Había pasado un año. Ciel no hablaba. Sus padres se preocupaban. Ciel hacía todo lo posible por ser normal, ignoraba las invitaciones de jugar de Meylin, pasaba de Bard cuando este le preguntaba qué tal estaba y no seguía los consejos de lectura de Finny.
-Ciel ¿Puedes decirle algo a tu mamá? –Pregunta su madre, arrodillada ante él cogiéndole de las manos. Ciel no dice nada ni muestra emoción alguna-
Su padre no le visita nunca solamente su mami se preocupa por él.
-Puede… ¿Puede mami conocer a Meylin, Bard y Finny? Háblame de ellos… por favor… -Rachel hace un esfuerzo, quiere ponerse en la situación de su hijo y saber más sobre sus imaginaciones-
-Meylin… -Habla por primera vez en un año su pequeño, Rachel aguanta un sollozo- ella es dulce… le gustan los pasteles de chocolate… Bard es muy fuerte… y le encanta jugar fuera conmigo… Finny es muy listo y le apasiona leer… -Conforme Ciel habla va recuperando su sonrisa y el brillo de sus ojos-
-¿Y dónde están? –Pregunta su madre-
-Aquí. Nunca se fueron de mi lado. –Sonríe ampliamente abriendo sus brazos, a su lado efectivamente estaban sus tres amigos. Rachel tiembla levemente pero sonríe-
-¿Qué tal si jugamos los cinco, eh? Pero no le digas nada a tu papi ¿vale? Es nuestro secreto…
Rachel haría lo que fuera por recuperar la sonrisa de su hijo, aunque fuera por unas horas y tuviera que fingir que también puede ver a sus tres mejores amigos.
