Disclaimer: Los personajes pertenecen únicamente a Stephanie Meyer. Yo solo juego con ellos.
!MARATÓN DE TRES CAPÍTULOS! CAPITULO 2/3
MISS FRIENDSHIP
CAPITULO 14: Y MIENTO PORQUE…
BELLA POV.
Me lave la cara. Me quite el vestido y me puse mi jeans y un par de converse. Deshice el peinado que Alice me había hecho para la obra y amarre mi cabello en un moño desordenado en lo alto de mi cabeza. Le iba a decir a Edward la clase de novia que tenia. Tengo que detener esto ya. Toque mi cabeza en donde me había golpeado. Hice una mueca al sentir el dolor extenderse por mi cabeza. El instituto estaba vacío. Mire el reloj. Había estado encerrada ahí tres horas. ¡Tres horas!
Camine por los abandonados pasillos y fui al estacionamiento. Ugh, se me había olvidado que Alice me había traído hasta acá. Tendré que caminar, carajo. Suspire y empecé a caminar. ¿Por qué demonios la casa tenia que estar tan lejos? Me dolían las piernas pero, al fin llegue a la maldita casa. Entre dando un portazo. Subí las escaleras y me tumbe en la cama. Grite con todas mis fuerzas contra la almohada y la golpee. ¿Por qué a mí? Tanya había concentró todo su odio a mi y solo a mi. Era increíble. Sus celos. Estúpidos, estúpidos celos. La odiaba. ¡Era solo actuación, por Dios! Bueno, Edward estaba actuando, en cambio yo… es que, simplemente había sentido ese beso tan real. Como si el en verdad quisiera besarme. Yo, obviamente quería besarlo… esperen, ¿yo quería besarlo? Yo… ¿yo estaba enamorada de Edward? Y fue ahí cuando me di cuenta que tenia sentimientos hacia el. Desde. Hace. Años. Pero, soy tan estúpida, que no me había dado cuanta, sino hasta que llega Tanya. Genial. Felicidades, estúpida. No era buen momento para que mi conciencia me molestara. Me arme de valor y Salí de mi habitación, tome las llaves de mi camioneta y conduje hasta la casa de Edward. Estaba más que segura que ella estaría ahí.
En cuanto llegue, me baje del auto y toque el timbre. Alice abrió la puerta. Seguro había escuchado el motor del auto… su rostro tenia marcas de preocupación por todas partes y me abrazo fuertemente.
-¡Bella! ¿Dónde estuviste? ¿Y que paso con la obra, por que desapareciste así como así?- dijo mientras entrabamos al living, en donde estaban Edward y Tanya sentados.
-¿quieres saber mi maldito problema? ¡Ella es mi problema!-dije señalando a Tanya quien se puso de pie inmediatamente con cara de pocos amigos y Edward la imito.
-¡Me le bajas al tonito, zorra!- dijo Tanya.
-¡Tu baja el tono! ¿Cómo puedes ser tas cínica?- escupí.
-¿Por qué vienes a MI casa a gritarle a MI novia?- dijo Edward. ¿Pero que…?
-¿Qué diablos…? Oh, ya vi. ¿Te tiene comiendo de su mano, no es así Edward?- dije. Manipulación a otro nivel.
-Respeta, por favor, Bella. Mi madre esta en casa. No tienes ningún derecho de venir aquí siquiera después de haberme dejado hacer el ridículo en el escenario. ¿Cómo pudiste dejarme plantado así como así?-
-¡Bueno, si me dejaras explicarte en vez de gritarme estupideces!- estábamos armando una escena en la casa de Edward, pero a decir verdad no me importaba. Esto ya era suficiente.
-¡Entonces habla!- respondió.
-¿quieres saber porque? ¡Tu estúpida novia me dejo enserada en el maldito baño!- grite. Tanya hizo una cara de 'indignación'. Edward se empezó a reír.
-¡asume tus propio errores y deja de culpar a los demás!- dijo
-¡pero si es cierto! ¿Por qué mentiría?- grite de vuelta.
-¡Bella, ella estaba sentada en el publico! ¡Estaba enfrente de mi por Dios, La estuve viendo todo el tiempo!- dijo riendo.
-Bueno, no ella sino sus estúpidas amigas. Dijeron que era de su parte.- dije frunciendo el ceño. Estaba furiosa. Sabía que mi cara estaba roja. ¿Por qué diablos mentiría?
-¡Madura, por favor!- grito mientras daba un paso hacia mí.
-¡Como dejas que ella te manipule así, por Dios Edward! ¿Eres estúpido o que?- nunca en mi vida lo había insultado así, pero se me había ido de las manos. Su cara se torno roja.
-Lárgate de mi casa. No vuelvas.- me quede estática en mi lugar. ¿Qué… que acaba de decir? ¿Me estaba echando de su casa? ¿Todo por que no me creía? ¿Por su estúpida novia que conocía solo hace meses y no a mí que me conoce hace años? -¿Qué no escuchaste?- repitió con odio. Vi como una pequeña sonrisa se extendía por la cara de Tanya.
-¡Edward!- Esme soltó un grito ahogado. Ella corrió hacia mí y me abrazo. Sentí como la sangre fluía de mi rostro, poniéndome pálida. Mis ojos se llenaron de lágrimas de pura furia.
-¿Cómo se te ocurre decirle eso?- dijo Alice poniéndose enfrente de mi, mirándolo fijamente a los ojos, y el miraba fijamente los míos. -¿Cómo eres tan imbécil?- dijo más fuerte Alice.
-Déjalo, Alice. Tiene razón. Soy una inmadura y una MENTIROSA.- dije enmarcando la palabra mientras miraba a Tanya. –De verdad te agradezco por mostrarme quien eres en realidad, MEJOR AMIGO.- dije fría. Camine hasta la puerta y Salí de ahí. Me subí a mi auto y maneje a casa. Todo salió mal. Solo por decir la verdad, vaya, quien pensaría que una de las personas que más amaba en este mundo me iba a tratar así. Bueno, algunos AMIGOS cambian cuando están con otras personas. Dijo mi conciencia con pena y rabia combinada en la voz. Si, al parecer así es. Dijo de nuevo.
Suspire frustrada mientras manejaba a casa, y, sin darme cuenta, había empezado a llorar. Esto de llorar ya me tenia harta. Tenia que parar ahora. Forcé a que las lágrimas se detuvieran pero no pude. Todo me estaba saliendo mal.
Cuando llegue a casa, estaba sola. No estaban mis padres. Eso en parte era bueno, porque no tenía que estar escondiéndome y tenía más privacidad. Pero mal por otra parte porque no quería estar sola. ¿Quién te entiende?
Suspire de nuevo.
Subí a mi habitación y llore. Simplemente llore y ya. Estaba cansada, triste, agobiada y rota. Si, esa era la palabra. Rota. En un momento no se cual, me quede dormida, pero al rato, un trueno me despertó. Genial, que clima, gracias Forks. Me levante para lavarme la cara. Tenia que distraerme con algo. Tenía los ojos rojos e hinchados de llorar. Estúpido Edward. Otro trueno. Un ruido en la puerta de abajo me puso alerta. Era algo así como un golpe. Me sentía como en una de esas películas de suspenso en las que la chica está sola en casa y el asesino empieza mandarle señales de su presencia. Estas paranoica. Bajé las escaleras lentamente y me arme de valor. Me puse en la puerta de entrada y vi por el picaporte. No había nadie. Decidida, abrí la puerta, y en el suelo, vi un bulto de pelo blanco y empapado. Era un perrito.
-Hola, pequeño. ¿Qué haces aquí?- pregunté como si el fuera a responderme. El se limito y lloriquear con ese sonido extraño y chillón que los perros hacen. ¿Me daría permiso mama de tener un perrito…? Pregunte. A Charlie le daría igual, con tal que no se suba al sofá. ¿Qué estoy pensando? Ni siquiera conozco al perro y ya estaba pensando en adoptarlo. Mire al can una vez más. Suspire. No quería estar sola, ¿cierto?
-entra, amiguito.- dije haciendo un movimiento con la cabeza. El levanto sus orejitas. –vamos, adentro. ¿O te quieres seguir mojando?- el perro, como si me entendiera, entro a la habitación lento y temeroso, con la cola entre las patas. Lo guie hablándole suave y silbando hasta llegar al cuarto le lavado. Ahí cogí una toalla vieja y desgastada que mama le había rogado a Charlie que la botase y me le acerque y lo seque. El se dejo. Me miro con agradecimiento y se puso un poco mas contento después de que le di las sobras de la cena de ayer del bistec asado que encontré en el refrigerador. Cuando termine, el ya me había tomado confianza, y lo subí a mi habitación. Lo tendría que esconder si quería quedármelo. Ya hasta siento que le tome cariño. Una vez en mi habitación, olfateo todo y se echo una mi alfombra. Sonreí. Me había dado en que distraerme. Me senté en el suelo al lado de el. No quería pensar así que seguí poniendo toda mi atención en el animal.
-¿Dónde vives?- hasta ya estas quedando loca, hablándole a un perro. Puff. -¿Cómo te llamas?- el solo me miro. –tienes cara de Philip.- dije. –no, tienes cara de Perro. ¿Qué te parece si te llamas Perro?- dije. El solo me observaba. –me agradas, Perro.- dije. –ahora tengo que darte un baño, perro, así que no me muerdas.- lo lleve hasta la habitación de mis padres. Ahí tenían una bañera y seria más fácil bañarlo ahí. Si Renee se daba cuenta, me mataría. Le di un baño con shampoo olor a coco. Hey, ese nombre me gustaba para el perrito. Cocco. Bañándolo, descubrí que era un el. Cuando termine, lo volví a secar con una toalla de mama que después tire a la basura. Lo lleve a la habitación y lo seque con la secadora de pelo. Quedo calentito, esponjoso y olía delicioso.
-Listo, estas perfecto. Ah, y ahora te llamaras Cocco.- el solo me observaba. –me gusta tu silencio. Creo que seremos grandes amigos, y estoy segura de que tú no me traicionaras, Cocco.- dije acariciándole la cabecita.
Si, sería una buena amistad, sin novias celosas manipuladoras ni mejores amigos de los que te enamoras, rompen tu corazón y no confían en ti.
Gran amistad.
