Disclaimer: Los personajes son de SM, esta historia y si aparece alguno que otro personaje es de mi autoría.
N/A: Quiero dedicar este capítulo a mi mejor amigo, Andrés, que lee esta historia y me ayuda cada vez más a mejorarla. Te quiero mucho mucho muchisisisisisimo Andy Pandy (aunque no te gusta que te digan así hehehe) Gracias por aguantarme, enserio :3
Remember all the sadness and frustration and let it go.
Linkin Park
8 Mayo 2013
Después de la noticia de que su madre les había dado, no pudieron para de pensar en otra cosa que no fuera eso durante los siguientes días. Les hacía inmensamente feliz el tener algo en común aparte del matrimonio de sus padres, ahora tendrían un hermanito con la sangre de ellas corriendo por sus venas.
Según las cuentas de su madre, estaba llegando al cuarto mes, y todo de poco a poco cobraba sentido. Las peleas matutinas y vespertinas que tenían sus padres debido a las hormonas tan revolucionadas que ahora mandaban al cuerpo de su madre, la falta de apetito algunas veces que tenía Renée, y ahora sabían que era porque le producía nauseas, y una que otra rabieta de niña caprichosa, aunque esto casi no les tomó por sorpresa porque su madre siempre había sido así, como una niña cuando no conseguía lo que quería.
La pancita de Renée apenas era visible en su abdomen, los doctores le habían dicho que era normal y que el bebé estaba creciendo sano y salvo. Todavía no habían querido saber el sexo del próximo integrante de la familia pero Jessica e Isabella ya se figuraban que sería un niño, para que pueda jugar con su padre y ser el consentido de todas las mujeres,había dicho Jessica con una sonrisa acariciando el vientre de su madre.
Phill por su parte sonreía embobado cada vez que podía. Ser padre primerizo lo hacía embargar una felicidad extrema que en su vida pensó algún día tener. Consentía a su esposa de todas maneras posibles y la hacía sentirse querida en todas las formas que ella se imaginara.
Habían cumplido cada uno de los caprichos que su madre tenía, desde querer comer una banana con leche condensada, cosa que no le era exactamente repugnante a Isabella, hasta querer frutillas con un poco de mayonesa. Jessica había tenido arcadas de tan solo pensarlo, pero una cosa era pensarlo y otra ver como su madre devoraba aquella fruta con una delicia tremenda, como si fuese el último alimento que hubiese en el mundo.
- No espero el día para que ese bebé nazca – le dijo Jessica a su hermana
- Será un bebé muy querido, pero también muy mimado. – respondió la castaña con una sonrisa
- Será el único – Jessica se despidió con la mano de su hermana antes de ir por otro camino a su respectiva facultad en la universidad, ella aún tenía clases mientras que Isabella había ya terminado su jornada de estudio.
Isabella tenía una sonrisa, que últimamente parecía tatuada en su rostro. Muy pocas veces dejaba de sonreír, no cabía en sí de la felicidad. Aunque también era un poco realista y sabía que no era cualquier cosa tener a un niño en casa, peor a un bebé. Con una mueca de aversión en su rostro se imaginó los cambios de pañales, los llantos a mitad de la noche y los vómitos en su espalda después de sacarle los gases. Simplemente eso no era algo que quisiera en su joven vida, pero tendrá que aprender a sobrellevarlo porque tan solo serían un par de meses ¿no?
- Espero que esa sonrisa haya sido por mí – susurraron a su espalda. Si se pudiese, Isabella hubiera hecho su sonrisa más grande.
- ¡Edward! – dio la vuelta para poder lanzarse a sus brazos.
- Ese es mi nombre, no lo gastes – le dijo Edward acercando sus labios a los de ella y posando sus manos en la cadera de su castaña. Sus labios eran suaves y tiernos, sin ningún apuro. Isabella rió.
- Engreído – dijo en medio del beso, haciendo que Edward sonriese y terminara el beso castamente. – Te extrañe, Anthony – le susurró metiendo su cabeza en el hueco entre la clavícula y el cuello de Edward.
- Solo ha pasado dos días Bella – la susodicha le dio un pequeño golpe en el pecho, separándose un poco de él para mirarle a los ojos. Edward volvió a reír – También te extrañe, Marie. – volvió a besarla, esta vez con un poco de urgencia, queriendo recuperar el tiempo perdido. Isabella recorrió con sus manos el pecho de Edward hasta llegar a su cuello y enredar sus dedos en el cabello de él, haciendo que el beso fuera más intenso.
- Dan asco, ¡sepárense! – bromeó una pelinegra, ambos se separaron jadeando queriendo matar a su amiga por romper su burbuja. – Así está mejor – sonrió
- Muérete Alice – fue cortante Isabella. No le gustaba que interrumpieran los momentos que tenía con su novio. Siguió acariciando el cabello de Edward mientras el solo sonreía con los ojos cerrados.
- ¡Que geniecito tenemos hoy! – Alice se acercó para separarlos completamente pero Edward fue más rápido y afianzó su agarre en la cintura de Isabella.
- ¿Qué pasó Alice? – abrió los ojos lentamente y le dio un beso a Isabella para después pasarle uno de sus brazos por encima de los hombros, atrayéndola hacia él.
- Bueno…yo...bueno – empezó a tartamudear y sus mejillas se tiñeron de un hermoso rosado. A Isabella le dieron ganas de agarrarle las mejillas y estrujarlas mucho, pero Alice averiguo sus intenciones y de un manotazo hizo que la castaña parase su acercamiento
- Tranquila pixie, estamos entre amigos – Edward le removió su negro cabello con las manos haciendo que Alice se enfurruñara más. Pixie era como Edward la había apodado hace unos meses, ya sea por su corte de cabello tan bajo o su estatura, pero a ella no le importaba. Sabía que él le decía así de cariño y por la amistad de años que tenían.
Alice tomó una gran bocanada de aire y habló.
- Quisiera saber si saber si estas con Jasper
- La verdad no – la mirada de la pelinegra se oscureció - ¿por qué? –
- Por nada – puso una sonrisa triste – Adiós chicos – Alice se despidió de ello. La pareja observó el camino que recorrió su amiga hasta que ya no pudieron divisarla.
- Bueno bonita, ¿Qué quieres hacer hoy? – le preguntó Edward alzando el mentón de su amada con su mano.
- No sé - sonrió Isabella – lo que tú quieras – Edward sonrió juguetón.
- Hay muchas cosas que quiero hacer – le dio un beso suave en sus labios. Isabella suspiró ante el contacto mientras se sonrojaba procesando las palabras de Edward.
- Goloso – le dijo juguetona apartándose de su abrazo y enredando sus dedos con los de él – Vamos a por unos helados, yo invito ¿quieres?
- Nop, si vamos es porque yo pago no tú.
- Deja de ser así Edward, yo también quiero invitarte algo alguna vez.
- Pues eso no pasará mientras usted señorita Swan este conmigo consintiéndole todo
- No tienes remedio – Isabella rodo sus ojos.
- Pero así me quieres – dijo Edward robándole un beso.
- Más de lo que te imaginas – Isabella respondió al beso del cobrizo.
Llegaron al Northgate Mall, un centro comercial en el que, según Edward, habían los helados más exquisitos que Bella alguna vez haya degustado. El cobrizo pidió un helado de menta con avellanas e Isabella uno de cereza con vainilla.
- Renée está embarazada – dijo Isabella con una sonrisa mientras se sentaban juntos en una mesa al fondo del local
- ¡Felicitaciones! – respondió Edward igualando la sonrisa de Isabella.
- Gracias – dio un lametón a su helado. Edward miró embobado el movimiento de su lengua – Jess y yo decimos que será un niño – lametón - pero mamá dice –lametón- que mientras nazca sano –lametón- para ella basta y sobra – otro lametón. Edward movió su cabeza, despejando los malos pensamientos que pasaban por su cabeza al ver ese músculo de Isabella moverse por la extensión de aquel helado.
Edward posó su mano en el vientre de Isabella
- ¿No crees que debería tener alguien con quien pueda jugar? Se sentirá muy solo al ser el único pequeño en casa – susurró Edward al oído de la castaña. Ella abrió sus ojos desmesuradamente, pero no le iba a seguir el juego.
- No sé, talvez sean gemelos – se encogió de hombros - ¿Quién sabe? – ella rió por la confusión del cobrizo. No, todavía no estaba preparada para dar ese paso.
18 Mayo 2013
- Lo que tú hiciste fue algo peor, ¡¿y vienes a reclamarme?!
- ¡Edward! ¡Edward! Escúchame
- No tengo nada que escucharte Bella.
- Edward, las cosas no son así. Escúchame por favor
- ¿Qué vas a decir? ¿Vas a mentir de nuevo? Te has hecho tan adicta a mentir ¿no? ¿Vas a decir que no te….
Isabella despertó de un susto, gotas saladas recorrían por sus mejillas, respiraba entrecortadamente y su corazón latía desbocado en su pecho. ¿Por qué tenía esos sueños?
Quitó las sabanas enredadas de su cuerpo y procedió a levantarse. El sol todavía no se asomaba entre sus cortinas. Miró el reflejo en el espejo frente a ella, secó las pocas lágrimas que había derramado durante su sueño, tenía manchas purpuras bajo sus ojos, sus pupilas estaban dilatadas a falta de luz y su cabello parecía un nido de pájaros. Pasó sus dedos entre las hebras de su cabello, tratando de desenredarlo un poco. En su frente perlaba una fina capa de sudor y sus manos tenían un ligero temblor
Optó por respirar hondo y calmarse. Fue a su vestidor y sacó unos leggins negros y una blusa vieja blanca de tirantes, no era una persona que le gustase hacer deporte, pero saldría a correr para tomar aire y despejar su mente. No sabía porque últimamente tenía esos sueños. Ella jamás haría algo en contra de Edward o algo que pudiese afectarlo, lo quería en demasía como para causarle algún daño. Pero, ¿por qué Edward se comportaba de esa manera con ella? Sea lo que sea que haya hecho merece una explicación pero él no estaba dispuesto a escucharla, estaba tan cerrado en su pensamiento y en lo que sea que este creyendo que muy difícilmente Isabella lo había podido hacer entrar en razón. ¿Será que Edward podía llegar a ser así?
Bella trató de poner en blanco sus pensamientos, no quería ni tenía que preocuparse por cosas que solo eran sueños, ¿verdad?
Corrió, o más bien troto y terminó caminando casi arrastrándose por el suelo ya que su falta de físico le impedía hacer algo más y se cansó rápidamente. Golpeándose mentalmente se sentó en el césped, atrayendo sus rodillas al pecho mientras ponía su mentón encima de estas y cerraba los ojos, acompasando su respiración.
- ¡Bella! – gritaron desde lo lejos. Isabella levantó su cabeza para revisar quien la había llamado. Frunció su ceño en respuesta – No sabía qué hacías ejercicio – le dijo con una sonrisa.
- Generalmente no lo hago – dijo mordaz
- Buenos días para ti también – él muestra sus dientes con una enorme sonrisa - eso explica el porqué de tu descanso – respondió. La castaña rodó sus ojos.
- ¿Tu siempre sales a correr?
- Tres veces por semana – dice mientras se sienta alado de Isabella. Con un movimiento muy sutil esta se hace a un lado, no queriendo estar muy pegada. – Tienes que salir conmigo algún día, me refiero a correr, claro. – responde en respuesta a la mirada asesina que la castaña le dedica.
- No creo que sea conveniente Mike – Isabella suspira. El sol ya está en lo alto y la ciega un poco, pone una mano encima de sus ojos para menguar el resplandor.
- ¿Por qué? Siempre he querido un compañero de deporte, mejor aún si es compañera
- Porque yo no puedo seguirte el ritmo, no soy una persona que le guste este estilo de vida – el muchacho fijando sus ojos color azul en ella. Isabella se estremece por tanto escrutinio de parte del platinado.
- Esta bien – responde sin darle importancia – ¿tienes planes para hoy? – La castaña observa los hoyuelos en las mejillas de Mike. Siempre ha adorado que las personas tengan hoyuelos en sus mejillas y maldecía al destino porque ella no los tenía.
- Tengo que hacer el deber de finanzas, y creo…creo que… ¿Cuándo tenemos que presentar el proyecto de gestión?
- Dentro de dos semanas – Isabella no sabe cómo seguir con esa conversación, después de pasar por un largo e incómodo silencio murmura un gracias como respuesta y se levanta dispuesta a irse, pero Michael fue más rápido y retiene su muñeca en con su mano – Este es un tiempo record, no sabía que podía espantar a las chicas así de rápido. – la castaña lo mira con curiosidad ante sus palabras – Quédate un momento más conmigo – susurra remarcando su acento. Isabella quiere negarse, Dios sabe que quiere hacerlo, pero no puede. Sus ojos la hipnotizan y asiente suavemente con su cabeza.
- Está bien – susurra - ¿de qué quieres hablar?
La mañana pasó volando. Descubrieron que tenían algunas cosas en común, entre ellas su pequeño amor por el clima soleado, más aun si es primavera y las puestas de sol, les gustaba el helado de cereza y los caramelos de mango. Por otra parte, Bella descubrió que él sabía tocar la guitarra y cantar, le pidió que cantase una pequeña estrofa frente a ella pero él no lo hizo, alegando que no era momento y sus cuerdas vocales no estaban lo suficientemente listas como para cantar. Odiaba que los chicos se hicieran de rogar, eso solo debía ser para las chicas, así que Isabella dejó de insistir en ese tema y después de que media mañana llegase, ambos se dispusieron a irse.
- Bella…mmm…me preguntaba si… si quisieras…no se… salirconmigoalgúndía – Michael habla precipitadamente, está nervioso. Isabella vuelve a mirarlo confundida
- No entiendo, disculpa
- ¿Quisieras salir conmigo algún día? – le pregunta, esta vez más despacio, remarcando las palabras mientras salen de su boca – Como amigos, claro
- No creo que sea apropiado, las personas se lo tomarían muy mal y Edward ni se diga
- Esta bien – la desilusión se marca en los ojos del ojiazul – Bueno, entonces…mmm nos vemos el lunes. Adios Bella.
- Adios Mike.
Isabella llegó a su casa, todavía pensando en la propuesta de Michael. Ella era una mujer hecha y derecha y podía hacer lo que se le viniera en gana, pero también era una mujer con valores y principios, pero más que todo era fiel y por más que Mike haya dicho que iba a ser una salida de amigos, ella no le creyó. Conocía muy poco de hombres, pero con lo poco que sabía, podía decir que estos casi nunca tenían otra intención que tratar de recibir uno o dos besos, y si la cosa llega a más… –movió su cabeza – no quería ni si quiera pensar en otras cosas.
29 Mayo 2013
- Yo de ti, no estaría muy a gusto en los brazos de Edward. Las apariencias engañan. –cortaron la llamada.
Isabella quedó con su teléfono pegado a la oreja en medio del pasillo. Al momento que la llamaron, el número era privado así que tuvo que contestar, pero la voz y las palabras que escuchó la dejaron muda. No reconocía esa voz, en ningún momento de su vida la había escuchado y ¿le dice esas palabras? ¿Qué quería decir? ¿Las apariencias engañan?
- ¿Por qué esa cara larga? ¿Alguien murió? – Alice llegó a su lado con Rosalie, sin embargo la rubia desapareció al instante. Las cosas entre Rose y Bella no habían mejorado en absoluto, cada una por su parte era muy orgullosa y preferían perder una amistad de años a que dejar de ser orgullosas por cinco minutos y arreglar sus inconvenientes.
- Acabo de recibir una llamada – Isabella miró a su pequeña amiga con su ceño fruncido.
- ¿y? ¿Qué tiene eso de malo?
- Era una mujer, me advertía sobre Edward
- ¿Pusiste advertir y Edward en una misma oración? - ahora Alice también fruncía su ceño
- No tiene gracia Alice, es enserio.
- También hablo enserio, no puedo creer que hayan hecho algo así. Edward es la persona más noble que conozco, no le hace daño ni a una mosca.
- Lo sé – suspiró Isabella – tan solo…tan solo me tomó por sorpresa, eso es todo. – Alice acunó a su amiga tratando de conformarla.
- Solo son personas malas que no quieren que otros sean felices si ellos no lo son – la pelinegra se puso de puntitas y le dio un beso en la mejilla de Isabella, ella sonrió ante tal gesto y le devolvió el beso.
- Gracias, Alice
- De nada
Silenciosas, caminaron juntas hacia el estacionamiento, esta vez Alice iba a dar a Isabella un pequeño aventoncito hasta su casa.
- Tiene cuernos más grandes que los de un alce –susurraron. Isabella miró de reojo a las muchachas que de pronto habían centrado su atención en ella y Alice mientras reían a boca suelta.
- No puedo creer que sea tan tonta –murmuró otra de ellas. Alice, fijándose que su amiga no la seguía, dio vuelta para traerla consigo, escuchando también esos comentarios.
- ¿No tienes nada mejor que hacer Lauren? – gritó la pelinegra
- La verdad – meditó un poco- nop – respondió con una sonrisa.
- Vamos Bells, no les hagas caso – Alice haló a Bella de la muñeca hasta su auto, un BMW escarabajo descapotable blanco, mientras la pelinegra daba la vuelta a su auto para poder encenderlo.
Nada está bien, cada vez eran más las personas que sabían algo que Isabella no, y eso le estaba causando un nudo en la garganta. Empezó a respirar más rápido de lo normal, le faltaba el aire, era como si alguien le hubiera puesta una almohada en el rostro. Su pecho dolía, y sentía desvanecerse el calor de su cuerpo, sus manos empezaron a temblar descontroladamente mientras su vista se hacía cada vez más nublosa.
- ¡Bella! ¡BELLA! ¡Tranquila pequeña! Respira – Alice se desabrochó el cinturón de seguridad y se acercó a su amiga, apretó sus manos para que se dejara de aruñar los brazos y las manos – Bella, respira conmigo. A ver, sígueme – La castaña la miró con ojos asustados pero hizo lo que pedía su amiga – Es solo un pequeño ataque de ansiedad, tranquila. Vamos a respirar de nuevo – Alice respiró hondo unas veces más. Isabella ya estaba en camino de controlar su respiración sin embargo lágrimas solitarias caían por sus mejillas. – Así nena, lo haces bien, eres una mujer muy valiente, no dejes que cosas así te alteren ¿está bien? - la castaña asintió, ahora más tranquila.
- Es solo que… siento…siento que algo no está bien, primero esa llamada y después la memo de Lauren. ¿Crees que tenga algo de cierto? – A Bella le temblaba la voz, no creía que su Edward podría ser capaz de eso.
- No, no tiene nada de cierto – suspiró Alice- No desconfíes de él, pero si quieres salir de alguna duda, no osciles en preguntarle. Las relaciones se basan en amor y confianza, no dejes que unas niñatas como ellas pongan cosas que no son en tu cabeza.
Isabella, ahora un poco más tranquila, movió entre sus dedos la pequeña cadena que adornaba su cuello desde que con Edward habían cumplido su primer mes juntos, no iba a desconfiar de él, Edward le había demostrado que era una persona diferente a todas, y nada ni nadie la haría cambiar de opinión.
- Llegamos nena – dijo Alice sacándola de sus pensamientos.
- Gracias Ali, nos vemos mañana
- Descansa Bella, lo necesitas – Isabella salió del auto de su amiga y entró a su casa.
Todo estaba en silencio, Renée y Phill se encontraban en otro de sus viajes de negocios y Jessica tenía unas horas más de clase. En casos como estos, ella quería comprar una mascota, de preferencia un perro, para que le diese una cálida bienvenida o para jugar con él en tardes como esta, en las que se sentía sola, abrumada y muy triste.
Estaba decidida, al día siguiente compraría un perro, con los pocos ahorros que tenía, estaba segura que le iba a alcanzar aunque sea uno de raza pequeña. Ella necesitaba compañía, y el próximo miembro de la familia también necesitaría un amigo como esos, fiel y sincero, – aunque no hablara – estaba segura que su mascota estaría con ellos en las buenas y en las malas.
Te quiero mucho, princesa
E.C
Rezaba el último mensaje que Edward le había enviado a tan solo unas horas. ¿Cómo podía ser cierto que él le ocultaba algo? Era tan tierno y sobreprotector con ella. No, él no le haría ningún daño, jamás. De eso estaba segura.
Subió a su habitación y sacó de un rincón de su armario una pequeña cajita rosada, no es que le gustara ese color, simplemente era una cajita desde cuando era muy pequeña y en ese entonces la había pintado ella misma de ese color, en aquella cajita reposaban los objetos, aunque escasos, más valiosos que le habían dado a lo largo de su vida: un relicario con la foto de su madre y Charlie cuando eran más jóvenes, su primera foto siendo una bebé aún en pañales, la envoltura de chocolate en la que Edward se le había declarado y una foto junto a él, la única que se habían tomado en todo ese tiempo ya que a él no le gustaban las fotos y se negaba a tomárselas.
Es tan lindopensó Isabella, mirando la foto con devoción, él la abrazaba a ella sonriendo sin mostrar los dientes, mientras que ella si lo hacía. El cabello de Isabella caía en suaves ondas por su pecho simultáneamente el de Edward estaba en su normal modo alborotado. Los ojos de ambos mostraban el amor infinito que sentían el uno por el otro.
Isabella sonrió, le encantaba esa foto. Apiñó todos los objetos que había sacado y los volvió a guardar con una sonrisa. Escuchó como la puerta principal se habría, talvez era su hermana. Bajó rápidamente los escalones y se lanzó hacia ella plantándole un enorme beso en su mejilla.
- Si todas las bienvenidas fuesen así, estoy segura de que quisiera una de estas cada día – rió Jessica mientras abrazaba a su hermana.
- La casa está muy sola, te extrañé – la castaña hizo un puchero.
- Ya llegó mamá, tranquila – Jess le sonrió a su hermana, una pequeña carcajada salió de la garganta de ambas.
La tarde pasó tranquila, sin muchos contratiempos. Hicieron la cena juntas al igual que sus tareas, bueno la mayoría ya que Jessica perdió parte de su tiempo jugando Candy Crushen la computadora. Isabella no entendía como su hermana podía ser tan adicta a ese juego. Después de un rato juntas, cada una se fue a su habitación. Queriendo renovar energías para el próximo día.
El teléfono sonó en medio de la noche, Isabella con ojos adormilados y con el sueño venciéndola, cogió el pequeño aparato que no dejaba de vibrar ni sonar.
- ¿Si? – preguntó arrastrando esa palabra.
- ¿Bella? ¡Bella! Por fin contestas, tengo que decirte algo – era Alice. Que oportunapensó Isabella.
- Alice, es la 1 de la mañana, si no tienes una buena excusa por haberme despertado, mejor ni hubieras llamado – la reprendió la castaña.
- Lo se Bells, lo siento, pero tenía que decírtelo de inmediato– esta vez la castaña se despertó completamente, centrando toda su atención en su amiga.
- ¿Qué pasó Ali? Me estas preocupando – al otro lado de la línea solo se escuchó un suspiro - ¿Alice? – la volvió a llamar
- Recuerdas…mmm… ¿recuerdas lo que pasó ayer en la mañana?
- Claro que lo recuerdo Alice, pasó solamente hace algunas horas
- Si, entiendo, pero es que…hablé con Jasper sobre eso– al otro lado de la línea Alice se estaba mordiendo el labio, no estando segura si contarle o no lo que se había enterado, a su amiga.
- ¿Y? ¿Qué te dijo? – Alice suspiró, sabía que era mejor decir la verdad.
- Me dijo que Edward había estado con Tanya el 23 de Febrero
Les pido por favor ¡NO ME MATEN!
Se que me demoré, y les pido mil disculpas. Entre tanto trabajo, deberes, proyectos y más deberes, no he tenido tiempo para escribir. Pero ahora que lo tuve les dejo este capítulo lleno de muchas, ¡muchas sorpresas!
¿Qué les pareció? Denme su opinión y déjenme saber lo que piensan con un review :3 :)
Gracias a isabel 20, Tata XOXO ( parece que va a seguir sufriendo un poquitín más :/ ), helenagonzalez23-athos, a Nelva Robsten ( Concuerdo contigo, Edward es muy bipolar jajaja), a Zujeyane (gracias por unirte :) espero leerte seguido, por cierto, soy nena hehehe) por sus reviews en el anterior cap :)
Hay una chica o chico, no se hehe, que me ha dejado un review sin nombre (No Name) y escribo para todos esta vez, no solo para el/ella. Falta mucho mis amores, muchisimo diría yo, para que Edward y Bella tengan la discusión del summary. La historia debe seguir un ritmo y se esta desarrollando adecuadamente. ¡Pero no desesperen! Los sueños que tiene Bella, se acercan cada vez más a esa pequeña pelea. Solo les pido que tengan paciencia.
¡Como siempre! Agradeciendo infinitamente a mis lectoras, a las princesas que me han agregado a favoritos, están siguiendo y/o tienen en alerta a esta historia. No podrían faltar mis lectoras fantasmas :) seguiré insistiendo hasta encontrar un review suyo hehe
Les mando unos besototototototeeees donde quiera que se encuentren. Dios las cuide y bendiga. ¡Hasta la próxima!
