DISCLAIMER: Los personajes del Manga INUYASHA, son creación de Rumiko Takahashi.
ADVERTENCIA: Esta historia es rated M, por lo que contendrá, situaciones SEXUALES y de violencia, además de lenguaje vulgar, de manera explícita, y no por eso recomendar cada una de ellas… Se recomienda discreción ;)
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Sesshomaru se sentía molesto con su Bestia, por reclamar a la Miko, como suya, él no estaba de acuerdo, aún no estaba seguro de lo que sentía.
La observo, aun oculto entre la oscuridad, mientras Kagome sollozaba con tristeza.
Recordó lo contado por su Padre, sobre las especiales armaduras, de aquellos Guerreros que alguna vez lo ayudaron a cambiar el curso de la historia, por ese motivo, no la sentía, no la olía.
Pero su armadura estaba dañada, había escapado sangre de ella, dándole un rastro que seguir a su Bestia, y comprendió que había tenido que luchar contra Naraku, para llegar al Sengoku.
Decidió acercarse, cuando vio, que de entre las rocas, donde seguro había una cueva, salió otra mujer, de la misma altura que la Miko, con la misma armadura, pero de cabellos dorados, de la que tampoco sentía aroma, ni presencia.
"Hay que acercarnos, tenemos que proteger a la Miko, ella es nuestra responsabilidad…"
_ No Yako, ella no es nuestra, entiendelo, nosotros no tenemos corazón, no podemos dar lo que el Hanyou o alguien de su misma especie le puede dar…
"No es verdad Sesshomaru, nosotros sentimos, nosotros queremos, nosotros amamos."
Pero eran inútiles las palabras de la Bestia en su mente, él era el gran Daiyoukai del Oeste, se resistía a creer que unas humanas, habían logrado cambiar su naturaleza asesina.
ÖÖÖÖ
Yumeko se despertó sobresaltada, dándose cuenta que Kagome no estaba a su lado, saliendo de inmediato de la cueva para buscarla, y sintiendo tranquilidad al ver que estaba a salvo fuera de ella.
_ Yumeko chan, no puedo abrir la Jikan Geto…
Y entendió el motivo del triste llanto de su princesa, pues ya ninguna de las dos podría regresar a Rakuen no ippen.
Entraron nuevamente a la cueva y después de revisar nuevamente la herida de Kagome, ambas descansaron un poco más, para recuperar energías, pues a primera hora tendrían que ponerse en camino, hacía la aldea donde estaban los amigos de Kagome y poder buscar a Naraku, pues había poco tiempo para derrotarlo.
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Toda la noche, Inuyasha había intentado localizar el aroma de Kagome, incluso su energía, pero todo había sido inútil.
Sintió una triste desesperación, invadir su corazón, pues no quería siquiera pensar, que Kagome y su gente, pudieron ser asesinados por Naraku.
Los demás no habían dicho nada, pues imaginaban lo mismo y querían evitar pensar en la muerte de su amiga, concentrándose solo en los preparativos de su viaje, pues en cuanto amaneciera partirían en busca del rastro de Naraku.
_ Sango, mi amor, ¿estás bien?...
Sango se había quedado más tiempo del normal en el riachuelo, pues la tristeza la había sobrepasado, ya que no podía creer que su amiga hubiera muerto.
Miroku abrazo a Sango, confortando a su mujer, triste también por su amiga de aventuras. Y en medio de la oscuridad, ambos se consolaron, haciendo el amor, tratando de sobrellevar la tristeza.
A la mañana siguiente, partieron en cuanto salió el sol, dejando en la aldea a Kaede sama y a Rin a salvo, con los soldados que sé Sesshomaru había enviado, y que habían creado una guardia permanente.
Inuyasha iba corriendo, con Miroku a un lado de él, sorprendido como siempre de la fuerza sobrenatural de su amigo, mientras Sango y Kohaku, iban montados sobre Kirara.
Avanzaban a prisa hacia el norte, donde habían sentido la última explosión de youki. Inuyasha iba decidido a pelear a muerte, esta vez harían todo por vencer a Naraku, incluso dar sus vidas por ello.
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Sesshomaru les había ordenado a Jaken y a Shippo, retraer su youki, obedeciendo de inmediato, pues veían que su Alfa estaba al acecho de algo, aunque aún no sabían de qué, pues aunque Shippo traba de sentir algo, no más no percibió nada fuera de lo normal.
Sé adelanto, mientras que ellos lo seguián, guiados por el olfato de Shippo y Ah-Un, mientras Jaken iba montado en el dragón de dos cabezas.
Cuando Kagome y Yumeko despertaron, después de comer algo ligero, decidieron subir a la cima del monte, donde estaba la cueva en la que se habían refugiado, pues quería Kagome, intentar ubicarse.
Yumeko le había propuesto viajar a su tiempo, con su madre, pero Kagome, con los ojos humedeciendo por las lágrimas, se negó, así que después de patear con su tsuranuki, los restos de la cenizas humeantes, comenzó a correr montaña arriba, seguida de cerca por Yumeko.
Sesshomaru, no había dejado de observarlas a ambas. vigilando en silencio, desde no pudieran observarlo.
Cuando Kagome vio el paisaje que se extendía a su alrededor, supo más o menos donde se encontraba, pero aun así, sentándose sobre el suelo, en posición de flor de loto, realizó una técnica que Himiko no kimi le había enseñado.
En silencio, trato de visualizar la energía vital de cada ser vivo que la rodeaba, localizando a una "corta distancia", la Aldea de Kaede sama, donde estaba ella y la pequeña Rin, pero ninguno de sus amigos, ni siquiera Shippo o Sesshomaru. Continuó con su técnica y a más o menos, medio día de camino, de donde estaban ellas, se encontraba Inuyasha y los demás.
Kagome abrió los ojos, con una leve sonrisa en su triste rostro, poniéndose de pie, mientras sacudía su trasero.
_ He encontrado su rastro, están a medio día de camino, hacia el Norte.
_ Entonces pongámonos en marcha Kagome Hime…
Yumeko, sé adelanto mientras Kagome, se quedaba en silencio de pie.
_ No hay necesidad de que me digas princesa. Yumeko, olvidémonos del protocolo, yo aqui solo soy una chica, igual que tú.
_ Entonces, vamonos, Kagome chan.
Y saltando entre los árboles, se pusieron en marcha, corriendo a gran velocidad, mientras Sesshomaru, quedaba asombrado, pues solo a Inuyasha había visto correr con esa velocidad.
Mientras las seguía, paralelo a ellas, separados por un ciento de metros, mientras Shippo y Jaken iban tras él, pensaba en su mirada triste mientras hablaba con la otra mujer, había escuchado sus palabras, gracias a su desarrollado oído, y le sorprendió que hubiera podido rastrear a los demás, sin la necesidad de extender su reiki.
Definitivamente esa Miko, había logrado volverse más fuerte de lo que ya era, antes de marcharse…
"Una digna hembra para nosotros…"
Otra vez Yako había despertado, solo para torturarlo, trayendo a su imagen, cada maldito detalle de su cuerpo y de su piel.
Sesshomaru, poco a poco estaba logrando ponerse de mal humor, pues por más que quería, no lograba someter a Yako y quitarle la terquedad que había agarrado por esa humana.
"Me niego, oyeme bien Sesshomaru sama, me niego a renunciar a ella"
Y Sesshomaru gruñía para sí mismo.
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Naraku había llegado a la era Sengoku, completamente deshecho, y herido, por culpa de la maldita Kagome.
El bastardo que lo había liberado, no le había dicho, que se había vuelto tan poderosa, y Naraku guardaba un inmenso rencor, mientras intentaba, lentamente, regenerarse.
_ Deberia de absorber la Perla y pedir un deseo Naraku sama…
Ikki Koyama, trataba de portarse de manera servicial, pues le convenía que Naraku estuviera en perfectas condiciones, para continuar con sus planes.
_ No cabe duda, de que alie con el más idiota de ese pueblucho de mierda…
Naraku, masticaba su rabia, mientras lo humillaba con los peores insultos, dándose cuenta, que ese humano no lo abandonaría, ya que no le convenía.
Pero Ikki Koyama soportaría, pues él tenía sus propios planes…
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Inuyasha y los demás, se habían detenidos en un claro cerca de un río a descansar y comer, antes de continuar el camino, pensando pasar ahí la noche.
Pero Naraku había dejado a un par de Abejas, que activarian una trampa, en cuanto ellos llegaran a ese punto, dejando caer de pronto un par de panales, de los que crecieron, dos demonios poderosos, que eran marionetas de Naraku.
De inmediato Inuyasha se puso en guardia, defendiéndose del primer ataque, que mandó a todos al suelo, después de lanzar una poderosa rafaga de viento.
_ ¡VIENTO CORTANTE!...
Y de esa manera hirió a una de ellas, dándole tiempo a los demás de levantarse, mientras que la otra, lo había mandado a volar de un manotazo.
_ ¡HIRAIKOTSU!
Sango y Kohaku, atacaban con sus respectivas armas, a la marioneta que había derribado a Inuyasha, mientras que Miroku, se había puesto sobre la primera, intentando absorber.
_ ¡KAZZANA!
Pero era tanto el miasma, que esta líbero, que de inmediato, su brazo se puso de color negro, alcanzando a sellarlo, antes de caer inconsciente.
_ ¡Miroku!
Y Sango intentó correr hacia él, seguida de Kohaku, mientras que Inuyasha, hacía un nuevo ataque, con su Colmillo de Acero.
Pero ambas extensiones de Naraku, se habían unido de manera rápida, paralizando a Sango, junto con Kohaku y Kirara, mientras volaban en el aire, cayendo irremediablemente.
Inuyasha, intentaba acercarse y rescatarlos, pero sería imposible, pues una de las marionetas, no le daba paso.
Sesshomaru, había percibido el olor de Naraku, solo una instante antes que Shippo, comenzando el kitsune a avanzar más deprisa y poder ayudar.
Cuando llegaron al límite del claro, Sesshomaru, decidió no avanzar más, permitiendo que su protegido, demostrara sus habilidades y rescatara a sus amigos.
Shippo de inmediato, montado en Ah-Un, junto con Jaken, había atrapado en el aire a sus amigas y a Kohaku.
Mientras que bajaba de un brinco, del dragón de dos cabezas, para poner a salvo a Miroku, que corría peligro de ser devorado por una de las marionetas.
_ ¡MEIDO ZANGETSUHA!
Kagome, llego justo para ver como Inuyasha y su hijo, serían atacados a traición, por la extensión que había sobrevivido, mientras los demás estaban inconscientes.
Así que sin pensarlo siquiera, avanzó más de prisa, para defenderlos, dándose cuenta, en ese momento, que Sesshomaru tenía la misma intención, pero que se había detenido justo a tiempo, para salvar un poco la dignidad.
Kagome dio un gran salto, sacando su katana.
_ ¡TAIYO!
Y de un solo movimiento, partió a la marioneta, mientras el reiki con el que estaba cargada su katana, lo purificaba, desapareciendolo por completo.
Yumeko, había puesto a salvo a Inuyasha y a Shippo, lanzándose sobre ellos, sacándolos de la trayectoria, del rayo de luz con el que pensaba atacarlos, la extensión de Naraku.
Inuyasha, había quedado debajo de ella, poniéndose rojo, como su ropa, por la belleza de Yumeko, mientras ella observaba por primera vez a un Hanyou, creyendo que sus orejitas eran adorables.
Cuando le ayudo a ponerse de pie, Inuyasha se dio cuenta de que la otra guerrero, no era otra más que su amiga de aventuras.
_ ¿Kagome?
_ ¿Mamá?
Y Kagome volteo a verlos, sonriendo por primera vez en muchísimas horas, contenta de verlos otra vez.
_ Hola Shippo… Hola Inuyasha…
Yumeko, se sorprendió de saber, que ese chico, que había llamado su atención, había sido el antiguo amor de Kagome.
Shippo corrió a abrazarla, sorprendiendose de no sentirla, era como abrazar un cuerpo sin vida, sintiéndose confundido por un momento.
Yumeko de inmediato comenzó a sanar a Sango y Kohaku, al igual que a Kirara, pero por Miroku no pudo hacer mucho, dándose cuenta, de que ocupaba con urgencia, los poderes espirituales y purificadores de Kagome.
Inuyasha, también se sentía confundido, por no sentir a Kagome, pues aunque sus ojos decían que era ella, no sentía su aroma, ni su energía, al igual que esa extraña mujer de cabellos dorados y mirada fría.
Sé había dado cuenta, de que su hermano había llegado a auxiliarlos, a punto de intervenir, cuando Kagome se adelantó, pero tampoco dijo nada, pues no le agradeceria por esa estupidez.
Kagome se agacho frente a su amigo, mientras Yumeko se encargaba de los demás, y se quitó el tekko, que protegía su puño y sus nudillos, dejando fluir su reiki, que aunque poderoso, seguía siendo igual de cálido, brillando de ese tenue rosa, que comenzó a rodearlos, saludandolos, purificando el brazo de Miroku, que de inmediato comenzó a sanar.
El youki de Sesshomaru, de inmediato, reaccionó ante el contacto del suave reiki de la Miko, que no lo iba a lastimar.
Su Bestia comenzó a removerse en su interior, mientras Sesshomaru, se controlaba, para no delatarse.
"Mia, Mia… es mia esa Miko"
Y Sesshomaru sentía un escalofrío de excitación, recorrer su cuerpo, ante al apasionado reclamo de su Bestia, sin discutirle nada esta vez.
Cuando sus amigos volvieron de su inconsciencia, de inmediato reconocieron a su amiga.
_ ¡Kagome chan! ¡Amiga!
Gritaba Sango emocionada y feliz, después de creer que su amiga había muerto. Miroku y Kohaku se acercaron junto con Shippo, y también se unieron al abrazo, pues una de los suyos había vuelto.
_ Kagome… me alegro que estes bien…
El corazón de Inuyasha, latía de felicidad, mientras la abrazaba, pues había sufrido al pensar, que la perdería a ella también, pues era su amiga, la primera además de su madre, que lo había querido a pesar de ser un hanyou, enseñándoles a Miroku y a Sango, que él era alguien en quien se podía confiar.
Pero durante ese abrazo, los sentimiento de ambos quedaron más que solucionados, dándose cuenta del amor que sentían, era solo como hermanos.
Kagome había trascendido en ese amor, dejándolo cómo la ilusión adolescente que había sido, dándose cuenta que las cualidades de las que se había enamorado, no eran las que él tenía.
Inuyasha, se dio cuenta que no la podía amar, de otra manera, más que como una hermana, pues ella se había convertido en su familia.
Las palabras que sé habían dicho la última vez, seguían siendo las mismas.
La Bestia de Sesshomaru, rugía furiosa en su interior, alterada por el abrazo de Kagome, con Inuyasha.
"¡Matalo!¡Esa Miko es Mía…!"
Pero Sesshomaru, se controlaba, ignorando a Yako, pues no mataría al Hanyou por un estúpido berrinche de su Bestia. Pero no dejaba de observar cada gesto de ella.
Era tan bella.
En esos dos años, había alcanzado su tamaño definitivo, luciendo su cuerpo más femenino y un poco más alto.
Su rostro más maduro, y con una mirada más adulta. Algo cansado y de mirada un poco triste, a pesar de la alegría de estar con los suyos, lucia hermoso, con los ojos más grandes y expresivos, que reflejan una gran fuerza interior, y su boca pequeña y sonrosada con carnosos labios en forma de corazón, con los que en muchas ocasiones, su Bestia lo había hecho soñar.
_ Kagome chan, deberíamos acampar aquí, aún no estás del todo recuperada, y necesito revisar tu herida una vez más.
Todos voltearon a ver a Yumeko y luego a Kagome, que no parecía que estuviera herida.
_ Ella es Yumeko chan, mi compañera de armas y una Onna Senshi no Yoru, igual que yo, y no sé preocupen, me siento bien, ya he sanado por completo.
_ Yumeko, ellos son el Monje Miroku, y mi amiga Sango, de la que te hable mucho, y su hermano Kohaku, que por cierto ya es todo un muchacho, él es Shippo, un youkai kitsune, que ha crecido bastante desde la última vez que lo vi…
Y Kagome volvió a abrazarlo, mientras, besaba sus cabellos cobrizos…
_ Él es Inuyasha Taisho, un Inu hanyou… y él es Lord Sesshomaru Taisho, medio hermano de mi amigo y Señor de las tierras del Oeste.
Sesshomaru, quería darse la vuelta y retirarse de ahí, pues se sintió molesto al ser nombrado junto al hanyou…
Pero Yumeko lo reverencio, mostrándole respeto y Kagome también, sonriendo de esa manera que siempre utilizaba, para jugar con él.
Siempre sorprendiendo…
_ Señorita Kagome, ¿que le parece, si Shippo, nos acompaña a recoger leña en lo que ustedes, se sientan y comienzan a preparar el campamento?
_ Lord Sesshomaru, ¿gusta cenar con nosotros?...
Y Sesshomaru, solo se dio vuelta, dejando a Kagome expectante y con un sentimiento de tristeza, pensando de tal vez Himiko no Kimi, se había equivocado esta vez.
De inmediato, encendieron un fuego y prepararon unos peces, que habían pescado Shippo, Kohaku y Jaken, para asarlos al calor de las brasas, cuando Sesshomaru regresó, trayendo un jabalí, ya desollado y listo para preparar.
Todos sentados, se quedaron con la boca abierta, mientras que Miroku y Sango, rápidamente se disponían a cocinarlo.
Solo Kagome lo miraba a los ojos, de manera tranquila y con un brillo especial en sus ojos, que lleno de amor el corazón de su Bestia, mientras él se volteaba y la ignoraba, sentándose al pie del árbol más lejano, pero a la vista de ellos.
Mientras cenaban, Shippo se sentó junto a su madre, contento de que al fin estuvieran juntos.
_ Shippo, mí cielo, haz crecido bastante, estas tan guapo…
Y Shippo, se sonrojaba mientras Kagome pasaba el brazo por su espalda y lo abrazaba con todo el amor que había acumulado ese tiempo.
_ ¿Cómo está Rin? ¿donde se ha quedado?...
_ Ella está bien mamá, también te extraña mucho y por el momento esta con Kaede sama.
_ Ya tengo ganas de verla.
Yumeko, estaba maravillada por la nueva faceta que conocía de Kagome.
Sabía que era una persona bondadosa y amorosa, pero ver la diversidad de su grupo y cómo todos cabían en él, era demasiado extraordinario, incluso el valor de atreverse a ser madre de un pequeño youkai y de una niña, a la que se moría por conocer, después de Kohaku asegurara, que era tan parecida a Kagome, que parecía que ella hubiera salido de su vientre.
No perdía detalle de los dos Taisho, un Daiyoukai de impresionante poder, que la sorprendió demasiado al darse cuenta que las había seguido y ni una de las dos, lo había detectado. Y el Hanyou, que le parecía adorable y del que le había hablado Kagome, contándole parte de su triste historia.
Mientras que todos platicaban con Yumeko y cenaban tranquilamente y felices de tener a su amiga de vuelta, Kagome se levantaba con tranquilidad, llevando un plato de comida a Sesshomaru, sentándose en seiza frente a él, mientras se lo ofrecía, agradeciendo mientras comía, haber cuidado de Shippo en su ausencia.
Ambos se quedaron mirando a sus ojos, mientras Kagome sentía sus mejillas, sonrojarse, agradeciendo nuevamente y retirándose de ahí, algo nerviosa, mientras Sesshomaru, hacía lo mismo poco después, pues su Bestia le estaba haciendo pasar un mal rato.
Camino por los alrededores, vigilando que el perímetro fuera seguro y pudieran descansar. Había decidido unirse al singular grupo, pues al final de cuentas tenian un objetivo en común, y ocupaban estar unidos para derrotar a Naraku.
Sesshomaru, se sentó bajo un gran sauce, a las orillas del río, viendo la luna en cuarto menguante, a través del frondoso follaje, que lo ocultaba en su oscura sombra a él también.
Suspiraba tranquilo, después de que Yako se echara a dormir en su interior, seguro de tener a la Miko cerca de él, dejando en paz a Sesshomaru.
No sabía, que las tres mujeres del grupo, habían decidido tomar un baño después de cenar, y para no delatarse, prefirió quedarse quieto y retraer su youki, para no asustarlas, molesto de que interrumpieron su momento de meditación.
Sango y Yumeko, se habían desnudado de prisa, antes de que él intentara cerrar los ojos, aún más incómodo.
Por primera vez, sintió el aroma de la humana que acompañaba a la Miko, llamandole la atencion, pues aunque no era desagradable, traia mezclado en él, los vestigios de la batalla y la sangre, por la que habían tenido que pasar.
Kagome en ese momento no existía para él, pues aún tenía su armadura puesta y se encontraba en silencio. Solo hasta que escuchó el sonido metálico de su espada, apoyada en la roca, supo que seguía ahí.
Escucho el deslizar de una pequeña correa de cuero, con la que seguramente, se aseguraba su armadura, y en cuanto Kagome, desató el peto y lo apartó de su torso, el hechizo de la armadura, había quedado roto, saliendo su esencia a flote, siendo perceptible, a lo lejos para Inuyasha y Shippo, pero aún más para Sesshomaru, que estaba cerca de ella, sin que lo supiera.
Su Bestia despertó de inmediato, dispuesta a irse contra ella y hacerla su mujer, y ocupo de todo su temple, para someterla, mientras su piel se erizaba al sentir de nuevo, el floral aroma de ella, mezclado con una gran cantidad de sangre seca, de ella, que había perdido con su herida, además del humo y el olor de la batalla que había vivido, dándose cuenta, de que había sobrevivido después de una gran pelea.
Kagome termino de quitar su armadura, y en cuanto sus ropas cayeron al suelo, Sesshomaru, enterró sus garras al suelo, sudando, mientras abría los ojos, evitando verla, sorprendido por el aroma virginal que emanaba su cuerpo, un olor a flores sagradas.
El silencio de Yako, lo desarmó por completo, marchándose de ahí, sintiendo el estado catatónico en el que estaba sumido su Bestia, pues había encontrado a su hembra, reconociendola ambos, por el aroma de su cuerpo, al que nunca había puesto tanta atención, como aquella vez.
Kagome sé terminaba de desnudar, mientras su rostro estaba sonrojado, pensando en lo cerca que podía estar Sesshomaru, pues no sentía su youki, y eso significaba, que lo había retraído deliberadamente.
No se avergonzaba de que la viera, es más, lo deseaba, pero su cuerpo ya no era el mismo de antes, y eso la cohibía.
Sango en silencio, admiro el cuerpo de su amiga.
Ella también era guerrera de un clan, que había sido poderoso y reconocía las heridas de una dura batalla, su cuerpo había sanado, aunque no por completo, dejando cicatrices de por vida, además de las que había adquirido, durante su duro entrenamiento.
Kagome les había contando durante la cena, lo que había pasado con Naraku, y la destrucción de Rakuen no ippen, así como la muerte de su Padre y su Abuelo, y las de muchas personas, que habían logrado entrar en su corazón.
_ Kagome…
Sango susurro el nombre de su amiga, pues comprendía su dolor, desatando el nudo que llevaba en su alma, saliendo sus lágrimas a flote, desahogandose con su amiga, mientras Sango abrazaba a las dos Onnas, que habían perdido a los seres que más querían en la vida.
Ella conocía ese dolor.
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Sesshomaru había corrido a gran velocidad, para intentar tranquilizarse, gruñendo con una mezcla de placer, frustración y coraje, no podía ser tan débil, deseando a una insignificante humana, pero desde hacía ya mucho, ella había movido algo en su alma, su Bestia estaba hechizada por ella, desde que sintió el aroma de su cabello.
Pero esa vez, al momento que llegaba a su nariz, toda la esencia de esa Miko virgen, la Deseo; él quería tener esa mujer entre sus brazos, no solo su Bestia, si no él también, y hacerla gozar hasta que gritara su nombre con placer.
Algo tan primitivo, como el Deseo, había atravesado su corazón, ¿acaso Amor?.
Deseaba tocarse, descargar esa frustración que lo llevaría a cometer una locura. Al final optó por desnudarse y sumergirse en el lago helado, de las cimas nevadas, de unas muy lejanas montañas.
Él no podía enamorarse de una humana, sería una ironía, bastante cruel, su Padre, y los Dioses, seguramente se reían de él, y de todos sus años de estupidez.
Después de que el llanto cesara, y que Kagome, volvió a ser ella otra vez, con su alma más ligera y su cuerpo limpio de los restos de su dolor; salieron del río, para vestirse, sacando ropa limpia, de sus respectivas vainas de frijol.
Sango estaba asombrada por el tamaño que habían tomado en un instante, y por las muchas cosas que cargaban, en las vainas mágicas, explicando Yumeko, cómo funcionaban.
Ambas Guerreras, habían decidido no seguir usando sus armaduras, pues estarían seguras, viajando con el grupo, así que solo optaron por usar el traje de Mikos, que les había regalado Himiko no kimi, usando también el peto, que les había obsequiado, por encima, amoldando a sus delicadas figuras.
Antes de que Kagome se vistiera, Sango había untado sobre su enorme cicatriz, una pomada que lea había dado Kaede para cualquier herida, además Yumeko, revisó con su chakra que todo estuviera bien, cerciorándose antes de vendar, una vez más, como soporte a su herida.
Inuyasha, había sentido a lo lejos, el youki furioso de su hermano, escuchando cómo había salido a gran velocidad, del mismo lugar a donde las chicas se habían ido a bañar, quedándose preocupado y preguntado, qué mosca le había picado a Sesshomaru.
Cuando olió las lágrimas de Kagome y después el olor del asqueroso ungüento de la anciana Kaede, decidió acercarse, para cerciorarse que todo estuviera bien.
Yumeko había reaccionado, antes de que Kagome y Sango, supieran que había pasado, agarrando su wakizashi, y saltando, para caer sentada sobre el pecho de Inuyasha, vestida solo con el kosode y el fondushi, derribandolo sobre el suelo, y poniendo la filosa arma sobre su garganta.
_ ¡¿PERO QUE…?! ¡¿Qué te pasa mujer tonta?!...
_ ¡¿QUE HACES ESPIANDO?! ¡Espiar a una Hime, es un delito que se paga con la muerte…!
Inuyasha, se sonrojo una vez más, avergonzado por la acusación que Yumeko había hecho contra él… y por la vista de las sonrosadas piernas de la Onna.
_ ¡Keh! ¡Yo no estaba espiando a Kagome!
Pero de repente, miro los verdes ojos de la Yumeko, y la fiereza con la que defendia a su compañera, y deseo luchar con ella, y poder demostrar, la clase de macho que era él, y estuvo a punto pero…
_ ¡Yumeko, detente!... No creo que Inuyasha haya tenido esa intención…
Kagome rápidamente, se había puesto el kosode, cubriéndose.
_ Si tu misma, me contaste, que siempre intentaba espiarlas… Yo no permitiré, que haga lo mismo, estando aquí…
_ Creo que del que hablas es de Miroku, jejeje, mi marido, pero no te preocupes, desde que nos casamos, sé le quitaron esas mañas…
Yumeko sé levantó de encima de Inuyasha, avergonzada de haberlo atacado, mientras Inuyasha, sentía su cuerpo reaccionar, ante la ausencia de su cuerpo, optando por largarse de ahí, cuanto antes.
_ ¡Eso le pasa a uno, por estarse preocupando por ustedes!.
Y se retiró de ahí, con el cuerpo tenso y el rostro ardiendo, mientras las tres mujeres, se reían disimuladamente, por el enojo de Inuyasha.
Regresaron al campamento, sentándose junto a la fogata, para tomar una última de té, dándose cuenta Kagome, que Sesshomaru también había regresado, esperando recibir de su parte, una mirada que lo delatara, mientras se acomodaba en un árbol, justo frente a ella, aunque retirado de todos.
Todos se acostaron a dormir, haciendo Shippo y Kohaku la primera guardia.
Kagome se durmio pensando en la profecía de Himiko no kimi, que desde que había vuelto a ver a Sesshomaru, no abandonaba su mente.
Quería que él la notara.
Se acurrucó contra ella misma, y sé quedó dormida, con su rostro ardiendo, y su corazón aun roto por la tristeza.
En cuanto Sesshomaru sintió que todos estaban dormidos, abrió sus ojos, y se dedicó a observar con detenimiento, la belleza etérea de Kagome, que dormida profundamente.
"No nos cansamos de mirarla"
Sesshomaru no sintió deseos de discutir con su Bestia, pues sabía que tenía razón, aunque no sé lo diría. ¿Acaso algún día guardaría silencio?...
"Hasta que sea nuestra Señora…"
Lucia tan hermosa con ropa tradicional, su hakama negro, plisado y formal, de color negro, con un kosode de mangas amplias color durazno, con delicados bordados florales, mientras su cintura estaba anudada con un obi negro, que hacía un hermoso moño en la parte de atrás, donde antes de acostarse había acomodado sus espadas.
Ya no usaba la armadura de su clan, y su instinto protector se complacía, pues de esa manera podía estar al pendiente de ella.
La sintió removerse en sueños, y decidió levantarse y retirarse de ahí, pues no quería ser descubierto por ella. Lo que no sabía, era que su contemplación hacia la Miko, no había pasado desapercibida por alguien más.
Kagome se encontraba en la caseta del pozo de su tiempo, sin recordar en qué momento había decidido, ir a su casa.
Cuando sale de ella, todo es gris y opaco, y a los pies del Goshinboku, su madre está hincada, con el cuerpo sin vida de su padre, apoyado en sus rodillas, mientras lloraba con desesperación gritando el nombre de su padre.
Souta derramaba gruesas lágrimas, mirando a su madre y a su hermana, sin saber que decir, confundido, pues él jamás había conocido a su padre.
"Kagome, ¿porque murió tu padre?"
"Kagome, ¿porque no pudiste hacer nada para traerlo a mí?"
"Kagome, ¿es que acaso no sabes lo que es amar?"
Ella sentía dolor, un agudo y frío dolor atravesar su cuerpo, ante la mirada llena de confusión y resentimiento de su madre.
Ella vengaría la muerte de su padre.
Pero su madre no le creía…
Kagome se despertó, dando un doloroso suspiro, aguantando las terribles ganas de llorar, sus ojos estaban húmedos, pero tenía que contenerse, para no preocupar a sus amigos.
Sé levantó, sin darse cuenta, que Sesshomaru no estaba en el mismo lugar que lo había dejado, y se dirigió al río, para respirar aire fresco y contemplar la Luna, y poder tranquilizarse.
Kagome se sentó, sobre un montículo de peñascos, abrazándose a sus rodillas, mientras arrojaba pequeños pedruscos, al agua que corría debajo de ella.
Cuando se quedó en silencio absoluto, el viento trajo un sonido de fru-fru, muy cercano a ella, tomando la empuñadura de su wakizashi "Tsukimi", se puso en guardia, mirando por primera vez a su alrededor, dándose cuenta, que Sesshomaru, estaba muy cerca de ella, de pie sobre un peñón, que quedaba más alto, del que ella estaba.
Por un momento Kagome se sorprendió, regañandose internamente, por haber olvidado la primera enseñanza de Ryutaro sensei, ESTAR SIEMPRE ALERTA. Casi sintió uno de sus golpes sorpresa, sonriendo con tristeza, por haber odiado tanto a ese viejo agrio, que no merecía más que su respeto.
Sé volvió a sentar, meditando en paz, pero sintiendo una curiosidad enorme.
Así que sin poder contenerse, contempló en silencio a Sesshomaru, contemplando cómo la mujer que era.
Siempre le había llamado atención su cabello, de ese color plata, casi blanco, característico de un Taisho, sedoso y bello, que deseaba tocar.
Su rostro masculino, pero al mismo tiempo de rasgos finos, con esos ojos dorados, como una mañana de invierno, y sus marcas de nacimiento, que siempre habían llamado su atención, pues a ella siempre le había gustado la Luna.
Tan alto, con su hermosa piel, que por un momento Kagome deseo ver por completo, sonrojándose ante su atrevido pensamiento, pensando en sus manos, probablemente fuertes, soñando con que, tal vez, podían ser hechas para tocar con amor, y delicadeza a una mujer.
Sesshomaru, escucho cada movimiento de la Onna, sintiendo la tentación de alejarse de ahí, mientras por otro lado, prefería quedarse a su lado, y ver hasta cuándo se daría cuenta de su presencia, agradeciendo su silencio.
La noche era tan tranquila; estaba tan absorto viendo la Luna, que se sorprendió cuando Kagome, se puso en guardia, dándose cuenta de inmediato, que había sido a causa de él, y el sonido de su moko - moko, ondeando a la brisa del viento.
Se mostró impasible, recomponiendose de inmediato, para que instantes después, la Miko volviera interrumpir su paz, con su observación sin escrúpulos, sintiendo su mirada, cómo ardientes caricias recorrer su cuerpo.
Sé estaba inquietando, su piel se erizaba, Yako comenzaba a removerse en su interior, la excitación de su cuerpo, se estaba haciendo más evidente, en ciertas partes de su cuerpo. Y al final, algo lo golpeó como un una fuerza, que lo descolocó.
La Miko estaba excitada.
Su aroma, distinto, le decía, que esa Princesa, se estaba excitando solo con observarlo a él. Yako, quería tomar posesión de su mente y salir a reclamar a la Onna senshi no Yoru.
_ Deja de mirarme, de esa manera, Miko…
Kagome se ruborizó de tal manera, que un tomate maduro, hubiera quedado pálido a su lado. Sesshomaru la había pillado en el momento, huyendo en ese instante de ahí.
Sonomi, había tenido un mal presentimiento, desde hacía unos días, no dejaba de pensar en su hija, y en su amado Raiko, preocupándose incluso, de que Inuyasha, no haya visitado el futuro, para ir por su cargamento de Ramen semanal.
Una noche, comenzó a soñar con Rakuen no ippen, viéndose a sí misma, tocando el Biwa Satsuma, bajo las glicinas que tanto agradaban a Raiko.
Yukito sama, se ponía frente a ella, y con su rostro bondadoso, intentaba decirle algo que no escuchaba…
Sonomi, se acercaba más a él para escuchar sus palabras, pero nada…
"Cuida a mi hijo, gracias por la hermosa familia que nos diste"
Y cuando al fin pudo escuchar sus palabras, un fuerte estruendo, despertó a todos en su casa, corriendo hacia afuera, para saber qué había sucedido.
La caseta del pozo había explotado, y Sonomi, trataba de llegar hacía él, rezando porque este no sé hubiera destruido, pues perdería toda esperanza de ver a su hija otra vez.
Pero cuál sería su sorpresa, al ver a dos hombres, heridos, entre los escombros…
_ ¡RAIKO!
Y sentía sus manos, temblar nerviosas, al checar el pulso de ambos… volviendo su alma al cuerpo al comprobar, que Raiko y su acompañante, estaban con vida.
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Bueno, ¿quien sera?...
Aqui les dejo un capítulo más, un poco tranquilo, pero no menos importante… ¿les gusto?
Gracias por los reviews del capitulo pasado, y por agregarme a sus favoritos…
Les mando un saludo
supercalifragilisticuespialidoso… hasta donde estén…
p.d. Quiero que comenten, ¿quien sera el o la que llegó al futuro, junto con Raiko?
;)
YOI MINO
