Habían pasado dos años desde su llegada a Bethlem. Sus sesiones con el Doctor Grey eran martes y jueves, dos horas completas donde el doctor mostraba su insana y enferma obsesión que había desarrollado por Ciel en ese tiempo. En esas dos horas Ciel intentaba no pensar, distraerse y no ver cómo era tocado y profanado por el Doctor.

Ciel se había acostumbrado a Bethlem. Los enfermos no tenían habitaciones designadas, ni si quieran separaban a los violentos de los demás, por lo que siempre intentaba alejarse de todos y mostrarse distante. A la hora de comer lo hacía rápido para que no le robaran la comida y también para no saborear esa mierda…

Las monjas que les cuidaban les trataban como si tuvieran la peste, los medicamentos que les daban no eran más que simples calmantes o drogas fuertes (cuando Ciel averiguo aquello decidió fingir que las tomaba) y para tratarles usaban la violencia y la fuerza bruta, a algunos simplemente les daban unos horribles calambrazos que él mismo había sufrido a veces. Y en peores casos llegaban a clavarles algo en el cerebro a través de la nariz, después de esas operaciones los pacientes quedaban vegetales y por tanto dejaban de ser un peligro y un problema menos para los doctores.

Los más maniáticos estaban atados todo el día al suelo o a las paredes, a los más inofensivos les dejaban irse a mendigar con tal de no ocupar sitio ahí. El gran edificio de piedra tenía un gran jardín e incluso una iglesia donde eran obligados a ir los que seguían cuerdos. Ciel siempre que iba no rezaba, se quedaba mirando fijamente la cruz donde estaba cristo y juraba no creer en él. Luego estaba el Gran Sótano donde a veces se llevaban hasta veinte pacientes. No se les volvía a ver. Ciel sospechaba que echaban ahí a los moribundos y esperaban que se pudrieran.

Cada día Ciel se repetía su mantra para poder seguir adelante.

No estoy loco. Saldré de aquí. No estoy loco. Saldré de aquí. No estoy loco. Saldré de aquí.

Llegaría el día en que podría salir y entonces volvería a su casa, reclamaría su herencia y se convertiría en Conde, y entonces… oh, entonces, acabaría con este lugar y no quedaría ni una sola piedra de él.

Y obtendría su venganza.