Capítulo 3: "Amigos Cuervos, parte II"
Un caos. Un maravilloso caos le pareció a Hinata que era aquella ciudad.
La gente iba y venía, mucha gente. En carros, caballos, a pie. Niños corriendo, mujeres afanando, los comerciantes gritando, el pavimento clamando bajo las ruedas de las carretas que iban llenas de sacos, pieles, barriles, animales muertos y listos para la olla, especias, hierbas y flores aromáticas. Nunca había conocido un lugar más vivo y agitado que aquel.
Shoujo observaba maravillado, descubriendo a cada pestañeo cosas nuevas, desde el lomo del caballo.
¡Bienvenido a Hade, Shoujo Hinata del Mijikai!
Exclamó Nishinoya con una gran sonrisa y el pecho lleno de orgullo.
El animal los llevaba por la calle empedrada, de dos vías, entre las altas construcciones que eran las casas, las posadas, los almacenes de víveres, las tabernas y cocinerías. De los balcones colgaban guirnaldas y las personas que miraban desde allí agitaban sus pañuelos al paso de los vehículos. Delante de ellos, se fijó Hinata, iba un carruaje color turquesa, tripulado por un elegante hombre de vestimenta negra y detrás venía una carreta tirada por bueyes que portaba cántaros de lo que parecía ser hidromiel.
El reino tendría un espectáculo como el de pocas ocasiones. El torneo del mazo era una fiesta y una tradición valiosa para la gente de Karasuno y todos tenían ánimos de celebrar.
Y la locura no hacía más que crecer a medida que se adentraban en aquella ciudad, dirigiéndose hacia la gran plaza, donde estaba el mercado que era el centro de toda la actividad. Aquel lugar parecía un hormiguero donde circulaba la gente en un curioso orden desastroso. Y del bandejón central irradiaban pequeños barrios o largas calles especializadas en diferentes comercios y servicios. Ellos tomaron una calle no tan transitada pero muy larga donde se continuaban talleres tras talleres de herrerías y el sonido de los martillos cayendo sobre el metal refulgente al rojo vivo era inconfundible.
Por esa zona las personas que se veían eran en su mayoría hombres. Hombres muy altos y fornidos o esbeltos pero muy bien balanceados. Todos lucían como hombres de armas, orgullosos y respetables, en ropas negras y emplumadas, pareciera que al caminar iban a emprender vuelo en cualquier momento, tal cuervo en la calma de la noche.
Hinata se sintió intimidado y miró a Nishinoya, quien con el semblante entusiasta inflaba el pecho sin dejarse amedrentar.
Al final de la calle, se detuvieron frente a una herrería particularmente amplia y que destacaba por sobre las demás. Una carreta llena de diversas armas como espadas, alabardas, flechas y armaduras, estaba siendo cargada por soldados del Palacio que entraban y salían del lugar. Un cartel discreto, pero con letras de un tamaño preciso colgaba sobre la ancha puerta y tenía escrito así:
"Taller de Herrería Ukai"
¡Hemos llegado!
Informó el del mechón rubio y Shouyo descendió del caballo con un salto ligero.
Te aseguro que aquí encontrarás ayuda, mi amigo. Si esa espada tuya fue forjada en este reino, el viejo Ukai sabrá restaurarla.
Eso espero.
Respondió Hinata un tanto confundido, pues pensó que Nishinoya lo acompañaría, sin embargo más bien parecía estarse despidiendo.
Yo tengo otros asuntos que atender. Si tienes algún problema, dile a ese viejo huraño que Nishinoya Yuu te ha traído y manda a decir que hasta un idiota reconoce el oro cuando lo ve.
¡S-Sí, claro, lo haré! ¡Muchas gracias por todo, amigo!
Te estaré alentando en el torneo, Shouyo. ¡Mucha suerte y que los cuervos te oigan!
Exclamó mientras se alejaba, despidiéndose con el brazo en alto.
Hinata lo vio marcharse entonces suspiró aliviado.
No hay forma en que le hable de esa manera al Maese Ukai...
Murmuró, admirado de las agallas de Nishinoya.
Acto seguido sacudió la cabeza para alejar las inseguridades, inspiró profundo y se dirigió hacia la entrada.
Al cruzar la puerta vio a un hombre de cabello negro, con gafas, que vestía una túnica color azul oscuro, de mangas anchas y de bellos bordados dorados en los bordes. En sus manos llevaba una lista y le daba órdenes a los soldados del Palacio mientras hablaba con otro hombre más alto, de cabello rubio y amarrado hacia atrás. Este segundo hombre llevaba un mandil de cuero, grueso, gastado y sucio. Los antebrazos arremangados. Tenía las manos grandes y callosas y un aspecto rudo.
Cuando el hombre de túnica salió para inspeccionar la carga y el de delantal se dirigió a una especie de escritorio donde tenía encima alguos papeles escritos, Shouyo vio su oportunidad para presentarse. Se acercó a la mesa junto a la cual estaba sentado aquel joven y entonces éste le habló sin alzar la vista desde sus papeles.
¿Qué es lo que buscas niño? No me gusta que anden husmeando en mi tienda.
Hinata se sintió ofendido por sus palabras y respondió:
¡No soy un niño! Mi nombre es Hinata Shouyo, vengo de Mijikai y necesito los servicios del Maese Ukai.
Yo soy Maese Ukai y mis servicios no están disponibles. Por si no lo sabes, Hinata Shouyo de Mijikai, faltan dos días para el Torneo del mazo y estamos muy ocupados.
Espetó el joven sin siquiera mirar al colorín.
¡¿U-Usted es Maese Ukai?!
Exclamó Hinata, confundido y atacado por dirigirse a él de la forma en que lo había hecho.
Sí, soy yo.
Reafirmó el hombre, notándose más cansado que irritado.
¡Pero Nishinoya me dijo que era un viejo!
Chilló el más bajo, como hablando consigo mismo.
¡¿Nishinoya?! ¡¿Hablas de Nishinoya Yuu?!
Escuchó que le interrogaban de súbito desde atrás y al voltearse vio que se trataba del hombre de túnica.
S-Sí... él me dijo que el Maese Ukai podría ayudarme... dudó un segundo antes de continuar y también me dijo "dile a ese viejo huraño que hasta un idiota reconoce el oro cuando lo ve".
Suena justo como él.
Suspiró el hombre de gafas, meneando la cabeza con resignación.
¡Ah, lo siento, no me he presentado! Mi nombre es Ittetsu Takeda, soy miembro del Consejo Real.
Se apresuró a agregar a continuación aquel joven, con expresión amigable y una leve inclinación de cabeza.
¡Hinata Shouyo para servirle!
Respondió exaltado el colorín, mientras hacía una profusa inclinación, como le habían enseñado desde pequeño que tenía que hacer frente a las personalidades importantes y cercanas al Rey.
¿Cuándo hablaste con Nishinoya?
Preguntó el Ukai, de pronto muy interesado en la conversación.
Fue hace un momento...
Aunque Hinata no entendía bien qué pasaba, las caras estupefactas de ambos hombres le instaron a explicar toda la situación.
Nos conocimos hoy cuando iba de camino al puente Kyojin, me llevó a la orilla del Iriguchi para practicar con la espada y fue cuando la mía se quebró ¡Fue Horrible! Y entonces me trajo hasta aquí en su caballo diciendo que el viejo Ukai podría restaurarla.
Ya veo.
Exclamó el joven Ukai cruzándose de brazos con seriedad.
¡Entonces no tengo tiempo que perder! ¡Debo alcanzarlo para hablar con él!
Exclamó Takeda, para luego poner el timbre real sobre algunos de los papeles que estaban sobre la mesa, devolvérselos a Ukai y salir corriendo por la puerta.
Ya entiendo.
Volvió a hablar el rubio cuando el torbellino que era aquel consejero del Rey hubo abandonado la estancia.
Yo me llamo Ukai Keishin, pero tú probablemente busques a mi abuelo Ukai Ikkei.
Ah, claro... eso tiene más sentido.
Murmuró Hinata con un brillo de ilusión naciente en sus ojos.
Si Nishinoya te trajo personalmente, debo asegurarme de echar un vistazo.
¡H-Hai! ¡Muchas Gracias!
Gritó Shouyo muy contento.
Se quitó el equipaje de la espalda, dejó el bulto de tela que contenía la espada sobre la mesa y comenzó a desenvolverla.
Cuando al fin quedó expuesta oyó al Ukai emitir un silbido.
Vaya... nunca había visto algo así...
Agarró con una larga y gruesa pinza, el trozo quebrado de la hoja y la llevó a la llama del horno que había allí mismo. Entonces vio con asombro que no refulgía como el hierro de cualquier otra espada.
No. Definitivamente no es como nada que haya visto.
Murmuró el rubio.
Muy bien. Déjamelo a mí. No te cobraré nada y se la llevaré a mi abuelo para que la revise, él seguramente sabrá qué hacer.
¡¿En serio?!
Chilló el más bajito con alegría.
Sí. Pero deberás tener paciencia, estamos muy ocupados estos días.
Al oír esto la sonrisa se borró de los labios de Shouyo.
¿Cuánto demorará en arreglarla?
Preguntó con una súbita seriedad.
No podría decirlo con exactitud... unos cinco días quizás...
Respondió Ukai pensativo.
¡¿QUÉEEEE?! ¡NOOOO! ¡No, por favor! ¡La necesito urgentemente!
Suplicó Hinata hecho un manojo de nervios.
¡Cálmate, niño! ¿Por qué tienes tanta prisa?
Interrogó el mayor, con el ceño fruncido ante una actitud que ofendía a una familia de herreros tan antigua como la suya.
¡La necesito para participar en el Torneo del Mazo!
¡¿Vas a entrar al torneo?!
Exclamó Ukai atónito.
¡Por supuesto! ¡Por eso he venido de tan lejos! ¡Oh, mi preciosa espada! ¡¿Qué voy a hacer?!
A Ukai le tomó un momento recuperarse de la sorpresa y entender que Shouyo no estaba bromeando. No le iba a preguntar si sabía la clase de personas que participarían del torneo, no le diría que probablemente sería el más bajito y escuálido y definitivamente no le aconsejaría que volviera a casa y se dedicara a otra cosa. Porque seguramente ya otras personas le habían dicho eso mismo y aún así este chico estaba aquí, después de haber viajado solo y desde tan lejos. Más bien se permitiría ser sorprendido una vez más por aquel jovencito tan peculiar y lo ayudaría en lo que pudiese.
Muy bien. Escucha, Hinata.
Le habló con voz fuerte para que le pusiera atención.
Haré todo lo que esté a mi alcance para que tengas tu arma lo antes posible. De esa forma probablemente pueda tenerla lista para el evento final del torneo. Tú sólo tienes que aguantar hasta entonces.
Hinata sopesó en silencio sus palabras por unos segundos y luego asintió con la cabeza.
Está bien... Gracias.
¡Vamos, Hinata! ¡¿Dónde quedó la seguridad de antes?! ¡No me digas que confías en esa espada más que en ti mismo!
Trató de animarlo Ukai dándole además unas palmaditas en la espalda.
¡Claro que no!... pero... sin mi espada ya no me siento tan invencible...
¡Hey! Piensa en Nishinoya, él es muy bueno en lo que hace y no es precisamente lo que uno se imagina como el General de la Guardia Real.
¡¿General de la Guardia Real?!
Chilló impactado el colorín.
Ah, es cierto, tú apenas acabas de conocer a Nishinoya Yuu.
Reflexionó el mayor.
Nishinoya Yuu es el hijo del antiguo General de la Guardia Real, escogido personalmente por el Rey Kageyama IV. Lamentablemente su padre dio la vida protegiendo al Rey y a la Reina en aquel fatídico día cuando iban camino a Nekoma para firmar la alianza y fueron emboscados por el Shiratorizawa.
Yo... no tenía idea...
Susurró Hinata, comprendiendo el dolor de perder a un ser querido.
Takeda y yo nos sorprendimos al oír que había salido a recorrer los alrededores montando su caballo y que incluso esté practicando con la espada de nuevo, porque... verás... la muerte de su padre le afectó mucho... y es comprensible porque su propio padre no le permitió formar parte de la compañía. En fin, cuando el Príncipe Tobio le sugirió al consejo que consideraran a Nishinoya Yuu como el sucesor al puesto, Nishinoya los rechazó porque consideraba que su familia no merecía mantener el liderazgo de la Guardia Real. Takeda ha tratado de convencerlo desde entonces.
Vaya... sí que hay historia detrás de esa sonrisa...
Murmuró Hinata consternado.
Te cuento todo esto a ti, Hinata, porque quizás puedas hacer algo al respecto... quizás puedas aconsejarlo...
Shouyo se sintió más animado después de oír las palabras de Ukai y saber que aquel confiaba en él.
Puede contar conmigo, Maese Ukai.
Le dijo con una sonrisa.
Gracias, Hinata.
Luego de un breve silencio, el rubio volvió a ponerse de pie y fue por sus cosas.
No perderé más tiempo y le llevaré tu espada a mi abuelo.
Ukai dejó el taller a cargo de un fiel amigo Takinoue, se despidió de Hinata ofreciéndole su ayuda en lo que necesitara y emprendió su camino.
Por su parte Shouyo, volviendo al ajetreo de la ciudad, resolvió buscar un lugar donde almorzar ya que el medio día había pasado hace mucho y su estómago comenzaba a reclamarle.
Encontró por allí cerca una posada con mesas disponibles y un delicioso aroma flotando en el aire, entonces decidió comer allí.
Se sentó solo en una mesa, pidió lo que le apetecía y, tratando de no prestarle atención al hecho de que ridículamente todos allí eran hombres fortachones, se dispuso a disfrutar de sus alimentos.
Eso hacía, hasta que de pronto entraron al lugar dos tipos grandes, vestidos con capas cuyas capuchas les cubrían la cabeza de forma siniestra. El comedor quedó en silencio en el acto, mientras sólo se oía el resonar del taco de las botas de aquellos hombres sobre el piso piedra mientras caminaban hacia una mesa. Eran moradores de los bosques, pero no del buen tipo. Estos debían ser de aquella raza extraña que venía del oeste más allá de las montañas y que se ocultaban en los bosques de Kata huyendo de quién sabe qué. En el trayecto sus ojos se toparon con los de Hinata y, sonriendo con malicia, se sentaron junto a su mesa, uno a cada lado del pequeño y le hablaron:
¿Amiguito, estás perdido?
¿Dónde está tu mami?
Sus risas sonaron graves, burlescas y escalofriantes.
No estoy perdido y sé muy bien cuidarme solo.
Respondió Shouyo tratando de mantenerse firme y de que la voz no le temblara. No tenía su espada para defenderse, pero no por eso se dejaría amedrentar.
¿Ah, sí? Eso está muy bien.
Continuaron su cruel atosigamiento.
Uno nunca sabe la clase de gente que se puede encontrar por allí, ¿no?
Este último lo miró directo a los ojos y el menor hizo lo mismo, manteniendo contra él una batalla silenciosa que no se permitiría perder.
Ya que estamos tan amigos ¿por qué no hacemos un brindis por este encuentro?
Dijo el otro, agarrando el jarro de Hidromiel de Shouyo para tragárselo de un sorbo.
Sin embargo, antes de que se llevara el jarro a la boca, una mano lo agarró con fuerza por antebrazo, impidiéndole moverse otro centímetro.
Disculpen, caballeros. Pero creo que están incomodando a mi amigo. Y a todos aquí en realidad.
Habló el joven que había venido en ayuda de Hinata. Tenía el cabello muy corto, color castaño oscuro y los ojos cafés. Su cuerpo se veía sólido, potente y su sonrisa daba bastante miedo.
¡¿Qué mierda?! ¡¿Quién te crees que eres?!
Le espetó el otro encapuchado, poniéndose de pie para socorrer a su compañero.
Me llamo Sawamura Daichi, vengo del pueblo de Yasashii.
Contestó calmadamente aquel joven, aunque algo en su aura lo hacía lucir más amenazante a cada segundo.
¡Como si me importara, hijo de p-!
No pudo terminar la frase, ya que sintió un escalofrío cuando una gran sombra lo cubrió desde los pies hasta la punta de la capucha y le susurró cerca del oído con una voz grave y vibrante:
Decir groserías es algo muy feo.
Giró la cabeza lentamente para encontrar a sus espaldas a un tipo enorme, con una larga capa café, cuya capucha le cubría la mitad superior del rostro y sólo dejaba a la vista una quijada angulosa y fuerte, cubierta por una tenue barba.
Esta figura había aparecido de la nada y junto a su contextura amenazante aún bajo la capa, provocaron que el hombre lo mirara con terror y acto seguido saliera del comedor a la velocidad del rayo. Desde atrás y de cerca le siguió su compañero que había desistido de beberse el hidromiel de Hinata y se había dado a la fuga igualmente.
Cobardes.
Oyó Hinata murmurar a aquel joven llamado Daichi.
¿Por qué siempre huyen?
Escuchó decir esta vez a la figura alta, que se echó hacia atrás la capucha, dejando ver una melena castaño claro, un rostro varonil y unos grandes ojos cafés. Su apariencia ahora era muy diferente a la de momentos atrás, parecía un pacífico y amable gigante.
Continuará...
Ojala les haya gustado el capitulo^^
