El cielo hoy puede esperar.

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Forever Young-Alphaville

Un mes para el fin del trato.

-Dean ¿Porque te detienes?- preguntó Sam cuando su hermano estacionó el Impala a un lado del camino. El rubio se quedó con la mirada perdida a través de la ventana.

-Mira eso Sam- dijo con tono ausente sin apartar los ojos de aquello que tanto le llamaba la atención. El menor se asomó para ver que era lo que su hermano observaba.

Sam se quedó prendado también de aquella imágen, en el horizonte a la izquerda del auto se podía ver el mar brillando en tonos rojizos reflejando los colores de aquel atardecer, no podían ver la orilla pues estaban en un acantilado.

Cual autómata, Dean bajó del coche y comenzó a caminar por aquella escarpadura, Sam no tardó mucho en hacer lo mismo, ambos caminaron en silencio dejando escuchar el crujir de las pequeñas rocas bajo sus botas, el viento que les acariciaba en su camino haciendo danzar las hebras de su cabello y el vaivén de las olas del mar.

El rubio siguió caminando bajo la mirada del menor que se había detenido, estaba ahora a escasa distancia de la orilla y eso hizo despertar el instinto del castaño.

-Dean, para ya- su tono era pura advertencia.

-Tranquilo Sam, esta bien- el ojiverde se detuvo justo en la orilla del acantilado y con las manos dentro de los bolsillos de su cazadora se quedó observando hacia abajo -Ven...- le alentó con una sonrisa en los labios.

Los pies de Sam reaccionaron solos ante la voz de su hermano sin él poder evitarlo y anduvo los pasos restantes hacía la orilla, su corazón palpitó con fuerza ante la longitud que los separaba del mar bajo ellos, contempló al rubio mientras sentía como su cabello le golpeaba con delicadeza el rostro, Dean le regaló una intensa mirada que no supo interpretar con exactitud y centró su vista de nuevo en las olas que chocaban contra la inmensa roca sobre la que estaban de pie.

-Saltemos...- dijo Dean sin apartar su vista de la espuma del mar. El menor de los Winchester volteó a verlo con los ojos totalmente abiertos.

-¡¿Estás loco?!- vociferó, su hermano esta vez si que había perdido los cabales.

-Creí que eso ya lo sabías- levantó una ceja divertido -Saltemos- repitió esta vez conectándo sus verdes ojos con los de su hermano.

-No estas hablando en serio Dean- el rubio cazador no cambio un ápice de su expresión -Dean...-

-¿Es demasiado riesgoso para ti Samantha?- se burló

-Cállate, yo lo decía por ti, no creo que seas capaz de saltar Deanna-

-¿Porque no lo comprobamos?- Dean retrocedió un paso y comenzo a desatarse las agujetas de las botas.

-¿Porque no?- imitó Sam.

El castaño se deshizo también de sus zapatos y siguió con los calcetines, se quitó la chaqueta y comenzó a desabotonarse la camisa cuando sintió las manos de su hermano detenerle, subió su mirada a toparse con la contraria y se abandonó en el verde de aquellos ojos, no dijeron nada pues las palabras no alcanzarían para reflejar su sentir

La adrenalina del momento brillaba en sus pupilas, era completamente diferente a cuando estaban cazando, porque a diferencia de esas veces en donde sabían del riesgo de que alguna cacería se les fuera de las manos y terminaran mal heridos o peor, esta vez no había nada que los empujara a saltar, no habían vidas que salvar ni ningún ser sobrenatural que los obligara a actuar. Esta vez eran solamente las ganas de sentir lo que esa nueva y desconocida experiencia pudiera causarles.

Dean jaló a su hermano de la camisa y lo hizo fundirse con él en un vehemente beso, a éstas alturas sus cuerpos se conocían más que bien y reaccionaban sin ellos ordenarlo, sus labios se movían en un apasionado compás, sus manos recorrían con entusiasmo la piel contraria, incluso sus respiraciones alcanzaban el mismo ritmo acelerado, eran uno parte del otro, lo sabían.

Sam deslizó la cazadora de su hermano fuera de sus hombros y comenzó a repartir besos por un costado de su cuello mientras se deshacía de la camisa, el rubio terminó de desabotonar la camisa de su hermano y la sacó de su cuerpo, pasó sus manos por el torso desnudo sintiéndolo estremecerse a causa de la ventizca y el róce de sus dedos. Ambos terminaron de desvestirse el uno al otro entre besos y caricias hasta quedar solo con la ropa interior puesta.

-Saltemos entonces- dijo el ojiverde, se separaron después de otro casto beso y se posicionaron de frente al mar retrocediendo unos pasos.

-Dean...- llamó Sam sintiéndose de pronto inseguro al escuchar las olas golpeando con fuerza.

-Dime-

-¿Que tal si el agua no esta lo suficientemente alta?- tragó sonoramente -quiero decir...que tal si no cubren completamente las rocas, tu sabes...- el mayor lo vió con seriedad.

-¿Tienes miedo Sam?- Sabe que en el fondo la pregunta no era para su pequeño hermano, si no para él -¿Temes morir?-

-No- contestó con seguridad -no si lo hago a tu lado- en otros momentos Dean se hubiera burlado de las cursilerías de su hermano pero ahora no puede negar que desea escucharlas, que necesita que Sam le recuerde cuanto le quiere así que solo se quedó expectante -¿Y tu? ¿Temes morir?- el menor no lo pensó, tenía que preguntar, necesitaba escuchar la respuesta a aquella pregunta que llevaba oculta diferentes significados de los cuales ambos estaban totalmente consientes.

-No si es por ti- respondió con la misma seguridad que su hermano había tenido momentos antes.

Sam asintió tratando de desaparecer el nudo que se le había formado en la garganta, sabe que debería estar buscando como ayudar a su hermano y no jugando a tentar a la muerte, lo sabe, pero quiere disfrutar de este momento en caso de que en un futuro no pueda más.

-Hey- le llamó Dean sacándolo de sus cavilaciones -Perra- espetó divertido aligerando el ambiente.

-Idiota- contestó con aquella sonrisa que dejaba ver con plenitud sus hoyuelos.

Los dos hermanos asintieron en señal de que estaban listos, comenzaron a correr hacía la orilla sintiendo como sus corazones latían desbocados dentro de sus pechos, en esos escasos segundos pensaron en todo y nada, olvidaron todo aquello que los angustiaba, nada ni nadie iba a arrebatarles este momento, porque era suyo, vivieran o no, no importaba ahora, importaba lo que sentían y nada más.

Fue entonces que, con un último paso, apoyándose de la orilla para impulsarse y cerrando los ojos...saltaron.

SAM

Aun no me rindo, y no creo llegar a hacerlo, nos faltan tantas aventuras, tantas melodías y tantos sueños que cumplir.

Y siempre ha sido así, siempre deseamos que pase lo mejor pero en el fondo siempre esperamos por lo peor, porque ésta es la vida que nos tocó vivir, tal vez suene egoísta pero no cambiaría nada de ella porque al fin y al cabo y a pesar de todo, estamos juntos ¿No?

"Déjennos morir jóvenes, o déjennos vivir para siempre".