Disclaimer: Ranma ½ pertenece a Rumiko Takahashi-sama
Tokyo Series 1984.
Capítulo 2: Tokyo, mon amour
Cuando la joven de cabello castaño abrió los ojos, su novio ya se había levantado. O eso supuso al ver vacío el sitio a su lado y el hecho de que alguien le había colocado una manta encima. La apartó y procedió a desperezarse. Se cambió la camiseta amarilla perteneciente a su novio por unos leggings negros y su chaqueta púrpura con la bandolera de espátulas.
En cuanto estuvo lista, acomodó una última vez su típico su moño blanco y salió de la tienda de campaña. Debían ser como las ocho pero el clima se mostraba de lo más agradable.
—Lo siento, hermosa, ¿te desperté? —preguntó su novio, con una sonrisa que mostraba sus tiernos colmillos.
Estaba colocando una tetera en el fuego cuando ella se sentó junto a él y le dio un beso en la mejilla.
—No, ¿te despertaste hace mucho?
—Nah, hace apenas un rato —alegó preparando dos tazas—. ¿Té?
—Sí, gracias —respondió sin mucho compromiso, rebuscando entre sus mochilas algo para acompañar las infusiones. Sacó un paquete de galletas y frunció el ceño—. Nos queda un solo paquete de galletas, habrá que reabastecernos pronto. Tal vez podamos ir hasta la ciudad más cercana hoy.
—Oh, está bien. De todos modos quería llamar a Mamá para ver cómo sigue.
Empacaron y emprendieron viaje.
Llegaron a la ciudad más cercana a eso del mediodía. Ryoga sugirió que comiesen en un pequeño bar para recuperar energías y, de paso, pedir algunas direcciones. Era uno de esos bares que tenían música sonando desde que abrían hasta que cerraban. Había un par de parejas en la improvisada pista de baile, por lo que el chico perdido la tomó de mano y la llevó hasta allí.
Muchas de las parejas se fueron de la pista cuando una nueva canción comenzó a sonar. Era suave y algo lenta. A Ukyo no le preocupaba, se dejó guiar. Él podía ser desorientado, pero, cuando Amaya y Leroy se casaron, le demostró que sabía moverse en una pista de baile, sorprendiendo a los amigos de ambos. El muchacho se sorprendió gratamente al descubrir que la canción estaba en japonés y en francés, miró estupefacto el aparato. Mas volvió su atención a su novia cuando esta le acarició el rostro.
—Qué canción más triste, ¿no? —comentó mientras seguían bailando.
—Uh-huh.
La canción hablaba sobre una pareja que se despedía sin saber si era para siempre, pero prometían no volver jamás a la ciudad en la que se habían enamorado.
—¿Por qué no hacemos lo mismo? —sugirió Ryoga.
—¿Qué? —replicó ella confundida—. ¿Lo mismo de qué?
—Lo mismo de la canción. Irnos de Nerima.
—¿Enloqueciste? —murmuró para luego colocar una mano en su frente—. Hum, no te siento fiebre…
—Es porque no estoy enfermo… —alegó él retirando la mano de su frente—. Ukyo, en serio te lo digo.
—Vamos a comer, después veremos —atinó a decir, ante tan inesperada propuesta.
—En serio te lo digo —insistió muy serio—, me iría de Nerima contigo, Ukyo.
—¿Para qué? Estamos bien allí —contestó medio a la defensiva—. No hace falta irnos, Ryoga.
—
Una vez que salieron del almacén, caminaron con las compras por las calles. Desde que salieron del bosque, el clima había ido empeorando hasta que el cielo azul se vio cubierto de gruesos nubarrones. Era obvio que iba a llover y con mucha fuerza. Por suerte, el dependiente del lugar del que acababan de salir les indicó, por si las dudas, la dirección de una posada que quedaba a un par de calles.
Ya estaban en la puerta cuando Ryoga tomó a su novia suavemente del brazo, deteniéndola.
—¿Qué pasa, bizcochito? —preguntó ella.
—Creo… creo que me alcanza para dos habitaciones, si quieres —ella le miró, arqueando una ceja. Por su parte, él agachó la cabeza, dejando que el flequillo le cubriese los ojos—. En cuanto vean que pedimos un cuarto para ambos… —se sonrojó—, digo, estoy acostumbrado a que digan cosas sobre mí, ¿de acuerdo?, pero no toleraré que digan cosas sobre ti.
—¿Tanto te preocupa, amor? —soltó ella, luego cambió las bolsas para sostener todas con la misma mano y hacerle un cariño en la mejilla con la que estaba libre—. ¿Olvidas que yo también estaba acostumbrada? Además, ¿qué más da si dicen cosas de nosotros? Eres mi novio, después de todo.
—Si a ti no te importa… —la miró a través de la pestañas con cierta timidez, pero ella podía ver un atisbo de picardía en su mirada—, entonces a mí tampoco me importa.
Ella sólo le sonrió.
Un sonoro trueno interrumpió la quietud de la tarde, apresurándolos a entrar. Pidieron la habitación y subieron a instalarse. Por suerte, nadie les demandó explicaciones, ni nada. Ukyo soltó un silbido apreciativo cuando sus ojos recorrieron el lugar. Había una cama de dos plazas en el centro, con una mesita de noche a cada lado, ambas con lámparas y una incluso contaba con un teléfono. En la pared opuesta a la puerta se hallaba una serie de ventanas que dejaban ver el pueblo. En una esquina se hallaba también una solitaria mesa con dos sillas.
—Uh, la lá —soltó ella—. ¿Estás viendo esto, Ryoga? —inquirió extasiada sobre su hombro, empezó a inspeccionar el lugar—. ¡Qué elegancia la de Francia! ¡Mira este lugar! Este es un pueblo pequeño, pero seguro que saben cómo tratar a sus invitados-… ¡Ay! ¡Mira! ¡El lugar tiene su propio baño!
Ryoga sonrió ante su infantil entusiasmo, amaba verla feliz. Dejó el bolso sobre la cama y los víveres sobre el escritorio, imitando a su novia. Quién, nada más terminar esa tarea, se desató el moño y comenzó a abrirse la blusa, anunciando que tomaría un baño. El muchacho del colmillo se sonrojó ante esto último, alcanzando a murmurar que usaría el teléfono para llamar a su madre en tanto desviaba la mirada.
—Como sea, salúdala de mi parte, cariñito —se adentró en el baño—. ¡Ay, qué lindo, una ducha occidental! —la oyó agregar.
Ryoga se dejó caer pesadamente en la cama y marcó el número de su casa. Sonó una vez, dos veces, hasta que, a la tercera, alguien atendió.
—¿Hola? —preguntó una voz masculina que el chico reconoció como la de su ahora padrastro.
—Hola, ¿Leroy? Soy yo, Ryoga, ¿me pasas con Mamá?
—¡Hola, boy! ¿Cómo estás? —no esperó respuesta—. ¡Claro, dame un segundo!
El muchacho se mordió el labio y tamborileó los dedos contra su rodilla mientas esperaba que su madre atendiera. Al hacerlo la sintió sollozar, por lo que apretó el puño sobre su rodilla. Vale, era verdad que se llevaba mucho mejor con Leroy, pero no por eso iba a tolerar que hiciese a su madre llorar.
—¿Mon trésor?
—Hola, Mamá, ¿qué tienes? —quiso saber notando que había empezado a mover velozmente la pierna de arriba hacia abajo.
—Es que… ¡la chienne, sacré bleu! —lloriqueó en su lengua materna.
Ryoga se tensó, volviendo a morderse el labio, ¿acaso le había pasado algo a Blanquinegra mientras él no estaba? La había escuchado decir claramente «chienne», que en francés significaba «perra», el animal, no el insulto. Antes de que pudiese preguntar por el estado de la mascota familiar, el teléfono volvió a cambiar de manos.
—Blanquinegra está bien, Ryoga —le aseguró el inglés—. Tu madre acaba de ver una película sobre un perro, y bueno, ya sabes que en esta época es cuando más sensible está…
Ryoga asintió con la cabeza, como hacia siempre que hablaba con Leroy, pero, al darse cuenta de que el hombre no podía verlo, respondió un tímido "sí, lo sé". El teléfono fue ahora tomado por Amaya.
—Ryoga, mon chérie, tenemos que decirte algo, no te asustes ni nada pero…
Para cuando la chica había terminado de asearse, Ryoga ya había terminado la llamada y se hallaba tirado en el medio de la cama. Ella arqueó una ceja pero no emitió comentario. Todavía estaba envuelta en una toalla y con el cabello húmedo, así que se acercó a la cama para buscar una muda de ropa en su mochila. Notó que había comenzado a llover.
—Tengo malas noticias —masculló él.
—¿Ahora qué pasó? —preguntó ella con cierto fastidio, no olvidaba que Ryoga hacía un océano de un charco, mientras se cruzaba de brazos.
—A Mamá se le adelantó la fecha, tenemos que volver antes.
—¿Oh, sólo eso? No importa, de todos modos, ya estaba extrañando Nerima.
Él la siguió con la mirada hasta desaparecer con la muda de ropa por la puerta del baño. Una pequeña sonrisa se asomó en sus labios, dejando ver uno de sus colmillos. Tenía mucha suerte de tenerla. Unos leves golpecitos en la puerta le llamaron la atención, sacándolo de sus ensoñaciones. Resultó ser una de las señoras de la administración que les traía la cena, pues podías decidir si comerla en el comedor común o en la habitación. La mujer le dejó las dos bandejas de comida a Ryoga y le deseó buen provecho. Ella esperó a que el chico apoyara las bandejas en la mesita, para darle también un par de velas, "por si las dudas". Agradeció y le dio una propina.
Ukyo salió del baño vestida con una de las camisetas negras de Ryoga y unas bragas, nada más. Arqueó una ceja cuando vio a su novio colocar las velas en el pequeño candelabro en medio de las mismas.
—No me veas así, la señora que vino a traer la comida me dijo que es por si acas-… —no llegó a terminar de hablar que se oyó un trueno y la habitación quedó en completa oscuridad—. Maldición.
Afuera, la lluvia se intensificó.
—No está mal —ronroneó Ukyo entre la oscuridad—. ¿No te parece romántico?
—S-sólo si encuentro los fósforos —tartamudeó nervioso.
Una vez que las velas estuvieron encendidas, se sentaron a comer.
—¿Estás nervioso o emocionado?
—¿Respecto a qué?
—A tu nuevo hermanito o hermanita, menso.
—Creo que las dos… ¿tú cómo estás?
Ella soltó una risa.
—¿Por qué importa cómo esté yo? ¡Tú eres el que va a ser hermano mayor!
—Me importa lo que piensas —comentó él mirando su plato.
Les habían traído el especial de la casa, takoyaki de pollo con dos tazones de arroz y una docena de piezas de sushi. En cuanto a la bebida, trajeron una botella de sake y una de gaseosa. Ryoga se había servido un vaso de Coca-Cola, mientras que su novia se había servido uno de alcohol.
—Pues, la verdad, creo que va a ser tierno tener un cuñadito o cuñadita. ¿No te parece? ¡Los bebés son súper tiernos! Algún día podríamos tener uno —opinó guiñándole un ojo, haciéndolo sonrojar bastante—. En fin, ¿crees que tu mamá me deje cargarlo?
—No veo por qué no.
Continuaron conversando sobre el futuro nuevo miembro de la familia Hibiki. Cuando acabaron de cenar, tiraron lo que usaron para comer, era descartable, después de todo y Ukyo se fue a acostar. Ryoga, por su parte, se fue a duchar. No le importaba mucho la falta de luz, pero, por insistencia de la castaña, se llevó una vela.
Por su parte, la joven cocinera, que no podía parar de dar vueltas y se encontraba incapaz de dormir, se levantó de la cama para observar la lluvia por la ventana. Cada tanto el cielo era iluminado por los relámpagos y sonaba algún que otro trueno. El edificio completo estaba en silencio, sin contar el ruido de la ducha que se escuchaba desde el baño.
Abrió apenas la ventana, dejando entrar el aroma a lluvia y a noche, pero no el agua. La brisa fresca se coló en la habitación, haciendo suspirar con alivio cuando mitigó el sofoco del lugar. La ventana tenía un alfeizar ancho con algunos almohadones, así que procedió a sentarse.
Al salir del baño, el muchacho de colmillos vio a su novia con los ojos cerrados y la cabeza recostada contra la pared frente al ventanal. Se movió con cuidado y se sentó frente a ella.
—¿Qué haces durmiendo en la ventana? —preguntó divertido con una media sonrisa.
—No dormía, descansaba mis ojos —alegó ella, abriendo un ojo, luego volvió a cerrarlo—. Además, sabes que amo escuchar la lluvia.
—Lo sé —dijo él, sonriente. Acto seguido, ella abrió los ojos con una mirada curiosa al sentir que Ryoga le tomaba de las manos y la acercó contra su pecho descubierto para que ella recostase la cabeza—. Aunque tú sabes que es algo que me encanta hacer juntos —agregó besándole el cabello.
Afuera, la lluvia seguía cayendo.
Amaya se desperezó tras una placentera siesta y se levantó, dispuesta a bajar las escaleras para ver a su bebé. Había estado más preparada para su llegada de lo que lo estuvo para la de su hijo mayor. Supuso que se debía a que era mayor y estaba mejor preparada, mental y económicamente, para ello. Bastó con llegar a la mitad de la escalera para escuchar una conversación desarrollada en susurros desde la cocina entre su hijo y la que esperaba poder llamar "Nuera" algún día.
—Es que es muy chiquita…—oyó argumentar a su hijo.
—Ryoga, es una recién nacida, obvio va a ser chiquita, ya crecerá —le contestó Ukyo con paciencia mientras regulaba el fuego de la estufa.
La mujer rubia sonrió, esa chica era un ángel, desde que volvió de su viaje con Ryoga se pasaba más tiempo en la residencia Hibiki que en su casa. Se la pasaba ayudando con la pequeña Nyoko Angelè Hibiki-Fairchild, quien ahora dormía plácidamente entre los brazos de su hermano mayor. Su sonrisa se ensanchó ante la tierna escena. Se hizo notar.
—¡Amaya! —dijo la castaña—. Qué bueno que te levantaste, estoy haciendo la cena. Espero que tengas hambre.
Oh, ¿acaso no era un encanto de muchacha?
—Que esta chica no se te escape —le dijo a su hijo muy seria.
—¡Mamá! —chilló él avergonzado y con las mejillas prendidas fuego.
Eso hizo que Nyoko se despertase de su siesta y comenzase a llorar. Ukyo le dio un palmazo en la cabeza a su novio para luego tomar al bebé en brazos y arrullarla.
—Permíteme —indicó Amaya—. A lo mejor ya tiene hambre.
Se sentó en la mesa y se desabrochó la blusa para darle pecho a Nyoko. De reojo vio que a Ryoga se le hizo muy interesante el piso y rodó los ojos, ¡cómo si no le hubiera dado de pecho a él cuando era bebé también! Su esposo llegó justo cuando Ukyo estaba sirviendo la comida. La saludó con un beso en la mejilla y dejó el postre que le había traído en el refrigerador. El inglés se había tomado unos días del trabajo para estar con ellas.
—Ah, por cierto, llamó la abuela, Mamá —le dijo Ryoga.
—¿Ah, sí? ¿Para qué?
—Ajá, dijo que vendrá a conocer a Nyoko y a Ukyo, llega mañana.
La joven cocinera se sonrojó.
—¿Conocerme? ¿A mí? —enseguida entró en pánico—. ¡No tengo nada que ponerme! ¡Ryoga Jacques Hibiki! —le regañó tratando de controlar el tono de su voz por la presencia de su cuñadita—. ¡¿Por qué no me dijiste antes?!
—Tranquila, chérie —la apaciguó Amaya—. Estoy segura de que mi madre te adorará…
¡Y llegamos al segundo capítulo! ¡Wii! Ryoga y Ukyo aún son mi pareja favorita, los amo tanto. Este capítulo tardó mucho en salir, lo sé, trataré de que el próximo, que ya es el último, salga lo más pronto posible.
Aclaraciones:
Nyoko significa "tesoro" en japonés y Angelè es la versión francesa de Ángela, ¿notaron que, al igual que Ryoga, la pequeña también tiene dos nombres de diferente nacionalidad? :3
Respuesta a reviews:
Saritanimelove: Me encanta que te encante, ¡gracias por leer y comentar, divina!
Andy-Saotome-Tendo: Como amo tus comentarios, jeje, ¡gracias, diosa!
Haruri Saotome: Todo parece ir bien para todos ahora que ya pasó un año, ¿verdad? ¡Gracias por leer y comentar, hermosa!
Dee-Dee Zednem
28/01/18
02:10 p.m.
