Sus papis no le dejaban salir a jugar. Tampoco le dejaban salir de su habitación. Pero mucha gente iba a visitarle, muchos señores iban a hacerle preguntas y pruebas, a veces le inyectaban cosas y al final siempre terminaba doliéndole el brazo.
-Jovencito dígame cuantos somos en esta habitación por favor… -Le pregunta un señor un día-
Ciel mira a su alrededor, estaba él, el señor, su papi, su mami y también estaba Meylin mirándolo preocupada.
-Yo… usted… mami y papi… -Dice el niño, Meylin le miraba triste, pero siempre que les ignoraba su mami le llevaba pastelitos-
-¿Seguro jovencito? –Pregunta de nuevo el señor que está sentado al borde de su cama- ¿Qué ve tanto ahí? –Señala a la esquina derecha de la habitación, el punto fijo donde mira el pequeño a Meylin-
-Nada. –Responde Ciel. Sus papis sonríen cuando él miente-
