Disclaimer: Los personajes son de SM, esta historia y si aparece alguno que otro personaje es de mi autoría.
Hagas lo que hagas en la vida será insignificante,
pero es importante que lo hagas, porque nadie más lo hará.
Gandhi.
3 de Enero 2014
El frío de aquel invierno había llegado más fuerte de lo que alguna vez pensaron. La nieve cubría los techos, las aceras, parques y autos. Los niños jugaban en sus jardines de casa haciendo los muñecos más grandes alguna vez vistos, que para ellos lo eran mientras que para los adultos no sobrepasaban del metro y medio de estatura, o recostándose en aquel frío manto blanco para hacer ángeles de nieve. En fin, muchas personas se divertían, algunas con una tasa de café o chocolate entre sus manos, otras tan solo disfrutando de algún momento en familia. Sin embargo, ese no era el caso de Isabella. Ese día ambos se encontraban en la parte trasera del auto del cobrizo, ya que el claro al que sabían ir juntos estaba cubierto de nieve, y habían puesto la calefacción del mismo e incluso cuando Edward la abrazaba protectoramente, Isabella no podía entrar en calor y sus dientes castañeaban mostrándolo. Ese día usaba tres sudaderas, dos pantalones y varios calcetines. No obstante, sentía que iba a morir de hipotermia.
- ¿Pasaste un buen momento con tu familia en Jacksonville? – preguntó Edward mientras frotaba los brazos de la chica con sus manos.
- Si, todo…todo es… estuvo muy bo…bonito.
- Me alegro por usted, mi princesa – Bella levantó su cabeza para encontrarse y perderse con la mirada esmeralda de él. Sus ojos se veían tan brillantes, como si lo único que existiera para él fuera Bella, como si su mundo solo girase cuando ella está junto a él, como si todo desapareciera cuando sus ojos se encontraban con los chocolates de ella.
Edward se acercó a Bella y le dio un pequeño beso en su fría y roja nariz. Esto hizo que Isabella se estremeciera, tanto por el contacto como por la sensación de sentir sus labios contra su piel. Se acurrucó un poquito más en los brazos de Edward, metiendo en el proceso la cabeza entre su brazo y su pecho.
- No sé por qué tienes tanto frío, ¿no se supone que te gusta el invierno?
- Y me gusta, prefiero mil veces que sea invierno a que verano, no me gusta estar toda sudorosa y pegajosa, tal vez saladita y de mal humor.
- Solo un mes y medio más, mi Bella, y todo pasará.
- Ya quiero que sea primavera – dijo Isabella con un puchero el cual Edward se encargó de morder.
- Lo sé, las flores, mariposas y las cosas coloridas son lo tuyo – la castaña gruñó suavemente en el cuello de Edward, causando un estremecimiento en el cuerpo de él.
- No soy tan fresa como parezco, ¿sabes? – Isabella empezó suavemente a besar el hueco de la clavícula de Edward.
– Así no, Swan – la chica sonrió contra la blanca piel del muchacho.
- ¿Por qué? – su voz denotaba inocencia, una que en ese momento no tenía. Recorrió toda la longitud del cuello de Edward con su, ya no tan fría, nariz.
- Por…por…por… - el cobrizo no podía articular ninguna palabra. Sus neuronas habían hecho corto circuito y solo se dedicaba a sentir lo que su chica hacía con él.
- ¿Mmm? – Edward no la dejó decir nada más, atacó su boca con una fiereza digna de un león. Había anhelado tanto aquel contacto entre sus labios, que cuando se encontraron fue la mismísima gloria, llegó al paraíso mientras seguía en la tierra.
Isabella reía entre beso y beso, sus labios se movían como uno solo, ya sabiendo la danza del otro. Sus lenguas no tardaron en encontrarse y ambos gimieron de satisfacción. Las manos de Bella subieron por los brazos hasta la nuca de Edward, acariciando cada trozo de piel libre que encontraba y enredando sus dedos entre su cabello cobrizo. Edward mientras tanto la atrajo hacia él, abrazándola lo más que podía y, de poco a poco, recostándola en el asiento.
Sus corazones latían desenfrenados, sus lenguas no daban tregua y sus manos no se encontraban para nada quietas. Buscaban, tanteaban y encontraban lo que querían, lo que tanto necesitaban. El oxígeno comenzó a faltarles y Edward dejó, para disgusto de Isabella, muy rápido su boca y, deshaciendo el nudo de la bufanda que usaba la chica, se dirigió hacia su cuello, regando pequeños besos a lo largo de este, escuchando los pequeños suspiros que salían de la boca de ella. Bajó el cierre de la chaqueta de la muchacha y metió una de sus manos debajo del jersey que tenía puesto.
- Edward…Edward…no
- ¿Qué no, Bella?
- No se
La mano del cobrizo se movía suavemente por el abdomen de Isabella trazando figuras sin forma alguna mientras volvía a besarla. Poco a poco la subió hasta encontrarse con la barrera que era su brassier y amasó lentamente uno de sus pechos en su mano, la castaña profirió un pequeño gemido que fue acallado por la boca de Edward. Isabella como por inercia colocó su mano encima de la del cobrizo, deteniéndolo en su labor. Él, muy obediente, la retiró pausadamente de aquella sección del cuerpo de Isabella y la ubicó en una de sus mejillas.
Abrieron los ojos al mismo tiempo, observando el deseo que se tenían en ese momento. Sus respiraciones eran agitadas y una sonrisa se formó en los rostros de ambos.
- Te amo – dijeron juntos. Edward le dio un pequeño beso a Isabella y se situaron en una mejor posición, casi como se encontraban antes pero ahora la castaña se encontraba sentada en las piernas del muchacho.
- Yo te amo más, de aquí a la luna y de regreso a pasitos de caracol enfermo
- ¿Caracol enfermo? – las cejas de Isabella se juntaron mientras reía suavemente.
- Si – asintió el chico – así va más lento. Para que veas que mi amor por ti es infinito – Bella solo rodó sus ojos sin borrar la sonrisa de su rostro - ¿Ya entraste en calor? – una sonrisa juguetona se formó en el rostro del cobrizo, haciendo sonrojar, más de lo que ya se encontraba, a Isabella. Ella solo le dio un pequeño golpe en su hombro mientras también sonreía. - ¿Eso es un sí?
- Que te diré… - dos también podían jugar a ese juego.
- No lo sé, ¿la verdad? Siempre la verdad. – la mirada de Edward se tornó dura y en su rostro ya no se hallaba rastro de su regocijo.
- Siempre la verdad, mi Tony – con un asentimiento y sin perder la sonrisa en su rostro, Isabella le dio un beso en sus labios – A propósito, tengo algo que contarte – la mirada de Edward le indicaba que tenía que continuar sí o sí – conocí a un chico – la ceja del cobrizo se levantó inmediatamente – es una buena persona, y vive a unas pocas esquinas de casa. Se llama Sebastian.
- ¿Y?
- Y nada, lo conocí cuando fui hace algunas semanas al supermercado y me ayudó con algunas cosas.
- ¿Debería estar celoso?
- Para nada, él es sólo un amigo. Tu sabes que eres el único, mi vida. Solo te comentaba esto porque, bueno…ya sabes, no hay secretos entre nosotros. – La mirada de Isabella fue tan penetrante que Edward inmediatamente desvió su mirada de la de ella y una mueca rara se formó en su rostro, que, si Bella hubiese mirado a otra parte, hubiera pasado inadvertida ya que desapareció tan rápido que creyó haberlo imaginado - ¿Verdad, Edward?
El cobrizo volvió su mirada esmeralda a la achocolatada de ella. Sus ojos mostraban tantas cosas que él parecía querer decir pero que no se atrevía. En esos momentos era cuando Isabella maldecía el no poder leer la mente de las personas. Edward la observó por unos cuantos segundos más y sin mediar palabra la besó intensamente, haciendo que cualquier pensamiento coherente en la cabeza de Isabella desapareciera por completo.
17 de Enero 2014
- ¿Edward? – preguntó Isabella. El cobrizo la miró a través de sus largas pestañas, la poca luz del sol de ese día le llegaba directamente a sus ojos. Se encontraba recostado en las piernas de la chica mientras ella le acariciaba su cabello.
- ¿Si? – la castaña guardó silencio y Edward abrió totalmente sus ojos. Observó la manera como fruncía sus labios y de cómo observaba al horizonte, y si fuese posible, escuchaba los engranajes de su cabeza funcionar más rápidamente decidiéndose si decir algo o no, un signo claro de frustración.
- Nada – suspiró
- Bella – advirtió el muchacho.
- Es que…sé que no te va a gustar.
- Pruébame. – la chica volvió a guardar silencio, decidiéndose internamente.
- Tomémonos una foto juntos ¿sí?
- Sabes que no me gustan las fotos, Marie.
- Por favor, ¿por mí? – Isabella hizo un pucherito que Edward olímpicamente ignoró.
- Ya tenemos una, ¿para qué quieres más?
- ¿No se supone que somos una pareja? Las parejas de enamorados tienen más de una foto. – el cobrizo volvió a ignorarla y la muchacha aprovechó para encender la cámara y tomarle algunas fotos.
Rodaron juntos por todo el pasto cubierto de nieve, riendo y jugando. Algunas fotografías, por no decir la mayoría, estaban borrosas por los movimientos que hacía Edward para no salir presente. Sin embargo hubo una sola fotografía, como que hubiese sido planificada, en la que Edward miraba fijamente a la cámara e Isabella hacia él, ambos con una enorme sonrisa en su rostro.
- Eres muy linda, ¿lo sabías? – ambos respiraban agitadamente recostados uno alado del otro y sus mejillas se teñían de un ligero rubor.
- Sip – la castaña remarcó la "p" y Edward, aun sonriendo, rodó sus ojos.
- ¡Que modesta que eres! – la suave risa de Isabella inundó los oídos del cobrizo haciéndolo suspirar en el proceso. ¡Cómo quería a esa chica! Se acercó a ella, acunando su mano en la mejilla de ella. Bella rápidamente reaccionó a su toque y se dejó hacer – Te amo – susurró tan suave, tan tierno, tan sincero. Edward se perdió en esos pozos achocolatados, aquella chica había entrado tan rápido a su corazón, había sanado las heridas que algún día pensó que jamás lo harían, había creado gratos recuerdos, memorias inolvidables y, aunque a veces discutían por nimiedades, siempre encontraban la manera de estar felices.
Isabella no dijo nada, solamente abrazó muy fuerte al cobrizo, poniendo en ese gesto todo lo que ella sentía por él. Muchas veces no se necesitaba de palabras para mostrar lo que ellos sentían.
oOo
Edward paseaba cual león enjaulado en su habitación, las cosas se estaban complicando un poco en su hogar. Desde que tomó aquella decisión no había más que problemas, discusiones y más discusiones. Su padre siempre le recriminaba hasta el más mínimo detalle y habían momentos en los que su madre, de un momento a otro lloraba y no había quien la parase.
- No sé si estoy haciendo lo correcto – suspiró Edward. Victoria se encontraba sentada en la cama del chico mientras coloreaba, cual niña pequeña, desinteresadamente un cuaderno.
- Habrá momentos, como el de ahora, en que pensarás eso. Sin embargo, te aseguro que seguir tus sueños es hacer lo correcto.
- No me gusta la manera en que actúa papá.
- Está triste, y su única manera de demostrar que no le importa lo que pasa es comportándose de la manera en que lo hace. – la pelirroja sacó un poco su lengua, concentrándose en su dibujo.
- ¿Y mamá?
- Desde que conozco a Esme sé que es muy sentimental. Además, eres su único hijo, es obvio que le vas a hacer falta.
- ¿Qué crees que dirá Bella?
-¿Todavía no se lo has dicho? – la voz de Victoria era de asombro. El muchacho negó tímidamente con su cabeza - ¿Cuándo se lo vas a decir? – preguntó.
- No lo sé. – el cobrizo pasó frenéticamente por su cabello una de sus manos.
- Debe ser en el menor tiempo posible.
- ¿Crees que no lo he tomado en cuenta? Pienso en eso cada noche, no quiero hacerle daño. Me odiará.
- No lo hará, ella te ama, te lo ha demostrado. Bella entenderá y te apoyará, no importa las circunstancias y más que todo luchará por ti, por ustedes y un futuro juntos.
- ¿Estas segura, Vicky? – Edward paró su caminar y la miró con sus ojos llenos de esperanza.
- Tan segura como que me llamo Victoria Giselle. – la pelirroja sonrió ampliamente, contagiando a su hermano – pero enserio Edward, mientras más rápido se lo digas será mejor.
oOo
- ¿Qué haces, bonita? – la pequeña risa de Isabella se escuchó a través del teléfono y Edward no pudo evitar sonreír.
- Me estaba poniendo el pijama.
- Pero ni si quiera son las nueve de la noche
- Lo sé, pero estoy muy cansada. Este día fue agotador y necesito urgentemente una recarga de energías.
- Entonces no te quedarás hasta tarde hablando conmigo – más que una pregunta fue una afirmación con la que Edward no pudo dejar de sentirse un poco irritado.
- No te pongas en ese plan, Edward. Sabes que estoy estudiando y al final del día termino agotada.
- No sé por qué decidiste volver a la universidad. Ya no tienes tiempo para mí, ya no nos vemos y no pasamos tiempo juntos.
- No es solamente por mi culpa, Anthony. Tú estás haciendo no sé qué cosas y te encuentras hasta más ocupado que yo.
- Ajá – Isabella odiaba que se comportase como un niño, y Edward estaba haciendo justo eso. Acababa de poco a poco con la paciencia de la castaña.
- ¿Te vas a seguir comportando de esa manera?
- No, Isabella.
- Sabes que no me gusta que me digan así.
- Ajá.
- Bueno, Edward. Cuando decidas no comportarte como un tonto podemos seguir hablando. Hasta mañana – Bella se hallaba a punto de presionar el botón rojo de colgado cuando la voz del cobrizo la detuvo.
- Te dedico esta luna
- ¿Y eso? – Isabella parpadeó sorprendida y frunció su ceño por el repentino cambio de tema.
- Brilla en la oscuridad, me recuerda a ti en los momentos difíciles, siempre buscas cualquier camino para salir adelante. Además de que está tremendamente hermosa, igual que tú – Isabella no dijo una palabra. Edward pensó que la llamada se había cortado.
- Te amo – susurró ella y el corazón del muchacho se avivó de inmediato y no pudo evitar que sus ojos se humedezcan. Isabella le haría muchísima falta.
- Y yo a ti, mi princesa. No te imaginas cuánto.
28 de Enero 2014
Vente y ocho de enero y las cosas no iban bien, nada bien. Isabella sentía que en cada minuto, en cada segundo que pasaba, perdía un poco a Edward. Recientemente el muchacho estaba actuando de forma extraña. Desaparecía días completos, no contestaba llamadas ni mensajes de texto y las únicas veces que se veían pasaba distraído pensando en otras cosas.
Existían muchas teorías en su cabeza para poder justificar el comportamiento de Edward, una más perturbadora que la otra, y aunque sabía que no necesitaba sacar falsas conclusiones, ella confiaba plenamente en él y tenía muy en claro que jamás haría algo en su contra o para dañarla.
Ese día, otro que Edward desaparecía por completo, había quedado con Sebastian para salir a pasear un momento, despejarse de todos los pensamientos relacionados con su cobrizo y reír con las bromas sin sentido que su amigo, no tan nuevo, hacía.
- Mamá, ya me voy – la castaña se encontraba en el recibidor con sus llaves en mano lista para salir.
- ¿Ya te vas?
- Si, mamá.
- ¿Llevas abrigo?
- Si.
- ¿Y un gorro de lana? – Isabella rodó sus ojos.
- Ajá.
- ¿Y…
- ¡Mamá! Llevo todo ¿si? No te preocupes tanto, además solo voy al parque no es como si me fuese al otro lado del país. – Renée sacó medio cuerpo por la puerta de la cocina para inspeccionar a su hija.
- Está bien, corazón. ¡Que te vaya bien! - Isabella dio un asentimiento con su cabeza y salió lo más rápido de su hogar. Su madre se podía poner muy pesada si se lo proponía. Un viento helado la sorprendió e inmediatamente llevó sus manos a su boca para calentarlas.
Al otro lado de la acera se encontraba su amigo. Sonrió inmediatamente al verlo. El muchacho tuvo la misma reacción y abrió sus brazos para poder abrazar protectoramente a Isabella.
- Hola – la saludó
- Hey, nena. ¿Qué quieres hacer? – el moreno posó un brazo protectoramente encima de los hombros de Bella.
- Cualquier cosa – la chica no le dio mayor importancia.
- ¿Cualquier cosa? – una sonrisa se empezó a formar en el rostro de Sebastian.
- Si
- ¿Estas segura? – Isabella lo miró cansinamente y estaba lista para deshacerse del brazo del chico - Esta bien, está bien… ¿Qué te parece ir a los columpios?
- ¿Para? – levantó una de sus cejas, reflejando la duda en su rostro
- Una competición de quién sube más alto – no obtuvo respuesta verbal por parte de la chica, mas si una sonrisa en todo su esplendor.
Rápidamente cada uno corrió hacia la parte de los juegos en ese parque. Escogieron un columpio y empezaron a balancearse, o eso es lo que la castaña pensó.
Isabella cerró los ojos instintivamente. Sentía el chocar del viento contra su rostro, la brisa sacudiendo sus cabellos y la adrenalina de sentirse libre de todo por lo menos unos segundos. Cuando volvió a abrir sus orbes achocolatados observó como el piso todo blanquecino iba cada vez alejándose de su posición y con cada segundo que pasaba alcanzaba un poco más el cielo.
- Voy a ganar – gritó con júbilo hacia Sebastian
- No lo creo, nena – Isabella giró su cabeza y prestó atención al muchacho. Él no se había movido de su posición. La miraba encantado desde el suelo.
- Tramposo – su risa gutural se escuchó hasta donde ella se encontraba. Sebastian se acomodó mejor en su columpio y empezó a balancearse, alcanzando a la castaña en tan solo unos segundos. – No se vale, tú tienes piernas más largas.
- Eso no tiene nada que ver – los dos muchachos rieron. Entre ellos nunca había momentos incómodos ni silencios abrumadores. Siempre podían ser ellos mismos cuando estaban en compañía del otro, haciendo bromas y aconsejándose lo mejor y más que podían.
Todo iba bien hasta que escucharon la bocina de un auto. La castaña observó de quien se trataba y raudamente dejó de balancearse y detuvo el columpio con sus pies, haciendo que sus zapatos se cubriesen de nieve. El moreno hizo lo mismo con la duda plasmada en su rostro.
- Me tengo que ir, Sebastian.
- ¿Segura? – el muchacho la observaba con interés y un poco de tristeza.
- Demasiado. – Bella corrió hasta él, le dio un fugaz beso en la mejilla para no dejar esperando mucho tiempo a Edward y se fue dejando al chico solo en aquel parque.
En el momento que vio a su chica acercarse, el cobrizo desactivó la alarma, haciendo que los seguros del auto suban para dejar entrar a Isabella. La chica se encontraba con las mejillas rojas, tanto por el fío como por el momento que pasó jugando con Sebastian, sus ojos poseían ese brillo especial que hacía palpitar más rápido el corazón de Edward y respiraba entrecortadamente. No obstante, saludó al muchacho con un beso en sus labios. Beso que no fue tan correspondido como hubiese querido.
- ¿Qué pasa? – la castaña lo miró con su ceño fruncido.
- No me gusta que estés siempre con ese chico.
- Es mi amigo, Edward. – el antedicho le dedicó una mirada de pocos amigos – No puedes prohibirme que tenga amigos – Un incómodo silencio se formó en el auto. Ambos miraban opuestamente hacia sus respectivas ventanas. La respiración de Isabella se fue acompasando poco a poco y giró en su asiento, haciéndose bolita en él. Edward no sabía cómo empezar a hablar. Se decidió por la forma más fácil, según él.
- ¿Princesa? – Edward habló en un susurro, preparándose mentalmente. La castaña lo miró por debajo de sus pestañas, no queriendo que sepa que se habían acumulado lágrimas en sus ojos. Edward suspiró y se giró completamente para estar frente a ella. Sabía que no iba a ser sencillo pero de alguna manera tenía que mencionar eso. - Tengo algo que decirte – esta vez Edward habló más seriamente y sus ojos formaron una barrera que a Isabella le impresionó por la dureza que tenían.
- Te escucho – otro silencio se formó entre ellos. Las manos de la castaña empezaron a sudar y podía escuchar perfectamente a su corazón retumbar en su cabeza. Tragó en seco.
- Me voy a Inglaterra.
- ¿Enserio? Por cuantos días – No era tan malo como se lo esperaba. Toda humedad en sus ojos desapareció al instante. Talvez solo se iba por vacaciones. Sin embargo, Edward guardó silencio. Sus labios formaron una fina línea e Isabella supuso lo peor – No te vas por unos días – él negó con su cabeza, a ella se le secó la garganta - ¿Cuánto…?
- Seis meses.
- Bueno – Bella suspiró aliviada – no es mucho tiempo, y seis meses pasan muy rápido. ¿Cuándo te vas? – Edward desvió su mirada y aspiró mucho, muchísimo aire.
- En dos semanas.
Hola princesitas!
Aquí yo con un nuevo capítulo super hiper mega atrasado... discúlpenme. Ya entré a la universidad y estoy a full.. Hoy tuve un tiempito libre y termine de redactar este capítulo e instantáneamente lo subí. ¿Qué les pareció? Ya empezó la parte fuerte :(
Bella va a sufrir mucho con la distancia, y ya veremos si Edward también.
Espero poder actualizar pronto, ¡cierto! a las chicas que les gusta Harry Potter y en especial los Dramiones, publiqué una historia (está en proceso) se llama "La piège" ((la verdad no se porque a estas historias les pongo títulos en francés)) y significa "La trampa" espero se pasen por ahí, lean y les guste, y bueno, también estoy algo atrasadita en esa historia. ¡Tengo tanto por que actualizar! hehe
¡Buen fin de semana muchachas! Les mando besos enormes... hasta la próxima.
