DISCLAIMER: Los personajes del Manga INUYASHA, son creación de Rumiko Takahashi. La historia en la que se utilizan, es de inspiración mia ;)
ADVERTENCIA: Esta historia es rated M, por lo que contendrá, situaciones SEXUALES y de violencia, además de lenguaje vulgar, de manera explícita, y no por eso recomendar cada una de ellas… Se recomienda discreción ;)
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Kagome dormía recostada en el suave colchón, y Sesshomaru no podía dejar de verla, aprendiendo cada minúsculo detalle de su cuerpo, su respiración tranquila y confiada, su piel erizandose al mínimo contacto, su largo cabello negro azulado, como el ala de un cuervo, suave, del que escapaban pequeño rizos rebeldes; un pequeño lunar junto a su seno, que adornaba su impoluta piel nacarada, esos senos redondos, dulces, de pequeños pezones que se erguía al mínimo roce.
Pero no sé detuvo ahí, pues deslizó la suave sábana de seda, que era más de lo que necesitaban en el caluroso verano; y su piel quedó expuesta, sonrosada piel, suave y maltratada, surcada de las cicatrices de la batalla, pero era bella, y fuerte, siempre lo había sido, solo que ahora además, era una excelente guerrera.
"Que ironia…"
Tantos siglos odiando a su padre, y ahora había sucumbido a los encantos de una humana, sabía incluso que sus hijos serían Hanyou, pero eso ya no le importaba, dejó de importarle desde el momento en que Rin entró en su vida, desde que Shippo le respondió cómo un verdadero hijo lo hubiera hecho por su padre; desde que volvió a ver a Kagome y supo que ya no quería estar separado de ella.
_ Ya duerme…
Kagome lo dijo solo en un susurro, que fue como una leve caricia, llegando a pensar que solo lo había imaginado.
Pero ella se removió en la cama, buscando una posición más cómoda, y poder mirarlo.
_ No puedo…
_ ¿Sera porque estoy soñando contigo?...
Kagome se levantó suavemente, y así desnuda como estaba, se sentó sobre él, de una manera suave y sexi, intentando que no sé alterara, acariciandolo suvemente con su reiki, mientras Yako en su interior, se removía nervioso, pues quería poseerla de una buena vez.
_ Sesshomaru, tengo miedo de que te alteres y me puedas lastimar, pero no por el dolor que pudiera sentir, si no porque sé que te arrepentirás después y podría perderte…
Ella había leído su interior y Yako, se había quedado quieto, escuchando, pues ella podía comprenderlo también.
"Ella es nuestra pareja… yo la cuidare…"
Sesshomaru acariciaba su cintura, pasando sus garras por la delicada piel y la suave herida, y Kagome supo, que él estaba tranquilo y confiado, así que sé inclinó, aún montada sobre él, y lo beso suavemente, pues ella también quería conocer cada centímetro de piel.
_ Te amo Sesshomaru…
Y él con una mirada, cargada de fuego y sentimiento, le hizo saber lo que sentía… no necesitaba palabras, Kagome lo sabía.
Paso sus manos por la abertura del kinagashi, acariciando su suave piel, besando despacio, con minúsculos besos que iban dejando un rastro húmedo, que bajaba por la línea de su esternón, hasta su ombligo, con el que jugó y Sesshomaru se tensó bajo sus manos.
Desató el obi de su ropa, y Sesshomaru sintió una tormenta en su interior, intentando tranquilizar a su Bestia, recordando que ambos la cuidarán, que ambos la protegerían.
Kagome notaba su mirada, apasionada, con un tinte leve de sangre, en medio del mar dorado, y sabía que Yako le estaba dando un mal momento o estaba disfrutando también…
_ Te amo en todas tus formas, Sesshomaru…
Yako aulló en su interior, mientras Sesshomaru cerraba los ojos y siseaba de placer, cuando ella empezó a recorrer con sus manos, sus caderas, sus piernas, sus ingles, intentando llegar y esquivando al mismo tiempo, su erecto y adolorido miembro, que deseaba más que nada el suave tacto de sus manos.
Kagome había visto hombres desnudos, en su entrenamiento como sanadora, en sus batallas de entrenamiento cómo guerrera, cuando tenía que arrancar la ropa de algún compañero para detener alguna hemorragia, incluso a Inuyasha, aquellas veces, cuando se había bañado en su casa o cuándo se había desmayado en la termas… pero aunque había visto diferentes tamaños, gruesos, formas y colores, no dejaba de impresionarme el firme y palpitante miembro de Sesshomaru, que se situaba entre los más grandes que había visto.
Quería tocarlo, quería evitarlo, no sabía que sucedería si al final, ella se atreviera a hacerlo gozar.
Después de besar cada milímetro de piel alrededor de él, lo tomó suavemente, notando la cristalina gota de líquido seminal, que no había podido evitar que saliera, pues estaba realmente excitado, intentando contenerse, dominando a Yako, que estaba cómo un cachorro disfrutando las caricias de su hembra.
Lentamente lo acarició de arriba a abajo, mientras Sesshomaru emitía un grave murmullo en su garganta, pues estaba disfrutando sus caricias.
Sabía que no llegarian a emparejarse, sabía que esa madrugada no la marcaria, solo estaban disfrutando, conociéndose, amandose… si, amandose.
Jamás en todos sus años, el sexo había sido tan placentero, todo había sido rápido, fácil, desahogante, solo para el momento, sin ir más allá.
Pero esta vez tan diferente, ambos estaban tomándose su tiempo, y ambos lo estaban realmente disfrutando.
Sesshomaru la acostó sobre la cama, y comenzó a besarla, desesperado, deseoso, excitado… repegandose a ella, mientras Kagome comenzaba a mover sus caderas instintivamente, sobando su pelvis contra él, con el rostro rojo, la respiración entrecortada y los ojos húmedos de placer, deseando que él la tomara, deseando que la llenara, sintiendo por primera vez en su vida esa necesidad de tener un hombre o un macho, en caso de él, fundido en su ser.
Él se aferraba a la almohada bajo ella, besando su cuello, saboreando sus senos, y siguiendo el ritmo que habían puesto, masturbandose ambos con sus cuerpos, acariciando sus sexos sin necesidad de ir más allá del erótico contacto.
Kagome gimió con fuerza y el aroma de su excitación inundó la habitación, estaba a punto de alcanzar un orgasmo y Sesshomaru se sentía complacido al ver el rostro, con ese gesto arrobado de placer.
Ella arqueo su espalda, buscando más fricción, mientras él sentía que su rostro ardía, deseando terminar también, entrar en ella morderla.
Kagome gimió ruidosamente, abrazándose a su cuerpo, mientras Sesshomaru abrió su boca, deteniéndose un milímetro antes de que sus colmillos invadieran la suave piel de su amada.
Pero Kagome, a pesar de sentir la intensidad del erótico momento vivido por los dos, sabía que no era suficiente, pues hasta ese momento solo ella había disfrutado de recibir placer.
Lo empujó suavemente, guiandolo, recostando sobre la suave cama, y apasionada como estaba, con la leve transpiración haciendo brillar su piel, sus senos erectos, su rostro rojo, su intimidad húmeda por el orgasmo recibido y con el corazón latiendo a mil por hora; comenzó a besar su cuerpo, mordiendo, lamiendo, chupando, mientras sentía el cuerpo de Sesshomaru tenso de placer, con los ojos apretados, su youki alborotado, su sexo erguido, sin poder hincharse más, mientras enterraba sus uñas en el colchón, pues su Bestia estaba disfrutando, amándola, descontrolada y a punto de tomarla sin miramientos.
Kagome alzó su reiki, un poco, solo lo necesario para que Yako se relajara en su interior y disfrutara, pues lo que estaba a punto de hacer, sería muy riesgoso.
Bajo por el duro abdomen de Sesshomaru, una vez más, pero esta vez, directo a su objetivo. Tomó su miembro con sus manos y comenzó a besar, a lamer, a chupar, practicando lo que en el futuro conocían como sexo oral…
Sesshomaru abrió los ojos, alzándose un poco, viendo cómo ella lo follaba con su boca, disfrutando, acariciándolo con sus inquietas manos, mientras sus pequeños labios lo devoraban.
Yako aullaba y gruñía en su interior, disfrutando, sin necesidad de ir más allá, no había necesidad de salir al exterior para disfrutará a esa gloriosa hembra que le estaba haciendo gozar como nunca antes.
Kagome noto el sonoro siseo, que salió de sus labios gozando de lo que estaba haciendo, el rostro de ambos estaba sonrojado, pues disfrutaban del placer de dar y recibir.
El tonificado cuerpo de Sesshomaru, comenzó a transpirar, sus plateados cabellos se pegan en sus rostro, cerraba y abría los ojos, viéndola y al mismo huyendo de la visión de la hambrienta Miko.
_ K-Kagome, y-yo aahh… e-estoy…
Ella sintió su miembro palpitar en su boca, hincharse un poco más, sabía lo que venía, sabía que terminaría, y aunque era nueva en eso, sintió una necesidad enorme de probar su esencia, de dejar que terminara dentro de ella; asi que no lo soltó, aumentando el ritmo, dejando que sus manos vagaran por su masculino cuerpo, hasta que él, en un apasionado gruñido, dejó salir su simiente…
Kagome tragó todo, y aunque extraño, no era desagradable la sensación, limpio su boca con el revés de su mano, viendo a Sesshomaru controlar su respiración, su hermoso Adonis, respirando con el brazo apoyado en su frente, recuperando la compostura.
_ Ven…
Sesshomaru la jalo de una mano, acostándose sobre él, disfrutando de su ligero peso, acariciandose ambos, después de la locura de unos segundos atrás.
_ Miko, eso fue…
_ No hay necesidad de decir nada…
Sesshomaru se alzó y se apoyó sobre sus brazos y el vientre de ella, encerrandolos a ambos en una cascada de color plata, los ojos de Sesshomaru eran rojos, con las pupilas verdes, y aunque Kagome, en un principio se preocupo, sé dio cuenta de que su youki estaba en paz.
Yako había salido al exterior, quería ver a su hembra a los ojos.
Aspiro el aroma de su cuello, rozando con sus colmillos la palpitante carótida, saboreando el lugar en el que sus colmillos la marcarian cuando fuera suya por completo.
_ Mia…
_ Si…
Ella lamió sus labios, y al final se perdió en un beso, recuperando su cuerpo, volviendo a ser Sesshomaru…
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Los entrenamientos de Raiko y Ryutaro comenzaron a ser más fuertes, reuniendo, además, los elementos que les podrían servir, como medicinas, sellos que tenían que ser expuestos a los elementos antes de ser nombrados con tinta.
En esos momento echaban mucho de menos a Himiko no kimi, pero habían aprendido lo suficiente de la elaboración de sellos, como para joder lo suficiente a Naraku y a sus esbirros.
Sabían que del que se tendrían que cuidar más, seria de Ikki Koyama, que conocer cada movimiento y contraatacar rápidamente o estar preparado para ello.
_ No te preocupes, Raiko, nuestra ventaja es el entrenamiento que tenemos, nuestra fuerza y nuestra velocidad. Ese debilucho, perezoso jamás nos vencerán.
Ya luchaste contra Naraku en una ocasión y lo detuviste fácilmente, ahora tienes a Kagome san y a mí para apoyarte, aunque absorbiera la Perla, unidos los tres, seremos invencibles…
_ ¿Qué crees que suceda en el consejo Youkai?...
Raiko pensaba en su hija y en si este, a pesar de que ella era humana, la apoyarian en la batalla contra Naraku.
_ Un Youkai desprecia al humano por su debilidad; tú hija es educada, bella y fuerte, una digna heredera de la casa Higurashi… si el hijo de Inu no Taisho la reclama, no se opondrán a ella…
Continuaron trabajando y entrenando, pero aun así Raiko no dejaba de pensar en su hija, en su familia, y cómo podía perderlos de nuevo.
Naraku había jugado sucio, destruyendo a su gente, a su pueblo, y le daba miedo perder de la misma manera a Sonomi, a sus hijos…
Dejó de hacer lo que estaba haciendo y entró a su habitación en medio de la noche…
_ ¿Ya terminaron de entrenar? ¿quieres algo de cenar?...
_ No te levantes Sonomi, estoy bien…
Y Raiko comenzó a acariciar su rostro, viendo a través de la luz de la ciudad, que entraba por la ventana, sus hermosos gestos, su hermoso rostro, memorizando una vez, besando cada gesto.
_ Jamas olvides que te amo…
_ Jamas lo hare… pero no lo digas con esa intensidad en tu mirada, pues siento que desaparecerás de nuevo…
_ Siempre encontraré la manera de regresar a ti.
Y esa noche se amarían, como todas las demás, pues no querían dejar de sentirse, no lo harían.
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En la Casa de la Luna, el amor flotaba en el aire, cada pareja en su habitación, hacía el amor, tranquilos y relajados, pues estaban bajo la protección del Oeste.
Yumeko, por primera vez en muchos días, dormía tranquila, soñando con el Hanyou de cabellos de plata.
Ya no eran pesadillas sobre la destrucción de Rakuen no ippen, ya no eran sobre Yuuki en aquel bosque en que le dio su primer beso.
Ahora era Inuyasha y su cálido cuerpo, ella sobre él, besando sus labios.
Inuyasha, había recuperado su fuerza, la madrugada comenzaba a clarear y sobre las montañas se vislumbraba la luz del sol.
Había despertado después de soñar con Yumeko, y salió al balcón, para esperar el amanecer, y en cuanto sintió su olfato, y sus reflejos volver, detectó la habitación de Yumeko, y no pudo evitar la necesidad de subir hasta el.
Sabía que no era lo correcto, sabía que podía asustar incluso a Rin, pero solo la quería ver, algo rápido, y saldría de la habitación.
Y ahí estaba frente a ella, sobre la blanca cama, con su ropa de noche y sus largos cabellos dorados extendidos sobre la almohada, tan bella, tan extraña…
Salió de ahí, después de ese breve instante, y sé volvió a sentar sobre la baranda de su balcón, a esperar que amaneciera por completo.
Yumeko despertó, con una sonrisa en el rostro y con una tranquilidad, que desde hace tiempo no conseguía.
_ Inuyasha…
Fue el nombre del hanyou dicho para ella misma, Rin estaba dormida, no la escucharía, pero no contaba con él mismo, que a pocos metros de ahí, había recibido su voz, junto con la brisa de la mañana, que cargaba el viento.
Y sonreía, por primera vez,hacía mucho tiempo que no lo hacía, y sentía su corazón latir sin culpa, no había más dolor, ni más remordimiento, Yumeko era esa mujer con la que renacería.
Yumeko sintió ganas de tocar su Koto, así que sé sé levantó y después de ponerse un haori, se sentó sobre el tatami, frente a la ventana y sacó el koto de su vaina de frijol, y después de acomodarse, comenzó a tocar una bella canción, que su madre tocaba bajo los cerezos en flor, cuando iban todos al hanabi.
Y aunque pensó en Yuuki sempai, su corazón estaba puesto en el rostro del Hanyou, del que, en tan poco tiempo, se había enamorado, tenía que hacer algo, ella no sabía de romance, pero creía en la magia de su pueblo, y tenía que saber si Inuyasha era el hombre por el que valía la pena luchar.
Desde la primera nota, Inuyasha se había quedado congelado, pensó que se había sumergido una vez más en sus recuerdos, volviendo a soñar con su madre; pero sé dio cuenta de que no era así, y su olfato y su oído no lo engañaban, la música provenía de la habitación de Yumeko, ella había despertado y estaba tocando el Koto, el mismo instrumento, que todos los días, su madre tocaba para él, y no lo podía creer.
Todos desde sus habitaciones escucharon las notas del instrumento musical, y se alegraban por el Hanyou, que al fin había encontrado el amor que le había sido arrebatado por azares del destino.
_ Vaya, creo que además de anunciar nuestro compromiso, tendrás que anunciar el del Segundo Heredero del Oeste…
Sesshomaru miraba a su Miko a los ojos, buscando algo en ellos.
_ No tengo celos… Mí sentimientos por Inuyasha, desde hace mucho, tomaron el lugar que le correspondian, y creeme, en nada se comparan en el amor que siento por ti. ¿Desconfias?...
_ No sé, los humanos son muy volubles y e escuchado, que las mujeres humanas más…
Kagome se subió sobre él y tomó su rostro, que tenían un leve brillo de travesura en ellos.
_ Lo siento mi Señor, por desgracia, tendrá que lidiar conmigo por muchos años y con las decisión que tomé de amarlo.
Se besaron, sé estuvieron acariciando por un rato más, en lo que terminaba la hermosa canción de Yumeko.
Ese día, sería un día pesado…
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Byakuya se bañaba en una aguas termales, pues ese día, Naraku recuperaria sus poderes, y no quería que notara el aroma de Ikki Koyama en él.
Sería inteligente, había disfrutado mucho esa noche, como para dejarlo ir todo tan facilmente, no seria como la tonta de Kagura.
Con su youki, desaparecia, los moretones y los chupetes de su cuerpo, realmente ese humano lo había sorprendido, y lo había sabido dirigir de la manera más sensual, dura y ardiente, y no podía creer, que el sexo fuera así de bueno.
Ikki Koyama, lavaba su cuerpo con fuerza, limpiando cada zona de él de manera exhaustiva y con una mezcla de hierbas, que servían para disimular su aroma, pues no sería descubierto.
Pensaba en la noche con Byakuya, y cómo a pesar de que todo comenzó con asco, de parte de él, al final la fuerza y la violencia con la que lo tomó, logró excitar, dándose cuenta que no era ajeno a ese tipo de placeres terrenales, solo que, aunque sé creyó inmunes a los encantos de las mujeres, se dio cuenta de que dominar a un hombre lo excitaba más, y pensó en Raiko, y cuál había sido su obsesión por todos esos años, había querido ser para él, pero Raiko lo olvido en cuanto salió esa extraña mujer del pozo.
La vieja Alquimista lo había insinuado muchas veces burlándose de él, y recordaba sus últimas palabras, cuando perdió el control de sus acciones y al final de todo la mato…
"Eres un ser asqueroso, maldito marica degenerado… pero ya le diré yo a Raiko, cuanto deseas que te de por detras… jajaja…"
Sintió la frialdad de la amargura, correr su garganta, y de nuevo, con el mismo odio que venía cargando desde hacía mucho, confirmó su plan, él acabaría con todos… él sería el más poderoso del universo…
Pero mientras pensaba en su glorioso futuro, vio entrar de de nuevo a Byakuya en su onsen, sentándose en un extremo, sonriendo mientras el agua cubría su blanca piel.
Ikki Koyama, aunque asustado y molesto del deseo de poseerlo una vez más, se acercó a él, y tomando con fuerza de la parte de atrás de su cabello, le dio un beso furioso, evitando morder sus labios, para no dejar marcas, mientras Byakuya, buscaba su miembro para excitarlo aún más.
_ No deberíamos, Byakuya, tu Señor está a punto de despertar…
Con un susurro sobre sus labios, lo continuo besando mientras apartaba la mano de ese lugar, que los haría perder sus inhibiciones.
Aun así sé abrazaron con fuerza, evitando ir más allá, recorriendo sus cuerpos, mientras su estrechas caderas, se repegaban, queriéndose fundir él uno en el otro…
Naraku se removía en la oscura habitación, donde estaba dividido como un puzzle, en ciento de partes diferentes, de todos los demonios que había absorbido.
Estaba teniendo una pesadilla, y no podía despertar…
"Naraku, tu error fue acabar con mí pueblo… ellos no iban a intervenir, Kagome seria tu única rival… pero te ensañaste, creiste en las mentiras de un traidor…"
Por más que Naraku, le exige aparecer, la dulce voz no sé mostraba, poniéndose nervioso en medio de esa oscuridad.
" Ahora tu muerte sera ESTA…"
De entre las penumbras de su pesadilla, salió Himiko no kimi, con sus cabellos sueltos, su energía aplastante, sosteniendo su rostro con sus doradas garras de metal, impidiendo que se moviera, haciendo que mirara sus ojos, de color verde y dorado.
Y Naraku se removía y comenzaba a gritar, intentando escapar de la mirada de Himiko no kimi, viendo en ellos su muerte, viendo en ellos a su traidor, viendo en ellos el dolor agonizante al que sería sometido, cuando Kagome y Sesshomaru, pusieran sus manos en él.
Intento despertar pero estaba sumergido en un profundo trance, del que la visión de una muerta no lo dejaba salir.
"El Tiempo ha hablado, mí Señor no dejaría intervenir a sus Hijos en esta batalla; pero el clamor de las almas destruidas por ti, ha llegado hasta sus oidos, asi que dejará a sus Guerreros acabar contigo…"
Naraku abrió los ojos, su cuerpo a medio formar bañado en sudor, y su semblante desencajado por el terror.
Quería pensar que todos había sido una pesadilla, pero la visión de su muerte había sido bien clara, y odio a Ikki Koyama, pues sabía que lo traicionaria, no cómo lo haría, pero de ahí en adelante, tendría que cuidarse de ese bastardo que solo buscaba el beneficio propio.
Su cuerpo seguía recuperándose con dolor, pues aun el poder de Kagome seguía haciendo de las suyas.
Mando un pulso de youki, llamando a Byakuya, que de inmediato se presentó.
_ Al fin despierta Naraku sama, aunque veo que no sé ha terminado de regenerar del todo, ¿se encuentra bien?...
_ La estupida de Kagome, me hizo más daño del que creía, así que después de estas lunas mí cuerpo no sé termina de regenerar, ni siquiera puedo convocar a Magatsuhi cómo quisiera, pues mi energia aun es débil. ¿Haz sabido algo de Inuyasha?...
_ De hecho si. No sé cómo lo lograría, pero al parecer Kagome y una Guerrera de su clan, escaparon de la destrucción que usted e Ikki koyama san, habían provocado; en estos momentos se encuentran viajando juntos hacia el Oeste.
Naraku recordó el sueño, donde la sacerdotisa y el Daiyoukai estaban unidos para derrotarlo. Pero, ¿unidos en qué sentido? ¿una alianza de guerra? ¿una unión de pareja?... esto último sonaba más que imposible, pues ni siquiera a Kagura había aceptado por ser hanyou, menos lo haría con Kagome, que era humana y sacerdotisa además.
Así que probablemente, estaban viajando al Oeste, para un tipo de alianza en la batalla, con la que pudieran derrotarlo.
_ ¿Donde esta Koyama san, en estos momentos?...
_ Preparando una posición regeneradora, imagino que es para que sane más rápido…
Byakuya no sabía nada del veneno en las posiciones, pero sospechaba que algo tenían que ver en los planes de Ikki, pues era muy escrupuloso a la hora de prepararlas.
Naraku maldecía, sentía la necesidad de tomarla para "aplacar el dolor", pero sabía que ya no tenía que seguir confiando en él.
_ Ohayo, Naraku sama ¿gusta tomar el remedio que prepare para su salud?...
Naraku lo miraba a los ojos, intentando leer su mente, traspasando su mirada transparente, queriendo ver más allá de sus intenciones.
Pero su cuerpo se retorcía, la energía de Kagome aun vagaba por su cuerpo, cómo estática lastimandolo…
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_ Kagome sama, después de que terminen de vestirla en su habitación, la convocará Lord Sesshomaru, y después de ser anunciada debidamente, usted se sentara a su derecha.
_ Lord Inuyasha, usted se sentara a su izquierda, pues es el lugar que le corresponde a un heredero, hasta que mi Amo, tenga hijos propios.
n
Inuyasha, notaba la mirada incómoda de Kagome, mientras veía a Shippo, pues ella los consideraba a Shippo y a Rin como propios.
_ ¡Tsk! ¡Callate sapo! y deja de decir estupideces, enfrente de los niños…
Lo golpeo sobre su verde cabeza, dejando una enorme contusion, desmayándose Jaken en el acto.
Durante el día, Kagome no había podido ver a Sesshomaru, que estaba reunido con sus Generales y con los Lords, mientras el resto de los invitados se instalaba en el enorme palacio y sus alrededores.
Desde la ventana de su habitación, veía las hermosas tierras del Oeste; en nada se parecían en Rakuen no ippen, que estaba suspendida en el tiempo, en una eterna primavera, rodeada de los elementos a su alrededor.
El palacio del Oeste estaba rodeado de la más hermosa naturaleza, grandes montes, que se elevaban detrás, desde donde caía una cascada, que alimentaba el lago, y las termas, que proporcionaban agua caliente al palacio.
El verano estaba casi a punto de terminar, pronto los árboles, serían de un hermoso color dorado, cobre y rojizo, que anunciarian la llegada del Otoño.
Kagome deseaba salir a caminar al bosque, conocer cada árbol, comer frutas silvestres, empaparse de la belleza del Oeste...
_ Vaya, el aroma de Sesshomaru, sobre una Ningen…
Kagome abrió los ojos, dejando de respirar el cálido aroma del bosque, que entraba por la ventana, volteando de inmediato a la dirección de donde venía la voz.
_ Disculpe, ¿pero quien es usted?...
_ Veo que aun no sabes nada de mí…
Kagome, sabía que algo tenía que ver con Sesshomaru, pues el poder que emanaba, era igual de poderoso y aplastante que el de él, su cabello color plata, la luna sobre su frente, y esa belleza, que a pesar de ser una hembra, se parecía bastante a Sesshomaru.
_ Okaeri nasai…
Kagome se inclinó con respeto haciéndole una reverencia a la youkai, sin dejar de tener sus sentidos alertas.
La hembra la rodeo, tocando su kimono, su cabello, la piel de su cuello, donde una noche anterior, Sesshomaru había intentado marcarla.
_ Madre, ¿sé puede decir que haces en mí habitación?...
Kagome volteo rápidamente, dándose cuenta de que Sesshomaru estaba en la habitación, mirando a la que era su ¿madre?...
_ ¿Tu habitación? bueno, como vi a esta humana aqui, pense que era de ella…
_ Yo… mmm…
_ ¿Una Miko, Sesshomaru?... cuando dije que habías heredado las particularidades de tu padre, pensé que solo en el aspecto de proteger humanos, pero, ¿unirte a una humana? ¿miko?...
_ Madre, le ruego que modere su lengua en mí presencia…
La mirada de Sesshomaru era fría, y su youki se estaba elevando cada vez más, intentando empoderarse frente a su madre.
Kagome miraba a cada uno, intentando hablar y controlar su reiki, que se alteraba al sentir el de él…
_ Bueno, me dio un gusto conocerte Miko. Hijo, no vemos durante la reunión del consejo.
De un segundo a otro, la Madre de Sesshomaru, había volteado a mirarla, con la mejor sonrisa sobre sus labios y sus manos al frente, haciendo una pequeña reverencia, despidiéndose de ambos, saliendo por la ventana del balcón.
_ ¿Que acaba de pasar?...
Fue un susurro apenas, pues realmente todo había sido tan repentino y sorprendente, de un minuto a otro, madre e hijo a punto de un duelo, y después nada…
_ Ella es Irasue, mí madre…
Y Kagome lo miró, sin saber que decir, pues sus ojos eran fríos y furiosos.
_ Vaya…
_ Miko, estate atenta, y a partir de este momento no te separes de este Sesshomaru, mi madre, no es una hembra de confiar. Vamos a buscar a los demás…
Todos se reunieron en la biblioteca, preguntandose porque la energía que habían tenido hacía unos momentos.
Pero Inuyasha si sabía de quién era, y caminaba dando vueltas alrededor de todos, alterado.
_ Kagome Hime, ¿de quién era ese youki tan poderoso?...
Kagome y Yumeko, caminaban tras Sesshomaru, para reunirse con los demás.
_ De la madre de Sesshomaru sama…
Yumeko miro a los ojos a su amiga, adivinando su consternación, pues sé olían problemas en una posible unión entre ellos dos.
Llegaron a la biblioteca a la que entraron, y después de que se sentaran todos y los saludaran, Sesshomaru procedió a hablar, ignorando las miradas sonrojadas de su hermano y la Onna.
_ Tadaima…
Kagome saludo a todos con una sonrisa despreocupada, mientras Shippo y Rin se sentaban a su lado.
_ Okaeri nasai Lord Sesshomaru, Kagome Hime…
Los saludaban con respeto, pues mientras hubiera gente ajena a las tierras del Oeste, las paredes podrían tener oídos.
_ Madre sama está en el palacio… conociendola, probablemente no esté muy contenta con humanos en su presencia, ni con Inuyasha en las Tierras del Oeste… a pesar de que mí padre lo reconoció, dándole su nombre antes de morir…
Inuyasha lo miraba con el ceño fruncido, pues recordaba alguna vez visitando a su madre, y cómo se reía al parecer de ella, dejándola sumida en la tristeza, llorando después de su partida.
Muchas veces después de eso, sintió su youki a lo lejos, buscándola para reclamarle, escuchando su risa burlándose en el viento.
Sesshomaru estaba a la defensiva, pues aunque nunca atacó a Rin o Kohaku, mientras estuvieron en su palacio, jamás olvidaría que había sido la causa de la segunda muerte de Rin. A su madre le gustaba hacer bromas muy pesadas.
_ ¿Crees que tu madre permita un emparejamiento entre ustedes dos?.
La pregunta que flotaba en el aire e incomodaba a todos, dicha en los labios de su medio hermano, que al parecer, no sé andaba por las ramas.
Miro a Kagome a los ojos, diciéndole con la mirada todo.
Su madre se opondría a ellos.
_ Mi madre probablemente te ponga a prueba, para intentar demostrar que no eres digna para ser Señora del Oeste.
_ ¿Que clase de pruebas?...
Kagome estaba preocupada, pues desconocía mucho de las costumbres youkais.
_ Ni yo mismo lo sé… a mí me puso, para poder conseguir el poder de Tenseiga, viajando al inframundo para rescatar a Kohaku y Rin.
La mirada de Sesshomaru se ensombreció recordando su dolor, y Kohaku bajo la cabeza recordando también…
_ ¿Fue cuando morí por segunda vez, Sesshomaru sama?
_ ¿Que…?
¿A qué se refería su pequeña por segunda vez? ella sabía del ataque que había recibido por parte de los lobos, pero no sabía nada de esa segunda vez, mirando a Sesshomaru confundida.
_ Mi Madre al final le devolvió la vida con el collar Meidou, del que ella es guardiana…
Todos sintieron el reiki oscuro de Kagome, comenzar a elevarse solo un poco, antes de que Sesshomaru tomara su mano.
_ No permitiré que nadie se atreva a tocar a mis seres queridos, ni siquiera tu a Mamá…
_ Te entiendo, yo de igual manera estoy dispuesto a proteger a los nuestros… ellos son parte de nuestra manada.
El día pasó de prisa y cuando menos lo pesaron, la tarde había llegado y era hora de la reunión con el consejo.
_ Bienvenidos sean al Oeste, Lord Subaru, de las tierras del Sur, y Lord Toshio de las tierras del Este.
Lamentamos todos la caída de Lord Hiroki de las tierras del Norte, y hoy estamos reunidos aquí, para poder tomar cartas en el asunto.
_ Así sea Lord Sesshomaru, gracias por recibirnos en su presencia; pero antes que nada, sería conveniente que presente al Segundo Heredero del Oeste, que por primera vez esta sentado a tu izquierda, cómo tu padre lo hubiera querido.
Lord Toshio, un Kuma (Oso) Daiyoukai, milenario, exudaba sabiduría y paciencia, aliado de Inu no Taisho, que luchó a su lado en algunas guerra, siendo mentor de Sesshomaru cuando era más joven.
_ Bueno, como todos saben, Inuyasha es el segundo hijo de mi Padre, y heredero de la Casa de la Luna, en caso de faltar yo y no dejar descendencia.
_ Así sea…
Y ambos Lords, con esa frase dicha al unísono, le dieron la bienvenida a Inuyasha a la corte Youkai.
_ Hablemos de Naraku… es un tema prioritario por el momento… pues aunque no queríamos intervenir en esa batalla, ese hanyou nos ha provocado.
Los Lords, tenían la misma postura que Sesshomaru en un principio, no lo tomaron en cuenta pues no se había cruzado en sus caminos, pero la caida del Norte era una amenaza más que evidente y todos corrían el mismo riesgo de desaparecer.
Sesshomaru le dio la palabra a Inuyasha, pues era momento que se diera a conocer, narrando la última batalla con Naraku.
Inuyasha sonrojado, sintiéndose observado por todos, sé levantó de su lugar, y después de reverenciar a su hermano que estaba sentado en su trono, reverencio al Consejo Youkai.
_ Hace tres, en las tierras que me heredó mi padre y que se encuentran cerca del límite Norte; Naraku completo los fragmentos de las Perla de Shikon, y aunque no la absorbió, el espíritu negativo de la perla, Magatsuhi, aumenta sus poderes, convirtiéndolo en un ser poderoso, que estuvo a punto de derrotarnos, incluyendo a la shikon no Miko, de no haber sido por la intervención de los Bushi no Yoru…
_ ¿Que dice, Inuyasha san? ¿Bushi no Yoru?...
Lord Toshio, se envaró en su asiento, sorprendido por las palabras del Hanyou, pues hacía muchos siglos que no escuchaba hablar de los Guerreros de la Noche, desde esa batalla lejana, en la que apoyaron a Inu no Taisho, equilibrando con ello, la frágil balanza del Universo.
_ En efecto Lord Toshio, la Shikon no Miko, es hija de Raiko Ouji, princesa de la casa Higurashi.
No lo podía creer y sé recargo en su asiento, pues sabía el poder de los Bushi no Yoru, y si ellos habían intervenido las cosas no pintaban muy bien que digamos.
_ Dejemos que Lord Inuyasha continúe, pues a comparación de usted, Lord Toshio, mí reinado en las tierras del Sur es reciente, y no me contó mi padre, jamás, sobre esos guerreros…
Subaru sama, un Sika (ciervo) Daiyoukai, con una seriedad muy parecida a la de Sesshomaru, aunque con cierta calidez y delicadeza, quería terminar de escuchar el relato de una vez por todas.
_ Los Bushi no Yoru lo sellaron y lo encerraron en una ánfora, llevando hasta su pueblo, donde la Shikon no Miko Kagome Higurashi Hime, los acompañó para entrenar, pues es la única que puede pedir el deseo correcto y acabar con la Perla de Shikon y con Naraku.
Ambos Lords, al igual que los demás Jefes Youkais de otras razas que estaban presentes, se quedaron serios, pues depender de una Miko era algo bastante ilógico, aunque si era parte de un clan tan poderoso, podría ser…
_ Bueno, ¿no seria mejor que todos presentaran a la humana?... todos aquí quieren conocerla…
Lady Irasue, la madre de Sesshomaru, iba entrando al salón, donde todos se pusieron de pie, reverenciando su llegada, pues después de todo ella era Madre sama, la viuda de Inu no Taisho.
Sesshomaru la veía seriamente, y con un gesto de su mano la invitó a sentarse a su derecha, frente a Inuyasha, aunque no en el estrado donde estaba su trono, ese estaba apartado para la futura Señora del Oeste.
_ ¿La Shikon no Miko se encuentra en el Oeste?...
Todos habían escuchado hablar de ella, incluso algunos la habían conocido, cómo el clan Ookami o el clan Kitsune, todos conocían su poder, aunque grande, bastante limitado, pues era una jovencita sin entrenamiento en el arte de la guerra, que además era bastante extraña, pues vestía ropas raras y algo indecentes, que muchos habían escuchado no eran de esa época, pues contaban muchas leyendas, que ella no era de ese tiempo, y ese día lo comprobaban, pues había resultado ser la princesa de un clan poderoso, solo conocido en leyendas.
Sesshomaru, le hizo una seña a Jaken, para que le avisara a Kagome y entrará acompañada de sus amigos, a los que presentaría como su manada, aliados o séquito, según lo quisieran ver.
Todos guardaron silencio, expectantes, ni siquiera la respiración de los presentes se escuchaba.
Cuando se abrieron las grandes puertas del salon, solo se escuchaba sé suave fru fru del kimono hitoe, con el que estaba vestida Kagome, mientras todos en silencio admiraban la belleza de la Miko Hime, guardiana de la perla de Shikon.
Se paró frente a Sesshomaru, con sus amigos de pie tras ella, y lo reverenciaban, agradeciendo la invitación.
Sesshomaru se puso de pie para sorpresa de todos, y después de indicarle a Yumeko, Sango, Miroku y Kohaku, que tomaran asiento, tomó de la mano a Kagome y la guió a su lado.
Todos en la sala comenzaron a murmurar rápidamente, asombrados por la acción del más orgulloso Daiyoukai del universo, incluso su madre, que lo miraba, con una sonrisa maliciosa en los labios, pues su hijo había elegido a una humana para Señora del Oeste.
Kagome vestía un kimono hitoe de varias capas, que había dejado Himiko no kimi, en una de las vainas de frijol como regalo para ella, extravagante, delicado y hermoso, como pocos se habían visto en esa época, de colores en varios tonos de azul, rosa suave como las flores de cerezo, rojo y violeta cómo las glicinas de su pueblo.
Sus espadas acomodadas en su obi y su largo cabello suelto, sujetó en una media coleta con una par de peinetas de jade y de oro, que le había regalado su Abuelo, para su presentación en Rakuen no ippen.
_ Ella es la Hime, Kagome Higurashi, Onna Senshi no Yoru y guardiana de la Perla de Shikon…
Kagome hizo una delicada reverencia, alzando su reiki, demostrando con sutileza, la grandeza de su poder. Su Abuelo alguna vez le había dicho, que era lo que tenía que hacer antes youkais poderosos, como los ahí presentes, no debía de amedrentarse, ni dejarse intimidar, pues ella actualmente era muy poderosa.
Lord Subaru y Lord Toshio, estaban asombrados por la poderosa humana frente a ellos, y por sus aliados, otra Onna Senshi no Yoru de cabellos dorados, un Monje poderoso y dos miembros de la desaparecida aldea de Exterminadores de Demonios, con los que habían tenido muchas alianzas a través de los años.
_ He reclamado a la Hime, para que sea mi compañera a partir del día de hoy, si ustedes así lo permiten…
Los murmullos se alzaron de nuevo en el salon, pues sabían que dejarlo a decisión del Consejo solo era mera formalidad, pues nadie le llevaría la contraria al poderoso Lord Sesshomaru.
Los Lores y los jefes se miraron, pues todos pensaban lo mismo, hacer una alianza con la Onna Kagome y sus aliados, era lo más inteligente, para esa batalla y para el futuro, pues era mejor que estuviera unida a un Lord Daiyoukai que a un ningen, Señor feudal o Daimyo, que se atreviera a declararle la guerra con el poder de la guardiana de la perla de Shikon.
Lord Toshio, por ser el de mayor edad ahí presente, se puso de pie para bendecir la unión, después de los demás presentes, dieran su aprobación con un leve asentimiento de cabeza.
Y tomando sus manos y uniendolas, dijo:
_ Que así sea… de aquí y hasta el final de los tiempos, que el Clan Higurashi y el Clan Taisho, queden unidos por medio de sus hijos, Kagome Higurashi Hime y Lord Sesshomaru Taisho… y el que no esté conforme que lance un reto o calle para siempre…
Sus amigos e Inuyasha, estaban embargados de emoción por ambos, mientras Rin y Shippo, en un salón contiguo escuchaban las buenas nuevas, pues no podían estar presentes en el Consejo.
Kouga y Ayame, se tomaron de sus manos, mientras el resto de su manada comenzaba a gritar y silbar, aullando y haciendo algarabía, celebrando por los novios, mientras el resto aplaudía.
_ Yo me opongo… Reto a la Onna Senshi no Yoru, a que demuestre que es digna de tomar el trono de la Señora del Oeste.
Irasue se había puesto de pie elegantemente, viendo a ambos con una mirada de fría burla, que no dejaba ver sus intenciones.
Kagome no sabía qué hacer, pues al final era la madre del hombre que amaba, y sentía el youki de Sesshomaru elevarse de manera oscura, furioso por el desplante de su Madre, para su compañera.
Pero vio sus ojos, y algo le recordó a Ryutaro sensei, algo que le decía, que necesitaba demostrarle que era lo suficientemente fuerte para ser la mujer de su hijo.
Y ella estaba preparada para ello.
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Bueno, primero disculpas, por no haber actualizado la semana pasada, pero mientras estaba disfrutando de las olas, se me enredó una medusa en mí brazo, provocando, obviamente, una fuerte inflamación (si existen los ataques de medusa y más en el océano pacífico)...
Pero ya estoy de nuevo aquí… y para compensar mi ausencia, subí las cosas un poquitín de tono…
¿Alguna vez han tenido una suegra? comenten y cuenten su experiencia, para poder tener referencias, sin miedo publiquen sus anécdotas más locas…
Para los que quieren conocer imágenes, en las que me he inspirado para mis historias, busquenme en mi pagina de FB, con mi nombre de autor, de hecho subire la imagen de un hermoso kimono Hitae en el que me inspire para vestir a Kagome… así que espero sus visitas…
Gracias por continuar leyendo y por sus hermosos Reviews… y un saludo para el grupo de whatsapp FF.
Les mando un abrazo supercalifragilisticuespialidoso hasta donde estén…
YOI MINO
