Las sesiones con el Doctor Michaelis eran los lunes, miércoles y viernes. Dos horas y media cada sesión. Sebastián en las primeras sesiones no le forzaba a hablar, le daba dulces y jugaban al ajedrez a veces. Las preguntas surgían de forma natural. Pero Ciel seguía sin creer que no es el Diablo.
-¿En serio soy tan convincente? –Reía Sebastián mientras arqueaba una ceja incrédulo- oh, vaya, entonces tendré que cambiar de profesión.
Ciel poco a poco empezaba a mostrar cambios en su humor y personalidad. Dejaba que Sebastián se acerca a él y le hiciera cada vez preguntas más personales.
-El doctor Grey… él… jamás intento curarme… ni a mí ni a los demás niños de aquí…
-Aquí solo estabas tú. No había nadie más de tu edad.
-Cuando se cansaba de ellos desaparecían. –Dice Ciel sin vacilar ni cambiar su tono de voz- se obsesiono conmigo… Cuando nos reuníamos él se sentaba en su silla… -Mira el despacho de Sebastián mientras en su mente se repiten las imágenes de aquellos momentos- me decía que me desvistiera lentamente… él mientras se masturbaba… y luego me sometía… -Desvía la vista y vuelve a fijarla en Sebastián, quién se mantiene sereno pero en sus ojos se refleja odio-
-Te juro que ardera en el infierno. –Dice con voz oscura y gutural-
Ciel suelta una risa sarcástica. Es lo máximo que le había podido sacar Sebastián.
-Y luego me juras que no eres el Diablo. –Sebastián sonríe levemente, misterioso y sin negárselo-
"Me cae bien" Decía en su mente Finny.
"Es guapo" Suspiraba Meylin.
"Jm…" Bard no se fiaba de nadie.
