DISCLAIMER: Los personajes del Manga INUYASHA, son creación de Rumiko Takahashi. La historia en la que se utilizan, es de inspiración mia ;)

ADVERTENCIA: Esta historia es rated M, por lo que contendrá, situaciones SEXUALES y de violencia, además de lenguaje vulgar, de manera explícita, y no por eso recomendar cada una de ellas… Se recomienda discreción ;)

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Durante la madrugada, Yumeko se había despertado sobresaltada, después de descansar mal, y tan solo un par de horas, entre cada vez que abría los ojos.

Había estado soñando con Yuuki sempai, en Rakuen no ippen, en sus padres y hermana, y en cómo Koyama había sido el causante de sus muertes, magnificando cada situación, incluso culpandolo de algo en lo que no había tenido nada que ver, cómo la muerte de aquel que había escuchado la música de su instrumento.

Sé levantó después de sentir el picor de las lagrimas queriendo escapar de sus ojos, y decidió salir al balcón, y saltar al techo, para que el aire fresco de la noche purificará el sufrimiento que su alma comenzaba a sentir.

No podía creer que hubiera pasado tan poco tiempo, desde que que aquella pesadilla se incrustara en su memoria para siempre, deseando que solo fuera eso, una pesadilla y no la cruel realidad de haber perdido todo aquello que tanto amaba.

Kagome había sufrido al igual que ella, pero había recuperado a su padre en un giro del Destino, y aunque sé alegraba, pues se había convertido en su mejor amiga, también sentía un poco de envidia, deseando que lo que vieron sus ojos, solo hubiera sido un espejismo y el peso del cuerpo muerto de su padre, haya sido una alucinación de la batalla, y ellos estarían esperándola en otra dimensión, alcanzando a escapar de la destruccion de su pueblo.

Su largo cabello dorado se movía al compás del viento, mientras que escondía su rostro entre sus rodillas, había pasado tan poco tiempo y ella ya se encontraba amando a Inuyasha, sintiéndose culpable de la felicidad que le deparaba el futuro y de la tristeza que solo poco días atrás había estado sufriendo, escudándose en su venganza para no llorar, para seguir adelante.

Pero la tristeza en su interior en ocasiones la sobrepasaba… tal vez al día siguiente la muerte de su familia estaría vengada o estaria junto con ellos en el más allá.

Inuyasha, había permanecido despierto, vigilando, planeando, verificando que todo estuviera bien para el día siguiente, permitiendo que Sesshomaru pudiera darse un respiro y estar con su familia y con su mujer, esa noche que podía ser la última.

Sé reía de sí mismo, dándose cuenta de que tan diferente era todo en esos momentos, respetando a su hermano, trabajando hombro con hombro junto a él, cómo hubiera querido su padre, y cómo él mismo había deseado tantas veces, cuando solo era un hanyou sin un lugar donde caerse muerto.

Caminaba por el techo del palacio, apreciando la vista nocturna, cuando divisó al soldado youkai que había puesto cómo vigilancia del cuarto de Yumeko y Rin, bastante lejos de donde debería de estar.

_ ¡Oi! ¿que haces aqui?, te pedí que vigilaras a Rin chan y a Yumeko san…

_ Disculpe, Taisho sama, pero la señorita Yumeko subió a la azotea a tomar el fresco y decidí darle privacidad…

Inuyasha se sonrojo levemente, agradeciendo la intención del soldado, mientras lo releva de sus funciones, decidiendo acercarse para ver si se encontraba bien.

Cuando la divisó, parecía irreal, con la luz de la luna, reflejada en la yukata y el haori celeste y sus rubios cabellos cómo rayos del sol, jugando con ella.

Era tan bella, con sus mejillas sonrojadas, el latido de su corazón tan vivo, su aroma fresco y floral, dándose cuenta, que Kikyo solo había sido un reflejo de sus recuerdos, y el cascarón que sostuvo hasta morir, solo había sido una quimera, dándose cuenta demasiado tarde, de que había perdido mucho, por tan poco…

Pero ya no existían arrepentimientos, pues uno nunca sabe para quién trabaja, había recuperado a su única familia, Kagome había encontrado el verdadero amor en su hermano mayor y él mismo en aquella Onna terca y brava, cómo ninguna mujer que hubiera conocido en su vida.

Ambos tenía el alma herida y maltratada por los golpes y las pruebas de la vida, pero cada beso que ella le había dado, cada brillo de sus ojos verdes, y cada nota del sonido de su voz, componían la suya, haciéndose cada vez más fuerte, dispuesto a ser un pilar para ella y ayudarle a superar cada desgracia.

_ Yumeko… ¿te encuentras bien?...

No había sentido que Inuyasha se acercaba, sobresaltandose un poco…

_ Tendré que entrenar otros diez años con Ryutaro sensei, pues está comprobado que cualquiera puede sorprenderme…

Ácida cómo siempre…

_ ¡Keh! ¡¿con quien me comparas?! mira que poner al gran Inuyasha al mismo nivel que cualquiera… está claro que soy superior, pero no te compliques la vida con eso…

Soberbio cómo siempre, rascando su nariz, mientras se burlaba de ella…

Yumeko sonrió divertida, siguiendo la corriente, levantándose de prisa y derribando, poniéndose encima de él, dejando a la vista su par de torneadas piernas de piel sonrosada, cómo aquella primera vez.

_ No te confíes, Yasha kun…

Quedaron encerrados en la cortina de dorado cabello, mientras que ella apoyaba sus labios de manera suave y dulce sobre los de él.

Sabía a tristeza ese beso… él conocía muy bien ese sabor.

Acomodo parte de su cabello detrás de su oreja, despejando su rostro, permitiéndole ver sus ojos irritados de contener las lagrimas, recordando que apenas unos días atrás ella había perdido a su familia.

_ Yumeko, tal vez yo sea un imbécil, tal cómo ha dicho mi hermano todo estos años, no tengo tacto al actuar y soy demasiado torpe al intentar expresarme con palabras…

Guardó silencio, perdiéndose en el oscuro de sus ojos verdes, pensando muy bien la palabras que diría a continuación, intentando recordarle aquella promesa junto al río en el futuro de Kagome.

_ Sé que tu vida a cambiado drasticamente, que haz perdido todo cuanto has querido… yo te comprendo… yo estoy para ti… yo Inuyasha Taisho, soy tu familia de aquí en adelante… yo te protegeré cómo un tesoro.

Yumeko sé sonrojo, sus ojos se llenaron de lagrimas y de repente sonrió, feliz, mientras las lagrimas caían por su rostro, desahogando todo el dolor que crecía en su interior, mientras que él la abrazaba, demostrando con hechos su promesa, él estaba para ella…

Ikki Koyama, había observado a Yumeko subir a la azotea, viendo donde se encontraba su habitación, dándose cuenta donde dormía Rin, la pequeña protegida de Kagome y de Sesshomaru, y la cual sería el señuelo perfecto para capturar a su antigua alumna y pudiera activar el medallón que tanto le había costado capturar.

Sabía que no se separaría de Sesshomaru, al menos que hubiera un motivo lo suficientemente poderoso.

Antes del amanecer, se quitó la armadura que había robado, conservando solo el hakama y el kosode, escondiéndose de los humanos y los youkais que pronto partirían a la guerra, camuflajeado una vez más su aroma y su energía, borrándose de los recuerdos, de cuanto aquel hubiera visto a un soldado cómo él.

Entró por las mazmorras del palacio, escondiéndose entre las sombras, avanzando poco a poco hasta poder estar cerca del ala donde se encontraban los aposentos reales.

Sintió la energía de Kagome, meditando, expandiéndose por todo alrededor, acariciando a todos con su suave energía, saludandolos…

Pero él en esos momentos, escondido entre armarios y muebles, solo era un objeto más, pasando desapercibido por completo.

Tenía todo listo y preparado para adentrarse en la tierras de camino al Este y resguardarse en un abandonado palacio, que había sido probablemente de algún Señor Feudal.

El sello que había puesto en el cuerpo de Naraku lo llevaría a ese punto, avanzando sin saber a lo que sería su derrota, que vendría de sus propias manos y para su único y exclusivo beneficio.

Una profunda emoción invadía su cuerpo y tenía ganas de echarse a reír en sus delirios de grandeza, pensando que ese día se definiría de una vez su Destino y estaría él por encima de todos.

Al fin le cobraría al Dios del Tiempo su incompetencia.

Los rastreadores del Oeste y del clan Ookami, habían encontrado el rastro de Naraku, avisando de inmediato a su Líder, indicandole que una masa descomunal en forma de araña, había envenenado todo a su paso con el miasma negativo que despedía, y que además, había miles de esbirros, marionetas creadas por él, onnis y youkais malignos, que atraídos por el youki negativo, estaban apostados a las afueras de él, defendiendo el paso.

La mitad del ejército del Oeste, había avanzando hacia el Este, guiados por sus respectivos Generales y comandados por Lord Yoshio y Kouga, que serían la avanzada, derrotando al gran ejército maligno que Naraku había reunido.

_ Hay un punto en que el Oráculo no puede predecir más acerca del futuro que nos toca vivir…

Raiko hablaba ante los que se habian convertido en aliados de la Casa de la Luna.

_ Sabíamos que Lord Sesshomaru y mi hija Kagome debían unirse para romper la maldición de la Perla, sabíamos que ambos hermanos Taisho tendría un papel trascendental en el destino de todos, y aunque supimos que había un traidor en nuestro pueblo, no pudimos detenerlo por más medidas que intentamos tomar. Esto está escrito y sé tiene que cumplir, el final es incierto y de aquí en adelante es cuestion nuestra terminarlo… Tenemos que acabar con Naraku y con Ikki Koyama, además de destruir la Perla de Shikon, si queremos que el balance regrese de nuevo.

Todos escuchaban atentos las palabras del Padre de Kagome.

_ Ojii-san, ¿que va a pasar después? ¿cómo van a predecir el futuro sin un Oráculo?...

Todos voltearon a mirar a Shippo, que de nuevo, luciendo su gran inteligencia, cuestionando lo que nadie había pensado hasta ese momento.

Sesshomaru acarició sus cabellos, orgulloso de aquel niño que se había ganado a pulso su cariño y su respeto.

_ Muy buena observación Shippo-Kun, pero cuando todo esto termine y que los sobrevivientes de Rakuen no ippen nos podamos reunir de nuevo, si así tiene que ser, un nuevo Oráculo se manifestará, cómo lo hizo en su momento Himiko no kimi… pero antes de que eso pase, primero lo primero…

Raiko tomó de la mano a Sonomi y al pequeño Souta, después de dar un pequeño beso en la frente de su hija ya convertida en mujer, y se alejó de ahí un par de pasos, para poder dedicarle un par de palabras antes de partir a la guerra, siguiendo todos su ejemplo pues había llegado el momento de partir.

_ Sesshomaru, hijo, cuidate y cuida a tu familia…

Lady Irasue se inclinó ante él respetuosamente y ante Kagome, que devolvía el gesto sonriente y decidida.

_ Onna Senshi no Yoru, protege a mí hijo, tu pareja del alma…

Se retiró sin hacer demasiado alarde, pensando a Sesshomaru, que habían sido demasiados siglos con el mismo comportamiento frío y distante y que tal vez era muy difícil ser distinta a esas alturas.

Pero noto el sonrojo al acercarse a Ryutaro y recibir una leve caricia en su mejilla, cómo una doncella, cómo una joven que conocía el amor por primera vez y se sintió feliz por su Madre.

Kagome se dedicó a abrazar y a besar a Rin y a Shippo, después de ver a Sesshomaru sonreír con compresión al mirar a su madre, orgullosa de él.

_ ¡Aneue! por favor, tienes que dejarme luchar, no es la primera vez que he participado en una batalla contra Naraku, yo también tengo necesidad de vengar la muerte de mi padre y nuestros compañeros.

Pero Sango se negaba, abrazandolo, mientra miraba a Miroku, rogándole con la mirada que la ayudara con algún sabio consejo.

_ Kohaku kun, yo más que nadie comprende tus intenciones y tu manera de pensar, pero también cómo el hombre en el que te estas convirtiendo, debes de comprender la posición en la que se encuntra tu hermana, tu vida a sido un regalo y debes cuidarla por el milagro en el que se te fue otorgada…

_ H-Hai...

Kohaku se decepciono al pensar que Miroku lo apoyaria en caso de que su hermana no quisiera, viendo que no había sido de esa manera, pues Miroku antes que nada, entendía los sentimientos de su mujer, y para él también era mejor así, pues de esa manera se preocupaba menos de que ella fuera a comer una locura por salvar a su hermano menor.

Después de que Kagome tuviera intención de abrir la Jikan getto con su espada, localizando el youki de Kouga, Ryutaro sensei la detuvo, recordandole, que podría delatarlos su energía y exponerlos a un a un ataque.

En esa ocasión, tendrian que viajar cómo antaño, corriendo o en el lomo de Kirara.

Sesshomaru tomó de la cintura a Kagome y levantó el vuelo.

Ryutaro y Raiko, después de muchos años de entrenamiento, podian suspenderse momentáneamente en el aire , gracias al control de su energía, pero no volar, así que les tocaría correr, al lado de Inuyasha y Yumeko, mientras que Sango y Miroku montaban en Kirara, pues aunque eran fuertes, jamás se compararian en resistencia con ellos.

Sesshomaru sentía su cuerpo vibrar cerca de Kagome, sentía amor, estaba seguro de ello, pero algo lo incomodaba a él y a su Bestia en el interior, deseando que todos los "problemas" en los que estaban a punto de sumergirse, desaparecieran de una maldita vez, deseando encerrarla en la habitación de ambos y no dejar que nada la tocara o molestara.

"Todo estos ha tenido su razón de ser, y gracias a ello hemos encontrado el amor…"

Sesshomaru razonaba en su interior, intentando que la vibración del gruñido de Yako en su interior cesará y se apaciguara.

Jamás le había sucedido algo así, Yako podía tomar su forma a la menor provocación y no sabía si podría llegar a someterla.

Nunca había estado tan alterado ante una batalla.

Kagome notaba el silencio de Sesshomaru y su gesto más duro y frío que nunca, tan diferente al de momentos antes, preocupándose por su reacción, temiendo que ella misma fuera la razón de su enojo.

Todos estaban alterados por la batalla que se les venía encima, pero ni siquiera cuando decía odiar a Inuyasha, había sentido el aura, casi terrorífica que crecía a su alrededor.

_ Sesshomaru, ¿estás bien?...

Él la miró por un momento, aún concentrado en sus pensamientos, tardando en responder solo un instante, hipnotizado por los ojos de ella.

_ Estoy bien…

Escueto, seco, sin una palabra más y una menos.

Vio la tristeza cruzar por los ojos brillantes de ella y deseo que no trajera su armadura, para sentir su esencia y embriagarse de ella.

_ Solo estoy pensando, no te preocupes, todo esto me tiene de esta manera…

En su larga vida jamás había dado una explicación de sus acciones a nadie, pero no soporto volver a ver aquella mirada, que en su momento la estupidez de su hermano menor había provocado.

Él no era cómo Inuyasha, y aceptaría "someterse" ante ella, si eso la hacía feliz… realmente la amaba.

Kagome se tranquilizó, apretándose más a su cuerpo, tratando de transmitirle su apoyo y compresión.

Un sentimiento egoísta crecía en su interior, deseando huir y alejarse del Sengoku jidai con el poder de su espada, tomando a su familia y amigos y marchandose con ellos.

Sabía que estaba mal pensar de esa manera, pero después del terror vivido en aquella pesadilla que Ikki había creado en su mente, solo deseaba ponerlos a salvo, alejarse de ahí, construirse una nueva vida y sobrevivir lejos de todos los problemas que la perla había traído con ella.

Agradecia traer puesta la armadura de su clan, pues de esa manera Sesshomaru no sé daría cuenta de su cobardía y su miedo.

Porque eso era.

Miedo de seguir viendo morir a los suyos, de perderlos, ella solo era un ser humano de solo veinte años, después de todo.

Todos sintieron la energía oscura de Naraku a lo lejos, tan potente y enorme, dejándose sentir desde lejos.

Se detuvieron cerca de la Aldea de Kaede sama, a las orillas del gran bosque de Inuyasha, que en esos momentos comenzaba a pudrirse poco a poco, debido al miasma negativo, sintiendo el hanyou, un profundo remordimiento, pues eran las tierras que su padre le había heredado.

Las tropas que comandaba Kouga y Lord Yoshio estaban, formadas, esperando órdenes para comenzar a atacar.

_ ¿Alguna novedad General Ookami?...

_ Por el momento ninguna, Sesshomaru sama, la aldea de Kaede sama, había sido evacuada con anticipación, todos hemos estado usando las máscaras que Taijiya Sango nos enseñó a fabricar y no hemos sido afectados por el misma de Naraku.

Nuestros rastreadores lo han localizado en la frontera con el Este, cerca de la aldea... ha tomado la forma de una inmensa araña, con una energía monstruosa, que atrae a demonios de baja clase, absorbiendolos…

Una estruendosa explosión se escuchó a lo lejos, poniendo a todos en guardia.

_ ¿Que ha sido eso?...

Sesshomaru e Inuyasha se miraron, al igual que los demás youkais ahí presentes, pues solo ellos a diferencia de los humanos ahí presentes, escuchaban el rumor de más de mil pasos acercándose.

_ ¡Soldados! ¡en guardia!...

Lord Yoshio, utilizó su potente voz para ordenar que todos los guerreros se prepararan para lo que sé les venía encima cómo un tsunami.

_ Nosotros iremos en busca de Naraku…

Inuyasha saltaba, sujetando a Yumeko y subiendola en su espalda.

_ ¿Qué es lo que pasa Sesshomaru sama?... _ pregunto Sango preocupada.

_ Naraku ha mandado miles de marionetas, pero esta lucha no nos corresponde…

Ellos tendrían que seguir avanzando hasta encontrar a Naraku.

Desde el cielo se veía enorme la mancha de marionetas que avanzaba hacia los soldados que luchaban por el Oeste y que alzaban los estandartes de guerra de cada clan que ahí peleaba por defender su mundo.

Kagome frunció el cejo y sus puños se crisparon, tensa ante la desgracia que se avecinaba, rogando a los Dioses porque Kouga, Lord Yoshio, Ginta y Hakaku y ningún soldado de los suyos saliera herido en la refriega.

_ Todos son buenos guerreros…

Sesshomaru confiaba plenamente en sus guerreros y sabía que aunque difícil, serían capaces de superar esa prueba.

Un sudor frío comenzó a cubrir la frente de Kagome, su energía, se disparó levemente por un breve instante, conteniendose de inmediato, pero poniendo en alerta a todos… ¿que estaba pasando con ella?.

Él había notado el escalofrío que la recorrió antes de que su energía se elevara súbitamente, aterrizando de inmediato, seguido de todos.

_ ¡Kagome! ¡hija! ¿te encuentras bien?...

_ ¿La perla está cerca?...

Todos estaban preocupados por su reacción.

_ Estoy bien, la perla y Naraku aún esta lejos, es porque no dormi bien, debido a la tensión del momento.

Yumeko, ni Raiko podrán revisar su cuerpo con su chakra debido a la armadura, asi que debían de confiar en sus palabras.

Sesshomaru la miraba al rostro fijamente, tratando de ver en su mirada, él mismo se sentía alterado, y tal vez tuvieran razón sus palabras y fuera solo eso, había demasiado en juego.

_ Escuchó el rumor de un riachuelo por si quieres lavarte el rostro…

Inuyasha sabía que el agua siempre tranquilizaba a Kagome, ella lavaria sus manos, su rostro, su nuca, bebería agua y estaría fresca para proseguir.

Kagome asintió y se dirigió en dirección del pequeño arroyo, mientras Sesshomaru veía a Inuyasha, que con un gesto le decía que todo estaría bien.

Sé hinco en la arenosa orilla del riachuelo, suspirando mientras tomaba un poco de agua con sus manos, dándose cuenta de la causa de su malestar.

"Si Sesshomaru se entera, no me dejara luchar y todo se ira al infierno…"

Se puso de pie, mirando su reflejo en el agua clara, sosteniendo apenas su vientre con la punta de sus dedos.

"Un bebé de él y mío…"

Sentía su corazón latir con emoción, alegría, miedo y preocupación, la batalla con Naraku empeñaba su alegría, haciéndola tomar la decisión de ocultar su embarazo de los demás, pues si ella no estaba presente en el momento crucial, esa pesadilla no terminaria jamás.

Sintió una mano deslizarse por su cintura, y por un breve instante sé relajo en el masculino abrazo, pensando en Sesshomaru, hasta que escuchó una voz diferente junto a su oído, susurrando quedito para no ser detectado por Sesshomaru e Inuyasha.

_ Más vale que guardes silencio y no me delates…

Ikki Koyama la había atrapado.

Lady Irasue, iba y venía por la Casa de la Luna, dando órdenes, organizando junto con Kaede, el abuelo Taiga y los demás sanadores del castillo un lugar en el que atenderian a los heridos que fuesen llegando, además de alimentos y un lugar en que quedarse, para todos los refugiados que iban llegando, que no habían podido viajar hasta las tierras del Sur.

Sonomi cuidaba a los pequeños, tratando de tenerlos entretenidos y que no se preocuparan por los que habían partido a luchar.

Tal vez ella misma tenía algo de poderes espirituales, heredados de su padre, pues hasta donde estaba sentía un energía que amenazaba con atenazarle el alma y paralizarla de miedo.

Pero también era fuerte y decidida, aunque tal vez no cómo su hija, y no flaquearia, cuidaría a aquellos a quienes les habían encomendado.

Veía a Souta, jalar a Rin de la mano, corriendo ambos, mientras que Shippo, transformado en una esfera rosada los perseguía, jugando los tres tratando de distraer a la pequeña.

Kohaku ya sé portaba cómo alguien mayor, aunque no por eso dejaba de estar al pendiente de los chicos, mientras acicalaba y alimentaba a Ah-Un, intentando tenerlo preparado para cualquier emergencia, aunque interiormente se lamentaba por no poder luchar al lado de su hermana.

_ ¡Rin! ¡¿Rin!? ya sal de tu escondite, no es gracioso…

Sonomi se acercó a los niños, después de escuchar que buscaban a Rin, al igual que Kohaku.

_ ¡¿Qué ha pasado?! ¡¿dónde está Rin?!

_ ¡Mamá! yo he visto cómo se ha escondido detrás de aquellos arbustos, pero ya no está.

Sonomi miro a Kohaku, preocupada, adivinando el jovencito los pensamientos de la madre preocupada.

Ella corrió hacia los arbustos, buscando a la pequeña, pero no había nada detrás de ellos, avanzando entre los árboles de cerezo, buscando detrás de otros arbustos o de los monolitos de piedra, sintiendo su corazón latir con fuerza entre más tiempo pasaba.

Kohaku había corrido, junto con Shippo y Souta, a buscar a algún guardia youkai que les ayudará a rastrear a Rin.

Había escuchado el resoplar de un caballo detrás de unas Idesias frondosas, extrañandose de que hubiera un caballo dentro de los jardines reales, pues bien sabía que los establos estaban demasiado alejados de ahí.

Un aroma picante comenzó a irritar su garganta, provocando un fuerte acceso de tos, mientras intentaba cubrir su rostro con la manga de su kimono, pero las fuerzas de sus piernas comenzaron a fallar entre más se acercaba a la Idesia en la que detrás estaba el caballo con Rin desmayada en la silla.

Pero su vista se comenzó a nublar, y por más que lo intento cayó en el pasto a punto de desmayarse, viendo entre brumas, a un hombre de rojos cabellos.

Shippo casi chocó al doblar una esquina, con Lady Irasue, que lo alcanzo a sostener antes de que cayera al suelo.

_ Joven Shippo, ¿que es esa manera de correr dentro del palacio?, no son modales para un pequeño príncipe.

Pero de pronto el olor del miedo que desprendía su pequeño cuerpo la puso en alerta agachándose a su altura.

_ ¡Lady Irasue! ¡Rin no aparece!...

Salio a prisa, seguida de Shippo, Souta, Kohaku y un par de guardias que habían acudido al sentir youki alterado.

_ Busquen a Lady Sonomi…

Un desagradable olor llegó hasta los sensibles olfatos de los youkais, utilizando de inmediato las máscaras que habían mandado hacer para ese tipo de situaciones.

_ Cachorros, necesito que entren al palacio con Jaken y esperen a que yo entre con Sonomi sama.

Ella avanzó a la cabeza de los guardias, sin ninguna máscara en su rostro, pues al igual que su hijo, era inmune a toda clase de venenos habidos y por haber.

Encontraron a Sonomi, tirada en el suelo, pálida y apenas respirando, debido al veneno, que flotaba en el aire.

Un guardia la levantó y de inmediato la llevó con Kaede sama, para que intentara reanimarla con alguna clase de antídoto, mientras que ella intentaba averiguar qué había pasado con Rin, en compañía de otros dos soldados, que por más que intentaron, no lograron encontrar ningún rastro.

_ ¡¿Qué ha pasado?! ¡Sonomi, hija despierta!...

Taiga jii-chan se había asustado al ver llegar a su hija con Kaede, a la que estaba ayudando a preparar algunos sellos y catalogar remedios.

_ Encontramos a Lady Sonomi tirada en el jardín, al parecer fue envenenada con algo que despedía un olor desagradable, picante y fétido.

Kaede de inmediato reviso los ojos de Sonomi que tenían la pupilas dilatadas, sus miembros no respondian a los estímulos, además de que estaba fría y pálida a pesar de respirar con dificultad.

_ Parece que fue envenenada con cicuta, aunque el hecho de que haya sido por medio de la inhalación, no coincide con mis conocimientos.

Con ayuda de otros sanadores, haría todo lo posible para poder salvarla, antes de que fuera demasiado tarde.

Souta se había quedado con su abuelo Taiga, preocupado por su madre, mientras que deseaba con todo su corazón, poder ir por su padre para que sanara a su mamá.

Shippo y Kohaku, intentaban apoyarlo, preocupados también por el paradero y el bienestar de Rin, sintiéndose ambos culpables por fallarle a Sesshomaru.

_ Seguramente fue alguna extensión de Naraku que se coló por nuestras fronteras…

Shippo escuchaba los comentarios que hacían algunos soldados entre sí, pensando que había algo muy extraño en todo eso.

El miasma de Naraku jamás había utilizado elementos de la Naturaleza, todo era parte de él mismo, los soldados habían encontrado huellas de caballo, que habían descartado pensando que había sido alguno de los suyos.

¿Talvez…? solo tal vez, podía haber sido alguien más…

"Tengo que ir con mi madre…"

Shippo subió al techo del Palacio, intentando concentrarse y encontrar el rastro de la energía de su padre o de Inuyasha, para saber a qué punto ir, sin tener que atravesar la batalla.

Y sintió una honda emoción de triunfo cuando encontró la energia de Naraku, pues a donde él estuviera iría su manada.

_ ¡¿ A donde vas mocoso?! ¡mi amo me encargo cuidarlos, no puedo fallar otra vez!...

_ ¡No me detengas Jaken! tengo que decirle a mi padre que Naraku se llevó a Rin, antes de que use Bakusaiga y lo destruya por completo junto con mí hermana…

Pero él mismo no estaba seguro de sus palabras, pues sus sospechas apuntaban a Ikki Koyama, el antiguo sensei de su madre, aunque dudaba, pues no podía creer que atravesara la fuerte seguridad compuesta por los más fuertes y experimentados youkais.

_ Transfórmate Kitsune, yo te acompañare…

Shippo concentró su energía, para poder volar a una distancia mayor con Jaken a cuestas, cuando escucho el resoplido de Ah-Un.

_ ¡Espera Shippo, yo iré con ustedes!...

Kohaku, preparado con la armadura de los Taijiya, había tomado a Ah-Un de las cuadras y buscado a Shippo, en cuanto notó su desaparición, pues no lo dejaría marchar solo.

Montaron los tres y se dirigieron a prisa, hasta donde estaba Sesshomaru, Kagome y los demás.

Kagome se tenso al escuchar la voz del traidor de su gente, y antes de que pudiera atacarlo él tomó su mano y la volteo en otra dirección, donde encima de una roca, estaba Rin inconsciente.

Ella sintió su corazón detenerse, sintiéndose solo un poco aliviada al notar cómo su pecho bajaba y subía al compás de su respiración.

_ Tú y la pequeña me van acompañar a mi guarida, donde esperaremos a Naraku, y activaras el medallón y la Perla con tus poderes y el pergamino que le arrebate al Oráculo.

Ikki empujo a Kagome, diciéndole con gesto que guardara silencio, tomando a Rin y echándose al hombro, a pesar de que Kagome había alzado los brazos para cargarla ella.

Tenían que alejarse lo más rápido de ahí, pues en cualquier momento, Sesshomaru iría a buscarla.

Treparon en un demonio en forma de serpiente, cómo lo había venido haciendo Inuyasha, con sus poderes ocultos por la armadura de Kagome y las artes de Koyama.

Yako de pronto guardó silencio en el interior de Sesshomaru, logrando que se pusiera en guardia, desconcertado por su manera de comportarse.

Su energía se disparó por el aire, sacudiendolos a todos, haciendo temblar el suelo, arrancando los árboles alrededor, transformándose en una Bestia furiosa, desbocada cómo nunca, corriendo hacía donde debía de estar Kagome, mientras el resto se recomponia e iban tras de él.

Su fauces abiertas y sollozantes escurrian ácido, mientras su ojos inyectados de sangre se movían desorbitados, intentando recuperar la cordura.

Kagome se había ido y solo la pequeña flor de jazmín quedaba entre las rocas, cómo prueba de que había estado ahí.

_ ¡Sesshomaru! ¡Aniki! ¿que pasa? ¿donde esta Kagome?...

Yako desconoció la voz de Inuyasha, pero al oírlo nombrar a su pareja, se fue contra él, furioso, atacando, lanzandolo por los aires, mientras que Yumeko corria a socorrerlo.

_ ¡Sesshomaru sama! ¡¿que ha pasado?!...

_ Kagome no esta, su bestia se ha descontrolado…

Ryutaro estaba tranquilo y en guardia, tratando de buscar con sus sentidos a su alumna, mientras Raiko trataba de calmar a Sesshomaru con su reiki.

_ Es inútil, no reacciona, es algo antinatural…

_ Yo tampoco sé de nada que descontrole a los Inukamis de esta manera…

Sango esquivaba las enormes patas de Yako, mientras que Ryutaro decidido y preocupado de tener que herir al hijo de la mujer que amaba, abrió un portal con su espada hasta donde estaba Irasue.

_ ¿Ryutaro-san?... que ha pasa…

_ ¡Ven rapido conmigo!...

No la dejo hablar siquiera, jalandola de la mano por el portal que aún no sé terminaba de cerrar.

_ Sesshomaru se ha descontrolado, Kagome ha desaparecido, pero ni siquiera con el reiki de Raiko podemos hacer que vuelva en sí.

Irasue tomó su forma bestial también, luchando con su hijo, comunicándose con él, en el mismo lenguaje que solo entre su raza entendían…

"Sesshomaru vuelve en ti…"

"¡Guarda silencio Irasue! ¡me la han arrebatado!¡y aunque seas la madre de este Sesshomaru, no dudare en lastimarte si te metes en mí camino! ¡mi cachorro puede estar en peligro!"

Irasue brinco hacia atrás, transformándose en una esfera de luz y reapareciendo en su forma humanoide frente a Ryutaro, saltando de nueva cuenta hacia el lomo de Yako, presionando con el látigo de youki que salía de sus dedos, ciertos puntos de presión, logrando derribarlo, volviendo a su forma habitual.

_ Sesshomaru estara furioso cuando despierte, pero esta es la única manera en que he podido ayudarlo a someter a su bestia…

_ ¿Pero que ha pasado? ¿porque mi hermano a reaccionado de esa manera? ni siquiera cuando la espada de mi padre me eligió, sé puso asi.

Irasue miro a Ryutaro y después a Raiko, para luego responder la pregunta de Inuyasha.

_ Kagome ha sido raptada y el hijo en su vientre está llamando a su padre… es un enlace que solo existe entre ellos tres.

¡HOLA! ¡Sigo Viva!...

No los quiero aburrir con una larga explicación, pero si quieren saber porque me he ausentado este tiempo, los espero en mi FB, donde subiré imágenes en las que me he inspirado y música, además de una hermosa noticia…

Sin más que decir, agradezco sus reviews y espero que les guste este nuevo capítulo, el cual dedicó a toda la gente de Venezuela, deseando que puedan sobrellevar una nueva crisis…

Krisstal, Michell y Juan, estamos con ustedes…

Les mando un abrazo supercalifragilisticoespialidoso hasta donde estén…

Besos…

YOI MINO