DISCLAIMER: Los personajes del Manga INUYASHA, son creación de Rumiko Takahashi. La historia en la que se utilizan, es de inspiración mia ;)

ADVERTENCIA: Esta historia es rated M, por lo que contendrá, situaciones SEXUALES y de violencia, además de lenguaje vulgar, de manera explícita, y no por eso recomendar cada una de ellas… Se recomienda discreción ;)

*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O*O

Habían decidido regresar a el Templo, donde estaba el hogar de Kagome, dándose cuenta Inuyasha de la conmoción que había escaleras abajo, donde policías, ambulancia y carro de bomberos, estaban terminando de sofocar un incendio.

Sonomi y Kagome, corrieron seguidos de los demás, desde el oscuro callejón donde Sesshomaru había decidido aterrizar, después de que los transportará convertido en una esfera de luz.

_ ¡¿Qué ha sucedido?! ¡Otosan! ¡¿donde esta mi Otosan?! él es el monje encargado de este templo…

Kagome sostenía a su madre, pálida y sin poder hablar pensando lo peor.

_ Señora, necesito que se tranquilice, su padre, se encuentra en perfecto estado, de hecho está siendo revisado por cualquier cosa en la ambulancia… Su casa se encuentra bien, solo el templo ha sido afectado por el fuego, debido a la negligencia de algún feligrés…

Guiaron a Sonomi y a Kagome al lugar donde estaba Taiga jiichan, atendiendolo por un raspon en el rostro.

_ ¡Abuelito!...

Kagome lo abrazo con mucho amor, seguida de Sonomi y Souta, que venia llegando en ese momento seguido de Shippo, Rin y Kohaku.

_ Estoy bien, estoy bien, ya le dije al paramédico que no tiene caso que desperdicie medicamentos con este viejo, que la medicina ancestral de nuestro Templo, es más que efectiva para esta pequeña herida…

Pero nadie lo escuchaba, felices de que estuviera sano a salvo.

Ya que estuvieron más tranquilos, dentro del hogar de la Familia Higurashi, Kagome le había propuesto a su Abuelo, volver con ellos, para que no estuviera solo en su hogar, sin nada que hacer.

_ Bueno, si es solo una temporada, esta bien… yo no puedo abandonar el Templo por tiempo indefinido. Lo tomaré cómo unas vacaciones…

_ ¡Khe!

Inuyasha solo pensaba, que era difícil considerar unas vacaciones,el estar viviendo con la amenaza constante, de un ataque de Naraku, pero lo importante era, que toda la familia estuviera unida.

Así que sin más rodeos, sé prepararon para viajar a primera hora de la mañana, mientras intentaban no lamentarse por lo sucedido, en una última cena en Tokio antes de partir.

_ ¿Extrañaras tu era?...

Sesshomaru miraba a los ojos a Kagome, mientras acomodaba un mechón detrás de su oreja.

_ Si… pero de aquí en adelante, mi lugar es donde estes tu…

Ella se acerco y beso sus labios, mientras que él comenzó a desatar el Obi de la Yukata que usaba esa noche, pues se moría por hacerle el amor a su compañera, apartando la tela, cómo si abriera un regalo, acariciando sus negros cabellos entre sus garras, besando su cuello, devorando sus labios.

_ Quiero hacerte mia…

No era una petición, no era una sugerencia, ni tampoco una orden, más bien la certeza de lo eminente, Él la quería cuanto antes entre sus brazos…

Kagome soltó el kinagashi, metiendo sus pequeñas manos entre la abertura del pecho, alzándose hasta los fuertes hombros, apartando la oscura tela, dejándolo solamente, en un muy sensual fondushi, que solo resaltaba sus hermoso cuerpo, de estrechas caderas, piernas fuertes y ancho torso, de piel pálida adornada de líneas púrpuras, que indicaban un camino peligroso a seguir, mientras su sedoso cabello plateado, solo adornaba la increíble belleza de ese macho youkai.

Sesshomaru, se dejaba amar en silencio, embelesado por cada caricia recibida de sus cálidas y pequeñas manos, disfrutando enormemente, el ser admirado de esa manera por ella.

La cargo sin dificultad y con suavidad, dejando que enredara sus torneadas piernas alrededor de su cintura, con el delgado kimono, cayendo por su espalda y hombros, sosteniéndose por sus redondos y firmes senos, mientras aún conservaba los tabis en sus pies.

Tan sensual, tan femenina, tan inocente, sólo de él, tan solo para él.

Término de apartar la estorbosa tela, deleitándose con sus senos, lamiendo con hambre, con Kagome aun entre sus brazos, sintiendo las uñas cortas de sus dedos, clavarse con deseo, sobre la piel de su espalda.

Sentía la caliente humedad de su intimidad, en contacto con su piel, y sin querer soltarla, la apoyó contra la pared de su habitación, para evitar que cayera, pasando sus manos, debajo de las delicadas rodillas, alzandola hasta la altura de su rostro, con el dulce fruto de su pasión, justo frente a él para su deleite.

Kagome se sostenía de su cabeza, pasando sus dedos entre su cabellos, sonrojada y casi al borde de las lagrimas, llevada por el infinito placer de esa nueva posición, queriendo gritar, gemir con fuerza, demostrando lo mucho que estaba gozando.

La lengua de Sesshomaru hacía estragos en ella, llevándola a un punto de placer, más allá de lo imaginado, mordiendo su puño a punto de terminar, sintiendo cómo su humedad se derramaba sobre él, mientras gozoso se deleitaba en ella.

No quiso darle tregua, y aún, cómo una muñeca desparpajada entre sus brazos, todavía sosteniendola de las rodillas, la puso mirando hacia el frente, dándole la espalda, con el rostro pegado en la pared, sintiendo Kagome cómo la penetraba, casi corriendose de nuevo, sintiéndose necesitada y feliz, queriendo más, que la llenara por completo.

Sesshomaru besaba su cuello, mordiendo sus orejas, con un ritmo que iba en aumento, mientras Kagome cubría su boca con una de sus manos.

Todavía alcanzo un par de orgasmos más, sintiendo cómo la humedad de ella escurría en su miembro, bajando por sus testículos, llegando hasta sus piernas, sintiendo cómo Yako se emocionaba en su interior, aullandole a luna, cómo él quisiera poder hacerlo, por la emoción de sentir así a su compañera, con los ojos rojos, reaccionando de eso modo por la sensualidad de su Onna.

La volteó de nuevo frente a él, besando sus labios rojos de tanto morderlos, ahogando el pequeño grito que salió de la garganta de ella, cuando la penetró con rapidez y fuerza, tomándola por sorpresa, mientras se abrazaba a su cuello, sintiendo sus bellos senos, aplastarse en su pecho.

Sintió el húmedo y caliente interior de Kagome, estrujarlo, sorbiendo, humedecerse más, poco a poco, anunciando un nuevo orgasmo.

Y abandonandose a la sensación exquisita, de sentirse prisionero por ella, se derramó dentro, besando sus labios al tiempo que Kagome también se corría, bajando por su cuello y marcandola con fuerza, bebiendo su sangre, mientras que en su delirio, ella hacía lo mismo, dejando que su instinto la dominara.

Kagome, respiraba con fuerza, con el rostro apoyado sobre su torso, sintiendo la tibieza de la sangre de él sobre su mejilla, mientras intentaba recuperar el aliento, sostenida por sus brazos, escuchando el acelerado palpitar del corazón de Sesshomaru.

Se durmió encima de él, sintiendo apenas, cómo había terminado de quitar sus ropas y había entrado con ella aun en brazos, bajo la regadera de agua tibia, lavando con delicadeza, los residuos de la pasión arrebatada, mientras lamia su cicatriz, cauterizando con su saliva, viendo cómo comenzaba a aparecer una pequeña luna en cuarto creciente, color morada, cómo la de él, la Marca que su compañera debía poseer.

Inuyasha estaba, por demás alterado, pues en la casa principal, aunque estuviera durmiendo en la sala, después de disponer de las habitaciones cómo mejor pudieron, brindándole privacidad a las parejas; no dejaba de sentir sus auras y sus aromas, buscando entre ellos a Yumeko, sintiéndose abrumado y deseando cosas más allá de la inocencia.

Decidió salir al exterior y dormir sobre el Goshinboku, aunque le causara malos recuerdos, pues quería dejar de pensar en tantas tonterías, de recordar las largas piernas de rosada piel, que vio desnudas por primera vez, aquella vez que lo atacó pensando que estaba espiandolas durante el baño.

_ Tonta...

Apenas fue un susurro al viento, después de que se acomodara en una de las ramas, viendo apenas unas cuantas estrellas a través del follaje.

Y quiso pensar una vez más en Kikyo, por fuerza de la costumbre desde que la conociera, pero de nuevo la imagen de Yumeko regresaba a sus pensamientos, mientras sonreía y suspiraba.

_ Me dijistes que con cada suspiro sé podía escapar la felicidad de tu alma…

_ ¡Yumeko!...

Callo estampado en el suelo de la impresión, pues por primera vez en mucho tiempo, no estaba en guardia, siendo sorprendido por la voz de Yumeko, que salía de la oscuridad, con solo la tierna bata de algodón, que le prestara Kagome para dormir y que llegaba a las rodillas, y su largo cabello rubio cómo el sol, cayendo suelto por sus espalda y sus senos, luciendo a sus ojos, cómo una Diosa.

Inuyasha se puso de pie, de un salto, con sus ojos fijos en una mirada intensa, dirigiéndose, sin pensarlo demasiado, directo a sus labios, sosteniendola de la cintura con fuerza, mientras Yumeko sentía la sangre golpear su rostro, devolviéndole el beso con fuerza, abrazándose a su cuello, mientras sentía las garras de Inuyasha queriendose incrustar en su piel, sin sentir que le molestaban, más concentrada en el sabor de su lengua, en la cercanía de sus cuerpos, sin que el traje de piel de rata de fuego estuviera entre ellos, solo la delicada tela, de ambas prendas para dormir.

Yumeko sintió algo duro en su vientre, palpitante levemente contra ella, dándose cuenta de la erección de Inuyasha, y sin saber si detenerse y hacer que se diera cuenta o ignorarlo e intentar disfrutarlo haciendo cómo si no pasara nada, pegándose más a su cuerpo, sintiéndose reaccionar cómo nunca antes, con un cosquilleo en su feminidad, tan singular e inquietante.

Inuyasha estaba perdido en las sensaciones recibidas, el aroma de la pasión que iba despertando en Yumeko, cómo el de una flor al amanecer, abriendo lentamente los pétalos solo para él, sintiendo la suavidad de su cabello, hacerle leves cosquillas en el rostro, los latidos acelerados de su corazón la cercanía de su cuerpo, completamente pegado al de él, sus brazos delgados y fuertes sobre su cuello, sus senos firmes aunque no muy grandes, sobre su pecho, su vientre plano sobre el de…

Cuando se dio cuenta de lo que estaba pasando, abrió sus ojos sorprendido y avergonzado, dándole la espalda de inmediato, apartándose de sus labios con rapidez, sin darle tiempo siquiera de que abriera sus verdes ojos, con el rostro ardiendo de la pena, aspirando con fuerza la fresca brisa del verano.

_ ¿Yasha kun…? ¿estas bien?...

Con la misma rapidez, la tomó de prisa, subiendola en su espalda, cómo antes llevaba a Kagome, saltando en la oscuridad de la noche, por los techos de la ciudad, yendo más alto cada vez, ocultos por su velocidad de alguna mirada o cámara indiscreta, llegando hasta la parte más alta y oscura de la Tokyo Skytree, sentándose a ver las luces de la ciudad, quedando anonadada Yumeko por la belleza de esa era…

_ En una ocasión, que acompañe a Kagome a esta época, ella tenía que estudiar, asi que aburrido de estar sentado jugando con el gato, decidí ver la ciudad, ocultandome cómo esta ocasión, llegando hasta aquí, disfrutando de la vista…

Yumeko guardaba silencio ante sus palabras, disfrutando de ese instante.

_ Eres a la primera que traigo… y a la única que siempre traeré…

Con un perfecto equilibrio, Yumeko sé levantó y se sentó a horcajadas sobre él, ambos con el rostro sonrojado, pues muy poca tela les impedía tener un contacto más íntimo…

_ Yo quiero ser tu mujer…

Yumeko era directa, no sabía ser romántica, solo se había enamorado una vez, siendo apenas una jovencita y disfrutando de la sensación por muy poco tiempo, sufriendo más por la pérdida de Yuuki sempai.

_ ¿A-a que te refieres?...

Inuyasha tragaba duro, sintiendo su corazón en la garganta y evitando que su miembro reaccionara con ella tan cerca.

_ Yasha kun, quiero que me hagas tu mujer…

Y no le dijo dos veces.

Tomándola de la nuca y de su estrecha cintura, la acercó contra él, restregando ambos, mientras se devoraban apasionados, dando rienda a sus deseos, sin preocuparse en ese momento de absolutamente nada que no fueran ellos dos…

Inuyasha comenzó a intentar abrir los pequeños botones con los que se cerraba la pijama de ella, fallando cada vez, sintiéndose poco a poco más frustrado, queriendo rasgarla con sus garras.

Pero Yumeko adivinando el significado de sus gruñidos y con una sonrisa divertida en su rostro, sacó la delicada prenda por encima de su cabeza, quedando desnuda, solo con la parte inferior de su ropa interior, intentando cubrir sus senos de pezones rosados, con sus brazos, abochornada por su atrevimiento, desviando su mirada.

Él estaba hipnotizado, sintiendo cómo sé le hacía agua la boca, besando de nuevo sus labios, estrujando su cintura, y comenzando a bajar poco a poco por su cuello, lamiendo con devoción la dulce piel, llena de cicatrices de batallas, pero que no dejaba de ser absolutamente bella y deliciosa para él.

Tomó sus senos, perfectos para sus manos, acunandolos con suavidad y acariciandolos con infinita ternura, incrédulo de que eso le estuviera pasando a él, pues jamás había llegado tan lejos con una mujer.

Veía la piel de Yumeko erizarse por el fresco aire de las alturas, comprendiendo que después de todo, ella era una humana y que debía de cuidarla cómo una joya, pero antes de que dijera algo…

_ Yasha kun, yo… yo quería decirte… decirte que soy virgen… jamas…

Inuyasha puso un dedo sobre sus labios, haciéndola callar, pues no había necesidad de palabras.

_ Yumeko, en verdad te amo, y no sucederá nada esta noche… Tú serás la madre de mis cachorros y mereces que te respete y te honre, cumpliendo mi palabra y uniéndonos cómo compañeros… solo esa noche tomaré lo que me ofrezcas y yo te daré lo que siempre había esperado por ti…

Yumeko lo miró, incrédula, sorprendida y enamorada, con sus mejillas teñidas de rosa, pues era demasiado para ella, saber que Inuyasha era virgen cómo ella, que seria solo para ella.

Inuyasha la envolvió con sus brazos, protegiéndola del fresco de la noche, y disfrutaron de la vista de la ciudad, con el latido de ambos corazones cómo fondo.

..

Kouga se encontraba a las afueras de la ciudadela, de lo que fueran las majestuosas tierras del Este.

Junto con el pequeño grupo de guerreros, que se habían ofrecido a acompañarlo, entre los que estaban Ginta y Hakaku, estaban escondidos, ocultando su aroma con una mezcla especial de hierbas que Ayame les había proporcionados, además de su youki, para evitar ser detectado por algún esbirro de Naraku, intentando investigar, para saber lo que había pasado con Lord Yoshio.

_ General, esto está peor de lo que imaginamos…

Un reguero de cadáveres, se alcanzaba a divisar desde donde estaban, junto con la peste a muerte y veneno, tan peculiares, que su memoria olfativa las tenía más que grabada en su cerebro desde que el muy maldito acabara con su clan.

_ Esperaremos las noche para intentar ingresar en silencio, por mientras recorreremos los alrededores para saber a qué nos exponemos.

Pero las cosas no mejoraron o daban una esperanza de triunfo mientras avanzaban.

Había sido una batalla sorpresiva, Naraku había adquirido tal poder, que había creado miles de marionetas que acabarían con todo en un santiamén, quemando, destruyendo y matando todo a su paso, mientras Naraku avanzaba entre ellos, confiado, paso a paso y con la sonrisa en su rostro de quien no teme a nada en absoluto.

Desde su posición Lord Yoshio lo veía avanzar, entendiendo que todo estaba perdido, dando la orden de rendirse y escapar en retirada.

Pero sus guerreros se negaron, luchando con honor, protegiéndolo a él con sus vidas.

Aunque de nada había servido.

Naraku sé

había detenido frente a él, con suavidad y total calma, disfrutando malignamente de ese momento.

_ Qué fácil ha sido… no cabe duda, que los Lores Cardinales han sido una gran decepción. ¡Esperaba más resistencia, algo más de gloria!...

Naraku atacó al gran Lord, sin darle oportunidad de defenderse siquiera, lanzándolo contra la fuerte pared de mármol, del trono del Lord.

Yoshio sama se levantó con agilidad a pesar de su tamaño, lanzado una serie de kunais, cargados con su youki, convirtiéndolos en armas mortales, que no hicieron ni cosquillas a Naraku, que reia a carcajadas mientras sus tentaculos lo protegian, esquivando cada ataque, burlandose del Lord, mientras lo utilizaba para jugar al gato y al ratón, haciéndolo esquivar sus tentáculos, hiriendolo, envenenandolo poco a poco, hasta que lo tuviera bajo su merced.

Kouga había logrado ingresar al palacio, camuflándose entre las sombras, seguidos de los fieles Ginta y Hakaku y de un par más de sus soldados, pues no ocupaban más que reconocer el terreno, quedando el resto dispuesto a atacar a la primera orden de su General.

Sé había sorprendido de no encontrar a ninguna de sus extensiones principales, cómo Byakuya o el mismo Magatsuhi, molesto por la facilidad que había encontrado al ingresar.

_ Deben de estar alertas…

Pero no sé había dado cuenta, que detrás de ellos, venía alguien más, siguiendo sus pasos, alguien que no necesitaba del olfato, pero que sabía leer muy bien, el más mínimo youki, escondiendo su chakra para no ser detectado.

Su cuerpo apestaba a sangre, polvo y sudor, nada distinto a lo que flotaba en esos lugares, y aprovechaba el camino despejado que los Ookami, iban dejando a su paso.

Cuando ingresaron al palacio, con la sombra de Ikki detrás de ellos, él se separó, localizando de inmediato el leve youki de Byakuya que sorprendentemente, aún estaba vivo, dirigiéndose de inmediato hacía él, en un absurdo impulso dejando que el grupo de Kouga siguiera su camino hacia Naraku.

Byakuya yacía sobre el piso, con las manos atadas sobre su cabeza, completamente desnudo y con el cabello suelto, mortalmente pálido a pesar de los morados cardenales y las laceraciones de su cuerpo.

La habitación apestaba a sudor, sexo e inmundicias, dándose cuenta en cuanto entró, que Byakuya había sido tratado, peor que escoria.

Su corazón latía con fuerza, creando un doloroso nudo en su garganta, que le hizo apretar los dientes y contener su furia, sintiendo una serie de sentimientos encontrados, por primera vez en su vida.

Byakuya soñaba, con cada ocasión compartida, con cada fuerte o tierna caricia, con cada segundo del placer obtenido y que tan poco habían durado, deseando morirse a cada instante, pues no sabía si era peor el dolor de su cuerpo o el dolor de sus recuerdos.

Sintió que alguien alzaba su rostro, y al ver a Ikki, con sus cabellos rojos y su rostro sucio, pensó que tal vez ya era hora de morir o que estaba en su delirio de nuevo, sonriendo con tristeza y alegría, pues al fin todo había terminado.

El interior de Ikki rebullia de furia al ver el estado de Byakuya, que equivocado estaba al creer que él solo había sido un juego en su vida, alguien de quien sé podría deslindar fácilmente cuando ya no lo necesitara.

No contaba con que, al final de cuentas, él solo era un simple ser humano, voluble, imperfecto, dañado, que en toda su maldita vida, nunca había tenido algo suyo, algo que encajara tan bien en su vida, en su maldad, alguien con quien era él mismo, incluso descubriéndose aún más.

Beso los labios de Byakuya, al mismo tiempo que cortaba las amarras que lo mantenían capturado.

_ Necesito sanar tu cuerpo…

Pero Byakuya se negaba, comprendiendo, aun en la agonía de su dolor, que si Ikki llegaba a utilizar algo de su chakra, Naraku se daría cuenta de su presencia en el castillo.

Ikki iba dispuesto a terminar con Naraku, adelantar sus planes e intentar absorberlo, pero al darse cuenta de que Byakuya aún estaba vivo, que Naraku no lo había asesinado, sin pensarla se dirigió hacía donde se encontraba, sin darse cuenta que estaba dejando de lado todo lo demás.

_ Vete, solo te pondré en peligro…

Ikki utilizó el ungüento que había robado del viejo monje que encontró en el camino, y que había utilizado para que sanaran sus heridas, dándose cuenta de que habían sido efectivas para detener el sangrado y el dolor.

Había regresado por donde llegó, para desnudar a uno de los youkais muertos durante el ataque, para poder vestirlo y sacarlo de ahí, tratando de vendar sus heridas más graves.

Sé había encontrado con el grupo de Kouga, que seguían sin darse cuenta de su presencia.

_ Solo espero que Ayame haya llegado con bien a las tierras del Oeste…

_ General Kouga, su hembra es una de las más fuertes y valientes que conocemos… es capaz de incluso venir a rescatarlo, si Lord Sesshomaru no sé lo impide.

Ikki escuchaba con atención, los guerreros que estaban ahí, no eran un simple grupo de rastreo y avanzada, pues el líder al parecer era el jefe de su clan y aliado de Lord Sesshomaru.

_ Necesitamos vencer a Naraku cuanto antes, antes de que Sesshomaru sama decida venir hacia acá, junto con Inuyasha y los demás.

Esas eran buenas noticias, si Kagome venia entre ellos, sus planes serian diferentes aunque más fácil de realizar.

La luz del día se estaba acabando y tenían que salir cuanto antes de las tierras del Este si quería poner a salvo a Byakuya.

Regreso a la sucia mazmorra llevando agua y un sucio kimono, recomponiendo, aunque sea un poco, el maltratado cuerpo, y subiendolo sobre su espalda aun adolorida también, siguiendo el camino que había utilizado para llegar hasta ahí, sacando fuerzas, sabía de donde, para poder recorrer el mayor camino posible, antes de que Naraku se diera cuenta de su ausencia.

..

Durante todo el trayecto hacia las tierras del Oeste, Ayame había estado sufriendo los estragos de su embarazo, debido a los nervios de no saber, si Kouga podía salir con vida.

Agradecia estar preñada, pero la verdad era, que su cachorro había escogido el peor momento para anunciar su próxima llegada, pues ella debería de estar al lado de él, luchando, pues era la única en igualar sus poderes.

Su Abuelo notaba el carácter disperso, la mirada introspectiva, el semblante pálido y sudoroso y los escalofríos que la atacaban, seguramente por las nauseas que contenía.

_ Ayame, creo que sera mejor descansar…

_ Abuelo, ¿te sientes mal?... nos detendremos…

_ No Ayame, pero noto tu semblante y me preocupa que tu cachorro esté en peligro solo por tu terquedad.

Ayame bajo la mirada, avergonzada, pues no hubiera querido que su Abuelo se diera cuenta de que no estaba bien del todo.

_ Abuelo, lo siento mucho… mi bebé se encuentra bien, solo me encuentro preocupada, pensando en Kouga.

Su Abuelo no era de palabras amables, ella lo sabía, pero solo el hecho de pararse al lado de ella, le daba a entender que comprendía su pesar, brindándole su apoyo moral.

Habían llegado al amanecer a las tierras del Oeste, donde fueron recibidos por Irasue sama, intrigada por las noticias recibidas, pues aunque sabía del ataque al Este, no había dejado de ser sorpresivo, pensando en que su hijo tenía que llegar cuanto antes, pues tenían que estar alerta.

Había dispuesto el hospedaje para los refugiados, y que Ayame recibiera atención de parte de un sanador, pues desde que había llegado, debido al estrés estaba bastante desmejorada.

Sé quedó en la terraza de su habitación, desde donde se podían ver los jardines privados y gran parte del reino del Oeste, con su rostro inexpresivo, sin dejar adivinar lo que pasaba por su mente.

Metió su delicada mano, coronada de letales garras, bajo el cuello de su kimono, y sintió la vieja cicatriz de la marca que le hiciera Ryutaro, hace siglos.

Su piel se erizo, y en la explanada frente la entrada de la Casa de Luna, aparecio su Hijo, junto con su compañera, el segundo heredero y toda su comitiva, con nuevo agregados, a los que jamas habias visto, más uno, que desde se apersonaron dirigirio la mirada de inmediato, hacia el punto donde se encontraba ella, cruzándose ambas miradas por un breve instante, antes de que ella entrara con velocidad, desapareciendo de inmediato.

Nadie se había dado cuenta de la acción de Irasue, solo Ryutaro, que de inmediato sintió un jalón en su alma, y la sensación de vacío, desaparecer de inmediato, dirigiendo la mirada, hacía donde su corazón le señalaba, alcanzando a ver un par de dorados ojos y unas largas coletas plateadas, que de inmediato desapareció, evitando dejarse ver.

Sé sentía emocionado, y agradeció traer su armadura puesta, al igual que Ouji sama y Kagome Hime, y que evitaba que se dieran cuenta del aroma de su emociones, los muchos youkais a su alrededor.

Quería verla, quería ver su rostro cuanto antes, y sé preocupaba haber envejecido en todos esos años, a pesar de que no aparentaba más de cuarenta años, y deseaba que la espera, no hubiera provocado en ella arrepentimiento, pues conocía su carácter voluble, aunque también, lo enigmático de su alma.

Generales y soldados, de inmediato aparecieron ante ellos, haciendo una formación de bienvenida, pues el Lord había regresado a su reino, mientras Madre sama, acompañada de Jaken y el viejo Ookami del Clan de Lobos, esperaban de pie en la gran entrada.

_ Lord Sesshomaru y Lady Kagome, sean bienvenidos a su hogar.

El rostro de Irasue, frío y con una sonrisa, más parecida a una mueca burlesca, representaba su papel, simulando no estar del todo conforme con la unión de su hijo, logrando que Sonomi se preocupara, a pesar de que Kagome había comentado la treta que había tenido que fingir, para que no llegara a oídos de Naraku el que ella se hubiera emparejado.

_ Lord Sesshomaru, bienvenido… respetuosamente, solicito una audiencia con ustedes.

_ Ookami sama, que así sea. Pasemos al salón del trono.

Kagome pidió a Jaken, que dispusiera habitaciones para los nuevos invitados y que llevará a los niños a sus habitaciones, además de un servicio de té para todos, mientras caminaba al lado de Sesshomaru, que iba leyendo el informe que su general que en ese momento le había brindado, seguidos por todos, que no dejaban de pensar, lo maravillosamente adaptable que era Kagome, y cómo había asumido su nueva posición de Lady, de inmediato.

_ No imaginaba que apenas al llegar tendríamos que reunirnos, en esta especie de consejo de guerra…

Inuyasha, preocupado veía a su hermano, con esa mirada grave y decidida, propia de él cuando hablaba bastante serio.

_ Tal vez lo mejor seria, que mí padre y yo no retiramos junto con los niños…

_ No, Sonomi sama, esta reunión es de familia. Y así cómo en su hogar se discutieron diversos temas, aquí, en el hogar de su hija y de este Sesshomaru, se hará lo mismo, con toda la familia presente, para que contribuyan con su experiencia y opinión.

Kagome sonrió agradecida de que no hiciera menos a su familia, mientras que Irasue, ignorando a todos y sin mirar a nadie, entraba al salón del trono, sonriendo en su interior y dándose cuenta, de cuán ciertas habían sido las palabras de Ryutaro y el antiguo Shogun, su hijo tenía que cambiar para alcanzar un magnifico poder, y los sentimientos eran una clave importante en ese cambio.

Y sé sentía orgullosa, además de desear que ese nuevo cambio, alcanzara lo suficiente cómo para perdonarle el hecho de haber sido marcada por un macho que no fuera su padre, aunque entre ellos había existido una separación.

Ryutaro intentaba cruzar su mirada con ella, pero Irasue, era distante y lo ignoraba cómo si no lo reconociera, llegando a creer que había cambiado lo suficiente para que eso sucediera, tentado a apartar su armadura para que al menos por su olfato lograra saber que era él.

_ Gifu sama (honorable Suegra), permita que le presente a los miembros de mi familia.

Él es mí padre, Raiko Higurashi, el nuevo Shogun de nuestra gente, y mi madre, Sonomi Higurashi.

Ambos hicieron una reverencia ante ella, mostrándole sus respetos, mientras ella respondía de la misma manera, con una aparentemente, fingida sonrisa.

_ Él es Taiga Ojiisama y Ryutaro Kinoshita, mí Sensei.

Respondió de la misma manera, sin siquiera sostener la mirada de él, por un instante más, ignorándolo monumentalmente, perdiendo cualquier esperanza, recuperando él también, su carácter duro y frío.

Sesshomaru le cedió la palabra al Abuelo de Ayame, después de las respectivas formalidades, tomando todos té, mientras escuchaban el relato del viejo lobo.

_ Hace exactamente cuatro días, comenzaron a desfilar por nuestras tierras, gente originaria de las tierras de Este, que estaban dirigiéndose hacia el Sur, donde serían refugiados de Lord Subaru, pues era más que inminente un ataque.

Seguimos encontrándonos más gente, que había terminado por escapar en cuanto Naraku atacó las tierras del Lord Yoshio, muriendo algunas en nuestras tierras, debido al veneno o a las heridas con las que habían logrado llegar, y otras dirigiéndose, sin detenerse a las lejanas tierras que ven ellos cómo una esperanza a todo esto.

Lord Yoshio sé había quedado a defender sus tierras y su honor, con la mitad de sus mejores soldados, mientras la otra mitad, había sido enviada hacía acá, de acuerdo al plan que sé pacto en la última reunión, mientras que su compañera y herederos, viajaron a las tierra del otro lado del mar.

Todos escuchaban, tensos en sus asientos, imaginando apenas la situación del Este, y de los miles de desplazados y refugiados que viajan hacia el sur.

_ El Consejo Ookami sé reunión, y Kouga decidió, que era prioridad intentar rescatar a Lord Yoshio y hacer una avanzada de reconocimiento, para tener idea a lo que se enfrentaban, enviándonos al resto a pedir asilo en el Oeste y apoyarlos con el resto de nuestros mejores guerreros, preservando así su descendencia.

Kagome se sorprendió con las últimas palabras, ¿Ayame estaba en el Palacio? ¿descendencia?.

_ Ayame sama, se encuentra en sus habitaciones, he dispuesto para ella un sanador que la atienda en estos momentos, pues al parecer su preñez estaba causando malestar.

Kagome asintió ante las palabras de Irasue, mientras se levantaba con propiedad, pues necesitaba visitar a su amiga y ver que estuviera bien de salud.

_ No debería de preocuparse Lady Kagome, esta bien atendida.

_ Si me permite Lady Irasue, Kagome Hime, al igual que su compañera de Armas Yumeko san, además de excelentes guerreras, son grandes sanadoras.

Era la primera vez, que Kagome o Yumeko escuchaban palabras de elogio, de parte de su Sensei, quedando congeladas en el acto, mientras intentaban evitar abrir la boca de la sorpresa.

Kagome se levantó seguida de Yumeko y de Sango, que también quería ver a su amiga, aunque no pudiera hacer mucho para auxiliarla, mientras eran guiadas por Irasue, que había ignorado las palabras de Ryutaro con un gesto de la manga de su kimono, mientras todos tomaban la actitud de ambos, cómo un choques de dos de los peores caracteres del mundo.

_ ¿Ayame? ¿podemos pasar?...

_ Kagome, me alegra que hayas regresado.

Y se abrazó a su amiga, llorando sobre su hombro, sobrepasada por todas sus emociones.

De inmediato Kagome, comenzó a revisar su cuerpo por medio de su chakra, esperando que todo estuviera bien, detectando una pequeña amenaza de aborto, y el hecho de que eran dos cachorros, una hembra y un varón.

Entre ella y Yumeko, la sacaron de peligro, pudiendo sanarla, mientras Sango sostenía su mano y acariciaba sus rojos cabellos.

_ Ayame, necesitas descansar y no preocuparte, todo estará bien…

_ Kagome, la misión que Kouga tomó ha sido la más arriesgada hasta el momento y temo por su vida, pues prácticamente se fue solo a enfrentar a Naraku.

Ella entendía su dolor y su preocupación, pues aunque sabía que Kouga no enviaría a alguien, sabiendo las altísimas probabilidades de morir, debio haber pensado más en su compañera y en los cachorros de su vientre.

_ Necesitas tomar un baño y comer algo…

Y dejando a una vieja de su manada para que la auxiliara, las tres mujeres se retiraron para volver al salón del trono, donde todos los esperaban aún discutiendo estrategias.

_ Gran Sabio, su nieta se encuentra ya restablecida, pues había estado en riesgo de perder a sus cachorros, que por cierto, ambos serán fuertes, una hembra y varón que traen dicha a su clan, ¡Omedeto gozaimasu!

El viejo Ookami sonrió, moviendo la cola ligeramente, feliz de que una nueva generación de Ookami viniera en camino.

_ Mí Señor, no sé que han discutido hasta este momento, pero propongo que marchemos hacia el Este, y rescatemos al General Kouga y a Lord Yoshio, si ha logrado sobrevivir.

Podríamos enviar a tus mejores soldados, pero está batallas nos corresponde a nosotros, tal vez lo mejor seria que nos encontraramos de una vez por todas con Naraku.

Kagome hablaba con seriedad, mirándolo solo a los ojos de Sesshomaru, mientras Sonomi dejaba que Raiko sostuviera su mano, pues era más obvio, que el Destino de su hija debía de cumplirse tarde o temprano.

...

La noche, se levantaba oscura frente a ellos.

Ikki había tratado de avanzar lo más que podía a pesar del dolor de su cuerpo, llevando el delicado y frágil cuerpo de Byakuya, sintiendo cómo la sangre de él, había comenzado a empapar sus ropas.

Estaban atrapados en un largo valle, donde no había podido encontrar algún refugio donde poder esconderse y tratar de sanarlo.

La noche había caído y la luna creciente, sobre un cielo tachonado de estrellas, iluminaba el valle que se comenzaba a cubrir de millones de blancas flores nocturnas, mientras Byakuya sonreía apenas, dándose cuenta de lo irónico del momento, pues al parecer su muerte sería similar a la de Kagura: Después de traicionar a Naraku, frente al ser que amaba, y en un campo lleno de flores.

_ Ikki, bajame aqui…

Por primera vez, usaba su primer nombre, sin honoríficos ni nada.

Ikki lo bajó, y levantó una kekkai diminuta, que apenas los cubría a ambos, pues quería poder intentarlo.

Pero en cuanto revisó su cuerpo con su chakra supo que todo estaba perdido, pues había perdido demasiada sangre, además de tener su interior destrozado, debido a los tentáculos de Naraku, era un milagro que estuviera vivo.

_ Este lugar es perfecto… Ikki, cuando cuamplas tus planes, y tengas el poder del Dios del Tiempo, buscame para estar de nuevo junto a ti… Acaba con Naraku, pues aunque sea mi creador, no sé merece nada ese bastardo traidor.

Y aunque sea más probable que mueras, recuerda en tu último respiro, que yo te estaré esperando en el otro mundo…

Byakuya comenzó a toser, arrojando sangre por su boca, mientras Ikki pensaba que el muy bastardo aun disfrutaba burlándose de él y provocandole, cómo lo hacía para lograr que estuviera con él.

Sintió algo contraerse en su pecho, dándose cuenta de la tristeza que comenzaba a crecer, pues ya no estaría más con él… Byakuya se iría, dejándolo solo de nuevo, y Naraku era el único culpable.

Comenzó a tocarlo y a besarlo, tratando de adueñarse de él, de no soltarlo ni dejarlo ir.

_ Solo tú, supiste la clase de Bastardo retorcido que soy… solo tú compartiste mi lecho… nadie más que tú, tocó este cuerpo.

Byakuya sonrió, pues había sido lo mismo para él…

_ Quería compartir mi triunfo contigo…

Y la vida se escapó del cuerpo de Byakuya... sobre los brazos de Ikki, que lo dejó tendido en medio de las flores blancas, sin mirar atrás, avanzando lejos de ahí, cómo a quién no le interesara en lo más mínimo…

Aunque fuera apretando un puño, hasta quedar sus nudillos blanco, y con la quijada tensa, mientras sus fríos ojos, color azul artico, refulgian con el fuego de su furia, pues por dentro se estaba consumiendo, más que nunca, en el fuego de su venganza.

Su rojo cabello volaba al viento… Naraku moriría… era una promesa.

O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.

Disculpen la ausencia, pero ahora si que Inspiración no sé había dignado en aparecer.

Gracias por cada review recibido, muy en especial a:

Fabysama ;) que por cierto te mando un mega abrazo…

Okita Kagura…

Chicadelasseries

Raquel Taisho

ANY (guest)... gracias :)

Y a Yarix12… el cual recibí justo cuando iba a actualizar…

Gracias por cada palabra de aliento…

Les mando un abrazo supercalifragilisticoespialidoso, hasta donde estén…

YOI MINO