Fairy Tail es propiedad de Hiro Mashima

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5

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Jellal Fernandes despertó con una inusual sonrisa en el rostro. Había tenido un buen sueño, lo cual no era muy común en él basándose en que varias veces tenía la misma pesadilla recurrente. Pero hoy no. Esa noche acudió a sus sueños alguien más, una mujer. Para él, la más hermosa de todas, de cabello largo y rojo, con la mirada más dulce y una sonrisa que lo desarmaba por completo. Y gracias a eso supo que hoy sería un buen día. Se pasó las manos por el pelo, a pesar del clima fresco él despertó acalorado; rodó las sábanas a un lado y miró el reloj, faltaban veinte minutos para las ocho. Escuchó como tocaban la puerta con un ritmo armónico y se levantó, poniéndose la camisa mientras daba un sonoro bostezo.

-¿Listos para irnos? –le preguntó un alegre rostro femenino al abrir la puerta.

-Acabo de despertar, Meredy. Sírvete un poco de café mientras me pongo los zapatos.

Meredy asintió, ella odiaba el café pero sabía que ese era el modo que tenía Jellal para pedírselo. Se encaminó a la cocina y encendió la cafetera mientras ella bebía un poco de la leche chocolatada que había comprado. A pesar de tener ya diecinueve años, siempre estaba comiendo cosas dulces; motivo por el cual Jellal la reñía con frecuencia.

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-¡¿Cuánta azúcar le pusiste?! –Jellal escupió el café al momento de probarlo.

-Solo un poco –respondió ella con inocencia-. Una cucharada, o dos… o tres -susurró.

Jellal giró los ojos resignado. Todas las veces que no vigilaba a Meredy cuando preparaba el café, ella siempre trataba de arrastrarlo hacia su mundo azucarado.

-No quieres ser la única diabética, ¿verdad? –suspiró mientras se preparaba él mismo café.

-Es solo que no entiendo cómo te puede gustar esa cosa amarga.

-No es que le guste. La necesita –interrumpió Gajeel Redfox que acababa de salir de la ducha y se servía café, solo que no tan amargo.

Faltando casi cinco minutos para las ocho salieron con marcha al trabajo. Jellal era el Inspector en Jefe de la Estación de Policía más importante de la ciudad de Crocus, cargo que se ganó con creces al terminar en primer lugar y con honores el entrenamiento de Fuerzas Especiales, demostrando su valor y capacidad para el grado. Mientras que Gajeel, quien había sido su compañero en el curso y terminó en el segundo lugar, era su indiscutible mano derecha. Y a pesar de las renuencias de éste de usar el automóvil para ir al trabajo pues prefería caminar la mayor parte del tiempo; no hubo otra opción cuando salieron casi disparados del departamento para llegar a tiempo a la Estación. A pesar de las súplicas de Meredy de que se le permitiera manejar esta vez, Jellal se rehusó como todas las veces, y no porque la muchacha no supiera manejar, de hecho lo hacía bastante bien, sin embargo tendía a ser muy arrogante al volante y acelerar pasándose por alto varias leyes de tránsito, con el pretexto de su supuesta inmunidad policial.

-Antes pondría manejar a Gajeel que dejarte el auto a ti –sentenció Jellal al subir al auto.

-Cierto, Fresita. Pareces una mujer al volante – asintió Gajeel mientras le despeinaba con mofa el cabello.

Meredy se arrellanó en el asiento trasero mientras inflaba los cachetes en señal de disgusto. A pesar de que no le gustaba el apodo que su compañero le había puesto, en honor a la famosa caricatura infantil por el tono y la forma de su cabello y porque era un color casi indispensable en su vestuario; estaba más que acostumbrada después de tantos meses, tanto que cuando la llamaba con este mote ella siempre respondía.

La Central se encontraba a solo seis cuadras por lo que llegaron con el tiempo justo. De los tres, Meredy era la que siempre tenía más trabajo acumulado, así que era la primera en llegar corriendo a su área. Trabajaba como Oficial Administrativa, y era la segunda a cargo de todos los expedientes fiscales y policiales después de su Oficial en Jefe. Llevaba trabajando en esa estación desde los diecisiete años y poco a poco se había logrado ganar la confianza de todos. A pesar de su corta edad, Meredy poseía una inteligencia superior a la media. Tenía una memoria privilegiada y podía encontrar cada uno de los expedientes que le solicitaban con una rapidez casi mágica. Aunque por otra parte su carácter seguía siendo algo infantil e inmaduro la mayoría de las veces. Pocas personas habían logrado ver su lado serio y maduro, siendo Jellal y Gajeel los únicos en la Estación que realmente la conocían. A pesar de su constante buen humor y sus bromas, Meredy no había sido capaz de dejar atrás el pasado y tampoco deseaba hacerlo. No hasta lograr la justicia que buscaba desde hacía tres años, cuando perdió a su hermana.

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Jellal fue transferido a Crocus después de terminar exitosamente el entrenamiento, al lado de Gajeel; con quien apenas había logrado formar una extraña amistad. Ya que cuando se conocieron el joven Redfox no lo soportaba. Estaba acostumbrado a ser siempre el primero, el más ágil y el más fuerte, sin embargo cuando llegó ese extraño del tatuaje y empezó a vencerlo en casi todo, lo declaró como su acérrimo enemigo y como si fuera el colmo, el bastardo era simpático y sabía ganarse la confianza de los demás. Definitivamente razones más para detestarlo. Usualmente los dos siempre se veían envueltos en curiosas competencias. Gajeel para demostrar que podía vencer al engreído peliazul, y Jellal porque simplemente le gustaba competir y no podía evitar darlo todo al hacerlo.

No fue sino hasta un mes antes de graduarse, en la última etapa del entrenamiento, que Gajeel cambió su opinión con respecto al nuevo. Eran compañeros de pabellón y como si fuera poco dormían en la misma litera. Puesto que desde un principio Gajeel había reclamado la litera para él solo y no hubo nadie que le contradijera. Al llegar Jellal de nuevo ingreso, no tuvo mas remedio que cederle la cama de arriba de mala gana.

" -No quiero escucharte dar vueltas en la cama – le había advertido mostrando los dientes-. Y si por la noche o por la mañana empiezas a agitarte, ¡Usa el baño como todos los demás!

Jellal arqueó una ceja ante la insinuación mientras disimulaba una sonrisa. Acomodó sus cosas en la parte de arriba. Suspiró. Ahí se había ido la oportunidad de hacer su primer amigo. "

A pesar de que en varias ocasiones había tratado de amenizar las cosas entre ellos, e incluso accedió de buen humor a participar en sus retos repetidamente: quien duraba mas en agua helada, quien duraba más parándose de manos (después sostenido solo con una), quien ganaba vencidas (que usualmente se convertían en dos de tres, tres de cinco, etc.) quien era más rápido corriendo, quien era más rápido comiendo (en este el primer lugar lo obtuvo Gajeel y lo fastidió durante una semana entera). Al final terminó por resignarse y enfocarse mejor en el entrenamiento. Faltaba solo un mes para la graduación y había decidido guardar sus fuerzas y ánimos para la parte más difícil del entrenamiento.

Esa noche antes de dormir se habían reunido, como casi todas las noches, a platicar y contar anécdotas.

Gajeel decidió retirarse. No estaba interesado en escuchar las epopeyas de sus compañeros. Llegó a su apartado y se tumbó sobre la cama, su compañero de pijamadas seguía afuera, así que pensó que sería buena idea gastarle una broma. Brincó a su cama dispuesto a esconderle alguna de sus cosas. Al día siguiente partirían a la peligrosa Isla Galuna, lugar donde pondrían en práctica todo lo que habían aprendido en los últimos diez meses. Ya se les había proporcionado todo el equipo necesario y no habían repuestos. De modo que si alguno no podía ejecutar alguna actividad por falta de esto, estaría fallando el curso automáticamente.

Gajeel abrió el baúl de su compañero. Le irritó ver todo doblado y pulcramente ordenado. Probablemente solo con desacomodarle el equipaje bastara para molestarlo, sin embargo su atención se desvió a un folder grueso de plástico. Tal vez guardaba porno ahí, una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro al imaginarlo. Sacó lo que era un grueso de papeles unidos con varios clips. Le sorprendió ver el contenido de estos. Eran perfiles criminológicos de varias personas, la gran mayoría celebridades de la Mafia. Habían fechas y habían registros de atentados vinculados a la organización. Y una fecha en especial de tres años atrás.

Guardó todo lo mejor que pudo al escuchar movimiento en el pasillo y como alguien corría la cortina que tenían por puerta. Cerró el baúl con pesadez y de un salto bajó al suelo, sin darse cuenta que algo más había caído con él.

-¿Qué estás haciendo? –preguntó Jellal al verlo agitado.

-Estaba viendo porno –mintió rápidamente Gajeel.

-¿No fuiste tú él que dijo que se usara el baño para eso?

Gajeel se mordió la lengua, reprimiéndose mentalmente por su mentira.

Jellal se dio la vuelta hacia el locker, quitándose los tenis y los calcetines; fue entonces cuando Gajeel notó el papel que estaba tirado a sus pies. Lo tomó y le dio la vuelta; era una foto de una mujer, bastante bella. Reparó en su lacio cabello rojo y su expresión serena. Concentrado como estaba no advirtió el momento en que Jellal le asestó un golpe directo a la cara.

-¡¿Este es el porno que estabas viendo?! –le soltó furioso mientras le quitaba la foto de las manos y hacia ademan de limpiarla en la ropa.

Gajeel se incorporó sosteniéndose la nariz, un poco más y el maldito se la podía haber roto. Abrió los ojos con pesadez reprimiendo el dolor. Podía ver la amenaza en la mirada de Jellal, tanto que le sorprendió. En todos los meses que llevaban viviendo prácticamente juntos jamás lo había visto ni siquiera molesto. No recordaba que él nunca se hubiera quejado de nada y jamás le había dirigido una mirada que no fuera de amabilidad. Así que descubrirlo en este estado lo atravesó. Sonrió retándolo de frente.

-No sabía que tenías novia –dijo-. Pensé que solo lo usabas para tus largas sesiones en la ducha.

Jellal se lanzó nuevamente contra él, pero esta vez Gajeel reaccionó agachándose y golpeándolo en las costillas. Jellal lo tomó del cuello y lo tiró al piso, mientras se sostenía el abdomen con la mano libre.

-Estaba bromeando, hombre –exclamó Gajeel tratando de quitarse el agarre del cuello-. ¡No era en serio!

Jellal le soltó recibiendo sorpresivamente un golpe en la cara que lo lanzó hacia atrás.

-¡Ya estamos a mano! –gritó Gajeel levantándose con dificultad.

-Está bien –contestó Jellal limpiándose la sangre de la boca.

Se acercó a él estirando la mano en señal de paz, Gajeel hizo lo mismo recibiendo un fuerte golpe en el estómago que lo tiró a cuatro en el piso.

-¡¿Qué demonios está pasando aquí?! –gritó un Superior entrando a escena.

-Ahora si estamos a mano –replicó Jellal.

El Superior los castigó con dos horas de ejercicios, lo cual era bastante estricto tomando en cuenta que a primera hora de la mañana partirían a la Isla Galuna como parte final del curso.

Jellal y Gajeel no habían vuelto a dirigirse la palabra, a pesar de terminar los dos en la misma tienda de campaña, que estaban ocupadas por el orden de las literas. Se dirigieron una mirada glacial mientras acomodaban sus cosas en el estrecho espacio.

Hasta que una semana después cuando tenían que realizar una de las pruebas más arriesgadas, el arnés de Gajeel falló, desprendiéndose mientras descendía del risco más empinado de la isla. Ignorando el estado de desgaste en el que se encontraba su arnés, se apresuró en ser el primero en bajar la escalada. Estando a casi cincuenta metros sobre la superficie pudo escuchar el ruido que hizo el anillo del arnés al romperse y antes de empezar a imaginar ver pasar su vida entera frente a sus ojos se aferró con fuerza a las escarpadas rocas, desgarrándose la piel del brazo en el proceso.

-Esto va a dejar una fea cicatriz –pensó en voz alta mientras se esforzaba por no mirar hacia abajo.

Sentía como los brazos y las piernas empezaban a agotársele, miró hacia los lados, buscando un lugar con mejor soporte. Negándose a dejarse caer y perder en algo así, pero realizar un solo integral en esas condiciones era casi imposible. Escuchó la voz de Jellal que bajaba rápidamente y con precisión hacia él.

-¡Aguanta! –gritó Jellal.

-No es como si pudiera hacer otra cosa –respondió Gajeel con sarcasmo cuando llegó hasta él.

Jellal guardó silencio y Gajeel pudo darse cuenta de que la pierna le estaba sangrando, probablemente se la había lastimado en el impulsivo salto que había dado.

-Idiota, pudiste romperte la pierna –le reclamó, asiéndose más a las rocas.

-Es mejor que perder a un amigo –respondió con una sonrisa mientras le estiraba la mano para ayudarlo.

-No soy una damisela en peligro. ¿Piensas llevarme a cuestas con esa herida en la pierna?

Jellal sonrió.

-¿Piensas que puedas sostenerte por mucho tiempo con ese brazo? –le señaló el chorro de sangre que le brotaba del antebrazo.

-¿Esto? Ni siquiera me duele.

-Sabes, Redfox, podríamos charlar de tu aparente inmunidad al dolor si así lo deseas. Pero hay una veintena más de compañeros que necesitan hacer esta prueba y nosotros estamos en medio.

Gajeel le devolvió la sonrisa y aceptó la ayuda de su compañero, quien haciendo acopio de una fuerza sobrehumana fue capaz de sostenerlo con un brazo y llevarlo en la espalda.

-Gracias –gruñó en voz baja.

El descenso fue más difícil de lo que se imaginó. Jellal tensaba la mandíbula tratando de contener el dolor en la pierna, si bien no se le había roto, se había cortado con las piedras y tenía un doloroso esguince en la rodilla.

A pesar de que Gajeel jamás lo admitió o lo admitiría en voz alta, reconocía que Jellal le había salvado la vida. Su herida fue suturada, ocupó treinta puntadas y se la hicieron meticulosamente por lo que apenas dejaría una cicatriz. La herida de Jellal fue superficial y afortunadamente el esguince resultó ser leve por lo que en menos de una semana estaba entrenando nuevamente, aun sin contar con la aprobación del médico.

Esa noche Gajeel decidió dejar de tratarlo como un rival, lo que dio paso a una situación más incómoda: el disculparse.

Jellal se sorprendió del cambio de actitud de su compañero, siendo muy escueto en sus repuestas lo que significó un gran alivio para Gajeel.

-Sobre la foto –dijo estudiando la reacción de Jellal-. Nunca había visto esa foto antes.

-Lo sé. Me di cuenta al guardarla. Era la primera vez que veía mis cosas desordenadas y los.. documentos que tenía estaban revueltos.

Gajeel lo escudriñó con la mirada, esperando que siguiera hablando para no sacar él mismo el tema a flote.

Jellal suspiró pesadamente y se talló los ojos. Obligó a Gajeel a sentarse con él. No sabía si podía confiar en él, finalmente decidió que no le quedaba otro remedio más que hacerlo. Guardándose celosamente cualquier información respecto a su pelirroja, le habló de las circunstancias en torno a la muerte de su hermana y sus sospechosos.

-Es ilegal que tengas esos documentos –respondió Gajeel finalmente-. Todo eso es información privilegiada. Podrías perder tu placa y todo lo que has trabajado.

-Ya no hay nada que pueda perder –le confió.

Gajeel fue quien se lo propuso. Había un modo de hacer justicia y cazar culpables sin arriesgar mucho a cambio. Sobre todo cuando ambos fueron designados al mismo Departamento Policial y Jellal fue nombrado Inspector en Jefe en Crocus, la capital del país y sede de una de las mayores Mafias, muy probablemente la responsable del atentado de tres años atrás en Magnolia. Todo se había prestado mejor de lo esperado.

Pero no contaron con un giro extraordinario que sucedió poco después.

Cuando Jellal conoció a Meredy, ésta apenas había cumplido los diecinueve años, pero él habría jurado que no tenía más de dieciséis por su rostro y actitud infantil. Fue ella la que se dirigió a él. Al tener acceso a todos los expedientes del personal y violando uno de los códigos más importantes de su profesión, supo del pasado de Jellal y de la hermana de éste. Creyó ver un rayo de luz cuando vio todos los logros de él, pero tenía miedo de como dirigírsele. Finalmente lo abordó en la salida del trabajo cuando éste se retiraba con Redfox. Los detuvo e insistió en hablar a solas con Jellal; él lo vio como algo impropio y a regañadientes Meredy accedió a hablar con su compañero presente.

Confesó lo que había hecho y recibió con anuencia las reprimendas de sus compañeros. Se sentía al borde de las lágrimas y fue en ese momento que Jellal obligó a Gajeel a callar, con serenidad preguntó a Meredy cuales habían sido sus motivos.

-Yo tenía una hermana –comenzó-. Ella era mucho mayor que yo, pero murió hace tres años. En el mismo tiroteo en el que murió tu hermana, Jellal –guardó silencio esperando ver la reacción de éste, pero él permaneció impasible-. Ella vivía aquí en Crocus, cuando mamá murió se fue de casa y no volvimos a saber de ella. Hasta el día que papá también murió, yo tenía catorce años y de la nada apareció Ultear. Me contó que se había enterado de la muerte de nuestro padre y no quería que estuviera sola. Viajó hasta Magnolia solo por mí y me cuidó todo ese tiempo. Me inscribió en uno de los mejores institutos de Magnolia y estuvo conmigo.. hasta ese fatídico día.

La joven rompió en llanto y Gajeel no pudo más que encogerse de hombros, nunca había soportado ver llorar a una mujer. Para sorpresa de Jellal, se acercó a ella y la rodeó con los hombros.

-Está bien, Fresita. No vamos a denunciarte. No diremos nada de lo que has hecho, pero te aseguro que como policías haremos lo que esté en nuestras manos para hacer justicia.

-No quiero la justicia de un policía –replicó de pronto con voz furiosa sobresaltando a sus compañeros-. Quiero la justicia de un hombre que ha pasado por el mismo dolor que yo pasé. Todos estos años he vivido miserable, fingiendo alegría a sabiendas de que no tengo a nadie en el mundo. Quiero hacerle justicia a mi hermana aun si es a costa de mi propia vida. Jellal, tú también perdiste a tu hermana y a la mujer que amabas.

Obtuvo lo que esperaba, Jellal se sorprendió a tal punto que llegó a ruborizarse por un momento.

-¡¿C-como sabes eso?! –preguntó azorado mientras Gajeel dejaba escapar una risa peculiar.

-¿La pelirroja? –le preguntó a Meredy y ella asintió con una sonrisa.

-Soy muy lista. Además de que necesitan doble cerradura en su departamento. Es extremadamente fácil irrumpir ahí.

-¿Tienes idea de cuantas leyes has roto confesándonos todo esto? Tú también eres policía.

Meredy se encogió de hombros.

-La única razón por la que termine aquí fue porque el padrino de mi hermana me ayudó a conseguir este empleo después de rehusarme a aceptar la beca que me ofrecían.

-¿Y porque no te quedaste en Magnolia?

-Org me dijo que mi hermana había huido de Crocus, así que supuse que aquí radica la razón de su muerte.

-¿Org? –repitió Jellal-. ¿El Director de la escuela de mi hermana?

-Si –sonrió-. Y el mío también. Él siempre estuvo al pendiente de Ultear. Le ofreció trabajo en la escuela como maestra y a mí me dio un cupo en su escuela. Al morir mi hermana me dijo que podía seguir en la escuela, que él se encargaría de los gastos. Pero cuando me confesó los motivos tras la muerte de mi hermana decidí buscar mi propio modo de justicia aquí en Crocus.

Gajeel y Jellal abrieron los ojos con atención, no era posible semejante coincidencia. Y sin embargo lo era. Meredy les confesó a lo que se había dedicado su hermana todo ese tiempo de ausencia, ella había estado en el núcleo central de la Mafia de Fiore, colaborando al lado de la hija del mismísimo Gemma, el pez gordo más buscado por todas las autoridades. Huyendo de ellos cuando supo de la muerte de su padre. Al final confesó todo a su padrino Org, quien en aras de ayudarla, decidió hablar con las autoridades. Una semana después se efectuó el tiroteo en la Institución Académica. Enfriándose el caso ante la falta de pruebas.

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Unas semanas después Meredy se mudó al mismo complejo de apartamentos donde vivían Gajeel y Jellal, ignorando con una sonrisa todos los pretextos y renuencias de ellos.

Cuando le entregó el expediente del hombre que trabajaba como infiltrado en la policía de Magnolia para la Mafia y era quien había puesto al tanto a sus colegas en Crocus sobre la existencia de Ultear en esa ciudad, Jellal decidió hablar con ella de todos los planes que había ideado al lado de Gajeel. Meredy se emocionó a tal punto que fue ella a quien se le ocurrió la idea del disfraz. Al ser Magnolia el objetivo, el equipo concluyó que no podían correr riesgos.

Jellal se sintió un conejillo de indias mientras Meredy ideaba cientos de formas de humillarlo con disfraces ridículos y Gajeel reía ante todo.

Al concluir la primer misión con éxito, no tardaron en continuar con la próxima.

En los casi seis meses que llevaban haciéndolo no habían cometido ni un solo error que los delatara. Pero nada los había preparado para lo que se avecinaba, ni para Jellal ni mucho menos para Gajeel.

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-Nos han confirmado –irrumpió Meredy en el despacho del Inspector, que se encontraba con su Oficial al mando-. Gemma se encuentra agonizando en estos momentos. Las fuentes dicen que no pasará de esta noche.

-Ese maldito viejo –exclamó Gajeel-. Piensa morirse sin pagar por ninguno de sus crímenes.

Jellal estaba a punto de decir algo pero una figura imponente entró al despacho con casi la misma impetuosidad con la que había entrado Meredy. Todos se levantaron y le saludaron con una inclinación reverencial: era el Comisario.

-El viejo estiró la pata –dijo solemnemente-. Lo más seguro es que la siguiente al mando sea la única hija que dejó, Minerva. Nuestra principal fuente de información ha desaparecido. Desde anoche no sabemos de él. Lo último que nos informó fue que Minerva piensa trasladar las operaciones a Magnolia.

-Pero hemos llevado esta caso por seis meses –espetó Gajeel-. Todos en esta estación nos hemos matado investigando y reuniendo las pruebas necesarias.

-Lo sé –respondió el hombre mirándolos con firmeza-. Y no se van a hacer a un lado del caso.

-¿Qué quieres decir?

-He pedido su transferencia a Magnolia. Los dos se van mañana. Ya arreglé todo.

Jellal lo miró aturdido sin poder pronunciar palabra. Su mente se colmó de recuerdos y de pensamientos. Las veces que había tenido que ir a Magnolia lo había hecho como si jugara una carrera contra el tiempo. No se rezagaba y no perdía segundos en nada. Y todo esto para tratar de no encontrase con ella. Con Erza. Hasta ahora ni una sola vez la había visto de frente, sabía que de hacerlo toda su compostura tambalearía en un instante y caería rendido ante ella. Ella, que ahora buscaba más que ninguna otra cosa encontrarlo y ajusticiarlo. Erza, que jamás le perdonaría lo que estaba haciendo ahora. Lo odiaría y entonces la vida de él carecería completamente de sentido.

-Yo quiero ir con ellos.

La voz de Meredy lo sacó de sus ensoñaciones. Ella estaba de frente al Comisario suplicándole con las manos unidas. Por increíble que pareciera, esa actitud siempre le funcionaba, y al no haber objeción de ninguno de los presentes, el comisario accedió.

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La hora de comer terminó y Jellal se fue a su departamento con el pretexto de empacar su equipaje. Apenas si alcanzaron a verlo salir como una exhalación.

-¿A empacar? –dijo Gajeel a Meredy cuando Jellal se fue de la estación-. Él siempre tiene todo ordenado.

-¿No lo recuerdas? –respondió Meredy sonriendo recargando el rostro entre las manos.

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Jellal Fernandes llegó al departamento con el tiempo justo de encender el televisor y sintonizarlo en el canal nacional. En él se estaba entrevistando a uno de los empresarios más importantes del puerto de Hargeon. Jellal no ponía atención a las respuestas que daba el hombre. No le interesaba. Su atención estaba totalmente posada en la hermosa mujer que lo entrevistaba: Erza Scarlet.

Sonrió, mientras imaginaba lo que sería volver a ver a la mujer que amaba.


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Hola! En mi ciudad son las 23:44. Sigue siendo Lunes xD

De nuevo y como siempre: muchísimas gracias por sus reviews.

Ahora si tengo algunas cosas a comentar (como si el capitulo no fuera lo suficientemente largo D:)

Por lo menos ya sabemos que ha sido de Jellal en todo este tiempo. A decir verdad el papel de Meredy estaba pensado originalmente para que lo hiciera Ultear, pero debido a lo que pasó con ella, decidí que sería mejor invertir los papeles. Asi tenemos a una linda Meredy con afición a los dulces y a allanar casas xD

Oh, y sobre el review de ItzelMtzing, SII. Gray es un sexy modelo de ropa interior (así tipo Calvin Klein), aunque tambien modela ropa (pero se le da mas el posar casi desnudo xD) y trabaja en la misma "agencia" que Mirajane. Respecto a lo otro, bueno, ya sabemos quien era muy amiga de Lissana en Edolas.

En fin, los veo en el próximo capitulo :D