Castiel con ese diminutivo en frente de sus padres y ahora en un solo descuido, casi todo se va al caño. Quizás el hecho de ser mayor de edad por fin, había quitado todos esos cuidados con los que vivió durante muchos años. Unas cadenas poderosas fueron quitadas de sus extremidades y al sentirse libre, se volvió descuidado. Pero no podía culparse por ello. No quería vivir más de esa forma, ni aunque tuviera que soportar el flagelo de la ley, o las convenciones sociales, o incluso, la sanidad mental de sus padres, porque era como si siempre, no solo antes, sino siempre, vivió de esa forma, con un lazo alrededor de su cuello, que tironeaba constantemente para otro lado, mientras él quería irse para el contrario.
¿Egoísmo? No, era desesperación. Simplemente, ya no lo soportaba más y solo necesitaba a Castiel. Todo lo demás podía irse al infierno, no le interesaba y no le importaba.
—Es hora de irnos. Gracias por todo, mamá. Cas y yo, llamaremos cuando estemos en el departamento —dijo Dean al terminar el trozo de pastel.
—Pueden quedarse esta noche y mañana partir —ofrece su madre.
Ni hablar, si pasaba eso ahora que Castiel aceptó ir a su departamento, no podría hacer nada en toda la noche, ya que el ángel no lo permitiría por respeto a sus padres.
—No, muchas gracias, pero tenemos planes —insistió Dean.
—¿Cuáles planes? —preguntó con inocencia Castiel.
—Los planes que hablamos antes —explica Dean entre dientes.
—No recuerdo ninguno.
Dean quería golpear a su adorado por ser tan metedor de patas, pero estaba cansado de eso después de dieciocho años de espera. Vale, no eran tantos, ¿o sí?
—Los planes que hicimos para mi cumpleaños y no me los puedes negar ahora —exigió con voz de mando el chico.
—¡Oh!
Castiel reaccionó al recordar la antigua promesa. Así que a eso se refería todo el tiempo. Claro, era lógico, pero quizás todavía estaba confundido con lo de la enfermedad. Quedó callado como niño regañado.
—Debemos irnos —volvió a exigir Dean.
Sus padres se levantaron de improviso al ver la misma reacción de su hijo para salir casi volando. El chico tomó las maletas y la mano de Castiel para llevarlo fuera de la casa.
—Hijo espera —le dijo su madre.
Castiel lo obligó a detenerse. Dean se volteó refunfuñando, pero recibió un hermoso beso y abrazo de su mamá. Lo mismo pasó con su padre.
—No olvides llamar —dijo Verónica, pasándole la cajita del reloj.
También su mamá abrazó a Castiel y su papá le dio la mano. Dean no supo qué pensar al respecto, pero no quería pensar, solo salir de ahí con Castiel y fue lo que hizo.
—Es una pesada. Sabía que me quería ir rápido e insiste en ofrecer quedarnos —refunfuñaba Dean por el camino.
—No seas injusto, Dean, tu madre fue muy atenta y comprensiva.
—No le queda otra. Ya no puede controlarme más y puedo hacer lo que me venga en gana.
Castiel detuvo su paso.
—Dean, a ti nadie puede controlarte.
Dean lo mira sorprendido y luego sonríe.
—Es cierto. —Lo toma de la solapa y le estampa un beso.
Castiel quedó medio mareado con ese beso, perdiendo un poco donde estaba parado. Después se dio cuenta, que estaba en medio de la vereda de la calle otra vez. Incluso, pudieron verlos los padres de Dean. Con ese pensamiento en pánico, volvió a la realidad.
—Es mejor que nos vayamos de aquí —dijo Castiel apurando el paso.
Dejó a Dean sonriendo divertido antes de pegar un salto y salir detrás de él.
—Eso me gustó —respondió el descarado a sus espaldas.
Debían encontrar un lugar adecuado para desaparecer sin llamar la atención. En ese tiempo, un poco imposible donde existían cámaras en casi todos lados. Él podía desaparecer solo sin mucho problema, pero con Dean sería un tanto diferente, ya que con dos personas, él debía ver la perspectiva de la otra persona, o sea la de Dean, antes de desaparecer para ver si estaba bajo alguna cámara de seguridad, de tránsito o de cualquiera otra. Los lugares cerrados eran más fáciles, porque podía identificar la cámara y con eso buscar el punto ciego para aparecer, o hacerse visible, como cuando fue al hospital con Sam a ver a Dean recién nacido.
Finalmente, tomó una decisión, ya que no encontraba un lugar adecuado y siendo ellos conocidos por esos lares, era demasiado arriesgado que los vieran desaparecer de improviso.
—Iremos a un motel —anunció Castiel.
Dean quedó parado como si entrara en shock. No supo procesar la idea o si escuchó mal. Debió escuchar mal, porque Castiel jamás diría eso.
—¿Dean? ¿Te encuentras bien?
—¿En serio iremos a un motel? —reaccionó el chico.
—Por supuesto, no encuentro un lugar para desaparecer y aparecer en tu departamento. Un motel será ideal para eso.
Ya se lo imaginaba, motel igual a sexo, no estaba en el vocabulario de su amor. Sin embargo, lo acompañó feliz hacia donde lo guiaba. Ni siquiera recordó las rosas rojas, las cuales se quedaron olvidadas en casa de su madre, pero afortunadamente, se llevaba su reloj de cumpleaños.
Fin capítulo 13
Hola a todos, aquí el capítulo de la semana, tratando de ponerme las pilas u.u. Gracias por seguir este fic y comentar para darme ánimos. Espero les guste.
