A Ciel le gustan los juegos, y cuanto más se aburre a mayor juego quiere jugar. Y tiene al compañero de juegos perfecto: el Doctor Michaelis, del cual ha notado que le consiente todo y cumple sus caprichos como órdenes. Ciel no cree en lo que dice, la primera vez que le habló sonó mucho más sincero. Él sabe que es el Diablo y le está tentando. Pero él se deja. Ya ha pasado por cosas peores, ya ha visto la peor cara de la humanidad y ha sobrevivido. Ya nada puede con él ni nada le sorprende.

Es lunes y son las cinco de la tarde, así que está en el despacho de Sebastián. Se encuentra en el sofá, donde siempre, ante la chimenea que le da calor mientras come dulces y bebé té Earl Grey (su favorito). El doctor se encuentra rellenando papeles mientras le hace preguntas desde su escritorio, Ciel responde a veces serio y a otras sarcástico.

"Hoy es muy pesado… Me aburre" Se queja Finny.

"Quiero estar más cerca de él ¡Que se siente con nosotros!" Pide Meylin.

"Meylin ¿Acaso te gusta el Doctor-me-creo-el-más-guapo-del-lugar?" Bard estaba celoso por tanta atención hacia Sebastián.

-No es tan guapo… -Murmura Ciel para sí mismo, Sebastián no le escucha o le escucha pero no le hace caso. A veces habla en voz alta para sus amigos-

-Ciel, última pregunta… -Ciel suspira exasperado, Sebastián le mira de reojo- ¿Crees que estamos progresando o que mis esfuerzos son una pérdida de tiempo?

"¡Es una pérdida de tiempo!" Grita Bard.

"¡No, es muy útil! Nos ayuda mucho el Doctor Michaelis" Finny habló.

"¡Di que ayuda, así podemos estar más tiempo juntos!" Aconseja Meylin.

-Me ayuda usted mucho Doctor, sin usted… no sé qué habría sido de mi… -Ciel se levanta del sofá y camina hacia él lentamente, contorneando sus caderas, pasándose una mano por su cabello, y mirándole con sus ojos grandes y brillantes- me ha ayudado tanto… me ha tratado tan bien… -Se posiciona a su lado y puso una mano en el hombro de él- estoy muy agradecido… y espero que nuestras sesiones sigan por mucho más tiempo… -Su otra mano viaja hasta la pierna derecha de él. Sebastián tiembla levemente ante el contacto y por un momento mira de reojo a Ciel sin saber cómo reaccionar- usted se ha convertido en algo más que mi doctor… -Ciel acerca su rostro, Sebastián siente la respiración del menor en su mejilla- …es usted como un amigo para mí. –Entonces se aleja abruptamente, dejando a Sebastián totalmente sorprendido, sin palabras y aunque no lo quiera admitir, excitado-

Ciel sonríe al ver las reacciones que ha causado al Doctor.

"¡Eso se lo enseñe yo!" Dice orgullosa Meylin.

"Que vulgar…" Opina Bard.

"¡Ahhh, qué vergüenza!" Se sonroja Finny.

Cuando la sesión termina Sebastián cierra con pestillo y vuelve a su escritorio, donde cierra los ojos y rememora el rostro de Ciel, sus labios finos y humedecidos por su traviesa lengua rosada, sus mejillas levemente sonrojadas, sus grandes ojos brillantes, sus pequeñas manos tan rápidas y traviesas, sus poco notables pero aun así apetecibles caderas… Ese niño está jugando a un juego peligroso. Piensa mientras se lleva una mano a su pantalón y decide masturbarse.