Disclaimer: Los personajes son de SM, esta historia y si aparece alguno que otro personaje es de mi autoría.
Pd: ¡Lean la notita de abajo! Hay una pequeña sorpresa
Don't get to close, it's dark inside. It's where my demons hide.
Imagine Dragons
6 de Marzo 2013
- ¿Te enteraste? – susurró Alice
- ¿de qué? – respondió confusa Isabella. Alice rodó los ojos, su amiga siempre era la última en enterarse.
- Hoy llega un bombón inglés – dijo Alice levantando sugestivamente las cejas.
- ¿y yo que tengo que ver en eso?
- Pues…mmm…no se – sonrió mostrando toda su dentadura – pensé que te importaría.
La castaña negó con la cabeza mientras masticaba una manzana roja, no había ya nada ni nadie que pudiera sacar a su caramelo cobrizo que rondaba en su cabeza, peor aún un bombón inglés como lo había apodado Alice.
Escuchó la risa de Rosalie a su lado, haciendo coro con las de Alice. Las cosas habían mejorado considerablemente con ella, de poco a poco la rubia iba aceptando que a su amiga castaña le gustase Edward Cullen. Lo que Rosalie no sabía era que las cosas habían avanzado hasta tal punto de que Isabella tenía una relación secreta con el susodicho, de la que ella era ignorante.
- Déjala ya, Alice. Más para nosotras – dijo en tono cómplice la rubia.
Las tres estallaron en carcajadas haciendo que todas las personas en el comedor pusiesen sus miradas en ellas. No les importó, siguieron con su charla como si nada.
- ¿Qué tal van las cosas con Emmett, Rose? – preguntó la castaña cambiando de tema. Por lo que Rose les había contado Emmett era el chico con el que se besó en la fiesta de Bella hace ya unos meses, y desde ese entonces habían tenido una que otra cita.
- Bien…si bien… - tartamudeo la rubia sintiendo como el color se le subía por sus mejillas.
- ¡Oh por Dios! ¡Rosalie Hale! ¡Estas como un tomate! – gritó Alice, haciendo que todos volviesen a mirarlas
- Te gusta en verdad ¿eh? – Bella fue un poco más prudente. Rosalie evadió su mirada. En su vida nadie le había gustado tan intensamente como Emmett, bueno si, una vez y el mal nacido de Royce la había engañado. No quería volver a sufrir de ese modo, es por eso que había adoptado una fase de Soy una perra fría sin corazón con los hombres, para que nadie volviera a ingresar en él y terminara de destruirlo.
Isabella le dio un leve apretoncito en la mano, dándole su apoyo.
- Tranquila, tu secreto está a salvo con nosotras – le susurró mientras la pelinegra asentía apoyándola. Sabían que sería un poco difícil para la rubia que aceptase sus sentimientos amorosos hacia otra persona. Le darían su tiempo, ya cuando sea hora ella sabrá decirles las cosas.
Terminada su comida salieron de la cafetería donde observaron al recién llegado bombón inglés.Era alto, un poco fornido pero no tanto, rubio platinado, su tez era blanca, poseía unos ojos de un azul profundo que podías perderte en ellos inmediatamente y una sonrisa ladeada que hacía que se le marcasen hoyuelos en sus mejillas, robando así más de un suspiro a las muchachas. Las tres chicas miraron anonadas aquel Adonis, bueno, no solo ellas, todas en general.
Saliendo de su estupor, Isabella agarró a sus amigas por las manos arrastrándolas hasta llegar a su salón de clase.
- ¿lo vieron? – dijo Alice llamando la atención de ambas.
- ¡cómo no verlo! – suspiró Rosalie.
- Es solo un chico común y corriente – dijo Isabella rodando los ojos – no sé porque tanto alboroto. -La rubia y la pelinegra ahogaron una exclamación, llevándose teatralmente una mano a su pecho.
- Pues ese chico común y corriente solo con su sonrisa ha mojado todas las pantis de aquellas que lo vieron– señaló Alice moviendo con picardía sus cejas.
- ¡Alice! – reprendió la castaña a su amiga por su falta de pudor, pero fallando en el intento mostrando un indicio de sonrisa.
- Mojigata – escucharon a sus espaldas.
Lauren golpeó el hombro de Isabella al pasar por su lado mientras caminaba apresuradamente junto a Ángela. Isabella no dijo nada, tan solo observó la mirada de disculpa en el rostro de la chica con lentes mientras se alejaban. No tenía remedio ponerse a pelear con personas así.
- Vamos a clase – Rosalie la tomó del brazo mientras iban a su respectivo salón – pero miren a quien tenemos aquí – les dijo con una sonrisa a sus amigas apreciando al muchacho que se había sentado en el puesto habitual de Isabella. Alice sonrió como el gato Cheshire e Isabella volvió a rodar sus ojos y forjó su camino directo hacia el chico.
- Disculpa es mi asiento – le reclamó Isabella.
- Oh disculpa nena. – dijo con voz grave haciendo erizar la piel de sus amigas, se levantó y se dispuso a sentar en la derecha.
- Ese es mío – dijo Alice un poco nerviosa. Aquel chico sonrió abiertamente encogiéndose de hombros sentándose en el de atrás.
- Y ese es mío – dijo Rosalie con su aire de suficiencia. Al muchacho no le importó y se sentó en el puesto de alado de Rosalie.
- Me han desterrado de sus terrenos y todavía no se sus nombres bellas damas – dijo con su perfecto acento.
- Rosalie, Alice, Isabella – dijo rápidamente la castaña señalando a sus amigas.
- Un gusto – dijo besando la mano de cada una de ellas, menos la de Isabella que la retiró muy sutilmente – Me llamo Michael, pueden decirme Mike. – Rosalie y Alice parecían haberse quedado en shock.
- Esta bien, Michael, ahora déjanos ponernos cómodas – le respondió Isabella. Alice la miró de mala manera una vez que salió de su pequeña conmoción haciendo que Isabella la ignorara completamente.
La jornada pasó un poco lenta, Mike susurraba unas que otras palabras haciendo que Rosalie y Alice rieran como tontas, cosa que molestó un poco a Isabella. Ellas no deberían dejarse coquetear por personas como él, de seguro saldrían muy mal si caían en su juego. Sin darse cuenta, cada una ya estaba guardando sus cosas para volver a sus casas. Isabella miró a Alice, haciéndole entender que quería hablar con ella una vez que Rosalie se fuera. La pelinegra captó el mensaje e hizo un casi imperceptible signo de afirmación con su cabeza.
- Tengo algo que contarte – susurró Isabella mientras caminaban juntas, una vez que la rubia se había despedido, dirigiéndose al auto de la más pequeña.
- Dime – Alice la miró expectante, teniendo una vaga idea de lo que podría ser. Isabella retorcía sus manos, claro signo de nerviosismo, mordía su labio y pasaba una que otra vez su mano por su cabello, despeinándolo en el camino – ¡hey! Tranquila – Alice detuvo sus manos. La castaña la miró con sus ojos llenos de alegría.
- ¡Edward y yo estamos juntos! – dijo mientras su corazón empezaba a bombear más rápido, resultado de la dicha que sentía al pronunciar esas palabras.
- Eso ya lo sé, boba – sonrió Alice
- No, no, quiero decir de juntos... en una relación – afirmó Isabella
- ¡Eso es genial Bells! ¡Felicidades! – Alice le dio un abrazo sincero, sonriendo al igual que ella. Mientras el monstruo de la envidia se removía inquieto en su interior. Ella quería lo mismo en su vida, quería que Jasper se le declarara y sentir eso que su amiga estaba sintiendo. Despejó su mente de esas ideas, ya llegaría el momento. Solo esperaba que no fuera muy tarde
- Gracias Ali, eres la primera que lo sabe, no le digas nada a Rose. Estaré preparándola estos días para que asimile con más tranquilidad la noticia y no soltarle todo como una bomba.
- Esta bien – sonrió Alice – pero mientras más pronto se lo digas va a ser mejor. Sabes cómo se pone cuando le han ocultado un secreto por mucho tiempo. – Isabella asintió mientras retomaban su camino, ignorando completamente a una castaña que las había estado escuchando y empezaba a maquinar cosas en su cerebro tan rápido que frustraría todo lo que Isabella tenía preparado.
17 de Marzo 2013
- ¡Eso es mentira! – Gritó furiosa Jessica haciendo que las paredes del baño de chicas hiciera un eco de su grito- ¡Yo jamás le dije nada! Sabes como soy Bella, nunca te fallaría de esa manera – le dijo con ojos suplicantes abarrotados de lágrimas.
La castaña la miro intensamente por unos momentos, analizando la situación. Si bien era cierto lo que su hermana decía, no entendía quién pudo haber regado la noticia como si fuera pólvora.
- Entonces ¿Quién? ¡Solo tú y Alice lo sabían Jess!, nadie más. – susurró apesumbrada Isabella recordando el mal momento sucedido.
15 de Marzo 2013
Isabella acababa de llegar a la universidad, maniobrando un poco con sus manos ya que estaban repletas de trabajos los cuales debía presentar ese día.
Unas manos grandes le arrebataron suavemente lo que tenía de sus manos, dejándola descansar un momento.
- Muchas gracias – dijo Isabella mientras se masajeaba los brazos.
- De nada, ¿Dónde quieres que los lleve? – respondió Michael dejando de piedra a Isabella.
- Emm…al salón estaría bien, gracias – ambos caminaron juntos con una distancia prudente entre ellos, bueno, un poco más alejados de lo normal a causa de Isabella. Llegaron a su respectivo salón, sin dirigirse la palabra si quiera. Michael quería de cualquier forma entablar una conversación con la castaña, pero no entendía su comportamiento con él. Porque él que sepa no había hecho nada mal ¿o sí?
- Bueno, bonita, aquí te dejo tus cosas – Michael ofreció su encantadora sonrisa tratando de ser cordial sin darse cuenta que Bella se había puesto tensa y algo incómoda.
- No me digas así – fue dura y fría – Muchas gracias por ayudarme, enserio – le dio la espalda al rubio y comenzó a ordenar lo que tenía en su escritorio. Michael se quedó estupefacto, nunca alguna chica se había resistido a sus encantos. Pero haría que ella cayese, sí o sí.
De poco a poco las cosas de la castaña habían pasado de ser un desastre a estar completamente ordenadas. Sonrió con satisfacción, le encantaba el orden. Sintió una ráfaga rubia pasar a su lado, giro su cuerpo hacia la recién llegada.
- Hola, Rose, ¿estás bien? – preguntó con preocupación. La rubia se limitó a mirarla, Isabella no supo descifrar si fue ira o decepción lo que vio en los ojos de Rosalie, pero no fue nada bonito. Se miraron por lo que parecía una eternidad hasta que la rubia apartó la mirada negando con la cabeza.
- ¿qué pasó?- Alice comenzó a sentarse a su lado
- No sé – Isabella encogió sus hombros volviendo a sus asuntos.
En todo lo que fue del día Rosalie no le dirigió la palabra. Más y más dudas se instalaban en la cabeza de la castaña, hasta que explotó
- ¿Me vas a decir que te pasa o vas a seguir con esa actitud infantil? – inquirió Isabella interceptando de una vez por todas a Rosalie mientras la agarraba del brazo con un poco de fuerza. Esta la miró con indiferencia, su rostro se mostraba carente de emoción, frio y calculador.
- No tengo nada que hablar contigo – logró zafarse Rosalie y dando la vuelta logró escapar de Isabella.
La castaña se quedó ahí, inmóvil, en la misma posición como si la hubieses hechizado, con lágrimas en su rostro empezando a aglomerarse. Rosalie nunca se había comportado así con ella, llevaban años de amistad y en ningún momento lo había hecho. Algo debió de haber hecho mal para que la rubia actuase de esa forma, pero no supo el qué. Empezó a hacer memoria y de repente todo comenzó a encajar como si de un rompecabezas de tratase. Rosalie había descubierto su relación con Edward. Pero ¿Cómo?
- ¡Bella!- llegó Alice abriendo la puerta del baño de un tirón – Fue Lauren
- ¡¿QUÉ?! – fue una reacción conjunta, Jessica e Isabella se miraron sin poder creerlo – no, no puede ser. Ella no sabe nada – razonó Jessica – No hay manera de que se haya enterado.
- Pues la hay y ahora todo el mundo lo sabe – dijo Alice - ¡BELLA! – trató de detener a su amiga que salía hecha una furia de aquel lugar pero no lo logró. Miró suplicante a Jessica la cual la entendió en ese momento. No iba a ser nada bonito lo que estaba por pasar.
Siguieron a la castaña por los anchos pasillos de su facultad, tropezándose de vez en cuando con alumnos que salían de sus clases a otras. Hasta que dieron con su objetivo. Isabella interceptó a Lauren, la cual se hallaba tratando de coquetear con Michael.
- ¡¿Por qué!? – fue un poco agresiva Isabella. Lauren la miro, escaneando la postura, las emociones y como se dirigía la castaña hacia ella.
- No entiendo – respondió mostrando una sonrisa tan falsa como el color de su cabello - Deberías ser más específica
- ¿Por qué se lo dijiste a Rose? ¡¿Cómo te enteraste?!
- Me temo que no todos entendemos tus cosas de niña memo - ¡PLAF! Fue lo único que se escuchó en el lugar. La cabeza de Lauren se había girado a causa de la bofetada que Isabella le propinó, dejando en su mejilla una perfecta marca roja de los dedos de Isabella.
- ¡Hipócrita!
- No tienes la moral para decirme eso, sabiendo que eres la primera en serlo. – Lauren permaneció calmada a pesar de que se moría de rabia por dentro. Michael no atinaba que hacer, como todo hombre se quedó observando el espectáculo que le ofrecían aquellas mujeres. Sin embargo Alice y Jessica fueron más precavidas. Alice haló el brazo de Isabella haciendo que la siguiera, mientras Jessica se había quedado.
- Búscate una maldita vida y deja vivir a los demás en paz, ¿tan infeliz eres que quieres que los demás lo sean? Madura Lauren, ya no somos unas chiquillas. – dio la vuelta y se fue, siguiendo el camino por donde se había ido su hermana, dejando a Lauren con la palabra en la boca.
Compró una botella de agua y se la dio a Isabella en cuanto las alcanzó, la cual no esperó más para darle un buen trago.
- No dejes que alguien como ella te quite la paciencia – le aconsejaba Alice. Jessica se sentó al otro lado de la castaña.
- ¿Cómo supiste que fue ella? – preguntó Isabella
- Ángela
- Es una buena chica – afirmó Jessica.
Isabella no habló más el tiempo que estuvieron ahí. Alice se despidió de ellas en cuanto la hermana de la castaña se dispuso a llevarla a su hogar. Cuídala le susurró la pelinegra antes de marcharse.
El viaje de retorno fue tan silencioso que parecía que alguien había muerto esa tarde, y no estaba muy lejos de la realidad. Una parte del corazón de Isabella había muerto un poquito, apreciaba mucho la amistad que tenía con Rosalie y ahora ella la odiaba. Se reprendió mentalmente ¡nunca debió de haberle guardado ningún secreto!, debió de haberle contado la verdad desde el primer momento, era mejor que se enterase de su propia boca, con sus propias palabras, a que alguien más fuera el que estampara tal bomba en el rostro de la rubia, sin anestesia, sin nada.
Lloró, lloró toda la noche, reprendiéndose por ser una mala amiga.
23 de Marzo 2013
Isabella abrió los ojos muy despacio, removiéndose en toda la amplitud de su cama. Estaba calentita y afuera hacía un día extremadamente frío a pesar de estar comenzando primavera. Se desperezó, ahogando un bostezo en su garganta. Hoy era un día especial, cumplía su primer mes como pareja con Edward y le había preparado algo simple pero bonito.
Se cubrió más con las mantas hasta hacerse un ovillo dentro de ellas en cuanto sintió que abrían la puerta de su habitación.
- Despierta dormilona – saltó Jessica desde donde se encontraba hasta caer en pleno cuerpo de la castaña. Esa era la manera de despertarse entre ellas desde que se conocieron. Isabella ahogó un gemido de dolor, su hermana había caído en sus costillas y parecía que le había quebrado unas cuantas – ¡Hoy es 23! – le gritó en el que supuso sería su oído.
- Lo sé – moviéndose debajo de las sábanas logró salir tratando de llenar sus pulmones con aire, pero no por eso se veía menos feliz.
- ¿Qué van a hacer hoy? – preguntó Jessica.
- No sé – rodó los ojos Isabella – odio ese lado misterioso de Edward
- Bueno, entonces debes ponerte muy bonita, sea lo que sea que vayan a hacer – Jessica le mostro una sonrisa pícara a su hermana, la cual enrojeció al instante.
- ¡Boba! – aplastó un cojín en su rostro – No soy así – susurró tímida Isabella. Jessica solo rió con más gusto. Sabía perfectamente que su hermana no era como ella. Isabella la echó de su habitación empujándola hacia la puerta, mientras seguía escuchando la risa de su hermana a través de esta.
Fue directo a su armario, deteniéndose en cada una de sus prendas. Nunca había sido una chica que se quedase miles y miles de horas pensando en que iba a usar ese día. Más bien ella escogía lo primero que veía y se lo ponía, claro, sin desencajar tampoco. Pero ese día era especial y quería lucir, como dijo su hermana, bonita. Quería lucir bonita para Edward, y eso le iba a tomar un poco de tiempo, un chico como él merecía tener a alguien decente a su lado ¿no?
Se decidió por un saco de lana rojo, junto con unos jeans negros ajustados a sus piernas, un gorro de lana color gris y sus típicas converse. Dejó su ropa a un lado de la cama para tomar una ducha rápida.
El agua caliente en su cuerpo tuvo el efecto relajante que a Isabella tanto le agradaba, se tomó su tiempo disfrutando de ese momento, exfoliando su piel y masajeando su cuero cabelludo. Cuando pensó que estaba lista, salió envuelta en un albornoz blanco mientras su cabello estaba dentro de una toalla del mismo color.
Aunque se viese una y mil veces al espejo Isabella sentía que le faltaba algo.
- ¡Jess! – gritó el nombre de su hermana por la puerta, la aludida salió de su habitación rápidamente – Ayúdame – dijo Isabella una vez que Jessica llegó junto a ella.
- Esta bien - La hermana la analizó de arriba hacia abajo, le dio una vuelta sobre su propio eje – No se en que quieres que te ayude, estas preciosa – le dijo con una sonrisa.
- No se, siento que algo falta – bajo la mirada Isabella, un poco avergonzada por la situación. – tal vez un poco de maquillaje – Jessica la miro sin poder creerlo.
- ¿Quieres que te maquille?
- Un poquito, no mucho – respondió en un susurro Isabella
- No tienes porque avergonzarte, ahora vuelvo.
De un instante a otro Isabella se encontraba bajo las manos de su hermana, la cual aplicaba sin exagerar un poco de base, polvos compactos, una pizca de rubor, y una capa de mascara en las pestañas de Isabella, haciéndola tener un look naturalmente hermoso. La castaña apreció el cambio, ahora si sentía que estaba bonita para Edward.
- Gracias – Isabella abrazó a su hermana.
- Nada de gracias, pagame con comida – Jessica mostró su mejor sonrisa mientras sus ojos brillaban expectantes. Isabella afirmó con su cabeza devolviendole la sonrisa. Escuchó como su teléfono vibraba sobre la mesita de noche y corrió hacia él.
"Espero ya estes lista, bonita. En 10 minutos llego a tu casa."
E.C
Una sonrisa tonta se instanló en el rostro de Isabella, empezó a sentir las miles de millones de mariposas revolotear en su estómago y a su corazón palpitar vertiginosamente. Jamás se cansaría de esa sensación. Quería a Edward demasiado que podía llegar a doler.
Bajo las escaleras con la esperanza de no encontrarse con su madre o Phill por ese lugar, aunque las cosas entre estos todavía seguían tensas, ya no se gritaban ni peleaban de un momento a otro sin razón alguna. Parecía que todo volvía a su cauce, pero Isabella advirtió que todavía faltaba algo por resolver o algo de lo que debía estar al tanto pero ignoraba. Los encontró juntos en el sofá de la sala mirando la televisión, Phill pasaba un brazo por encima de los hombros de su madre atrayendola hacia él, besando en el camino su cabeza. A Isabella le pareció la escena más tierna del mundo y se sintió como una intrusa observando algo que no era de su incumbencia.
- ¡Que te vaya bien amor! – Renée Dwyer le gritó a su hija en cuanto la vio aproximarse a la puerta. La castaña se dio media vuelta con una sonrisa.
- Gracias mamá – se despidió de ambos con un movimiento de su mano, cogió su pequeño bolso de la repisa cerca de la puerta y se dispuso a salir, fijándose que Edward estaba llegando justo cuando los diez minutos se cumplían.
Isabella apresuró su paso entrando de una vez al auto, donde se quedó anonada observando los ojos verdes de Edward que le transmitían felicidad, amor y más felicidad.
- Feliz primer mes, bonita – le susurró el cobrizo muy cerca de sus labios, todavía teniendo sus ojos abiertos esperando alguna reacción de Isabella. El aire le empezó a faltar, su respiración se hizo entrecortada, y su corazón latía expectante a lo que fuese a pasar en esos momentos. Acercó su rostro más al de ella, cerrando sus parpados alrededor de sus ojos y chocando sus labios en el proceso, sintiendo aquel roce que tanto le agradaba, mezclando el sabor dulce de ella con el mentolado de él, acariciando en una suave danza los labios de la castaña. Se separaron el momento justo en el que abrían sus ojos, mostrando todo lo que sentían el uno por el otro en ellos.
- Feliz primer mes, Edward – todavía estaba abrumada por aquel beso y Edward la hizo sentirse más aturdida cuando la volvió a besar, pero esta vez fue solo un pequeño roce entre ambos. Isabella sentía el muy conocido cosquilleo en sus labios a causa de los besos de Edward
- ¿Desayunaste? – preguntó Edward empezaba a conducir.
- Mmm…no – respondió Isabella
- Perfecto – Edward giró su cabeza para observarla un momento antes de seguir conduciendo - vamos a desayunar entonces – le dijo mostrando la sonrisa torcida que amaba la castaña.
Unos minutos más tarde se encontraban estacionados fuera de un restaurante, el cual tenía una pequeña terraza para aquellos que quisieran recibir los escasos rayos de sol que se colaban de poco a poco por las nubes. Edward la guío hasta ahí, moviendo la silla para que Isabella se pudiese sentar. Un momento después llegó el camarero.
Los dos pidieron su orden, esta vez sin incómodos momentos por parte del camarero, el cual trabajó profesionalmente y les hizo llegar su pedido en el menor tiempo posible.
Edward ayudó a comer a Isabella, dándole pequeños pedazos de su desayuno a ella en la boca haciendo que de vez en cuando se sonrojara.
- ¡Cierra los ojos! – era la típica frase de Edward antes de darle cualquier regalo hacia Isabella. Ella obedeció al instante, escuchando como el cobrizo se levantaba de su asiento hasta situarse detrás de ella. Sintió sus finos y largos de dos recorrer su cuello, llevando su ondulado cabello hacia un lado. Edward no pudo resistirse a aquel cuello cremoso, blando y con un lunar que adornaba en centro de este, y le dio un beso, suave y casto. Sintió el estremecimiento de Isabella ante su roce y sonrió todavía en su cuello mandando oleadas de sensaciones electrificantes por todo el cuerpo de la castaña - No abras los ojos todavía - sacó del bolsillo interno de su chaqueta una pequeña caja de terciopelo azul, la abrió y sacó de esta una fina cadena de plata con una "E" colgando de ella. De poco a poco fue poniéndoselo a Bella cerrando al final aquella cadena. Dejó otro beso en el cuello de la castaña y acomodó su cabello, volviendo a su asiento. – Ahora puede abrirlos.
Suavemente Isabella abrió sus ojos y sin pensarlo dos veces tocó el nuevo adorno que se encontraba en su cuello.
- Es hermoso Edward – sus ojos brillaban por algunas lágrimas contenidas – Gracias. – tomó la mano del susodicho por encima de la mesa y le dio un leve apretón, haciendo que el corazón de Edward empezase un ritmo nada normal.
- Tu eres hermosa – le rebatió Edward devolviéndole el apretón haciendo que Isabella enrojeciera levemente. La castaña abrió su bolso y le pidió a él que cerrase los ojos también, lo cual Edward no dudo en hacer.
- No es algo tan bonito como lo que tú me diste – susurró Isabella, mientras sacaba un oso de chocolate del interior de su bolso, llevándolo al centro de la mesa con sumo cuidado – Puedes abrir los ojos.
Una sonrisa de niño se dibujó en el rostro de Edward y sus ojos brillaban de una manera tan soñadora que hizo a Isabella querer más momentos en los que le respondiese de esa manera.
- ¡Chocolate! – gritó Edward y se levantó como un resorte de su asiento, besando a Bella mientras murmuraba un gracias entre beso y beso. Isabella le correspondió a cada uno de ellos imaginando cómo será su segundo mes juntos.
Les pido no me maten (/.\)
¿No les ha pasado que su musa se va de vacaciones cuando quieren escribir algo realmente bonito? Puff, mi musa se largó (perdonen la expresión) un buen rato y no regreso hasta hace unos días. Pero Bueno :) aquí esta otro capítulo. ¿Qué les pareció? Problemas y más problemas con Lauren ¿verdad? Ni en la saga me gustaba mucho, así que no tendrá mucha participación en esta historia.
Una vez leí que J.K Rowling había escrito el final de Harry Potter antes de que publicase los demás libros (o bueno algo así leí, no se si será cierto o mentira) y no le creí y me preguntaba ¿como se puede hacer eso? ¿no tendrías que tener la trama completa para hacerlo? Pero estos días comprobé que no, no necesariamente se necesita tener la trama completa, ¿saben porqué? Porque yo ya escribí el final de esta historia y me parece taaaan tierno :3 :3. Solo espero que a ustedes les parezca igual.
¡Me encanta leer sus reviews! Me llenan tanto el corazón. Gracias a: helenagonzales23-athos, supattinsondecullen, Nelva Robsten, Tata XOXO, Dahia, isabel20, natalie. , Guest, jacke94, Emm-1463, AndysCullen, phinbella2012, Rimadonante, Andrea 17 de Cullen y a cinthi por sus reviews a lo largo de la historia, y en especial a: luciayshadow, claro que me acuerdo de ti hehe gracias por acompañarme en esta historia también y te prometo que no me demoraré tanto como en "Volviendo a sentir" eso es un hecho, ¡espero te esté yendo bien es tu carrera! Medicina tiene un largo camino por recorrer pero sé que tu lograrás tu objetivo. Ahora, sobre el lemmon entre JacobxLeahxBella, me he olvidado por completo hehe pero lo haré por ti :D no hoy, no mañana pero ¡lo haré!
¡Como siempre! Agradeciendo infinitamente a mis lectoras, a las princesas que me han agregado a favoritos, están siguiendo y/o tienen en alerta a esta historia. No podrían faltar mis lectoras fantasmas :) seguiré insistiendo hasta encontrar un review suyo hehe
Les mando unos besototototototeeees donde quiera que se encuentren. Dios las cuide y bendiga. ¡Hasta la próxima!
