Hola a quienes aún siguen esta historia. No había podido actualizar y este capitulo fue muy dificil de escribir, aún no estoy muy segura de como quedó, pero hice lo mejor que pude.

SON DOS PARTES porque me salió muy extenso. eso...

Capítulo 9: "Destinos Cruzados",parte I

El avance por el camino fue revelando, poco a poco y entre las montañas, la gigantesca estructura. La Academia Militar de Karasuno tenía un hermoso techo de cristal azul labrado. Las paredes blanquecinas y altas y las columnas elegantes se alzaban fuertes y firmes, formado una cúpula hermosa, pero maltratada por el tiempo. Lo que en otra Era había sido un templo maravilloso que parecía moldeado por los mismos Cuervos ahora lucía desgastado. Desde la antigüedad que ya no se construían cosas así en Karasuno y sólo quedaba cuidar estas estructuras que en otros tiempos fueron espléndidas y majestuosas. Aún así era hermoso e imponente y de todas formas le quitó el aliento a Shoyo, al verlo resplandecer bajo el pálido sol vespertino.

Las carretas se detuvieron al pie de la cúpula, frente a unas pálidas escaleras de mármol talladas en la montaña, y todos los participantes debieron continuar a pie.

Al subir el último escalón y llegar arriba, Shouyo no pudo evitar que su boca se abriera por sí sola producto de la sorpresa. Azumane y Sawamura por poco hacen igual. Y es que la plataforma era inmensa y estaba plagada de gente, como si hubieran estado subiendo personas toda la mañana.

El techo era alto y solemne, el Hall principal era amplio y de piso de cerámica brillante con diseños que recapitulaban grandes batallas de antaño. Hinata, de pie sobre una figura de un Cuervo enorme que exhalaba un brutal fuego por la boca, se sintió pequeño en un espacio tan grande y entre tanta gente desconocida.

− Hay mucha competencia -comentó Asahi con aire nervioso.

−¡Claro que hay mucha competencia, es el Torneo del Mazo! −respondió animoso Sawamura. Y a continuación le recriminó:− No te acobardes ahora, Asahi.

Shouyo podía comprender a Azumane y, sin embargo, al mismo tiempo la emoción comenzó a crepitar en su interior. Quería probarse y demostrar de qué estaba hecho. Tan ensimismado iba en sus pensamientos sobre gloria y valía que no reaccionó a tiempo frente a una figura que deliberadamente se cruzó por su camino. Ambos colisionaron retrocediendo un par de pasos.

− ¡L-Lo siento! −se adelantó a disculparse el colorín, aún cuando no era el culpable realmente.

La otra persona se volteó hacia él y se irguió con altanería, haciendo uso de toda su altura, la cual Hinata observó era ridícula, para intimidarlo.

Esta persona misteriosa llevaba la cabeza cubierta por una fina capucha azul marino, cuya capa colgaba interminable desde sus hombros y además un pañuelo del mismo color tapaba su nariz y boca. De esta forma Shouyo sólo podía ver sus ojos azules como el cielo nocturno, los cuales brillaban intensos y orgullosos.

− Ten más cuidado, niño. Este no es lugar para andar jugando − le espetó con desprecio aquel extraño.

La sangre de Hinata hirvió al instante al oir el ofensivo apelativo y la actitud engreída de aquel individuo se sumó para alterar sus nervios con gran facilidad.

− ¡No soy un niño y no estoy jugando! − respondió− ¡Vengo a competir por el título del Mazo!

La fieresa de la mirada de Hinata dejó perplejo por un breve momento a la figura misteriosa, quien luego de recuperarse rápidamente respondió en un murmullo irritado:

− Sólo has venido a perder el tiempo, porque yo me convertiré en el Mazo.

En seguida dio media vuelta y se marchó, dejando atrás a un irritado Shouyo.

− Vaya... la competencia sí que está intensa... −comentó Daichi perplejo.

En ese momento las trompetas resonaron en el aire. La gente se volvió en dirección al sonido, el cual provenía desde lo alto de un balcón y allí vieron asomarse a dos soldados vestidos con la armadura negra de Karasuno y en cuyos pechos estaba labrada una corona, lo cual significaba que vestían el uniforme de la Guardia Real. Los soldados se separaron para ubicarse uno en cada borde del arco que formaba la salida hacia el balcón y acto seguido apareció un tercer soldado, el cual portaba un casco mucho más hermoso y llamativo, tenía la forma de un cuervo con fulgosos ojos rojos y del centro salía una larga cola tejida de plumas de cuervo.

Al pararse al borde del balcon, el soldado procedió a quitarse aquel casco con la gracia y facilidad que sólo otorga la costumbre, revelando un cabello negro y muy corto, sus ojos eran además afilados y sus hombros anchos enfundados en dorado metal le otorgaban una apariencia imponente.

− Saludos, aspirantes −habló el joven con voz potente y grave.− Mi nombre es Iwaizumi Hajime, soy el General de la Guardia Real y estaré a cargo de dirigir el torneo.

Al oír sus palabras los participantes, que hasta ese momento habían mantenido un silencio solemne inspirado por el General de la Guardia, estallaron en vitoreos excitados.

El general a continuación procedió a informarles sobre las etapas de las que constaría la competencia:

Serían 4 eventos durante 5 días.

El primero acontecería ese mismo día y constaría de batallas uno contra uno, donde irían escalando hasta formar el grupo de seleccionados para la siguiente etapa.

El segundo evento sería por la mañana del segundo día y se trataría de una competencia por encontrar los tesoros de una lista. Aquellos quienes la completaran y lo hicieran en el menor tiempo pasarían a la siguiente ronda.

El tercer evento comenzaría la noche del tercer día y duraría hasta la noche del día siguiente. En esta etapa los participantes formarían grupos y se internarian en el bosque de Kata. Allí deberían proteger su territorio mientras conquistan el de los demás, haciendo uso de la estrategia y el trabajo en equipo.

Para el último evento los participantes se volverían a enfrentar en combate uno contra uno, esta vez en la Gran Arena de Combate, en presencia del Rey y visitantes de todo el reino. El vencedor de este encuentro se convertiría en el nuevo Mazo del Rey.

Al terminar la introducción, el General les deseó suerte y se retiró solemnemente hacia el interior del arco por donde había venido.

A continuación uno de los soldados del balcón les indicó que cruzaran a través de unas enormes puertas de madera tallada, donde junto a otros soldados los dirigirían hacia la Gran Arena de Combate.

Los participantes entraron en una especie de túnel frío y estrecho cuyas estrechas rendijas ubicadas en el techo eran la unica fuente de luz. Y al final del camino, cruzaron un arco de luz tras el cual se abrió ante ellos la visión de un enorme coliseo.

La Arena estaba tallada en la misma montaña, de la cual brotaba una hermosa piedra gris que daba destellos dorados con la luz del sol, de forma que toda la estructura era de tal hermoso material. En el círculo exterior las escaleras se transformaban en gradas las cuales servían de asiento para los espectadores. Y en el centro y más profundo se ubicaba la zona de lucha, con un piso de tierra que levantaba polvo fino y dorado cuando era pisoteado.

Una vez allí, los participantes debieron dividirse en las diferentes arenas más pequeñas que habían sido instladas, donde lucharían contra los demás del grupo para ser el vencedor y pasar a la siguiente etapa.

− Supongo que aquí nos separamos por ahora, mis amigos −les dijo Daichi con una sonrisa torcida y unos ojos brillantes a causa de la adrenalina que comenzaba a correr por sus venas.

− Creo que así será −respondió Hinata con aquel mismo brillo encendiendo su mirada.−Aún no pretendo enfrentarme a ustedes, así que dejémoslo para el final.

− Entonces es una promesa −agregó Asahi, adoptando una postura erguida que lo hacía ver intimidante, aunque por dentro sólo estaba sintiendo nervios del buen tipo.

Para sellar el pacto, los tres chocaron los puños al centro y luego se fue cada uno por su lado. Shouyo caminó tan sólo unos pasos y, al sentirse optimista, se unió al primer grupo con el que se cruzó. El soldado a cargo del grupo sorteó sus enfrentamientos y dibujó una tabla de posiciones en una pizarra. Diez enfrentamientos victoriosos debía conseguir Hinata para ser el campeón del grupo. Miró al rededor, percatándose de que lo rodeaban hombres fornidos y altos, así como algunas mujeres igual de altas y de aspecto severo. No sería una tarea fácil.

Los combates comenzaron en breve y Hinata pudo conocer las habilidades de algunos de los concursantes, mientras esperaba su turno. La mayoría tenían una especialidad y una forma personal de luchar bastante arraigada, principalmente porque los participantes eran de mayor edad que él y tenían experiencia en la lucha.

El no la tenía.

Hinata se dio cuenta de que, sin contar aquella fallida lucha que había tenido contra Nishinoya a la orilla del lago, lo más cercano que había estado de una lucha verdadera había sido un par de veces en que se había cruzado con bandidos de Kata, pero entonces siempre había estado en compañía de su maestro, si es que podía llamarle así.

La persona que le había enseñado a luchar era un ermitaño que una vez había pasado de casualidad por la posada que atendía su madre en Mijikai y que, al verlo con su espada desenfundada y empuñada, se ofreció para enseñarle. Según él una espada como esa merecía un buen guerrero como dueño. Y así fue como aquel ermitaño lo había visitado un par de veces más a lo largo de los años y le había enseñado a Shouyo todo lo que este último sabía.

Llegó el turno de Hinata para pelear. Subió a la plataforma con un nudo en el estómago y sin poder evitar el ligero temblor de sus manos. A continuación anunciaron el nombre de su contrincante y Hinata vio, al borde del horror, como un hombre gigante y fornido subía a la plataforma. Tenía el doble de su estatura, el triple de su contextura y llevaba un pesado martillo de metal que fácilmente podría mandar a volar la cabeza de un hombre. Shouyo llevó la mano a su cinturón por instinto, buscando su fiel espada para defender su cabeza y entonces recordó mortificado que no la tenía, de hecho, no tenía arma alguna con la cual luchar.

- ¡Hey! ¿Dónde está tu arma, muchacho? -le habló el moderador con un tono de extrañeza.

Al darse cuenta, todos los concursantes se rieron de la torpeza de aquel chico. Hinata no dejó que aquello le molestara, no era la primera vez que alguien se reía de él, y simplemente respondió:

- No la tengo, Señor. Necesitaba una reparación y aún no la tengo de vuelta.

El soldado lo miró con el ceño fruncido en confusión por unos segundos y luego dio un suspiro incrédulo. Acto seguido desenfundó su espada y se la ofreció a Shouyo.

- Aquí tienes -le dijo con una sonrisa amable- no puedes luchar sin un arma.

Hinata miró el arma por unos segundos, con los ojos muy abiertos producto de la sorpresa y luego de salir del trance la empuñó, admirándola un momento. Era una espada del ejército de Karasuno, una que usaban los verdaderos soldados del reino. Shouyo no podía creer su suerte.

- ¡Muchas Gracias, Señor! -le dijo casi a gritos y haciendo una ligera reverencia.

El soldado le sonrió como toda respuesta y acto seguido tomó una expresión seria para dar inicio al combate. Hinata volvió a su posición frente a su oponente y se puso en guardia mientras evaluaba el peso de su arma, nuevo para él.

- Una espada del ejército no será suficiente para ganarme, niño. -le dijo el hombre enorme frente a él, con una sonrisa despectiva.

El ceño fruncido de Shouyo fue todo lo que obtuvo como respuesta antes de que el moderador anunciara el inicio del combate. De inmediato el hombre gigante levantó en el aire su martillo, apuntando directamente al pecho de Hinata, quien levantó su espada para frenar el golpe a la altura del mango. Sin embargo, la fuerza de su contrincante era mucho mayor que la suya, por tanto el forcejeo resultó en Shouyo siendo empujado hacia atrás, trastabillando y cayendo sentado al suelo. Frente a esta escena, su oponente junto los demás luchadores volvieron a reírse de él y divertido algunos comentaron "creyó que podía frenar un golpe así" y "este niño va a terminar muerto".

Hinata se puso de pie y empuño su espada nuevamente. Ahora sabía que la fuerza de su oponente no tenía comparación con la suya. Ante esta realización Shouyo sonrió.

- ¿De que te ríes, niño? ¿Tantas ansias tienes de morir? -preguntó su oponente con una sonrisa de superioridad.

Hinata respondió con una sonrisa mucho más amplia:

- Resulta que estoy muy emocionado y no lo puedo evitar.

Su oponente frunció el ceño con molestia y dio un paso al frente en posición para volver a atacar.

Por supuesto la fuerza de este hombre era extraordinaria, sin embargo, Shouyo siempre había peleado contra personas más fuertes, después de todo él sólo era un chico de Mijikai. Y, de hecho, esta era la clase de lucha que más le acomodaba, porque había sido una de las primeras lecciones del viejo ermitaño.

El hombre fornido batió su martillo con intención de asestarle un golpe en las costillas. Pero falló. Lo intentó dos veces, tres, cuatro veces y siguió fallando mientras lo dominaba la desesperación. Hinata era más rápido y lo esquivaba resueltamente. Por último su oponente retrajo el golpe hacia arriba tratando de asestarle en la cabeza por lo que Shouyo dio un gran salto en el aire para esquivarlo, dándose una vuelta hacia atrás y aterrizando con gracia.

Ya nadie reía.

El hombre enorme lo observó atónito mientras su pecho subía y bajaba agitadamente debido al esfuerzo de lanzar golpes continuamente.

El viejo ermitaño le había enseñado una vez:

"Todos creen que las clave de la victoria es la fuerza, creen que si son fuertes entonces tienen el mundo a sus pies. Sin embargo, no todos necesitan ser fuertes, porque ¿cómo puedes asestarle un golpe al aire? La mayor de las fuerzas es inútil si no te pueden tocar."

Y esa era una de las especialidades de Hinata. Su extraordinaria agilidad y rápidos reflejos le permitían ser una figura de aire.

A continuación fue el turno de Shouyo para atacar. Avanzó hacia su contrincante, empuñando la espada con decisión. El hombre fornido lanzó un martillazo horizontalmente para evitar que se acercara, el cual Hinata evitó con un salto alto, aterrizando suavemente sentado sobre los hombros de su oponente, acto seguido le puso el filo de la espada al cuello y el moderador dio por terminada la pelea.

Cuando Shouyo se bajó de los hombros del perdedor de otro gran salto y camino fuera de la plataforma, todos estaban sumidos en un silencio perplejo.

- Nunca había visto algo así. -le dijo asombrado el soldado a Hinata.

- Gracias, Señor -murmuró Shouyo, rascándose la mejilla con timidez.

En seguida Hinata le ofreció de vuelta la espada.

- No es necesario, puedes seguir luchando con ella -le respondió el soldado.

- ¡Se lo agradezco mucho, Señor! -exclamó el colorín, inclinándose de nuevo en señal de respeto.

- Mi nombre es Ennoshita. Suerte en tus próximos encuentros – le murmuró el soldado con una sonrisa amable.

Continúa... (ahoraya)...