Capítulo 4: "Amigos cuervos, parte III"
¡Gracias por ayudarme!
Exclamó Hinata, poniéndose de pie y haciendo una reverencia ante los dos jóvenes que miraban hacia la puerta, donde acababan de desaparecer los bandidos.
No tienes nada que agradecer, mi amigo le respondió el de cabello corto, llamado Daichi, con una sonrisa llena de confianza Siempre es un placer espantar a esa clase de gente- agregó luego, con una sutil mueca de desagrado.
Somos de Yasashii, así que estamos acostumbrados a lidiar con los moradores de Kata -habló esta vez el de melena y capa, con una expresión amigable y tímida, que distaba mucho de la primera impresión que había tenido el colorín.
Soy Sawamura Daichi y él es mi amigo Azumane Asahi, hemos viajado desde el este para participar del torneo del mazo -se presentaron los chicos, interesados en ese pequeñín tan valiente.
¡Oh, yo también! ¡Vengo de Mijikai para entrar al torneo! ¡Me llamo Hinata Shouyo!
Se apresuró a responder el más pequeño, emocionado de encontrar gente de tierras tan lejanas como su propio hogar. Los jóvenes lo miraron sorprendidos al principio, pero luego sonrieron animados y le pidieron si podían sentarse junto a la mesa para seguir conversando. Naturalmente Shouyo respondió con una afirmativa, era un alivio tener la compañía de personas en su misma situación.
Que bueno es habernos encontrado, Hinata -le dijo Asahi, dándole un par de cálidas palmadas en la espalda.
Así que tú también vienes al torneo, vaya que sorpresa -exclamó Daichi, con los labios arqueados en una amplia sonrisa y ansioso por saber más de él.
Será tan interesante verte pelear. A pesar de que eres tan bajito, nunca se puede confiar en las apariencias- le habló el más alto.
Es verdad, sólo tienes que mirar a quien te lo dice -se burló el moreno, de voz firme-. Este tipo enorme es en realidad un gatito cobarde.
Daichi, qué cruel eres -se quejó el grandulón.
Shouyo rio con gracia al verlos molestarse como niños pequeños. De esa forma, pudo relajarse y olvidar el mal rato que había pasado unos momentos atrás.
¿Y? ¿Cuál es tu historia, Hinata? -preguntó Daichi, queriendo saber un poco más del nuevo amigo.
¿Mi historia? -preguntó de vuelta el colorín, sin saber muy bien qué responder.
Sí, cuéntanos ¿Qué es lo que te ha traído hasta aquí? -habló Asahi.
- Yo soy hijo de un molinero, en el pequeño pueblo de Yasashii -comenzó a relatar Daichi-. Desde pequeño he visto cómo los bandidos del bosque de Kata roban y asustan a las personas humildes como mi padre, abusando de quienes puedan para sobrevivir en el bosque. Así que, desde niño he querido unirme al Ejército de Karasuno para mantener el orden dentro del reino y proteger a las personas más vulnerables.
A continuación, Asahi le explicó:
Como Yasashii está cercano al borde exterior del reino, los moradores de los bosques siempre han tenido más libertad para hacer sus fechorías. Y, aunque el Señor de Nagai ha expulsado a mucha de esa gente, aún dominan algunas áreas al este Kata. Nosotros que vivimos en el linde del bosque siempre hemos sufrido el acoso de esa gente.
En realidad, Hinata, ninguno de los dos quiere convertirse en el mazo ¿Sabes? Sólo buscamos una oportunidad para ingresar al ejército, a pesar de ser simples granjeros de un pueblo sin importancia. Y con la guerra inminente, ésta es nuestra oportunidad -agregó Sawamura, con total honestidad.
En seguida Azumane contó parte de su historia, queriendo compartirle también sus más profundas motivaciones:
Yo soy hijo de un panadero, en Yasashii, y sé por lo que ha pasado Daichi. Sus padres y los míos se conocen desde hace años y siempre hemos contado con el molino de la familia Sawamura para proveernos de la harina con la que hacemos el pan. Por eso nos hicimos amigos desde niños y, con el pasar de los años y aburridos de la injusticia que nos rodeaba, hicimos el juramento de algún día entrar al ejército de Karasuno y llevar la paz a todos los rincones del reino.
Ya veo. Así que ustedes no quieren ser el Mazo realmente, sino que quieren ser notados y enlistados -meditó Shouyo.
Ahá. Mucha gente lo hace -le informó el moreno de voz gruesa-. Sobretodo quienes no venimos de una familia con tradición militar o quienes vivimos lejos de Atama y no tuvimos la oportunidad de asistir a la academia militar. Además... si entramos en guerra con Shiratorizawa empezarán a reclutar desde todas partes del reino.
Hubo un breve silencio en el que sopesaron las últimas palabras de Daichi. Luego Asahi habló con una sonrisa cálida:
¿Y cuál es tu meta, Hinata? ¿También buscas un lugar en el ejército?
El pequeño inspiró profundo y respondió con toda seguridad:
¡Más que eso, yo voy a convertirme en el Mazo del Rey!
Los otros dos jóvenes lo observaron un tanto sorprendidos, porque se notaba que tenía mucha fuerza de voluntad y que hablaba muy en serio.
Cuando era niño, mi madre siempre me habló del Pequeño Rey Gigante -les relató Hinata- de todas las cosas maravillosas que logró, como hacerse amigo de los Grandes Cuervos Negros que habitaban la isla de Karasu no Seichi y unir fuerzas para formar nuestro reino, nuestro hogar, donde pudieran proteger a las personas y permitirles una vida pacífica y próspera. Yo lo admiro mucho, por eso quiero servir al Rey y cuidar de Karasuno. Me gustaría que volviéramos a ser poderosos y respetados como en la Edad Antigua. Incluso quisiera poder llamar de vuelta a esos cuervos majestuosos que alguna vez fueron nuestros amigos.
Hubo un breve silencio en el cual los dos jóvenes mayores lo miraron estupefactos, admirados profundamente de su coraje y buen corazón.
¡Vaya, eso se oye maravilloso, Hinata! ¡Yo quisiera ver que cumplieras todos esos sueños de los que nos hablas! ¡Definitivamente sería increíble y muy bueno para todos! -exclamó Daichi, entusiasmado.
Son aspiraciones muy grandes, ojalá algún día puedas alcanzarlas. Cuenta con mi ayuda para lo que quieras -le dijo Asahi, profundamente conmovido.
¡¿Eh, acaso estás llorando, Asahi?! -preguntó Sawamura al ver su expresión.
¡N-No, claro que no! ¡No estoy llorando...! -respondió Azumane, sobresaltándose y secándose los ojos con discreción.
Shouyo sonrió un poco sonrojado y agradecido de haber conocido a esas dos personas tan buenas que se encontraban frente a él. Sentía en su corazón que había hecho dos grandes amigos.
Más tarde, cuando dejaron juntos la cocinería, los jóvenes de Yasashii le invitaron a quedarse junto con ellos, en la hospedería donde pasarían los días antes de dirigirse a Furui. Hinata aceptó agradecido y se dirigieron al lugar mencionado para que descargara su equipaje.
La hospedería quedaba a unas manzanas de la Gran Plaza, donde el ajetreo se desvanecía un tanto. Alrededor habían más hospederías y casas preparadas para ofrecer alojamiento a los viajeros en esos días de alta demanda. Un hermoso letrero colgaba sobre una enorme puerta de roble, enfilada de una fachada sólida, sin ventanas, que parecía ser una muralla, y que se diferenciaba notoriamente de las demás construcciones. De piezas metálicas, color verde pino levemente oxidado y unidas por un marco rectangular, que tenía la forma de una enredadera del mismo color, colgaban las letras en que se leía:
"Posada de las Manos Sanadoras"
Una vez se detuvieron frente al portón de madera, Daichi tocó tres veces. Una lámina de metal fue descorrida a la altura de sus rostros, dejando ver unos ojos cafes a través de una delgada ventanilla.
- ¿Qué asuntos traen a esta humilde morada? -habló la persona tras la puerta, con una voz femenina, para sorpresa de Hinata.
- Venimos a admirar a la bella Yui -contestó el moreno.
La ventanilla se cerró súbitamente y por unos segundos no se oyó movimiento alguno. Hasta que de pronto, la puerta se entreabrió con seguridad y ellos se apresuraron a entrar.
- ¡¿Quién les dijo que esa era la contraseña?! -chilló avergonzada y molesta, una joven de cabello corto color café, dirigiéndose más que nada a Daichi.
- ¡Fue tu padre, Michimiya, no te desquites con nosotros! -se defendió Sawamura, con las manos en alto en son de paz.
- ¡Ahg, no otra vez! ¡Qué vergüenza! Hablaré con él ahora mismo -exclamó la chica tocándose las mejillas enrojecidas.
- Traemos a un nuevo huésped, Señorita Michimiya -se adelantó a decirle Asahi, indicando el lugar donde estaba de pie Shouyo.
- ¡Ah, qué bien! Bienvenido a nuestra posada. Mi nombre es Michimiya Yui -saludó amablemente la chica, ofreciéndole la mano.
- Gracias, me llamo Hinata Shouyo, vengo de Mijikai a participar del Torneo del Mazo -sonrió el colorín estrechándole amigablemente la mano.
- ¡Vaya, Vaya! ¡Suerte entonces! Pasa por favor y ponte cómodo -respondió la joven muy animadamente.
Adentro, se encontraban en un pequeño patio central con pastos, jardineras de rosas y una diminuta fuente de agua cristalina en el medio. Por el rededor había una construcción de dos pisos, con ventanales y balcones que bordeaban el pequeño jardín. Era un lugar bello y acogedor. Luego de cruzar por los pasillos, cuyo techo lo sostenían gruesas vigas de roble y cuyos pisos los decoraban cuadrados de piedra pulida, ingresaron a la posada donde los recibió una mujer de edad. Allí registraron a Hinata en una habitación contigua a la de los jóvenes de Yasashii y entonces los dos chicos le acompañaron a dejar su equipaje.
- Michimiya es la hija del matrimonio que atiende esta posada -le informó Daichi a Shouyo, mientras subían las escaleras rumbo al pasillo de puertas ubicado en el segundo piso- pero ella en realidad es la Capitana del Escuadrón de Orden en Nigiyaka, Hade y Furui.
- ¡¿Qué?! ¡¿De verdad?! -exclamó Hinata admirado de su cargo, pero también de su sencillez al recibirlos.
- Así que no te sorprendas si la ves por ahí con su armadura y montada en su caballo mientras vigila las calles -agregó Azumane tallándose la mejilla.
- Sí, que no te pase como a nosotros que armamos un escándalo cuando la reconocimos afuera -dijo Sawamura.
- Se molestó mucho con nosotros, aunque creo que aún sigue molesta con Daichi por eso -dijo Asahi- la verdad, creo que le gusta Daichi.
Hinata miró sorprendido a Sawamura y luego le dio una sonrisa picarona.
- Tsk, Asahi sólo está imaginando cosas -contestó el moreno para borrar su expresión- Además yo sólo tengo ojos para una mujer.
Caminando ahora por el pasillo, Asahi se acercó a Shouyo para contarle:
- Una chica le salvó la vida a Daichi cuando éramos niños. Con un arco y una flecha mató a una serpiente que iba a morderlo en el bosque y desde entonces Daichi nunca la ha olvidado.
- vaya y ¿cuál es su nombre? -preguntó Hinata intrigado.
- No lo sabemos, no sabemos nada de ella en verdad. Nunca la ha vuelto a ver -explicó Azumane.
- ¡Pero algún día la encontraré! ¡No he olvidado su rostro! -exclamó el moreno, con el espíritu inquebrantable.
- ¿Y cómo era ella? -quiso saber el pequeño.
- Tenía la sonrisa más bella que jamás he visto -exclamó Daichi, perdido en sus memorias con una sonrisa boba-. La piel blanca como la nieve. El cabello plateado como destellos de luna. Los ojos color café de brillante roble y... -suspiró- un precioso lunar bajo el ojo izquierdo, como si una pequeña estrella hubiera bajado del cielo, exclusivamente para iluminar su mirada.
Hinata lo observó en silencio. Sonaba muy enamorado a pesar de nunca haber vuelto a ver a esa chica. Aunque por la descripción que le dio parecía ser realmente bella.
- ¡Algún día la encontrarás, Daichi! ¡Estoy seguro! -lo animó el colorín, palmeándole la espalda.
- Ojalá, porque a veces suenas como un loco hablando de un fantasma -agregó Azumane sobándose la nuca.
Daichi le dirigió una sonrisa fingida, a lo cual el grandulón se puso tenso y prefirió seguir caminando, mirando al frente y con la boca bien cerrada.
Se detuvieron frente a una puerta estrecha y cruzaron hacia el interior. La Habitación de Shouyo era sencilla y pequeña, pero acogedora. Había una cama, un ropero y una mesita, lo justo y necesario para un viajero con carga liviana como él.
Luego de acomodarse en su nueva estancia, Shouyo se reunió con sus dos nuevos amigos que se hospedaban en la habitación contigua y convinieron en ir a recorrer las calles y la Gran Plaza en lo que quedaba del día. Entonces, mientras paseaban, Hinata les contó sobre su encuentro con Nishinoya y lo sucedido con su espada. Sobre Ukai y su promesa de reparar tan preciada reliquia. Y a su vez los dos amigos le contaron sobre su travesía para llegar a finalmente a Hade, hace un par de días atrás.
El tiempo en Hade con sus nuevos amigos pasó tan rápido que, de un momento a otro, Hinata se encontró recostado en su cama, la noche anterior al gran evento. Daba vueltas entre las sábanas, sin poder conciliar el sueño. Pensaba en el peor escenario posible, la derrota aplastante y humillante en las primeras atapas del Torneo. Luego recobraba la fe en sí mismo y se imaginaba en el día más glorioso de su vida, recibiendo de parte del Rey el mazo de oro, que era el símbolo del triunfo. Se imaginó volviendo a su hogar y buscando a su hermana y a su madre para llevárselas a Atama, donde podría darles una mejor vida. Y entrada la noche se durmió soñando con los Ancestrales Cuervos Negros, regresando al reino después de incontables cyclus de abandono. Entonces ningún peligro sería amenazante y ninguna guerra llamaría a las puertas del reino. Todo sería paz y prosperidad.
Al día siguiente, se levantaron un poco antes del amanecer y los tres cuervos emprendieron el viaje hacia Furui, donde estaba la Academia Militar de Karasuno, la cual sería el lugar del evento. Se apearon a una de las carretelas que habían sido dispuestas para acercar a los participantes a las regiones montañosas de Furui. Y a medida que salía el sol por el horizonte pudieron divisar el desfile de personas que peregrinaban junto con ellos. En el aire fresco y húmedo de la mañana se podían sentir los ánimos vivos y la emoción de lo que estaba a punto de acontecer allá en la cima, donde se congregaban los luchadores más valientes del reino.
Shouyo sentía su corazón latir con rapidez en su pecho ansioso.
Su destino estaba próximo.
Continuará...
