DISCLAIMER: Los personajes del Manga INUYASHA, son creación de Rumiko Takahashi.
Fanfic, que fue naciendo desde que vi por primera vez el anime… y que ahora, me atrevo a escribir… espero que les guste, tratare de actualizar, mínimo, una vez por semana…
ADVERTENCIA: Esta historia es rated M, por lo que contendrá, situaciones SEXUALES y de violencia, además de lenguaje vulgar, de manera explícita, y no por eso recomendar cada una de ellas… Se recomienda discreción ;)
Este capítulo va dedicado a Marikosamadait...
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Kagome se despertó muy a su pesar, después de un sueño, y aun después de tres semanas, su cuerpo no sé acostumbraba al duro entrenamiento al que estaba siendo sometido.
Ryutaro sensei, había sido especialmente duro con ella, provocando su rabia, intentando hacerla desistir, entrenando con más dureza, castigando con más facilidad, y por desgracia, su ahora amiga Yumeko chan, estaba pagando los platos rotos, ya que la ser su compañera de entrenamiento, era tratada con la misma dureza.
Kagome había mejorado en eso días, su manejo del reiki, aprendiendo a sanar pequeñas heridas y a reponer su cuerpo del agotamiento extremo en el que terminaba.
Su sensei, Ikki Koyama, además de joven, era un pozo de sabiduría, experto en hierbas medicinales y remedios, le había enseñado a manejar su energía, y la aconsejaba constantemente con sus deberes, sanando su cuerpo después de terminar su entrenamiento, para que pudiera prestar atención a sus clases. Ella y Yumeko, lo admiraban, como un par de colegialas deslumbradas con su conocimientos y belleza.
Todos esos días, había entrenado con el arco y con katana, y a pesar de que con el arco tenía un poco más de experiencia, resulto al final que aprendía rápidamente los movimientos de la katana, incluso su Abuelo Yukito, decía que era algo natural en ella ya que desciende de grandes espadachines.
En cuanto al protocolo y la música, no había tenido problemas, su madre le había dado una buena educación, y durante la escuela había tenido clases obligatorias de apreciación musical. Solamente en el estudio de la caligrafía y poesía, tenía muchos problemas, siendo regañada constantemente por sus maestros, a los que trataba de tenerles toda la paciencia del mundo.
Sé quedó unos minutos más recordando, acostada en su futon, antes de que sus doncellas Misora y Miwa, vinieran a despertarla para comenzar su día.
Esa noche había tenido un sueño, muy distinto a todos aquellos que había tenido hasta ese entonces, despertando antes de lo acostumbrado.
En su sueño, veía claramente un cuerpo fibroso, de músculos hechos a base de peleas, de una hermosa y pálida piel, algunas hebras de cabellos color plata, se colaban hacía su pecho, pensando en ese instante, que era Inuyasha.
Él la atrae hacia él, acomodándose entre sus brazos, y es cuando se da cuenta de las marcas color magenta, en sus brazos y en los costados de su torso, bajando por su aparente desnudo cuerpo.
Pero antes de que ella diga su nombre, reconociendo a Sesshomaru, en su sueño él la besa, apasionadamente, comiendose sus labios, probando la dulce miel que venía de ellos, absorbiendo su aliento, dejándola agotada, deseosa de más.
Sesshomaru, prácticamente le arrancaba la ropa de su cuerpo, mientras ella intentaba ayudarle, acostandola sobre el piso, poniéndose entre sus piernas y comenzando a besar cada pedazo de piel, que ardía bajo sus manos largas, coronadas de letales garras, que hacían la delicia mientras pasaban por el sensible cuerpo de ella.
Sesshomaru se queda observándola, con mucho amor en sus dorados ojos, y Kagome sentía morir de alegría, al sentirse amada de esa manera.
Y de esa manera, él la tomó, enterrándose en ella, provocando una oleada de placer, que no supo, cómo no la había despertado, aferrándose, tal vez, a ese maravilloso sueño.
Kagome se abrazaba a su fuerte cuerpo, siguiendo las sensuales embestidas, gimiendo ruidosamente junto con él, besándose mientras sus manos sé exploraban libremente, hasta que sus cuerpos no pudieron más y culminaron en un intenso orgasmo, que Kagome disfruto, aun estando dormida, provocando que derramara un par de lágrimas, mientras continuaba en la inconsciencia.
Aun después, continuaron acariciando dulcemente, disfrutando aun los resquicios de la pasión desbordada.
Al final, con suavidad, Kagome despertó de ese extraño sueño, quedándose quieta sobre su futon, pensando y suspirando.
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Sus amigos en el Sengoku, se habían dedicado a reconstruir la aldea, haciéndola más segura para sus habitantes, mientras Kaede sama, planeaba tener un pequeño almacén de todas las hierbas necesarias para medicinas y remedios, en caso de otra guerra.
Miroku le había pedido a Sango, que ambos se unieran como marido y mujer, cosa que Sango aceptó, pero con la condición de no tener hijos, hasta que Naraku fuera derrotado, para que ninguno fuera utilizado como rehén, cómo había hecho con Kohaku, ni nacieran con el Agujero negro en sus manos.
Miroku en un principio le había parecido algo triste, pero al final concordó, en que era injusto que sus hijos nacieran con esa maldición, recurriendo al futuro, para que Sonomi sama, les enviara, ese método del que le había hablado Kagome a Sango en alguna ocasión, recibiendo varios paquetes de píldoras, y las instrucciones claras de cómo usarlas, sin que supiera Inuyasha lo qué significaba todo aquello, siendo solo mensajero y mandadero en esa ocasión, para sus pocas pulgas.
Kouga había llegado varios días después de que sé fuera Kagome, junto con Ayame y algunos de sus guerreros, entre los que venian su leales amigos, Ginta y Hakaku.
Se habían enterado de la pelea que había ocurrido y de que Naraku continuaba vivo, sin saber que había sido sellado, así que iban a apoyarlos en la batalla.
Todos les narraron con lujos de detalles, lo que había sucedido y de cómo Kagome viajó a través de un portal, para irse a entrenar.
Kouga y Ayame estaban cada vez más sorprendidos, preocupándose de que en un cercano futuro, Naraku pudiera derrotarlos a todos, ya que ni el gran Daiyoukai del Oeste, había podido hacer mucho en ese momento.
Inuyasha les pidió entrenar duramente, ya que la batalla que se acercaba estaria, por demas, dificil.
_ Oye aliento de perro, más te vale entrenar duro, porque no pretendo que me dejes toda la carga a mi .
Kouga se levantaba y paraba frente a él alzando el pecho y cerrando los ojos, mientras sonreía socarronamente.
_ ¡Keh! ¡sin tus fragmentos de la perla de Shikon, haz perdido todos tus poderes, lobo sarnoso, así que dudo que siquiera pases de los primeros cinco minutos…
_ ¿Me estas retando, Bestia?...
Y comenzaron a pelear, mientras Ayame y los demás, acostumbrados a sus escándalos, los ignoraban platicando de otras cosas, mientras bebían té caliente.
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En el palacio de las tierras del Oeste, todo marchaba, aparentemente, como siempre. Solo que Sesshomaru, junto con sus tres Generales más fuertes, comenzaron poco a poco a reforzar sus fronteras, manteniendolas vigiladas con soldados de sus entera confianza.
Todos los días, Sesshomaru, juntos con los demás youkais de su ejército, entrenaban, para una batalla futura, incluyendo a Shippo, él cual había puesto todo su entusiasmo y empeño, para poder ser de utilidad.
Rin y él se habían convertido en buenos hermanos, durmiendo juntos todos los días, a pesar de que Jaken se empeñaba en separarlos.
Shippo había prometido que la cuidaría y eso incluía las noches, cuando Rin tenía pesadillas sobre la muerte de sus padres, y la falta de Kagome, había provocado que esas pesadillas volvieran con regular frecuencia.
Juntos tomaban clases de literatura, caligrafía, Rin aprendia a bordar sobre seda y Shippo había elegido pintar.
Sesshomaru había decidido que ambos continuarán con sus estudios, ya que al ser sus protegidos serían por lo menos bien educados, así no denigraban la Casa de la Luna.
Pero aunque lo negara, sentía orgulloso del avance y la aplicación de esos dos chiquillos, que estaban poniendo su mundo de cabeza.
Aun así Sesshomaru se sentía de cierto modo, molesto, pues con más frecuencia de la que hubiera querido, pensaba en esa Miko, ya que el aroma de su cabello y la suavidad de su cuerpo se habían grabado en su memoria, y su Bestia, continuamente lo torturaba con lúcidos recuerdos.
Había comenzado la costumbre de salir al balcón de su habitacion, y oler el aire, buscando su aroma, que ya había desaparecido por completo de esa época.
Su Bestia gemía triste, cómo un cachorro abandonado, y él llegaba a sentir su tristeza junto con él, enojandose de inmediato por pensar tantas boberías.
Intentó estar con otras hembras youkais, para calmar la ansiedad que crecía poco a poco en él. Pero después de las primeras dos, se rindió voluntariamente, pues en vez de terminar satisfecho, acababa enojandose más.
Después de tres meses más en Rakuen no Ippen, Kagome visitaria por primera vez al Oráculo.
Su Abuelo Yukito y Raiko, estaban emocionados y nerviosos al respecto, pues la visualización del futuro no siempre era algo bueno.
Ese día, desde que amaneciera, Kagome tendría que comenzar a meditar en una hermosa cascada a las afueras del pueblo. Pensar en todo, analizar sus recuerdos y al final, poder desprenderse para estar en absoluta paz consigo misma.
A orillas del pequeño estanque, Miwa y Misora, desataron su largo cabello, desataron su kimono y la dejaron solo con una delgada yukata de suave algodón color blanco.
Sé alejaron del lugar dejándola sola, y ella entró a la fresca cascada, que no caía de una manera tan dura, pero que la inducía a un suave sopor.
Poco a poco comenzó a volar entre sus recuerdos, en las sensaciones que su cuerpo estaba teniendo últimamente, físicamente hablando, pensando que su cuerpo estaba transformándose en el de una mujer, día con día.
Pensó en su madre, en las historias que su Padre y su Abuelo le habían contado de ella, de esos días en que visitaba Rakuen no Ippen.
Sus pensamiento viajaron a los días que llevaba alejada de todos, donde había conocido gente nueva, donde había hecho nuevos amigos, cómo Yumeko, cómo sus bellas doncellas a las que había comenzado a querer mucho, en Ikki sensei, que había sido un gran mentor, y también en Ryutaro sensei, que aunque no le agradara, no podía negar que le había enseñado a ser una buena guerrera, pues en ese corto tiempo, había alcanzado a algunos Guerreros que ya llevaban un par de años más que ella.
Al terminar de pensar en todo, se hundió en un vacío pacífico, que le ayudó a no sentir más miedo, a no sentir más dolor, a no extrañar, a no amar; solo paz mental y física, que era como una pausa a la vorágine de su vida.
Nadie podía interrumpirla, ni acercarse al estanque, hasta que estuviera preparada. Pero de lejos, sus doncellas, Yumeko chan y Raiko sama, disfrutaban de la bella vision.
Kagome, en posición de flor de loto, bañada por la cristalina cascada, mientras su suave energía espiritual, se iba expandiendo, cómo cuando algo cae en agua quieta, y los círculos van creciendo hasta cubrirlo todo.
Todo a su alrededor sanaba, sé veía más bello si se podía, los que eran testigos, sentian la calidez del reiki de Kagome, y del gran poder que había en ella, sonriendo orgullosos.
Al atardecer, su energía fue regresando a su cuerpo, y al final abrió los ojos, indicando a Misora y Miwa, que estaba lista para salir.
La vistieron con un kimono color gris, bordado con grullas y nubes color blancas, y después de vestirse, Raiko y Yumeko se unieron a ella, para acompañarla a ver al Oráculo.
Kagome no sabía qué esperar, había leído historias donde describian oráculos, había visto películas en su tiempo. Pero aun así, sé moría de curiosidad por saber cómo era en realidad un Oráculo.
Cuando llegaron al templo, entraron a una cámara, bellamente decorada e iluminada, con cojines de seda y terciopelo de color dorado y azul, esparcidos por el suelo de madera, y se hinco en seiza a esperar. Raiko y las demás, se habían quedado afuera, pues su visita sería personal.
Entró una mujer bajita, de kimono gris opaco, como los de la servidumbre y de aspecto mayor, con un servicio de Té, y se inclinó hasta tocar con su rostro la superficie del tatami, intentando servirle, sin siquiera mirar a Kagome Hime, incomodandola, pues odiaba ese servilismo exagerado.
_ Obachan, por favor, no se incline de esa manera ante mí, ya que yo también soy una simple servidora de la casa de mi Abuelo.
La anciana alzó su rostro mirando directamente a los ojos, dando un rápido salto felino, hacía atrás, que dejó completamente sorprendida a Kagome, que no podía creer la agilidad de la anciana.
Pero el cabello se comenzó a soltar y a crecer de manera descontrolada, volviéndose de un singular color cobalto, mientras el rostro rejuvenecia lo suficiente, dejando de ver un rostro pálido, de mejilla sonrosadas y labios rojos, y unos grandes ojos color verde; sus ropajes cambiaban a un hermoso Kimono uchikake, que dejaban ver sus blancas manos, rematadas con unas filosas garras de oro, que le recordaron a Kagome a las deidades Tailandesas.
_ Kagome Hime, yo también soy una servidora de su casa…
Y se inclinó ante ella, orgullosa de la humildad de esa jovencita.
Se movió alrededor de ella, sin siquiera oír el arrastre de la seda de su elaborado kimono, cómo flotando, mientras las filosas garras, tocaban su cabello, su piel, alabando su belleza.
Kagome no sé sentía incomoda en absoluto, era tan extrañamente pacífica, una criatura atemporal, sin ningún tipo de malicia.
El Oráculo la miro a los ojos, y se hundió en un pequeño trance, que para Kagome pareció un instante, pero que ella vivía en su mente, en tiempo real.
Cuando volvió, Kagome, vio la tristeza en su rostro, la pesadez de su cuerpo al avanzar hacía sus almohadones y sentarse con evidente cansancio.
Kagome se asusto, pues seguramente no era nada bueno.
_ ¿Está bien?... ¿sucede algo?...
El Oráculo la miro, poniendo de inmediato una sonrisa en su rostro…
_ Kagome Hime, el futuro es taaan caprichoso, solo ciertas cosas están escritas, y al parecer este, que he visto en sus ojos, es el mismo que compartimos todos los de Rakuen no Ippen…
El Oráculo la tomó del rostro y la acercó al suyo, pegando sus frentes…
_ Kagome Hime, no debe rendirse… su futuro al regresar con los suyos, será muy bueno si logra destruir la perla de Shikon… ese no está del todo escrito, pues de una Traición dependen muchas cosas…
El Oráculo se separó de ella, con la mirada perdida, murmurando muchas palabras que no entendía…
Pero de repente, la mujer volteó de nuevo, mirando directamente a los ojos, transformándose los de ella en un opaco color negro, y la voz del Oráculo cambió por completo, escuchandose de su boca, como si muchas voces de diferentes tonos hablaran al mismo tiempo, mientra su energía se elevaba, moviendo sus largos cabellos, mientras su blanca piel brillaba de un color plata…
_ Los amantes vencerán por completo… una parte de youkai, una parte de ningen, completandose y destruyendo el sello… pide el deseo correcto Kagome Higurashi, si no tu maldicion sera vivir, viendo sufrir a los tuyos…
Kagome se asusto, mientras veía en su mente, cabellos plateados, destrucción, muerte, sin saber dónde estaba exactamente.
_ ¿Me temes Miko?...
Y el Oráculo cayó sobre ella, completamente desvanecida…
Tres sacerdotisas entraron de inmediato, para auxiliar a su mentora, acomodandola entre los mullidos cojines, mientras el corazón de Kagome intentaba volver a la normalidad.
_ Himiko no kimi, ¿se encuentra bien?...
Y le daban a oler sales y tratar de sanar con su reiki, mientras otra de ellas, estaba al pendiente de Kagome.
_ Mis niñas, estoy bien, déjenme a solas con Denka Kagome…
Otra vez el Oráculo, había vuelto a la "normalidad" su voz sonando igual de dulce que al principio, y su blanca piel volviendo a su color original.
_ ¿Segura que se encuentra usted bien, Himiko sama?...
Kagome, al menos ya no temblaba, pero aún no se recuperaba de la conmoción.
_ ¡Oh pobrecilla! ¡Mí querida princesa! sus manos están heladas y su piel pálida… No debe temer, Kagome Hime, cómo le dije, el futuro es caprichoso…
El Oráculo, la abrazó apoyando su rostro en su generoso busto, mientras Kagome abrió los ojos sorprendida por el gesto, que la tomó por sorpresa.
_ ¡Oh mi princesa, su amado está esperando por usted! Aunque ni él mismo lo sepa aún… tan caprichoso, tan enigmático, un digno heredero de la sangre youkai que corre por sus venas.
De nuevo tomó su rostro entre sus manos, mirando fijamente los azules ojos de Kagome.
_ Kagome Hime, ¿sabrá reconocer a su amado?
Y Kagome, con los cachetes aplastados, trataba de responder que sí.
_ Bueno princesa, deseo que brindemos con Sake, el habernos conocido…
El Oráculo, pide sake a una de sus Mikos, que de inmediato salen para cumplir sus deseos…
_ Himiko sama, ¿ podría decirme, quién será el traidor de Rakuen no Ippen?... Tal vez, yo pueda…
_ No querida, cómo también te dije, hay destinos que no se pueden cambiar, y ese es uno de ellos. Pero ya te enteraras, pues es un hombre cercano a ustedes…
Himiko no kimi, sé detiene a pensar si debería tal vez, decir algo… por lo menos advertirle… pero una fugaz visión, le trae a su mente el veneno y el pozo inservible… y al ver un pequeño palito flotando en su té, sabe que es un buen augurio…
_ Kagome Hime, solo te puedo decir, que debes de ser muy valiente, aprender cuanto antes, todo lo que sé te enseñe, y como ultima opcion pensar en el pozo inservible, ya que te puede salvar… ¡ Y ahora bebamos princesa! Hoy eres mi invitada de honor…
El Oráculo, permitió que pasaran Raiko y Yumeko, que iban con un rostro preocupado, pero que sintieron una gota de sudor bajar por su rostro, cuando vieron al Oráculo sonreír alegre, al grito de ¡Campai!, mientras Kagome los veía más confundida aún.
La visión del veneno era para ella misma, y sé sentía alegre al respecto, pues el Tiempo, les permitiría escapar a sus sacerdotisas y a ellas, de la tortura a la que serán sometidas. Por eso estaba alegre, por ese invitó a cenar a los príncipes y a la Onna Yumeko, incluso le habían dado ganas de brindar con Sake.
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Nadie más que el Oráculo sabía lo que vendría después, y mientras se acostaba Kagome, no dejaba de pensar en sus palabras.
Su padre le había contado, que el pequeño tiempo en que ella entraba en trance, vivía todo lo que predecía en tiempo real, siendo algo, doloroso y triste.
Como siempre, Kagome sintió empatía, por la rara y bella mujer, cuyo don podía ser también una penitencia.
¿Quién sería el traidor de Rakuen no Ippen? ¿acaso sería capaz de liberar a Naraku con tal de tener poder?
A su mente vino Ryutaro sensei, y cómo desde un principio se había declarado su enemigo… ¿sería él?
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Había pasado un año desde que la Miko se había marchado, y Sesshomaru se sentía orgulloso de haber superado el encaprichamiento de su Bestia, que había decidido dormir una vez más.
Ese día iba en compañía del Kitsune y de Rin, junto con Jaken y su dragón de dos cabezas, ya que habían insistido mucho en ir a la aldea de Kaede sama, diciéndole, que al estar dentro de los límites de las tierras del Oeste, tendría que verificar que todo estuviera bien. Obviamente, Sesshomaru no sé había tragado sus artimañas, pero necesitaba saber si había novedades, además de revisar el resto de la frontera.
Habían decidido ir caminando, para verificar que todo estuviera bien, siendo atacados en dos ocasiones por ogros y onnis, que habían pasado los límites, asaltando los pequeños pueblos de humanos, que comenzaban a crecer al resguardo del poderoso Daiyoukai.
Entre Sesshomaru, Jaken y Shippo, habían vencido, sintiéndose orgulloso Sesshomaru, de su joven aprendiz, que iba adquiriendo fuerza y técnica a la hora de luchar, aprendiendo a utilizar sus habilidades mágicas, que siempre entretenían a Rin.
Al llegar a la Aldea, avanzaron hacía la nueva cabaña de la Miko Kaede, asombrándose Shippo de la nueva planeación de la aldea, seguramente obra del monje Miroku.
Sesshomaru aun no había sentido el youki del hanyou, así que confianza avanzó hacía la cabaña, para saber si había alguna novedad.
Sango y Miroku, corrieron hacía la cabaña de Kaede, entrando segundos después de que Sesshomaru llegará.
_ ¡Okaeri nasai! Sesshomaru sama, Shippo kun, Rin chan…
Y actos seguido, Sango abrazo a los dos niños que había extrañado todo ese tiempo.
_ Shippo kun, has crecido bastante… Rin chan, tú también…
_ Arigato gozaimasu, Sango san…
Shippo en un año había alcanzado la estatura de un niño humano de diez u once años, la estatura que realmente debería de tener, ya que tenía cerca de cincuenta años, y que por la falta del youki de sus padres, no había logrado.
Pero su entrenamiento y su educación, habían hecho que el pequeño kitsune, creciera sanamente.
Rin también tenía casi nueve o diez años, pues al ser huérfana, ni ella sabía, pero según los cálculos de Kagome, cuando ella se fue Rin tenía entre siete y ocho años.
Kaede sama, estaba contenta con la alegría de ambos niños, que no dejaban de hacer preguntas, sobre si sabía algo de Kagome, o si la madre de ella sabía, e incluso de Inuyasha, que en esos momentos había ido al futuro por un cargamento de ramen y medicinas, que Sonomi, enviaba con regularidad, pensando en que esos serían los deseos de su hija.
_ Rin, Shippo, iré a revisar las fronteras nortes, regresaré en dos días… Kitsune, cuida bien de Rin…
Y sin despedirse de nadie más, después de enterarse de todo lo que le importaba, Sesshomaru se retiró, dejando ahí a los niños, seguro de que los cuidarian bien.
_ Bueno Shippo kun, cuentanos, ¿que tal te ha ido en la Casa de la Luna?...
Pregunto Miroku, muerto de la curiosidad, al que igual que Sango y Kaede. Kohaku les había contado alguna vez, que Sesshomaru, aunque siempre silencioso, era protector con los de su manada.
_ Lord Sesshomaru, es un Alfa increíble, es de cierto modo como Inuyasha, protector, fuerte, un gran líder, aunque con menos algarabía, y a cargo de muchísima más gente.
Con Rin y conmigo es estricto, pero justo, a ambos nos puso maestros, incluso de bordado para Rin y de pintura para mí...
Y sacó de una mochila que llevaba al hombro, algunos rollos con dibujos de todos, incluyendo uno de Kagome, que todos miraron con mucho cariño, admirados de la destreza de el niño Kitsune.
_ Además he entrenado muy fuerte todo este tiempo…
_ Si Shippo kun, percibo tu youki de una manera mucho más fuerte…
Le decía Miroku admirado del pequeño demonio.
_ Yo también les traje regalos…
Y tímidamente, Rin les entregó, un hermoso Obi color morado, bordado con muchas flores de todos los colores, para Sango, un cordel de hilos de seda morada, trenzado con hilos de oro y plata para el monje, e igual un cordel de hilos de seda negra, trenzado con hilos de oro y plata para Inuyasha sama y Kohaku kun, perfectos para sostener sus armas a sus obis.
Todos estaban admirados del hermoso trabajo manual de la pequeña Rin, pues se notaba el hermoso esfuerzo de sus manualidades.
_ Rin chan, muestrales el hermoso Obi que estas bordando para mamá…
Y Rin, algo sonrojada, sacó de su mochila, un hermoso obi de seda dorada, tejida con hilos de oro, sobre el que estaba bordando arabescos y flores en hilos color marfil, algo digno de una princesa.
_ Rin chan, hija, esto es bellísimo…
Y Kaede sama y Sango, no podían dejar de admirar la bellísima tela y el hermoso trabajo de la pequeña, que sabían que Kagome amaría, más que cualquier cosa en ese mundo; mientras Miroku, pensaba, en que había motivado al Daiyoukai, para darle esa finísima tela a Rin, sabiendo que sería un regalo para la que consideraba su madre.
_ Deberían también de ver el cuadro que está haciendo Shippo kun, con hermosas pinturas de agua, mi Madre se ve bellisima en él. Y lo está haciendo para que los dos no la extrañamos tanto, y cuando ella regrese, ella sé lo pueda regalar a su madre.
Todos continuaron platicando, y estaban a punto de cenar en la cabaña de Kaede sama, cuando regresó Inuyasha, que al salir del pozo, sé asombro de sentir un youki, desconocido y al mismo tiempo familiar, venir de la aldea, y se apresuró, pensando en algún demonio molestando a los habitantes.
Cuál fue su sorpresa, al detectar el vago aroma de su hermano, comprendiendo entonces, que el youki que sentía, era de Shippo, sonriendo para sus adentros, orgulloso de los logros de ese chiquillo.
_ ¡Oi! ¡Mocoso! vaya que haz crecido...
Y con una de sus manos sacudió el cabello de zorrito, que se alegraba de ver a su amigo.
_ Rin chan, ¡okaeri nasai!...
Y ella corrió y le dio un abrazo, pues todo el tiempo que había vivido en la aldea, se había encariñado con el hermano del que consideraba su padre, llamándolo tío, solo para molestarlo.
_ ¡Hola Tío Inuyasha! te he extrañado todo este tiempo…
Y todos se rieron de las ocurrencias de Rin y del rostro de sorpresa de Inuyasha.
_¡Keh! ¡te he dicho que no me llames tio!
Pero por dentro, se sentía bien, ser parte de una familia, poco común, pero al fin de cuentas familia.
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_ Kagome Hime, luce usted bellísima…
Misora y Miwa, la miraban extasiadas, juntando sus manos y apoyandolas sobre sus mejillas mientras sonreian extasiadas.
_ ¡Arigato! pero el esfuerzo a sido suyo, pues me han sabido arreglar de la manera más espectacular.
Kagome esa noche, usaba un kimono color rojo de varias capas, bordado con hermosos detalles en dorado y negro al igual que su obi y sus largas mangas que arrastraban en el suelo, a pesar de los okobos de quince centímetros que estaba usando esa noche.
Su cabello había sido bellamente peinado, con hermosos kanzashis de oro y grandes peinetas que semejaban una corona, de la que salían hermosos rayos de sol.
Su rostro solo había sido ligeramente maquillado, con una delineado estilo cat-eye sobre sus párpados y un rubor rosado, difuminados sobre sus sienes y mejillas, además de poco labial sobre su boca pequeña pero de labios carnosos en forma de corazón. Kagome por primera vez pensó que realmente parecía una princesa.
Esa noche tocaría por primera vez el Erhu frente a todos, pues era una tradición, que las mujeres de Rakuen no ippen, en edad casadera, hicieran esa presentación en sociedad, para que sus parejas destinadas, reconocieran esa cancion que ellas tocarian.
Algo arcaico, para el gusto de Kagome, pero viendo toda la clase de magia que se movía a su alrededor y que antes no había notado, no sé extraño, que la música fuera el medio para unir a dos almas destinadas a estar juntas, al fin de cuentas su abuelo Taiga decía, que "matrimonio y mortaja, del cielo bajan".
Su presentación, sería mero formalismo, pues, su pareja no era de ese mundo. El "hombre" al que estaba destinada, sé encontraba en el Sengoku jidai.
Así que había decidido tocar la canción favorita de sus padres, esa que su madre tocaba en su Biwa Satsuma, cuando el sol se metía, pensando en su padre.
Cuando Kagome entró al gran salón, donde todos los invitados de su Abuelo estaban reunidos, se quedaron en silencio, admirando la belleza de la princesa.
Su padre, Raiko y su abuelo el Shogun Yukito, la miraban hinchados de orgullo, por la belleza de su sangre y juntos la invitaron a sentarse con ellos.
Una por una, las doncellas comenzaron a tocar sus instrumentos, ofreciendo un hermoso recital, que Kagome admiro extasiada, mientras su Padre y su Abuelo, hacían comentarios silenciosos con los maestros de cada una, alabando sus enseñanzas.
Su amiga Yumeko, lucía hermosa, en medio del escenario, tocando el bello Koto que había heredado de su madre, y lo hacía con mucho amor, sin esperar que a nadie de los presentes les llegara su música, si no deseando que llegara al más allá, donde descansaba el alma, de ese a que tanto había amado.
Al final, llegó el turno de ella.
Sé sentó en medio del escenario, y con una tranquilidad que invade a todos, comenzó tocando suavemente, la canción que había estado ensayando todo ese tiempo.
(* Escuchar "Lovers" de Jia Peng Fang, en youtube)
Raiko, sé sentó derecho, tensando su espalda, con el rostro duro, pero sus ojos brillando de emoción, pues era la canción, que su amada Sonomi, siempre tocaba para él.
Kagome abrió los ojos, sin dejar de tocar, transmitiendo todo el amor que sentía por su familia, por el amor que sentía su madre aún, al recordar a su padre, por el que sentía tanto amor y confianza, como si nunca se hubiera ido de su lado.
Pensó en sus hijos, en su hermano Souta, en sus amigos, en Inuyasha y Kikyo… Pensó en Sesshomaru, y en cómo había invadido sus sueños, durante los últimos meses, siendo más consciente del erotismo del que era capaz su cuerpo.
Mientras tocaba, alguien había dejado inconsciente a los guardias del Templo, buscando la ubicación de la tinaja donde estaba encerrado Naraku, para saber con qué clase de sello tendría que trabajar.
Todo estaba planeado… robaría parte de los archivos, y más adelante, cuando pudiera liberarlo, le haría un trato a Naraku, ofreciéndole, no sólo el mundo, si no cualquier universo.
Al fin saldría de ese estúpido pueblo, donde se había convertido en sirviente y niñera, de una estúpida princesita.
Prepararía todo cuanto antes, para evitar que Kagome Hime, se volviera aún más fuerte, física y espiritualmente.
El Oráculo se dio cuenta en ese instante, que todo había comenzado, mientras veía tocar a Kagome Hime, y supo de nuevo, que había destinos que ya venían escritos y no sé podían cambiar… Ojalá Kagome recuerde saltar por el viejo pozo, si no, todo estaba realmente perdido…
Después de que Kagome terminara de tocar el Erhu, se dispusieron a cenar, felicitandola todos, a ella y a su Padre, incluso su Abuelo, no dejaba de decir los hermosa que había lucido en medio de ese escenario.
_ Mago, estoy segura de que si tu "Hombre" hubiera estado en este salon, hubiera quedado hechizado…
Su Abuelo le había dicho al oído, mientras ella pensaba en que hubiera hecho Inuyasha, si le hubiera gustado su música, o Sesshomaru… Ambos eran muy orgullosos y no darían su brazo a torcer tan fácilmente.
Y en su mente, Kagome se quejaba con Kami Sama, por haber elegido a un orgulloso Taisho, cómo el amor de su vida, ¿tendría que cambiar ella? o ¿tendría que cambiar él? cualquiera de los dos, que llegara a ser.
Ryutaro sensei se acercó, con una risa burlona en su rostro, aplaudiendo de manera casi sarcástica.
_ Felicidades, Ka-go-me Hime, ya veo que le ha puesto más dedicación a la música, que ha mis entrenamientos, ahora entiendo su falta de disciplina…
Ese viejo agrio, ya estaba intentando arruinar su noche, pero esa vez no lo lograría, ese día ella era una princesa y no caria en sus provocaciones.
_ Ryutaro sensei, okaeri nasai, gracias por haber asistido a mí presentacion…
La voz de Kagome fue la más dulce, su rostro sumiso y sonriente, mientras bajaba su cabeza agradeciendo su asistencia, recordando las palabras que le había dicho el Oráculo.
Ryutaro sonreía divertido, pues esa pequeña arpía sabía dar golpes con guante blanco.
_ Sensei, que bueno que haya podido venir.
Y Kagome se sorprendió al ver que su padre, lo saludaba con tanto respeto.
_ Kagome Hime, felicidades por su presentación…
Y Kagome se alegro, al fin de ver un rostro menos amargado y que la felicitaba con sinceridad.
_ Arigato gozaimasu, Koyama sensei, bienvenido…
Lo que no vio Kagome, es cómo lo miraban Yukito, Raiko y Ryutaro, pues no confiaban para nada en Ikki Koyama. Era taimado, como una víbora a punto de atacar, y sabían que todo ese tiempo él los seguía culpando por todas sus desgracias.
Ikki Koyama había quedado huérfano y gravemente herido, después de que atacaron su aldea, en una cruenta batalla en la que tuvieron que intervenir los Samurai de la Noche.
Raiko lo había recogido, llevándolo con ellos, pensando en criarlo y enseñarle, darle una vida y que no se sintiera solo.
Poco tiempo después, él conoció a Sonomi, y no sé dio cuenta con el odio arraigado que iba creciendo Ikki san.
No le agrado cuando se hizo aprendiz de la Alquimista, una increíble maestra de posiciones, remedios herbales y con grandes conocimiento de botánica y química.
Pero por desgracia, la contraparte del Oráculo, siempre intentando poner en contra a la gente, ignorada, relegada pues siempre juró que su canción la había escuchado el shogun Yukito, solo que no fue lo suficientemente bella para él.
Encontró en Ikki san, el prefecto alumno, abusando de él psicológicamente, utilizando su odio, envenenadolo aún más.
Ikki san creció en belleza y en conocimiento y mató a su maestra, cuando no pudo más y exploto… solo Raiko Y Yukito sospecharon de que él había sido el asesino, aunque su rostro de ángel, demostrara lo contrario.
Aun seguían sin confiar, solo que esta vez, no tenían idea, que esa misma noche, Ikki Koyama, tenía en sus manos las llaves del infierno y que pronto cobraría la peor de las venganzas…
A partir de ese día, apartaron a Kagome de su lado, delegando al Oráculo, su formación espiritual, tratando de evitar cualquier contacto que tuviera Ikki Koyama con ella.
Pero eso al Traidor no le importaba, pues así, sin ojos curiosos a su alrededor, podría ir preparando el sello, que tenía que ser expuesto a Seis lunas llenas, cinco lunas nuevas, cuatro menguantes y tres crecientes, para adquirir el suficiente poder y romper el que estaba puesto.
Y se reía al pensar lo fácil que sería derrotar a todos, incluyendo a Kagome, que en un año y medio más no aprendería lo suficiente para derrotar a Naraku.
Todo era tan fácil...
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Bueno aqui tienen un capítulo más… ¿les gusto?
Opinen con confianza, además espero que hayan escuchado mi sugerencia musical, y que les haya gustado tanto como a mí…
Quiero aprovechar este espacio para saludar a tod(a)s que me escribieron esos hermosos reviews y que me agregaron a sus favoritos y follows…
Asia 12
lauram1702
okita kagura
damalunaely
Akane Ackerman
yoce
sameth
OsitaRaw
Nena Taisho
Rocio, que fue el primer review…
MUCHAS GRACIAS ;)
Desde aquí, quiero mandar mi apoyo a Marikosamadait, diciéndole, que es una de mis autoras favoritas, y pidiéndole que no se deje vencer…
DIGAMOS NO, AL PLAGIO DE HISTORIAS...
Y si ven la mía por ahí, fuera de fanfiction y con otro nombre que no sea este, haganlo saber…
Les mando un abrazo supercalifragislisticuespialidoso, hasta donde estes… ;)
YOI MINO
