Finalmente, Seiya rompió el silencio.
- Ella me pidió vernos días antes del accidente. Se escuchaba triste, habían discutido porque te ibas de viaje.
Darien recordaba muy bien el incidente, pues pocas discusiones tuvieron como aquella.
- Ami podría ir en tu lugar, lo sabes. Si Setsuna ha pedido que seas precisamente tú quien la acompañe, es porque nunca ha dejado de quererte, y eres el único que no lo nota.
- Confundes las cosas. Fui invitado al congreso, al igual que ellas. Es un viaje de trabajo, nada más.
- ¿Y por qué no regresas al término de tu ponencia? Ella te pidió que te quedaras hasta el cierre del evento, ¿no es así?
Él dejó de acomodar sus prendas en la maleta, dando un suspiro resignado antes de responder.
- Tu desconfianza carece de fundamento, sólo nos daña a ambos.
- No has respondido mi pregunta.
Señaló la rubia con tono cansino, cruzando los brazos ante él.
- Todas las conferencias son de suma importancia, como representantes del hospital lo más conveniente es permanecer la semana completa, hasta la ceremonia de clausura.
- Fue el argumento que ella te dio, ¿o me equivoco?
- No, pero sus razones no son las que tú crees.
- ¡No, claro que no! Exclamó, entre el sarcasmo y el enfado.
El que los compromisos de Ami en el consultorio repentinamente le impidieran asistir es mera coincidencia. Como si su jerarquía en la mesa directiva no le permitiera mover las piezas a su antojo para hacer eso y más.
- Basta, Serena. Estás sacando éste asunto de proporción.
- Tu y yo ya teníamos planes.
- No seria la primera vez que debemos cambiarlos por los compromisos laborales.
- ¿Se supone que eso me reconforte? Si ella pretendía fastidiar, se ha salido con la suya. Y, si la situación fuera al revés, si se tratara de Seiya, tú reaccionarías peor que yo.
Decepcionada, salió de la habitación dando un portazo.
Bastante tarde Darien comprendió que debió ir tras ella.
Si hubiera sabido que no tendría otra oportunidad para hablarle, para disculparse por no dar crédito a sus palabras respecto a Setsuna.
Podía maldecir mil veces al destino, a los dioses, renegar de su suerte, pero nada cambiaría el hecho de que, era únicamente él responsable por sus acciones. Erróneas o no, sus decisiones habían lastimado a quien más amaba.
Y tenía que vivir con eso el resto de sus días.
En noches como esa, deseaba que fuesen muy pocos.
- Entonces, estuvo en tu casa, por eso no volvió a la nuestra, ni siquiera para despedirnos.
- ¿Fue esa la última vez que hablaron?
Intervino Haruka, obteniendo silencio como respuesta.
- Lo lamento.
Agregó sin más, dando otro trago.
Seiya descorchó una botella, llenó su copa, y se tumbó en uno de los sillones.
- Bombón lloró largo rato entre mis brazos; después, le preparé la cena y continuamos charlando. Cuando la lleve a su casa lucía más tranquila, aunque continuaba triste. Me pidió que no me preocupara. Me di cuenta de que su calma sólo era en apariencia al ver que olvidó su anillo sobre el lavabo. Siempre lo consideró un valioso tesoro por lo que representa en su relación. Y no regresó por el.
- Lo arruiné. Es lo que tratas de decir.
- Tómalo como quieras, Chiba.
- Suficiente agresividad por hoy, señores, bebamos en paz hasta olvidar. Mañana podremos volver a ser antipáticos.
- Brindo por eso.
Seiya y Haruka chocaron las copas. Darien, sin embargo, no se molestó en moverse.
Sumidos como estaban cada uno en su pena, abotargados cada vez más por el alcohol, continuaron llenando sus copas sin ser conscientes de la cantidad.
En algún momento, Seiya se aproximó al reproductor de discos, y la voz melancólica de Johnny Cash los acompañó en su duelo silencioso. Las notas de "I see a darkness" incrementaron la tristeza en el ambiente y en los corazones, sin dejar lugar para la ira.
Los minutos fueron pasando, agotándose con ellos las botellas canción tras canción.
La media noche los alcanzó a punto de rendirse ante los efectos de la bebida, adormecidos y en falsa armonía.
Cuando la insistencia en el timbre resultó imposible de ignorar, con paso tembloroso, Seiya fue el único que se decidió a abrir.
- ¿Alguno de ustedes llamó a la artillería pesada? Creí que ya nos habíamos declarado tregua, al menos por hoy.
- Muy gracioso, Kou, muy gracioso.
El tono de Rei carecía de diversión.
- Pasaré por alto la bromita sólo porque estás ebrio.
Secundó con igual seriedad Lita, mientras entraban.
Observaron las condiciones del lugar y el estado de los tres hombres e intercambiaron miradas.
- Tanto has bebido que no recuerdas el mensaje que me enviaste.
- ¡Ups! Sorry, Rei Chan, pero... qué bueno que lo hice, ¿no?
- Claro, así no tendrás que conducir y nos evitamos la visita a Urgencias.
Efusivo, Seiya se lanzó a sus brazos.
- ¡Eres mi heroína!
- Amiga equivocada, guapo.
Advirtió Lita.
- ¡Oh! No importa, eres muy linda también... ¿Dónde habías estado toda mi vida?
- Aquí, sólo que no tenías ojos para nadie más.
- ¿Gustan una copa, lindas?
Sugirió Haruka, enfatizando el cumplido.
- No, gracias.
Respondieron ambas, al unísono.
Lita seguía sosteniendo a Seiya, pues difícilmente podía mantenerse en pie.
Por su parte, esquivando vidrios rotos y diversos objetos sobre el piso, Rei se aproximó a Darien, quien permanecía recostado sobre la barra del bar en completo silencio, quizá dormido, pensó.
- ¿Darien? ¿Te encuentras bien?
Cuestionó con preocupación.
- Debí estar ahí, Rei. Le fallé.
Declaró él, sin mirarla; continuó hablando, abatido por la culpa que laceraba su corazón.
- He salvado a tanta gente de la muerte, pero no pude ayudarla a ella; no recuerdo un solo rostro, ningún nombre, porque, en realidad nadie más me importa desde que ella se fue.
- ¿Pretendes expiar la que crees tu falta con otras vidas? No funciona así. Mientras no te perdones a ti mismo, la herida seguirá abierta.
Hino hubiese deseado tener las palabras apropiadas que le dieran consuelo. Atestiguar cómo simplemente dejaba pasar los días, autómata, sin esperanza, le dolía.
- Dime, ¿podría ella perdonarme? ¿Las ausencias, las pocas demostraciones de amor, la actitud indiferente, la soledad? Cometí tantos errores... Ella merecía a alguien mejor.
- Te amaba, fue feliz a tu lado. Lo eras todo y le bastaba saber que era correspondida.
Vamos, será mejor que te recuestes y duermas, necesitas descansar. Te ayudaré a ir a tu habitación.
Rei lo instó a levantarse del banquillo, se colocó uno de sus brazos sobre los hombros; despacio y con cuidado, caminó junto a él hasta la recámara.
Chiba se desplomó sobre el colchón, preso de un agotamiento físico y emocional como pocas veces había sentido.
- No tenía por qué terminar así. Pude hacer la diferencia.
- Darien, no eres Dios. Deja de recriminarte. Aunque hubieses llegado antes, cuando ella ingresó a la sala de emergencias su estado era grave. Poco se podía hacer. Lo sabes mejor que yo.
- Respóndeme algo con toda sinceridad... ¿Qué hubieras hecho tú, si te arrebataran a Yaten? ¿Si un día despertaras y ya no estuviera ahí? ¿Podrías seguir adelante, como si nada?
Rei se sentó a la orilla de la cama, a su lado. Mientras meditaba la contestación, le acomodó la almohada, y con ternura, colocó tras su oreja el mechon de cabello que le impedía verlo a los ojos.
- Quiero pensar que sería fuerte, tal como se espera de mí. Pero, siendo realista, seguramente me iría a esconder al agujero más lejano y oscuro por tiempo indefinido. Lo cual, él encontraría inadmisible, y de una forma u otra, regresaría de donde se hallara para obligarme a continuar viviendo. Y hasta a sonreír. Ahora, por favor, intenta descansar. Ha sido un día difícil.
- ¿Haruka y Seiya?
Quiso saber, antes de rendirse ante el cansancio.
- Lita me acompañará a dejar a Haruka, luego yo la llevaré a su casa; Seiya se quedará con Yaten y conmigo. Le espera una buena reprimenda. Mañana tienen presentación, a Taiki no le agradará que llegue al ensayo con resaca. Todas estaremos ahí, es una ocasión especial, me gustaría que asistieras también.
- Lo consideraré... Si logro recordar quién soy cuando despierte.
Murmuró antes de darse la vuelta para dormir.
- Te dejaré una nota con los datos, y me iré.
Cuando regresó a la sala, ya Lita había puesto algo de orden, así Darien no se encontraría un desastre al abrir la puerta.
Haruka, más cauto con la bebida, colaboró para que pudiesen retirarse lo más pronto posible. Ayudó a llevar a Seiya hasta el coche, acomodándose ambos en el asiento de atrás.
Darien, al no poder conciliar el sueño, sabiéndose solo, se levantó y tomó una ducha.
El contacto revitalizante del agua lo sacó del letargo etílico, regresándole de golpe todo aquello que no deseaba enfrentar.
Molesto consigo mismo, se recargó contra la pared.
Cerró los ojos y se perdió en los recuerdos, que aunque dolían, eran lo único que no podían quitarle. Ahí siempre la tendría a ella, sonriente y feliz.
Dio un furioso puñetazo contra los mosaicos cuando a su mente acudieron las imágenes de su esposa, inerte; rememoró aquella noche. Su vuelo de regreso a la ciudad retrasado, el tráfico espantoso, su teléfono sin batería. Cuando por fin estuvo ante el umbral de su hogar, una angustia inexplicable se apoderó de él. Corrió habitación tras habitación buscando a Serena. Sintiéndose desesperado, se aproximó a la mesita del teléfono al ver la luz de los mensajes parpadear.
Seguía escuchando con perfecta claridad en su cabeza la voz de Ami diciendo: "Por favor, en cuanto llegues, ven al hospital, es urgente. Serena ha tenido un accidente automovilístico, la acaban de ingresar al quirófano. Apresúrate."
Pero no logró llegar a tiempo.
Y, un año después, ahí estaba él, con el alma y el cuerpo desnudos y vulnerables. Roto de una forma irreparable.
En ese preciso instante, sintió envidia de los otros.
Haruka tenía a Michiru, la fuerza su amor a prueba de todo.
Seiya contaba con sus hermanos para mantenerlo en pie y devolverle la cordura.
Él, estaba solo, vacío.
No tenía a nadie.
Y si lo había, no importaba.
