Fairy Tail es propiedad de Hiro Mashima


4

.

El resto de la noche transcurrió bastante tranquila, cada uno de los participantes era agradable, y Lucy, aunque un poco tímida al principio, poco a poco se fue soltando y decidió que esta era una de las noches más entretenidas que tenía desde hacía muchos años.

Le resultó bastante fácil encajar en ese grupo, aunque de inicio había decidido que ninguno de ellos podía estar completamente cuerdo, con el pasar de los minutos la convencieron de que era ella quien se mostraba muy cohibida. Conforme avanzaban las horas y el cansancio poco a poco se adueñaba de cada uno de ellos, se fueron despidiendo, siendo Lucy y Levi de las ultimas en irse. Era increíble como en tan poco tiempo Lucy había pasado de su estado de tristeza a un estado de alegría y comodidad pura. Levy había resultado trabajar en una de las más importantes Editoriales, por lo que los ojos de Lucy se iluminaron.

-Claro que yo aún trabajo como asistente –dijo Levi al leer el rostro de su compañera-. No puedo contratar a nadie. Pero mi jefe es muy accesible. Hablaré con él mañana mismo. No, espera, el irresponsable se fue de vacaciones. No importa –le guiñó el ojo con una sonrisa-. Lo sorprenderemos. Igual soy yo la que hace casi todo el trabajo.

Lucy asintió con entusiasmo. Agradeciéndole mentalmente a su madre por darle todas estas oportunidades.

Decidieron que era hora de marcharse cuando se dieron cuenta de que Erza, dormida en el sillón, pronunciaba palabras ininteligibles.

-Será mejor que nos vayamos ahora –susurró Levy mientras llevaba a Lucy hacia la puerta lentamente-. Erza tiende a soñar escenarios salvajes y si estás muy cerca podría atacarte.

.

Lucy se despertó cuando escuchó como suavemente golpeaban su puerta. Se talló los ojos y miró al reloj: eran más de las once de la mañana. Se levantó de un salto, nunca se había despertado tan tarde en su vida, su padre estaría furioso. Miró alrededor y cayó en la cuenta de que ahora era independiente. Sonrió fugazmente y el golpe en la puerta atrajo nuevamente su atención. Se preguntaba quién podría ser, aunque inmediatamente supo quién o quiénes eran. Salió de su habitación y abrió la puerta de la entrada. Frente a ella estaba Levy con una gran sonrisa, se veía fresca y totalmente renovada, tal vez debido a que se acababa de duchar.

-Vaya que eres dormilona –le dijo sonriendo-. Al fin me abriste. Vine más temprano pero por más que toqué tu puerta jamás abriste. Mira –le mostró un bolso y unas llaves-. Ya fui por ellas.

Lucy recordó entonces que había aceptado la invitación de Levy para ir a la casa de aquel joven a recoger su bolso y sus llaves.

-Oh, Levy. Lo siento. Realmente dormí como piedra, no estoy acostumbrada a desvelarme. Lamento no haberte acompañado.

-No te preocupes –entristeció el gesto-. No habrías conocido a Natsu de cualquier modo.

Lucy la miró confundida. En realidad no tenía esas intenciones. Aunque aún se preguntaba que había pasado con él y la famosa boda, pero no era prudente comentarlo. La distrajo una música muy peculiar y observó sonriente a Levy, mientras ésta tomaba su celular y contestaba.

-Erza… Si, así es –su rostro se ensombrecía-. Al parecer a Gray tampoco le dijo nada… Debe seguir en la ciudad… Bueno, es Natsu! –emuló una sonrisa, guardando nuevamente el aparato.

-¿Ha pasado algo? –preguntó Lucy con evidente preocupación.

-Bueno… digamos que no podemos localizar a Natsu. Pero no es algo fuera de lo común tampoco, dada la situación. En fin, ese manuscrito del que me hablaste, me gustaría leerlo. Yo podría estrenarme como tu editora y si el jefe lo autoriza, podríamos incluso publicarlo.

-Oh, en realidad no es tan bueno –se ruborizó-. Nunca he dejado que nadie lea lo que he escrito –una mueca de amargura se dibujó en su rostro al recordar la escena con su padre.

-Jamás lo sabremos si no me lo permites –sonrió-. Vamos, siempre necesitamos nuevos talentos. Además dices que necesitas trabajar ¿no?

Lucy asintió y con algo de inseguridad le entregó tres de sus historias terminadas a Levy, quien las hojeo mientras esperaba a que terminara de ducharse y alistarse, cuando sucedió la invitó a su apartamento, para desayunar.

Al entrar al departamento de su amiga, la joven quedó asombrada al ver la cantidad de libros que poseía. La mayoría eran de escritores que ella admiraba.

-Siéntete libre de tomar prestado el que gustes –consintió Levy con una sonrisa.

-No me digas que tu editorial es la que publica a Freed Justine –dijo con una leve impresión en la voz.

-Sí, es uno de nuestros mejores vendedores. Un verdadero talento contemporáneo. Aunque debo confesarte que cuando me trae sus borradores para transcribirlos es una verdadera faena –Lucy se confundió-. Bueno, es un escritor que escribe tan rápido como sus ideas marchan, así que su letra parece más bien como runas a descifrar.

Lucy sonrió, maravillada ante la grata perspectiva que se le colocaba ahora enfrente. En un solo día su vida había dado un giro tremendo, y a pesar de que ella misma había sido artífice de esa circunstancia, jamás habría imaginado que le resultaran tan gratas en tan corto tiempo. A pesar de que viviendo con su padre, había tenido medios de sobra para publicarse, la inseguridad que él le transmitía respecto a su trabajo, la sofocaba tremendamente, impidiéndole creer en sí misma. Pero ahora, en el transcurso de una sola noche, se había sentido más acompañada que en todos los años rodeada de aparatosas cenas con su padre. En muy poco tiempo un grupo de completos extraños se habían ganado su confianza, haciéndola tener también confianza en ella misma. Así que ni por un segundo se arrepintió o sintió zozobra de haberse marchado así de casa.

Al contrario, se reclamó por un instante el no haberlo hecho antes y así ahorrarse todos esos sinsabores que había vivido últimamente.

.

-¿Necesitas algo más, Erza?

-No, gracias –respondió, aceptando la taza de café y el puño de hojas que su compañero le extendía-. Todo lo que está escrito aquí ya lo sabemos, Simón. Y el resto de la información es bastante vaga y poco fiable.

-Bueno, es un tipo muy escurridizo.

-Lo sé, las veces que he estado a punto de alcanzarlo, el maldito se me ha escapado. Es bastante ágil.

-Y me he preocupado por ti todas esas veces. Tenemos un equipo completo que es el designado a la búsqueda física, Erza. Además de la policía. No debes arriesgarte. Ese hombre es peligroso.

Erza le sonrió sinceramente, tratando de desviar la mirada cuando sintió los ojos firmes de Simón sobre ella.

-Yo no creo que sea peligroso, al menos no para nosotros. Sin embargo, lo que hace no es correcto. Y mi deber como reportera es desenmascararlo.

-Ese deber corresponde a la policía. El nuestro solo es el cubrir la noticia.

Erza lo miró con gesto implacable haciendo que Simón retrocediera un poco. Su deber como periodista era entregar siempre la verdad. Y hasta ahora siempre lo había hecho, ni una sola vez quedó mal en ninguna de sus investigaciones, siempre llegaba al meollo del asunto; así tuviera que poner en riesgo su propia vida, cosa que ya había hecho en contadas ocasiones; motivo por el cual se había ganado a pulso el apodo de Titania y aunque no era algo que a ella le importara demasiado, no podía dejar de honrar la confianza que las personan tenían en ella. Por eso era su deber llegar hasta el final de su actual cacería.

Llevaba ya seis meses metida en el caso del encapuchado con complejo de superhéroe, como ella siempre decía, y ni una sola vez había logrado estar lo suficientemente cerca. Él siempre estaba un paso adelante, como si sintiera su presencia a kilómetros. Erza se maldecía cada que le perdía el rastro, y es que ni la misma policía podía darle alcance, incluso ella parecía estar más cerca de él que el propio batallón.

Revisó nuevamente los papeles, resignada. No había nada nuevo en ellos, el mismo hombre encapuchado, cubierto de pies a cabeza. Vaya si hasta vestía una capa. Parecía que su principal o único objetivo eran todos los evasores de la justicia. Esa era información que tenia de primera mano gracias a Gildartz. El encapuchado se hacía llamar a si mismo Mystogan, y solo aparecía en lugares poco frecuentados, lo que hacía más difícil su captura. Acorralaba a su víctima, la esposaba y lo dejaba en un lugar público, lleno de evidencia de sus delitos cometidos. Así la policía no tendría reparos en emitir un juicio sobre el atacado.

Todos y cada uno de los desafortunados tenían un lazo en común: eran personas con denuncias previas que vivían fugitivos de la justicia, o peor aún, criminales confiscados que habían comprado su libertad gracias a fallos en el sistema judicial.

Las escasas imágenes que se habían logrado de Mystogan eran gracias a cámaras de seguridad bastante obsoletas, por lo que era plenamente imposible establecerle un perfil. Y a Erza le irritaba enormemente esto. Que ese hombre no diera la cara, que se escondiera, que huyera en cada oportunidad. Simplemente no podía soportarlo. No le molestaba tanto su oficio, los bastardos se lo merecían. Pero que lo hiciera en la oscuridad, fuera de la vista de todos, esto lo hacía tan delincuente como a los tipos que atacaba. Y ella iba a descubrirlo. Hallaría quien era y lo pondría bajo el escrutinio de sus lectores; a fin de cuentas ese era su trabajo, dar a conocer las historias detrás de cada delito o procesión que seguía a cada delincuente; y éste, juraba, no sería la excepción; sería igualmente juzgado, después de todo, el mundo no necesita villanos que jueguen a ser superhéroes. De lo único que podía estar segura era de que definitivamente seria ella quien le quitaría esa mascara para ofrecerlo al público.

-¿Te sientes bien? –preguntó Simón ligeramente preocupado al ver como su compañera se tallaba los ojos con evidente frustración-. Tal vez simplemente deberías hacerte a un lado, Erza, estoy preocupado por ti y aunque sé que jamás vas a rendirte, es obvio que este caso te está afectando demasiado.

-Tal vez –respondió con sinceridad, mirando a su amigo con ternura-. Pero no es solo esto, ahora mismo tengo otros problemas que me aquejan.

-¿Puedo hacer algo para ayudarte? Lo que sea que necesites, Erza. Sabes que siempre estoy aquí para ti.

Erza se incomodó un poco ante lo directas que las palabras de Simón habían sido. Era consciente de que para él, ella significaba mucho más que una amistad. Ya se lo habían hecho notorio sus amigas y otros compañeros de trabajo. Pero ella simplemente no podía ver a Simón como algo más que su amigo.

Negó con la cabeza y se concentró en su trabajo, esperando que su compañero comprendiera la indirecta y la dejara sola. Éste así lo hizo y se retiró, dedicándole una sonrisa. Erza se recargó con pesar en su silla, tenía mucho trabajo por hacer. Una entrevista que programar y como si no fuera suficiente, también tenía que preocuparse por Natsu, el muy idiota había salido desde temprano sin decirle nada a nadie. Le preocupaba que el asunto con Lissana le hubiera afectado más de lo que demostraba e hiciera algo estúpido, aunque pensándolo un poco, antes de comprometerse con Lissana, Natsu hacia bastantes estupideces. Le tranquilizó la llamada que tuvo con Levy. Si, era cierto lo que ella decía: Natsu debía estar en la ciudad, él odiaba los transportes, por lo que era más lógico que anduviera cerca. Pero le irritaba que no le contestara el celular, en realidad se preocupaba por él. Recordaba que Natsu había sido quien más tiempo había pasado con ella después de su separación de Jellal. Alegrándola cada día y evitando que se deprimiera. Aun recordaba cómo se enfureció el día que la encontró llorando, la había mirado con una rabia que inclusive pensó que la golpearía. Pero no lo hizo, se dio cuenta de que toda esa ira estaba dirigida hacia Jellal por orillarla a ese estado. Ahora, un año después ella también sentía esa ira, aunque en menor proporción y sobre sí misma. Por haberse permitido ser tan vulnerable, y peor aún, por permitir que los demás la vieran y fueran testigos de su propia debilidad. A Jellal no lo odiaba, sabía que jamás podría hacerlo. Él tuvo sus motivos para irse, y aunque le repudiaba que esos motivos hubieran sido más fuertes que el amor que se tenían, no podía culparlo. Simplemente se resignaba a no pensar en él. Ahora guardaba la firme convicción de que no lo vería de nuevo, y a pesar de que un sentimiento de amargura se apoderaba de ella cada que pensaba en esta conclusión. No podía permitir el abatirse. No de nuevo.

Miró el reloj, pasaban cinco minutos de la una. Era su hora de comer. Alzó la vista para encontrarse con Simón y Milliana esperándola fuera de su oficina para ir a comer. Siempre era así. Tomó su bolso y salió con ellos.

.

Lucy aún no se explicaba porque había aceptado esa invitación a comer. Tal vez en parte se sentía culpable por no haber dado un fin correcto a la situación. Ahora estaba sentada en ese cómodo restaurante, de aspecto hogareño. Miró su reloj, Loke ya se había retrasado diez minutos; tal vez después de todo no era necesaria tanta ceremonia para darle fin a algo que ni siquiera existía entre ellos. Suspiró, resignada a marcharse cuando lo vio acercarse, como de costumbre, llevaba un ramo de rosas en las manos. Hizo una reverencia al aproximarse a ella, entregándole el ramillete.

-Perdón por la tardanza –se disculpó-. Es que nunca había estado por estas zonas y resulta muy fácil perderse.

La joven asintió esbozando una sonrisa.

-Está bien. Aunque creo que yo también te debo una disculpa por todo lo sucedido.

-Oh por favor, Lucy –replicó ceremoniosamente-. Jamás te disculpes, nada de lo que tú hagas puede estar mal. Te aseguro que cuando nos casemos tendrás toda la libertad que necesites…

Lucy lo interrumpió alzando su mano, cerró los ojos con pesadez antes de comenzar.

-Loke, esto de casarnos, no va a suceder. Ya lo había hablado con mi padre antes de irme. No quiero casarme contigo.

El joven se mostró contrariado. No le habían enterado de este giro en los sucesos.

-Tu padre fue quien me pidió hablar contigo. Me dijo que tenías dudas, lo cual yo entiendo. Y estoy dispuesto a aceptarlas. Lucy, tal vez me haya comportado como un patán en nuestra relación. Te doy toda la razón. Pero te aseguro que soy completamente sincero en mis deseos de casarme contigo. Eres la mujer más extraordinaria que he conocido.

Lucy se sonrojó levemente, apartando la mirada, tratando de escoger sus palabras correctamente cuando una figura sentada tres mesas enfrente de ellos, captó su atención. Observó con cautela, era un hombre joven, al parecer hambriento, ya que devoraba la comida con avidez. Su cabello rosa y bufanda en el cuello bastaron para que Lucy supiera de quien se trataba. Inexplicablemente se sintió con la necesidad de acercarse a él.

-Me permites un momento, Loke –dijo sin mirarlo, mientras se levantaba de la silla y se acercaba al joven que observaba.

-¿Natsu? –lo llamó parándose a un lado de él.

-Eh, ¿te conozco? –preguntó el joven soltando el trozo de pierna de pollo que estaba a punto de engullir y observando con curiosidad a la muchacha que tenía a un lado-. Lo siento, no te recuerdo –regresó su atención a la comida.

Lucy se sentó frente a él, mientras sonreía, presentándose.

-Soy Lucy Hear… soy amiga de Levy y Erza, y creo que también de Gray, y Cana, y otro par que no recuerdo sus nombres –respondió mecánicamente recordando ese encuentro.

Natsu volvió a mirarla, ahora con más curiosidad.

-¿Cómo es que me conoces? –preguntó.

-Bueno, Erza tiene muchas fotos en su departamento y eres bastante fácil de reconocer –sonrió tímidamente.

-Ajá –replicó el joven con desgano, aun no entendía el porqué de la situación.

Lucy pareció comprender la reacción de éste, alzó sus manos mientras sonreía gentilmente.

-Creo que tus amigos están preocupados por ti. Ya que no logran localizarte.

-Olvidé mi celular en casa –contestó mientras seguía comiendo.

Lucy se ruborizó un poco al percibir la incomodidad del joven. Ahora comprendía lo impropio que resultaba todo. El haberse acercado así a él. Ni ella misma entendía porque se había sentido tentada a hacerlo.

-Creo que te están esperando –dijo Natsu, sacando de su concentración a Lucy-. El tipo de allá no deja de mirar hacia acá. Vienes con él ¿no?

Lucy asintió, se había olvidado completamente de Loke. Se disculpó, levantándose de su asiento para regresar a su mesa. Al dar la vuelta le sorprendió sentir la mano de Natsu tomándole suavemente la suya.

-No les digas que me haz visto –dijo simplemente -. Por favor.

La joven pudo captar cierta preocupación en la voz de Natsu, que la inquietó.

-¿Vas a estar bien? –le preguntó sin ocultar su interés.

-Siempre lo estoy –respondió con una sonrisa sincera, realmente esta conversación le resultaba grata de algún modo.

Lucy le devolvió la sonrisa y se alejó, de vuelta con Loke. Éste parecía ansioso y algo molesto.

-¿Un amigo? –preguntó en cuanto la joven tomo asiento.

-Eso creo.

El muchacho no pareció satisfecho con la respuesta. Sin embargo se esforzó por parecer tranquilo.

-Te llevo a tu casa. Aún quedan muchos detalles que precisar hasta la boda.

Lucy lo observó aturdida, ya le había dejado claro que no quería casarse.

-Loke. Te lo repito. No habrá boda. No voy a casarme contigo –dijo lo más firmemente que pudo, era capaz de sentir la mirada de Natsu en ellos.

-Creí que era claro como nuestro matrimonio beneficiaria a tu padre. No puedes decirme simplemente que no.

A Lucy le irritó sobremanera la arrogancia de éste.

-Esa es decisión mía, no de mi padre –replicó cortante, tratando de contenerse.

-Lucy – intentó disfrazar su disgusto con una sonrisa lastimera-. Tienes que reconocer que soy lo mejor que puedes conseguir. La situación de tu familia es precaria, tu padre está al borde de la ruina. Ningún otro te tomaría como esposa. Esto debe decirte lo mucho que me interesas.

La joven tragó saliva, frustrada. Esta conversación no le llevaría a ningún lado. Ese hombre no era capaz de escuchar más allá de sus oídos.

-Será mejor que me vaya, lo que tenía que decir ya lo he dicho. Lo siento, Loke. De veras espero que seas feliz.

Se incorporó dispuesta a marcharse, pero Loke la detuvo del brazo, sujetándola con fuerza. Él no era la clase de hombre que pudiera recibir un no, y menos de una mujer. Estaba acostumbrado a que todas lo miraran y admiraran, su aspecto se lo ganaba a pulso. Y no iba a permitir que Lucy echara por tierra todo eso.

-Piénsalo bien, Lucy. ¿O es que disfrutas ver a tu padre en esas condiciones? Está a punto de perderlo todo, tú casa, las propiedades, la empresa por la que se ha matado tantos años.

-Me estás haciendo daño –dijo tratando de zafarse-. Suéltame, por favor. Lo que haga mi padre no es ya de mi incumbencia, todo ha pasado por sus propias decisiones.

Loke acortó la distancia entre ambos, tomándola entre sus brazos, aspirando su aroma femenino.

-Eres la única que se me ha negado, Lucy. ¿Cómo esperas que te deje ir así sin más?

El cuerpo de la joven se estremeció de pánico, se dio cuenta de lo débil que era físicamente, por más fuerza que hacia no podía alejar a Loke, por lo que empezó a forcejear. Hasta que sintió su cuerpo libre en un instante.

Miró con incredulidad la figura que tenía frente a ella, dándole la espalda. Era Natsu, quien observaba el cuerpo de Loke derribado en una de las mesas, sosteniéndose la quijada debido al golpe.

-La dama dijo que no. ¿Es que no puedes entender eso? –le dijo con rabia.

Loke se incorporó con pesadez, era la primera que alguien lo golpeaba. Miró al sujeto que tenía frente a él, era alto y parecía estar en forma, sería inútil empezar una pelea.

-Resulta que la dama es mi prometida. Solo hemos tenido un pequeño desacuerdo.

Natsu se sorprendió con la confesión de éste y bajó la guardia, apartándose un poco.

-Aun así, no deberías lastimarla. Pude escuchar cómo se quejaba.

-Agradezco tu preocupación –replicó Loke con solemnidad-. Y tendré muy en cuenta tu consejo. Ahora, si me permites.

Natsu se hizo a un lado mientras Loke trataba de tomar a Lucy del brazo para resguardarla, pero ésta se apartó violentamente de él.

-No soy tu prometida. Ya te dije que no voy a casarme contigo y nada hará que mi opinión cambie.

Caminó en dirección a la salida, no sin antes dedicarle una cálida mirada a Natsu acompañada de una sonrisa.

-Gracias –le dijo.

Natsu y Loke la miraron mientras se alejaba, el primero sin entender del todo lo que había pasado, y el segundo, con una obvia herida en su orgullo.

-Lamento todo esto –se disculpó con el gerente del restaurante-. Yo pagaré por los inconvenientes.

-No eres tan mal sujeto –lo observó Natsu, extrañado por el repentino cambio de humor de Loke.

-Bueno, no es a ti a quien acaban de aplastarle la vanidad.

Natsu rio, recordando el día anterior.

-Lo superarás –le dijo mientras se retiraba.


.

.

.

Nuevamente gracias por sus reviews, y pues ¿que mas a comentar? ¿Quién podrá ser ese extraño encapuchado con complejo de superheroe? xD

Debo admitir que ultimamente me está gustando mucho el NaLu (quizas por el opening del anime y las escenas que tan lindas entre ellos que falta animar).

En fin, los veo en el proximo capitulo :D