DISCLAIMER: Los personajes del Manga INUYASHA, son creación de Rumiko Takahashi.

ADVERTENCIA: Esta historia es rated M, por lo que contendrá, situaciones SEXUALES y de violencia, además de lenguaje vulgar, de manera explícita, y no por eso recomendar cada una de ellas… Se recomienda discreción ;)

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Kagome iba desfallecida en los brazos de Ryutaro, que seguía a Irasue hasta su habitación, mientras todo mundo corría a su alrededor preparándose, pues detrás de ellos, estaban llegando Inuyasha y Raiko, seguidos después de Yumeko y Sesshomaru, que de inmediato dispusieron prepararse para un posible ataque de Naraku.

Sesshomaru tenía que dar órdenes y por primera vez renegó de ser un Lord, pues su lugar en ese momento, era al lado de su amada; pero también era verdad, que ella jamás le perdonaría que dejará sus responsabilidades de lado y pusiera en peligro a su familia y amigos.

_ ¡Sesshomaru! dejame demostrarte que yo puedo… ve con Kagome…

Sesshomaru miro a Inuyasha por un breve instante, al igual que sus Generales, y sin decir palabras, solo asintiendo dio a entender, que el Segundo Heredero del Oeste sería obedecido igual que él.

Con su velocidad, corrió el espacio que lo separaba de Kagome, y entró a su habitación, donde su Madre, junto con Raiko y Yumeko tratando de entender qué clase de técnica había utilizado Koyama en ella, para lograr entrar en su mente.

Sesshomaru se arrimo al lado de ella, con sus youki alterado, pues su pareja había sido lastimada, luchando Yako en su interior por salir a protegerla y no dejar que nadie más la tocara, olisqueando la marca en su cuello, intentando averiguar qué estaba mal en ella.

_ Creo que sé trata de "Efialtes" o El creador de Pesadillas, un técnica que usaban en el pasado algunos Alquimistas y que se prohibió en Rakuen no Ippen, desde los tiempo de su Abuelo, Raiko sama… Seguramente la Maestra de Koyama se la enseñó antes de morir.

Irasue sacó el Medallón de su Kimono, y con su magia, tan vieja cómo el mismo Tiempo, vio los lazos de chakra que tenían sujeta a su Hija, rompiendo cada uno con puntos específicos de presión y youki.

Yumeko revisó la salud de su cuerpo y noto que sus energías ya estaban fluyendo de manera equilibrada por su cuerpo.

_ Salgamos de aquí, Kagome debe descansar…

Quedaron solamente en la habitación, Raiko, Sonomi, Ryutaro, Irasue y Sesshomaru.

_ Hijo, deja de preocuparte, en unos minutos ella despertara…

El tono de voz de su madre, se le antojo a Sesshomaru, cómo el de antaño, cuando aún era un cachorro, antes de que se alejara de él, después de ser rechazada por su padre; y recordó todo de nuevo, cómo ella había sido marcada por un humano y toda la historia que Ryutaro le había contado de esa ocasión, comprendiendo muchas cosas de ella.

_ Madre, creo que es hora de que deje de ocultar su aroma…

Irasue lo miro a los ojos en silencio, con una leve sonrisa en el rostro imperturbable, tratando de leer los pensamientos de su hijo.

_ Por parte de este Sesshomaru, no hay repudio en sus acciones, Padre fue el que la dejó ir y usted tiene derecho a ser feliz…

Un sonrojo apareció en el rostro de ella, rompiendo con el, la mascara de frialdad que usara desde hacía mucho tiempo, y sonrió feliz, abrazando a su hijo suave y maternalmente, agradeciendo su comprensión.

Y ahí estaba entonces.

El aroma de su madre, que tenía siglos sin notar, y sé sintió cómo un cachorro, queriendo acurrucarse en su seno y escuchar el latido de su corazón, sonriendo por los instintos que se despertaban en él, imaginando a sus cachorros sintiendo lo mismo por Kagome en un futuro.

_ Ahora Ryutaro Sensei, usted es parte del Oeste también… debe protegerlo, cómo a mí Madre…

Raiko y Sonomi estaba en silencio, sorprendidos por el giro de las cosas, aunque ya Raiko sabía lo que había sucedido, y se sentía orgulloso de su Hijo y de cuando había madurado para llegar hasta ahí.

Yumeko, acompañada de Sango y Miroku, estaban revisando al Lord Kuma y a los heridos, mientras que Kouga había ido a buscar a Ayame, para saber que estaba bien, pues le habían comentado que estuvo a punto de perder a sus cachorros.

_ ¿Crees que Naraku se atreva a atacar el Oeste?...

Kouga miraba a Ayame y al Gran Sabio, con un rostro que no dejaba la menor duda.

_ Naraku se ha vuelto demasiado poderoso, arrasó con las Tierras del Sol Naciente, cómo si nada, y muy a punto estuvo de matar a Lord Yoshio si algo no hubiera distraído su atención en esos momentos, pudiendo nosotros rescatarlos.

Era increíble pensar en una derrota.

Las fronteras del Oeste estaban fuertemente protegidas, los generales habían ordenado estar en guardias y preparados.

Los refugiados habían sido reubicados para que tuvieran la posibilidad de huir al Sur en caso de ser necesario, aunque si eso sucedía, el Sur no sería un refugio seguro tampoco.

El rostro de Inuyasha estaba tenso en un gesto hosco, revisando que todo estuviera bien.

Sango y Miroku, siempre fieles a su amigo, iban detrás de él y el Primer General de Sesshomaru, que fácilmente podía notar los conocimientos de Inuyasha y el poder de su youki anudado al de su espada, legado del antiguo Inu no Taisho, había brindado su lealtad sin poner reparos.

_ Todo está listo para un posible ataque sorpresa, hemos utilizado los principios de los Exterminadores y creado máscaras en caso de un posible ataque con veneno, preparado a Sanadores en distintos puntos, para que estén listos para cualquier emergencia.

_ Las tierras de Sesshomaru son demasiado grandes cómo para levantar una kekkai de reiki y proteger a todos, sé necesitaría demasiados Sagrados para esa simple acción, aunque el poder de Kagome sea grande, gastarlo de esa manera seria inutil…

Miroku meditaba en voz alta, intentando encontrar una solución que detuviera a Naraku lo suficiente cómo para que un ataque no fuera arrasador, teniendo eso a su favor, pues tendría al menos una mínima oportunidad de ponerse en guardia…

_ Pues tal vez una barrera de reiki seria algo inutil, pero muchos sellos que reaccionen al youki si serian una solución.

Todos miraron a Inuyasha, con una sonrisa en el rostro, pues habían encontrado una gran solución, así que Miroku se dio la vuelta después de besar y dejar sonrojada a Sango y se dirigió corriendo, hasta donde estaban Raiko y Ryutaro.

_ ¡Su Excelencia!...

Miroku volteo hacía la entrada principal, donde estaba Kaede sama, de pie, mientras fuera estaban un par de ronins y el caballo, en el que había llegado.

_ ¡Kaede sama!

Miroku la abrazo feliz, pues había llegado en el mejor momento, pues ella podría ayudarles en la elaboración de los sellos, explicandole todo lo que hasta ese momento había pasado.

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Kagome había despertado, negándose a abrir los ojos, sabía que nada bueno le esperaba, estando viva sin ellos, sin Sesshomaru.

Sintió una caricia en su rostro, y sabía que eran las manos de Sesshomaru las que la tocaban, y lagrimas comenzaron a escapar de sus ojos, aun cerrados, pues Naraku estaba jugando con ella o ya había muerto y todo había terminado para todos.

_ Despierta… dejame reflejarme en el azul de tus ojos…

Un Susurro apenas en su oído y supo que todo había sido una pesadilla, Sesshomaru estaba ahí, y lloró más fuerte, abriendo sus ojos, cerciorándose de no fuera un juego de su imaginación nuevamente.

Y ahí estaban esos hermosos ojos dorados, mirando con loca preocupación y profundo amor, y sus padres detrás de él, sonriendo felices,, al igual que Ryutaro e Irasue sama… Todos estaban bien.

_ S-Sesshomaru, estas bien, ¡por Dios!, estas bien…

Sé abrazo al fuerte cuerpo de su pareja, refugiándose en su cuello, sintiendo su corazón latir con desesperada fuerza, feliz de estar a su lado, de no haberlo perdido.

Sonomi lloraba emocionada, sonriendo feliz de ver a su hija sana y salva, mientras Raiko la sostenía de los hombros, tratando de confortar.

_ Creo que los dejaremos solos…

Y después de las palabras de Irasue, los cuatro se marcharon, dejando a la pareja enredados en el cálido abrazo.

_ Pense que habias muerto… creí que te había perdido…

Sesshomaru la mantenía fuertemente asida entre sus brazos, arrancándole la armadura para poder llenarse de su aroma, sin importarle nada más.

_ Necesito hacerte mía…

Y la misa risa, cómo murmullo de pajarillo, salió de los rosados labios de Kagome, sintiendo a Yako estremecerse en su interior, feliz de tenerla con él, de no haberla perdido en el laberinto de la ilusión creada por la maldición "Efialtes".

Kagome se abrazó al cuerpo de él con sus piernas, soltando pieza por pieza su armadura; no quería pensar demasiado en esos momentos, si no quitarse el sabor agrio de la boca, que le había dejado el terror de haber visto morir a los suyos.

Quería afirmarse, sentir vivo a Sesshomaru entre su cuerpo, ser marcada de nuevo y que su youki hiciera vibrar cada célula de su cuerpo.

No había tiempo, necesitaban ser los Señores del Oeste y asumir el mando para lo que venía, pero entre besos apasionados y caricias ardientes, sabían que morirían por combustión espontánea, si no hacía nada por apagar esa necesidad apremiante que poco a poco los estaba haciendo olvidar todo a su alrededor.

_ Te amo, Miko, y sé que mi deber es protegerte, a ti y a tus seres queridos, pero si no te tomó en este instante y te hago mía, no sé qué pasará…

Kagome lo besó de manera furiosa, mordiendo su labio inferior de manera hambrienta.

_ En este momento ocupo que me hagas tuya, de manera fuerte y rápida, porque no tengo paciencia, ni tenemos el tiempo para que sea de otra manera…

Sesshomaru arrancó la ropa que quedaba sobre su cuerpo y dio de lleno sobre su fino olfato, el exquisito aroma de su humedad, sintiendo que sé le hacía agua la boca, hambriento de su cuerpo, de su sexo.

Montada sobre el Lord Daiyoukai, Kagome por instinto comenzó a moverse, repegando contra su fuerte torso, sus redondos y firme senos, sensibles de excitación, sintiendo cerca de su intimidad el miembro erecto, firme, buscándola por instinto, mientras Sesshomaru la apretaba más a su cuerpo, bebiendo de sus labios, ahogando el sentido gemido de su boca, al ser embestida, mientras ella comenzaba a cabalgarlo de manera apasionada.

El calor de sus cuerpos sonrojaba sus rostros, mientras Sesshomaru sentía su corazón derretirse al ver la mirada llorosa de Kagome, perdida en el placer de ese instante, "intuyendo" que ninguno de los dos tardaria mucho en alcanzar el orgasmo.

Kagome se separo de él, riendo traviesa al notar apenas su desconcierto al sentirse interrumpido, pero ella quería ser marcada de una buena vez, así que sé apoyó en sus rodillas, sosteniendo sus tobillos con sus manos, mientras apoyaba sus senos y hombros sobre las suaves sábanas de seda, quedando completamente expuesta a él, hincándose detrás de ella, tomando su suave trasero con sus manos, intentando no clavar sus garras en la blanca piel de alabastro, sonrosada por la fiebre del momento, penetrandola sin contemplaciones, mientras Kagome gemía y se ceñía alrededor de él.

Ambos sentía su sangre hervir y sus cuerpos poco a poco ir alcanzando el clímax tan necesitado en estos momentos.

Sesshomaru sé abrazo de su cintura, inclinándose sobre su espalda, besándola sin dejar de embestirla, apartando el cabello, sosteniéndolo entre una de sus manos y jalando, hasta alcanzar el cuello y mordiendo con fuerza, mientras Kagome gemía ruidosamente y él gruñía, con sus colmillos aún clavados en su carne, sintiendo la sangre de su cuello, correr por su boca, mientras sus energía fluian desbocadas, por la herida.

Ambos respiraban trabajosamente, conmovidos por las sensaciones alcanzadas, y Sesshomaru, aun sin salir de ella, la alzó, tomándola de las rodillas y llevándola en brazos hasta el Onsen, para poder lavar ambos su cuerpos de manera rápida.

Todos en el Palacio habían sentido la explosión de ambas energías, sonriendo en La Casa de la Luna, por la unión de sus Señores.

Kouga y Ayame se habían regresado a mitad de camino, sonrojados, al notar las feromonas en el ambiente frente a la puerta de la habitación de Sesshomaru, sonriendo después de camino al salón principal, al sentir la explosión de energía de ambos.

Kagome trenzo el largo cabello de su amado, mientras este se vestía, usando ropas negras en esa ocasión, bajo su armadura, con el cammon de la casa Taisho, mientras Kagome volvió a usar sus ropas de entrenamiento negras y la armadura sencilla que Himiko no kimi le había regalado antes de morir.

Y después de acomodar sus armas, ambos salieron a enfrentar lo que viniera, juntos con sus amigos.

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Oculto, cómo una alimaña rastrera, Ikki Koyama sé había dado cuenta de la batalla de Naraku con los demás, que debido al montón de árboles y ramas y los complicados tentáculos de Naraku, se habían visto en la necesidad de una retirada, pues llevarían las de perder si continuaban peleando y protegiendo a Kagome al mismo tiempo, viéndolos desaparecer por la Jikan Geto que Yumeko había logrado abrir, evitando que Naraku se colara en ella, gracias a un sello de protección, que irónicamente, él mismo les había enseñado.

Acario el medallón entre sus ropas, sonriendo mientras veía a Naraku rugir con furia, decidiendo qué paso seguir a continuación.

Sé quedó quieto esperando a que Naraku desapareciera de ahí, dándole la oportunidad de huir de esa parte del bosque y dirigirse, lo más aprisa que pudiera, a las tierras del Oeste, pues si Naraku era inteligente, Ikki estaba a su altura, llegando a prever sus movimientos, y sabía que cualquier paso que decidiera el youkai, lo dirigirán al Oeste, al final de cuentas.

Sonrió internamente, disfrutando su próxima victoria, pues Naraku estaba alcanzando un punto de poder increíble en poco tiempo.

La imagen de Byakuya invadió su mente, y la sonrisa desapareció de su rostro, llevándose con ella, la sensación placentera de la anticipación; y volvió la furia y la sed de venganza, y miró a Naraku, mientras las heridas de su cuerpo volvían a doler, notando el olor de la sangre de Byakuya sobre su cuerpo, y después de verlo desaparecer en una nube de miasma, avanzo sin mirar atrás, por el terreno irregular, viendo al sol de frente.

De noche robaría un caballo flaco, de algún campesino de una de las aldeas semi abandonadas que había encontrado en su camino, huyendo en silencio sin ser visto, moviéndose cómo la serpiente que era.

Miroku había trabajado, junto con Raiko sama y Kaede, a marchas forzadas mientras Kagome, acompañada de Yumeko e Inuyasha, activaban los sellos por todas la frontera de la ciudadela donde estaba La Casa de la Luna.

Todos se encontraban tensos, esperando la hora en que Naraku aparecerá y atacará.

Pero el atardecer caía y nada sucedía, aumentando la tensión.

_ Creo que debería de llevar a mi madre y hermano al futuro, junto con Shippo y Rin…

Kagome miraba desde la enorme terraza, cómo el sol se ocultaba, sintiendo la tensión cortarse con un cuchillo, ya que Naraku no había dado señales de un ataque.

_ No… yo no quiero irme y estar con la preocupación de no saber que a pasado con ustedes, o de perderlos de nuevo en el tiempo.

Su madre la había escuchado, mientras Kagome intentaba desahogarse con Yumeko y Sango.

_ Mamá, jamás me perdonaría que les sucediera algo o que Souta presencie los horrores de una batalla… Naraku puede ser enfermizo…

Sostuvo su cintura instintivamente, recordando la herida que había sufrido por causa de los tentáculos de Naraku, recordando cómo Himiko no kimi, había sufrido en sus garras, y las pesadillas de "Efialtes", que le había hecho padecer Ikki y que habían sido más que vividas para ella… No quería verlos sufrir, ni remotamente.

Sonomi se acercó a su hija y la abrazo, sosteniendola cómo lo hiciera de niña, tratando de confortarla, pues aunque fuera el ser humanos más poderosos sobre la faz de la tierra, no dejaba de ser una joven de solo 20 años que había vivido más de lo que cualquiera a su edad.

_ Nosotros también somo fuertes Kagome, no nos apartes, pues prefiero estar enfrentando la vida con ustedes, que supone que la estoy viviendo, al estar del otro lado…

Kagome derramó lagrimas en los brazos de su madre, pues se había dado cuenta de que la había necesitado todo ese tiempo.

Sesshomaru detectó en el aire, el olor de las lagrimas de Kagome y de inmediato dejó todo para estar con ella, encontrandola en los brazos de su madre, llorando con una tristeza, que pocas veces había visto en ella.

Yumeko y Sango, se retiraron en silencio en cuanto lo vieron llegar, pues su instinto femenino les hacía entender, que el ser más orgulloso ocupaba espacio para demostrar sus sentimiento.

Sesshomaru se acerco a ambas, y mientras Sonomi le indicaba con la mirada que su hija estaba bien, él sostenía un mecho de su cabello, llevándolo a su nariz y cerrando los ojos, mientras arrebataba delicadamente a la hija, de los brazos de su madre, pues él, que era la mitad de su alma, sentía la necesidad de consolarla.

Sonomi acarició una vez más a su hija y se fue a buscar a Raiko y su hijo en silencio, mientras se escucha el suave arrastrar de la seda de su kimono al alejarse.

Sesshomaru alzó su rostro suavemente y beso sus labios húmedos, mientras Kagome suspiraba rendida y feliz de estar a su lado, pues todo estaba bien, estaban con ella, Naraku no sé los había arrebatado, no lo permitiría.

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Kaede había visto a Inuyasha, escondido con Yumeko entre sus brazos, en uno de los rincones oscuros de la Casa de la Luna, sonriendo feliz por aquel que su hermana amo, aunque no lo suficiente para aceptarlo por completo, permitiendo que las mentiras de Naraku intervinieran con sus vidas, regresando de la muerte solo para seguir odiando, hasta que al final ambos terminaron separados de nuevo, dándose cuenta de que no podían forzar al destino y terminar juntos, pues Kikyo supo antes de morir, que Inuyasha jamás sería suyo.

Todos pensaban que el siguiente paso era la unión de Kagome con Inuyasha, pero al final de cuentas eso jamás sucedió y ella supo que así debía de ser, pues alguna vez Kikyo fue parte de Kagome, compartiendo una pequeña parte de sus almas, que las unía a la perla de Shikon.

Sé alegraba por Inuyasha, su corazón no sé había marchitado, y al final, en un corto lapso de tiempo, sus heridas habían sanado, encontrado su lugar en el mundo, al lado de su gente, de su familia, pues la guerrera de cabellos dorados era un alma destinada para él.

Se retiró en silencio, en cuanto vio que ambos jóvenes, se colaban sin mirar a nadie más, detrás del elegante biombo de seda e hilos de oro, lejos de ojos curiosos, escapando de sus responsabilidades por unos segundos, reafirmando su amor con el apasionado beso y las fugaces caricias… y Kaede era feliz, pues después de todo Inuyasha fue para ella, cómo un hermano y un hijo…

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Mientras Kagome estuvo con ellos, Rin no se apartaba de su lado, evitando soltarse de sus ropas y evitando rogarle que no sé fuera, cuando después de unos minutos, ella tenía que atender algún asunto, preparándose para la batalla.

Ella tenía miedo, al fin pertenecía a una familia y temía por ellos, pues estaba muy consciente de los horrores que una persona podía vivir.

Su padre, Sesshomaru sama, la había cuidado desde que la reviviera, rescatandola, evitandole peligros, aunque ella era más que consciente de que, aquel que era su protector atravesaba constante peligros, pero ahora sentía la tensión en el palacio, en el rostro de su madre, de su tío Inuyasha, de todos a su alrededor, y no quería perderlos.

Shippo había notado la tensión de Rin, y había intentado distraerla, enseñándole nuevos trucos a ella y a Souta, que también estaba preocupado, aunque sin saber del todo, porque.

_ Shippo niichan, yo…

Quería decirle que tenía miedo, pero se avergonzaba de hacerlo, pues el pequeño kitsune había enfrentado peligros mayores en compañía de su madre y los demas, asi que solo atino a correr hacía los jardines, avergonzada, buscando aquel lugar de flores, escondido entre varios arbustos, su pequeño escondite.

Kohaku había estado entrenando toda la tarde, a escondidas de su hermana, y mientras bebía agua a la sombra de un árbol, junto con Kirara, había visto pasar a la niña llorando, preocupándose de inmediato por ella, sin entender, qué era esa sensación que crecía en su joven corazón, que lo hacía querer ver sonreír a la pequeña Rin, querer protegerla y no perderla de vista.

_ ¡Rin!...

La había visto desaparecer entre unos arbustos, perdiéndose de su vista, sin comprender cómo podía esconderse tan bien.

_ Kirara, ayudame a encontrarla…

De inmediato, la pequeña nekomata, venteo el aire, y dando pequeños saltitos, le indico el camino que debía de seguir, teniendo que arrastrarse en el suelo para pasar entre los grueso arbustos, que solo permitían el paso para el delgado y pequeño cuerpo de Rin.

_ Ko- Kohaku…

La pequeña intentaba secar sus húmedos ojillos, para evitar que precisamente él, su valiente compañero de aventuras, la viera llorar de esa manera…

_ ¿Qué te pasa Rin? sabes que puedes contarme lo que sea…

Rin lloro de vuelta, cómo la pequeña niña que era, y Kohaku solamente atinó a abrazarla, conmovido por sus bobas lagrimas.

_ No hay nadie más poderoso que Sesshomaru sama y Kagome sama, creo que deberías de evitar preocuparte… Además todos, incluyendome, hemos entrenado para ser más fuertes y ayudar.

Rin miró sonriente a Kohaku, feliz de que aún continuba intentado ser un guerrero fuerte y convertirse en el orgullo de su hermana mayor.

_ Cuando crezca, Rin se casará con Kohaku kun…

Le dio un pequeño beso en la nariz del sorprendido adolescente, mientras se abrazaba a su cintura, sintiendo Kohaku cómo miel derretida su corazón, sonriendo feliz por las palabras de la niña…

_ Entonces que sea una promesa… Kohaku se casará con Rin chan cuando sean grandes… ahora vamonos de aqui, Kagome sama nos pidió que no estuviéramos en los jardines.

Souta y Shippo reían cubriendo sus bocas, divertidos de haber escuchado las palabras de esos dos, y siguiendolos poco después de que se fueran, pues no querían desobedecer a Kagome.

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La noche había caído y ni señas de Naraku, pensando Ryutaro, que esa situación no podía ser más mierda.

Durante el día, sé había estado preparando, acompañando a Kagome y a Sesshomaru por los límites de la ciudadela, y después a Raiko y al Monje, conociendo a los Generales de Sesshomaru y a sus guerreros, familiarizado con cada detalle que le pudiera servir para la batalla.

La Luna estaba en lo alto, y mientras estaba haciendo guardia, en el balcón de piedra y madera de su habitación, limpiaba sus armas que debían de estar listas llegado el momento.

No dejaba de pensar en Ikki Koyama, y cómo el muy bastardo, había utilizado una técnica prohibida que se había encargado de aprender demasiado bien.

Siempre le había disgustado, su fingida delicadeza, evitando de esa manera ser entrenado para guerrero, su taimada inteligencia, y cómo la locura crecía en su interior después de que se hiciera alumno de la Alquimista, otra vieja bruja, más loca que él, con tanto odio y sed de venganza, que encontró en él, la mente retorcida que tal vez creyera, que podía moldear a su antojo.

Pero Koyama sobrevivio a ella, matándola de manera tan "discreta" que nadie sospechara de él, pero Ryutaro y el Shogun Yukito eran más inteligentes, y solo la lastima de Raiko que sentía por ese "niño desamparado" les hizo contenerse a la hora de indagar más e ir más a fondo, pues al final de cuentas, la Alquimista era vieja y cualquiera de sus conocimientos podía haber funcionado en su contra.

El aroma del aceite de clavo, siempre lo relajaba, pues se sentía dispuesto a defender lo suyo.

Un leve sonrojo, lo hizo levantar la mirada al cielo y suspirar, recordando los eventos de ese día y cómo había estado a punto de perder todo, si Sesshomaru no hubiera aceptado lo suyo con su Irasue.

Jamás la había visto tan hermosa y feliz, cómo cuando tuvo a su hijo entre sus brazos, leyendo en su mirada, la larga espera a través de los siglos, para poder sincerarse de esa manera con él.

De nuevo volvía a ser la mujer de aquellos elaborados jardines, llenos de duraznos y cerezos, en los que podían perderse caminando, escuchando su voz, el sonido de su flauta, y donde Irasue, por esos breves instantes, podía ser ella misma, sin el peso del protocolo, sin la carga de ser la pareja del gran Inu no Taisho.

Habían sido amigos verdaderos, sin darse cuenta que en algún punto, el amor había nacido.

No podía creer tanta suerte, ahora estarían juntos, sin tener que ocultarse de nadie… tenía que derrotar a Naraku, para que no interfiriera con su nueva vida…

Y siguió limpiando y preparando sus espadas, con más determinación que nunca.

+o+o+o+o+o+o+o+

Naraku había regresado a las ruinas del Este, donde sentía su poder rebuir con furia en su interior, logrando crear las condiciones perfectas con su miasma y energía y poder convocar a miles de espíritus malignos que absorberia para aumentar más su poder, sin saber que el sello de Koyama estaba logrando eso, por sí mismo.

Estaba furioso, reaccionando a la menor provocación, sintiendo cómo un sudor frío cubría su frente, rechinando los labios, temblando sus manos, caminando de un lado a otro sin poder estar quieto.

Vio sobre el suelo del trono, los cadáveres que había creado con el rostro de Kikyo y que ahora, deshecho y corrompidos yacían sobre el suelo, provocando malestar y más enojo, logrando que con un simple pulso de su energía, toda la superficie de la ciudadela, quedara libre de cadaveres y putrefaccion, dandole un descanso a su nariz, pero sin lograr la serenidad deseada.

Las cosas no estaban saliendo como él las había planeado y todo gracias al bastardo traidor, que había cometido la imprudencia de follarse a Byakuya y llegar a creer que no se daría cuenta de lo que ambos estaban planeando.

Se concentraria en crear destruccion, marcharia hacia el Oeste y con el inmenso poder, que su alianza con Magatsuhi le había concedido, destruiría a todos, a Inuyasha, a Sesshomaru, al monje y la taijiya, pero sobre todo a Kagome, que para él era cómo acabar con Kikyo una vez más…

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Un capítulo más, que a pesar de que el mundo real está absorbiendo mí tiempo, más de lo que yo quisiera, soy feliz pues varias de mis metas se están realizando… pero si algo tengo, es la terquedad de llegar hasta el final con lo que me propongo, y mis historias serán concluidas… promesa ;)

¿Les gusto? comenten y dejen su opinion, que cómo saben, me encanta tener en cuenta…

Les mando un abrazo supercalifragilisticoespialidoso hasta donde estén…

YOI MINO

P.D. Este capítulo se lo dedico con todo mí amor a Marikosamadait… Amiga, todo permanece, mientras los recuerdos perduren… estamos contigo…