DISCLAIMER: Los personajes del Manga INUYASHA, son creación de Rumiko Takahashi.

ADVERTENCIA: Esta historia es rated M, por lo que contendrá, situaciones SEXUALES y de violencia, además de lenguaje vulgar, de manera explícita, y no por eso recomendar cada una de ellas… Se recomienda discreción ;)

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Ese día en las tierras del Oeste, los guerreros de las del Sur, habían arribado, acampando a los alrededores del castillo, donde todos se habían apostado a esperar órdenes del Señor del Oeste.

Kagome y Sesshomaru habían estado encerrados en Consejo de Guerra, junto con los Generales de alto rango, además de Raiko, Ryutaro, Inuyasha, Sango, Miroku y el Gran Sabio del Clan Ookami, armando estrategias de Guerra, mientras Lady Irasue había decidido darle un recorrido a Sonomi por el Palacio, después de dar un largo suspiro y jurar que estaba de los más aburrida.

Irasue había estado de lo más accesible, mostrándole cada rincón, contandole pequeñas anécdotas, pero aunque Sonomi, no tuviera ni la octava parte de su años, había notado sus introspectivos y breves silencios, cómo quien analizará algo, profundamente, y ocupará cada pausa para hacerlo, ella también era mujer, al final de cuentas, y una que tuvo que fingir por muchos años felicidad, a pesar de extrañar al padre de sus hijos.

_ Irasue sama, ¿se encuentra usted bien? la noto un poco distraída… si gusta, podemos posponer el recorrido.

Irasue la miró, con una ensayada sonrisa en sus labios, recordando a Izayoi, su única "amiga" o más bien, la única que había podido leerla mejor que ella misma.

_ Todo está bien Sonomi sama, solo me preocupa todo este asunto de la guerra, ya sabe, nuestros hijos apenas son unos cachorros.

Sesshomaru no podía considerarse, que digamos un cachorro, ya que su edad se contaba en siglos, pero tal vez en su raza, al igual que en la de Kagome, ambos eran muy jóvenes para tener que enfrentar problemas de tal magnitud.

Sonomi guardó silencio, pensativa también, mientras Irasue agradecia el silencio.

Obviamente su hijo ya había participado en batallas, incluso en la guerra contra el Clan de los Gatos Leopardos, en la que también Inuyasha hubiera participado de no haber estado sellado en un árbol sagrado.

Además una Onna Senshi no yoru, solo era entrenada en la batalla y las artes marciales. Ella solo quería silencio, no estar en la mira y que llegará a adivinar lo que estaba pensando.

Ryutaro estaba desencantado, y un poco más callado y hosco de los normal, participando con simples monosílabos, con su concentración divida entre las estrategias de guerra y la energía de Irasue, que deambulaba por la antigua Casa de la Luna, huyendo de él, ignorándolo, tal vez arrepentida al verlo nuevamente.

Ninguno había notado el carácter disperso de ambos personajes, ignorando, que bajo sus narices, ambos pensamientos y ambos corazones, solo estaban por ellos dos, en ese momento.

O*O

Naraku se había aburrido de luchar con el Kuma Daiyoukai, sujetándolo de manos y piernas, a la vista de quien quisiera, haciendo más larga su derrota y humillación, posponiendo su muerte una y otra vez.

Magatsuhi estaba aburrido en su interior, pero sabía que tenían que esperar, pues más pronto que temprano, Kagome y Sesshomaru irían a auxiliar a las tierras del Este.

Se retrajo en un rincón oscuro de la mente de Naraku, pues sabía que pronto llegaría su momento,

Naraku estaba excitado, con la adrenalina de su cuerpo, volviéndolo loco, no tenía ganas de descansar o de sentarse a esperar, sin hacer nada.

Aún no sé había dado cuenta de la presencia del Clan Ookami, que intentaban encontrar un camino seguro hacia el salón del trono y rescatar a Lord Yoshio.

Una inquietud en su entrepierna, comenzó a molestarlo cada vez más, dándose cuenta de pronto que acariciaba inconscientemente con una de sus manos, comenzando a sudar y a respirar de manera agitada, cediendo al asqueroso deseo que crecía en su interior, y decidiendo hacer una última visita a Byakuya, si este no había decidido morir desangrado, en el transcurso de ese día.

Avanzó despacio a la mazmorra, disfrutando cada momento, pues daría rienda a su asquerosa lujuria, pensando en que tal vez podía transformar el rostro de Byakuya en el de Kikyo, siendo de esa manera algo menos "asqueroso".

En cuanto entró, la furia en su cuerpo comenzó a crecer de manera inmensurable, sacando del recoveco a Magatsuhi, pensando que la batalla había comenzado.

Kouga y sus soldados se miraron entre ellos, intentando adivinar, qué era lo que había pasado, para que la furia de Naraku, estallara de esa manera.

Sabía que había sido Ikki Koyama, sabía, que de alguna maldita forma, el maldito Traidor había sobrevivido, logrando alcanzarlo, "rescatando" a Byakuya.

"Deberias de dejar las cosas cómo están, ambos no te sirven de nada…"

Magatsuhi quería evitar que se lanzará en una búsqueda infructuosa, pero Naraku estaba furioso, y sin esperar que amaneciera, se lanzó en la búsqueda de ambos, barriendo toda la zona alrededor, hasta dar con el valle lleno de flores nocturnas, donde vio un bulto acostado entre ellas, avanzado hasta estar frente a Byakuya, ya muerto, con un incierto gesto de paz en su rostro.

Gritó con todas sus fuerzas, rugiendo, avanzando en la dirección por donde Ikki había desaparecido, siguiendo el rastro de flores manchadas de sangre, que había ido dejando a su paso.

Pero no sabía, que este lo mantenía vigilado, dentro de una barrera que lo ocultaba tras los árboles más cercanos, donde comenzó a realizar unos mudras con sus manos, de manera veloz, activando la primera parte de su plan, sin que Naraku se diera cuenta de que el sello que Ikki había dejado en su cuerpo, poco a poco le permitiría explotar todo su potencial, permitiendo que se apoderara del poder de la perla, aumentando su poder hasta estar en el límite de su capacidad, estallando en el momento preciso, solo para que él en ese momento pudiera absorberlo, haciendolo desaparecer por completo, convirtiéndose entonces en el ser más poderoso del universo, después de que consiguiera el medallón que tenía Kagome en su poder, pudiendo abrir de esa maneras, las puertas del Tiempo, siendo el nuevo Dios del Tiempo y pudiendo lograr de esa manera, nuevos status de poder.

Naraku ni siquiera se daría cuenta de lo que estaría pensando, tal vez, logrando engañarlo, haciéndole creer que su nueva alianza con Magatsuhi lo estaba haciendo más fuerte.

Las pocas palabras de Byakuya, que susurraba a su oído mientras lo llevaba en su espalda, le habían proporcionado algunas pistas importantes, cómo por ejemplo, lo que había alcanzado a escuchar a escuchar de la alianza entre esos dos, antes de caer en la inconsciencia.

En cuanto terminó lo suyo, se perdió dentro del bosquecillo, avanzando dentro de su barrera, alejándose de Naraku, que seguía buscándolo en el sentido contrario, siguiendo una estúpida pista falta que el astuto de Ikki había dejado deliberadamente.

O*O

En la Casa de la Luna, había terminado la reunión, después de llegar a un acuerdo y trazar las estrategias correspondientes, retirándose Sesshomaru, junto con sus nueva familia y aliados, a sus aposentos donde compartirian los alimentos.

_ Mis niños… lamento no haberlos visto todas estas horas…

Kagome abrazaba a Shippo y a Rin contra ella, fuertemente, pues tantos problemas, solo la hacían querer estar juntos con ellos y protegerlos de todo.

_ Lo importante, es que todos estamos compartiendo la mesa…

Sesshomaru y Kagome estaban sentados a la cabecera, disfrutando de los alimentos y participando de la charla general, mientras los sirvientes mantenían el té caliente y los alimentos a tiempo.

_ Mañana a primera hora partiremos al Este para rescatar a Kouga y a Lord Yoshio, así que les recomiendo pasar lo que resta del día cómo mejor les plazca.

Sesshomaru se levantó con Kagome de la mano y dieron por terminada la cena.

_ Mamá, Papá, ¿qué les parece si damos un paseo por los jardines con los niños, antes de que se meta el sol?...

Raiko y Sonomi, asintieron felices, tomando a Souta, Rin y a Shippo de cada mano y avanzando tras de ellos.

Inuyasha, junto con Yumeko y Kohaku, prefirieron el salón de armas, mientras que Sango y Miroku, sin decirle a nadie, fueron a su habitación, después de pasar y saludar a Ayame, prefiriendo pasar las horas en la intimidad.

Irasue, se había levantado de la mesa después de su hijo, avanzando sin decir nada hacía sus aposentos, mientras que Ryutaro, prefirió deambular por los jardines también, detrás de la familia Real, pues muy dentro de él, sentía el deber de cuidar de ellos.

Pero su mente estaba en otro lado, imaginando el camino a las habitaciones de Irasue, a las que nunca había osado entrar, acariciando la imagen de su rostro, tan distante, tan frio… tantos años en soledad debieron crear un enorme rencor en ella.

Cuando vio que Raiko, junto con su familia, estaba más que bien y tranquilos, decidió marcharse de ahí, dejando que Jaken lo guiará a la que sería su habitación en esa ocasión.

En cuanto entró en ella, levantó una kekkai, que Sesshomaru y todos en el palacio detectaron, dándose cuenta de que escondía el poder de Ryutaro, y para los youkais, su aroma al igual que su armadura.

_ Debe de estar meditando y no quiere incomodar a nadie…

Fue la explicación de Raiko, tranquilizando a Sesshomaru que de inmediato relajo su youki, y por consecuencia relajando al resto de los youkais del castillo.

Sabía Ryutaro, que podía ser tomada cómo una ofensa la kekkai que había levantado, pero confiaban en que Raiko sabría manejar la situación con su yerno.

Sé quitó la ligera pero poderosa armadura, soltando su negro y largo cabello, ligeramente encanecido, decidiendo mirarse por primera vez en un espejo, de manera vanidosa, pues siempre los usaba para rasurarse la barba y nada más, sin ver más que pequeñas partes de su rostro.

Pero en el vestidor junto al onsen, había uno de cuerpo completo, cómo parte de la lujosa habitación, y decidió saber que había visto Irasue, que no le gustara.

Cierto que algunas arrugas habían aparecido en sus ojos, y unas canas en sus sienes, que se perdían en el brillo de su cabello.

Tal vez era el rostro amargado por los años y los últimos acontecimientos, pues era imposible que notara la enorme cicatriz de su cintura, que a pesar de tener la marca de Irasue, no había desaparecido del todo.

Su cuerpo era aún fuerte, tal vez un poco más delgado, pero igual de musculoso y fibroso.

_ ¡Bah!... siempre estuvo loca…

Sé metió al onsen de agua caliente, dejando que sus pensamientos se esfumaran, intentando relajarse, cómo hacía tiempo que no lo hacía, feliz de estar, al menos, debajo del mismo techo que ella.

Cuando salió, solo con la delgada yukata blanca, la luz del sol ya estaba menguando, tiñendo de rojo las paredes de la habitación, e hincado sobre el futon, se dedicó a pensar en ella, mientras veía el sol ocultarse, meditando.

A la Mañana siguiente partirian y de nueva cuenta se vería cara a cara con Naraku y Koyama, y tendría una oportunidad de vengar a su gente.

Repaso en sus mente cada técnica, cada movimiento aprendido, respirando en paz, dejando que su energía, aún mezclada con la de Irasue, fluía en paz dentro de la kekkai, pero con una paz que lejos de ser algo tranquilamente bello, era una paz que solo pondría los pelos de punta de quien lo viera, pues era la tranquilidad antes de la tormenta, que solo erizaba los vellos del cuerpo con la estáticas, presintiendo lo poderoso de esta; era cómo el sentirse observado por un tigre, ese silencio que solo significaba muerte.

Y Ryutaro solo sonreía, con tranquilidad.

Todos habían decidido pasar su tiempo cómo mejor les acomodara, amándose, haciéndose promesas de volver, reiterando ese amor y ese cariño que había entre ellos.

Y aunque a él le hubiera gustado escuchar el sonido de la flauta, de los labios de Irasue, perderse en bellos recuerdos nuevamente, intentar afirmar de nuevo el recuerdo del aroma de Irasue, de gardenias y lirios del valle, y perderse en el suave y largo cabello, debía de dejar de pensar en ella, y tal vez si sobrevivía, buscar una respuesta más adelante.

Abrió los ojos de nuevo al atardecer, y frente a él, hincada y brillando en el dorado de los últimos rayos de sol, estaba Irasue, mirándolo cómo antaño, sin la máscara de fría porcelana que normalmente la caracterizaba.

_ Haz envejecido…

_ Tú te haz vuelto más loca…

Sé miraron con seriedad, mientras sus energías crecían, empoderandose uno frente al otro.

Ryutaro demostrando, que aunque su cuerpo podía ser un poco más viejo, era más poderoso.

E Irasue, recordando, que por muy loca que pudiera estar, era peligrosa y mucho.

_ Eres igual de bella y letal…

Ryutaro dio el primer paso, cómo siempre quiso hacerlo y ella no le había permitido.

_ Te he extrañado tanto y solo ha sido poco más de una década para mí…

Para ella habían sido siglos sin él.

Irasue se acercó a él, y lamió sus labios con suavidad, mientras veía el rostro sorprendido de él, que aunque había sido consciente de cada movimiento veloz con el que se acercó, no dejaba de sorprenderle su acción.

Ryutaro la tomó de la cintura, sintiendo la seda de sus complicados atuendos, escuchando el fru-fru de su estola sobre el tatami, y sintiendo cómo sé le emocionaba el alma, por la anticipación de desvestirla.

Beso sus labios, cómo solo él lo había hecho en ella, volviendo a memorizar la dulzura de sus labios, mientras sus cuerpos se juntaban aún más, tratando sé sentir el cuerpo de cada uno.

_ Te he extrañado mucho.

Irasue se recostó sobre el futon, sonrojada, dispuesta para él, sin mover las manos, cerrando los ojos y mostrando el cuello en señal de sumisión, pues estaba segura de perder la cordura debido a la emoción.

Ryutaro, conmovido, comenzó a desatar el Obijime y el ancho Obi, apartando seda y más seda de colores, besando su labios en cada nudo conquistado, ahogando los dulces gemidos que escapan de los labios de su amada, emocionado también , ante el delgado y curvilíneo cuerpo desnudo, que lucía aún más pequeño y humilde, sin todos los afeites, pero también, aún más hermosamente salvaje y bello, con las coletas desparramas en el blanco futon.

Ya no era la misma jovencita de aquel entonces, ella también había envejecido durante los siglos que no lo vio, aunque su físico no demostrará mucho, tal vez la mirada más profunda, el rostro y la sonrisa distante e impersonal.

Pero la Irasue de ese momento, desnuda ante la vista de Ryutaro, era la misma para sus ojos, así cómo él, a pesar de los rasgo de madurez, no dejaba de ser endiabladamente apuesto, aún más amargado, más serio, con el ceño fruncido soldado en su frente, olvidando la sonrisa engreída prepotente y el brillo de admiración por hallarse en la misma época que el General Taisho.

Él se deleitaba con las líneas de su cuerpo, que esa única noche había recorrido también, deleitándose de cada distracción encontrada en el camino, lamiendo la albina piel que se erizaba bajo sus manos y labios.

Irasue se alzó arrancando la yukata de su cuerpo, recorriendo su torso con las manos delicadas, adornadas de letales garras, besando su labio, mientras reconocía cada cicatriz en su cuerpo, dedicándose a lamer cada una, intentando sanarlas, aunque ya no fuera necesario.

Se sentó sobre sus piernas, quedando sus senos a la altura de los labios de Ryutaro, que de inmediato atendió, acariciandolos y lamiendolos y con fervor, mientras que sus toscas manos, callosas por el uso de la katana, acariciaban la breve cintura, sosteniéndose de su trasero, alzandola solo un poco, lo suficiente para enterrarse en ella, y dejarla montarlo, sometiéndose también a ella, pues la amaba.

Sus labios se encontraba en el vaivén, mientras sus cuerpos ardían al tacto de sus manos, agradecidos de estar bajo la kekkai, pues sus energías hervían dentro de ella, chakra y youki, reconociéndose nuevamente, marcandose otra vez, imprandose y fortaleciendo de nuevo el vínculo entre ellos, e Irasue arqueaba su espalda, echando su cabeza hacía atrás y gimiendo mientras explotaba en un sentido orgasmo, en lo que Ryutaro continuaba guiando sus caderas con sus manos, sintiéndose llegar junto con ella, al tiempo que lo marcaba de nuevo, en la misma cicatriz en la base de su cuello, dejando fluir su youki a través de la herida, revolucionando sus almas, que explotaban cómo fuegos artificiales.

No la quería soltar, no quería que se alejara de su lado una vez más y descubrir que todo había sido solo un sueño, y escondía su rostro entre sus senos.

Y disfrutaba sintiendo la cálida respiración de ella, agitada, intentando recuperar el aliento al igual que él, mientras el latido de sus corazones era solo uno.

Irasue sentía unas ganas enormes de reír a carcajadas, sintiendo bajar por sus mejillas, cálidas lagrimas, tan diferente a aquellas que derramara, después de quedar sola, cuando Ryutaro se había ido y el padre de Sesshomaru había muerto, defendiendo a su cachorro.

Estas, al parecer, eran lagrimas de felicidad, pues algo muy cálido se removía en su pecho, cómo si la fría escarcha de su corazon , cediera ante el calor de las emociones sentidas, mientras su corazón latía pausada y serenamente, disfrutando de estar finalmente al lado de su pareja de alma.

_ No te vayas Irasue, dejame estar esta noche contigo…

_ No me iré… podría ser la última…

Siempre tan directa.

_ Sí, podría ser la última, por eso tiene que ser entera para tí.

Irasue sonrió.

Ahí estaba, el mismo hombre engreído y prepotente del que se enamoró en aquellos jardines.

_ No te conviene morir, Ryu-san, recuerda que tengo el medallón que abre el Meidou, y no te va a gustar que vaya por ti y te haga pagar el haberte muerto…

Ryutaro sonrió.

Ahí estaba, la misma chiquilla loca y voluble de la que se había enamorado, que explotaba a la menor rabieta y que era la más apasionada y posesiva en lo que consideraba suyo.

La noche había llegado, sumiéndose en la semi oscuridad la habitación donde estaban ellos, y donde unas cuanta velas mágicas, daban un aspecto mágico a media luz, en el que alcazaban a ver su rostros y encontrar sus labios, recostandose en el futon, cubierto de un mar de seda, amandose suavemente, tratando sé encender nuevamente, los rescoldos de su pasión.

O*O

En cuanto Naraku salió del Palacio del Sol naciente, Kouga se movió deprisa, venciendo a los esbirros de Naraku y a las saimyosho que estaban de guardia, evitando que avisaran a su amo.

Habían sentido el youki de Naraku, furioso, elevarse y hacer estremecer a la tierra, poniéndose en guardia, previendo lo peor y sorprendiendose cuando notaron que salió aprisa del Palacio, persiguiendo algo.

Avanzaron por los pasillos, con sus garras y armas dispuestas, verificando con su olfato cada lugar por el que pasaban, moviéndose a prisa.

Kouga se dio cuenta del olor de unos de los esbirros de Naraku, de la sangre de Byakuya dentro de una mazmorra, donde ya no estaba, y aunque le sorprendió, dejo las interrogantes para después.

En cuanto llegaron al salón del trono, el General Ookami, sintió la sangre arder y el estómago revolverse de furia, al notar el cuerpo maltrecho y herido del Lord Kuma, enorme y poderoso, reducido a un bulto sanguinolento de huesos rotos, sorprendiendose de que aún estuviera vivo, deseando que en esos momentos, Ayame o Kagome estuvieran ahí, e intentaran sanar al herido Lord.

_ Ookami sama

La voz de Lord Yoshio era apenas un susurro incrédulo, pensando que estaba dentro de alguna cruel visión de la muerte que se aproximaba.

_ Lord Yoshio, tenemos poco tiempo, necesitamos sacarlo de aquí… muerda esto…

Kouga le dio un pedazo de madera envuelto en tela, pues necesitaba que soportara el dolor, en lo que aplicaba las hierbas que le dio Ayame para disimular su aroma, además el líquido de una pequeña botella, que no era otra cosa más que belladona, y que servirá, para sedar por un momento al enorme Lord y soportara el viaje.

Ginta y Hakaku habían salido a vigilar, para poder dar aviso a su General, en cuanto sintieran la presencia de Naraku.

Yoshio sama había soportado estoicamente el dolor de su cuerpo, cuando los soldados de Kouga, tallaron las plantas por cada milímetro de piel, desmayándose en cuanto la posición de belladona toco sus labios, permitiéndoles de esa manera, vendar y entablillar su cuerpo, justo cómo Kagome les había enseñado en alguna ocasión.

Kouga quería quedarse a luchar, sentía rabia y sus dientes rechinaban, mientras tronaban sus nudillos al apretar las manos en un puño, pero debía admitir, que él solo no era rival para Naraku, y aunque eso lo enfureció más, la imagen sé su bella pelirroja y un futuro vientre abultado, donde estaría su cachorro, vino a su mente, logrando que pudiera enfocarse y hacer las cosas de otra manera, en esta ocasión no debía de pensar solamente en su venganza personal, tenía quien lo esperaba en su hogar.

Salieron por la parte de atrás, después de que dos de sus soldados se las arreglaran para cargar al Lord sin herirlo más o ponerlo en riesgo, y así poder buscar unos de sus refugios cuanto antes y esconderse de Naraku, pues no podían correr el riesgo de viajar con Yoshio sama a cuestas y avanzar hasta la Casa de la Luna, expuesto a la furiosa del bastardo de Naraku.

_ ¡Tks!...

Kouga escupió furioso, solo de pensar en su plan, él no era un cobarde que se escondía, pero el líder de sus manada y necesitaba pensar en ellos también.

Estaban llegando a una de las cuevas ocultas, de las que solo el Clan Ookami tenía conocimiento, refugiándose en ella, después de verificar que no hubiera sido seguidos por alguna marioneta de Naraku o alguna de sus abejas infernales, después de que Ginta hubiera pensado ver algo que los seguía.

"Ayame…"

Solo deseaba que hubiera llegado al Oeste con bien, él haría todo lo posible por estar con ella cuanto antes.

Ikki se había topado con los guerreros Ookami, en cuanto salieron de la ciudadela, sin que lo notaran debido a que seguía escondido dentro de su kekkai, ocultando su chakra.

Decidió seguirlos y usarlos cómo escudo, en caso de un ataque de Naraku, pudiendo ir a su paso, pues llevaban al Lord herido.

Era mejor esperar junto a ellos, la llegada de Kagome y el medallón y no estar expuesto.

Ginta lo había alcanzado a ver, pero fue tan mínima la visión de su persona, que dudo de sus instintos, con la nariz embotada de tanto sudor, sangre y podredumbre.

O*O

_ Hija me siento orgullosa de ti… en estos tres años, eres una jovencita, que se transformó en una mujer… no quisiera perderme ninguna faceta tuya.

Kagome sonreía mientras veía a su madre, caminando ambas, lentamente entre los árboles floridos, viendo a Souta, Shippo y a Rin correr, disfrutando de ser niños, lejos de todo el dolor del pasado.

Sesshomaru, algo apartado de ellas, mostrándole a Raiko sama algunas viejas esculturas de roca, no perdía detalle de la conversacion entre ellas dos, sintiendose orgulloso de su pequeña mujer.

_ Soy feliz mamá, soy tan feliz que me da miedo…

Kagome obviamente pensaba en todas las malas experiencias que había tenido que vivir, preocupada de perder todo lo que hasta ese momento había conseguido, sonriéndole la vida, después de mucho tiempo, siendo correspondida en el amor, y Unida a Sesshomaru, con dos bellos hijos, a los que ya podía considerar suyos, legalmente hablando, feliz de que Sesshomaru también los hubiera adoptado cómo hijos y no solo cómo protegidos.

Estaba feliz de tener a su familia reunida, con sus padre y su sensei vivos, después de haber sufrido indescriptiblemente por su supuesta muerte.

_ Hija, deja de pensar en lo malo y concéntrate en lo que puedes conseguir al terminar de una vez con todo esto. Tú padre y yo te apoyaremos, aunque de mi parte solo sean oraciones las que te pueda brindar.

_ Son más que suficiente, mamá…

Kagome la abrazo, recostandose después sobre su regazo, feliz de ser mimada por ella, quedándose dormida mientras su madre peinaba su cabellos con los dedos.

Raiko sé dio cuenta de que Sesshomaru estaba distraído, mirando fijamente hacia el punto donde se encontraban su hija y su esposa, mirando también y quedando embelesado por la ternura de la escena, las mujeres que más amaba en la vida, madre e hija, disfrutando de ese tierno amor entre ellas, sintiendo a su hija ser una pequeña otra vez, sobre el regazo de su madre, dormida al arrullo del viento bajo el frondoso y florido árbol, relajada por las maternales caricias.

_ Me siento feliz de haberlas recuperado.

La concentración de Sesshomaru se vio interrumpida, por las palabras de su Gifu (suegro), volteando a mirarlo, sorprendido por sus palabras.

_ Ya debes de saber, lo importante que es regresar al lado de ella.

Note tu mirada, cuando la lleve conmigo a Rakuen no ippen…

Una breve mirada de sorpresa, cruzó por el rostro inmutable de Sesshomaru, sorprendido por haber sido notado en ese momento.

_ Me alegra que su corazón haya cambiado mi Lord, la primera impresión que me dio, la primera vez que lo conocí, me impedía albergar esperanzas.

_ Supongo que usted venía entre los Bushi no Yoru que hicieron alianza con mí Padre.

_ Mmph… tuve el honor de conocer a su padre, aunque por ser un Guerrero novato y además Principe, no pude quedarme para la batalla, participando con mí padre, el Shogun Yukito, solo en cuestiones de diplomacia.

_ Disculpe que no lo recuerde…

Sesshomaru lo olfateaba disimuladamente, intentando identificar su aroma y buscarlo entre sus recuerdos, pero nada le venía a la memoria.

_ Bueno, en aquel entonces usábamos nuestras armaduras todo el tiempo, pues siendo ningen, no queríamos ofender al Consejo Youkai, además eras muy joven Sesshomaru san, si acaso de unos cien o doscientos años.

Y Raiko sonreía divertido, pues esos, entre ellos, eran muchos años, mientras que un youkai era solo un cachorro a esa edad.

_ A esa edad eran raras las ocasiones que sé me permitía participar en la Corte de mí padre, tal vez por eso no tenga muchos recuerdos de su intervención.

Sin embargo los recordaba, aunque no sus rostros, solo había visto parte de los entrenamientos con su padre y otros soldados de su ejército, guiado por la curiosidad de conocer a guerreros respetados por su padre, pero casi siempre era descubierto por él y tenía que marcharse a sus aposentos.

_ ¿Quién iba a pensar que llegaría a conocer a los hijos de Inu no Taisho?, Ryutaro sensei entrenó a cada guerrero teniendo en cuenta lo aprendido en la única pelea que tuvo contra su Padre, deseando alguna vez pelear con ustedes, y estoy seguro de que quedó muy satisfecho…

_ Es muy fuerte, para ser un humano mayor… ¿usted es igual de fuerte?...

Raiko sonreía mientras se rascaba detrás de la cabeza, dándole a entender, que también él lo era.

Sesshomaru se admiraba, por lo increíble que podía ser la raza humana y los alcances de su fuerza, si eran entrenados correctamente.

_ Kagome es increíble también…

Y Raiko lo miró, con una sonrisa paternal, mientra Sesshomaru tenía la mirada clavada en su hija.

Sé dirigió a paso lento, hasta donde estaban Sonomi sama y Kagome sentadas a la sombra del árbol, viendo a Rin en el camino, que corría tras Shippo con flores en su mano, mientras este hacía aparecer sus juguetes, para que ella y Souta se divirtieron.

_ La llevare a nuestra habitación…

Sonomi le sonrió dulcemente y el youkai solo pudo pensar, que Kagome había heredado la sonrisa de su madre.

La alzó suavemente, recargandola sobre su pecho, sin poder evitar aspirar el floral aroma de su cabello que siempre lo había hechizado, desde que la notara por primera vez.

Sonomi se abrazó a Raiko, mientras se dirigían a buscar a su hijo y a sus pequeños nietos, para llevarlos a sus habitaciones y disponer que durmieran, mientras sentían la paz y la tranquilidad, porque su hija hubiera conocido el verdadero amor y no hubiera marchado a la guerra sin que eso sucediera.

O*O

Naraku había regresado al Palacio del Este, dándose cuenta de inmediato, de que Lord Yoshio había desaparecido.

Su poder se elevó inmensurable por los cielos, furioso de haber sido burlado, mientras centenares de abejas, se elevaban a los cielos, tratando de detectar a los intrusos.

Una vez más, deseaba tener a sus inútiles extensiones, que de algo le habían servido en un principio, descartando el incómodo sentimiento, después de recordar cada traición.

Él podía vencer a todos, SOLO, era lo suficientemente poderoso, no había necesidad de recuperar al herido kuma, el Este había caído y eso era más que suficiente, marcharía al Oeste y llevaría a cabo la segunda parte de su plan.

Su poder se elevó, abarcando todo a su alrededor, dejándolo crecer, antes de estallar y barrer todo, eliminando cadaveres y plantas por igual, no cómo el veneno de Ikki, pero de igual manera, había acabado con todo a un par de kilómetros a la redonda.

Se sentó en el trono de mármol, sonriendo y disfrutando de su "gloria" con una especie de mueca maligna, respiraba trabajosamente, exhausto, emocionado, casi, casi excitado.

Los tentáculos de su cuerpo revoloteaban alrededor, y tocó su hombría, dándose cuenta de que estaba erecto, mientras su sangre vibraba por sus venas.

Pensó en Byakuya y la furia volvió a su mente, el imbécil había logrado huir, y pensó en Kikyo de nuevo, volviendo la emoción, la respiración trabajosa, sus tentáculos moviéndose febriles.

Creo una marioneta, con rostro inexpresivo y mirada vacía, desnuda por completo, la piel blanca, nacarada e impoluta y con las curvas de sus sueños.

Kikyo estaba frente a él de nuevo, desnuda y dispuesta para él, y su cuerpo rebullo en la excitación sentida, abusando de la blanca marioneta, gozando con ver sangrar su cuerpo, tomándola cómo siempre quiso, destrozandola, humillandola.

Una no fue suficiente y creo otra, esta vez con voz, alcanzando nuevos niveles de excitación al escucharla sollozar y gritar.

Cinco blancos cuerpos destrozados a sus pies, fueron capaces de tranquilizarlo, sentado en el trono, con su kimono abierto y su cuerpo manchado de sangre y fluidos, cómo le hubiera gustado que fuera la verdadera, cómo le hubiera gustado que no escapara de sus garras y haberle hecho todo lo que deseaba.

El alba comenzaba a despuntar y el Oeste, ya hervía en actividad, recibiendo las ultimas ordenes de los Señores del Oeste, antes de partir.

Kagome había besado a sus pequeños, Rin, Shippo y Souta, que dormían a pierna suelta sobre el mismo futón, pues de esa manera Rin no tenía pesadillas.

Le había pedido a Jaken, cuidar de ellos con su vida y ocultarlos del peligro a cómo diera lugar, junto con su madre y sus abuelo.

Alcanzó a Sesshomaru en la gran explanada, donde miles de guerreros estaban formados, mostrando sus respetos y jurando proteger las tierras del Oeste con sus vidas.

Sango, Miroku, Inuyasha y Yumeko ya estaban ahí, con sus armas listas, preparados para todo.

Su padre, Raiko, tenía a su madre entre sus brazos, susurrando palabras en su oído, mientras ella solo asentía, con el rostro sonrojado, enamorado y triste, mientras Ryutaro, unos pasos más atrás, siempre protegiendo al Shogun, veía con la mirada perdida hacia un punto en el palacio, perdido en sus recuerdos.

_ Es hora de partir…

Kagome buscó con su chakra, la energía de Kouga, y en cuanto la detecto, sacó su espada Taiyo (Sol) y abrió la Jikan Getto, mientras muchos curiosos intentaban, disimuladamente ver cómo sus Señores se transportaban con poderes desconocidos para ellos.

Pasaron uno a uno, mientras escuchaban el sonido de la flauta volar con el viento en una hermosa melodía, siendo Kagome, Sesshomaru y Ryutaro los últimos en entrar.

A Sesshomaru le sorprendió por un breve instante el sonido, pues había sido siglos desde que su Madre tocaba la flauta, y ahora, seguramente, los despedía con una de sus melodias favoritas.

Justo cuando habían entrado en el vórtice de la Jikan Getto, un par de segundos antes de que Kagome lo cerrará, el aroma de su madre llegó hasta él, mezclado con uno diferente, desde que su padre la hiciera de lado por otra mujer, dejando entrever su poder, mientras que Ryutaro en un movimiento más que veloz, apartó el nodowa de su armadura, que protegía su cuello, rompiendo el hechizo de su armadura, por primera vez, frente al Daiyoukai, alzando su energía, antes de que el vórtice los envolviera, llevándolos a un lugar en medio del bosque, frente a una gruta oculta entre la maleza, donde Kouga permanecía oculto con sus soldados y Lord Yoshio.

Kagome mantenía los ojos abiertos, sorprendida, mirando a Sesshomaru que veía incrédulo al viejo guerrero, que mantenía la vista en el punto en que se había cerrado la Jikan Getto, con sus pensamientos en Irasue, que había gritado al mundo, que ahora pertenecía a otro macho.

_ ¡TU…!

_ Si Sesshomaru sama, yo marque a tu madre después de que tu Padre la rechazara…

Kagome se aferro del obi amarillo de Sesshomaru, temiendo lo peor, mientras su youki comenzaba a elevarse, encerrandolos a los tres en una kekkai para evitar ser detectados por Naraku.

_ Lo que ha sido más de una decada para mí, han sido siglos para Lady Irasue, lejos uno del otro…

Todos se acercaron en el instante en Sesshomaru, con los ojos rojos, sacaba a Bakusaiga y atacaba a Ryutaro, mientras que este solo se defendió, tratando de aplacar la ira del único hijo de su amada, mientras que Kagome gritaba intentando tranquilizar a Sesshomaru, sin entender demasiado lo que estaba pasando…

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Aqui luchando contra Inspiracion, obligandolo a que sé apiade de mí…

Espero que les guste este nuevo capítulo, y que me perdonen por haberlo dejado abandonado casi por un mes.

GRACIAS a:

Alma

Anixz

paovampire

ANY

yarix12

Por sus reviews… y a todas (os) que me pusieron entre los follows y favoritos…

Les mando un abrazo supercalifragilisticoespialidoso hasta donde esten…

YOI MINO…