Disclaimer: Los personajes son de SM, esta historia y si aparece uno que otro personaje es de mi autoría.


But just because it burns,doesn't mean you're gonna die you've gotta get up and try.

P!nk.


4 de febrero 2014

Una semana había pasado desde que Edward le dio la noticia. Ocho días exactos en los que Isabella no podía dejar de llorar en las noches. Se sentía traicionada, ¿por qué Edward no pensó en decirle antes que se iría por tanto tiempo? Ahora sabía que era por una buena razón, iba a prepararse para poder comenzar su carrera como piloto, pero no era excusa para no haberla tomado en cuenta el tiempo suficiente. Rodó por la cama hasta quedar boca abajo, sus lágrimas eran absorbidas por la almohada.

28 de enero 2014

- ¿Cómo que te vas en dos semanas? – la castaña tenía su ceño fruncido, todavía no asimilando la noticia. Edward la miró culpable, un "te lo dije" resonó en el fondo de su cabeza.

- No sabía cómo decírtelo – esta era una de las escazas veces en las que Edward se mostraba nervioso – no quería que te pongas triste, pero sabía que el día iba a llegar de una o de otra manera.

- ¿Te hubieras atrevido irte sin habérmelo dicho? – la acusación de Bella lo descolocó por completo.

- ¡Claro que no!

- Entonces, ¿esperabas decírmelo un día antes?

- Tampoco – el cobrizo suspiró – no encontraba el valor suficiente para hacerlo. No quiero dejarte ir, Marie. – la aludida miró hacia otro lado, tenía una mezcla de sentimientos y prefería detenerse a pensar antes de decir algo que sabía los iba a poner en una situación para nada buena.

- ¿Por qué te vas? ¿por qué tanto tiempo?

- Voy a conocer Londres, iré a una academia de aviación allá, se podría decir que estaré seis meses preparándome para entrar. – el susurro de Edward era audible, Isabella afirmó con su cabeza.

- Está bien, te esperaré entonces. – Edward la miró con agradecimiento, sabía que no iba a ser una tarea fácil, para ninguno de los dos. Una relación a distancia no es algo que hubiera estado en sus planes, pero sabrían sobrellevarlo. Isabella lo miró atentamente, ojos verdes con marrones, y colocó una mano en la mejilla de él – Te amo, el tiempo pasa volando, y cuando menos lo esperemos, estaremos juntos de nuevo.

- Te amo, mi princesa.

Isabella volvió a rodar en su cama, sentía frío a pesar de tener la calefacción encendida. Respiró hondo y se secó las lágrimas con el dorso de su mano. No, ya no iba a llorar más. Si, era una etapa muy dura en su vida, nunca había amado a alguien como lo hace con Edward, y, sin embargo, tendría que alejarse de él para que pueda cumplir sus sueños, sus metas y para que pueda ser feliz haciendo lo que realmente ama. Tomó otro bocado de aire, fue una semana muy dura, y la otra lo sería aún más, no podía desperdiciar tiempo que podría estar con Edward, llorando en su cama.

Tito, que se encontraba acostado a los pies de su cama, la miró con reprobación. No le gustaba que se moviese tanto, él no podía descansar bien si así lo hacía. Isabella lo observó refunfuñar, el perro dio unas vueltas más, se desperezó y terminó estornudando al bajarse de la cama haciendo que la castaña tuviese una sonrisa en su rostro. A veces su perro se comportaba como un gato.

Isabella se levantó y abrió las cortinas de su dormitorio. Observó como la nieve caía suavemente formando un manto sobre el patio de su casa. El invierno este año no le resultaba cómodo, demasiadas emociones negativas se encontraban implicadas. Se sentó en el alfeizar de la ventana, con su celular en la mano. Quería escribirle a Edward, pero apenas eran las 10 de la mañana, y, viendo como estaba el día, ella sabía que él estaría durmiendo. Le envió un mensaje corto, quería verlo ese día, pasar la mayor parte del tiempo juntos antes de que se vaya.

Despierta dormilón, tu princesa

quiere estar contigo este día

Te amo.

B.S

El llanto de Nathan sacó a Isabella de sus pensamientos. Con un suspiro, dejó a un lado su celular, esperando una pronta respuesta por parte del cobrizo, y se dirigió al cuarto de su hermano menor. Lo encontró retorciéndose en sus cobijas, tratando se zafarse de ellas para poderse desperezar como es debido. La castaña sonrió y lo cargó, haciendo que cesase su llanto.

- Buen día, mi hermoso, ¿cómo amaneciste? – Ella cargaba al bebé y este, sonreía a lo que Bella le decía. Ella le empezó a hacer pequeñas cosquillas en su pancita haciendo que el bebé soltase pequeños gorgojos de felicidad acompañado de unos cuantos gases - ¡eso fue asqueroso, señorito!, tendré que cambiarte tu pañal y espero que no hayas hecho de las tuyas de nuevo. – mientras Isabella se acercaba al cambiador, Renée ingresaba con un biberón al cuarto de Nathan.

- Buenos días, princesa – besó la mejilla de su hija, mirando con orgullo como cambiaba a su hermano menor.

- Buen día, mamá, ¿todo bien?

- Todo, hija mía – Isabella todavía no le comentaba nada sobre la próxima partida de Edward. Sabía que en algún momento tenía que hacerlo, necesitaría apoyo cuando él partiera. - ¿qué harás hoy?

- No lo sé todavía, mamá. ¿por qué?

- No por nada, estas en vacaciones de invierno, y pensé que estarías fuera con Sebastian o con Edward. – Isabella giró sus ojos

- Sebastian es sólo un amigo.

- ¿Segura?

- Si, Renée, cien por ciento segura. – odiaba cuando su madre se ponía en ese plan, sabía que estaba enamorada de Edward y que Sebastian no era más que un buen amigo que conoció por casualidad. Tomó a Nathan en sus brazos y se lo dio a su madre para que le diese de comer. Se fue al baño a lavarse las manos y luego a su dormitorio a revisar si su cobrizo respondió a su mensaje.

Este príncipe, extraña a su princesa,

y la irá a recoger en su corcel plateado, en

aproximadamente hora y media.

Te amo,

E. C

Bella sonrió ante ese mensaje, Edward a veces podía ser tan ocurrido, pero era perfecto, lo iba a extrañar de sobremanera. Se limpió la lágrima que había escapado de su ojo y sonrió, no importa el tiempo, sabía que se volverían a ver y seguirían siendo felices.

Empezó a arreglarse, en los últimos días no había parado de ver algunos videos sobre muchachas que se maquillaban y estaba aprendiendo de poco a poco a hacerlo. Puso un poco de sombras doradas en sus párpados, difuminando bien, se suponía que era un maquillaje de día, no quería estar tan cargada. Tomó el rímel y empezó a ponerlo en sus pestañas haciendo zigzag para que estas quedasen un poco alargadas. Por último, aplicó un gloss transparente en sus labios. Observó su reflejo en el espejo, sus ojos parecían más redondos y sus labios más carnosos. Le gustó el resultado, se sintió tan femenina y hermosa. Lo volvería a hacer.
En ese momento, sintió el auto de Edward llegar. Se levantó de golpe y se puso una de sus chaquetas favoritas mientras bajaba corriendo las escaleras, era felpuda por dentro y elegante por fuera, perfecta para invierno. De igual manera, entró corriendo al auto de Edward antes de que el frío que azotaba la ciudad le llegase a ella.

- Te ves preciosa, amor – Edward la miraba de nuevo con infinita ternura e Isabella, esta vez, no se ruborizó. En cambio, le sonrió y le dio un beso en sus labios, primero suave y luego Edward se encargó de profundizarlo. El tiempo se detuvo para ellos, no importaba lo que sucediera afuera, habían creado esa burbuja que nadie ni nada podía interferir. Pasaron algunos minutos antes de que se separasen, uniendo sus frentes tratando de acompasar el ritmo de sus respiraciones – Te amo.

- Y yo te amo a ti, Anthony.

14 de febrero 2014

No, no había pensado en el regalo que le podría dar a Edward. Ni si quiera había pensado en celebrar esa fecha. Estaban sólo a un día de que el partiera y en esos momentos un regalo de San Valentín le parecía tan insignificante. Lo que más apreciaba en ese momento era su compañía, eso la haría inmensamente feliz, y esperaba que a Edward igual.

En ese momento, se encontraban en la casa del cobrizo, más específicamente en su dormitorio, y milagrosamente no se encontraba su hermana, porque Isabella no se encontraba en un humor para poder ser cortés con ella.

- ¿Y bien? ¿qué película veremos? – Edward sólo le sonrió y no dijo ninguna palabra, dejando que la película comenzara. Isabella abrió desmesuradamente los ojos al saber que era su película favorita, "Capitán América". Se dispuso a acurrucarse bien en el pecho de Edward para poder disfrutar de la película. Él la abrazó y, en vez de ver la película con tanta emoción con la que estaba haciéndolo ella, se dedicó a observarla, a acariciar su sedoso cabello, recorriendo las curvas de este, acarició su espalda, dibujando siluetas sin forma por toda su longitud.

Edward suspiró, con su otra mano tomó la de ella y acariciaba embelesado con la suavidad de su piel, de ese pedazo de carne expuesto sólo para él. Iba a extrañar su presencia, poder abrazarla como en este momento, poder besarla a su antojo, escuchar su melodiosa risa, ver su ceño fruncido ante su enojo, o simplemente ver sus ojos, esos ojos que tanto cariño le han mostrado, que tanto amor y felicidad le han dado; y suspiró haciendo que un par de lágrimas bajasen por sus mejillas. No quería irse, por ella no quería hacerlo.

Isabella, al sentir el pecho del cobrizo moverse, lo miró por sobre sus pestañas, levantó su mano y, suavemente, alejó esas lágrimas que recorrían la perfecta tez de su enamorado. No iba a preguntar el porqué de sus lágrimas, creía conocer el motivo. Se sentó a horacadas del cobrizo y empezó a repartir besos por todo su rostro. Si ese iba a ser su último día juntos, no quería que tuviese un mal recuerdo. Acarició su cabello, mientras el cobrizo abría sus ojos y buscaba con ansias sus labios, los cuales se encontraron en el camino. Su beso no era pasional, ni mucho menos feliz, era todo lo contrario, un beso melancólico, un beso de despedida. Sus labios eran testigos del amor que se profesaban aquellas dos personas. Sus lenguas, tersas y húmedas, daban la bienvenida a la otra, incitándolas a probar cada vez más el dulce néctar de sus bocas.

¡No! Isabella no quería una despedida todavía. Edward se dio cuenta que sus lágrimas, junto con las de la castaña, se mezclaban con el beso, y dejó su boca mientras esparcía besos alrededor de su rostro, tal y como ella lo había hecho antes para tratar de borrar sus propias lágrimas. Sus sollozos pararon, y se encontraron con su mirada.

- Te amo, mi Tony.

- Te amo, Marie

Sus labios se buscaron de nuevo, esta vez con ansias de más. Isabella fue bajando sus besos hasta el cuello del cobrizo, sintiendo como este agarraba sus caderas cuando besó esa parte sensible que lo alteraba de sobremanera. Edward, por otro lado, iba metiendo sus manos por debajo de la blusa de la castaña, sintiendo la tersa piel de su espalda y su abdomen, mientras intensificaba el beso. El cobrizo hizo un movimiento rápido, dejando a Isabella debajo de él y besó a la castaña, dejando un rocío de besos por su mandíbula, cuando llegó a su oreja, succionó su lóbulo haciendo que Bella gimiese.

Ambos sabían lo que pasaría después, y, sin embargo, no hicieron nada para detenerlo.

Con delicadeza, Edward retiró la blusa de Isabella, y ella hizo lo mismo con la camisa de él, deslizándola por los hombros y acariciándolos mientras tanto. No hizo falta palabras, su mirada lo decía todo, y volvieron a besarse, esta vez, sin prisas ni complicaciones.

Edward acarició cada centímetro expuesto de la castaña, recorrió con sus labios cada milímetro de su vientre, y besó los pechos de ella por encima de aquella estorbosa tela. Deslizó sus manos por su espalda e Isabella la arqueó para darle mayor acceso. Sus pechos quedaron libres en un segundo y Edward los admiró, eran perfectos, los tomó entre sus manos, y poco a poco fue masajeándolos. Los gemidos de Isabella eran suaves, e hipnóticos, y él bajó su cabeza hasta probarlos.

Isabella llevó sus manos a los hombros del cobrizo, los acarició mientras él hacía maravillas con su lengua y ella arqueaba más la espalda. Sus labios volvieron a juntarse con los de ella y sus lenguas danzaron un compás al ritmo de sus respiraciones. Ella acarició la espalda del cobrizo, mientras iba descendiendo hasta llegar a sus pantalones, recorrió su cintura, y con manos temblorosas zafó aquel botón que le impedía seguir su camino; sus manos volvieron a su espalda y descendieron hasta sus glúteos, que los apretó haciendo mayor la fricción entre su cuerpo y el de él. Fue el turno de Edward para gemir, y volvió a bajar hasta los pechos de ella, y de poco a poco hacia el límite que imponían sus pantalones. Los desabrochó en menos de un segundo y los bajó un poco, ahora besando el límite con sus panties.

Isabella movió sus piernas, haciendo que el pantalón llegara hasta sus rodillas. Edward aprovechó eso para sacarlos completamente, al igual que los suyos. Ahora sus pieles podían tocarse aún más. El cobrizo subió por las piernas de Bella, besando y saboreando cada centímetro expuesto de su piel. Al llegar a su cintura, besó la más íntima parte de ella por encima de su ropa interior. Isabella no pudo hacer nada más que gemir ante el deseo. Edward siguió subiendo hasta encontrar su boca de nuevo. Sus sexos se tocaban, haciendo la fricción aún más fuerte. Sólo los separaba una ínfima tela, nada en comparación a lo que era antes.

Sus labios se separaron y con su mirada se mostraron todo el amor que sentía el uno por el otro. Edward bajó su mano, y sobrepasó el panty de ella. Sus dedos separaron sus labios, buscando el tan ansiado botón de placer de Bella. Ella gimió al sentir ese tacto, miles de sensaciones recorrieron su cuerpo, y su estómago estaba lleno de mariposas. Edward siguió acariciando ese punto, dando vueltas y yendo de arriba hacia abajo. Los gemidos de Isabella eran fuertes, contra sus labios.

- Mírame, princesa – dijo Edward, y ella hizo exactamente lo que se le pidió. El placer era demasiado, pero sostuvo su mirada hasta que una nueva ola de placer la azotó. Un nudo se estaba formando en su vientre, sabía que iba a explotar en cualquier momento. Sin embargo, ese placer se acabó, Edward había retirado sus dedos, que ahora luchaban por quitar la única prenda de Isabella. Ella levantó las caderas, y él la dejó desnuda por completo. Volvió a besar sus piernas y el interior de sus muslos, descargando un nuevo placer para la castaña, que ahora sabía hacia dónde quería ir Edward. Trató de levantarlo, pero él le ofreció una sonrisa torcida, su favorita, y su aliento tocó esa parte de Isabella, los dedos de él abrieron sus labios de nuevo, y su lengua se encontró con el botón de ella.

No, Bella no podía ni quería parar aquel beso tan íntimo. Aprisionó los cabellos cobrizos de su enamorado y lo instó a que siguiera con su tarea. Edward, con su mano libre, empezó a meter un dedo en ella, mientras la seguía preparando con su boca, ese dedo entraba y salía de su ser, sus caderas se movían por inercia, buscando más de eso que le estaba proporcionando Edward. Cuando al fin explotó, él recibió todo lo que ella estaba dispuesta a darle, subió por su vientre hasta su boca, donde se fundieron en un nuevo beso. Él aprovechó para quitarse la única prenda que le quedaba, y ella sintió como aquel pedazo de carne se pegaba a la suya.

- Te amo – ambos lo dijeron al mismo tiempo, y ese fue el detonante que Edward estaba esperando para amarla. Se posicionó mejor entre sus piernas, uniendo sus cuerpos, su alma y sus labios en ese momento.

26 de febrero 2014

Una semana y media había pasado desde que Edward se fue. Una semana y media desde que no sentía sus labios contra los suyos., el calor de su cuerpo contra el suyo. Se comunicaban todas las noches por videollamada, pero ella sabía que el sentimiento no era el mismo, había kilómetros de distancia entre ellos. Tenía la esperanza que el dolor se fuera disipando conforme pasaban los días.

Con un suspiro resignado decidió levantarse, había pasado mucho tiempo recluida en su habitación, sin contestar mensajes o llamadas de nadie. Su única salida era de su cuarto a la cocina y viceversa, ¡ah sí! y de su casa a la universidad. Se había alejado de Alice y Rosalie, de todos quienes la rodeaban. Sus amigas sabían por lo que ella estaba pasando y no querían incomodarla, tenían la certeza de que cuando estuviera lista, ella hablaría y volvería con ellas de nuevo.

Su celular vibró, no se esperaba ese mensaje y menos de esa persona.

¿Estas lista?

Te estoy esperando donde siempre.

No acepto un "no" como respuesta.

Sebastian.

Estaba tan tentada a inventar cualquier excusa con tal de no verse. Sebastian no había dado señales de vida desde hace tiempo, y ella menos quería buscarle. Es cierto que se había convertido en un buen amigo, pero… "¿cuál pero Isabella?, deja de sumirte en la miseria, se van a volver a ver después de 6 meses, tienes que seguir con tu vida normal, no por un chico vas a dejarte morir" Isabella chasqueo la lengua, a veces su conciencia era una total perra, pero tenía razón, no debía de vivir en la tristeza por más que él estuviese lejos. Después de todo, él también debe estar siguiendo con su vida, ¿verdad?

Tecleó una rápida respuesta para Sebastian y procedió a tomar una ducha para luego arreglarse, no con algo fuerte, sino todo lo contrario, así como lo había venido haciendo las últimas semanas, y decidió salir sin antes tomar su chaqueta afelpada. Ya mismo era primavera, pero no por eso dejaba de hacer un frío tremendo.

No tuvo que caminar mucho, el parque era cruzando la calle y él ya se encontraba sentado en un columpio, el de siempre

- Hola – susurró Isabella al oído del muchacho, lo que lo hizo sobresaltarse y casi caerse del columpio. La risa de ella no se hizo esperar mientras que el pelinegro la taladraba con la mirada.

- Ja ja ja, muy chistosa, Bella – Sebastian se puso de pie y ella tuvo que levantar la cabeza para verlo mejor, el chico era muy alto. – Ven, déjame darte un abrazo – y a pesar de la diferencia de edad que había entre esos dos, Sebastian a veces parecía mayor que ella - ¿cómo te encuentras? – colocó sus enormes manos en las mejillas de Isabella, y la miraba atentamente a los ojos.

- He tenido días mejores – ella se encogió de hombros y se deshizo de las manos de Sebastian, le parecía un gesto muy íntimo por parte de él y no quería que mal interpretase las cosas - ¿y tú?

- Todo bien, hay una niña que me gusta mucho pero no sé qué hacer al respecto. – era un buen cambio de conversación.

- ¿enserio? ¿cómo es? Cuéntame – en vez de sentarse a hablar como personas civilizadas, Sebastian arrojó una bola de nieve en el rostro de la castaña.

- No te voy a decir, niña curiosa – ella, aún con el rostro de nieve lo miró amenazadoramente. De una manera muy lenta, se limpió toda. Esto era guerra.

- No me cuentes si no quieres, entonces, pero si te aseguro algo – Sebastian la ignoraba completamente, mientras trataba de columpiarse – no empieces una guerra de nieve si no estás preparado – Sebastian paró en seco al ver que la castaña se encontraba frente a él, y mucho menos esperaba que, de un momento a otro, su cara se encontrara helando. ¡Ella le había lanzado una bola de nieve! ¡Cómo se atrevía!

- No lo hiciste

- ¿qué si lo hice? – la manera en la que lo desafío levantando su mentón y el fuego en sus ojos hizo que Sebastian tomara la iniciativa, le encantaban las mujeres así. Sonrió de lado, de una manera que a Isabella le hizo tener miedo. Ella trató de retroceder, pero sus pies la traicionaron e hicieron que se caiga. Su trasero se sintió completamente frío. El pelinegro aprovechó esta oportunidad para hacer tantas bolas de nieve como pudo mientras ella trataba de levantarse.

Corrió en dirección a Bella, y, sujetándola por los hombros, le estampó otra bola de nieve en su rostro. En todo ese silencio, sólo se escuchó el grito de ella al sentir tanto frío en su piel.

- ¡Es..estás de..de..demente! – ella ya había empezado a temblar y corrió a esconderse detrás de la resbaladera. Ella también podía jugar sucio. Lo que no se imaginaba era que, al recoger nieve de donde se encontraba, le llegaría otra bola de nieve, directamente en su pómulo derecho. Rugió con molestia, ¡¿cómo podía ser más ágil que ella?!

Rápidamente acumuló la nieve que necesitaría y, aunque se congelara su trasero, se sentó a hacer bolas de nieve. Tan pronto como estuvo lista, se dio la vuelta, resguardándose por la resbaladera, esperando ver a Sebastian. Pudo ver su chaqueta negra de cuero sobresalir por un árbol justo a unos 10 metros de ella. Sonrió y tomó algunas bolas de nieve, se le congelaban las manos, pero no le importaba. Estaba tan cerca de llegar, cuando se dio cuenta que todo era una fachada, ¡él la había engañado dejando sujeta su chaqueta a una rama del árbol!

Gimió por pura ira, al mismo tiempo que otra bola de nieve estampaba en su cara y entraba un poco a su boca. Miró al frente, y él estaba riéndose a carcajada limpia, ella sonrió con maldad, tan rápido como pudo, lanzo una bola tras otra en contra de él. 6 de 10 le llegaron perfectamente y ella ahora corría por su vida. No sabía dónde esconderse, y escuchaba los pasos de Sebastian más cerca de ella. Era imposible, no alcanzaría a llegar a los toboganes, y ya le estaba faltando del aire. Se tropezó, de nuevo, y de pronto se vio arrastrada de uno de sus pies. Parecía una película, ella gritaba mientras dejaba rastros de sus dedos en forma de garra por toda la nieve, y él reía maquiavélicamente.

La posicionó boca arriba y le lanzó todas las bolas de nieve que llevaba en su chaqueta, la cual la había convertido en una especie de mochila para bolas de nieve. La castaña prácticamente quedó enterrada en un manto blanco, y él se echó a reír al suelo.

- No puedes conmigo, nena.

- Voy a pescar un resfriado, ¿sabes? – dijo Isabella mientras se quitaba levantaba quitándose toda la nieve de su cuerpo.

- ¿Eso importa? Valió la pena después de todo.

- Completamente. – había vuelto a sonreír.


Hola... *muestra sólo una parte de su cara*, sigo viva.

Siento mucho haber abandonado esta historia por dos largos años. Como algunxs de ustedes saben, ya entré a la universidad, y, milagrosamente, ¡ya voy a mi tercer año! sólo me faltaría uno por terminar mi carrera y estoy muy emocionada.

Estoy de vacaciones, unas laaaargas vacaciones y dediqué mi tiempo a escribir este capítulo, volví a leer la historia y lloré como nunca por todo lo que había escrito y lo que dejé inconcluso, y me lamenté cada segundo por decepcionarlxs de esa manera.

No les aseguro que vaya a actualizar seguido, pero trataré de hacerlo en cuanto pueda.

Gracias a todas las personas que se preocuparon por mí, enserio, son los mejores.

Espero que les guste mucho este capítulo y ¡hasta la próxima!