Disclaimer: Los personajes son de SM, esta historia y si aparece alguno que otro personaje es de mi autoría.

N/A: Este capítulo comienza con un flashback del 3 de Junio, más la verdadera fecha es del 17 de Junio.


The quiet scares me 'cause it screams the thruth

P!nk


17 de Junio 2013

3 de Junio 2013

- Ese día no fuiste por mí, fuiste para verte con ella, para estar con ella. ¡No soy ninguna tonta Edward!

- Bella, estas sobreactuando. Las cosas no fueron así. – Edward rodó los ojos, cansado de dar explicaciones.

- ¿A si? Entonces explícame señor estoy sobreactuando. – Isabella hundió su dedo índice en el pecho de Edward. Sus mejillas estaban teñidas de un ligero color rojo, mostrando su ira. – Ese día te vieron…te vieron junto a ella – sollozó - ¡y la estabas abrazando!

- Si, estaba junto a ella. – afirmó Edward. Isabella se llevó las manos a la boca, tratando de cubrir otro sollozo – Estábamos hablando, no hacíamos otra cosa más que eso – él puso sus manos encima de las mejillas de Isabella - te lo prometo.

- Mientes

- Es la verdad – el cobrizo la miró con ojos suplicantes – Debes creerme.

- No lo hago – después de un gran momento de silencio ella decidió habla otra vez - ¿Por qué hablabas con ella?

- Creyó que debíamos cerrar el ciclo – Isabella lo miró sin responder – que lo nuestro debía ya tener por fin un punto final para dejar de evitarnos frecuentemente. Ella vivirá en paz su vida y yo la mía. – Isabella siguió sin responder, todavía no creyendo ninguna de las palabras que su amor le decía.

- Fuiste ese día para estar con ella, ¿verdad?

- No bonita. Era enserio cuando te dije que fui por ti, quería verte y pasar contigo un momento. Tanya solo se acercó y bueno, decidimos hablar. Terminar con todo por las buenas.

- ¿Por qué la abrazabas?

- Porque…- Edward se quedó pensando – era una despedida.

- ¿En qué piensas, princesa? - preguntó Renée. Isabella se sobresaltó al escuchar la voz de su madre, estaba tan encismada en sus pensamientos que ni si quiera la había escuchado entrar a la cocina.

- En nada en especial mami, ¿Cómo amaneciste? - preguntó Bella, tratando de cambiar de tema.

- Si no te conociera tan bien, diría que estás pensando en algún chico, ¿me equivoco? - Renée sonrió al ver como su hija cambiaba de color a un rojo demasiado fuerte - ¿Cómo se llama? – preguntó mientras tomaba asiento frente a su hija. En sus ojos se observaba la curiosidad innata que caracterizaba a Renée Dwyer.

- ¡MAMÁ! - dijo escandalizada Isabella. Ella no era una persona que le gustaba hablar abiertamente de su vida, mucho menos de sus relaciones sentimentales con sus padres.

- ¿Cómo se llama? - insistió Renée acariciando distraídamente su pequeña pancita. Isabella se puso aún más roja y desvió la mirada de la de su madre mientras bajaba la cabeza.

- Edward - susurró la castaña después de que encontró la fuerza suficiente para contarle un poco de su vida a su madre.

- ¿Edward? - Renée soltó una carcajada – Ese nombre es para un hombre mayor – reflexionó -No creo que salgas con un hombre mayor ¿verdad? - Renée mostraba preocupación en su mirada

- No, mamá - respondió Isabella, un poco molesta por el comentario de su madre.

- Está bien, amor. Casi caigo en tu juego – Renée rió un poco más- pero enserio, ¿cómo se llama? - volvió a insistir.

- ¡Se llama Edward, Renée! – gritó Isabella.

- Oh – Renée formó una perfecta "o" con su boca – Tranquila, nena. Está bien, ¿Cómo lo conociste? – preguntó un poco más calmada.

- En una fiesta hace mucho tiempo. – la castaña se mordía suavemente el labio, signo de nerviosismo

- ¿Te hace feliz? – preguntó preocupada su madre. Isabella calló en ese instante. ¿La hacía feliz? Sí, siempre la hacía feliz, su forma de ser, su espontaneidad y su esencia eran las principales cosas que Isabella adoraba de Edward, pero también habían aspectos no tan buenos, su posesividad, sus celos y su carácter eran cosas muy diferentes a lo que ella estaba acostumbrada. Ambos tenían un carácter explosivo y muchas de las veces se comportaban como dos niños tratando de ganar una batalla de miradas. - ¿Bella?

- Sí – suspiro Isabella – me hace muy feliz.

- Pero…

- Pero… - pensó un momento. ¿Sería buena idea contarle lo sucedido a su madre? Tal vez ella podría darle una solución. – Pero no estamos pasando por un buen momento.

- ¿Estas bien? – Isabella volvió a suspirar mientras se le llenaban los ojos de lágrimas. Odiaba pelearse con Edward, y más aún por cosas insignificantes. Negó con la cabeza hacia su madre, no tan contenta de tener el tan característico nudo en su garganta previo al llanto.

Renée se levantó de su asiento para posicionarse alado de su hija, la abrazó con todas sus fuerzas e Isabella abrazó la cintura de su madre, no pudiendo más controlar el llanto y dejándose llevar por aquella muestra de cariño que su madre le proporcionaba.

- Sé que todo parece no tener solución en estos momentos, cariño. Cuando somos jóvenes cualquier pequeño problema parece ser el fin del mundo, pero no lo es, tan solo es el principio y tienes que aprender a sobrellevarlo, aprender a solucionarlo y a vivir con las secuelas que estos problemas traigan. A veces los olvidaremos, otras veces nos servirán de escarmiento para no volver a hacer las mismas estupideces otra vez en el futuro. – Isabella lloró aún más fuerte en el pecho de su madre y ella tan solo la apretaba más fuerte mientras acariciaba su espalda.

- Lo quiero mucho, mami – susurró con la voz quebrada la castaña

- Ahora lo sé, amor – la separó de su pecho un segundo para mirarla a los ojos. Acarició sus empapadas mejillas, borrando todo rastro de dolor de ellas. – Trata de arreglar las cosas con él. Si de verdad su amor es fuerte sabrán solucionar cualquier obstáculo que aparezca en su camino. Poco importa el qué dirán de las personas. Lucha por lo que quieres Isabella.

- No me digas así – sonrió la castaña – Las personas son muy malas – sonrió ahora con tristeza – siempre esperan a que uno esté en la novena nube para bajarlo a rastras de ahí.

- Son personas que envidian la felicidad de otros porque no pueden tener lo que ellos tienen, princesa. ¡Oh! – Renée quedó petrificada en su asiento.

- ¿Mamá? – Isabella revisó rápidamente a su madre. Lágrimas caían del rostro de esta y Bella se asustó un poco más - ¡Mamá! ¿Estás bien? – Renée asintió muy lentamente y una sonrisa se formaba en su rostro.

- Es él bebe – respondió

- ¿él bebe? ¿Qué le pasa al bebe?

- Sé que suena algo loco, pero…

- ¡Pero que mamá! ¡Me estas asustando!

- Cálmate, Bella – rió su madre – Mira, dame tu mano, eso nena, ahora siente esto. – Debajo de la piel de su madre, Isabella claramente podía sentir pequeños, pausados pero fuertes movimientos dentro de la pancita de ella. Sonrió hasta más no poder. ¡Era su hermanito! Dando claras muestras de que ya era un luchador de Taekwondo profesional desde el vientre.

- Es hermoso, mamá – Isabella se acercó hasta quedar a la altura del vientre de su madre – Hola pequeño Nathan, soy Bella tu hermanita mayor – como si el bebé la hubiese escuchado, volvió a moverse aún más fuerte, haciendo que su madre soltase una carcajada – Te quiero mucho Nathe, ya quiero que estés junto a nosotros – Bella dio un último beso a la pancita de su madre y se volvió a sentar.

- No le digas Nathan, todavía no sabemos el sexo del bebé. ¿Y si es una niña? – rependió Renée a Isabella

- No lo será – sonrió mientras se volvía a levantar – será un niño y se llamará Nathan.

- Eso es lo que tú crees. – susurró Renée. Ese nombre no le gustaba en absoluto.

- Se llamará así y punto. Ya verás – sin más Isabella dejó aquella cocina con la sonrisa todavía dibujada en su rostro.

20 de Junio 2013

Las clases para Isabella habían ya terminado, estaba en su periodo de vacaciones y lo que más disfrutaba era despertarse a altas horas de la mañana, lástima que el día anterior no pudo pegar el ojo en toda la noche y ahora estaba con unas sombras tan grandes debajo de sus ojos que parecía un panda.

20 de Junio

Rezaba aquel calendario.

Isabella no había parado de mirarlo toda la noche y parte de la madrugada. Todavía no sabía que podía comprarle a Edward por su cumpleaños y este había llegado en un santiamén. Desde el día en que se conocieron habían compartido demasiadas cosas, tanto buenas como malas y aun así Isabella no sabía que podría haber sido un buen regalo para su cobrizo.

Sabía que su enamorado tenía cierta fascinación con los superhéroes y más con uno que vestía de araña, o bueno decían que tenía poderes de araña. Isabella jamás llegó a entender eso y nunca le llegaría a gustar esas cosas, pero por Edward hacía un esfuerzo sobrehumano por parecer que le ponía atención cuando él hablaba de eso, asintiendo cuando creía que era necesario y fingiendo asombro en otras ocasiones.

Ya hacía cuatro meses que estaban juntos y nada en el mundo la había hecho más feliz. Los problemas que tenían por las personas que querían verlos separados, los habían superado exitosamente, aunque sabían que cualquier momento habría alguien o algo que quisiera volver a entrometerse en su relación. Pero su amor era fuerte, y como su madre le había dicho hace días, lucharía por lo que quería.

Isabella rodó en su cama, situándose bocabajo mientras gritaba sobre su almohada. Se sentía extasiada. Cuatro meses, 120 días, 2880 horas, 172800 minutos y 10368000 segundos que estaban juntos. La castaña lo quería, como jamás había querido a nadie y ese sentimiento la asustaba, empezaba a depender de él para ser feliz y su vida empezaba a girar en torno a él. Si él reía, ella también. Él estaba triste, ella lo estaba también. Él se enojaba, ella se enojaba aún más. Parecían un matrimonio hecho y derecho, e Isabella pensaba que algún día si quiera casarse con él. Formar una familia grande y ser felices para siempre.

I'm at a payphone trying to call home

All of my change, I've spent on you

Estando todavía bocabajo en su cama, Isabella escuchó el sonido que profería su teléfono cuando alguien llamaba.

Where have the times gone?

Baby, it's all wrong

Where are the plans we made for two?

La castaña se removió inquieta en su cama, estaba muy calentita y no quería moverse de ahí.

Yeah, I, I know it's hard to remember

The people we used to be

La llamada se cortó e Isabella agradeció al cielo. Ahora se podía quedar en su cama un poco más, pensando en lo que podía hacer ese día por y para Edward. Pero fue imposible, el teléfono volvió a sonar una vez más. Cansada del tono de llamada, Isabella se levantó lista para mandar al infierno a quien sea que interrumpiese su momento "zen".

- ¿Si? – contestó, un poco grosera.

- ¿Isabella? – preguntó la voz de una mujer al otro lado de la línea. Una voz que la castaña nunca había escuchado.

- Si, ¿con quién hablo? – cuestionó.

- Hola Isabella, soy Esme Cullen la madre de Edward - ¡SANTA MIERDA!, pensó Isabella. - ¿alo? – dijo la mujer al no obtener una respuesta.

- Buenos días señora Cullen – Bella trató de ser educada.

- Dime solo Esme, querida. El motivo de mi llamada es por el cumpleaños de mi hijo, esta noche vamos a salir a celebrarlo a un restaurante sencillo y quería invitarte. – Isabella se quedó petrificada. Hasta ese momento todavía no había conocido ni por fotos a la familia de Edward y ahora su madre la invitaba como si nada.

- Bueno…muchas gracias por tomarme en cuenta Esme

- No es nada, Isabella, eres la enamorada de mi hijo. Sería un enorme placer poder conocer en persona a la chica que lo hace tremendamente feliz.

- Estaría muy gustosa de acompañarlos.

- Muy bien – Esme sonaba alegre – te estaremos esperando. Hasta luego – Isabella murmuró otra despedida y cortó la comunicación.

No podía moverse del lugar donde se encontraba, todavía estaba examinando lo ocurrido. ¿Cómo había conseguido su número telefónico la madre de Edward? ¡DIOS! ¡LA MADRE DE EDWARD! Su teléfono resbaló de sus manos, cayendo con un golpe seco en el piso. Empezó a pasearse de un lado a otro por toda su habitación, halándose el cabello y murmurando una que otra idiotez. Se encontraba extremadamente nerviosa.

- Ya sé que le pued… - Jessica entró en la habitación de su hermana, parando en seco al ver el estado en el que se encontraba la susodicha. - ¿qué pasa? – preguntó.

- Me acaba de llamar la madre de Edward – Jessica abrió desmesuradamente los ojos, Isabella continuó – me invitó a una cena, para celebrar el cumpleaños de Edward – susurró

- ¡Dios mío! ¿Qué le dijiste?

- Que sería un placer

- No puedes ir – dijo Jessica cruzándose de brazos. Ahora fue el turno de Isabella de mirarla asombrada – Prometiste acompañarme a comprar la cena para mamá – Isabella suspiró aliviada

- ¡Cierto! Gracias, gracias, gracias Jess – dijo la castaña mientras abrazaba a su hermana – me acabas de salvar de entrar a la boca del lobo – Jessica giró los ojos.

- No digas eso, no pudo haber sido tan malo. Además, algún día vas a tener que conocerlos oficialmente y yo no estaré para salvar tu pequeño trasero de eso. – Jess le dio una palmada en la mencionada parte de la anatomía de Isabella y salió corriendo al escuchar las exclamaciones de su hermana – ¡Hazle un pastel! Le encantará – gritó ya desde la puerta de su habitación.

Un pastel, ¿cómo no se le había ocurrido antes? Corrió escaleras abajo directo a la cocina. Revisó los estantes y encontró todo lo necesario para hacerlo. Procedió a hacer la masa con los huevos, el azúcar, la harina y la leche. Cuando observó que la masa llegó a su punto añadió el saborizante de vainilla, ya que era el único que tenían, y puso todo en un recipiente con forma de estrella, colocándolo después dentro del horno.

En un recipiente aparte puso un chocolate a derretirse a baño maría en la estufa.

- ¡Jess! – gritó desde las escaleras

- ¡Mandeeeeeee! – respondió su hermana

- ¡Dejo algo en la estufa y en el horno! – Isabella empezó a subir las escaleras

- ¿¡Y?!

- ¡Échale un vistazo! Voy a tomar una ducha – dijo dejando de gritar Isabella, situada frente a la puerta de la habitación de Jessica.

- Oki dokie

Después de haber tomado todo el tiempo del mundo en la ducha, Isabella procedió vestirse, dejando su cabello naturalmente ondulado y escogió una blusa strapless negra, que quedaba perfectamente pegada a su cuerpo, seguida de una falda beige que se ajustaba cinco centímetros más debajo de sus pechos mientras caía libremente hasta un poco más debajo de sus rodillas haciendo juego con los zapatos de tacón del mismo color. Agregó un cinturón negro junto a su falda y su cuello lo adornó con la cadena que Edward le había regalado meses atrás y se maquilló solo con mascara para sus pestañas seguido de un leve brillo en los labios.

Bajó suavemente las escaleras, temiendo caerse en el proceso, y entró a la cocina sin hacer el menor ruido posible.

- ¡JESSICA LIZETH DWYER! – gritó con todas sus fuerzas, haciendo que su hermana pegase un brinco del susto y dejando caer la cuchara que tenía en una mano.

- ¡Mierda Bella! Casi me matas – Jessica se dejó caer en una silla cerca de la isla de granito en medio de la cocina.

- No te comas mi chocolate, entonces- sugirió Isabella. Observando lo bien que había quedado.

- Lo siento, esta delicioso – Jess se relamió los labios. – Estas hermosa – le dijo sonriendo.

- Gracias – Bella se sonrojó mientras sacaba del horno el pastel ya hecho.

- Déjamelo a mí, no permitiré que estropees tu ropa – suavemente Jessica fue esparciendo el chocolate por todo el pastel, ayudándose de una pala de plástico para que quede perfecto. - ¿Qué hago con esto? – preguntó cuándo vió una caja rellena de M&M's

- Ponlos al borde del pastel, y en el centro forma el número 21 – sonrió Isabella. Jessica siguió las órdenes de su hermana, dejando el pastel listo. Lo puso en un repostero y se lo dio a su hermana

- Ten mucho cuidado, el chocolate mancha muy feo

- Lo tendré en cuenta, gracias Jess. – se despidió de su hermana y salió de casa.

Edward la estaba esperando, como habían quedado unos días antes, apoyado despreocupadamente en el capo de su auto, vistiendo con unos jeans negros, una camisa blanca por debajo y una chaqueta del color del pantalón. Se había puesto unas gafas negras y el viento hacía que su cabello se despeinase más de lo que ya estaba.

- Feliz cumpleaños, amor. – Isabella lo abrazó con un solo brazo, ya que en el otro estaba el pastel.

- Gracias, mi bonita. – Edward le dio un beso – Iremos a mi casa – anunció. Isabella asintió, preparándose mentalmente.

El camino fue un poco largo, Edward vivía a las afueras de Seattle, pero no se aburrieron. Hablaron de trivialidades, haciendo que Isabella se olvidase momentáneamente de todo.

Al llegar a casa de él, Isabella contempló el lugar. Era una casa de dos pisos, con un porche enorme de madera, había dos ventanales en el primer piso, mostrando el comedor y la sala, en el segundo piso había dos ventanas, no tan grandes como las del primer piso, y una ventana circular pequeña en el centro de las dos. El techo tenía un estilo colonial y una chimenea se alzaba justo a la derecha.

Una mujer de unos treinta y ocho años los estaba esperando en el porche junto con un hombre de la misma edad. Al acercarse, Bella observó que aquella mujer tenía el cabello cobrizo como Edward, sus ojos color café, era alta y con su rostro en forma de corazón y de tez blanca pero no tanto a comparación de su acompañante, quien era todo lo contrario a ella, era rubio, una cabeza más alto que la mujer a su lado, ahora Isabella entendía porque Edward era muy alto, tenía ojos verde esmeralda y sus facciones eran muy definidas. Ambos parecían salidos de una revista, eran perfectos.

- Son mis padres – le susurró Edward – y la pelirroja es mi media hermana. – Isabella no se había percatado de aquella muchacha. No era tan alta como los demás, pero tampoco era muy bajita. Su cabello, alocadamente rizado, era de un rojo fuego, y sus ojos eran azules. A medida que se acercaban Isabella pudo divisar pequeñas pecas en su rostro. – es hija de mi padre, tiene unos años más que yo. – confesó Edward.

- Es un gusto al fin poder conocerte, Isabella – dijo Esme al momento que llegaron junto a ellos, abrazándola fuertemente. – Soy Esme, la madre de Edward

- Bella, solo Bella mamá – le dijo Edward.

- Un gusto, señorita. Mi nombre es Carlisle Cullen – Carlisle le tendió la mano una vez que su esposa hubo deshecho el abrazo con Bella. Ella solo asintió en respuesta, estrechándole de vuelta la mano.

- Hola Bella, me llamo Victoria – dijo la muchacha pelirroja. Isabella murmuró un "Hola" y procedieron a entrar a casa. Edward la guio hacia el comedor para que dejase el pastel en la mesa.

No pasaron ni cinco segundos desde que Bella dejó el pastel a salvo cuando un monstruo peludo la tumbó al suelo.

- ¡Aaaaaaaah! – gritó, tratando de deshacerse de esa criatura que la llenaba de lametones.

- ¡Steve! ¡Quieto! – Ordenó Edward, a lo que el canino hizo caso y se dispuso a sentarse en sus cuartos traseros, jadeando y moviendo la cola – Lo siento, Bella – se disculpó, y la ayudó a levantarse.

- Le caíste bien – sonrió Victoria – no suele ser juguetón con las personas desconocidas – lo haló de la correa que llevaba en el cuello y se lo llevó al patio trasero

- Bueno, gracias…supongo – susurró la castaña mientras se arreglaba su ropa. Esme le tendió unos pañitos húmedos e Isabella se limpió con ellos. - ¿Qué raza es?

- Es un basset hound albino, no son muy comunes – dijo Carlisle destapando el pastel. –¿tú lo hiciste? – preguntó a Isabella. Ella solo asintió. – se ve delicioso.

- Gracias – susurró la castaña. Edward todavía mantenía el ceño fruncido, sus labios formaban una línea recta - ¿Qué pasa? – cuestionó la castaña. Edward parpadeo rápidamente, despertando de sus pensamientos, y la miró.

- Nada, hermosa – le dio un beso rápido en los labios cuando observó que su padre no miraba.

- Edward, ¿por qué no le muestras a Bella la casa mientras nosotros nos encargamos aquí? – llegó Esme de la nada cargando una pequeña cajita. El susodicho asintió y se llevó a Isabella escaleras arriba.

Conforme iban subiendo, Bella iba descubriendo las fotos que adornaban las paredes. La mayoría era de un Edward pequeño, casi de unos dos o tres años, jugando con el perro que la atacó hace unos momentos, el cual también era pequeño. Llegaron a la planta superior, donde había una estancia muy grande en medio la cual estaba rodeada de cuatro puertas. Edward la guio hacia la que estaba frente a ellos.

- Esta es mi habitación – dijo abriendo la puerta. Isabella pasó. Todo estaba muy ordenado, la cama de dos plazas estaba hecha, una estantería llena de libros adornaba la parte izquierda de aquel dormitorio, un escritorio de madera muy fina estaba justo alado de la puerta y un gran ventanal se abría en la parte derecha, mostrando el gran patio trasero en el cual estaban jugando Steve y Victoria. Arriba de la cabecera de la cama posaban dos fotografías, Bella se acercó a ellas, una era de él junto a su familia, todos estaban sonriendo en la playa, y la otra era de ellos dos, en su primer mes juntos, la misma que Isabella tenía en su cofre secreto – Las personas más importantes de mi vida – dijo Edward posicionándose detrás de la castaña.

Isabella dio media vuelta, con una sonrisa en los labios. Edward la imitó, se sentía nervioso, hasta ahora todo había salido bien con su familia. Sintió los brazos de su amada rodearle el cuello, y él, con sus manos en la cintura de ella, la acercó aún más y la besó. Necesitaba tanto esa dosis diaria que ya se le estaba haciendo difícil si quiera pensar.

Mordió suavemente el labio inferior de Isabella, haciendo que esta soltase un pequeño gemido, y luego lo lamió en la misma zona. Se abrió paso con su lengua, explorando una vez más aquella cavidad húmeda que lo mantenía loco. Con sus manos fue acariciando las curvas debajo de la ropa de la castaña y subió una de sus manos hasta uno de los pechos de ella, el cual encajó perfectamente con su mano y le dio un pequeño apretón. Isabella dio un pequeño salto por aquella intromisión y se separó de Edward.

- No, Edward – susurró con sus labios hinchados. Edward los observó moverse sin escuchar palabra de lo que dijo Isabella y la volvió a besar, esta vez aún más necesitado.

- Sería un buen regalo de cumpleaños – susurró contra los labios de ella. Isabella se tensó, y lo separó abruptamente.

- Dije que no – la furia recorría por su cuerpo – mejor regresemos con tu familia, deben preguntarse que estamos haciendo. – con paso firme Isabella salió de la habitación del cobrizo con este pisándole los talones.

Cuando bajaron ya todos estaban en el comedor esperándolos. En sus rostros se encontraba una enorme sonrisa e Isabella rápidamente se contagió de la felicidad que emanaban y sonrió también.

Juntos, le cantaron el feliz cumpleaños a Edward, quien parecía de lo más incómodo pero por dentro se encontraba explotando de felicidad, las personas que más apreciaba estaban compartiendo aquel momento tan especial para él.

Quiero que esto jamás se acabe.

Fue el deseo de Edward antes de soplar las velas.

30 de Junio 2013

Desde el pasillo Isabella podía escuchar los acordes de una guitarra. Era una melodía suave pero su letra era un poco melancólica.

Que te quedaras conmigo una vida entera
Que contigo adiós invierno solo primavera
Que las olas son de magia y no de agua salada
Yo te creo todo y tú no me das nada, tú no me das nada

Apresuró su paso, aquella voz la hipnotizaba, no quería solo escucharla al paso, quería sentirla, quería vivirla.

Que si sigo tu camino llegare hasta el cielo
Tú me mientes en la cara y yo me vuelvo ciego
Yo me trago tus palabras tu juegas un juego
Y me brilla el mundo cuando dices luego, cuando dices luego

No sabía con lo que se iba a encontrar, Alice solo la había invitado a su casa, según ella para hacer una reunión con los amigos.

Cuando dices siento, siento que eres todo
Cuando dices vida yo estaré contigo
Tomas de mi mano y por dentro lloro
Aunque sea mentira me haces sentir vivo
Aunque es falso el aire siento que respiro

Nunca el camino hacia el patio trasero de Alice se había hecho tan largo, pero disfrutó de aquella voz mientras se dirigía a su destino.

Mientes tan bien que me sabe a verdad
Todo lo que me das y ya te estoy amando
Mientes tan bien que he llegado a imaginar
Que mi amor llenas tu piel, y aunque todo es de papel
Mientes tan bien

Las estrofas se volvieron a repetir e Isabella ya había llegado donde todos estaba reunidos, haciendo un circulo alrededor de aquel cantante.

- Y aunque todo es de papel…Mientes lo se… - sin darse cuenta estaba cantando junto a Michael, terminando aquella canción. Él le sonrió, terminando los últimos acordes en su guitarra, las personas que se encontraban formando un círculo la miraron y las mejillas de Isabella instantáneamente se tiñeron de un rojo intenso. Todos estallaron en aplausos y Bella apresuradamente, localizó a Alice entre la multitud y se fue directo hacia ella, quien la recibió con una enorme sonrisa.

- No sabía que cantabas Bella – susurró abrazando a su amiga.

- No lo hago – dijo Bella – no sé qué pasó. Me dejé llevar. – confesó.

- Pues cantas hermoso – dijo Michael a sus espaldas. Isabella se volvió a sonrojar.

- Mmm…gracias Michael. – Isabella se dio media vuelta, dejando al chico. Caminó hacia la cocina en busca de una gaseosa, sin observar quien se encontraba dentro.

Escuchó voces, una era de una mujer y la otra de un hombre, después escuchó solo risas y al final nada. Sabía que no era un buen momento para entrar, pero, verificando la estancia, no había nadie, así que debían estar en la sala.

Abrió el refrigerador y solo había cervezas, odiaba tanto las cervezas; volvió a cerrarlo y buscó en los estantes en busca de algo que calmase su sed, casi tropieza dar la vuelta a la isla de granito con las personas que se encontraban sentadas ahí, besándose como si se estuviese acabando el mundo.

Esto es incómodo – pensó, mientras regresaba de puntitas por donde había venido. La pareja se separó abruptamente al sentir como se caía un vaso, Isabella maldijo su mala suerte.

- Emmm, lo siento…no quería interrumpir – unos ojos azules la taladraban y Bella se sintió muy chiquita.

- No hay problema – dijo con una sonrisa el muchacho de ojos grises – creo que debemos ir a un lugar más privado Rosie – se levantó y ofreció su ayuda a la chica. Rosalie siguió mirando a Isabella hasta que desaparecieron de aquel lugar.

La castaña suspiró, extrañaba tanto a su amiga. Ahora, todos esos momentos que vivieron se veían tan lejos, tan difíciles de recuperar.

Sintió unos brazos agarrarla de la cintura y se tensó inmediatamente. Ese no era Edward, ella lo conocía muy bien, él era más cuidadoso, más amoroso. Se dio la vuelta tratando de zafarse de aquel agarre.

- Michael – susurró una vez que vió al causante. Él solo sonrió y la trató de besar, antes de que sus labios llegasen a los de ella, Isabella giró su cabeza - ¡Qué te pasa! – Lo golpeó en el pecho - ¡Déjame! – gritó

- Bella, ambos sabemos que esto debe suceder. Hay tanta tensión sexual entre nosotros – susurró Michael. La castaña abrió desmesuradamente los ojos.

- ¡ESTAS LOCO! – Lo golpeó más fuerte pero él parecía soldado a su cintura - ¡SUELTAME! – ordenó una vez más. Él trató de besarla nuevamente, lo único que Isabella pensó antes de cualquier cosa fue en Edward. Le propinó una patada en aquella parte tan sensible de la anatomía de un hombre, haciendo que él la soltase abruptamente.

- ¡Idiota! – gritó Michael. Bella se llevó las manos a su boca mientras retrocedía, buscando una salida de ese infierno.

Se chocó con una persona, se dio la vuelta para ayudarla a levantarse pero se quedó petrificada en el mismo lugar.

- Lauren – susurró Isabella.


Hola holaaaaaaaaaaaaaaa!

Aquí estoy yo, con otro capítulo :) ¿Qué les pareció? Sé que este capítulo es un poquitín largo, pero se escribió solo así que espero que lo hayan disfrutado :) Denme su opinión y déjenme saber lo que piensan con un review :3 :)

¡Por cierto! El vestido que Bella utilizó en el cumpleaños de Edward lo pueden ver en link que puse en mi bio, está en la parte de Un peu d'espoir como Vestido de Bella :)

¡Hay chic s Potterheads por aquí? Si los hay, ¿ hay chic s Potterheads que les gusten los Dramiones? Jajaja ¡Pos a mí me encantan! Y tengo una idea para una historia Dramione.

Gracias por sus reviews a Liz Cullen Boschetto Belikov- ¡Hola a ti también! Muchas gracias por agregar a favoritos el fic, ¡me hace inmensamente feliz que te guste! Espero verte seguido :) Cuidate.

Tata XOXO- muchas de las veces las noticias tardan en llegar y solo aparecen cuando alguien es muy malo :(

isabel 20 - jajaja lo siento si te dejé con la intriga :p bueno ahora sabemos lo que en realidad pasó. ¿qué opinas?

helenagonzalez23-athos - jajaja lo sientoooo, es que eso hice para aumentar el drama. :p

Yoliki - Espero te este gustando :)

Nelva Robsten - Edward es simplemente un idiota ¬.¬' jajaja *suspiro* veremos en los demás capítulos jeje. Ahora que ya salí a vacaciones espero actualizar más seguido.

¡Como siempre! Agradeciendo infinitamente a mis lectoras, a las princesas que me han agregado a favoritos, están siguiendo y/o tienen en alerta a esta historia. No podrían faltar mis lectoras fantasmas :) seguiré insistiendo hasta encontrar un review suyo hehe

Les mando unos besototototototeeees donde quiera que se encuentren. Dios las cuide y bendiga. ¡Hasta la próxima!