DISCLAIMER: Los personajes del Manga INUYASHA, son creación de Rumiko Takahashi.
ADVERTENCIA: Esta historia es rated M, por lo que contendrá, situaciones SEXUALES y de violencia, además de lenguaje vulgar, de manera explícita, y no por eso recomendar cada una de ellas… Se recomienda discreción ;)
Directo desde Oz ...
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Ryutaro se encontraba a ala orilla del río, sentado sobre una roca, mientras veía a Sonomi y a Raiko, junto con Shippo y Souta, dejar ir cada linterna sobre la corriente, mientras la pequeña Rin, después de cada oración que les enseñara Taiga, arrojaba pequeñas flores, que Kagome había comprado para ella en una floristería, antes de llegar a ahí.
Alguna vez, platicando con Hiyori, su difunta esposa, habían llegado a la conclusión, de que si alguna vez llegaban a tener una hija, sería una pequeña de ojos grandes y cabellos negros, parecida a ellos dos.
Kagome había llegado, después de prometer jamás entrenar mujeres de nuevo, con su cabello peinado en un apretado rodete, y su uniforme de entrenamiento color negro, unos ojos grandes e inocentes, de color azul, tan parecida a ella, la primera vez que la vio, sintiendo un dolor punzante y un rencor enorme, provocandola sin sentido.
Cuando se dio cuenta, que su amargura hacia Kagome, se debía al recordar a su esposa, la entrenó con fuerza, como lo hiciera alguna vez con Yuuki, aquel joven soldado que sería su sucesor en su futuro, exigiendo más de lo que podía, explotando todo su potencial, para que jamás sufriera lo que él sufrió.
No quería que se repitiera la historia…
_ Ryutaro sensei, ¿usted no encendió una linterna por alguien?...
La dulce e infantil voz de Rin, lo sacó de sus oscuros pensamientos, volviendolo a la realidad.
_ Si gusta, yo lo ayudo…
Sonrió con ternura por primera vez en diez años, y acarició los cabellos negros de la pequeña, dejándose guiar hacia el río, mientras ella le daba una pequeña linterna, decorada con flores… que extrañamente le recordó a un kimono de Irasue.
Y la miró de nuevo, con otros ojos, mientras la sostenía en brazos dejando flotar la linterna y Rin dejaba caer pequeñas flores al agua; ella era la hija, adoptiva, de Sesshomaru Taisho, el hijo de Irasue, que desde pequeño se le notaba la vena orgullosa y arrogante de la sangre combinada de ambos padres, pero que había cambiado, indicando que había llegado el momento.
Dejo a la pequeña en el suelo, que alegre corría a reunirse con Souta y Shippo, mientras él continuaba viendo bajar la linterna.
Hacía ya, treinta años que Hiyori se había ido de su lado, cuando él solo era un joven de veintiocho años, que creía que podía comerse el mundo, y que desde ese entonces, prefirió alejarse del mundo, limitándose a su entrenamiento, hacía sus batallas, a proteger a su amigo y a la familia de este.
Pero veinte años después, conoció a Irasue, y puso su mundo patas arriba, disfrutando de nuevo el suave sonido de la flauta, y apreciando por primera vez, la belleza de un elaborado kimono, de la ceremonia del té, de los jardines floridos, de los kanzashis sobre los largos cabellos de una mujer, de lo irritante que puede ser, y al mismo tiempo disfrutar del odioso carácter.
Y le molestaba, y al mismo tiempo le atraía, sintiendo remordimientos, pero también, atreviéndose a defenderla del poderoso Inu no Taisho, corriendo el riesgo enorme, de ser asesinado por él.
Sabía que tenía que haber regresado por ella, no dejarla sola, sufriendo la humillación de ser abandonada, de lo que habían sido siglos para ella.
Porque aunque solía ser arrogante, algo escandalosa y bastante infantil, ella era alguien solitaria, igual que él, necesitada de amor, igual que él, aunque jurara no lo necesitará, igual que él.
Pero ella le dijo, "Así tiene que ser…", y eligió con orgullo cumplir con su Destino, aunque ambos llevaran las de perder.
Esa noche, aun herido, ella lo había sorprendido en su habitación, comprendiendo, que la frialdad con la que había actuado , mientras detenía la pelea, solo había sido un pretexto que utilizó para protegerlo…
" Tonta…"
Él acarició su rostro, enternecido por su belleza, dándose cuenta de que ahora sí había abierto el corazón.
Y beso su frente, sobre su luna, arriesgándose a morir por sus letales garras, notando cómo lo miraba sorprendida, dejando de la lado la seriedad de sus ojos.
Se quedaron observando uno a otro, sin saber qué decir… él quería… pero…
"A partir de este día, ocultare mí aroma a mí compañero, debido a su traición…"
Y comprendió sus palabras, ambos se podían tocar, ambos podían estar juntos, aunque sea aquella vez, sin que corriera el riesgo de ser repudiada por Touga sama, sin que este supiera, cómo a pesar de la admiracion que sentía, tomó a su compañera después de que él la cambió por otra más…
Ryutaro elevo una kekkai, que los cubría a ambos, y lentamente se dejó amar por ella, que cuidaba de su cuerpo herido, disfrutando que por primera vez en veinte años, volvia a tocar la suave piel de una mujer.
Irasue lamió sus heridas, confortando cada una, mientras él solamente suspiraba, tratando de no quedar en ridículo frente a ella, conteniendo sus ansias reprimidas durante tanto tiempo.
Sé sostenía de la delicada cintura, después de desnudar su cuerpo, besando su cuello, subiendo por el, hasta encontrar sus labios, besar sus marcas, sus ojos, mientras escuchaba un suave gemido viniendo de ella.
Soltó sus largos cabellos, cepillandolo entre sus dedos, disfrutando de ese bello momento, en el que Irasue era solo ella, sentado frente a él, descubriendo su cuerpo, emocionado de ver su rostro sonrojado, y cuando estaba entre sus piernas, la beso con demasiada ternura, asustandose de la sensación…
"No te quiero dejar…"
Y ella se abrazó con fuerza a él, mordiendo su cuello, mientras la pasión de ambos aumentaba, amándose, deseando no olvidarse.
La claridad de la mañana los sorprendió recostados, mirándose a los ojos en silencio, sin necesidad de palabras, mientras ella jugaba con el cabello negro de él y Ryutaro acariciaba el plano y delicado vientre de ella, de arriba a abajo… había sido más de lo que ambos esperaban… demasiado bueno…
" No me puedo ir y dejarte… ven conmigo…"
Ella lo miró con sus dorados ojos, sabía que era una gran opción, sabía que así, a pesar de que Touga la dejara, quedándose con su hijo por ser el sucesor; ella no estaría sola, ella será amada… Sé habían marcado durante ese momento de pasión, ahora era de él.
"Así tiene que ser… es el Destino que se tiene que cumplir, tú mismo me lo dijiste… yo soy tuya y tú eres mío, aunque no estemos juntos… no me busques, y cuando conozcas a mí hijo usa tu armadura, hasta que sea el momento de estar juntos otra vez…"
Pero a pesar de que le dijo que serían siglos para ella, no le importo… no debía de ir a buscarla, hasta que su pequeño Sesshomaru y el hijo de Touga cumplieran su Destino.
Y así había sido… después de que se despidieran esa mañana, sin que nadie los viera, él se marchó con Yukito sama y los demás, dejando atrás a esa hembra con la que volvió a escuchar la música de la flauta.
" Pocos tienen una segunda oportunidad como esta… Ryutaro sama, su destino es estar con ella…"
Himiko no kimi, una vez más, intentaba consolar su alma, con la misma dulzura e inocencia, de cuando era niña, justo cómo en ese momento Rin le confortaba de igual manera.
"Pronto la veré de nuevo…"
Pensó mientras veía a los hijos de Inu no Taisho, acercarse al claro donde estaban ellos… "Pronto voy a verte Irasue"...
*O*O*O*O*O*
Ikki sintió un dolor sordo oprimir su pecho, mientras era lanzado por los aires, alcanzando a ver, el cuerpo ultrajado de Byakuya, entre los tentáculos de Naraku.
Sintió su piel arder y desgarrarse, mientras bajaba arrastrándose con velocidad, por la pendiente rocosa e inclinada, sintiendo nuevos estados de dolor, mientras concentraba su chakra en la herida de su pecho, intentando no perder más sangre, luchando por sobrevivir y hacerle pagar todas al malparido de Naraku.
Su desparpajado cuerpo, terminó de rodar, cayendo al agua fría de un río, que lo arrastró entre su corriente, sintiendo un inesperado alivio en sus heridas, que sabía que lo llevarían a la muerte, desangrado, si no había algo cuanto antes.
Sé agarro de la rama de un árbol, que estaba sobre el agua, sacando sus última aliento para poder arrastrarse y salir del agua.
Él no era tan fuerte como un Bushi no Yoru, sabía que tarde o temprano su chakra lo abandonaría y terminaría por morir desangrado o devorado por alguna bestia.
Sé escondió entre los matorrales espinosos, para protegerse al menos un poco y poder recuperarse, mientras concentraba su energía en un solo punto, cerrando los ojos, repasando las imágenes de los últimos minutos que venían a su mente.
Byakuya lo había salvado, estaba seguro de que conocía sus planes, y había decidido ser su "aliado", tratando de ayudarlo del ataque de Naraku, dirigiendo su furia hacia él.
Seguramente ya estaba muerto…
Cerró los ojos, sumiéndose en la inconsciencia, volviendo a pensar en los momentos compartidos con aquel hanyou, con el que pudo ser auténtico, sin ser rechazado por única vez en su vida.
Sintió asco de sí mismo, al recordar estupideces, y enojandose consigo, trató de acomodarse, sintiendo dolor en su cuerpo antes de volver a desmayarse otra vez.
Sintió cómo lo llamaba, con el mismo tono de voz, suplicante y placentero que empleaba cuando ya no soportaba más, alcanzando el climax, y un vuelco en su podrido corazón, se hizo presente, sintiendo unas enormes de gritar de rabia y frustración.
Estaba desnudo, herido, al borde de la muerte, humillado y con unas terribles ganas de llorar, como cuando era niño, cómo cuando lo encontró Raiko en medio de aquella destrucción, en medio de los cadáveres de la que había sido su familia, y de la que no recordaba nada.
"Byakuya…"
Fue apenas un susurro, antes de perder la conciencia… Juró vengarse, lo haría, mataría a Naraku en pago por las humillaciones recibidas… y aunque no sé lo confesará, también lo vengaría a él.
*O*OO*O**O
Kagome se había sujetado del doblez donde cruzaba el Kinagashi, recargándose sobre el firme pecho de su amado, escuchando el sonido de su corazón, sintiéndose feliz de compartir esos momentos con él.
Sesshomaru, se elevo un poco sobre el aire sacándola del agua, sentándose en la orilla, junto a unas rocas, para intentar secarse con el calor de sus energías.
_ ¿En qué piensas?...
Él había notado la mirada distante y algo ausente, mientras veía bajar las linternas por el río de aguas mansas.
_ En nada en especial; me siento en paz, perdonada, como si este pequeño ritual hubiera sanado un poco la culpa de ver morir a la gente de mí Pueblo.
La abrazó contra sí, confortando, pues no quería que se sumiera en la tristeza de nuevo.
_ Has honrado su memoria, y pronto vengaremos su muerte, siéntete en paz…
Kagome se acomodo entre sus brazos, sonriendo por lo mandón que siempre seria, y sacó de una de sus mangas, una de las vainas de frijol secas, que Himiko sensei, les había regalado en su primer día de clases, sonriendo con ternura, pues había creído que realmente no estaba muy completa del todo.
Las calentó con su aliento, después de que apoyara su espalda contra el pecho de Sesshomaru, y sacó de ella, su Erhu de madera fina y oscura, pues tenía muchas ganas de tocar algo para esa ocasión, una melodía que siempre le recordaba a casa y en la promesa de volver algún día al lado de los suyos…
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Con mucho sentimiento toco cada nota, dejando que la reverberación del lugar, magnificara el sonido, bajando también con la corriente, alcanzando a sus padres, a Sango y Miroku, y también a Inuyasha y Yumeko.
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Inuyasha estaba sentado cerca de Yumeko, que sin poderlo evitar, había derramado las lágrimas que no habían podido salir del todo, desde la muerte de su padre y su hermana, dándole la espalda a Inuyasha, negándose a que la viera así.
Él solo guardo silencio, poco a poco comenzaba a conocer el carácter orgulloso de su "novia", dándole el espacio que necesitaba para no incomodarla, dejándola desahogarse, hasta que la volviera a recibir en sus brazos.
También había dejado bajar por el río, una linterna para su madre, sintiendo de nuevo ese vacío en el corazón, que jamas lo dejaria en paz del todo…
"Todo está bien, Madre… ya no me siento solo, tengo a mi familia, tengo a mis amigos, y he encontrado el amor por fin… cuidenme tú y mi padre, desde donde estén…"
Yumeko vio que volvía del río, y se olvidó de sus lágrimas, abrazándose a él para confortar su tristeza, escuchando en esos momentos la dulce melodía del Erhu de Kagome, sintiendo paz en sus corazones, mientras estaban en los brazos del otro.
_ Yumeko… Quiero que seas mi mujer…
Escucho el acelerado latido, del corazón de la rubia, mientras estaba entre sus brazos, sintiéndose feliz por la dulce reacción.
_ No tengo mucho que ofrecerte…
_ No te he pedido nada…
Yumeko lo interrumpió, pues no quería que se sintiera forzado a darle algo que no le estaba pidiendo…
Inuyasha, puso su dedo en sus labios, de manera suave, acercándose a su rostro, pidiéndole silencio…
_ No tengo nada que ofrecerte, solo mis fuerzas para acabar con Naraku y ofrecerte su vida en venganza.
Las mejillas de Yumeko se sonrojaron con fuerza, mientras su mirada color verde, brillaba enamorada, abriendo ligeramente los rosados labios… y feliz por las "románticas" palabras, se lanzó a sus brazos besándolo con fuerza, dejando que sus tímidas lenguas se probaran, sintiendo una explosión de sensaciones en su cuerpo, continuando con ese beso cargado de pasión, mientras escuchaban de fondo la música que arrastraba el viento.
=.=
_ Eligió el Erhu nuestra hija… toca hermoso…
Sonomi, se recargaba en Raiko, sonriendo después de sorprenderse por el sonido del instrumento Musical.
_ Si, fue instintivo… Eligió ese sonido de entre muchos otros… Mi Padre estaba orgulloso de ella, a pesar de lo terca que puede ser…
Raiko jugaba con un manga de Sonomi, sonriendo mientras recordaba a su padre, tratando de no pensar en cosas tristes.
_ Bueno es lógico, lo terca y empecinada lo saco de tu padre y el mio, y la fortaleza espiritual de ti…
Raiko le dio un pequeño beso en los labios, después de cerciorarse que Souta y su nietos, no estuvieran mirando.
_ Entonces lo bella y lo noble, lo saco a ti… Me haz dado unos maravillosos hijos.
Después de un par de minutos, en que la melodía cesó, Kagome y Sesshomaru se acercaron al claro donde estaban sus padres y sus hijos, acompañados de Ryutaro, llegando después de ellos, los demás, incluyendo a unos muy sonrojados Inuyasha y Yumeko, que avanzaban tomados de la mano, mientras Shippo y Miroku le daban divertidas palmaditas en la espalda al hanyou, viéndolo Sesshomaru y asintiendo, con un claro gesto de aceptación, pues había encontrado a una mujer perfecta para él.
_ La noches es bellísima… a pesar de que no estamos en la era Sengoku, lejos de la ciudad se pueden apreciar bien las estrellas…
_ Sesshomaru, deberías invitar a la familia de Kagome a vivir en el palacio… No hay lugar más seguro sobre la tierra, y en caso de que Naraku logrará ganarnos, no tendría caso que ellos estuvieran separados, pues cualquier época correría peligro…
Kagome miró a compañero, mientras ambos pensaban en cuánta razón tenía Inuyasha…
_ En todo caso, si algo pudiera salir más, con el poder de las espadas de mí Madre y de Raiko sama, podrían ponernos a salvo, aunque yo preferiría luchar.
Shippo siempre había tenido buenas ideas, incluso Sesshomaru, había insistido en desarrollar su talento en estrategias, más que en pelea, aunque como siempre, Shippo terminaba al final sorprendiendolo.
_ Shippo y yo, protegeriamos a Souta y a Rin, con nuestras vidas…
Kohaku se erguía, apoyando las palabras de Shippo, y para que supiera Sesshomaru sama, al que tanto le debía, que él cuidaría con su vida a Rin.
_ Bueno, bueno, no hay necesidad de tanta solemnidad de parte de los jóvenes Guerreros, los importante aquí es que ustedes disfruten del mundo, por el que nosotros vamos a luchar.
Y Raiko revolvía divertido, los cabellos de ambos jovencitos, tratando de distender la preocupación de Kagome, Sango y Sonomi, mientras Ryutaro veía en ellos, un par de grandes guerreros, incluso en Souta, que a pesar de que su padre no era duro con él, aprendía los ejercicios rápidamente, para ser un niño.
No cabia duda que eran ciertas las palabras de Raiko Ouji, ellos eran un futuro por el que valía la pena luchar.
_ Pues la invitación ya fue hecha por mí hermano, y yo la reitero, me gustaría que nos acompañarán a la Casa de la Luna, y presentarlos como la familia de mi compañera.
La batalla está planeada, para llevarla lejos de ahí, así que en caso de que sucediera algo, habría oportunidad de ponerse a salvo.
Kagome lo miró entre emocionada por la oportunidad de mostrarle la belleza de sus tierras, pero al mismo tiempo algo preocupada de pudiera sucederles algo a su madre y a Souta, incluso a su Abuelito, si aceptaba viajar con ellos.
_ Entonces lo mejor será prepararnos cuanto antes, pues tenemos que viajar mañana mismo a primera hora, pues faltan muy pocos días para que sea luna llena.
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Naraku se retorcía de dolor en su guarida, después de descargar su podrida simiente en el cuerpo de Byakuya, gritando frustrado y furioso, mientras su extensión yacía inconsciente y molida a golpes, tirada en el suelo, aún sujeta por sus asquerosas extremidades.
_ En vez de quejarte, Naraku, deberías absorber la perla de una maldita vez, ambos ocupamos tener nuestros poderes al máximo…
Magatsuhi, harto de estarlo escuchando, sé materializaba en forma de espectro, frente a él.
Pero Naraku estaba furioso, cuanto odiaba al maldito de Ikki, por haberle creado esa necesidad a sus remedios, que no habían sido otra cosa, más que paliativos, drogas adictivas, que ocultaban el dolor por un instante, y que inhibian su percepción hacía el sello que había puesto en su cuerpo, antes de que los descubriera, preparándolo para absorberlo.
_ Tenemos que atacar el Este y derrotar a Lord Yoshio, pelear desde la frontera Norte, solo significaba un suicidio, pues debido al terreno, solo llevariamos las de perder.
Para eso necesitarían esbirros, cientos y cientos de marionetas, que lograran destruir un ejército youkai.
_ Hagamos un trato, Naraku, tú aun no quieres pedirle un deseo a la Perla de Shikon, yo quiero a Kagome en su totalidad… Absorbe la perla y te cederé parte de mis poderes para que puedas recuperarte del todo, así juntos podemos acabar con todo de una maldita vez…
Sin pensarlo demasiado, acepto incrustando la perla en su pecho desnudo, y comenzando a regenerarse de inmediato, adquiriendo nuevamente su forma youkai.
Aun en su interior corría la ansiedad por las drogas de Ikki, el asco por sodomizar a Byakuya, que aún continuaba vivo, el deseo de venganza en contra de Inuyasha y todos lo que le rodeaban, además de la estúpida nostalgia por la muerte de Kikyo, y sin saberlo, el sello de Koyama.
_ Necesito un cuerpo, pues quiero matar a Kagome con mis propias manos…
Magatsuhi hablaba en su interior, instándole a ponerse en movimiento, pues cuanto antes, tenían que derrotar al Este.
_ Toma el de Byakuya…
Le decía Naraku, sin importancia, mientras comprobaba la fuerza de sus miembros.
_ ¡Ttss! y que me violes cuando se te vuelva a antojar, sería mejor que te deshicieras de él… es asqueroso verte…
Pero Byakuya, sentía una ardiente lágrima, salir por uno de sus cerrados ojos, pues él sabía, lo mucho que podía durar el rencor de Naraku, pues el que sentía por Kikyo e Inuyasha, había sobrevivido medio siglo.
Él no tenía ninguna esperanzas de morir pronto y escapar cuanto antes de el terrible dolor, que su creador estaba infringiendo en su cuerpo.
Y continuaba con los ojos cerrados, entre la inconsciencia y la realidad, sufriendo por la muerte de Ikki, dándose cuenta, de que a pesar de toda la mierda de su vida, él había terminado creando un lazo con alguien más…
Y ahora, en vez de despreciar a Kagura, la recordaba anhelando el mismo deseo de ser Libre, como ella, aunque no pudiera tener la opcion de ver una vez más a Ikki.
O.O
Ikki se encontraba, bajo el matorral de zarzas espinosas, despertando de lo que había parecido una pesadilla, dándose cuenta, en cuanto sintió los primeros flechazos de dolor, que todo había sido una estúpida realidad.
Su herida se había cerrado, dejando de desangrarse y cicatrizando de manera burda, con las pocas energías de chakra que le quedaban en el interior.
Su cuerpo estaba fuera de peligro, pero aún más lastimado por las otras heridas "menores" que habían provocado, los tentáculos de Naraku y el haber caído arrastrándose por el barranco.
Sentía desfallecer, en cuanto se levantó, nublandose su vista y sintiendo unas terribles ganas de devolver la bilis de su estómago, que imploraba por alimentos, mientras a cada paso el dolor lo flagelaba.
Cómo pudo, avanzó unos pasos cayendo desmayado una vez más, sin darse cuenta, que había llegado a un sendero del bosque.
Un par de monjes, caminaba por la vereda de manera rápida, cómo cada que atravesaban el bosque, por el que tenían que pasar forzosamente al viajar de pueblo en pueblo, ya que en muchas ocasiones habían sido víctimas de ataques youkais, librandola por muy poco.
_ Apresúrate joven aprendiz, porque no quisiera que la noche nos sorprendiera estando aun, en medio de la nada…
El joven novicio, caminaba aprisa tras de su maestro, hasta que algo llamo su atención.
_ Su excelencia, hay una persona herida en medio del camino…
El viejo Monje, miró el bulto ensangrentado y lleno de tierra, que estaba tirado en el suelo, dudando si detenerse a auxiliarlo o no, muy consciente de que se trataba de un humano.
_ ¿Su Excelencia…?
Y mirando el novicio, supo que ante todo, tenía que darle un buen ejemplo, y algo molesto en su interior, rogando que no fuera ninguna trampa, se dirigió hacía la persona que requería su ayuda.
_ ¿Qué ha pasado con este hombre?...
El Monje, lo enderezo, revisando si su corazón seguía latiendo y poder ayudarlo, si no para comenzar a cavar una fosa, en las que por desgracia, ya se había hecho experto, después de tantas guerras o ataques youkais, de los que los humanos eran víctimas.
Ikki, gimió de dolor, cuando sintió las manos del Monje sobre su pecho, y este de inmediato le pidió a su novicio, ir por agua al riachuelo que acaban de pasar.
_ ¿Qué te ha pasado muchacho…?
Veía las partes peladas de su cuerpo, y adivinaba, que tal vez había sido arrastrado por algún caballo, cómo muchos ladrones solían hacer con sus víctimas.
Con ayuda de su joven aprendiz, lavaron y curaron las heridas de su cuerpo, con un ungüento de hierbas que había preparado un sanador para ellos, vistiendolo con un haneri blanco, pues no tenían más ropa de repuesto, que ofrecerle.
_ Al parecer, la herida de su pecho ha sanado recientemente, probablemente lo tenían cautivo o algo por el estilo… este hombre ha sido maltratado cruelmente…
Ikki despertó al oír la voz del Monje, sorprendiendose por un momento, por el temor de haber sido encontrado con vida por Naraku.
_ Tranquilo, tranquilo… te hemos encontrado inconsciente en medio del camino y ambos te hemos ayudado…
Ikki revisó su cuerpo a través de su chakra, y vio cómo el ungüento que el monje había usado, había calmado el dolor de los enormes raspones, dándoles un respiro…
El novicio se acercó, con un tazón de arroz que había preparado en una pequeña hoguera, esperando a que despertara.
_ Tomé, joven, necesita recuperar fuerzas…
Ikki de inmediato, con un hambre voraz, comió lo ofrecido, sintiendo las náuseas intentar regresar, pero al mismo tiempo su fuerza, comenzar a recuperarse poco a poco.
_ Y bueno, ¿que le ha sucedido Bocchan?
_ Estuve capturado, era esclavo de unos youkais, pero me decidí a escapar… necesito llegar a las tierras del Este, cuanto antes, pues ahí vive mi familia…
Tenía necesidad de mentir, aun estaba muy débil y no quería correr el riesgo de ser atrapado y entregado a alguna autoridad.
_ Bueno no te encuentras muy lejos, pero antes de cruzar las montañas, que son el límite con las tierras del Este, necesitas descansar y recuperarte, si gustas puedes acompañarnos al siguiente pueblo, al que íbamos de camino o continuar en tu direccion, y pedir alojamiento en uno de los pueblos que te encuentres.
_ Creo que la segunda opción será la mejor, quiero cuanto antes, llegar a mí familia…
Se dispusieron a descansar y pasar la noche, fingiendo Ikki, que dormía, para que dejaran de hacerle preguntas, maquinando en su cerebro el siguiente plan a seguir.
Él sabía que Naraku se dirigiria al Este, necesitaba derrotar a Lord Yoshio, y que seguramente, ya había descartado el plan que le había propuesto, pues por su cuenta no hallaría cómo ejecutarlo.
Su oportunidad era esa…
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En el Este, se sintió el youki abrumador de Naraku, que para nada ocultaba sus intenciones, acercándose cada vez, como una mancha que lo devoraba todo.
Kouga, en las tierras de el clan Ookami, cerca del Este, llevaba a cabo una reunión, pues debían decidir cuanto antes, quien se quedaba y quién se iba.
_ Un pequeño pelotón de nuestros guerreros tiene que viajar y apoyar al Este, sobre todo al Lord, intentar sacarlo con vida de todo esto y el resto de nuestros Guerreros viajar al Oeste, para ayudar a resguardar las fronteras en lo que regresa Lord Sesshomaru.
_ ¿Que pasara con el resto de nuestra gente General Kouga?...
El gran Sabio, Abuelo de Ayame, había cedido su puesto como Jefe del Clan, desde que su nieta se uniera con Kouga, aconsejando y guiando con su sabiduría cuando era necesario, enseñándole a gobernar.
_ Lord Yoshio a mandado a su gente a las tierras del Sur, donde Lord Subaru les dará refugio, y nuestra gente puede viajar al límite Sur del Oeste y estar a salvo también… Usted y Ayame, viajaran al Oeste, donde estarán a salvo...
_ Kouga, acaso tu…
Ayame lo miraba, con los ojos brillando de las lágrimas que se acumulaban en su rostro, pues Kouga no mandaría a sus compañeros a una misión tan arriesgada, sin ir con ellos como su líder.
Él viajaría al Este, a intentar defender al Lord.
Si ella no estuviera embarazada, podría acompañarlo, pues solo ella se asemejaba a él en poder y fuerza, pero ahora tenían que pensar en su preñez y en el futuro cachorro que uniría los dos linajes, heredero de la casta de Ayame y de Kouga.
_ Tú tienes que estar a salvo…
Kouga solo la miro a los ojos, sin decir nada más, mostrándose algo frío y distante.
_ Prepárense para partir cuanto antes y el resto avisen a la manada, que se alisten para viajar rápidos y ligeros, y recuerdenles también, el pacto que hicimos con la Sacerdotisa de Shikon, de no atacar a ningún humano al menos que sea en defensa propia…
Todos se levantaron prestos a cumplir las órdenes de su General, y los Guerreros a despedirse de sus familias, prometiendoles volver cuanto antes.
_ Kouga, que los Espíritus de nuestros antepasados te protegen, vuelve con bien para que continues criando a la nueva generación…
El gran Sabio se despidió de él, poniendo la gran pata en su hombro, y dirigiéndose a su habitación de manera lenta y cansina, triste por su nieta.
Ayame no sabía qué decirle, quería que la mirara a la cara y saber que estaba pensando al participar en una mision asi, pero Kouga solo le daba la espalda, creándose alrededor de ellos, un pesado silencio.
_ Ayame, yo no quiero pensar siquiera, en que puedas estar en peligro tú y nuestro cachorro que cargas en tu vientre… quiero que estés lejos, y sé que no hay mejor lugar que el Oeste en estos momentos… No quiero ser duro, no quiero ser cruel, pero temo morir y no conocer la cara de mí pequeño, o peor aún, que todo se vaya a la mierda y que mi hijo no tenga un lugar seguro donde vivir…
Kouga pocas veces era tan elocuente, en cuanto sus verdaderos sentimientos, y Ayame lo escuchaba, mientras las lágrimas de sus ojos se derramaban solas, sin poder detenerlas.
_ Yo guiaré a nuestros Guerreros al Oeste, Tú, más vale que vuelvas con bien, porque te ire a buscar al mismo infierno para que estés a mi lado, y tú sabes lo terca que puedo ser General Kouga…
Kouga volteo y la miró con una enorme sonrisa, mientras él también derramaba unas cuantas lágrimas… él conocía lo terca que podía ser su compañera, no en balde había logrado que él se casara con ella…
_ Vayamos a nuestra habitación…
Kouga la levantó en brazos, de manera nupcial, caminando hacía donde estaba su espacio, pues aún tenían un momento para estar a solas, y quería aprovechar esos minutos para estar entre sus brazos, sintiendo su piel.
Ella de inmediato sintió el aroma de su deseo, y se abrazó a su cuello, acariciando con sus garras en la nuca, provocando un suspiro en él, que tanto disfrutaba de los dulces cariños que ella le daba.
La acostó sobre el futon de pieles suaves, sobre el que ambos dormían, quitando su peto y ropas, desnudándola para él, memorizando de nuevo, cada trozo de piel expuesto, cada pequeña peca color cobre, cada reacción de su cuerpo a sus caricias, volviendo a adueñarse de ella, besándola de pies a cabeza, hundiendo su nariz en la fragancia silvestres de los lirios, que tenían sus cabellos color rojizo.
Guió sus pequeñas manos blancas, sobre su moreno y marcado cuerpo, ya desnudo, a prisa, deseando sentir el tibio calor de ella sobre su desnudez, con el largo cabello suelto cayendo sobre su espalda, memorizando Ayame, la varonil imagen de su pareja.
Kouga, beso el vientre de su mujer, sintiendo el pequeño corazón de su hijo perceptible para sus oídos, sintiendo su pecho hincharse de orgullo paternal, al saber que su descendencia estaría bien.
Ayame acariciaba los negros cabellos, enternecida al límite, intentando no llorar, mientras lo abrazaba con sus piernas.
Entró en ella de manera lenta disfrutando el abrirse camino por su cálida intimidad, lamiendo sus labios, mientras la miraba a los ojos, tratando de no cerrarlos colmado de la excitación sentida.
Hicieron el amor de manera suave, sin la pasión arrolladora que normalmente los caracterizaba.
Era un amor de despedida, donde la promesa de volver estaba en cada caricia, en cada embestida, en la nueva marca de sus cuellos, que no había sanado del todo, desde que estuvieran juntos la primera vez.
Y mientras corrían, envuelto su torbellino, olía el pequeño lirio que ella se había quitado de sus cabellos…
Y con la imagen de ella, aun desnuda entre sus brazos, le prometía volver, mientras escuchaba el fuerte aullido, que su compañera le hacía llegar desde lo alto de un risco…
*OO*O*O*O*O*O*O*O**O*O*O*O*O*OO*O*O*O*O*O*O*
(*)Sad Traveller Jiang Peng Fan
Actualización… que llega un poco después de lo que tenía contemplado, gracias a "Darwin", el huracán que pego en mi ciudad, dejándonos sin electricidad e internet…
Pero bueno, ya volvi de Oz, trayendoles de regalo este nuevo capítulo, que espero en verdad, que les haya gustado…
Una vez más, gracias por sus Reviews… y espero que sigan opinando con total confianza…
Para los que no saben, tengo una cuenta de FB, en la que publicó avisos de actualizacion, imagenes o musica en la que me inspiro para escribir… Espero que me busquen y manden solicitud…
Bueno, ya saben *3* , les mando un abrazo supercalifragilisticoespialidoso hasta donde estén…
YOI MINO…
