DISCLAIMER: Los personajes del Manga INUYASHA, son creación de Rumiko Takahashi.

ADVERTENCIA: Esta historia es rated M, por lo que contendrá, situaciones SEXUALES y de violencia, además de lenguaje vulgar, de manera explícita, y no por eso recomendar cada una de ellas… Se recomienda discreción ;)

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Inuyasha salió de entre la oscuridad, con cara de pocos amigos…

_ Has sido un hijo de puta, con ella, Sesshomaru…

_ No te metas en mis asuntos, Hanyou.

Sesshomaru comenzó a flotar, dispuesto a retirarse de ahí, pero Inuyasha no dejaría las cosas en paz.

_ Entonces, no me sentiré mal, cuando intente conquistar a Kagome, de nuevo.

Sesshomaru, volteo a mirarlo, mientras Yako en su interior, rugió con rabia, por los celos que estaba sintiendo ante las palabras del Hanyou.

"Matalo… la miko es mía"

Poco a poco, el youki de Sesshomaru en iba en aumento, al igual de que de Inuyasha, mientras que este, por dentro reía a carcajadas.

Él no era tonto.

Antes que ellos mismos, se había dado cuenta de las miradas furtivas de Sesshomaru hacía Kagome, de la admiración de ella hacia él.

Intento sentir celos, pero sé dio cuenta, que su corazón estaba sedado por la muerte de Kikyo.

Esperar a Kagome, había sido en vano, pues se había dado cuenta que no sentía nada por ella.

_ ¿Crees que puedas lograr, lo que no haz hecho en todo este tiempo?

E Inuyasha, sonrió, pues su enigmático hermano, estaba admitiendo algo muy importante.

Todos en el campamento, se había despertado, por el súbito aumento, del youki de los dos Taisho, esperando atentos, antes de cualquier cosas, pues todos estaban acostumbrados a sus discusiones.

_ ¿Todo esta bien, Kagome?

_ Si Yumeko chan _ contesto Sango.

_ No te preocupes, asi es siempre esto…

Todos volvieron a dormir, cuando sintieron, que ambos se tranquilizaron, y que Sesshomaru, se alejaba del lugar.

Yumeko sé levantó, a hacer guardia, después de que Shippo y Kohaku, se recostaron.

_ Hola, Inuyasha san… me toca hacer guardia con usted… por cierto, lamento el malentendido.

_ ¡Keh! ¿porque tanta formalidad?...

Inuyasha, subió, con cara de pocos amigos, a una rama alta del árbol, sobre el que se recostó, ignorandola.

Yumeko salto, en silencio, aun rama más alta…

_ Te dije, ¡que lo siento!...

Él jamás sé espero, que ella saltara de esa manera, y después de que lo sorprendiera, cayó de cara en el suelo.

_ ¡Oye! ¡¿Qué te pasa, TONTA?!

_ ¡Jajaja! se me olvido, que no caerías de pie, pues eres demonio perro, no gato… TARADO...

Yumeko claramente veía, una vena crecer en la frente de Inuyasha, mientras ella sonreía maliciosamente, tomando el mango de su espada…

_ ¡Inuyasha! ABAJO…

El pobre volvió a caer al suelo, ante las palabras de Kagome…

_ ¡ Pero que MIERDA!...

_ DEJEN DORMIR…

Kagome, regañaba a ambos enfadada, mientras Miroku y Sango, se abrazaban con Kirara, al lado de ellos… su amiga había vuelto y era igual de atemorizante que siempre.

_ ¡Él! ¡Ella! ¡Empezó!...

Kagome, alzó furiosa su reiki, y los dos, solo se miraron asustados, pues ambos conocían el alcance de la furia de Kagome.

Sesshomaru, no había prescenciado el pleito, pero sintió la energía oscura de su Miko, que salía cuando se enojaba…

"¿De nuestra Miko?"

Yako se divertía, con el pensamiento de Sesshomaru, echándose a dormir, satisfecho, pues mientras más aceptará Sesshomaru, sus sentimientos, menos ocuparía salir él.

*O*O*O*O*O*O

En el futuro, Sonomi, con ayuda de su padre, Taiga, intentaba ayudar a ambos heridos, mientras una ambulancia iba en camino a socorrerlos.

_ Hija, ¿él es Raiko san?

Sonomi lo miraba con el rostro preocupado, admitiendo, mientras Souta abría los ojos sorprendido, por conocer a su padre.

_ Madre, ¿quien es el otro soldado?

Sonomi, a punto de responderle, cuando se percató de que los paramédicos habían llegado, así que les dio espacio para trabajar, mientras estaba a la cabeza de Raiko.

Los paramédicos, no sé explicaban, las armaduras, y aunque entre el Taiga jii-chan y Souta, habían guardado las armas, no habían querido moverlos para desnudarlos de las ropas extrañas, debido a sus heridas.

Ya Sonomi, pediría que los atendiera el médico de siempre, él mismo que había atendido a Kagome y Inuyasha, durante algunas heridas, después de que les prometiera comprensión y silencio.

*O*O*O*O*

Kagome al día siguiente, no iba sobre la espalda de Inuyasha, como era costumbre entre ellos, asombrando a todos, con su velocidad y resistencia, corriendo al lado de Inuyasha y de Yumeko, siguiendo a Sesshomaru, que como siempre, iba en su esfera de luz, muy adelante de ellos.

Ella se sentía, algo débil, pues aunque no quisiera decirlo, sus pesadillas no la dejaban dormir y recuperar su energía por completo.

Había intentado meditar al alba, pero las escenas de muerte en su cabeza, no dejaban de torturarla, sintiendo desesperación y tristeza.

Yumeko sé veía tan fuerte, aunque había perdido a su familia, su idea de una venganza, la hacía centrarse y ser fría.

Pero aunque ella lo intentará, en su interior era un torbellino.

Sesshomaru, se había dado cuenta de la tristeza de la Miko, su aroma seguía siendo ese aroma floral, combinado con un olor a lluvia, que evocaba el dolor de su alma.

En su mirada, seguía notando esa sombra de tristeza, que deseaba borrar, quería que su alegría al mirarlo, volviera, ser visto, como la Exterminadora, miraba al Monje, o como Inuyasha, en su momento había mirado a la Miko muerta.

"Eso es amor…"

Pero él no estaba seguro de saber de sentimientos, lo suyo eran sólo instintos, instinto de posesión, de protección, instinto sexual, de proveedor.

Pero aunque él no lo supiera, ¿acaso no era eso también amor?...

Quería que no tocara el suelo con sus plantas, quería que no la tocara el sol con su calor, no quería que sufriera, no quería que deseara estar con él y sentir miedo de tomarla y poseerla, sabiendo que ella merecía más.

Él era el Señor del Oeste, el más grande Daiyoukai, y aún así sentía, que no merecía tocar con sus garras, manchadas de sangre y muerte, la pura piel de la mujer que estaba deseando, más que cualquier cosa en el mundo.

Mientras seguían avanzando, un fuerte remolino los alcanzó, dándose cuenta, que no eran más que, Kouga, Ayame, Ginta y Hakaku.

_ ¡¿Que hay lobo Sarnoso?!

En cuanto Kouga estuvo quieto, sé dio cuenta, que Kagome había regresado, corriendo a tomar sus manos de inmediato.

_ ¡Kagome! ¡mi mujer!...

Todos reaccionaron de manera rápida.

Inuyasha se puso frente a Kagome, pues estaba seguro de que Sesshomaru lo asesinaria, antes de que su apestosos dedos, tocaran las manos de la miko.

Yumeko sacó su wakizashi, dispuesto a matarlo si se acercaba más, pues no lo conocía, pero al final, antes de que Kouga, diera un paso más, Ayame lo tomó de su espalda, lanzando hacia atrás por los aires.

_ ¡KOUGA!

Ginta y Hakaku, corrieron a alcanzar a su General, mientras Ayame se acercaba con una sonrisa a saludar a Kagome.

_ Ayame, que gusto verte.

Y ambas se abrazaron, pues se habían convertido en grandes amigas, a pesar de que Kouga, no dejaba de insistir con Kagome, ahora en que fuera su única concubina.

_ Bienvenida Kagome, te extrañamos.

Kouga se acerco furioso, encarándose con su mujer.

_ ¡¿PORQUE ME LANZASTE MUJER?!

_ ¡POR IDIOTA!

Y ambos comenzaron a gruñir, como si en cualquier momento fueran a comenzar a pelear.

Los youkais, incluyendo a Inuyasha, se dieron cuenta, que en cualquier momento, estos comenzarian a aparearse, mientras que los humanos, solo pensaban que era una pelea más.

_ ¡Ya basta!

Sesshomaru, llamó al orden, avergonzado por el par de recién casados, ya que las feromonas que expelen, podían llegar a alterarlo.

Inuyasha y Shippo, estaban sonrojados, dándose cuenta Miroku, de lo que estaba sucediendo, soltando una pequeña risita, que desconcertó a Sango y a la chicas, sin caer en lo que estaba pasando.

Ayame, se sonrojo, ante las palabras del Lord, acercándose a Kagome, mientras su amiga la miraba, sin entender lo que estaba pasando.

_ Lord Sesshomaru, disculpe el alboroto…

_ Sesshomaru sama, no te había visto.

Sesshomaru, en ese momento, era de nuevo el lord de las tierras del Oeste, demostrando con youki, que no estaba para juegos.

_ ¿A qué has venido? General Ookami…

_ Sentí el youki de tu manada, y el olor de Kagome, y decidí acercarme, íbamos camino a la Casa de la Luna, en las tierras del Oeste.

Todos estaban intrigados, pues habían pensado, que tal vez iba sobre la misma pista.

_ ¿No ibas siguiendo a Naraku, sarnoso?

El rostro de Kouga y Ayame se ensombrecieron.

_ El Norte ha caído, Lord Hiroki ha muerto y todo ha sido arrasado junto con él.

_ ¿Pero que dices?

Sesshomaru no lo podía creer, el Lord del Norte, Hiroki sama, aunque un fanfarrón, era un Daiyoukai poderoso, no al nivel de él, pero si uno poderoso.

_ Sentimos, la explosión de youki de Naraku, y bajamos de las montañas hacia el Norte, para ver que lo que estaba pasando.

Pero cuando llegamos, el rastro había desaparecido, y las tierras del norte habían sido arrasadas, por una especie de veneno, que nunca había visto en Naraku, y que mató e incendio todo a su alrededor.

Kagome y Yumeko sé miraron, pues conocían bien de lo que hablaba Kouga.

Sesshomaru se dio cuenta, del rostro rojo de Yumeko, y de la palidez de Kagome, que comenzó a respirar de manera superficial, intentando controlarse.

_ Miko, ¿tu sabes de esto?

Kagome, lo miró, con los ojos tristes y brillante, cómo apunto de llorar, suspirando para tranquilizarse.

_ El veneno no es de Naraku, es del traidor de Rakuen no ippen, Ikki Koyama, es su nombre.

Como ya les había dicho, él fue el que liberó a Naraku.

Kouga y Ayame, notaron la tristeza en la cara de su amiga y entendieron que la misma tragedia de las tierras del Norte, había sucedido con las tierras de donde era princesa Kagome.

_ Necesito ir…

Kouga la iba a tomar en brazos, para alzar el vuelo con ella, cuando Sesshomaru, transformado en una esfera de luz, la elevó en los cielos, viajando con velocidad.

_ Arigato, Sesshomaru sama… veo que te estábamos retrasando con nuestra velocidad.

_ En efecto, aunque déjame decirte, Miko sama, que su velocidad, sin el uso del inútil de mi medio hermano, ha sido admirable.

Kagome, se sonrojo, mientras admiraba el rostro serio de Sesshomaru, que no despegaba su vista de enfrente.

Sintió un escalofrío, pensando en sus brazos, rodeando su espalda y su cintura, sintiendo sus manos, mientras no dejaba de mirar hacia el frente.

Sintió un escalofrío, que la recorrió, pegándose más a su cuerpo, dándose cuenta, tarde de su reacción.

_ Lo siento mi Lord, pero soy humana, me dio frio…

Sesshomaru, la miro a los ojos, y moko-moko se movió hacia ella, cubriendola.

"No me gusta que nos trate de esa manera, que sea tan formal con nosotros… ella no es así, la incomodamos"

Sesshomaru continuó atento, aparentemente en el camino.

_ ¿Asi estas mejor? Kagome Hime.

_ Arigato, pero no es necesario que me diga Hime, solo soy Kagome o miko, cómo desee llamarme.

_ Bueno, como he visto que me tratas con más respeto, del que me has tenido desde que te conozco, pense que deberia hacer lo mismo.

Kagome, sintió un calor abrasador, sonrojar su rostro de manera súbita, pensando que no era necesaria la estola de él, en ese momento.

_ Perdoname Sesshomaru, no pensé que mi falta de respeto te incomodaría a estas alturas de la vida.

La Bestia de Sesshomaru, quería apersonarse, olerla, sentir su cuerpo más contra él, desaparecer su armadura, su ropa, que solo su cuerpo hiciera contacto con el de ella.

Kagome, quería cruzar sus brazos, tras su cuello, alzar las piernas y enredarlas en la cintura, unir su cuerpo a él, lo más que se pudiera, oler su cuello, para sentir más de cerca su fragancia a cedro y sándalo, tan masculino.

Sesshomaru, sentía el cuerpo de Kagome estremecerse entre sus brazos, cómo su armadura, se pegó más a la suya, cómo sus dedos, se apretaron más contra sus brazos.

Su olor a loto, gardenias jazmines, mil flores que se usaban sólo como ofrenda para Dioses o Mikos sagradas como ella.

No pudo evitarlo, y se perdió en el azul de sus ojos, tan profundo, como aquel mar, que algunas veces se atrevió a cruzar, y no sé dio cuenta, de que la había abrazado más fuerte, dejando al instinto de su Bestia actuar, con suavidad, sin pensar a donde lo podía llevar eso.

Sus ojos sé entrecerraron y estuvieron a punto de unir sus labios, sumidos en el hechizo de su cercanía…

Pero el viento trajo el hedor de la muerte, poniendo alerta a Sesshomaru, espantando el sueño en el que ambos se habían adentrado.

Yako sé erizo, los ojos de Sesshomaru, se tiñeron de rojo y por un momento Kagome, pensó que todo era por su culpa, pero Sesshomaru la abrazó más contra su cuerpo, protegiéndola, mientras gruñía furioso ante lo que venía.

_ Sesshomaru… sama, ¿que pasa?

El Lord, intentaba tranquilizarse, recordandole a Yako, lo que había estado a punto de suceder, pidiéndole templanza, pues Kagome sé podría asustar.

Sé detuvieron a la orilla de un gran barranco, desde donde se podían ver las tierras devastadas del Norte.

No quería que Kagome lo viera, pero al final no la retuvo.

_ Oh mi Dios…

Kagome, cayó al suelo de rodillas, impactada ante el gran cráter en medio de la tierra y la destrucción de la onda expansiva, quemándolo todo, arrasando todo.

No podía hablar, ni siquiera sabía si estaba respirando, su alma estaba en un grito que se negaba a salir de su interior.

_ ¡Oh por Dios!...

Sé levantó, tomándose la garganta, respirando más profundamente, intentando, que el aire llegara sus pulmones, hiperventilando, mientras intentaba desatar el peto, que sentía que le estorbaba.

_ ¡DESATATE!

Pero sus dedos eran torpes, sacando su wakizashi para cortar las correas, que cedieron antes de llegar a ese extremo.

Pero no había sido suficiente.

Tenía que desatar las vendas de su interior, pensando seriamente en desnudarse.

Pero Sesshomaru la tomó en sus brazos, pegandola a su torso, sintiendo que no era suficiente consuelo, sostenerla sobre la fría armadura.

La alzo un poco, solo lo suficiente, para que ella por instinto cruzara los brazos sobre él, acercandola más para que hundiera su desencajado rostro sobre su cuello.

Kagome se refugió en él.

No le importó que él fuera, el más perfecto asesino de la historia, el más frío youkai, una arma de guerra dispuesta a acabar con ella a la primera provocación.

Sesshomaru en ese momento era su salvavidas, su consuelo, algo de que aferrarse para no caer en la locura de su desesperación, llorando amargamente, mientras sentía el youki de él, la acariciaba suave y cálidamente.

Sintió que los demás sé acercaban, y ambos comenzaron a separarse poco a poco.

Kagome estaba pálida, sus pequeñas manos se sintieron frías mientras las retiraba de su cuello. Sus ojos estaban rojos de llorar y sus labios hinchados de morderlos, por la desesperación.

Cuando sus amigos, llegaron junto a ellos, primero vieron el rostro pálido de Kagome, mirando después tras ella.

Miroku de inmediato, se puso en posición de rezo, haciendo oración por todas las vidas perdidas.

Yumeko apretó los dientes, mientras su rostro enrojeció, evitando maldecir, mientras Miroku rezaba, alejándose de ahí, pateando la hierba, e intentando que nadie la viera llorar.

Sango, sintió frío en su cuerpo, mientras Kohaku se abrazaba a ella, pues sabían que esa destrucción, era mil veces mayor a la de su pueblo, aunque no menos dolorosa.

Inuyasha apretaba los puños furiosos, mientras que Ayame y Kouga se abrazaban, preocupados por la fortaleza de Naraku.

_ Nosotros hemos revisado, que no quedara algún sobreviviente… pero fue inútil…

Kagome volteo de prisa, mirando a Ginta y Hakaku, con los ojos abiertos de par en par, y el rostro más blanco y algo sudoroso, pues sus palabras significaban, que su padre no había tenido ninguna esperanza de sobrevivir a la destrucción de Rakuen no ippen.

Su corazón comenzó a latir más aprisa y de repente, todo se comenzo a oscurecer, desmayandose de repente, mientras caia por el precipicio, del que fue rescatada por Sesshomaru, sacándola de ahí, mientra miraba a Miroku, Inuyasha y a Kouga, de manera significativa, dándoles a entender, que no tenía caso estar ahí.

La recostó en un claro, junto a un manantial de aguas termales, llenos de flores, que sabía que Rin adoraria.

"¿Porque no despierta?"

Yako estaba preocupado, y clavaba su nariz en el cuello de ella, tratando de tranquilizarse, mientras se juntaba a su cuerpo, antes de que llegaran los demás.

_ Kagome, despierta…

Fue un susurro, así lo captó ella, en las brumas de su inconsciencia, mientras intentaba despertar lentamente.

Lo primero que vio, fueron sus ojos dorados y después el plata de su cabello, al alejarse, rozando su rostro, pues había escuchado a sus amigos acercarse.

_ Sesshomaru…

Solo fue un susurro, pero él se congeló mirando sus ojos, mientras ella volvia a recuperar la paz, perdida en ellos.

_ ¡MAMA!...

_ ¡KAGOME CHAN!

Shippo fue el primero en llegar, hincándose contra su madre, mirando a Sesshomaru preocupado, mientras el asentía muy levemente, para tranquilizarlo.

Yumeko se acercó y de inmediato comenzó a dirigir su chakra a su cuerpo, revisando que estuviera bien.

_ Kagome ¿estas bien?.

Sango y Ayame, estaban sentadas al lado de ellas, preocupadas por su amiga.

_ Estoy bien, disculpen. Solo me descompense.

Los chicos comenzaron a levantar el campamento, mientras Kouga y sus chicos iban a cazar, igual que Sesshomaru hacía lo mismo, seguido de Jaken, que llevaría un mensaje al consejo youkai.

No podía dejar de pensar, el porqué de la ausencia de Naraku. solo aquella ocasión había atacado, como una especie de trampa, intentando retrasarlos, pero después de eso, ni siquiera a sus saimyosho, había logrado captar.

Inuyasha pensaba lo mismo, en que pronto sería la luna nueva, y que como hanyou, se ocultaría igual que él.

Así que tendría que atacar antes de que algo sucediera… esa siempre había sido su técnica, dejarlos heridos, para poder descansar él también.

Se preocupaba por Kagome, había sido un golpe bastante duro, y ella a pesar de ser una muchacha fuerte, venía de una época donde difícilmente se veían ese tipo de cosas. Tenía que descansar, sabía que no tenían mucho tiempo para derrotar a Naraku, pero Kagome tenía que descansar, para sacar todo el dolor de su interior. Igual que Yumeko, o esa tonta, sé volvería loca en cualquier momento.

Kagome quería estar sola, ni siquiera quería hablar con Sango, o estar con Shippo.

Se fue a las aguas termales, sin esperar a nadie, comprendiendo sus amigas, su retraimiento.

Sacó sus vainas de entre sus mangas, y vio la que le había dado Himiko no kimi, evitando una vez más abrirla. No quería llorar.

Estuvo sentada en silencio, revisando la cicatriz de su herida, pensando en todos los acontecimientos de esos días. Trataba de llorar, pero no podía, solo suspiraba profundamente, mientras seguía meditando.

Sus pensamientos vagaron al instante compartido con Sesshomaru, preguntándose si él podía sentir lo mismo que estaba sintiendo ella.

Pero ¿que podría ver Sesshomaru Taisho, de ella?.

No era una youkai, era princesa de un pueblo desaparecido, y ni siquiera se podía considerar la más bella, pues su cuerpo estaba trazado de pequeñas cicatrices y de otras más grandes, como esa que intentó cortarla por la mitad.

Pero había una profecía.

Aún en el agua, Kagome abrió la vaina, de la que sacó un pergamino roto y uno completo sujetó con un listón de seda, un collar de plata con una Luna de diamante en el centro, un kimono finísimo, que sabía Kagome, era en el estilo elegante y señorial, de Himiko no kimi, y un frasco con una sustancia transparente color dorada, parecida, en apariencia, a un perfume.

Abrió el rollo cerrado y encontró en él, las últimas palabras de Himiko Sensei.

"Confía en el amor, Kagome chan, el amor todo lo puede, todo lo da, es paciente, es capaz de darte las fuerzas necesarias para superar cualquier prueba.

No llores por los que ya no estamos, pues nuestras vidas sólo estaban de paso por esa dimensión.

Fue un honor, ser maestra de Yumeko y tuya, apliquen todo lo aprendido y recuerden con una sonrisa a su Sensei consentida.

Ying- Yang, Kagome, todo es equilibrio en esta vida.

Toca la más dulce música, para amar, para llorar, para reír…

Tu youkai te está esperando, necesitas estar unida a él para derrotar al enemigo.

Si tu amado no comparte su vida contigo, jamás podrás desligarte de la perla, pues tu contraparte te completara.

Una cosa más, usa el frasco de rocío de la mañana, para sanar la tierra, pues el veneno que utilizara el traidor, acabará por expandirse y contaminar todo, una gota es suficiente..."

Kagome, sintió ganas de llorar mientras leía la carta de Himiko… nunca había sido tan directa.

El pergamino roto, era la parte más importante de una serie de instrucciones.

Al parecer, uniendo el collar de plata a un gran poder, como el de la perla, sería capaz de abrir la Jikan geto, y viajar no sólo a través del tiempo, si no del universo mismo y de todas las dimensiones posibles.

Al parecer, eso era lo que estaba buscando Naraku de Himiko Sensei, torturandola de la manera más soez.

Si ella conservaba ese collar en su poder, caería muy fácil en las manos de Ikki y Naraku, pues serían con la primera que buscarían.

Guardó el trozo de pergamino, dentro del relicario donde estaba la foto de su padre, y lo metió dentro de la vaina de frijol, junto con las demás pertenencias.

Salió de las termas y se vistió con un haneri blanco y encima, un kimono sencillo, de color gris bordado con flores blancas y un obi delgado, sencillo de poner. Su cabello suelto y un par de getas, pues tenía que caminar.

No le avisó a nadie a donde iba, poniendo en guardia a Inuyasha y a Kouga, preocupados de que anduviera sola por ahí.

_ Tranquilos, lo que Kagome necesita ahora, es soledad.

Dijo Ayame, tocando el hombro de Yumeko, pidiéndole que la acompañará a bañarse, seguidas por Sango.

_ Además ella estará bien protegida.

Todos voltearon a ver a Miroku, que bebía té, de lo más tranquilo.

_ ¿Acaso no se habían dado cuenta de las miradas entre Kagome y Sesshomaru?.

Yumeko sabía de la profecía, así que no le extraño, mientras los demás se quedaban pensando en las palabras del monje, dándose cuenta de que tenía razón.

_ Kagome a sufrido demasiado, en verdad sólo deseo, que tenga el amor que se merece… y creo que mi hermano, sería el único macho a su altura.

Inuyasha se alejó en dirección contraria a la de ellos, buscando algún riachuelo, donde bañarse, mientras todos habían quedado congelados, ante las palabra de su amigo.

Yumeko sonreía de manera imperceptible, pues se daba cuenta de que Inuyasha era una gran persona.

Sesshomaru no había escuchado las palabras de su medio hermano, pues iba siguiendo a Kagome, muy de cerca.

Ella estaba subiendo de nuevo al barranco donde se había desmayado, pues tenía algo muy importante que hacer, sobre sus hombros colgaban un arco y algo que no distinguía bien, pues su cabello suelto lo cubría.

En cuanto llego, Kagome se sentó sobre el precipicio, mirando la desolación de las tierras del Norte, comenzando a llorar, sin necesidad de detener su lágrimas esa vez.

Sé sentó en flor de loto y comenzó a meditar, adquiriendo poco a poco un brillo rosado que la iba cubriendo y creciendo, como esa vez bajo la cascada, en ondas expansivas que acariciaban todo sin dañar a los youkais de su manada.

Todos comprendieron, desde el campamento, que Kagome necesita poner su alma en orden. Así que a tranquilizaron y después de cenar, se acostaron a dormir con tranquilidad.

Kagome abrió los ojos, cuando se sintió más tranquila.

Miro la noche estrellada, que iluminaba todo el valle frente a ella, sacó de su manga el frasco con el rocío de la mañana, y con la punta de una de sus flechas, tocó el suave líquido, que brillo al contacto.

Tomó su arco, al que estiró con fuerza, poniéndose en pose de tiro y soltó la flecha al cielo, trazando un arco en su trayectoria hasta caer clavada, al árido suelo, ennegrecido y putrefacto, por el veneno de Ikki Koyama.

Todo estaría bien, de ahí en adelante.

Sacó su Erhu y sé sentó en el borde a esperar resultados, pensando en su padre, en cada momento compartido durante esos dos años y medio, con su Abuelo Yukito, que a pesar de su carácter estricto y su rostro duro, había sido el más cariñoso, dedicándose a su mago (nieta), con amor.

Entonó esa melodía, que había sido de sus padres, y que tocó la noche de la presentación de las doncellas.

Cada nota llegaba lejos, amplificada por el eco del barranco, escuchando sus amigos, desde la primer nota.

Era tan bella y al mismo tan triste, que le sacó lágrimas a Sango, mientras Miroku la abrazaba, recostado a un lado de ella, agradeciendo que Shippo y Kohaku, estuvieran dormidos.

A Yumeko le había tocado hacer la primera guardia, y mientras estaba sobre un árbol, lanzó un hondo suspiro, que estaba quitando esa barrera que había logrado detener sus lágrimas hasta ese momento.

Lloro en silencio, recordando a su familia, a Yuuki sempai, que murió antes de ver realizado su amor al lado de él, y se sintió tan sola.

No quería estar así, quería amar, ser amada, veía a Sango y Miroku y sabía que a pesar de que ella había perdido todo, tenía a su marido, y pronto, si todo salía bien, ambos formaran una familia.

Sus lágrimas caían por su rostro, recargando su rostro contra el tronco del árbol, hasta que sintió un fuerte brazo, tomarla por su hombro y juntarla hacía su cuerpo.

Inuyasha no había soportado verla llorar, él también se sentía solo, y sé dio cuenta, mientras abrazaba a Yumeko, que Kikyo al fin descansaba, ahora a él, solo le quedaba vivir.

Kagome tocaba con los ojos cerrados, mientras su cabello se movía al compás del viento.

Sesshomaru, veía sus lágrimas rodar por su hermoso rostro, brillando al contacto de la luz del cielo.

Yako permanecía en silencio, contemplando, adorandola, sé veía tan vulnerable.

Sesshomaru se sorprendió al escuchar la primera nota del Erhu, y viendo la luna escuchó atentamente la triste melodía que la onna senshi no yoru, tocaba.

Sabía que esa música no era para él, sabía que esa pieza era para su gente, para cada guerrero que había caído en contra de Naraku, era para su padre.

En cada nota iban mezclados un sin fin de sentimientos y Sesshomaru, cada uno de ellos los sentía, pero entre tanta tristeza y tanto dolor, vislumbro una leve esperanza y también una cálida nota de amor.

Esa mujer podría renacer después de todo y aunque sabía que era un pensamiento estúpido, sabía que a partir de ahí, ella renacerá para ser solo de él.

Lo admitía… estaba enamorado de Kagome.

Cuando Kagome, tocó la última nota, sintió su corazón más liviano, sabía que ahora lo importante era seguir su instinto, admitir que se había enamorado de Sesshomaru, aunque ella mismo no quisiera creerlo, pues pensaba que era imposible, que él sintiera lo mismo por ella.

_ Gracias por hacerme compañía, Sesshomaru…

El Daiyoukai se mostró ante ella, caminando en silencio hacía donde estaba sentada.

_ Levántate, no te he visto cenar y no creo que estés del todo recuperada, no pienso rescatarte de nuevo, si caes.

Kagome lo miró, y sonrió, mientras su rostro se iluminaba.

Ahí estaba de nuevo, la Miko de ropas raras y sonrisa fácil, que había conocido.

_ ¡Bah! nadie te está pidiendo que lo hagas, gran Daiyoukai del Oeste…

Y sacó su pequeña lengua rosada, que Sesshomaru deseo morder y probar.

_ Miko sama, como siempre de irreverente…

_ Ya me conoce, mi Lord, yo soy todo lo contrario, a lo que cualquiera espera de mí…

Pero él no era cualquiera, ella era todo lo que esperaba, una hembra fuerte, irreverente, decidida, capaz de plantarse frente al ser más poderoso, como lo era él, sin el menor atisbo de temor.

_ Vaya, el rocío de la Mañana está funcionando, no todo está perdido…

Sesshomaru no entendió sus palabras, y solo opto por mirar en su dirección.

Lo que antes era un paraje, desolado por el fuego, el veneno y la muerte, era un valle purificado, sobre el que volvía a crecer vida vegetal.

Entendió su disparo con la flecha, Kagome le había dado un antídoto a esa extensión de tierra.

Sesshomaru, se elevó por los aires, con ella en brazos, recorriendo el campo que había logrado sanar, mientras la alegría de Kagome no tenía límites, abriendo los brazos al viento, como si volara, disfrutando ese momento de satisfacción.

Él mismo lo estaba y pensando en disfrutarlo, y por primera vez en su vida, hacer algo que nadie esperaba de él, la lanzó al viento, y dejo que Yako tomara su forma youkai, y juntos disfrutaron el momento, atrapándola en el vuelo, mientras ella aterrizaba, riendo a carcajadas, sobre su pelaje.

Kagome, se aferró a él, hundiendo su rostro sobre su pelaje, feliz de la confianza que Sesshomaru le estaba demostrando.

Sus piernas se aferraban, intentando sostenerse, sin evitar pensar en lo sensual de la escena, si el cuerpo de Sesshomaru fuera el que estuviera bajo ellas, en ese momento.

Inuyasha, había visto la forma demoníaca de su hermano, surcar los cielos, pero su youki estaba en paz, asi que decidio que todo estaba bien.

Yumeko había quedado dormida, apoyada sobre su hombro, cansada de llorar.

Era tan bella, jamás había visto a una humana, con los cabellos dorados y los ojos verdes, como piedras de jade. Era tan cabezota, pero al mismo tiempo tan cuidadosa de los que tenía a su alrededor, leal y protectora.

Yumeko, sé despertó entre los brazos de Inuyasha, dándose cuenta, de la paz que había sentido entre ellos.

Una de sus manos tocó una de sus orejitas, provocando que Inuyasha, volteara a mirarla con los ojos abiertos par en par, completamente sonrojado.

_ Son muy suaves Inuyasha san, y gracias por cuidarme mientras dormía y por no dejarme caer...

Y le sonrió, con la primer dulce sonrisa, que le dedicara solo a él.

Y quedó flechado, decidiendo a obtener más sonrisas de esas.

Sesshomaru había aterrizado, junto a unos árboles frutales, para que Kagome probara alimento, mientras él se transformaba de nuevo y se sentaba a observar, recargado sobre un árbol.

_ ¿Porque ya no usas la ropas indecentes del futuro?

Kagome lo observó, sonrojada, ¿cómo era posible que él, le preguntara eso?...

_ En Rakuen no ippen me acostumbre a vestir así, por lo tanto honraré mi casa.

Sesshomaru, entendía sus palabras, ella había encontrado sus raíces.

_ Y tu, Sesshomaru, ¿porque solo usas, el mismo tipo de ropas?...

_ Es el atuendo con el que debo salir, los colores de mi Casa, en el palacio uso kimonos menos formales o hakamas, y para las reuniones del consejo youkai, uso ropas reales…

Kagome nunca lo había visto con otra ropa, así que trato de imaginarlo, mientras seguía comiendo, cuando de repente escuchó, cómo la pesada armadura de Sesshomaru, era apoyada por él, a su lado.

Lucia más relajado, menos mortal pero no por eso, menos imponente.

Kagome no dijo nada al respecto, pero mientras seguía disfrutando la dulce fruta, no dejaba de sonreír y lanzarle miraditas, mientras su rostro continuaba sonrojado.

En el futuro…

Raiko había recibido una gran transfusión de sangre, además de una buena dosis de antibioticos y analgesicos, logrando salir de su estado crítico.

Poco a poco, iba volviendo en sí, entrando y saliendo de la inconsciencia, sin lograr articular alguna palabra.

Sonomi, se había quedado dormida, después de no haber descansado, había llorado de la preocupación y de la tristeza, pues Kagome no estaba a su lado, y no sabía que había sido de ella.

Raiko se despertó, sin saber dónde estaba, quedándose quieto, mientras sus ojos miraban a su alrededor.

Sabía que estaba en el futuro, así que volteo de inmediato, esperando encontrar a Kagome a su lado.

Pero cuál fue su sorpresa, al ver el rostro dulce de su bella Sonomi, durmiendo, con el rostro apoyado, cerca de una de sus manos.

Acarició suavemente su cabello, creyendo que soñaba, y al final Sonomi despertó, mirándolo entre sueños.

Sé espabilo de pronto, viendo que su amado Raiko había vuelto en sí.

_ Hola, mí amor…

Cuántos años había esperado para escuchar esas palabras, cuánto la había extrañado.

_ Sonomi, koi, eres igual de bella, o aún más…

Ella se acerco y beso sus labios, mientras sentían el sabor salado de sus lágrimas. Lágrimas que en ese momento, eran de pura felicidad.

_ ¿Cómo llegue aquí? ¿Kagome esta bien?...

Sonomi lo miro confundida.

_ Kagome no volvió contigo, tú llegaste acompañado de otro soldado… Raiko, ¿dónde está mi hija?...

_ Ella viajó al Sengoku… si no ha vuelto es porque debe de creer que estoy muerto.

Sonomi se abrazó a su marido, buscando el consuelo que necesitaba.

_ ¿Quien viajó junto conmigo?...

Su esposa, corrió la cortina que tenía a su lado, mostrándole a la persona que estaba postrada al lado de él.

_ ¡Ryutaro sensei!...

Su maestro, por razones que no comprendía, había sobrevivido… y ahora estaba al lado de él, en coma.

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Bueno, ahora saben quien sobrevivió… ¿les gusto?, prometo una explicación detallada de lo que sucedió.

Entre Sesshomaru y Kagome, comenzaron a ponerse las cosas, un poco más intensas, prometo comenzar a profundizar más en el siguiente capítulo…

Gracias por sus reviews… en serio, no tienen idea de cuanto me inspiran a continuar escribiendo…

Visiten mi perfil, que por más que lo intento, no sé cómo llenarlo, pero he subido otras historias, que estoy segura que les gustarán, además de un One shot, llamado PARADISE, que participa en el reto del mes de junio "Orgasmos", del foro "Hazme el amor"... Y así que sin salir, de mi pareja favorita, me invitaron y al final me anime a publicar algo… ¿sé imaginan lo que sé me ocurrió?... visitenlo y espero sus opiniones sinceras y su apoyo moral…

Les mando un abrazo supercalifrigilisticuespialidoso, hasta donde estén…

;)

YOI MINO