Disclaimer: Los personajes son de SM, esta historia y si aparece alguno que otro personaje es de mi autoría.


El pasado es un mal sueño que acabo

Un incendio que en tus brazos se apagó

Cuando estaba a medio paso de caer

Mis silencios se encontraron con tu voz

Reik


1 de Abril 2013

Dolor, un dolor lacerante que la hacía retorcerse en su cama, un dolor de aquellos en lo único que piensas es en que pare y si la muerte conlleva a eso, pues eso era lo que necesitaba Isabella para calmar aquel martirio. Jamás había experimentado algo como eso en toda su vida. Parecía como si miles de cuchillos estuviesen en su interior, perforándola a niveles desconocidos.

¿Gritar? No, no debía gritar, haría que todos se despertasen y lo menos que quería Isabella era perturbar a su familia. Tal vez era un dolor insignificante, de esos que vienen y se van. Pero este parecía no querer irse, parecía que quería hacer pagar a Isabella por las malas decisiones que había tomado a lo largo de su vida, sin embargo la castaña sabía que eso no era ni en sus sueños posibles.

Inhaló y exhaló una, dos, tres y cuatro veces. Error, el dolor en vez de limitarse parecía aumentar en el proceso. Miró el reloj digital que tenía sobre su mesita de noche 01:14am marcaba, instintivamente dejó de rodar en su cama posicionándose de una vez por todas boca arriba, lágrimas solitarias bajan por el rabillo de sus ojos hasta perderse en sus orejas o bien también terminaban su recorrido cuando viajaron por toda la extensión de su cuello.

No podía siquiera bajar de su cama peor aún las escaleras como estaba pensando al querer ir en busca de una bolsa de agua caliente que mitigase ese dolor. Asentó con un poco de fuerza sus manos en la parte izquierda de su vientre tratando de atenuar aquel dolor, parece que funcionó, Isabella dejó de respirar entrecortadamente e inspiraba hondo procurando calmarse. Por lo menos ahora puedo tratar de dormir pensó.

Logró ponerse de lado en posición fetal todavía haciendo presión sobre aquella parte del cuerpo que tanto dolor le causó en un momento. Cerró sus ojos y puso su mente en blanco. Cayendo en el mundo de los sueños rápidamente.

- ¡Edward! ¡Edward! – gritaba Isabella pero el cobrizo parecía no escucharla. La castaña empezó a correr más y más rápido tratando de alcanzarlo pero él siguió caminando ignorando la presencia de su amada – ¡Edward! - nada parecía funcionar, parecía que Edward era inalcanzable. Cayó sobre sus rodillas, haciéndose un poco de daño por la fuerza con la que lo hizo – Vuelve – susurró ya con lágrimas bajando por todo su rostro observando como el amor de su vida desaparecía de su vista.

Isabella se incorporó en su cama de un salto con la respiración entrecortada y sudando. Solo fue un sueño, solo fue un sueño se repetía mentalmente, llevándose una mano a su corazón que latía desaforadamente procurando calmarlo.

- Bella, ¿puedo pasar? – escuchó la voz de su hermana a través de la puerta

- Claro Jess, sigue – la mencionada entro con paso cauteloso por la puerta, mirando sumamente preocupada a la recién despertada.

- ¿Estas bien?- preguntó con cautela. Isabella la miró de una forma extraña.

- Si – dijo suavemente, tratando de encontrar significado a las palabras de su hermana.

- ¿Por qué gritabas? – caminó hasta situarse frente a Isabella mientras se iba sentando a su lado.

- Estás loca Jess, no he gritado en ningún momento.

- Lo hiciste, decías vuelve. ¿Qué soñaste Bella? – Jessica tomó la mano de su hermana entre las suyas tratando de transmitirle confianza.

- No recuerdo – mintió la castaña. Desvió la mirada no queriendo tener contacto visual con Jessica, por lo menos esta no se lo creyó, sabía muy bien cuando su hermana mentía.

- En cinco minutos es el desayuno, procura no demorar. –Jessica cerró despacio la puerta.

Isabella no sabía cómo interpretar ese sueño ni tampoco porqué había soñado algo así, pero no tenía de qué preocuparse se dijo, talvez solo era un sueño más.

Trató de ponerse de pie más no pudo. El dolor que sintió hace solo algunas horas volvió y con más intensidad. Isabella no pudo sostenerse de nada, simplemente cayó con un golpe seco alertando a todos en su casa. Phill, Renée y Jessica alertados por el ruido, se miraron entre ellos y corrieron escaleras arriba, entrando en ese mismo orden a la habitación de Isabella. Él y su madre la ayudaron a ponerse de pie, pero eso intensificaba el dolor.

- No, no, me duele – decía la castaña entre sollozos.

- Amor ¿qué pasó? – le preguntó su madre.

- Me duele mucho mi vientre – Phill recogió a Isabella del piso y la llevó en sus brazos hasta la planta baja de su casa.

- Tenemos que ir al hospital – susurró Jessica, quien no sabía qué hacer. Renée y le dijo a Phill que encienda el auto mientras ellas cuidaban de Isabella.

Unos minutos después estaban camino al Hospital Overlake, Isabella trataba de hacer su mejor esfuerzo para no gritar y dejar de llorar pero es que simplemente no podía, aquel dolor le atenazaba todas sus terminaciones nerviosas. Jessica la abrazaba de vez en cuando procurando reconfortarla.

Llegaron a la zona de emergencias buscando ayuda para Isabella, la cual llegó de un momento a otro llevándose consigo a la próxima paciente y dejando a su familia inquietos en la sala de espera.

Por otro lado Isabella era bombardeada con todo tipo de preguntas ¿qué le pasó? ¿Dónde le duele? ¿Hizo algo para que esa dolencia apareciera? ¿Ha tenido malestares así antes? Del 1 al 10 ¿en qué nivel está su dolor? Tantas preguntas que a Isabella solo la llegaban a marear cada vez más. Respondiendo a cada una de ellas era movilizada hacia una sala llena de camillas las cuales solo se separaban por una fina cortina. Unos momentos después llegó el doctor, un hombre alto de cabello negro azabache, ojos chocolate y tez blanca. Llevaba su típica bata de doctor y en una de sus manos un historial médico.

- Buenos días señorita Swan, soy el doctor McCarty y la estaré atendiendo el tiempo que se encuentre aquí. Cuénteme, ¿qué pasó? – El doctor empezó a auscultar a Isabella mientras esta empezó a relatarle todo, desde el principio de su dolor hasta el momento en el que se encontraba recostada en aquella camilla– Bien, descartaremos que sea apendicitis ya que esta se produce en el lado inferior derecho del abdomen y por lo que veo usted siente dolor en la parte izquierda. – dijo mientras una enfermera se acercaba con una bandeja que contenía un catéter, agujas y medicamentos – Procederemos a aminorar el dolor para después hacerle una ecografía, la cual nos ayudará a saber el porqué de sus dolencias.

Isabella fue presa del pánico, odiaba las agujas y esa enfermera iba a llenar su cuerpo de ellas en tan solo unos minutos. Respiraba entrecortadamente, ahora no sabía que era peor, o si el dolor que padecía o las agujas.

- Tranquila, no dolerá nada – le dijo la enfermera con una sonrisa. ¡MENTIRA! Gritó la conciencia de Isabella, dolería como los mil demonios y no podría hacer nada al respecto. Giró su cabeza hacia el otro lado para no ver lo que sucedería, respiró hondo y sintió como una aguja grande profanaba una vena de su mano izquierda, casi se le sale una lágrima del dolor. Eres una niñita le susurró su conciencia, Isabella la ignoró y trató de hundir esa vocecita en el lugar más recóndito de su cabeza. – Bien, ya pasó – le sonrió una vez más aquella enfermera – Ahora procederé a ponerte este calmante por vía intravenosa, así que no será necesario pincharte de nuevo. – Isabella suspiró agradecida.

Sintió aquel líquido frío recorrer todo su brazo, llevando consigo la dichosa medicina. Cerró los ojos tratando de dormir un poco, el dolor estaba aminorando, sin embargo una fuerza desconocida cayó sobre su cuerpo, abrió los ojos abruptamente encontrándose con la cabellera castaña rojiza de su madre, su lado derecho se encontraba Phill y su hermana.

- ¿Estas mejor Bells – preguntó un preocupado Phill.

- Estaba – rió – hasta que mamá quiso aplastarme – Renée se separó de su hija y fue a lado de su esposo.

- Bien, ya tenemos todo listo para… - el doctor McCarty entraba con un aparato un poco extraño para Isabella – Señores, me temo que solo familiares de la paciente pueden estar aquí – les dijo en un tono serio pero respetuoso.

- Somos su familia – respondió Jessica.

- Bueno, en ese caso… solo la madre podrá quedarse aquí. – Phill y Jessica asintieron disconformes y salieron de la habitación, si así se le podría llamar, de la castaña. Una vez que estos estuvieron fuera el doctor cerró la cortina para tener más privacidad – Isabella, descúbrete por favor el abdomen y un poco de tu vientre –con un poco de temor ella lo hizo, asegurándose que su madre seguía ahí para infundirle coraje. El doctor encendió aquella máquina y dispuso a poner un gel extremadamente frío en la piel descubierta de Isabella - ¿Cuándo fue tu último periodo? – preguntó

- Mmm… Marzo 12 – dijo Bella después de hacer un poco de cuentas. El doctor asintió mientras tomaba nota.

- ¿La última vez que tuviste relaciones sexuales? – Isabella enrojeció ante la pregunta tratando de no mirar a su madre de la vergüenza

- No he tenido – susurró muy bajito. El doctor la miró con una ceja alzada, sin creer ni una palabra de lo que le decía su paciente – soy virgen – dijo con convicción.

- Bien, entonces descartamos un posible embarazo – el doctor esparció el gel con un pequeño mouse, creyó que eso era Isabella, y una imagen a blanco y negro apareció en la pantalla de la máquina. El doctor apretó aquel mouse por el vientre de Isabella, tratando de vislumbrar algo extraño y lo consiguió. Hizo una mueca de desagrado y volvió a revisar para poder estar seguro, una vez que lo estuvo procedió a teclear algunas cosas en la máquina. Renée vio el gesto que realizó el doctor y tomó la mano de Isabella, temiéndose lo peor. – Posees un quiste de cinco centímetros en tu ovario izquierdo, el cual era el causante de la molestia que presentabas. Lo que no podría decirte es si el quiste es de masa consistente o si tan solo es hemorrágico, en el caso de que sea lo segundo no hay necesidad de hacer una intervención quirúrgica como lo haríamos con el primero, tan solo tendrías que tomar unas pastillas hasta que de poco a poco con tus periodos vaya desapareciendo. Pero en el caso de que sea de masa consistente, como te dije, procederíamos a una intervención quirúrgica de emergencia ya que podrías quedar estéril. Te recetaré las pastillas para ver qué pasa, por lo que veo estas próxima a tu siguiente periodo y podremos saber a ciencia cierta de que se trata sin necesidad de llevarte al quirófano.

Isabella apretaba fuertemente la mano de su madre mientras lágrimas corrían por su rostro y en lo que pudo ver, a su madre le pasaba lo mismo.

23 de Abril 2013

- ¿Me quieres? – Isabella levantó su rostro para mirar mejor a Edward, el cual bajó su cabeza para conectar sus esmeraldas a sus chocolates. La castaña sonrió expectante, con un brillo en los ojos que hipnotizaría a cualquiera, pero ¡Gracias a Dios! para Edward que esa mirada solo se la dedicaba a él. No podría aguantar que a otras personas los mirase de la misma manera, no podría controlar al monstruo de los celos, que dormía cual hibernación se tratase a la espera de poder despertar y desatar su furia. Y es que Edward no era cualquier santo como todos pensaban, tenía un pasado gris, no oscuro, gris, que había dejado de atormentarle desde el mismo instante que unos achocolatados orbes se posaron en su mirada, desde ese momento todo en él había cambiado, era una nueva persona y disfrutaba de serlo.

El pasado ya no lo perseguía, al contrario, había aprendido a vivir con él, a sobrellevarlo y sacar el mejor provecho que le ofrecía. Instruyéndose de sus errores y creando nuevas maneras de evitarlos. E Isabella era la causante de la mejoría en la vida de Edward, su paciencia, su forma de siempre ver lo mejor de él a pesar de cualquier cosa, su amistad incondicional y mejor aún su amor, ese amor que lo llenaba de tantas maneras posibles, ese amor que con solo un Te quiero podría derrumbar cualquier obstáculo que se le interpusiera. Puede que suene cursi, sin embargo eso no le importaba a Edward, cada mirada que la castaña le dedicaba, cada roce entre sus labios, cada roce de piel con piel, lo llevaba a un éxtasis total. Y aunque se conocían hace escasos cinco meses, él ya la quería tener para toda la vida a su lado.

- Con mi corazón – le respondió Edward, apretándola más a su pecho, entrelazando sus manos con las de ella.

No perdieron contacto en sus miradas ni un solo instante, hechizados por esa burbuja ya tan conocida que los rodeaba, creando un aura tranquila, llena de paz y amor. Un aura que hasta al ser más frío de todos lo haría entrar en calor, o como otros sabrían decir, vomitarían de tanta dulzura que se profesaban dos corazones unidos, latiendo al unísono, llevando en su sangre el amor que se creaba a cada instante juntos, a veces se mezclaba con tristeza, otras por esas gotas saladas que llegaban en el momento menos oportuno, pero sobre cualquier cosa amor, amor inagotable. Ese amor que muchas personas creen sentir, creen estar seguros de haberlo sentido alguna vez, ¡pero cuan equivocados estaban! Amor como el de ellos solo se veía muy pocas veces en la vida, amor puro y sincero. Amor sin interés, amor sin barreras, amor capaz de luchar contra viento y marea; amor capaz de destruir cualquier obstáculo, cualquier distancia, cualquier medida de tiempo impuesta.

Sentir el roce de los labios de otro los hacía volar hacia la novena nube, nadando entre ese pedazo de tela azul adornado por pequeñas motas de algodón. Subiendo cada vez más, queriendo alcanzar estrellas, constelaciones y si se pudiese ¡el mismísimo paraíso!

¡Dios santo! Si solo con el roce de sus labios obtenían una experiencia cercana a la muerte, no querían enterarse que sería de ellos si fusionaran sus cuerpos en uno solo. Experimentando su calidez interna. Uniéndose en una danza primitiva, inigualable y única, que solo los destinados a encontrarse, que solo la perfecta alma gemela como dirían aquellos mortales, podrían sentir.

Aquellos pedazos de músculos húmedos y expectantes, a los que vulgarmente llamamos lenguas, salieron a su encuentro dentro de los límites permitidos, entablando una batalla que generaba con cada exploración un sinfín de emociones, extasiándolos hasta llegar a perder la noción en su alrededor, privándolos de algo que era fundamental en ellos y que por el momento no lo usaban. Sintiendo al mismo tiempo a ese músculo palpitante retumbar en sus pechos, llevando a cada milímetro visible e invisible de la piel humana, sensaciones de calidez y pertenencia.

Apartaron sus cabezas lentamente, volviendo a usar ese instinto natural en cada uno de nosotros, y aunque en ellos estaba desacompasado, su respiración de poco a poco volvía a ser controlada, al igual que su corazón se retraía con cada inspiración que realizaban, alentándolo a la calma posterior a la guerra. Sonrieron, una sonrisa cálida y sincera mientras sus ojos brillaban cual estrella en el firmamento. Permanecieron en silencio, roto un par de veces por los soplidos del viento, fundidos en un abrazo.

- Gracias - susurra Isabella, no queriendo romper aquel silencio. Edward la mira dubitativo, tratando de entender el significado a esas palabras – Eres lo mejor que me ha pasado, jamás me imagine sentir algo así por alguien, haz dado un giro de trescientos sesenta grados a mi vida. – Edward sonríe, porque no se imagina ya una vida sin ella. Sin alguien tan dulce pero a la vez tan reservada con sus sentimientos como lo era Isabella, que en momentos como este se llena de coraje para decirlos, para demostrarlos con algo más que miradas, y aunque Edward sabe que las palabras se las lleva el viento, sabe también que estas quedarán tatuadas en sus corazones haciéndolos recordar cada día el porqué de su amor.

Edward los hace recostar en el pasto, poniendo a Isabella en su pecho, atrayéndola más hacia él. Observan el firmamento, el cual se halla en una mezcla de colores, pasando del gris al anaranjado, un poco violeta y algunos retazos de azul, regalándoles los pocos rayos de sol que quedaban en ese día. Y se sienten dichosos de tenerse al poder tenerse el uno al otro, saben que pueden confiar ciegamente, pueden poner las manos en el fuego por el otro, con la seguridad de que no se van a quemar.

- Eres mi princesa. Me has salvado en tantas maneras posibles siendo yo él que debía rescatarte del temible dragón. Soy yo quien debe darte las gracias – el cobrizo le da un beso en la cabeza e Isabella sonríe porque sabe que eso no es del todo cierto, sabe que ella ha tenido que luchar contra sus propios demonios, esconderlos y de poco a poco matarlos, estaba segura que no iban a volver gracias al amor de Edward.

El cielo se iba oscureciendo con cada minuto que pasaba y las estrellas reclamaban su atención centellando, desde la estrella polar hasta el cinturón de Orión, todas y cada una de ellas titilaban alumbrando aquel pedazo de paraíso en el que se encontraban los amantes. Dándoles intimidad, guardando sus más temibles y oscuros secretos, así como también sus más tiernos y cándidos deseos.

- Eres mi todo – susurra Edward, empezando a acariciar el brazo que la castaña acaba de cruzar por su pecho. Isabella levanta su cabeza y deja un casto beso en la mandíbula de Edward y vuelve a su posición inicial. Escuchando los fuertes latidos del corazón del cobrizo junto a su oído, lo cual le parece a Isabella la más hermosa sinfonía jamás escuchada, se aprieta un poco más al pecho de Edward y este la envuelve en sus brazos, brindándole seguridad y calor.

- Hay veces en las que me pregunto cómo es que mi corazón puede albergar tantas sensaciones, tantos sentimientos sin explotar en el proceso. Luego recuerdo que de poco a poco, en el momento correcto, mi corazón siente lo que debe sentir y es mi mente la que se ocupa de todo lo demás, despejando cualquier otra cosa que no es necesaria en el momento a un lado. – la castaña le confía ese secreto a Edward.

Su segundo mes juntos no fue lleno de sorpresas o regalos. Fue simple y sencillo, aprovechando al máximo su compañía, disfrutando del tiempo que podían estar juntos.

El amor es algo irracional, no sabes en que momento llegará, esperas toda la vida por él, y en el minuto menos pensado aparece de la nada. Tampoco presientes de qué persona te vas a enamorar, tan solo sucede. Y es ahí cuando comienza el gran viaje, porque has tenido de todo en la vida: amistad, amor de familia y puede que dinero, sin embargo te ha faltado el amor, ese amor muy diferente al que se tiene a un amigo o a tus padres, te ha faltado ese amor que nos embriaga un poco de vez en cuando, ese que nos hace volver a la vida en muchas maneras posibles. Ese, que no mide su alcance ni presiona, tan solo se desarrolla como debe de ser, mostrando lo bueno y lo malo de la otra persona, amándola, queriéndola tal y como es; el amor te enseña a descifrar todas las señales en tu pareja, que significan sus suspiros, a saberlos diferenciar, un suspiro de tristeza o uno de alegría, o si es uno de duda o de remordimiento; te enseña a interpretar miradas, ya sean dulces o amargas, de reproche o insensibles; el amor te enseña a confiar, te enseña con cada paso que das en el camino a ir de la mano con tu pareja, a saber sobrellevar y resolver los problemas juntos. Siempre juntos. Y Edward pensaba luchar hasta el fin de sus días por ese amor, por algo que realmente valía la pena.

30 de Abril 2013

Isabella todavía recordaba el mal rato que pasó por unos días al saber que era portadora de un quiste el cual la podría dejar estéril. Había llorado por todas las noches que faltaban hasta que su periodo llegó y con él aquel intruso en su cuerpo había desaparecido. Edward la había apoyado en todo momento, no dejándola sola y tratándola como su princesa como le había dicho ya infinidad de veces.

- Ahora lo puedes hacer sin preocupaciones por quedarte embarazada – le había dicho Alice al momento que le contó sobre su pequeño percance y la forma en la que él doctor la había sanado. Pastillas anticonceptivas rezaba la caja de aquellas pastillas cuando las fue a comprar. Muerta de vergüenza y con el rostro rojo como un tomate, pagó al dependiente de la farmacia y fue casi corriendo hacia su casa.

Alice se había reído de la cara que puso Isabella cuando le dijo esas cosas sabiendo que su amiga era una santurrona. A pesar de las cosas que le dijo su amiga, Isabella siguió tomando aquellas pastillas, con el único propósito de sanarse y no de una segunda intención.

Ese 30 de Abril Isabella había llegado rápido a su casa, no tenía ninguna tarea por hacer y se sentó a mirar una película. Sintió su teléfono vibrar en sus pantalones, lo sacó rápidamente para leer el mensaje que había enviado Edward.

Eres lo más hermoso y puro que tengo. Te quiero

E.C

Isabella sonrió como una tonta. Le encantaba los mensajes inesperados que Edward le mandaba, la hacía pensar en él todo el día o lo que quedaba de él.

- ¡Guak! – escuchó una voz en su espalda, sabiendo de antemano que era su hermana – voy a morir de diabetes si te sigue enviando mensajes así. – terminó de decir Jessica con una sonrisa en su rostro.

- No los leas entonces, nadie te manda a hacerlo – la reprendió su hermana, un poco resentida.

- Son unos cursis – Jessica se sentó alado de su hermana en el sillón y le agarró una mejilla – pero aun así Eddie me cae bien – Isabella rodó los ojos, ella y Edward odiaban que se lo llamara así. Se apartó del apretón de su hermana, enfocando su vista a la película que estaba por comenzar y su hermana hizo lo mismo.

- ¿¡Ahora!? ¡No, Phill! – se escucharon los gritos de Renée Dwyer por toda la casa.

Jessica e Isabella se miraron mutuamente, otra vez habían comenzado con las peleas. Suspiraron resignadas, incorporándose del sillón dispuestas a irse cada una a su respectiva habitación.

- ¿Quieres saber porque pelean esta vez? - le dijo Jess a su hermana de forma cómplice. La castaña la miró dubitativa.

- Creo que n…

- ¡Ay Bella! Sé que te mueres por saber, ven vamos – Jessica agarró la mano de su hermana y la llevó escaleras arriba. Al principio Isabella opuso un poco de resistencia, pero presintiendo que no iba a ganar nada con eso se unió a su hermana. Porque claro, ella también se moría de ganas por saber el motivo de las peleas de sus padres.

Una vez que estuvieron en el piso superior, caminaron despacio de puntitas, tratando de ser lo más silenciosas posibles. Se situaron frente a la habitación de sus padres, pegando sus orejas en la puerta.

- Entonces, ¿Cuándo crees que podamos decirles a las chicas? – susurró Renée. ¿Decir qué? Se preguntaron sin que salga ningún sonido de su boca, reflejando la sorpresa en sus rostros. Escucharon pasos aproximándose a la puerta, sin embargo no fueron capaces de moverse y de un momento a otro tuvieron a su madre frente a sus narices – ¡Oh! Bueno, eso simplifica mucho las cosas – dijo con una sonrisa - ¡Estamos embarazados!


Ta taaaaaaan! ¿Que les pareció? ¿Muy dulce? ¿Muy sorprendente? ¿Muy trágico? ¡Háganme saber!

¡Hola princesas! Aquí llego yo con un nuevo capítulo para que aprovechen leyendo este domingo :p , quiero decirles que estoy un poquitín triste y un poquitín feliz. Triste porque no recibí muchos reviews y siento que mi historia les esta aburriendo de poquito a poquito :( ¿es así? ¿o no? sáquenme de esa duda. Y feliz porque he recibido muchos favoritos y follows :3

Gracias a isabel 20, Tata XOXO ( un beso enorme para ti también! :D ), helenagonzalez23-athos, a Nelva Robsten por sus reviews en el anterior cap :) y también a michelle hehe quiero decirte que ¡sí! falta mucho para que Edward y Bella tengan esa discusión, aproximadamente un año. Pero vamos avanzando rápido así que creo que lo veras pronto ;)

¡Como siempre! Agradeciendo infinitamente a mis lectoras, a las princesas que me han agregado a favoritos, están siguiendo y/o tienen en alerta a esta historia. No podrían faltar mis lectoras fantasmas :) seguiré insistiendo hasta encontrar un review suyo hehe

Les mando unos besototototototeeees donde quiera que se encuentren. Dios las cuide y bendiga. ¡Hasta la próxima!