DISCLAIMER: Los personajes del Manga INUYASHA, son creación de Rumiko Takahashi.

Fanfic, que fue naciendo desde que vi por primera vez el anime… y que ahora, me atrevo a escribir… espero que les guste, tratare de actualizar, mínimo, una vez por semana…

ADVERTENCIA: Esta historia es rated M, por lo que contendrá, situaciones SEXUALES y de violencia, además de lenguaje vulgar, de manera explícita, y no por eso recomendar cada una de ellas… Se recomienda discreción ;)

Espero que la disfruten…

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En cuanto el portal se cerró, Kagome sintió su corazón latir con tristeza, extrañaria a todos, y por un momento no sabía si había hecho lo correcto.

Ella continuaba dándole la espalda a su padre, viendo al punto en donde el portal había desaparecido.

Raiko sintió miedo de perder a su hija, de que se hubiera arrepentido de ir con él.

_ ¿Kagome…?

Pero Kagome volteo, dedicandole una gran sonrisa…

_ Estoy bien, Padre, solo que ya los extraño. Ahora, me gustaría que tú y yo platicaramos, tenemos mucho de que hablar.

Su hija era tan linda, el vivo retrato de su madre, aunque con sus mismo ojos.

_ Caminemos, tu abuelo Yukito tiene muchas ganas de conocerte, pero yo quiero que platiquemos a solas unos momentos.

Kagome no dejaba de mirar a su padre, era la viva imagen de la paternidad y la fuerza, además de bastante bien parecido y entendía el amor de su madre por él, y cómo a pesar de los años seguía amándolo y esperándolo.

_ Kagome, no sé que te tanto te comento tu madre, pero quiero decirte todo lo que ha pasado estos años.

Llegaron a unos cerezos en flor y se sentaron bajo la sombra a platicar, en lo que Kagome sanaba sus raspones y cortadas, obtenidas de la pelea, llenando su piel de banditas adhesivas.

_ Bueno hija, yo conoci a tu madre el día que apareció por un pozo seco cerca del palacio.

Todos sintieron el poder que salió del pozo, pero al agotarse, sólo asomó la cabeza una linda jovencita de largos cabellos castaños y mirada dulce pero asustada.

Los guardias, creyeron que se trataba de algún demonio o espíritu, pero ya con ella, me di cuenta que era un humano comun, sin ningun poder en especial, más que el de la hermosa sonrisa que me cautivo.

Raiko, sonrió y se sonrojo levemente mientras recordaba a su querida Sonomi. Y Kagome sonrio igual, al ver que su padre aún estaba enamorado de ella.

_ Cuando mi padre la conoció, se dieron cuenta él y sus consejeros, que ella era parte de una profecía escrita en uno de los pergaminos sagrados que custodiamos. Yo sabía de cuál profecía se trataba, y parte de ella era que yo debía de casarse con ella.

Tu abuelo le dijo que regresaría a su casa, pero que tenía que venir todos los días a aprender a tocar el Biwa satsuma, mi instrumento favorito, dándole tú Abuelo, un empujoncito a las cosas, ya que tu madre no sabía tocarlo, pero le gustaba su música.

Kagome no entendía qué tenía que ver, aprender a tocar ese instrumento.

_ Cómo veo que estas confundida, te lo explicare, es una tradición en nuestro pueblo, que si a tu pareja le gusta la musica que tocas del instrumento que sabes, es tu pareja destinada.

Digamos que es lo único que sé deja al azar, en una tierra donde se protegen miles de profecías, para distintas épocas.

Kagome entendió.

_ Creo entonces que yo no me casare, je je je, no sé tocar ningún instrumento.

Y rascaba su cabeza, riendo nerviosamente.

_ Hija tu ya la encontraste, y dentro tu entrenamiento en estas tierras incluiremos también clases del instrumento que elijas, para que él también sé de cuenta de que eres su mujer destinada.

_ ¿Ya lo conozco? ¿ y él me conoce a mí?.

_ Jajajaja, claro que si hija.

De inmediato pensó en Inuyasha, y en cómo ambos se sentían confundidos, debido a la tristeza por la muerte de Kikyo, tal vez la extrañaría ese tiempo que no estuviera.

Descarto a Kouga ya que estaba casado con Ayame, y de Sesshomaru, ni hablar, era hermoso, perfecto, y sentía mariposas en su estómago al estar cerca de él, pero Sesshomaru sería capaz de matarla si llegaba, incluso a insinuar, que era su "hombre" destinado.

Que dificil.

Raiko sonrió ante la tierna cara de duda de su hija, y sé pregunto si ella sería capaz de soportar lo que venía.

_ Bueno, te seguiré contando.

Cómo ya sabes, tu madre y yo terminamos completamente enamorados, nos unimos en matrimonio y al tiempo naciste tú.

Yo quería que tu madre sé viniera a vivir a Rakuen no ippen (Pedazo de paraíso), pero su madre, tu Abuela Zumiko, enfermo de gravedad y Sonomi, decidió quedarse en su tiempo, a cuidarla.

Todos los días estaba con ella, pero no lo recuerdas porque eras muy pequeña.

Un día, mientras dormíamos, una luz comenzó a brillar en tu interior, y me di cuenta que era la perla de Shikon.

Tu Abuelo Yukito y yo, revisamos cada pergamino que hablaba de ella, intentando averiguar porque había renacido en ti, a pesar de haber sido quemada junto con el cadáver de la anterior sacerdotisa.

El día que descubrimos la verdad, el pozo dejó de funcionar, atrapandonos a cada quien en su dimensión.

Por más que abri portales, jamás pude estar de nuevo en la época donde estaban ustedes, lo maximo que me permitia el tiempo, era hasta poco antes de nacer Sonomi, entonces me devolvía de nuevo a Rakuen no ippen.

Así que al menos procure tenerlo todo preparado para cuando ustedes llegaran, no les faltara nada.

Raiko, lucía triste, habían sido muchos años separados de ellos.

Saco de entre su armadura, un relicario de oro con una perla también en la tapa, que al abrirlo mostraba una foto de Sonomi con un hermoso Kimono.

Su padre aun amaba a su madre.

_ Kagome, hasta apenas hoy pude de nuevo estar a tu lado, porque tú lo deseaste y nuestro poder se conectó.

No habías podido antes, debido al sello con el naciste, pero hoy al fin pude verte de nuevo.

Abrazo a su hija, preocupado por lo que iba a decir a continuación.

_ Todos estos años, en los que permaneciste en el Sengoku, estaba preocupado de que por azares del Destino, pudiera completar la perla e intentar destruirla, pues si lo haces, morirás con ella.

Kagome abrió los ojos impactada, ¿que había dicho su padre?

_ Tú eres su guardiana, solo tú puedes deshacerte de ella, pero por desgracia ella nació dentro de ti, y aun no eres lo suficientemente fuerte para desligarse de ella.

Por eso Naraku intento absorberte, por eso existe una contraparte tuya llamada Magatsuhi.

Naraku ahora es prácticamente invencible, y más porque aún tú no has desarrollado tu poder espiritual por completo y porque tu nivel de pelea es aún de novato.

Kagome sabía que tenía razón.

_ De eso si estoy consiente, padre, todos estos años, más que una ayuda e sido una carga, ya que por no saber pelear siempre soy víctima de los que nos atacan.

_ Hija, aqui aprenderas, pero solo si estas dispuesta. Tienes dos opciones:

Un entrenamiento en el palacio, en el que aprenderás a luchar, el manejo de la espada y además a desarrollar tus poderes espirituales.

O, ser una Onna Senshi no Yoru, una guerrera letal, recibiendo un entrenamiento en el que no serias tratada como la princesa que eres y donde al final portaras una armadura parecida a la mía, que te camuflara en la oscuridad y ocultará tus poderes y aroma de los youkai.

A mí me agradaria, solo que seria demasiado pesado para ti, pues hasta ahorita no ha habido ninguna mujer que lo soporte.

A Raiko, realmente le preocupaba, pero se sentiria demasiado orgulloso si su hija y heredera, además de Souta, lo llevará a cabo.

_ Ese quiero, no quiero ser tratada como una princesa.

Kagome no sé imaginaba viviendo rodeada de sirvientes y siendo tratada con delicadeza.

_ Pues ahí te equivocas, pequeña. Si entrenas cómo onna senshi no yoru, sé te tratara como guerrero, pero todas las tardes regresaras al palacio, donde serás una Hime, que aprenderá el protocolo correspondiente y los modales de la casa de tu Abuelo, además de que tendrás clases, de la ceremonia del té, y del instrumento musical que quieras, para que llegado el momento encuentres a tu pareja.

Kagome entendió a qué se refería su padre con difícil, realmente lo sería.

Pero si algo tenía Kagome, era la terquedad que la caracterizaba, siempre dispuesta a avanzar un paso más adelante, y sabiendo llevar cada reto que le ha puesto la vida

_ Yo lo haré, Padre, honraré a mí Abuelo y entrenare con fuerza para poder defender a los míos en el Sengoku, al momento en que Naraku sea liberado del sello.

Incluso aprenderé a tocar un instrumento.

Y mientras decía lo último, se sonrojaba y bajaba la mirada, al pensar que eso significaba conocer el amor.

Raiko se enterneció y amaba cada vez más a su hija, era noble, de caracter decidido cómo su Abuelo y él mismo, y además de una pureza de alma y alegría, parecidas a su madre.

_ Ahora, hay que encaminarnos al palacio, pues tu Abuelo Yukito tiene muchas ganas de verte.

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Cuando llegaron a la ciudadela, mientras iban caminando por las anchas y pintorescas calles, todos se inclinaban antes el príncipe Raiko y la princesa recuperada.

Todos murmuraban su nombre, dándose cuenta de que la conocían.

Entraron caminando al palacio y subieron las altas escaleras, donde estaba el Shôgun Yukito, esperandolos.

Kagome, sentía su corazón latir con fuerza, su Abuelo era imponente como decía su madre, de rostro duro y estricto, pero en cuanto la vio y sonrió, su rostro se suavizó y se dio cuenta de la bondad en él, y comenzó a quererlo, dándose cuenta de cómo la sangre la llamaba.

Los guardias les hicieron reverencia, e incluso su Abuelo, demostró respeto ante la llegada de ella.

_ Bienvenida, princesa Kagome. Yo soy Yukito Higurashi, tu Abuelo.

Y sin contenerse, le dio un cálido abrazo, que enterneció a muchos.

_ Abuelo, que emoción siento al poder conocerlo.

_ Vamos hija, entremos por un poco de Té.

Y Kagome, entró contenta por la sencillez de sus acciones.

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En el Sengoku, todos a recuperaban de la sorpresa, mirando aún el punto en que Kagome se había marchado.

Sesshomaru, se dispuso a marcharse.

_ Rin, Kitsune, es hora de irnos.

Y todos, aún más sorprendidos de que Sesshomaru cumpliera una promesa hecha a Kagome, voltearon a verlo.

_ Lord Sesshomaru, si usted lo cree conveniente, puede dejar dejar Shippo kun con nosotros.

Sesshomaru, miró al monje, como quien mira una piedra, y volteó a ver a Shippo, pues no lo llevaría en contra su voluntad.

_ Chicos, yo le prometí a mí mamá, que cuidaría a Rin, así que me iré con Sesshomaru sama.

Se despidieron de él, con mucha tristeza, aún sin comprender qué era lo que motivaba a Sesshomaru.

Inuyasha, se había marchado sin voltear a ver a nadie, sintiendo un vacío enorme en su vida.

Sabía él que no amaba a Kagome, pero en todo ese tiempo, se había encariñado con ella, llegando a quererla, aunque no del modo que se merecía.

Esperaba, que esos años, le dieran una respuesta.

Sesshomaru, se retiró, sin despedirse de nadie, obviamente, con Jaken y dos cachorros a cuestas.

Pensando en Kagome, y en las últimas palabras dichas.

Esa Miko, había sido en esos años, la persona más desconcertante que conociera.

Desde un principio, defendiendo a Inuyasha, aún sabiendo que él podría matarla fácilmente.

Pero jamás le tuvo miedo, incluso, él provocaba en ella, una reacción.

Pero le quitó importancia al darse cuenta, de que una vez más lo estaba intentando sorprender.

Con respecto al Kitsune, sólo era una deuda de honor, él había conocido a su padre, un Daiyoukai de menor rango, pero no por eso menos fuerte, que fuera su aliado en algunas batallas pasadas.

Él entrenaría al hijo de aquel jefe, para ser un digno sucesor de su gente, y eso no lo lograría estando en la aldea, criandose entre humanos, ni siquiera había crecido lo suficiente para su edad, debido a la falta de un youki poderoso del cual fortalecerse.

Volvió a pensar en la Miko, y recordó el aroma de su cabello, en medio de la batalla.

"Esa Miko, Kagome, nos ha cautivado, Sesshomaru sama"

Su bestia, medio gruñia de placer, al recordar el cuerpo de ella, entre los brazos de su forma humanoide.

Sesshomaru, ignoró la voz de su Bestia, controlandose, ya que no era nada bueno, que está despertará y menos por una estupidez como esa.

Todo el camino, Shippo y Rin, se habían comportado bien, al principio habían estado muy callados, para tranquilidad de Jaken.

Pero después de un tiempo, eso le molesto, pues olía la tristeza en ellos.

_ Kitsune, Rin. Si algo tiene ese Miko, es la terquedad con la que hace las cosas, intentando abarcar todo lo que pueda. Deberían de estar felices de que haga todo lo posible por protegerlos, cómo una madre haría con sus cachorros, incluso, alejarse de ustedes.

Mi amo bonito, y prometido cuidar de ustedes, mejor que el tonto de Inuyasha, así que agradezcan tener ese honor… Aaayygh!.

Y una piedra golpeó la cabeza de Jaken, siendo arrojada, probablemente por Sesshomaru.

Rin y Shippo se rieron con ganas, y juntos levantaron al inconsciente Jaken, para ponerlo, encima con ellos, y poder volar tras Sesshomaru.

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Después de ver el atardecer, Inuyasha a encaminó hacía el pozo para intentar cruzar, pues cumpliría con el encargo de Kagome, y avisarle a su madre, sobre todo lo que había pasado.

En cuanto salió de la caseta y vio el mundo de Kagome, ahora sin ella, y sintió de golpe la tristeza, cuánto le habría gustado amarla, como ella lo había amado.

Tal vez esta separación, le ayudaría a olvidar a Kikyo, y enamorarse de Kagome, de una vez por todas, tal vez.

Sonomi estaba sentada junto al Goshinboku, cuando vio que Inuyasha salió de la caseta donde estaba el pozo.

_ Sonomi sama, yo… _ pero Inuyasha no sabía cómo decirle las cosas, que su hija, había viajado por un portal hacia la dimensión de donde era su padre, era ilógico hasta para él.

Pero Sonomi lo vio, y por un momento temió por su hija, que hubiera muerto o estuviera gravemente herida, pero al ver el rostro confuso de Inuyasha, supo exactamente lo que le iba a decir, Raiko había aparecido y se la había llevado a su hija a Rakuen no ippen.

_ ¿ En cuanto tiempo dijo Raiko que volvería mí hija?.

Y el sorprendido fue Inuyasha, ante la pregunta de Sonomi.

_ ¿Usted lo sabía Sonomi sama?.

_ Si Inuyasha, su padre aparecería cuando su hija supiera de él y lo necesitará con todo su corazón.

Sonomi seguía de lo más tranquila, disfrutando del atardecer, que incluso siguió tocando el Biwa satsuma.

Inuyasha, al final decidió que todo estaba bien, y sé relajo sentado frente a la mujer que había aprendido a querer como a su madre.

_ Volverá en tres años, Sonomi sama, la batalla contra Naraku aun no termina, Raiko sama solamente lo selló por tres años, en lo que ella desarrollaba todos sus poderes espirituales.

Sonomi asintió, y continuó tocando la música que tanto le gustaba a Raiko.

Inuyasha disfrutaba recordando a su madre tocar el Koto, por las tardes también, mientras él aprendía a escribir.

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Después de que Kagome fuera presentada a la corte y consejeros del Shogun Yukito, les pidió retirarse, para cenar en privado con su hijo y su nieta.

Yukito podía sentir el gran poder de su nieta, aunque contenido bajo un sello, que el lado negativo de la perla de Shikon le puso al nacer. Era muy bella y todos esos años, había extrañado a la pequeña niña traviesa que había sido la delicia de su casa.

_ Kagome chan, querida mago (nieta), todos estos años te extrañado mucho, y dejame decirte, que has heredado la belleza de tu madre.

Y Yukito sama, abrazo a Kagome, que aún no se reponia a la sorpresa de haber encontrado, ese día a su padre y a su Abuelo.

_ Yukito jiichan, mí madre me ha hablado mucho de usted, pues lo tiene en muy alta estima, siento que le tengo cariño aun sin haberlo conocido.

_ Pero si ya me conoces, tal vez no me recuerdas, pero te encantaba pasar tiempo conmigo, montar a caballo y pasea por los jardines con todos nosotros. Eras la luz de esta casa.

Kagome en ese momento lo amo, igual que a su abuelito Taiga, pues le conmovía el amor con el que era recordada.

_ Pero veo que estás toda rasguñada, Raiko, hijo, ¿ que ha pasado?.

_ Padre, la perla de Shikon ha salido del cuerpo de Kagome y ha sido absorbida por Naraku, el causante de la muerte de la anterior sacerdotisa.

_ Pero ¿cómo? ¿acaso Naraku ha renacido en tu tiempo, mago?.

Yukito estaba preocupado.

_ No padre, Kagome ha podido viajar por el tiempo, atravesando el mismo pozo pero llegando solamente hasta el Sengoku jidai.

_ Al final las profecías escritas en los pergaminos de esa época se han cumplido, la perla de Shikon había surgido con la intención de gobernar el mundo en el cuerpo de un poderoso Youkai.

Y Yukito sama miro a Raiko, si eso estaba escrito, también lo demas, y al menos que Kagome no entrenara y desarrollara sus poderes, no podría sobrevivir a la difícil prueba que le venía encima.

_ Entonces, mago, si estas aqui, es porque significa que haz tomado el destino en tus manos y has decidido entrenar con tu gente, ¿o me equivoco?.

_ No, Abuelo, no sé equivoca, he decidido convertirme en una Onna senshi no Yoru, y ser más fuerte para defender a los míos.

Kagome se veía decidida y Raiko se sintió orgulloso de ella, y Yukito también, aunque sé preocupaba por el duro entrenamiento que le esperaba, ser una Onna senshi no Yoru, significaba ser un Samurai, seguir los preceptos del Bushido, pero al mismo tiempo con la fuerza sobre natural de un Ninja, ser sigilosa y poder cumplir sus misiones con éxito, no había trucos de escapismo, ni armas envenenadas, solo la fuerza y los poderes espirituales con los que podría vencer a quien quisiera atacarla y poner en riesgo lo que ella proteja.

Pero era muy pesado llegar a serlo, un entrenamiento de toda la vida, y sinceramente dudaba, que su nieta en tres años pudiera llegar a ser una guerrera de tal magnitud, que le sean brindadas sus armas.

_ Bueno, a partir de mañana entrenaras con los nuevos novatos, en los que va también una mujer, de hecho. Pero además, mago, tienes obligaciones como Hime, en esta casa. Así que al regresar por las tardes, te dedicas a tus clases de protocolo, caligrafía, poesía y ceremonia del Té.

_ Pero Abuelo Yukito, yo estaba por graduarme de preparatoria en mí tiempo, y los estudios que llevaba, eran más avanzados que los de esta época, supongo, además sé escribir y leer, todas las chicas de mi tiempo lo hacen..._ Kagome, no quería que la tratara como una inculta, y su carácter salia a relucir, mientras Raiko sonreía orgulloso de su pequeña.

_ Dime Kagome, ¿qué instrumento tocas? ¿que poema te sabes?, si me recitas uno y tocas una pieza en este momento, te juro que perdonaré tus clases.

Kagome bajó la mirada avergonzada, estaba imbuida de cultura general moderna, pero de lo tradicional no.

_ Para aprender a volar, primero hay que aprender a caminar. Tú, junto con Souta, al que no tengo honor de conocer, son los herederos de mí clan, uno que ha prevalecido por muchas generaciones.

Hemos sido guardianes y guerreros, participando en muchas misiones a través de la historia de Japón y del mundo, haciendo que se cumplan las profecias que estan en los pergaminos que custodiamos, o evitandolas para la conservación de la Paz y el bienestar del mundo.

Por lo tanto, tienes que ser una mujer preparada en toda la extensión de la palabra, y si haz elegido el camino del Guerrero, no olvidar que también eres una princesa y una con poderes espirituales sorprendentes.

Equilibrio, mago, el Ying y el Yang.

Kagome entendió con esas palabras, que el entrenamiento había comenzado, y que su Abuelo tenía razón en cada cosa.

_ Bueno, hija, lo mejor será que vayas a descansar, mañana temprano te verá el sanador y te podrás presentar el dojo de tu sensei, para que comiences el entrenamiento.

Ambos acompañaron a su princesa, a la que había sido su habitación cuando era pequeña, junto con una doncella, que después de un baño, ya casi inconsciente de cansancio, se acostó a dormir, sin más ceremonia.

_ Raiko, hijo, ¿que piensas?.

Le preguntaba Yukito sama, mientras caminaban al ala del palacio donde se ubicaban sus alcobas.

_ Estoy muy feliz de verla de nuevo, los he extrañado tanto, que por el momento me contento con tenerla solo a ella a mí lado. Hasta que Kagome cumpla con su entrenamiento, podrá abrirse de nuevo el pozo, llevándome a lado de Sonomi y Souta.

Sacó una fotografía que le había dado Kagome, donde estaba su hermano y su madre, en un tierno close-up.

_ Souta es tu viva imagen, hijo, y Sonomi es igual o más bella de lo que recuerdo.

Yukito ponía una mano en el hombro de Raiko, dándole apoyo, pues sentía su tristeza al no tenerlos en todos esos años, si para él era triste, no podía imaginar el dolor de su hijo.

_ Kagome no sabe tocar ningún instrumento _ sonriendo con ternura al recordar su rostro.

_ Bueno, es importante que su pareja de vida, la reconozca cuanto antes, pues le ayudará a quitar el sello de su alma, al unirse con la suya, así que igual que hice con Sonomi, le daré ese pequeño empujón, ya que es necesario.

_ El ánfora donde selle a Naraku estara en el templo, ya que estara mejor custodiado…

_ ¿Que temes hijo?_ le preguntó Yukito.

_ A las predicciones del Oráculo, lo puso en mi mente solo con mirarme a los ojos, y habrá traición padre, solo espero que Kagome sea tan fuerte como imagino y complete su entrenamiento cuanto antes.

Yukito sama, miró el rostro preocupado de su hijo y le devolvió la foto de su familia, regresandole la sonrisa al rostro.

Esa noche sé permitirían tener esperanza.

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Al día siguiente, un par de doncellas despertaron a Kagome, que se sobresaltó por un momento al recordar donde estaba.

"Kagome Hime, nosotras seremos su ayuda de cámara.

Mi nombre es Misora y mi hermana es Miwa"

Ambas chicas se inclinaron hasta que sus frentes tocaron sus manos apoyadas en el piso.

"Misora y Miwa san, yo no estoy acostumbrada a tener ayuda de cámara, pero si es necesario que esten aqui, indiquenme solamente donde están las cosas y listo"

Pero el par de chicas tenían órdenes directas del Shogun, y no iban a desobedecer.

Cuando Kagome entró al Onsen, Misora se dedicó a preparar la ropa de entrenamiento que usaría ese día la princesa, y Miwa a cepillar y trenzar el largo cabello, para que no hubiera necesidad de cortarlos a la hora de conocer a su Sensei.

Kagome no podía evitar sentirse en el paraíso, consentida cómo en un Spa de su época.

Pero de repente la imagen de la pelea con Naraku vino a su mente y sé espabilo.

Salió del agua y dejo que Misora la vistiera, agradeciendo después, la ayuda al ver lo complicado de la ropa de la época.

Kagome utilizó por primera vez fondushi, además de que vendaron sus hermosos y redondos senos de manera apretada, quedando casi plana.

Miwa y Misora pusieron la casaca, sin mangas anudada a su alrededor y después el hakama, vendando de sus piernas, a sus tsuranukis,para que no le estorbaran a la hora de pelear. Un obi ancho en su estrecha cintura, sujetaria su ropa con mayor seguridad y daría soporte a su espalda.

Misora y Miwa vendaron con delicadas vendas de lino, sus manos hasta altura del antebrazo.

Kagome lucía imponente, parecía ya una guerrera y solo eran simples ropas de algodón negro, que servían para entrenar-

Miwa aseguro su cabello en su nuca, para que no se moviera, dejando su hermoso rostro despejado.

Kagome se dirigió al gran comedor, donde compartiría alimentos ligeros en compañía de Padre y Abuelo, además de toda la corte, que la reverencio antes de salir hacia el dojo de Ryutaro sama, el mismo que entrenó a su padre y que se caracterizaba por ser él más duro guerrero de todos.

Raiko sama, se sintió orgulloso, al mirar el porte de su hija, una digna heredera de su casa, además de que su rostro mostraba serenidad y aplomo.

Lo que no sabía, era que Kagome estaba nerviosa, incluso sentía miedo, pues no había podido evitar oír cuchicheos sobre su belleza y lo efímera que sería al entrenar para Onna Senshi no yoru.

Y sintió miedo de no poder con su encomienda, además de vergüenza por sentirse tan inútil y nerviosa.

Pero cómo un flashazo, vino a su mente el frío rostro de Sesshomaru y su gesto blanco y sin emoción que siempre tenía.

Últimamente se había dado cuenta de que él no era toda frialdad, pero que era mejor aparentar para no ser un blanco fácil de nadie.

Así que, cuando entró al salón, dispuesta a ser presentada antes de marcharse a entrenar, su rostro sé sereno, y adoptó el gesto de Sesshomaru, aunque con un femenino rubor rosado en sus mejillas y un brillo en sus ojos, que nadie más que ella, sabría que era a causa de haber pensado otra vez, en el cuerpo contra el suyo, de aquel hermoso, pero letal Youkai.

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_ ¿Así que tu eres Higurashi Hime?.

Kagome estaba inclinada, sin mirar a los ojos a su sensei, cómo le indicaron sus doncellas que lo hiciera…

_ Una chiquilla inútil, sin ningún tipo de entrenamiento o condición física. Ahora seré niñera de una Hime estupida.

Kagome alzó la cabeza y se paró muy erguida, completamente furiosa, sintiendo cómo su energía brillaba en un imperceptible color rosa, alrededor de su cuerpo.

_ Aquí dejaste de ser Hime, Higurashi chan…

Y le volteo la cara de un bofetón, intentando hacerlo de nuevo, pero esta vez esquivandolo Kagome.

No sabría luchar, pero tampoco sé dejaría lastimar por un Sensei hijo de puta, que se creía superior a todos.

_ Higurashi san, la mandaré completamente molida a golpes a su palacio y todo con autorización de su padre.

Pero le propongo una cosa; si me da un solo golpe, la entrenare para ser la mejor guerrero en poco tiempo.

Ryutaro se acercó a ella a una velocidad sorprendente digna de un youkai, pero imposible para un humano.

Y la mando de una patada al suelo, pensando en que esa princesa de pacotilla ya no sé levantaría.

Pero no escucho llanto, ni vio en su rostro algún indicio de dolor, al levantarse.

Kagome dejó que hiciera contacto una vez más, pero atrapando su pierna, colgándose de ella e intentando darle una patada, que Ryutaro esquivo por poco, dejándolo levemente sorprendido.

La lanzó de nuevo contra la grama de la entrada de su casa, rodando, pero poniéndose de pie, en una hermoso movimiento.

Una vez más corrió para golpearla y mandarla al palacio de una vez por todas, pero esta vez, Kagome corrió a su encuentro, bloqueando el golpe que iba a su rostro, con su brazo imbuido de su energía espiritual, que evitará que sé lo hiciera pedazo, y con la mano en un puño, alcanzó a golpear sus partes nobles.

Maldita arpía, hija de puta…

_ No me vuelvas a tocar el rostro, maldito cerdo hijo de perra.

Y Ryutaro sensei, sudando levemente a causa del dolor, sonrió ante el florido lenguaje de la princesa. Ella sería su alumna y una muy buena, ya durante el entrenamiento se cobrara la falta de respeto, pero aun así, prefería que fuera así y no la típica niña chillona

Ryutaro, la introdujo en su dojo, donde muchos guerreros con el mismo uniforme que ella, aguardaban a su maestro sentados en seiza.

_ Yumeko será tu compañera, entiéndanlo bien las dos, son las únicas mujeres de mi equipo, así que se comportan como sacerdotisas, ya que no quiero ningún problema, además sus compañeros las trataran con el mismo respeto que una, en cuanto al entrenamiento serán tratadas como cualquiera de aquí, no habrá rango, no habrá sexos, todos serán iguales. ¿Entendido?.

_ ¡Hai!.

_ Quiero que den diez vueltas al campo, tienen hasta que suenen las campanas de medio día para completarlas.

Kagome y Yumeko observaron el campo, no era muy grande, si acaso un kilómetro en total. Y las dos se miraron, sin comprender porque tenían tanto tiempo para completar diez vueltas.

Ryutaro, les dio a ambas un kasa (sombrero tradicional japonés, tejido de paja de arroz).

_ Correrán y pondrán este kasa en su pecho, que siempre tendrán que tener plano, no deben sujetar el Kasa, se tiene que sostener por pura inercia, si se cae, volverán a empezar, y eso será hasta completar las diez vueltas.

Kagome era de piernas fuertes, pues había pasado dos años en su bicicleta, por los campos agrestes del Sengoku, subiendo y bajando montañas. Tenía condición física, pero no estaba segura de que la velocidad fuera la adecuada.

Su compañera Yumeko, había completado casi las primeras tres vueltas, pero al final fallaba, comenzando de nuevo.

Cerca de medio día, ambas estaban desfallecidas, pero aún sin rendirse. Kagome motivaba a su compañera.

Ryutaro, se dio cuenta que ambas eran buenas corredoras, que tenían bastante condición física, así que les dio su primer enseñanza.

_ Concentren su energía espiritual, su chakra, para que sus piernas sean suficientemente fuertes.

Kagome recordó cómo había evitado que su Sensei destruyera su brazo, al concentrar su energía en el.

Se paró como pudo y comenzó a elevar su energía, aún no sabía sanar un cuerpo, pero sí sé sintió algo más revitalizada.

Comenzó a correr hasta agarrar velocidad y el Kasa no sé cayó más, sujetó a su pecho plano, por la fuerza del viento. En sus piernas había concentrado su energía y cómo pudo completo las diez vueltas.

Yumeko, termino solo un minuto después de ella.

_ Bueno lo han hecho bien por hoy. Ahora se pueden retirar y continuar con sus deberes de On'na

Kagome solo quería regresar al palacio y dormir por un par de días, pero no dejo que viera su rostro agotado.

Yumeko y ella respiraban con dificultad, y en cuanto su Sensei se retiró, Kagome se tiró al suelo, sintiendo la carne de sus piernas palpitar, mientras su compañera en un intento de alejarse, había vomitado en unos arbustos bastantes cercano.

_ Maldito hijo de puta…

Dijo Kagome…

_ Bastardo de mierda…

Contestó Yumeko…_ y Kagome volteo sonriendo hacía su compañera…

_ Sádico infeliz…

Y Kagome ya estaba al borde de las carcajadas…

_ Viola cabras… _ y en ese momento se escuchó el balido de una a lo lejos, provocando sonoras carcajadas en ellas.

_ Kagome Hime, mi nombre es Yumeko Ueda, y creo que tiene el peor lenguaje que he escuchado en mi vida…

_ Yumeko san, llamame solo Kagome, y dejame decirte que eres igual o peor que yo…

Y de nuevo comenzaron a reír.

Ambas se levantaron como pudieron y caminaron apoyadas una en la otra, hacía los baños, donde después de asearse y vestirse con un femenino Kimono, se dirigieron a sus clases de Sanadoras.

Ese día, solo conocieron a sus compañeros y maestros, y al llegar Kagome al palacio, soporto aun, un pequeño concierto musical, donde varios maestros, tocaron hermosas piezas, con los instrumentos musicales tradicionales, quedándose casi dormida, sintiendo que si seguia escuchando musica caería desmayada sin saber de ella.

Pero de repente escucho una hermosa pieza, que según sé llamaba "Luna Silenciosa", que le recordó a sus amigos, a todas las veces que cruzó el pozo, a las noches cargadas de estrellas, a Inuyasha, sentado en las altas ramas de un árbol, y a Sesshomaru, con su rostro serio, siempre en silencio, viendo la luna.

Y eligió aprender a tocar el Erhu, pues esa canción la había conquistado.

Sin siquiera cenar y ver a su Padre y a su Abuelo, se fue a su habitación a descansar, agradeciendo entonces tener a sus doncellas Miwa y Misora, pues necesitaba desvestirse, bañarse y acostarse, y ella ya no podía ni con su alma.

Por un momento, mientras estaba sumergida en el agua caliente y pensaba en ese día, le entraron unas ganas enormes de ponerse a llorar.

Pero de nuevo la imagen de sus amigos y de su familia, vino al rescate, tenía que ser fuerte, no todo estaba perdido.

Se durmió estando, aún en la bañera, siendo transportada a su futón por sus doncellas, que sanaron su cuerpo y sus moretones, preparandola para el día siguiente, admiradas de su entereza.

El primer día, había terminado y ella habia sobrevivido…

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Ok, lo prometido es deuda… aqui esta el segundo capítulo.

Les recomiendo escuchar "Silent Moon" de Jia Peng Fang, en youtube… y ya me luego me dicen que opinan de ella…

¿Les gusto la historia?

Dejen su review y opinen acerca de ella…

Les mando un saludo supercalifragilisticuespialidoso, hasta donde estes…

YOI MINO...