Ciel contaba ya con diez años. Estudiaba en su casa en vez de ir al colegio, pero es un niño realmente inteligente y no tiene problemas en ello. Se encuentra en su gran cama mullida, con un libro entre sus manos.

-Ah… este libro es aburrido… tendría que haber hecho caso a Bard y no a ti Finny. –Mira delante de él al niño rubio que se encuentra sonrojado e intenta esconder su rostro en el libro que tiene entre sus manos-

Bard, quién se ha dejado su cabello castaño un poco más largo, sonríe altivo desde la ventana. Meylin, con su cabello recogido en dos trenzas pelirrojas, tararea una canción mientras baila en medio de la habitación.

"Te lo dije" Bard se burla de Finny.

"No molestes a Finny, Bard" Meylin deja de cantar solamente para defender a Finny. Bard no le replica nada.

-¿Ciel? –Su padre le mira desde la puerta. Descubriendo su secreto-

Sus padres peleaban siempre. Su padre gritaba a su madre porque había ocultado que su hijo no se había curado que seguía loco, su madre le defendía y decía que era temporal que era por la soledad.

Ciel escuchaba cada pelea. Y cada vez veía de forma menos clara a sus tres amigos.

Fue Bard el primero en desaparecer. Luego le siguió Finny y la última fue Meylin.

Pero sus voces no se fueron. Se quedaron en su mente y de vez en cuando opinaban algo.

Bard siempre arrisco, enojado y orgulloso.

Finny más tranquilo, calculador pero desconfiado.

Meylin sarcástica, retorcida y protectora con Ciel.

Sus padres se separaron. Y dejaron de hablar con Ciel.