Disclaimer: Los personajes son de SM, esta historia y si aparece alguno que otro personaje, es de mi autoría.


I'm thinking about how people fall in love in mysterious ways, maybe it's all part of a plan.

Ed Sheeran.


5 de Diciembre 2013

Isabella se encontraba sentada, dando la espalda a la puerta de su dormitorio, en su cama jugando con Nathan cuando alguien llegó y cubrió sus ojos. Sonrió inconscientemente, le gustaba mucho ese juego.

- ¿Quién soy? – Era la voz de su hermana mas Isabella podía decir que no eran sus finos dedos los que se encontraban en el rostro de la castaña. Lentamente subió sus manos hacia aquellas que tapaban sus ojos. Sintió la piel suave y tersa de aquella persona. Sus manos grandes delataban que era un hombre. Al fondo se escuchaban las risitas de Jessica – Bella me estoy cansando, ¿quién soy? – Sabía un secreto para reconocer a las personas y sin quitar la sonrisa de su rostro, tocó las uñas de aquellas manos. Eran cortas e irregulares, como si se las hubiesen comido. Y solo una persona tenía esa desagradable singularidad, aunque diga que no se las comía sino que solo se las cortaba con los dientes.

- Anthony – Isabella dejó caer su cabeza hacia atrás para que los labios de Edward se encontrasen con los de ella. ¡Y vaya que se encontraron! Se amoldaban tan bien los unos con los otros que decidieron ir por más y ahora se desataba una guerra entre sus lenguas. Edward bajó sus manos hasta los hombros de ella e Isabella juntó las suyas con las de él.

- Bueno – Jessica se removió incomoda en su lugar – creo que los dejaremos solos. – y sin más salió de la habitación con Nathan en sus brazos.

- Hola, princesa – la voz del cobrizo, un poco ronca a causa del intenso beso, se escuchó en el dormitorio – Cierra tus ojos

- Pero si me los acabaste de cubrir.

- Solo unos segundos – Isabella fijó su mirada en aquellas esmeraldas que tantas cosas expresaban y con la confianza que ella tenía en él, cerró sus ojos. Se escuchó el rasgar de una envoltura y luego, un aroma floral inundó la habitación – Ábrelos – la castaña despacio obedeció aquella orden y se encontró de frente con un hermoso ramo de flores blancas – Son para ti – sus ojos se aguaron por el lindo detalle que Edward tuvo con ella.

- Son hermosas, Tony – tomó aquellas rosas en sus manos tan delicadamente, teniendo la impresión de que se iban a romper, y aspiró su aroma. Tan dulce, tan relajante. – Gracias – Isabella dio un rápido beso a los labios de Edward y se levantó – Ya vuelvo ¿sí? Voy a ponerlas en agua.

Edward la vió salir de la habitación presurosa y, también con una sonrisa en su rostro, se recostó, con los brazos por detrás de su cabeza, en el lugar donde antes había estado su cuñado bebé.

En alguna parte había escuchado que las flores blancas significaban pureza e inocencia ¿y quién más inocente y pura que su enamorada? Además se decía que si tu pareja te regalaba este tipo de flores es porque quería algo serio y duradero, amor puro, feliz y para siempre. Y Edward quería eso y más con Isabella. Además de que eran las flores favoritas de Isabella.

Después de unos minutos la castaña regresó con un hermoso florero grande con forma espiral dentro del cual reposaban aquellas rosas blancas.

- Pensé que irías a Miami con tus padres. – Bella se recostó junto a Edward.

- Ese era el plan, pero papá y yo tuvimos una discusión un poco fuerte y- el cobrizo abrió teatralmente sus brazos - heme aquí.

- Me gusta tenerte aquí – Isabella acercó lentamente sus labios a los de él, fundiéndose instantáneamente en uno solo. Empezó como algo tierno, sin apuro. Sin embargo, Edward se colocó rápidamente encima de ella, acariciando su vientre por encima de la ropa. Isabella trató de refutar pero Edward acalló cualquier intento con un beso. Exploraban sus bocas sin piedad. El cobrizo, esta vez había introducido su mano por debajo de la blusa de Bella, acariciaba su vientre y de poco a poco subía su mano hasta uno de los senos de la morena, apretándolo suavemente. Empezó a dejar besos húmedos por toda su mejilla mientras bajaba hacia su cuello, la parte débil de Isabella, causando pequeños gemidos por parte de esta.

- Edward – El cerebro de la castaña se había desconectado completamente dando el control total a sus hormonas.

- ¿Mmm?

- Jess…Nathe… - ninguna oración tomaba sentido. Edward aprovechó ese momento para morder suavemente su lóbulo de la oreja, obteniendo otro suave gemido de ella.

- Tranquila – Su blusa había estado subiendo cada vez más y ahora sus pechos, cubiertos por un brasier negro, se encontraban expuestos totalmente a Edward. Bella logró encontrar un poco de coraje en ella y dio la vuelta a Edward, ahora ella se encontraba encima de él. Fue el turno de la chica de poder torturar a su amado, pero no creía tener la confianza suficiente para hacer lo que él hizo con ella. Edward al sentir la vacilación de la castaña, tomó sus manos y las situó en los botones de su camisa. Con los nervios a flor de piel, Isabella fue desabotonándolos uno a uno hasta sentir la cálida piel debajo de sus palmas. Recorrió cada parte de su pecho, memorizando cada lunar o cicatriz, se detuvo en el lugar donde el corazón de Edward se encontraba, lo sintió latir a una velocidad sobrehumana y sonrió al darse cuenta que ella era la causante de eso. Descendió su cabeza hacia el cuello de Edward y lamió parte de este. Un sonido gutural salió de la boca de él.

Edward llevó sus manos a las caderas de ella instando un vaivén pausado. Bella pudo sentir la dureza de él moviéndose bajo su centro y no pudo evitar gemir ante tal contacto. Volvieron a besarse, esta vez con urgencia, demandando en sus bocas lo que sus cuerpos pedían.

Dulcemente Edward se sentó, haciendo que Bella también lo hiciera en su regazo. Bajó su blusa, acariciando cada pedazo de piel que ahora quedaba cubierto. Isabella empezó a acomodar también la camisa de Edward. Sus miradas se conectaron, sus pupilas se encontraban dilatadas a causa del momento. El muchacho puso un mechón rebelde detrás de la oreja de ella y dejó un suave beso en sus labios.

- Te quiero mucho – Se abrazaron por un instante que parecía eterno. - ¿Sabes qué? Veamos una película – dijo Edward con una sonrisa en su rostro. Isabella todavía estaba abrumada por lo acontecido y solo asintió con su cabeza. Despacio bajó del regazo de Edward y este se levantó para encender la televisión. - ¿Cuál te gustaría?

- Cualquiera – Bella levantó los hombros, restándole importancia pero al observar la expresión que puso Edward rápidamente añadió – menos del hombre araña – él le mostró su lengua, lo que hizo sonreír a la castaña, pero aceptó su petición.

- Está bien – se acomodaron en la cama, como si fuesen una pareja de recién casados. Edward tenía el control remoto así que pausó la película - ¿no quieres traer palomitas? O ¿quieres que coma otra cosa mientras vemos la película? – levantó sus cejas muy sugestivamente, mas Isabella no dio reparo en aquello.

- ¡Claro! ¿No quieres también… - Sus pensamientos libidinosos habían vuelto con las palabras de Edward y fue incontrolable no hacerlos salir.

- ¿Qué cosa? – Edward adivinando lo que pensaba Isabella le siguió el juego. Le encantó ver como se ponía colorada de un momento a otro.

- Nada

- ¡Vamos, Marie! ¿Qué cosa?

- Nada, Anthony. Voy a preparar palomitas. Ya vuelvo.

Después de casi diez minutos, Isabella volvió a entrar en la habitación con un gran recipiente lleno de palomitas, Edward se hizo a un lado para hacerle espacio y poder estar muy pegaditos.

- Ya es un año desde que nos conocemos – susurra Isabella.

- Un hermoso año junto a la persona que me hace feliz.

Jessica mientras tanto había jugado con su hermanito y lo tenía dormido desde hace algunos minutos, y aprovechando eso, había hecho todas las tareas que tenía que presentar la última semana del semestre y por ende había desgastado totalmente la batería de su laptop. Su cargador no funcionaba gracias a que el perro de su hermana lo había mordido hasta dañarlo completamente, así que ella y Bella compartían el cargador ya que tenían la misma marca de laptop.

Sin ningún apuro cruzó el pasillo hasta la habitación de su hermana y abrió la puerta, esperando no encontrar una escena entre Edward y Bella que pudiese causarle un trauma de por vida.

- Bells, me puedes… - Jessica calló abruptamente al observar la escena que tenía frente a ella. Edward y su hermana se encontraban plácidamente dormidos con una sonrisa en cada uno de sus rostros. Su hermana con la cabeza sobre el pecho de Edward y un brazo alrededor de su cintura, mientras que Edward abrazaba protectoramente el cuerpo de Isabella. Sonrió inconscientemente, eran la pareja perfecta.

Sin hacer mucho ruido, fue a su habitación a por una manta, una de Winnie Pooh, y regresó al dormitorio de su hermana. Los cubrió a ambos con ella y apagó la televisión dejando a la pareja disfrutar de aquel momento.

23 de Diciembre 2013

- ¿Vienes a mi casa?

- ¿Van a estar tus padres?

- No

- ¿Cómo que no?

- Mamá si está, papá no. – Bella rodó los ojos.

- Entonces sí iré. Llegaré en treinta minutos.

Isabella cortó la llamada. Aquel episodio de lujuria en su casa había desencadenado eventos similares los días después e Isabella no quería cometer ninguna imprudencia, por eso ahora se cercioraba que haya alguien en cualquiera de las dos casas para así no tener que llegar a tales extremos con Edward.

La situación no era que Isabella no quería estar unida de ese modo con Edward, todo lo contrario, quería ser suya tanto en alma como en cuerpo. Sin embargo, eso ya era un tema bastante serio y necesitaba de toda responsabilidad por parte de los dos. No era algo que se tomaba a la ligera. Y bueno, por lo menos Edward parecía comprender.

Bajó las escaleras con dirección a la cocina, buscando a su hermanastra, teniendo todavía esos pensamientos en su cabeza.

- ¿Jess?

- Aquí, Bells – su voz salió amortiguada a causa de que se encontraba detrás de la puerta del refrigerador. Isabella se acercó lentamente.

- ¿Puedes prestarme tu auto, por favor? – la rubia salió de un salto con toda su melena desarreglada. Llevó su mano derecha al bolsillo trasero de sus jeans, sacó las llaves del auto y se las lanzó a Bella, la cual pudo alcanzarlas en el aire.

- Tranquéalo, está sin gasolina – y sin más volvió a entrar al refrigerador.

- ¡Gracias!

Dando pequeños saltitos Isabella se dirigió al garaje de se casa. Todavía no sabía el por qué no se compraba un auto para ella sola en vez de estar pidiendo a los demás. Es cierto que no conducía como una de las mejores del país, pero sabía cómo hacerlo sin causar accidente alguno. No tenía dinero, eso es verdad, podía pedirle a sus padres pero no iba a hacerlo, si se compraba un auto será con el dinero que gane del sudor de su frente.

Esperó hasta que la puerta estuviese completamente abierta, mientras tanto encendía la radio y situó en una emisora al azar. La voz de Dan Reynolds salió por los altavoces cantando Radioactive. Arrancó el auto, colocando el GPS, hacia la casa de Edward.

oOo

- ¡Eddie!

- ¡¿Cuántas veces te tengo que decir que no me digas así, Victoria?!

- ¡Lo siento! – la pelirroja, sabiendo que desde el segundo piso y en especial desde el dormitorio de Edward nadie podía observarla, sonrío sin remordimientos - ¿Serías tan amable de pasarme la correa de Steve? Quiero sacarlo a pasear.

Los gritos de aquella pareja tan dispareja de hermanos sonaban por todo el barrio, o eso era lo que creía Edward. A su hermana le había picado el bichito de pasar todo el día con su perro, bañarlo, acicalarlo, darle de comer, jugar con él y ahora sacarlo a pasear. Soltó un resoplido de frustración, no sabía el lugar donde se encontraba la tal correa de la mascota además que tenía cosas más importantes que hacer.

- ¡Vic! No sé dónde está. ¡Ven a buscarlo tú!

Sin moverse de su lugar Steve se sentó a esperar y Victoria rodó los ojos. Con paso firme la pelirroja entró a la casa pasando por la cocina hasta el closet localizado debajo de las escaleras. Abrió la puerta de un tirón y encendió la luz. Allí, frente a ella se encontraba la correa roja.

- Ni si quiera se molestó en buscarlo – susurró.

Edward por su parte yacía en su habitación encerrado bajo siete llaves mientras escribía una pequeña carta que, literalmente, expresaba todo lo que sentía y a su vez envolvía el regalo de cada mes para su enamorada, la cual no tardaría en llegar, y quería tener todo listo para cuando arribase.

- Creo que terminé – El cobrizo valoró su obra. Había quedado tal y como él imaginaba.

oOo

Edward estaba hecho un manojo de nervios, entraba y salía de su dormitorio, subía y bajaba cada tanto a comer alguna cosa en la cocina. Isabella estaba tardando un poco en llegar y eso solo aumentaba el número de mariposas en el estómago de Edward. Hasta que sonó el timbre.

- Bella, querida – Esme abrió la puerta y se acercó a la enamorada de su hijo dándole un fuerte abrazo – tanto tiempo desde que nos visitaste la última vez ¿cómo has estado?

- Muy bien, señora Cullen ¿y ustedes?

- Ya te dije que no me trates de usted – la mujer la miró reprobatoriamente pero sin quitar su sonrisa – Bueno, lo mismo de siempre. Carlisle se encuentra en un seminario en Asia, Edward ha dejado la universidad y no hace más que pasar jugando en aquella máquina de videojuegos, Victoria con sus amigas y yo aquí en casa.

Ambas caminaron hasta la cocina, dónde la madre de Edward cocinaba arroz con mariscos, lo que a simple vista parecía delicioso. Isabella decidió probar un pulpo que sobresalía por ahí.

- ¡Edward, cariño! Bella llegó – gritó Esme por las escaleras y volvió a su sitio.

- Esto esta delicioso, Esme

- Gracias, querida, te quedarás a comer ¿verdad? – la mujer comenzó a picar unos cuantos limones.

- Como no hacerlo cuando hace tan ricas cosas – Esme en agradecimiento a sus palabras le regaló una sonrisa.

Edward bajó corriendo las escaleras. Bien, estaba nervioso, eso estaba más que claro pero sabía que Bella no lo iba a dejar sin una respuesta. Eran una pareja estable, es cierto que han tenido una que otra pelea pero nada que no se pueda solucionar, y las reconciliaciones eran lo mejor para él. Le sudaban las manos y a cada momento se las limpiaba en su pantalón o en las solapas de su camisa. Escuchó voces de dos mujeres provenientes de la cocina, así que apresuró su paso hacia allá.

- Bella – la aludida giro su cuerpo ante el llamado de esa voz que tan bien conocía y le ofreció una de sus sonrisas que eran solo para él. Estoy haciendo lo correcto se dijo Edward.

- Tony – sus delgados brazos abrazaron la cintura de Edward y enterró su cabeza en el pecho de él, aspirando su aroma en el proceso.

- Vamos a estar arriba, mamá.

- Esta bien, hijo. Cuando esté lista la comida los llamaré ¿sabes dónde se encuentra tu hermana?

- Salió con Steve a dar un paseo. – Edward agarró la mano de Isabella y juntos salieron de la cocina para ir directo a la habitación de él. Cuando estuvieron solos y con el seguro en la puerta el cobrizo le planto un beso que dejó sin aliento a Bella. - ¿Cómo has estado, bonita?

- Ahora estoy mejor – fue el turno de Isabella de dejar a Edward como ella se hallaba momentos antes.

- Voy a hacer algo, si te pido que cierres tus ojos ¿lo harías? – Edward hizo un puchero tan lindo que Isabella aceptó sin remedio y con una sonrisa en su rostro hizo lo que ya era costumbre entre ellos dos. Escuchó a Edward alejarse, abrir y cerrar algunas puertas y luego sus pasos volviendo. Antes que nada dio una gran bocanada de aire – Bien, ábrelos.

Poco a poco Isabella fue levantando sus párpados y frente a ella se encontraba un oso panda de peluche, ni tan grande ni tan pequeño, era del tamaño perfecto. En su pancita había pegado un papel.

Aquí es donde va mi nombre

Y bajo esas palabras había un gran espacio para escribir. Edward le tendió un bolígrafo.

- No hagas nada más, voy por la cámara de fotos – el cobrizo salió disparado de su lugar y volvió tan rápido que Isabella no pudo ni siquiera dar un pequeño vistazo a una pequeña carta que se encontraba pegada a la oreja del osito. – Bien, ya estoy aquí. – Edward encendió la cámara y tomó la primera foto de Bella con su peluche - ¿Te gustó?

- Me…- la voz de Isabella sonaba ahogada, tuvo que carraspear un poco antes de volver a hablar – Me encanta, y creo que se llamara Anthony así como el papá – ella le dedicó a Edward una hermosa sonrisa que marcaron un hoyuelo en su mejilla derecha y este aprovechó para tomar otra foto.

- Lee lo que dice la tarjeta.

Con parsimonia y acariciando cada pelaje del oso fue subiendo hasta su oreja y poder abrir así la tarjeta. Inmediatamente detuvo su respiración.

Ahora tú eres mi presente y quiero vivirlo contigo

hasta que Dios nos lo permita.

Te amo, Bella.

- ¿Es…es enserio?

- Sabes que no mentiría con algo relacionado a eso – Edward llevó sus manos al rostro de ella haciendo que se miren directamente a los ojos – Te amo, Isabella Marie Swan.

31 Diciembre 2013

- ¡Hey, Bella! – la aludida giró en redondo para encontrarse con la persona menos esperada - ¿Me estas siguiendo? – instantáneamente la chica frunció su ceño

- Claro que no, creo que el que sigue a otros eres tú – el muchacho soltó una ligera carcajada - ¿Qué es tan gracioso, Sebastian? – Isabella cruzó sus brazos en su pecho.

- Lo linda que te ves enojada – el moreno se encogió de hombros – Mis padres odian la nieve, y bueno…ya estamos una buena temporada aquí, ¿y tú?

- A mi mamá no le gusta la nieve, ni el frío ni nada relacionado con eso.

- ¡Vaya! Tenemos tanto en común.

- Si tú dices… - Isabella siguió con la tarea de adornar la casa. Hacía una semana que habían viajado directamente a Jacksonville por dos razones. Una, su madre, como ya lo había dicho, no soportaba de ninguna manera cualquier clima frío y dos querían estar un poco más de tiempo con la familia de su madre. Cada año desde que el invierno comenzaba, la familia Dwyer viajaba al otro lado del país en busca de relajación y un poco de diversión.

La familia de Renée era, sin exagerar, excesivamente grande. Tenía cinco hermanos y dos hermanas y cada uno de ellos constaba si no eran dos, eran tres hijos, eso sin referirse a cada uno de los cuñados y cuñadas. Por lo que cada reunión que tenían había demasiados gritos, risas y conversaciones por lo alto, pero más que todo amor, lealtad y unión.

- ¿Ya acabaste con eso, Bells? – su tío Louis gritó desde la ventana superior.

- No todavía – dijo mirándolo con una mano en su frente y cerrando uno de sus ojos a causa del sol.

- Ya le digo a Sam que te ayude – Sam o Samantha era su prima menor, ella junto con Yannelle, que era dos años mayor a Isabella y Sunny, solamente un año menor que ella, eran, como sus tíos decían, un cuarteto muy travieso. Les gustaba gastar bromas a quienquiera que se pusiese en su camino, hacían pijamadas cada que podían en cualquiera de las casas de ellas, comían hasta más no poder, veían películas hasta altas horas de la noche y hasta a veces llamaban a teléfonos desconocidos para mofarse inocentemente de ellos.

- ¿Sabes hacer monigotes? – Sebastian no se había movido ni un ápice de su lugar.

- Algo – la castaña rió y nerviosamente puso un mechón de cabello detrás de su oreja – Todos los años los hacemos con mis primas así que ya tengo un poco de práctica. – Y era cierto, ellas eran las encargadas de hacer los monigotes, los primos, que no eran tantos como las mujeres, se encargaban de los fuegos artificiales, mientras que los hombres adultos escogían la música, decoraban el lugar por dentro y lavaban sus autos y las mujeres cocinaban el gran banquete para degustarlo a mitad de la noche.

- Hey, Bells, papá me dijo que necesitabas ayuda – Sam salió de la casa, era una chica menudita de tez blanca y con algunas pecas en su rostro y hombros. Sus ojos café eran grandes y redondos, su cabello era castaño, inexplicablemente liso, y llegaba hasta unos centímetros más debajo de sus hombros. Vestía tan solo un short y una blusa amarilla canario de tirantes, no dio reparo al muchacho que se encontraba con su prima.

- Si, ya traje el aserrín* para rellenar los monigotes, pero no será suficiente. Necesitaremos papel reciclado. ¿Si hay ropa vieja?

- En mi casa tengo toneladas de papel, si quieren se los regalo – la voz grave de Sebastian hizo sobresaltar a Sam, la cual lo observó desde la punta de uno de sus cabellos hasta la planta de sus pies.

- Eso sería muy amable de tu parte, Sebastian. Muchas gracias – Isabella volvió a su labor de arrastrar los grandes sacos que contenían aserrín hasta el garaje. Sebastian en cambio, dio media vuelta para ir a su casa y recoger lo prometido.

- ¿Quién era ese?

- Sebastian, un chico se Seattle que vive a algunas cuadras de mi casa.

- ¿Y qué hace aquí? ¿Lo invitaste?

- No – Isabella rápidamente frunció su ceño – Según él, a sus padres no les agrada mucho el invierno.

- Ah, de acuerdo. Voy a llamar a los muchachos para que nos ayuden, no creo que este año podremos nosotras cuatro solas.

oOo

- ¡Mueve el bote, Sun! – Sunny era una chica un poco más baja que Isabella, tenía los ojos característicos de la familia, grandes, redondos y de un profundo café, no era tan blanca como los demás pero tampoco tan morena, conservaba un lindo bronceado natural y su cabello era un poco más rizado que el de Isabella.

- No quiero mover mi bote, Yanny – Yannelle por su parte era la más menudita de las cuatro, morena y con el cabello negro era el más rizado que alguien jamás haya visto, siempre tenía una sonrisa en su rostro y estaba dispuesta a ayudar a los demás.

- Eres una aburrida – gritó Isabella, Sunny solo rodó sus ojos.

Los muchachos, tres chicos, Alexander, Lucke y Ethan, reían en una esquina mientras rellenaban a los muñecos de bolas de papel, aserrín y uno que otro petardo dispersos por todo el cuerpo del monigote. Las chicas se encargaban de coser la ropa para que nada de eso se saliese. Tenían música puesta en alto volumen, las puertas del garaje abiertas y de un rato a otro bailaban sin parar.

- ¿Y si me ven los vecinos? No, qué vergüenza.

- ¡¿Y qué si te ven?! Ellos de seguro hacen lo mismo – dijo Alexander. Todos asintieron dándole la razón.

- Da igual, no quiero bailar. Ya tendremos tiempo para eso más después.

La tarde transcurrió son más desplantes por parte de nadie. Todos se divirtieron como cada año solían hacerlo. Sin embargo a Isabella le hacía falta un chico alto, cobrizo y de ojos verdes.

Al llegar las diez de la noche todo ya se encontraba listo, salvo la comida, y como todos los años todos los primos, no importaba la edad, salieron juntos a pasear por las calles de todo el barrio, admirando cada decoración y perdiendo la noción del tiempo.

Cuando miraron sus relojes cada uno de ellos explotó en un grito. Faltaban solo cinco minutos para la media noche, se encontraban al otro lado de su casa y se suponía que debían estar con su familia. Aprehendieron aire y empezaron la carrera. Los primos más grandes llevaban cargando a los chiquitos, las chicas iban cogidas de sus manos, llevándose a rastras cuando una ya no avanzaba y los chicos buscaban caminos alternos para poder llegar más rápido.

Diez…

El conteo regresivo empezó y a ellos les faltaban casi cuatro cuadras para llegar. Isabela ya estaba jadeando, pero sabía que tenía que llegar a tiempo.

Nueve…

Los pequeños empezaron a llorar temiendo lo peor.

Ocho…

Las personas los miraban correr y se hacían a un lado para no caer y ser aplastados en aquel maratón de primos.

Siete…

- ¡Vamos Sunny! Ya falta poco – gritó Ethan.

- No…puedo…aire…moriré – Sunny yacía en el suelo acostada de un lado, se había rendido sabía que no llegarían a tiempo.

Seis…

Ethan cargó a su prima en uno de sus hombros y echó a correr de nuevo. Ninguno de sus primos se quedaría sin festejar.

Cinco…

Todos se miraron entre ellos, atemorizados de no poder llegar. Sus padres de seguro se enojarían.

Cuatro…

Pudieron divisar su casa. Ya faltaba tan poco.

Tres…

Solo unos metros más, doscientos a lo mucho.

Dos…

Los adultos, cada uno con una copa de champan en su mano, los observaban correr desde donde se encontraban, riendo por su falta de puntualidad.

Uno…

Los monigotes ya estaban en medio de la calle quemándose.

Cero…

Todo el mundo estalló en abrazos mientras miles de fuegos pirotécnicos alumbraban aquella madrugada. Padres, hermanos, hijos y nietos recibían y daban las felicitaciones para este nuevo año.

Después de ya haber saludado con todos Isabella trataba de llamar a Edward pero cada línea telefónica que encontraba se hallaba obstruida, talvez por las tantas personas que querían hacer lo mismo que ella.

Estaba tan inmersa en sus pensamientos que no sintió cuando la levantaron del suelo y la hicieron girar en el aire.

- Feliz año nuevo, Bella – la castaña al recobrar un poco de equilibrio y por ende de alejarse un poco del contacto del muchacho, pudo hablar

- Feliz año nuevo, Sebastian.


*Aserrín o serrín

Salut à tous et toutes!

¿Como están princesas? Espero que bien.

En el anterior capítulo no pude expresar todo lo que sentía y bueno, aquí va. Nunca me cansaré de darles las gracias a todas las chicas que me apoyaron cuando les conté lo de mi mami, y luego bueno, fueron exámenes y me enojé tanto con aquel doctor que dijo que mi mamá podría tener cáncer, fue una incompetencia por parte de él, porque luego consultamos a otros doctores, no nos queríamos dar por vencidos, y nos dijeron que no era nada de eso, que era solo una bolita benigna, como les mencioné anteriormente. Con esto me dí cuenta que a algunos doctores no les importa la salud de los demás con tal de sacar dinero a como de lugar. Si hay chicas que están siguiendo medicina, por favor, no se enojen conmigo :( , estoy segura que ustedes no jugaran así de feo con la salud de alguien.

También me dí cuenta por todas las cosas que muchas chicas han pasado, pérdidas irreparables y dolores que no pueden ser descritos con solo palabras. Sin embargo, han sabido salir adelante y dejenme mostrar mi respeto hacia ustedes. ¡SON UNAS GUERRERAS MUCHACHAS! Y si alguien se siente mal o tiene algún problema, como una persona me dijo, NO ESTAN SOLAS, aquí hay montón de chicas (y creo también chicos)que estarían dispuestos a hablar con ustedes en cualquier circunstancia, y yo soy una de ellas. Y aunque tal vez no me crean, ¡las quiero mucho! Me dí cuenta que muchas veces las personas más lindas y sinceras se encuentran a través de una pantalla.

Bueno, regresando al capítulo :) . ¿Qué les pareció? Edward por fin le dijo que la amaba y con un peluche :3

Cuéntenme, ¿cómo pasan ustedes el fin de año? ¿Uvas, maletas y regalos?

Quería saber si hay algún chico leyendo mi historia, ¿lo hay? Háganme notar su presencia con un review ! hehe no sé, hasta el otro día pensé que solo chicas escribíamos aquí (yo y mi pensamiento feminista) pero me di cuenta que no hasta que leí un fic super bueno de un chico y me quedé O.O.

Gracias a todas por sus reviews (falta poco para los 100 :p ), sus alertas y favoritos (¡Ya mismo llegamos a los 200! :3 )y por todo su apoyo durante esta historia. Creo que en el siguiente capítulo Edward le dice algo importante a Bella y cha chaaaan, en unos cuantos más tendremos aquella pelea. Gracias también a mis lectoras fantasmas :3 me encantó el comentario que una de ellas me dejó.

¡Vaya! Si que he escrito mucho este día, espero no haberlas incomodado :). Hasta la próxima y bendiciones a todas.