Disclaimer: Los personajes son de SM, esta historia y si aparece alguno que otro personaje es de mi autoría.


Every day, every hour, turn the pain into power

The Script


2 de Julio 2013

Habían pasado algunos días desde el incidente con Michael, y para suerte de Isabella, Lauren no había abierto su bocota.

A la chica le había costado horrores mantener su boca cerrada, pero al fin había entendido que no sacaba nada diciendo a todo el mundo lo que pasaba alrededor de Isabella. Aunque hubiese sido un jugoso chisme que la hubiese bajado del pedestal en el que la mayoría de personas la tenían, pero a ella ya no le convenía. Es más, el memo de Michael era realmente un imbécil y no valía gastar saliva por alguien como él.

Por parte de Isabella, ella le había comentado todo lo sucedido con Michael a Edward, prefería contarle ella mismo como fueron las cosas a que alguien más tergiverse los hechos, y no era para menos, ella confiaba ciegamente en el cobrizo y no le iba a ocultar semejante cosa.

Edward no había reaccionado nada bien, desde el segundo en que la castaña empezó a relatarle lo que aconteció en casa de Alice, quiso arrancar cada extremidad del cuerpo de Michael, quería quemarle las manos por haber tocado lo que era suyo, sacarle los ojos por mirar a su chica y molerlo a golpes por pensar que podría tener una oportunidad con ella. Sin embargo, estaba orgulloso de su novia. Había respetado su relación y a ella misma, lo que muy pocas chicas hacían ya.

- ¿Qué piensa esa loca cabecita tuya, amor? – preguntó cariñosamente Edward.

- Nada – respondió con una sonrisa Isabella. Edward la miró entrecerrando los ojos. Isabella suspiró rendida – Esta bien, estaba pensando en lo guapo que eres – sonrió. Edward levantó una de sus perfectas y cobrizas cejas, la castaña rodó los ojos – Pensaba en lo de Michael. – el cobrizo gruñó.

- Es un estúpido, no pienses en él. No vale la pena.

- Lo sé – suspiró Isabella mientras se acurrucaba más alado de Edward. Él la abrazó por encima de sus hombros.

Se encontraban descansando en el muelle del río que se encontraba cerca a la casa de Edward, sus piernas se movían creando pequeñas olas en el agua. Ambos habían arremangado sus pantalones hasta la rodilla mientras disfrutaban del olor a pino y eucalipto que poseía aquel lugar.

Los días pasaban realmente rápido para aquella pareja. Cuando estaban juntos, perdían la noción del tiempo. En esos momentos solo importaba estar en la compañía del otro, porque, nunca se sabe, el destino puede que tenga otros planes en sus vidas.

Ambos guardaban silencio, gozando de la tranquilidad que desprendía aquel lugar.

- J'adore ce lieu – comentó Isabella, y era la verdad. Para ser primera vez que visitaba ese lugar, lo terminó amando. Edward la observó intrigado.

- ¿Desde cuándo mi princesa sabe francés? – preguntó el cobrizo. Bella se sonrojó levemente.

- Desde que hay internet – respondió levantando los hombros.

- Me gustó como tu boca pronunció aquellas palabras, dilas de nuevo – pidió Edward con ojos soñadores.

- Nop – Isabella remarcó la "p"

- Por favooooooor – el muchacho alargo la "o", Bella volvió a negarse. Edward empezó a chapotear el agua con sus pies, mojando de pies a cabeza a Isabella. Ella lo miró enfurecida.

- ¡EDWARD ANTHONY CULLEN! Pareces un niño haciendo este tipo de berrinches.

- Solo dime algo más en francés, porfis – Edward hizo un puchero. La castaña suspiró y volvió a negar con la cabeza. Él hizo amague con sus pies de volver a chapotear agua.

- Je crois que… je crois que je t'aime – susurro e inmediatamente se dio cuenta de su error. Abrió los ojos sorprendida, hasta ahora no se había dado cuenta de que amaba a Edward. ¡Amaba a Edward! Bajó la mirada, nerviosa. No quería ver a Edward.

- Sublime – dijo Edward con una sonrisa en su rostro. No comprendió nada de lo que dijo su amor pero tan solo el haber escuchado esas palabras saliendo de ella, sea lo que sea que significasen, le llenaron el corazón de alegría.

Isabella todavía no levantaba su cabeza e inmediatamente Edward supuso que algo estaba mal.

- ¿Estas bien, princesa? – ella asintió con la cabeza, tomó una gran bocanada de aire y levantó su cabeza.

- Tengo hambre – rió para aligerar el ambiente, bueno, para aligerar la presión que ella sentía en el pecho. Edward la observó detenidamente, sabía que algo no estaba bien, pero también sabía que debía darle su espacio, con el tiempo ella le confesará lo que en ese momento haya pasado por su cabeza.

El cobrizo se levantó de su lugar, y tendió una de sus manos a Isabella. Ella miró la mano extendida de su novio y sonrió juguetonamente. Antes de que Edward pudiera procesar esa sonrisa, él ya se encontraba dentro de aquel río, salió a la superficie y observó como la castaña reía a carcajadas.

- Muy graciosa Isabella Swan – el sarcasmo se notaba a leguas en Edward. Él se empezó a acercar donde ella se encontraba. Las risas cesaron inmediatamente.

- No, Edward. ¡Aléjate! – le reprendió Bella, pero ya era muy tarde. Edward la había halado de uno de sus pies mientras esta intentaba ponerse de pie. Ahora era él quien reía. - ¡Edward! Ayu…ayud…ayúdame – apenas podía hablar, el agua entraba a borbotones por su boca y se empezaba a ahogar. Edward asustado la agarró de la cintura, atrayéndola hacia él y revisando que estuviese bien.

- ¡Mierda, Bella! ¿Por qué no me dijiste que no sabías nadar? – susurró cuando ella ya se hubo calmado. Ella volvió a reír y se fue nadando lejos de Edward.

- ¡Caíste! – le gritó

- ¡Me las vas a pagar, hermosa! – Edward nadó lo más rápido que pudo, no por nada cuando era niño ganó una que otra medalla en natación, hasta que alcanzó a la castaña. La atrajo hacia él, pegando su espalda con su pecho – de esta no te me escapas – Ambos estaban hiperventilando, sus piernas se rozaban cada segundo, tratando de mantenerse a flote. Edward hizo a un lado el cabello mojado de Isabella y plantó un enorme beso en su cuello, haciendo que ella se estremeciera.

Isabella giró en los brazos de Edward hasta situarse frente a él. En sus ojos había alegría, cariño, y un inmenso amor hacia él. Aferró sus manos rodeando el cuello de Edward y él la atrajo más hacia él.

- Te quiero – susurró contra los labios de ella. Ambos sonrieron.

- No te imaginas cuán grande es mi amor por ti - unieron sus labios, saboreando al otro, sintiendo la suavidad en ellos. Sintiéndose en casa.

Isabella supo que no podría jamás negar aquel nuevo sentimiento que tenía por Edward. Solo habían bastado tan pocos meses para amarlo con todo su corazón.

No quería precipitarse. Sabía que cualquier palabra que diga ahora solo asustaría a su cobrizo. Esperaría…aunque no sabía cuánto tiempo podría estar en silencio ante tal sentimiento.

17 de Julio 2013

Aquellos rayos luminosos, que ahora cegaban a Bella, habían salido hace ya unas horas. El cielo estaba despejado, ni una sola de aquellas motas de algodón lo decoraba. Estaba limpio, como ahora se sentía aquella muchacha de ojos soñadores.

Respiró profundamente, llenándose de aquel aire puro que solo las partes más remotas del mundo tenían ya. Eucalipto, menta, ciprés, pino y una pizca de lavanda eran las fragancias que llegaban a ella. Cerró sus ojos mientras una brisa cálida la abrazaba, abrió sus brazos, recibiendo en ellos esa caricia que la naturaleza le proporcionaba.

El viento jugaba con su cabello, moviéndolo por todas partes al igual que con su ropa, ligera por el verano, hacía que algunas partes de su vientre se expusieran y recibieran la Vitamina D que el sol le brindaba.

A la lejanía pudo escuchar los murmullos de algunos animales, vacas, caballos, burros, perros, gallinas, e infinidad de animales campesinos. Sonrió, llenándose de todas las sensaciones que la envolvían.

Habían decidido despejarse con su familia de todo lo que la ciudad de Seattle contenía, los sonidos estresantes que esta profería, el trabajo, las responsabilidades, las personas, absolutamente todo. Ahora se encontraban muy lejos de aquella ciudad, en una pequeña hacienda que ellos tenían, disfrutando de los placeres que la naturaleza les pudiera dar.

Isabella caminó de regreso a casa seguida de Tito, un perro San Bernardo que se había comprado hace unas semanas, el cual no dejaba de perseguir a un pequeño conejo que había encontrado cerca de ellos. Por suerte, el conejo había llegado a su madriguera, salvándose de ser posiblemente comido por Tito.

Isabella rodó los ojos cuando el perro empezó a hacer un hueco en la tierra.

- Vamos, Tito. Deja al pobre conejo en paz – como si el perro la hubiese entendido, dejó de cavar y ahora sus patas se encontraban totalmente negras por el polvo. Tito siguió corriendo, gozando por todo el espacio que tenía por delante, ladrando de vez en cuanto y algunas veces revolcándose más en el suelo.

Isabella rodeó la casa, entrando por la puerta trasera que daba a la cocina, el perro la miró, como reprochándole por dejarlo fuera. Sin embargo, se distrajo de nuevo cuando el mismo conejo de antes volvió a pasar por su lado.

Renée estaba en la cocina, preparando algunos sándwiches.

- Hola, mamá – saludó Isabella, se acercó a su madre a darle un beso en la mejilla, cuando terminó, bajó a su ya abultado vientre – Hola hermoso bebé llamado Nathan, espero te esté gustando el campo tanto como me gusta a mí. – besó el vientre de su madre con una sonrisa.

- Bella – le advirtió Renée – no se llama Nathan.

- Ya hemos hablado de esto mamá. Si tan solo quisieras que el doctor te diga el sexo del bebé, podríamos evitar todas estas discusiones sin sentido

- Quiero que sea una sorpresa – dijo la madre de Bella mientras ponía mayonesa en los sandwiches – y si es niño no se llamará Nathan – le volvió a advertir.

- Pues…entonces – la castaña se acercó a su madre y le robó un poco de pollo que tenía a un lado, solo para ella – te quedas sin comida – y se fue corriendo, escuchando los gritos de Renée hasta que llegó a su habitación.

Cerró la puerta con cerrojo y se dejó caer en la cama, comiendo de poco a poco aquel delicioso pollo. Giró su cabeza a su teléfono, este se encontraba con aquella luz intermitente que lo caracterizaba cuando llegaba algún mensaje o había una llamada perdida. Isabella dejó a un lado la comida y tomó ese aparatito.

Te quiero de aquí a la luna, de ida y regreso a pasitos de caracol.

E.C

Sonrió como la perfecta enamorada que era, su cobrizo no dejaba de sorprenderla en ningún momento.

- Y yo te amo más que a nada en el mundo – susurró.

Todavía no le había dicho a Edward que lo amaba, sabía que tarde o temprano tendría que decírselo, pero estaba tan aterrada de la respuesta que él pudiera darle que prefería callar. Suspiró, ¡qué difícil era esto del amor!

- ¡ISABELLA MARIE SWAN! – la puerta se abrió de un golpe. Asustada, la castaña se hizo bolita en su cama. – Devuélveme mi pollo, ¡ahora mismo! – la voz de Renée se volvió tan suave que daba miedo.

- Como… - las palabras se quedaron en su garganta cuando su madre le mostró el juego de llaves que colgaban de su mano. Frustrada, se levantó y se acercó a su madre, devolviéndole el plato.

- Mucho mejor – una sonrisa se plantó en su rostro – Aquí tienes – Renée le tendió otro plato con un sándwich en él, Isabella murmuró un gracias y cerró la puerta cuando su mamá se fue.

La castaña se quedó inmóvil en el mismo lugar, observando la comida que su madre le dio. Se sintió terriblemente mal. Aquel sándwich contenía carne de pollo, y solo hace unos segundos escuchaba el cantar de un gallo y los cacareos de una gallina. Se sentía tan culpable, ¡se iba a comer a un pobre pollito!, talvez a sus padres también los habían comido ya, y el necesitaba ser comido porque ya estaba muerto y su carne sabía deliciosamente bien y más cuando estaba en medio de dos panes, con tomate y lechuga.

Su boca se hizo agua, tenía tanta hambre, pero se sentía muy mal. Dejó el plato en la mesita de noche, no pudiendo contener su culpa y salió del dormitorio.

No sabía cuándo se había convertido en una activista contra la muerte de los animales, pero es que no lo era. Era el ambiente en el que estaban, si estuviesen en la ciudad nada de eso hubiera pasado. Habría comido aquel sándwich sin remordimiento alguno, pero ahora se sentía mal, porque había sido un ser vivo, talvez tenía mucho por vivir y le quitaron la vida muy temprano.

Entró en la cocina, ahora deshabitada, y buscó algo que comer, encontró una manzana roja, la lavó y se la llevó a la boca. Estaba tan jugosa.

- ¡Bella! – Isabella pegó un brinco, haciendo caer su manzana. – Holiiiii – gritó su hermana, muy sonriente.

- Eres una tonta, dejé caer mi manzana por tu culpa – la risa de Jessica no se hizo esperar.

- No es mi culpa – se encogió de hombros – Te he estado buscando, quería proponerte algo – sonrió.

- A ver

- Hagamos una carrera de caballos, así como en los viejos tiempos - ¿Una carrera de caballos? Isabella levantó una de sus recién depiladas cejas – vamos, ¡será divertido!

- Esta bien – suspiró con una sonrisa en su rostro.

Jessica no caía en sí de la felicidad, haló a su hermana hacia los establos donde dos enormes caballos y una yegua reposaban. Uno de ellos era tan negro como la noche, el otro era de un precioso café claro y la yegua tan blanca como la nieve. Solo dos de ellos estaban ya listos para ser montados.

- Sabia que dirías que sí – dijo Jessica cuando Isabella trató de preguntarle, todavía observaba con fascinación a los animales ahí dentro.

De poco a poco la castaña y su hermana se fueron acercando, cada una a su respectivo caballo. Isabella, palmeando el lomo del caballo negro lo fue acariciando y Jessica hizo lo mismo con la yegua. Montaron cual expertas a los caballos y con paso suave salieron del establo.

- ¡Pónganse los cascos! – gritó su madre en cuanto las vió desde la cocina. Tito, al ver a semejantes animales no dejaba de ladrar.

- Solo vamos y volvemos, mamá. – respondió Jessica.

- No importa, corazón. Tienen que ponérselos, es más por seguridad – Phill llegó entregándoles a cada una un casco para montar. Suspirando de resignación ambas lo hicieron y Phill les sonrió orgulloso – ahora sí, pueden partir. ¡No demoren! – dijo un poco más alto cuando ellas tomaron un poco de velocidad.

Se apartaron lo suficiente para no ser vistos por sus padres y pararon.

- ¿Estas lista? – sonrió expectante Jessica. Isabella asintió, sin poder contener más su felicidad, ya empezaba a sentir la adrenalina correr por sus venas. – A la de tres…una…dos…¡TRES! – ambos caballos salieron disparados de aquel lugar.

Nariz con nariz, cabeza con cabeza, ninguno daba la ventaja al otro. El viento despeinaba a las hermanas, reían sin parar y cada vez se inclinaban más hacia su caballo, tratando de ganar a la otra. Los enormes animales esquivaban cada obstáculo que se les presentaba y parecían disfrutar tanto como las personas encima de ellos.

¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!

Tres disparos se escucharon a lo lejos, los caballos se asustaron, pararon en seco relinchando y se levantaron hasta quedar en dos patas. Jessica alcanzó a sostenerse de las cuerdas, pero Isabella no tuvo la misma suerte. Los sonidos cesaron y ella yacía tendida en el suelo, no se movía, parecía no respirar.

Jessica se asustó, bajó rápidamente de su caballo e inspeccionó a su hermana. No sabía mucho de primeros auxilios, pero el poco conocimiento que tenía le decía que no debía mover a su hermana. ¡Pero tenía que hacerlo! ¿Cómo volvería a casa sin ella? El sentido común le decía que sería peor si la movía, podría estar fracturado el cuello o la espalda y solo empeoraría si la movía.

Con lágrimas sin derramar de sus ojos se levantó, amarró fuertemente al caballo a un árbol cercano y montó a su yegua, regresando rápidamente con sus padres. Divisó la casa y apresuró al caballo, apretándole las costillas.

- ¡PAPÁ! ¡MAMÁ! – gritó desesperadamente. Ambos salieron de inmediato ante el llamado de su hija. Sus rostros pasaron de estar con una sonrisa a estar llenos de preocupación. Jessica seguía sollozando cuando llegó junto a ellos – Es Bella, alguien disparó y…

- ¡¿Le dispararon a mi hija?! – gritó ahora Renée con los ojos llenos de lágrimas. Phill corrió a los establos, seguramente a preparar al otro caballo para llegar donde estaba su hijastra.

- No, mamá – sollozó la chica – no se quien disparó, pero los caballos se asustaron y Bella cayó de él.

- Renée, llama al 911 – Phill llegó ya montado en el caballo – Vamos Jess.

28 de Julio 2013

Se encontraba en un plácido lugar, sin ruido y sin nadie que la molestase. El campo se podía divisar en todo su esplendor por donde quiera que Isabella mirase. A la lejanía podía escuchar correr el agua de algún río. Violetas, tulipanes, crisantemos, claveles, margaritas, girasoles, orquídeas y las preferidas de Bella, rosas blancas adornaban aquel lugar. El sol le llegaba de lleno en su rostro, bañándola por completo. Su vestido se mecía con las suaves brisas del viento y sus pies sentían el calor de la tierra. Paró a embriagarse del olor de tan fantásticas flores.

"Bella"

Escuchó que alguien la llamaba, una voz conocida pero no recordaba a quien le pertenecía.

"Amor, despierta"

¿No estaba despierta? Pues ella pensaba que sí, un lugar como este no podía ser un sueño.

Siguió caminando por aquel lugar, ignorando aquellas voces. Pero el camino nunca terminaba, estaba caminando en círculos.

oOo

- ¡¿Sabe usted quien soy yo?! – gritó Edward

- Señ…señor tranquilícese – dijo nerviosa la enfermera detrás del recibidor.

- ¡No me diga que tengo que hacer! – bramó – ¡ha pasado más de una semana y no me han dejado ver a Bella! Soy Edward Cullen – la enfermera abrió los ojos de la sorpresa al escuchar el apellido Cullen - y si no me deja pasar haré que jamás vuelva a tener trabajo en ningún hospital de Seattle ni en ninguna otra parte.

- La señorita Swan se encuentra en la habitación 623 – susurró tenebrosa. Edward murmuró un gracias y corrió al elevador más cercano.

En momentos como este agradecía tener el apellido Cullen. Su padre era uno de los empresarios más exitosos y reconocidos del país, y él quería seguir sus mismos pasos cuando era un niño, ahora tenía otras cosas en mente.

Presionó más rápido el botón del sexto piso, pero el dichoso elevador parecía estar en contra de él y se rehusaba a avanzar más rápido. Cuando se empezó a dar por vencido, las puertas se abrieron, anunciando el cuarto piso. Salió como alma que lleva el diablo y buscó las escaleras. Estaba seguro que llegaría más rápido a pie que yendo en el elevador.

Subió las escaleras hasta llegar al sexto piso, al mismo tiempo que llegaba el elevador. Refunfuñó algunas palabras nada aptas para menores de edad y se acercó a otra enfermera que se encontraba en el mostrador de ese piso, la cual le dio una cálida sonrisa.

- Buenos tardes, ¿en qué puedo ayudarlo? – la enfermera habló con voz amable

- ¿La habitación 623? – Edward no estaba con ánimos para ser amable.

- Siga por ese pasillo y gire a la derecha cuando haya pasado otros dos pasillos laterales, la tercera puerta. – sin perder la sonrisa en el rostro, la enfermera le dio las indicaciones. Edward apresuró a sus piernas a seguir las indicaciones de aquella enfermera.

613…615…617… giró por el pasillo que le indicó la amable señora 619…621… ¡623!

Se quedó plantado frente a la puerta de la habitación, no sabiendo bien que debía hacer. ¿Se encontrarían ahí sus padres? ¿O su hermana? ¿Fue buena idea haber ido? Pudo haber esperado otra llamada de Jessica dándole buenas noticias, pero tenía que ir él mismo, comprobar cómo se encontraba su Bella.

- No creemos que despierte todavía, la hinchazón en su cerebro no ha disminuido lo que esperábamos. Seguiremos con la medicación que ha tenido estos días – alguien soltó un sollozo – No se preocupen, el haber llevado casco la protegió de posibles traumas o de haber quedado en coma.

Edward se petrifico aún más en su lugar. Había abierto solo un poco la puerta y sin querer, queriendo, había escuchado lo que decían de Isabella.

- Volveremos en unos días para seguir con los estudios. Bunas tardes – Edward se apresuró a salir de ahí, buscó el pasillo más cercano y se quedó esperando a que los doctores se fueran completamente.

Volvió a la habitación de Bella, un poco más calmado y tocó la puerta. Se escucharon pasos al otro lado y la abrieron.

- Edward, ven pasa – Jessica lo guio hacia dentro. La habitación era de un color verde agua. Al fondo se encontraba un sillón de cuero café, el cual parecía que se podía convertir en cama. Detrás del sillón había un enorme ventanal que daba una vista espectacular, a un lado estaba otra puerta, el baño, supuso Edward. Y en el centro, había una cama la cual tenía un buró a cada lado, y en la parte derecha descansaban en otro sillón dos personas – ellos son mis padres, Renée y Phill – señaló a cada uno e inmediatamente los saludó.

- Es una pena conocernos de esta manera - dijo Renée limpiándose algunas lágrimas – Lamento que no hayas podido venir antes, no queríamos que nadie se acerque a nuestra Bella antes de que tengamos buenas noticias. – Edward con un asentimiento de cabeza le dio a entender que había comprendido perfectamente las circunstancias y los porqués.

Tenía un nudo enorme en su garganta. Bella yacía tan indefensa en esa cama de hospital rodeada de máquinas y tubos. Su cabeza estaba vendada y uno de sus brazos se encontraba enyesado. Se fue acercando de poco a poco a ella, tragándose las lágrimas que pugnaban por salir. Acarició la mano izquierda de ella y le dio un pequeño apretón. Arrastró una silla que se encontraba cerca y se situó alado de Isabella.

Con su mano derecha acaricio la cabeza de ella, fue trazando los círculos morados que tenía bajo sus ojos y acunó su delgada mejilla en su mano. Se veía tan frágil, tan delicada.

Suavemente, sin que Edward se dé cuenta, la familia Dwyer le había dado un poco de privacidad.

- Despierta amor, te necesito – sollozó en el pecho de Isabella.


T.T pobre Edward

Buenas buenaaaas!

Vuelvo aqui con otro capítulo. ¿Qué les pareció? A mi muy triiiste :( Denme su opinión y déjenme saber lo que piensan con un review :3 :)

No se como, pero esta historia se escribe sola, solita y es cada vez más triste T.T . Quiero cambiar el rating de T a M, hehe pero ¿que dicen ustedes? Se hará lo que mis lectoras digan

Gracias por sus reviews a:

Tata XOXO- Nadie va a reventar su burbuja hasta después de un largo tiempo me temo :( . ¡Por lo menos Lauren se quedó con la boca cerrada esta vez! Besos para ti también :)

isabel 20 - ¿que te pareció este capi? :(

Caroline - ME hace feliz que te guste este fic, espero te haya gustado este capítulo.

Yoliki - hehe :p

helenagonzalez23-athos - Eso si, pero bueno. Por lo menos Lauren cerró su bocota, y fue bueno que Bella le haya contado a Edward lo que pasó antes de que alguien más vaya con cosas que no son.

Anabel Cullen- :D :D :D me llena tanto saber que te gusta mi fic. ¡Espero verte más seguido! Aqui te dejo el posible summary para el Dramione: La familia Granger pierde una persona importante. Hermione tiene que sobresalir en una nueva familia. Nada es lo que parece. Engaños, mentiras pero sobretodo amor. Draco Malfoy, aunque traicione a su padre, hará lo correcto por una vez en su vida. SEXTO AÑO.

Zujeyane - Desde el principio Michael era tan confianzudo, lo bueno es que Bella lo puso en su lugar. Y bueno, a Edward lo iremos descubriendo cada vez más en cada capítulo.

¡Como siempre! Agradeciendo infinitamente a mis lectoras, a las princesas que me han agregado a favoritos, están siguiendo y/o tienen en alerta a esta historia. No podrían faltar mis lectoras fantasmas :) seguiré insistiendo hasta encontrar un review suyo hehe

Les envio miles y miles de besos donde quiera que se encuentren. Dios las cuide y bendiga. ¡Hasta la próxima!