Hola, ¡saludos!
Antes de continuar, creo que debo aclarar que, para mí, Haruka es y será forever and ever, hombre. Mi mente y corazón de condominio son felices viviendo en negación en cuanto a eso.
– ¿No pudiste esperar hasta mañana para demandarme por allanamiento? Algo me dice que mi gesto amable de hoy me costará más que soportar tu mal humor.
Intervino Seiya al ver al recién llegado.
Esto podría ser una fiesta o una escena de crimen.
En definitiva, Darien se inclinaba más por lo segundo.
– Mi agenda está demasiado ocupada como para llevar un caso de ésa índole. Te has salvado por hoy.
– Sólo en cuanto a demandas se refiere, creo. Por la mirada de Darien, no podría estar más lejos de encontrarme a salvo.
– ¿Qué te ha traído aquí? ¿El instinto suicida, acaso?
Darien se pasó las manos por el pelo, en un gesto exasperado.
Le parecía una escena un tanto bizarra: Seiya y Haruka charlando y brindando como viejos amigos, en su departamento, ¿quién lo diría?
¿Cuándo habían comenzado esos dos a llevarse bien?
Aunque, siendo completamente honesto, la ciudad podría haber sido atacada por Godzilla o sufrido una invasión alienígena, y él ni siquiera lo habría notado. A ése grado llegaba su indiferencia.
Por desgracia, pensó, es difícil ignorar las complicaciones cuando éstas tocan a tu puerta y te pasan por encima. Y, por si fuera poco, acaban con uno de tus mejores vinos.
Su idea de pretender que la fecha indicada en el calendario era intrascendente resultaba tan absurda como la escena que se desarrollaba frente a él.
Sabiendo que no podía continuar como un mero espectador, se sirvió un trago e intervino.
– ¿Por qué tenía que ser precisamente hoy?
– Sencillamente, tuve el malévolo impulso de torturarte con los recuerdos… Probablemente es eso lo que piensas, lo cual no me sorprende ni ofende. Los hechos nos preceden.
– Al grano, Kou, no tengo toda la noche.
– Bien… ¿Se te ha ocurrido pensar que ésta añeja rencilla entre los dos no tiene ya razón de ser?
– No es que hayas tenido oportunidad de ganar, por supuesto.
– Si eso te satisface, sigue creyéndolo.
La seguridad que reflejaban sus ojos fue lo que llevó a Darien al límite.
El sonido de su puño golpeando de lleno en su mandíbula rompió el tenso silencio que siguió a semejante declaración.
Las copas de ambos cayeron al piso, haciéndose añicos.
Luna saltó del regazo del abogado, asustada, y buscó refugio en el otro extremo de la sala.
– Hablando de acabar con las rencillas…
Pronunció Haruka, mirando de uno a otro.
Al instante, otro golpe se dejó escuchar, ésta vez por parte de Seiya, impactando el rostro de Darien.
– ¿Se sienten mejor, o les hace falta sangrar un poco?
Inquirió, en medio de ambos. – No me apetece fungir de referee entre ustedes, tengo mejores planes para ésta noche.
Ninguno de los dos pelinegros parecía escucharlo.
Otro golpe.
Unos segundos de silencio.
Un golpe más, en respuesta.
Ambos cayeron al suelo.
Respiraciones agitadas a continuación.
– Y no es que me importe demasiado si se rompen un hueso o dos, pero, siento curiosidad...
Comenzó a decir, tras levantar un pequeño objeto de entre los vidrios rotos. – ¿Alguno de ustedes perdió un anillo?
– ¡Yo!
Exclamaron al unísono los rivales, en cuanto reconocieron la joya.
El anillo de Serena.
Aquél que Darien le obsequió, antes de su primer viaje, y que había simbolizado su compromiso incluso antes de que ella fuese consciente de eso.
Tenoh sonrió.
Quizás su sentido del humor se tornaba un tanto perverso en lo que se refería a éstos dos.
– Es obvio que uno de ustedes está equivocado, así que, ¿por qué no se comportan y hablamos como adultos civilizados?
Tomó asiento cómodamente en uno de los sillones, y esperó tranquilamente a que sus acompañantes hicieran lo mismo mientras degustaba el vino de su copa, a sabiendas de que tenía su completa atención.
Entonces, Luna volvió a ocupar el que parecía ser su nuevo sitio favorito en todo el mundo, dejando que Haruka la acunara nuevamente entre sus brazos.
– Estupendo. ¿Hay algo más en ésta casa de lo que quieras apropiarte?
Le lanzó Darien con acritud.
– No malentiendas la situación, por favor. En primer lugar, Luna llegó a mi hogar voluntariamente. Un día siguió a Michiru y no quiso marcharse, lo cual es absolutamente comprensible, ella es encantadora. Que encuentre mi cercanía irresistible tampoco me sorprende en lo más mínimo. Además, ¿cómo negarle asilo, si su opción era regresar aquí y soportar tu mal humor?
Darien hubiese deseado contar aún con un lugar feliz en su mente al cual escaparse para evadir ésta especie de intervención.
Seiya, por su parte, lucía incluso divertido con la situación a pesar del moretón que comenzaba formarse desde el mentón hasta su mejilla derecha.
– Ahora, permítanme adivinar… Al ver el anillo, te ha ocurrido lo mismo que con Luna, no tenías ni idea de su ausencia, hasta éste momento. Dijo, señalando a Darien. – Y tú, por alguna razón, que, asumo nos contarás a continuación, tenías la joya en tu poder, y decidiste, casualmente, esperar hasta ésta noche para traerlo.
– Elemental, Watson. ¿Algo más que agregar?
Bromeó Kou, tras deslizar el frío vaso de cristal por la parte afectada.
– ¿Podemos enfocarnos en el único punto en común entre los tres? De lo contrario, no veo porqué debo seguir tolerando su "agradable" compañía.
Solicitó Darien, tratando de cortar la conversación.
– Bombón… quisiera que estuvieras aquí. De algún modo, siempre te siento aquí.
Seiya le hablaba al viento, con la nostalgia inundando su mirada.
– Deja ya eso de una buena vez, es molesto.
Darien tuvo el impulso de volver a golperlo.
– Habla por ti, no me doy por afectado.
Contradijo Haruka, con toda calma.
– ¿Acaso secundas ésa locura suya?
– En mi opinión, no es una manifestación de locura, sino de su amor. Sí, "amor", eso fue lo que dije, ahórrate la mirada asesina. Y no es nada que no supieras ya, ¿o me equivoco?
Además, si para él Serena no se ha ido, ¿quién soy yo para contradecirlo, para quitarle ése consuelo? El amor no se extingue a la par de la vida.
¿O vas a decir que sepultaste tu amor junto con ella?
Con furiosa rapidez, Darien se levantó del sillón, se aproximó a Haruka, y lo alzó, jalándolo de las solapas de su carísimo saco de diseñador.
– Lo que se ha extinguido es mi paciencia. Así que, dame el anillo de mi esposa, y vete. Sugiero, Seiya, que hagas lo mismo.
– ¿Ni siquiera vas a preguntar cómo llegó a mis manos?
Inquirió el cantante, antes de dirigirse nuevamente al minibar y traer consigo otra botella, whisky ésta vez, y dos copas.
– No, pero, apuesto que igual vas a contármelo.
Contestó el aludido con resignación, tras soltar con calculada lentitud a su otro visitante, y aceptando luego la bebida que Kou le ofrecía.
Haruka, a su vez, tomó la botella de la mesita de centro, y llenó su copa.
En silencio, volvieron a sentarse.
Uno a otro, se dirigieron la mirada, por vez primera, con la empatía de la pérdida reflejada en sus pupilas.
Cada uno, a su manera, le había entregado su amor a Serena.
Cada uno la recordaba, a su manera.
Y en distintas formas, habían sido parte de su historia.
Su dolor tenía el mismo nombre.
El dolor los unía hoy, tanto como aquél sentimiento los había separado en antaño.
Al llegar a ése entendimiento, se impuso la bandera blanca en la que era ahora una batalla sin victoria para ninguno.
Gracias a todas :)
Mi Srita. Inspiración ha salido de su letargo, por fin.
