Capitulo 10: "Destinos cruzados", parte II

- Mi nombre es Ennoshita. Suerte en tus próximos encuentros - le murmuró el soldado con una sonrisa amable.

Shouyo asintió con la misma sonrisa y luego esperó pacientemente al borde de la plataforma el turno de su próxima pelea. Mientras tanto, los demás lo miraban de reojo y susurraban por lo bajo cosas completamente diferentes a las de momentos atrás cuando se burlaban.

En adelante, cada vez que llegaba su hora de pelear nuevamente, subía a la plataforma rodeado de un silencio solemne y todos miraban atentos su enfrentamiento. La demás las personas con las que peleó eran parecidas a su primer contrincante, hombres con grandes espadas para acompañar sus abultados músculos, pero se requería mucho más que eso para ser el Mazo del Rey y Hinata pudo consolidar su confianza en sus habilidades cuando los fue derrotando uno a uno, haciendo uso de su agilidad extraordinaria y sus piruetas aéreas, escalando así en la tabla de posiciones.

Hasta que llegó a las posiciones más altas. Entonces la competencia se puso seria. A tres enfrentamientos de la victoria definitiva, Shouyo se enfrentó a una mujer alta y bella de brilloso cabello castaño trenzado, que usaba dos hermosas dagas labradas como armas, una en cada mano. La atmósfera de esta pelea se sentía diferente, porque los oponentes eran de una categoría muy diferente a los enfrentamientos anteriores y además ya nadie lo subestimaba.

En posición frente a su contrincante, Hinata pudo apreciar que la mujer era aún más alta de lo que había pensado, pues le sacaba varias cabeza de ventaja. Además ya la había visto luchar antes y sabía que este sería un duelo difícil, ya que ella era muy hábil con las dagas.

Cuando Ennoshita dio inicio al enfrentamiento, la mujer clavó sus ojos en Hinata y no se movió de su posición de guardia. Shouyo comprendió que debía ser el primero en atacar y no dudo un momento en hacerlo. Batió la espada y el metal resonó al chocar contra las dagas de la mujer, la cual había frenado su estocada con ambas armas. Acto seguido la mujer lanzó una patada que dio justo en la boca del estómago del más bajo, tomándolo desprevenido. Hinata retrocedió de un salto rápidamente, poniéndose a una distancia segura de ella mientras se recuperaba del golpe.

La mujer era ágil y sus movimientos precisos, de forma que no gastaba energía en movimientos inútiles. Entonces Shouyo recordó otra de las enseñanzas del viejo ermitaño:

"Si no tienes la fuerza o el tamaño de tu oponente, si te encuentras en desventaja, tus golpes deben ser precisos y estratégicos para causar el mayor daño posible con el menor esfuerzo. Debes saber usar la cabeza."

Su contrincante usaba esa clase de ataques y eso la hacía un oponente mucho más difícil de derrotar. Para hacerlo, Hinata debía usar la cabeza y atacar de la misma forma o él sería el perdedor.

Acto seguido Shouyo se plantó firme en el suelo y tomó posición defensiva. La mujer frunció el ceño dándose cuenta del cambio de actitud y se resolvió a atacar esta vez. Sus dagas eran incansables, apuñalando una después de la otra, en un baile mortal frente al cual Hinata se esforzaba en mantener el ritmo y bloquear los ataques mientras en sus oídos resonaba el melodioso sonido del metal chocando. Un paso en falso y sería su fin.

Cuando se dio cuenta de que era inútil, dio un salto atrás y se tomó un momento para recuperarse. Por el momento estaban en un punto muerto, donde ninguno cedía y bien podrían seguir así todo el día. Necesitaba una ligera ventaja, eso sería suficiente para inclinar la balanza hacia su lado.

De pronto una daga apareció de la nada en su línea de visión y gracias a sus increíbles reflejos pudo esquivarla por unos milímetros, entonces al moverse hacia un lado lo esperaba la mujer lista para apuñalarlo desde abajo y en el costado y terminar con ello la pelea. Un movimiento incómodo y extraño de su espada le permitió bloquear en el último segundo el ataque, pero en esa posición retorcida no estaba en condición de atacar y además venía una segunda estocada detrás de la anterior, con la otra mano y con una tercera daga. No tenía tiempo para esquivarla y su espada no le servía en tal posición, por lo que la soltó y agarró con su mano la muñeca de la mano que blandía la tercera daga para frenar la estocada y utilizarla como su propia arma, doblando el brazo de la mujer con sus dos manos para que la daga quedara apuntada en su propio cuello. Así había convertido su desventaja en la ligera ventaja que necesitaba. La mujer fue tomada por sorpresa y detuvo todo movimiento frente a la amenaza, pues bastaba un pequeño empuje de la palma de Shouyo sobre la empuñadura, para que el arma se enterrara en su yugular. Acto seguido el moderador Ennoshita terminó el enfrentamiento.

Al separarse ambos contrincantes, la mujer le extendió la mano al más bajo diciendo a través de una sonrisa resignada:

- Fue una excelente pelea. Ganada justamente.

Hinata se la estrechó con emoción. El pecho se le hinchó de un sentimiento que no había experimentado antes y es que hasta ahora ninguno de sus oponentes había reconocido sus habilidades ni lo había tratado como un igual, puesto que cada vez que eran derrotados se marchaban indignados como si perder contra Shouyo fuera la peor de las vergüenzas. Excepto que esta vez alguien mostraba su disfrute por el enfrentamiento y reconocía que sus capacidades eran superiores.

Para su siguiente encuentro, Shouyo debió enfrentarse a un hombre esvelto, de cabello largo y desaliñado, el cual le daba un aspecto inquietante, y cuya arma constaba de un látigo metálico con puntas filosas. Al iniciar el enfrentamiento, su oponente azotó el aire con su arma, tratando de asestarle desde la distancia. Lo intentó insistentemente, mientras el menor lo esquivaba cada vez sin demasiado esfuerzo.

Después de unos momentos, Hinata pensó que era extraño que insistiera tanto en atacarlo a distancia, ya que recibir un golpe de aquel látigo no le haría mucho daño. Hasta que las puntas pasaron lo suficientemente cerca y se pudo dar cuenta de que tenían un olor y brillo particular. Le tomó un par de segundos recordar donde había sentido tal olor y entonces comprendió, las puntas estaban cubiertas por un veneno paralizante usado comúnmente por los bandidos de Kata. Si era rozado mínimamente, el veneno reduciría su agilidad y si era herido directamente podría incluso morir. Nadie se había percatado antes del veneno, porque no era muy conocido entre la gente de Karasuno, sin embargo, Hinata lo conocía gracias a que un día habían llegado con un herido a la posada de su madre, luego de una pelea con bandidos de Kata y resultó que la persona había sido infectada con él.

- Su arma es bastante peculiar. -comentó Shouyo, sin poder disimular su enfado, provocando un breve impacto en su oponente, el cual perdió el ritmo por unos segundos.

- ¿Eso crees? Pues deberías probar su filo. - sonrió el hombre macabramente luego de recuperarse.

Hinata entornó los ojos con disgusto. Podía detener el combate en ese momento si informaba al soldado Ennoshita de la situación, pero no quería ganar así. Fue en ese momento que recordó lo que el viejo ermitaño solía decir:

*La victoria llega para el que pelea por las razones correctas, porque su mente está clara y sabe qué es lo fundamental."

Una persona que se aliase con los enemigos del reino, los bandidos de Kata, nunca llegaría a convertirse en Mazo. Los cuervos sagrados no lo permitirían. Así que no necesitaba detener la pelea, sólo necesitaba ganar.

Entonces, haciendo uso de su velocidad intentó acercarse al hombre, el cual reaccionó al instante, apuntándolo con el látigo. Sin embargo, Hinata logró esquivarlo y lo intentó de nuevo. Tras varios intentos fallidos, pues su oponente era hábil con el arma, Shouyo fue más rápido y como si se tratara de un espejismo apreció por detrás del hombre y le puso la punta de la espada contra la cintura. De esa forma Ennoshita dio término a la pelea.

Estando en esa posición Hinata aprovechó para decirle al hombre:

- Un traidor como tú jamás podría llegar a ser el Mazo, de hecho, ni siquiera puedes considerarte un habitante de Karasuno.

Luego el menor enfundó su espada y se dirigió tranquilamente al borde de la plataforma. Antes de que se bajara de allí, el hombre lo alcanzó y le preguntó confundido:

- ¿No vas a denunciarme con la Guardia?

Shouyo se volteó, lo atravesó con una mirada inexpresiva y con una seguridad que parecía provenir de una fuerza superior le respondió:

- No es necesario que lo haga. La hora llegará para aquellos que envenenan el Reino de Karasuno.

El hombre lo miró perplejo y luego asustado. Entonces se dirigió rápidamente al borde de la plataforma, se bajó de ella de un salto y apresurado se perdió entre la gente.

- ¿Qué le habrá ocurrido? -preguntó Ennoshita, extrañado al ver al hombre desaparecer a lo lejos.

Hinata se encogió de hombros y guardó silencio. Por ahora debía concentrarse en el último enfrentamiento del grupo, el cual debía ganar para pasar a la siguiente etapa del torneo.

Se preguntó si Daichi y Asahi lo habían logrado y su corazón le dijo que debía vencer para después unirse a ellos en la victoria.

Ennoshita les dio a los concursantes unos minutos para beber agua y reponer fuerzas antes de iniciar la pelea final. Y entonces los luchadores subieron nuevamente a la plataforma.

Esta vez el oponente de Shouyo era una mujer de contextura y porte, de cabello corto y plateado, como los rayos del sol al amanecer. Vestía una brillante armadura plateada y una hermosa espada labrada con diseños dorados. Al ver el arma, Hinata extrañó empuñar en su mano su fiel y preciada espada dorada, la cual hace tiempo se había convertido en una parte de él.

Ennoshita anunció solemnemente que el ganador del combate sería el que pasaría a la siguiente etapa del torneo y les deseó suerte a ambos. Acto seguido dio inició al combate.

Apenas iniciada la pelea, la mujer se lanzó sobre Shouyo con una velocidad impresionante y una brutalidad apabullante. Hinata trató de recuperarse rápidamente de la sorpresa, sin embargo, se demoró un poco en encontrar su ritmo frente a las pesadas estocadas de su rival. A pesar de que la espada silbaba en el aire como si la hoja cantara delicadamente, bloquearla era duro, puesto que la fuerza con que se estrellaba cada vez hacía temblar los brazos del más bajo.

Cuando no pudo resistir más, Shouyo se retiró de una saltó hacia atrás para recuperar fuerzas. Se limpió el sudor que le corría por la frente, dando cuenta de que ya estaba alcanzando su límite de esfuerzo físico y el cansancio de tantos enfrentamientos comenzaba a hacer mella en su cuerpo. Por otro lado su contrincante también respiraba pesadamente, así que le alivió el saber que no era el único en ese estado.

Sin embargo, la mujer no le dio mucho tiempo para recomponerse y continuaron la pelea. Los reflejos de su contrincante eran lo suficientemente agudos como para que Hinata no pudiera burlar su defensa y además su resistencia era admirable, porque sus estocadas apenas habían perdido fuerza desde el principio.

Un par de veces Shouyo le acertó un golpe, sin embargo, su fuerte y gruesa armadura no permitieron que le hiciera daño alguno. Así era como se vestía un verdadero guerrero, admiró el más bajo.

Por segunda vez Hinata debió dar una paso atrás, pero esta vez la mujer les concedió a ambos un respiro suficiente. Shouyo había tratado sus movimientos más extravagantes, sin embargo, la mujer era hábil y de reflejos suficientemente buenos como para reaccionar a tiempo y frustrar sus ataques. Ninguno cedía y ambos contendientes comenzaban a desesperarse.

Retomaron la lucha nuevamente, la mujer recobró un poco la dureza de sus estocadas, mas aún así no se comparaban con las del principio. Quizás si esta era una prueba de resistencia Shouyo tenía más oportunidades de ganar. Mientras se reconfortaba con estos pensamientos, Hinata sintió de pronto una sensación extraña, mas conocida de alguna forma, pero antes de que pudiera saber por qué o qué era, una estocada de su oponente provocó un sonido metálico peculiar y antes de que se diera cuenta la mitad de la hoja de su espada había salido volando por los aires.

Con una espada rota en sus manos, debió esquivar a duras penas las estocadas renovadas de la mujer, quien sonreía complacida y prácticamente sentía la victoria abrazarse a ella. Estos delirios de triunfo, junto a la dicha de un contrincante indefenso, provocaron que la mujer bajara la guardia por un segundo. Segundo que Hinata aprovechó como último recurso para agacharse, esquivando el filo que pasaba sobre su cabeza, y en seguida se valió de todas las fuerzas de sus piernas para dar el salto más potente de su vida, provocando que cuando la mujer miraba su cabeza hacia abajo, ésta se estrellara directamente con la frente de ella, mandándola a trastabillar hacia atrás. La mujer se quedó quieta un momento mientras se recuperaba del golpe, con su mano libre sobre el rostro. Shouyo no pudo hacer más que observar a la distancia, sin un arma que blandir. Luego la mujer se recuperó y se puso en posición de ataque nuevamente, pero al dar uno y luego dos pasos, perdió el equilibrio y cayo al suelo desorientada. Hinata recogió la espada de la mujer del suelo y la apunto sobre la cabeza de ella, con lo cual Ennoshita dio por finalizada la pelea.

A continuación Hinata se arrodilló al lado de la mujer y le preguntó preocupado:

- ¡¿Está bien?! ¡Siento haberla golpeado tan fuerte, Señorita!

- Estoy bien, sólo... Necesito un momento... -respondió ella sonriendo apenas-. Le subestime y bajé la guardia. Perdí por eso, igual que todos los anteriores.

Ennoshita se acercó a examinarla y llamó a la distancia al equipo médico.

- Para ser justos, la Señorita fue la más difícil de derrotar de todos. -le consoló Shouyo con una sonrisa brillante como el sol.

- Más le vale ganar el torneo, de esa forma no me sentiré tan mal por perder frente a una persona desarmada.- le dijo la mujer riendo resignada.

- Claro que ganaré! No tiene de qué preocuparse!

El equipo médico se llevó a la mujer en una camilla y entonces Hinata recogió los pedazos de espada y se los devolvió a Ennoshita.

- Lo siento, Señor. Pero mi maestro siempre decía: El metal de la espada y el corazón del guerrero deben ser de la misma aleación, porque el material de la espada debe estar a la par con la fortaleza de espíritu de quien la porta. Así que creo que ésta no era la espada indicada para mí.

- En ese caso espero que tampoco fuera para mí, sino sería bastante vergonzoso -respondió el soldado mirando los pedazos con resignación.

Entonces Ennoshita tomó la muñeca de Hinata y la alzó anunciando solemnemente:

- ¡Hinata Shouyo es oficialmente el ganador del grupo 10 y pasa a la siguiente etapa del Torneo del Mazo!

Los concursantes que se habían quedado a observar los combates hasta el final aplaudieron y vitorearon, reconociendo el desempeño excepcional de Hinata y sus habilidades en la lucha.

Luego Ennoshita le dio una carta con los datos de la siguiente etapa y le deseó suerte. Hinata se despidió para buscar a sus amigos entre la multitud, prometiéndole que se volverían a encontrar cuando formara parte del Ejercito del Karasuno siendo el Mazo del Rey.

Shouyo caminó durante unos minutos antes de encontrar a un grupo de personas que agitaban sus cartas de la segunda etapa con entusiasmo. Cerca de ellos divisó a Asahi y a Daichi con sus respectivas cartas y contento apresuró el paso en dirección a ellos. Sin embargo, cuando estaba a unos metros de su destino se volvió a cruzar con el encapuchado misterioso de antes.

- ¿Qué haces tú con una de esas cartas, niño? -le preguntó indignado el encapuchado con mal genio.- Si se la robaste a alguien debes devolverla.

- ¡No la he robado! -chilló ofendido Shouyo- ¡La gané yo mismo y deja de llamarme niño!

El encapuchado chasqueó la lengua y a continuación exclamó:

- No puedo creer la cantidad de gente mediocre que aspira a ser el Mazo. Es una vergüenza.

Sus palabras enfurecieron tremendamente a Hinata quien le gritó:

- ¡No tienes derecho a decir eso de las personas que estamos aquí! Todas tenemos el mismo noble sueño de servir al Rey y a Karasuno.

- Entonces Karasuno está condenado. -contestó el encapuchado con altanería.

- ¡¿Cómo te atreves a decir eso?!. ¡Todas estas personas están dispuestas a morir por el reino y tú las tratas como basura! ¡Tú eres quien no merece ser el Mazo!

El encapuchado abrió los ojos sorprendido y luego los entornó en una expresión resentida, para decirle:

- ¿Qué sabes tú? Tan sólo eres otro tonto mediocre.

Hinata alcanzó su límite de paciencia por ese día y le contestó:

- ¡Pues este tonto mediocre te va a derrotar aquí y ahora! ¡Y te demostraré que no eres digno de ser el Mazo!

El encapuchado no dudó en desenvainar su espada y ponerse en posición de pelea. Hinata miró a su alrededor y desenvaino la espada desde la cintura de la persona más cercana que encontró, poniéndose en posición también. No le importaba nada más que callar a esta persona que había dicho cosas tan horrendas. Entonces Shouyo dio paso al frente y atacó.

La pelea no duró mucho. En tan solo un par de fluidos y elegantes movimientos, el encapuchado tuvo a Hinata en el suelo y con el filo de la espada la cuello.

- ¿Ahora lo ves?... -le preguntó el encapuchado con desdén- Tú no eres digno de ser el Mazo. Deberías retirarte ahora mismo de este torneo.

Acto seguido el encapuchado enfundó su espada, dio media vuelta y se marchó sin mirar atrás. Mientras Shouyo lo observó inmóvil desde el suelo, atónito y completamente devastado.

El viejo ermitaño se lo había advertido. Le había dicho que en el mundo existían monstruos como ese encapuchado, sin embargo, él nunca lo había comprendido hasta ahora. Ahora recordaba claramente la lección más cruel que el viejo ermitaño le había enseñado:

"El talento no se aprende, no se compra, no se adquiere. El talento es un regalo de nacimiento concedido por los mismos Cuervos."

Continuará...

**Tu comentario es mi propina jaja i'm serious, tho...